Disclaimer: Los Juegos del Hambre y todos sus personajes no me pertenecen son propiedad de Suzanne Collins.
Mentor
Peeta Mellark
Me miro en el espejo y aún no puedo creer el reflejo que me devuelve. Sigo siendo yo, el mismo chico que regreso del Capitolio porque no podía soportar la idea de vivir lejos de Katniss aunque aún le tuviera un poco de miedo, no a ella, sino a las reacciones violentas que me provocaba cuando el veneno hacia acto de presencia, pero mis ojos se ven diferentes. No puedo decir qué es exactamente, pero me veo y me siento distinto.
Por fin ha llegado el día que tanto he esperado y que por largo tiempo pensé que se quedaría solo en un sueño.
En solo unas horas Katniss se convertirá en mi esposa y yo no puedo esperar para llamarla señora Mellark.
Sonrío ampliamente ante mis pensamientos porque sé que ella está tan feliz como yo, lo he visto en sus ojos.
—¿Puedo pasar? —pregunta Haymitch asomando su cabeza por la puerta de mi habitación.
—Sí, claro. Adelante Haymitch.
—Bueno, bueno, bueno. Que elegante te has puesto chico. Te pareces al muñeco de azúcar que adorna tú pastel de bodas —él se ríe pero se acerca y arregla el cuello de mi camisa.
—No te burles, Haymitch —advierto.
—Esta bien, esta bien —levanta las manos en señal de rendición. —¿Cómo estás chico? ¿Preparado?
—He esperado por este momento toda mi vida, Haymitch, pero te mentiría si te digo que no tengo miedo. ¿Y si no soy lo que ella necesita? —expreso mis temores a la persona que ha estado conmigo en todo momento desde que le pedí salvar a Katniss en mis primeros Juegos.
—Peeta. No hay ninguna otra persona en todo Panem además de ti que sea el complemento perfecto para Katniss. Tú la mereces, es ella quién no te merece a ti.
—Haymitch, no empieces, ella…
—Espera —me corta— Ella lo sabe porque yo mismo se lo dije hace mucho tiempo atrás, pero ahora todo es diferente —él se gira y va hacia a la ventana.
Veo como su rostro se contrae con tristeza.
—Haymitch…
—Tú me la recuerdas a ella. Siempre lo hiciste. Se parecen tanto, los dos tan amables, tan gentiles, tan entregados. Todos estos años pensé que no la merecía y por eso me la arrebataron tan cruelmente, pero ahora… He pagado mi condena Peeta y puedo por fin dejarla ir —dice dejándome totalmente sorprendido y sin palabras.
No me atrevo a preguntarle sobre ella porque al ver sus ojos entiendo que es un recuerdo que quiere mantener solo para él.
—¿Algún último consejo? —le cuestiono.
—Seguir vivo —menciona y esta vez cuando dice esa frase se que se refiere a algo totalmente diferente.
Debo seguir vivo, pero no porque tenga que luchar por mi vida, sino porque es hora de vivir verdaderamente, es hora de dejar atrás todo lo malo y conservar solo los buenos recuerdos. Es momento de iniciar un nuevo capítulo en nuestras vidas, uno donde cada día represente una nueva esperanza para comenzar de nuevo, para seguir viviendo en aras de la felicidad.
—Lo digo enserio Peeta. Con Katniss como esposa todos los días van a ser una eterna lucha por seguir vivo —suelta una carcajada tan sonora que me hace recordar los viejos tiempos, cuando se reía a costa de Katniss.
—No voy a contradecirte —le sigo el juego y me río con él.
—Gracias Haymitch —suelto de repente—, gracias por ser un buen mentor. Gracias por nunca rendirte y por luchar aún en nuestra contra para traernos de vuelta a casa —extiendo mi mano frente a él.
—No Peeta, no me agradezcas. No es necesario —dice en tono burlón estrechando mi mano, pero soy capaz de ver el brillo en las esquinas de sus ojos. Son lágrimas.
—¿Hablaste con Katniss? ¿Cómo está? —inquiero inquieto.
—No. Vine a verte a ti primero. Es tradición, Effie prepara a Katniss primero y luego es mi turno, ¿lo recuerdas?
—Por supuesto. ¿Entonces Effie vendrá a verme también?
—No te dejaría casarte con Katniss sin antes darte sus consejos por que hoy es un día muy muy importante. —los dos nos echamos a reír con ganas.
—Iré a ver a Katniss ahora. Suerte, Peeta.
Entonces él me da un abrazo tan fuerte que por un momento me hace sentir como si fuera mi padre quién me abraza. Le devuelvo el abrazo y antes de darme tiempo a decir algo más, él sale por la puerta dejándome solo.
—Gracias Haymitch —murmuro a la nada porque aunque él no quiere que le agradezca nada, yo sé que sin mi mentor este día nunca hubiera llegado.
Marce! Espero que te guste este pequeño drabble de Peeta. Es una pequeña sorpresa que tenía preparada para ti y las chicas. Un regalito de navidad como muestra del cariño que les tengo.
Disfruta de las fiestas, Marce!
