Bella POV
-Bella... Bella...-escuchaba una débil voz susurrar mi nombre como un cántico, en la lejanía. Me removí inquieta en mi lugar.
-Es normal, cuando se duerme no hay quien la despierte- ¿Alice?¿Que hacía ella en mi sueño? Su voz se notaba carente de la alegría que la caracterizaba, ¿que la ha pasado a mi rubia amiga?
-¿Que no? Eso no se dice delante de mi.
Fui arrancada de mi sueño por unos fuertes y enormes brazos que me alzaron en volandas. Abrí los ojos y me encontré con una mata de pelo rizado y la sonrisa burlona de Emmet.
-¿Que..que pasa?- mi voz sonaba pastosa y tenía la garganta reseca. Miré a mi alrededor, la gente se bajaba del avión con impaciencia, nosotros quedábamos los últimos.
-Hemos llegado, bella durmiente, ¿quieres un beso para despertar del todo?- Emmet me tenía cargada contra su fornido pecho, Alice estaba colgada de su espalda mirándome divertida. Solo atiné a apartar con pereza el rostro de Emmet, que se acercaba despacio con los labios fruncidos.
-Deja tus labios para la almohada, Cullen - Rose acudió a mi rescate, cargaba su maletín al hombro y dejó caer el de Emmet al suelo.
-Cuidado muñeca, no vayas a morderte y envenenarte- mis pies por fin tocaron el suelo, aprovechando los indicios de bomba nuclear entre Rose y Emmet.
Cogí mi mochila, que Masen había dejado convenientemente al fondo del compartimento para equipaje, y seguí a Alice hacia la salida. Ella parloteaba sobre toda la ropa que había comprado antes de partir.
-Ropa cómoda pero bonita, no me mires así, alguna es de tu estilo- reí ante su aclaración, su estilo de vestir era demasiado... como decirlo...estampados con flores, falditas de colores claros, etc. Nada que ver conmigo.
-Sabes que muero por una camiseta que ponga FUCK OFF en letras grandes y visibles.
-¿Para mandar a la mierda a Masen indirectamente?
-Ahí le has dado, enana.
-Por mucho que digas, sé que al único sitio que me quieres mandar es a tu cama, Swan- Edward caminaba detrás nuestro en el pasillo de desembarque con una sonrisa triunfadora. Apreté los puños y decidí ignorarlo.
Porque, al fin y al cabo, ¿que ganaba yo con contestarle? Seguramente otro comentario aun mas mordaz, lo que provocaría otra oleada de deseo por la violencia. Y eso no quería que ocurriera ahora, me esperaría a estar en el campamento, rodeada de bosque... donde nadie pudiera verme.
Tal vez cogería prestada una pala para enterrar.
Nos dirigimos hacia la zona para retirar nuestro equipaje, cuando tuve el mío aproveché la espera de las demás maletas para hablar con mi hermano. Estaba sentado no muy lejos de nosotros, ya había cogido su maleta, más de cerca observé que tenía la mirada perdida en algún punto cerca de donde Alice esperaba sus cosas.
-Sé que algo te pasa, y no intentes negarmelo- no pregunté, si no que confirmé. Era mi hermano y le conocía, de algo había servido compartir lugar antes de nacer.
Jasper no emitió palabra alguna, pero suspiró profundamente. Me lo estaba confirmando él también.
-Estoy harto, Bella. No quiero seguir así.
-Por mucho que sienta lo que tu sientes, no he conseguido aún leerte la mente Jazz- bromeé y apoye mi cabeza en su hombro- No entiendo a que te refieres.
-Me refiero a todo esto, a toda esta farsa. Puede que Edward y Emmet estén a gusto con ello, pero yo no me voy a conformar- en sus ojos brillaba la llama de la determinación, apretó los puños y los relajó - Si, esto se acaba de acabar.
No me dio tiempo a volver a repetirle que no pillaba nada de lo que estaba diciendo, se levantó con su maleta y caminó con aire decidido hasta donde todos ya habían recogido sus pertenencias. Le seguí.
Nos vimos en la siguiente situación, ¿que hacíamos ahora? Las madres nos dieron los billetes de avión y nos dijeron que avión tomar. Pero nadie nos dijo que hacer cuando llegáramos aquí.
Pronto la gente empezó a mirarnos con curiosidad, estábamos parados en medio de la zona de espera de familiares. Seis chicos con enormes maletas mirando nerviosos a su alrededor. Si, era un tanto extraño. Ni siquiera Emmet y Rose soltaron palabra alguna hacia el otro.
