Advertencia: NARUSASU. AU.
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Virgen
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I
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Al mediodía, la zona del comedor, ubicado en la primera planta del edificio principal, parecía un caótico campo de batalla. Si no hubiera sido por el pequeño inconveniente que le impidió emboscar a Sasuke Uchiha a primera hora en la entrada de la institución, como tenía planeado, no hubiera tenido que esperar a que pasaran cuatro horas de estresantes clases matutinas para poder encontrase con él.
Finalmente decidió esperar justo en la entrada de la cafetería a ese maniático señor perfecto, temiendo que aquel fuera uno de esos días en los cuales el presidente del consejo estudiantil prefería almorzar en cualquier otro lugar antes que rodearse de un montón de mediocres o inútiles, como solía referirse al resto de la humanidad.
Habiendo tantas chicas hermosas en el mundo ¿Por qué tenía que gustarle precisamente él?
Exhaló desde lo profundo de su alma llevándose los dedos pulgar e índice al ceño fruncido. Su vida había dado un giro de trescientos ochenta grados desde la pasada noche. No sabía si se trataba de una simple atracción física, pero siendo así o no, el deseaba probar mucho más de lo que hasta ese momento habían hecho.
Su imaginación se había expandido frente a un conocimiento que hasta ese entonces no le había interesado en lo más mínimo, y para su sorpresa, su mente se llenó de una cantidad ilimitada de curiosas preguntas.
En una situación así, ¿Qué expresión pondría? ¿Volvería a hacer esos sonidos? ¿Cómo se vería su piel completamente desnuda? ¿Qué tan dolorosa sería la penetración? ¿Podría encontrar ese punto orgásmico en su interior?
Se admiraba de sólo pensar en lo fácil que había aceptado el deseo sexual por otro hombre, no sólo eso, le asombraba la forma en la que una pasajera búsqueda nocturna se había convertido en ardua investigación.
No era como si anhelara una relación romántica.
De momento sólo quería que las cosas entre ellos se aclararan, saber si su angustia era correspondida, porque según su criterio moral, andar metiéndose mano a escondidas, no era algo casual. No era como levantarse un día pensando en desayunar ramen, no, era levantarse un día deseando acostarse con un tipo.
Mientras se recordaba a sí mismo todas las razones por las que quería hablarle, pasó por su lado un chico de cabello negro de puntas levantadas, uniformado de modo impecable, luciendo su habitual cara de "todos ustedes me importan una mierda" sin siquiera dedicarle un saludo. Todavía pensaba que ése era su día de suerte.
- ¡Teme! - gritó al tiempo que se encaminó hacia él.
Sin embargo, se congeló en el sitio cuando, como respuesta, el moreno le miró con desprecio, alterando su indiferente expresión con una ácida mueca de disgusto. Completamente confundido por aquel gesto, pretendió alcanzarle, pero tan pronto como le sujetó por el antebrazo éste se sacudió su agarre haciéndose el desentendido.
No entendía qué había hecho mal para obtener esa reacción de él, aun así, no había nada ni nadie que le impidiera averiguarlo.
Ya había tomado una decisión, la cual consistía en no dejar pasar lo sucedido. Sabía que si desde el principio hubiera negado cualquier extraño mariposeo en su estómago, todo lo ocurrido hasta el momento entre ambos habría quedado en el olvido. Eso sí, algo le decía que admitir todo eso delante de él no le resultaría fácil.
A fin de cuentas, seguía detestando esa obstinada terquedad suya.
Se adelantó a él, interponiéndose en su camino, por lo que fue víctima de una gélida mirada que le exigía que se apartara.
No estaba dispuesto a obedecer sus órdenes sin antes obtener una explicación.
- ¿Qué demonios te ocurre Sasuke?
Al parecer, en vista de que no pretendía quitarse, Uchiha le empujó para apartarlo, sin la intención de contestarle. Empezaba a molestarse. No por su actitud, porque estaba acostumbrado, sino por sus evasivas, él no era así, él no dejaba pasar oportunidad alguna para fastidiar su existencia.
Cuando intentó retenerle por segunda vez, el mayor se giró hacia él sonriendo con sorna, transmitiendo evidente irritación en sus pupilas.
