Chapter 4: Confession/Capítulo 4: Confesión
Deidara se encontraba en su habitación, mirando el techo. No podía conciliar el sueño. La verdad era que no había hecho nada en todo el día y no necesitaba recuperar energías. Pensaba en su infancia, particularmente en su madre, y en como había cambiado su vida desde entonces. Sus padres habían muerto hacía mucho y no podía recordar a ningún amigo en particular. No recordaba que nadie le hubiera importado desde su madre. No tenía hermanos y, aunque los tuviera, ya era muy tarde para relacionarse con su familia. Después de todo, él era un renegado, un traidor.
De pronto alguien golpeó la puerta, haciéndolo sobresaltar.
- ¿Quien es? - no se le ocurría quien lo molestaría a aquellas horas
- ¿Te desperté? - preguntó una muy familiar voz - Sí es así, lo siento y me iré.
- Sasori... - el corazón le empezó a latir muy rápido - estaba despierto, pasa
Esto sí que era inesperado... ¿Sasori en su habitación a las 2 de la mañana...? Estaba increíblemente contento y nervioso al mismo tiempo. Le gustaba tanto su compañero que tenía que hacer grandes esfuerzos para mantener la compostura en su presencia. El problema era que Sasori no le hacía mucho caso. A decir verdad, a nadie. Era muy extraño que apareciera así.
El pelirrojo abrió la puerta y Deidara se incorporó apenas para dejarle espacio para que se sentara a los pies de su cama.
- ¿Qué te trae por aquí a esta hora? ¿Hay algún problema? - preguntó el más joven con curiosidad
- Nada. Es que estaba aburrido. ¿Qué estabas haciendo?
- Nada, sólo pensaba - miró al pelirrojo y le sonrió - no puedo dormir.
- ¿En qué pensabas? ¿En mi? - preguntó el marionetista con picardía
- Siempre pienso en ti - el rubio bajó la vista, sonrojado - pero esta vez estaba recordando a mi mamá; su voz y la suavidad de sus manos...
- ¿Qué sucedió con ella? - la mirada de Sasori se había ensombrecido
- Enfermó y murió, cuando yo empecé a experimentar con la arcilla.
Todo el semblante de Sasori se había oscurecido. Deidara incluso sintió miedo, ¿acaso había dicho algo malo?
- ¿Qué pasa? - Deidara se le acercó. Si era posible, hubiera jurado que el otro lloraba.
- No me gusta hablar sobre padres. Ni sobre infancias. Mucho menos sobre el recuerdo de voces o manos... - su voz sonaba inestable. Tenía los ojos fijos en la nada. Deidara sintió unas incontenibles ganas de abrazarlo.
El rubio tragó saliva. Su maestro le estaba mostrando debilidad. Aquel era un momento muy íntimo y tenía un profundo significado: el maestro confiaba en su aprendiz. 'Díselo - susurró una pequeña voz en su cabeza - dile que lo amas' ¿Debería decírselo? Es decir, suponía que él le gustaba a Sasori... después de todo, le había dicho que "fuera a su habitación si algo le daba miedo", habían dormido juntos una vez, había despertado en sus brazos en la primera misión... También, la vez que estuvo en el hospital, Sasori no se apartó nunca de su lado... pero, ¿amor? Esa ya era una apuesta mucho más fuerte. Volvió a mirar al pelirrojo. Había perdido su inalterable tranquilidad e indiferencia ante todo. Entonces supo que no habría mejor momento que aquel.
Se arrodilló en la cama junto a su maestro, que estaba sentado mirando hacia la puerta y lo abrazó con fuerza por detrás.
- No sé lo que te haya sucedido, ni voy a preguntártelo. - susurró en el oído del marionetista - Quiero que nazca de ti contármelo. Quiero que vengas a mi siempre que algo te intranquilice. Quiero conocer todo de ti: tu felicidad, tristeza, miedos... Quiero que seas lo último que vea antes de dormir y lo primero al despertar. Te quiero, con todo mi amor.
El pelirrojo no daba crédito a sus oídos. Giró para enfrentarse al rubio. Lo miró profundamente y lo abrazó con fuerza.
- Yo también - susurró en su cuello - No soy del tipo que habla abiertamente de sus sentimientos. Si te ignoro o regaño es porque tenía miedo. Me daba mucho miedo sentir algo tan fuerte. Pero te he querido todo este tiempo.
