"La Matemática no es real, pero parece real. ¿Dónde está ese lugar?"

Angustia

Un dulce aroma invitaba participar a la singular fiesta de té. La comitiva compuesta por un distinguido señor Sapo, quien encabezaba la celebración conversaba con otras habitantes del bosque.

Aunque trataba de interactuar, solo me limitaba a sorber un poco más de la azucarada bebida.

Que ridícula situación, ¿qué hacía imitando a Alicia? Un suspiro me hizo salir del ensueño que mi mente provocará.

Leí por centésima vez la oración

"Escribe y desarrolla la fórmula que describa la trayectoria de una hipérbola. Gráfica"

Por más que buscará comprender, lo escrito se transformaba en otro idioma. Tenía más lógica para mí, ver a un sapo hablar que tratar de recordar cómo resolver ese problema.

Se suponía que era la primera clase de recuperación, que tendría que repasar los conceptos básicos y después resolver ejemplos sencillos.

Pero no, a nuestro profesor se le ocurrió realizarnos un examen que tendría valor. No importaran las protestas, cuando menos lo esperaba tenía una hoja en el pupitre.

Cuando recién entrara minutos antes, solo podía escuchar comentarios acerca de lo difícil que era aprobar el curso de esta materia. La escuela en donde estudio tiene la fama de ser la mejor en cuanto a promedio estudiantil y por eso tal exigencia.

Aunque de eso, a que uno de los que tomaran el curso alegara que era su cuarto intento y que por esa calificación no había ingresado a la universidad...

Es en ese momento en que los "hubieras" y los "tal vez" se presentan.

"Si hubiera estudiado más, tal vez no estaría aquí", "si hubiera puesto mayor atención, tal vez entendería de que se trata el tema"

De existir un nombre para el pánico a las matemáticas, era aún mayor que la fobia que tenía por las arañas, es lo que padecía en ese momento.

Observar como todos escribían, o solo maldecían entre dientes, y las locas fantasías de verme ahí 50 años después aun tratando de aprobar el curso, fueron tales que incluso el profesor se detuviera a mi lado.

- ¿se encuentra enferma?- pregunto de manera curiosa

- no como cree solo sólo trataba de encontrar una respuesta mientras trataba de ocultar como el cuerpo externaba mi pánico.

- como siempre diciendo algo incorrecto- musitó mientras escribía algo y arrancaba una nota.

- no quiero hacerme responsable de un ataque de taquicardia, al menos no de otro alumno- entregando la nota, supuse que mi grado de nerviosismo era tal que mis manos además de temblar estaban inusualmente sudadas.

- de acuerdo profesor- respondí leyendo que era una orden para la enfermería

Sentía como si el cielo se hubiera abierto, pero una frase me alejo de la visión de un escape de aquella tortura.

- tómese el tiempo necesario, el examen la estará esperando- el profesor se alejó continuando con la revisión de que no se realizara algún tipo de trampa.

Estaba salvada al menos por el momento, por primera vez agradecía que tuviera tal manía por los números. Solo tomando mi celular, salí del aula para dirigirme al edificio donde se encontraba la enfermería escolar.

Deslumbrante

El escuchar el eco de mis pasos al recorrer los pasillos vacíos me hacían recordar lo enorme que era el colegio en realidad. Muy pocos alumnos se presentaban para los cursos de recuperación.

Al parecer también de los clubes deportivos asistían, desde una amplia ventana se percibía un escándalo proveniente de las canchas, me pareció ridículo que alguien quisiera practicar deportes u observarlos ya que en esos momentos una típica llovizna londinense caía suavemente.

Para llegar a la enfermería tenía dos opciones, atravesar la zona administrativa o rodear la antes mencionada cancha; ambas para llegar al lugar que se encontraba en la planta baja del edificio más antiguo del colegio. Opte por lo primero, solo tenía que caminar un poco más y estaría bajo techo.

Eso lo hubiera realizado si la puerta que daba acceso, no estuviese cerrada. Después de empujarla, como siempre lo hacía, tirar un poco o tratar de deslizarla constate que efectivamente, la puerta estaba cerrada.

- vamos solo un poco, no necesito tanto espacio-exclame suplicante en un último intento desesperado. Al parecer la puerta me había escuchado, ya que fue cediendo primero lentamente hasta que fue revelando una mano, un brazo y el resto del cuerpo.

Mi corazón se detuvo un instante al reconocer quien era.