- ¿No tienes mejores cosas que hacer con tu novia? - le cuestionó en tono mordaz, enfatizando la última palabra con un deje de molestia.
Claro, eso era. Ya todo tenía sentido.
Le agarró el brazo para arrastrarle por el edificio en contra de su voluntad, sin importarle las miradas curiosas e ignorando los golpes o patadas que le eran propinados junto a escandalosas maldiciones.
Recorrieron así los pasillos, a duras penas, subiendo las escaleras hasta el tercer piso entre un constante forcejeo. Las malas palabras habían cesado pero la tensión no disminuyó en ningún momento. Sabía que el azabache era endemoniadamente obstinado, y aunque podía llegar a agradarle esa particularidad, intentar dominar a un hombre de contextura casi igual a la suya le resultaba extremadamente difícil.
Cuando ambos se internaron en el antiguo salón de música al final del corredor por obvia decisión suya, se percató de que momentáneamente aquel tipo había dejado de luchar. Aun así, en el intervalo de tiempo en el cual ninguno pronunció palabra, su postura reflejó su mal humor, por lo visto ni siquiera tenia la intención de mirarle. Al sujetarle por los hombros para captar su atención no recibió más que un bufido malhumorado.
- ¿Puedes soltarme usuratonkashi? - dignándose finalmente a mirarle de mala gana.
No entendía su actitud, pero sabía a qué se debía.
Sus planes de perseguir al otro de nuevo, como aparentemente se estaba volviendo costumbre, fueron frustrados por una sencilla nota escrita en papel color turquesa que encontró en el casillero de sus zapatos. La delicada caligrafía femenina le citaba en los jardines, debajo del árbol de cerezo. Allí, una tímida muchacha de lacio cabello azulado le esperaba, jugando nerviosamente con su bufanda mientras aguardaba por su respuesta.
Después de rechazarla, no podía creer que lo hubiera hecho, confesándole sin ningún tipo de reservas quién era la persona que ahora le gustaba. Ella le miró perpleja durante algunos segundos antes de sonreír en consecuencia de su vergonzosa euforia al nombrar al susodicho. En ese momento, aquellos ojos claros se inundaron de lágrimas. Intentó hacerla reír porque odiaba ver a una chica llorar, sobre todo, si él era el causante. Ella sólo rió tímidamente al tiempo que secaba las lágrimas con el dorso de las manos. Antes de siquiera intentar contarle otra de sus geniales anécdotas, Hinata Hyuuga le dedicó una reverencia, le deseó buena suerte y corrió a reunirse con sus protectoras amigas que al abrazarla le dedicaron punzantes miradas de intenso odio, helándole la sangre.
Aquel episodio le hizo comprender cuánto le estaba comenzando a gustar ese bastardo, definitivamente no estaba enamorado, aunque no podía negar el sentimiento cálido que le oprimía el pecho cuando pensaba en él. Siendo la primera vez que consideraba las cualidades físicas del otro no sabía cual era la manera correcta de proceder, pero, mientras no fuera algo pasajero, podría considerar la posibilidad de gritarlo ante el universo.
Llegó a esa conclusión al no poder dormir en toda la noche. Después de todo, él había sentido algo parecido por una chica antes. Ya conocía ese anhelo por realizar actividades cotidianas con la persona que le gustaba. Más que sexo, consideró poder hacer más que eso, tal vez pasar tiempo con él, con aquel ególatra narcisista que no tenía nada en común con la novia atenta y cariñosa con la que siempre había soñado. No obstante, no era tan insensato como para creer que saldrían tomados de la mano a un parque floreado donde se besarían apasionadamente. No, ni siquiera en sus fantasías Sasuke dejaba de intentar golpearle por siquiera considerarlo. Al menos, haría su mejor esfuerzo.
Y tal vez, lograr algo con él no sería tan difícil, debía admitir la satisfacción que le causaba verle molesto por un hecho insignificante como ese.
- No es lo que crees, dattebayo.
- Lo que yo crea o no, no es tu problema idiota.
- Déjame explicarte.