-Se que nadie quiere decirlo en alto, así que lo diré yo. Estamos jodidamente perdidos- dije, a lo que todos asintieron -no sabemos donde esta ese maldito campamento; si lo supiéramos, no tenemos como ir ya que nuestras queridas mamas no nos dieron ni un centavo; no sabemos si van a venir a por nosotros, y si lo hicieran no tenemos ni idea de quién sería...
-Podríamos comprar un billete de vuelta a casa- Rose se soltó el cabello, signo de que estaba totalmente nerviosa.
-¿Acaso no has escuchado?¡No tenemos dinero! - Emmet la miró con ojos desorbitados y los brazos extendidos con gesto de ''Sería una gran idea sin ese inconveniente''.
-Era sarcasmo, inútil.
-Pelear no nos servirá de nada, ahora solo nos tenemos los unos a los otros- Alice interrumpió ese amago de pelea con voz conciliadora.
-Alice tiene razón- todas las miradas esta vez volaron hacia mi hermano, incluida la incrédula de mi morena amiga. ¿Mi hermano?¿Dándole la razón a Alice? Y por las caras de los demás, podía jurar que ellos pensaban en lo mismo.
Pero.. ahora creo que entendía lo que mi hermano me había dicho antes.
-¿Y que sugerís? - fue la primera vez que Edward habló y noté un ligero tono de nerviosismo en su voz, siempre segura y satisfecha de si misma.
Me quise dar de cabezazos contra el suelo, porque en ese momento solo quería hacerle sentir mejor. ¿Que era lo que me ocurría? Entonces lo vi claro... era Jasper, que me estaba pegando sus sentimientos por su nueva experiencia religiosa de claridad y amor. Ahora ya estaba mas tranquila.
-Yo sugiero ir a preguntarle a esa señora que sujeta en alto un enrome cartel con nuestros nombres, a lo mejor ella sabe algo- Emmet se encogió de hombros y todos seguimos la dirección de su mirada.
Una mujer de cabello caramelo y ropas muy formales alzaba en alto un cartel con nuestros nombres, miraba a la multitud de personas buscando alguna mirada de reconocimiento cuando se encontró con las nuestras. Caminó hacia nosotros haciendo sonar sus enormes tacones de aguja, una sonrisa amable surcaba su rostro de facciones finas.
-¡Gracias a dios!¡Pensé que tendría que cavar aquí mi propia tumba!- bramó Rose, siempre tan exageradamente exagerada.
-Y todo gracias a Emmet- constaté, pero al momento me arrepentí, esperando un ataque de ira de la rubia.
-Tienes razón- se limitó a decir, y caminó con aire sonriente hacia la mujer de cabello caramelo.
Eran muchas sorpresas en un mismo día, creo que aquel ambiente nos había derretido las neuronas. El rostro de Emmet era todo un poema, rió para si mismo y también se acercó entre negaciones de cabeza.
-¡Por fin os encuentro! Llevo horas esperando con este enorme cartel en alto - la mujer de mediana edad se sobó los brazos con gesto adolorido, pero siempre con la sonrisa en los labios- mi nombre es Esme, y soy la directora del campamento, encantada de conoceros.
-Los encantados somos nosotros - Masen sonreía brillantemente a Esme, la besó el dorso de la mano con lentitud. Me dieron ganas de patear su duro trasero hasta hartarme.
Todos nos presentamos y Esme nos condujo hasta su coche, que mas bien parecía un autobús. ''Para que entréis todos, según me dijo el director de vuestro instituto había un chico que ocupaba mas de un asiento'', todos nos reímos ante la cara de indignación de Emmet quien no dejó pasar ocasión para burlarse también de Rosalie.
-Pero no importa, porque esta chica tan rubia y hermosa ocupa por media persona, ¿a que nos complementamos genialmente?- rodeó los hombros de Rose con un brazo.
-En tus sueños, gorila con media neurona- escupió mi amiga apartando su brazo con un manotazo.
-¡Uff!¡Agresiva, otra cosa que me encanta de ella! En mis sueños te espero, princesa.
Esme miraba por el espejo retrovisor riendo a mandíbula batiente, Jasper estaba sentado en el asiento del copiloto conmigo detrás y Edward a mi lado ¿Como es que siempre acabábamos juntos? El karma era cruel y su pasatiempo favorito era sacarme de quicio.