- al parecer otro alumno ha encontrado nuestro refugio-lo escuche hablar sin sacar el cigarrillo de su boca, incrementando el gesto burlón.

- les dije claramente que no aceptaba ningún tipo de lloriqueos o súplicas y si es así- al verme un suspiro cansado detuvo el monologo de quien saliera detrás de quien abriera la puerta, en tanto un tercer acompañante se limitaba a observar en silencio.

Frente a mí y en una actitud que solo pocos privilegiados habían visto, tenía al llamado "Trío Infernal"

- ¿qué hace aquí? Ayer dimos calificaciones- escuche del profesor Yukki "el demonio Tsukimori", especialista en literatura y en lanzar objetos aquellos alumnos que no respondían de manera adecuada.

- tengo entendido que los alumno ya no tienen derecho a reclamar algún cambio- encendiendo otro cigarrillo y quien había abierto la puerta Antare "el mesías del inframundo" Quantiore. Todo un sofista, daba clases en más de tres asignaturas distintas, reprobando a la mitad del curso si no se adaptaban a su riguroso plan de estudios.

Y el tercero que aún seguía de testigo, Miguel "el despiadado" Gray, impartía la materia en física. Eran tales sus pruebas y prácticas de laboratorio, que era casi una leyenda aquel alumno que obtuviera una calificación por encima del suficiente.

Sabía lo ridícula que debía verme al no emitir alguna palabra o sonido, pero siempre que me topaba con ellos fuera del aula era el mismo efecto aturdidor, ya que además de ser los profesores más estrictos, su aspecto físico era notable, cada uno apuesto de manera que no se podía quitar la vista de encima, Yukki Tsukimori, de cabello albino con un curioso mechón negro y una mirada capaz de helar la sangre; Miguel Gray con una melena azabache y un rostro angelical. Pero era Antare Quantiore quien más acaparaba mi atención, no sabía si era por su mirada violeta o esos mechones oscuros, simplemente el verlo me paralizaba.

- y bien ¿que debe decirnos? - escuche de manera insistente

- nota enfermería- exclame al fin, mostrando la nota como si fuera una llave maestra en el último nivel de un videojuego.

-debió decir eso antes- el profesor Gray al fin se dignaba en hablar

- pero esta zona está cerrada para los alumnos en época de vacaciones- declaró en empezando a caminar delante de los otros.

-ya que está tomando clases de recuperación, quizás debería buscar alguna de sentido común señorita- el profesor Antare intercambio una mirada cómplice con el profesor Yukki, en tanto se retiraban de ahí.

Humillada, y sin que agregar solo me quedo el consuelo de observarles. No sé qué tenía ese trio pero algo en ellos los hacia irradiar, como si su presencia fuera distinta. Incluso los llegaba a llamar "el trio deslumbrante"

Encuentro

Pasando el efecto del asombro, mi indignación me hizo recordar las acciones de días anteriores, como por una imprudencia uno de ellos recibiría una carta de lo que creía sería una perfecta declaración amorosa.

Por primera vez, agradecí el hecho de no haber realizado a detalle el plan que había tramado.

Aunque... ¿dónde había quedado la carta?

No podía darme más el lujo de seguir perdiendo el tiempo, y sacudiendo la pereza que me insistía en volver, baje los escalones que me llevarían a la cercanía de la cancha.

A medida que descendía, el ruido incrementaba. Vaya alboroto, al parecer se disputaba un partido de basquetbol en una especie de torneo interno. Lo que me sorprendía era la cantidad de espectadoras, quienes entre gritos y porras trataban de animar a un jugador en específico.

Refunfuñando, trate de abrirme paso, la enfermería estaba justa del otro lado y una horda de fanáticas no me impediría llegar allá.

Logrando escapar de aquel griterío, obtuve una vista amplia del partido. Caminando a la par que los jugadores se movían por la cancha, mirando de reojo lo que sucedía algo o más bien alguien me hizo detener y girar la mirada.

Eso no podía estar ocurriendo...alguien me saludaba desde la cancha mientras el partido seguía su curso. Y no solo eso, sino que al parecer no prestaba atención a lo que ocurría.

- hey idiota...justo detrás de ti- agite mis manos tratando de avisar. Demasiado tarde la esfera naranja había impactado en la nuca del tipo pelirrojo.

El mismo pelirrojo que el día anterior me había rescatado de una aparatosa caída, ahora lo observaba en una camilla seminconsciente.

Y pensar que solo quería un poco de tiempo para estar a solas y seguir angustiándome por la incapacidad de resolver un ejercicio matemático.