- No hay nada que explicar - deshaciéndose de su agarre con un manotazo.
Respiró profundamente.
- Le dije que me gustaba otra persona.
Los pasos del mayor se ralentizaron durante un segundo que sin embargo no alcanzaron a detenerse.
- Le dije que me gustabas tú - soltó, notando como la cara comenzaba a arderle.
Fue así que logró obtener su atención. El otro se le acercó a grandes zancadas para de forma amenazante tomarle del cuello de la camisa con las orejas coloreadas en un airado tono morado, manteniendo un semblante oscurecido por la rabia.
- ¿Qué mierda le dijiste? - escupió colérico, apretando el agarre en su cuello - ¡No me involucres en tus jodidos problemas! ¿Qué harás si se extiende un rumor sobre eso?
No lo había pensado, tampoco es que le importara demasiado. De alguna forma estaba empezando a comprender que debía tener un raro fetiche. Verle así de enojado, a punto de golpearle, con la cara completamente roja le estaba empezando a afectar su parte baja. Le gustaba la violencia con la que le trataba, le excitaba.
Sin recapacitar, también le sujetó impulsivamente por las solapas de la camisa, atrayéndole hacia sí, sin que el otro pudiera impedirlo. Le besó furiosamente, codiciosamente, ignorando el dolor que le causó el rodillazo que el mayor le propinó en el estómago. Si eso lo clasificaba como masoquista, bien, que así fuera. Las manos que le retenían por el cuello se soltaron para propinarle puñetazos en los costados. Sinceramente, para él eso no era nada, no podía decir que no le doliera, pero estaba acostumbrado a los tan amistosos como violentos enfrentamientos que se llevaban a cabo en las prácticas diarias del equipo.
Le mordió los labios suavemente sin disminuir su fiereza, apoderándose de su boca como un carnívoro hambriento que quería convertirse en un amante dedicado. Aunque era correspondido con renuencia, no podía quejarse.
¿Qué tan lejos le dejaría llegar esta vez?
Tentando su suerte, deslizó lentamente la boca por su tibia mejilla, apenas rozando los labios en su sonrosada piel, calentándola con su respiración. Ante la momentánea inactividad del contrario aprovechó para dejarse llevar. Chupó el lóbulo de su oreja, descendiendo por su cuello para hincar los dientes en aquel hombro desnudo, al tiempo que le soltaba el primer botón de la camisa. Una de sus manos se entretuvo recorriendo su pecho y la otra la espalda baja, percatándose de que el pelinegro se sostenía por sus antebrazos con indecisión, sin afán de alejarle.
No se caracterizaba por ser un oportunista pero sencillamente no podía dejar pasar una conveniente ocasión como esa, por muy sorprendido que estuviera de que el otro no pusiera resistencia.
Se encargó de manchar su piel en tonos rosados, formando pequeños cardenales en la nacarada piel de su cuello, clavícula y hombro. Por encima de la ropa, sus dedos se entretuvieron en suavemente pellizcar, halar y torcer su pezón. Se estremecía al escuchar los quejidos que el moreno luchaba por contener, despertando su entrepierna. Anhelaba saborearle por completo, grabar en sus papilas gustativas su placentera dulce textura.
A medida que la defensa del otro iba disminuyendo, aprovechó para guiarle despacio hasta el viejo piano de cola en la esquina del salón. Cuando le tuvo arrinconado, fue empujado con la fuerza suficiente sólo para interrumpirle o captar su atención. Le dedicaron una casi imperceptible sonrisa, la cual no podía dejar de ser acompañada por su lujuriosa pretensión de superioridad.
- Maldito homo.
Bufó ante el comentario. Al parecer, a los dos les había terminado por gustar aquella lucha por el control de la situación. Sin embargo, no esperaba que el prepotente Uchiha le acercara una de sus frías manos a la cara para deslizar el pulgar por sus labios de forma lenta y sugerente al mismo tiempo que se abría la cremallera del pantalón.
- Este es el verdadero significado de gustar ¿Realmente puedes hacerlo dobe?
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Fin de la primera parte del cuarto capítulo.
Aunque no he quedado conforme, este es el resultado de haber hecho tantas correcciones.
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