-Todo un verano a la basura- escuché que susurró, pero con la intención de que yo le oyera.
-Te jodes- murmuré de la misma forma.
Clavó su mirada en mi, sonriendo socarronamente.
-No querida... ¿no te das cuenta?- se arrimó a mi y dijo en voz baja, para que Esme no escuchara- no tendré otra cosa que hacer mas que hacer de tu verano un verano memorable.
Repetí sus palabras en mi cabeza. La sangre me empezó a hervir. ¿Quien se creía Masen para amenazarme de esa manera?.¡Todo esto era su culpa!
Traté de relajar el pulso de mi corazón, recordando que me encontraba en el mismo coche de la mujer que podía llamar a mi casa y conseguir que mis padres me enviaran a un convento de monjas de clausura.
Saqué mi ipod de la mochila y me puse los cascos a todo volumen ante la atenta mirada de Edward. Ignorarlo se estaba haciendo un deporte de lo mas duro.
Pronto nos dimos cuenta de que el campamento no era un campamento convencional, no había un terreno en el que se extendiera. El campamento era el pueblo. Podéis entonces imaginar lo pequeño que era ¿no?.
Estaba rodeado de bosque, frondoso y exuberante. Nada mas a cien kilómetros a la redonda. En el centro del pueblo había una enorme plaza y a las afueras estaban repartidas las pistas de fútbol, baloncesto, tenis e hípica. No había colegio ni instituto, los niños -que eran tan solo veinte- daban clase en una habitación del pequeño ayuntamiento de la plaza, y los adolescentes de nuestra edad -¡Solo 5, y todos hombres!- tenían que levantarse temprano para llegar a tiempo al instituto del pueblo de ''al lado''.
Lo único que valoré como bueno en aquel pueblo, fue el hermoso lago que poseía a tan solo cinco minutos a pie.
-No os asustéis chicos, las personas son realmente agradable y os gustarán. Somos como una pequeña gran familia - Esme rió e intentó tranquilizarnos al ver que pegábamos nuestras narices a las ventanas.
Aparcó en frente de una casa antigua, de las mas grandes que había. Era de un color azul desvaído, de dos plantas y tenía un hermoso porche con balancín. Me encantaban las casas de época.
-Esta será vuestra casa, es de mi hermano - la miramos interrogantes, ¿su hermano?- vuestro director.
Por eso nos habían mandado allí, el dinero recaudado iría directamente a manos del directo, por si las moscas. Esme nos enseño nuestras habitaciones -una para ellos y otra para nosotras- en la segunda planta. amplias, espaciosas y luminosas.
-Emm... Aurora, solo hay una cama de matrimonio en nuestra habitación- Emmet observaba a Esme con una ceja enarcada, por su semblante deducí que le habían obligado a él a preguntar.
-Así es, no tenemos mas camas que las que tenía aquí mi hermano, y no dejó que pusiéramos más - se encogió de hombros y nos miró a todos- tenéis sacos de dormir en los armarios.
-Oh no, nosotras dormiremos juntas- aclaró Alice dejando su maleta a un lado de la cama- lo hacemos todos los fines de semana.
Era cierto, cada fin de semana las chicas y yo teníamos ''Fiesta de pijamas al estilo Alice Brandon'' y siempre terminábamos tan muertas que no nos molestábamos en poner sacos de dormir. Entrabamos perfectamente las tres también en esa cama de matrimonio.
Las caras de los chicos no tenían precio.
-¡Por favor!¡Por favor!- de repente Emmet se tiró de rodillas a nuestros pies, sujetándose en las piernas de Rose-¡Dejarme dormir con vosotras!¡Tampoco ocupo mucho espacio!
Después de un momento digiriendo las palabra de Emmet, la casa estalló en risas. Esme incluida. Emmet había hecho su petición con tono tan realista que juraría que en serio pensaba que tantearíamos la posibilidad de dejarle.
-Bueno, yo os dejo que os distribuyáis como más os guste - Esme caminó hacia la salida de la casa y en el marco de la puerta añadió- estáis en vuestra casa, aunque no destruyáis nada por favor, mi hermano ya no sé que os haría. Vengo mañana por la mañana a hablar de negocios ¡Adiós!
Las chicas y yo nos encerramos en nuestra habitación sin intercambiar palabra con el trío. Nuestras miradas gritaban ''Ya hemos tenido suficiente de ellos por un día''. Acomodamos nuestras ropas en los armarios y nos pusimos los pijamas, la luz del sol empezaba a escasear.
-Tengo que hablar con vosotras- habíamos pasado varios minutos en silencio tumbadas en la cama y mirando hacia el techo cuando Alice habló.
-Te escuchamos - dijimos Rose y yo al unísono, ninguna se movió ni un ápice.
-Jasper está muy raro conmigo - soltó, pude notar un deje sombrío en su voz- ¿creéis que ya se a cansado de todas nuestras peleas y simplemente me ignora?
No sabía como responder a esa pregunta, porque yo simplemente tenía mis conclusiones y mi hermano no me las había confirmado, así que dejé que fuera Rose la que hablara.
-¿No es eso lo que quieres?¿Que te deje en paz? Dile a Jasper que convenza a Emmet para que haga lo mismo conmigo.
El profundo suspiro de Alice sacudió la cama. Se notaba que estada debatiéndose por algo.
-Si -sentenció al final- supongo que si.
Tenía que hablar urgentemente con mi hermano.
-¡Ahhhhh!
Nos sobresaltamos por el estridente grito proveniente de la habitación de los chicos. Corrimos como unas locas hasta su puerta, que Rose abrió con tanta fuerza que estuvo por hacerla giratoria.
Y la escena con la que nos encontramos fue digna de grabarla a fuego en mis recuerdos.
Edward estaba de pie encima de una silla, dando pequeños saltitos histéricos. Su semblante estaba surcado de puro terror y sus ojos estaban mas oscurecidos que de costumbre. Miraba a una esquina de la habitación, señalándola.
Y allí, donde creía encontrar una serpiente de dos metros o un escorpión con una aguja tan afilada como para cortar jamón, me encontré cara a cara... con una pequeña tarántula.
-¡Sacar esa cosa de aquí!- gritaba Masen como poseído por el espíritu de satanás. Pronto Rose y Alice se unieron a él, subiéndose encima de la silla.
-¡Mátala, mátala!
-¡Llévatela, Bella!
¿Yo?¿Porque yo?... Ah si, porque yo adoraba las tarántulas, eran mis animales favoritos. Tenía dos en un terrario que ocupaba toda la pared norte de mi habitación. Si, mis pequeñas Roberta y Lily vivían como reinas.
Eso me hizo ponerme melancólica, sabía que mi madre me prometió cuidarlas bien. Pero cuando ya había amenazado con aplastarlas y tirarlas por el retrete como una veinte mil veces, una ya no se queda del todo tranquila.
-¡BELLA!- el nuevo grito de Masen me sacó de mis pensamientos, y supe que estaba muy pero que muy asustado.
Me había llamado por mi nombre. Después de siete años.
Pasado el shock, cogí una revista de encima de la mesita de noche y me acerqué a la araña. Eran venenosas, y aunque las mías nunca me habían picado, no me podía fiar de tarántulas ajenas.
Emmet me paró a medio camino.
-Espera, espera...¿no puedes coger otra revista? Es que esa es la de Top Gear de esta semana y no creo que la vendan aquí así que...
-¡Emmet!¡Cállate!- el profundo chillido de Rose retumbó por toda la casa, el enorme moreno la miró por un momento. No con odio, no con burla. Y me dejó proseguir.
Cogí la hermosa tarántula con la revista y la dejé en la rama de un árbol que había al lado de la ventana, tan cerca que te podías subir en él.
-Problema resuelto- sentencié cerrando el cristal. Edward, Rose y Alice ya estaban con los pies en el suelo. Me giré a él primero- esta usted a salvo Milady.
-Muy graciosa, Swan.
-Ah, ¿que ahora soy Swan? Hace un momento era Bella, y juraría que lo dijiste en tono amoroso- bromeé para tranquilizar el ambiente, sin mucha intención de querer pelea.
-Cállate.
Todos reímos, como si fuéramos amigos de toda la vida. Y creo que todos pensamos lo mismo ya que la habitación se volvió a llenar de tensión. El único que seguía riendo era mi hermano.
Volvimos a nuestra habitación, ya dispuestas a dormir, y con la luz de la luna dando de lleno en mi rostro no pude evitar preguntarme, ¿sería este viaje el inicio de una tregua entre todos?
Pero deseché la idea, por lo menos para mi y Masen. Porque por mucho que yo deseara dejar atrás todo, sabía que Edward me odiaba, y eso no cambiaría nunca.
