Ino se había quedado en la misma posición de Sakura: con el rostro contra la mesa, escondida entre sus brazos y sin encontrar una absoluta razón de ser a con todo lo acontecido. Mientras tanto, Hinata las miraba con cierta atención, con curiosidad y confusión.
La escena se debía básicamente al moreno que estaba discutiendo con el maestro unas cuestiones de la clase justo frente a él, en su escritorio, mientras que Naruto alegaba con Sai cuestiones de arte, algo raro pues no se comprendería el repentino interés del rubio con lo que respecta a su discusión. Finalmente, Hinata luchaba por saber qué pasaba a sus amigas.
—Chicas… ¿están bien? ¿Qué ha pasado? —preguntó con cierta preocupación.
—Lo cierto es… que es imposible comprender a ese hombre —soltó Ino, por lo que Sakura soltó un breve quejido.
—No quería escuchar eso —rezongó, para levantar la cara de la mesa—. Hinata… tú eres sorprendente, Naruto es idiota y lo comprendes, incluso Ino tiene sus problemas con Sai que de por sí es raro. ¿Cómo mierdas hago para entender a Sasuke?
—¿Ah? ¿Es todavía por lo del beso en la frente? —indagó, algo confusa.
—Es por su comportamiento de la semana pasado, por el beso en la frente, por el episodio de rudeza, por la escena de celos, por odiar a un chico que se le pretenda a Sakura, por obligarla a hacer promesas que la privan de citas y por el segundo beso en la frente —le respondió Ino, con exasperación.
—Oh, es cierto —cayó en cuenta en fin, ante lo que Sakura volvió a soltar un quejido.
—¡Es tan complicado! —exclamó la pelirrosa en un gruñido, mientras arrastraba las uñas sobre la mesa e Ino tanto como Hinata le miraban confusas.
—¿Sabes? Acabas de gruñir —dijo Ino.
—Y arañas la mesa —agregó Hinata.
—Gruñes y arañas… ¿qué eres? ¿Un gato? —provocó.
—Deja de molestarme —dejó Sakura, para darle suaves golpecitos a la mesa—. ¡No quiero esto!
—Ya, ya —dijo Hinata, acariciándole el cabello—. Todo pasará, no te preocupes.
—Mmh… ¿me lo prometes? —Quiso saber, casi como una súplica, sintiendo las suaves caricias que la chica le propinaba.
—Claro que sí —aseguró, escuchando un gemido de placer de parte de Sakura, para sonreír—, todo pasará y todo te saldrá perfectamente, Sakura. Eres grandiosa y sorprendentemente fuerte, eso te ayudará a salir adelante.
—Gracias, Hinata… Mmrruh —empezó a ronronear, por lo que Ino enarcó una ceja y se inclinó un poco a Hinata.
—Sí… es un gato —musitó a su oído, por lo que su amiga rió.
—Ya basta, solo necesita una frazada, un poco de leche tibia y un buen sueño —le prometió, por lo que Ino rió.
—Leche… es un gato —se rió entre dientes, por lo que Sakura le lanzó un arañazo pero no la hirió.
—Te dije que me dejes en paz —rezongó nuevamente, para acomodar su rostro hacia un costado—. Gracia, Hinata. Eres fabulosa… pero realmente no sé qué debería hacer e Ino anda igual de confundida que yo.
—Es sencillo, Sakura —respondió Hinata—, no sé mucho de estas cosas, pero si hay algo que debes hacer, es dejar todo pasar.
Capítulo Cuatro
Si bien, era verdad que Hinata no sabía mucho de estas cosas pues carecía de experiencia, por primera vez tenía la capacidad de dar un consejo completamente sensato y comprensible. Lo que en sí proponía Hinata era esperar a que pasara algo asombroso para poder decir "¡Oye, reacciona! No me estaba equivocando" pero, mientras tal cosa no sucediera, tendría muy poco sentido estarse preocupando por eso.
Así que terminadas las clases Sakura tomó camino a su casa, ayudó a su madre con la comida y la dejó irse al trabajo de nueva cuenta. Tanto su madre como su hermana mayor trabajaban, así que Sakura permanecía sola por las tardes, estudiando o haciendo los quehaceres del hogar.
Cuando ya se encontró sola por la tarde y toda su casa limpia, sin olvidar que las tareas terminadas, se propuso a asomarse un rato por la ventana para sentir el viento fresco que no se comparaba con el de diciembre, pero que informaba enero finalizaba. Pero, ¿cuál sería su sorpresa al ver a cierto rubio afuera de su casa caminando? Mismo que le hizo una seña para que saliera.
—Sakura —le llamó su amigo—, ¿vamos a cenar un ramen?
—Mmh… con una condición —dijo la pelirrosa, alcanzando su chaqueta y bolso antes de pasar el umbral y cerrar la puerta—. Tú invitas —le informó, de forma traviesa, por lo que pronto se dirigieron al sitio favorito de Naruto.
—Y bueno, es que Hinata me lo ha contado todo —comentó, mientras se acercaban al puesto de comida.
—Ya veo, me suponía que lo haría —respondió ella—, pero me gustaría que me hicieras el favor de no decir nada de esto a Sasuke. No quiero que vuelva a pasar lo del inicio de preparatoria, no tiene sentido ser repetitivos.
—Me imaginaba que dirías eso, pero ya sabes que puedes contar conmigo, Sakura —le prometió el rubio—, después de todo, tú también eres mi mejor amiga.
—Gracias, Naruto —dijo ella, chocando su hombro contra el de él mientras entraban y hacían su pedido. En ello, Naruto se sentó y la miró con curiosidad, por lo que ella rió y le miró igualmente—. ¿Qué?
—Nada, solo me preguntaba qué era lo que planeabas hacer al respecto —indagó, para ayudar a pasar un tazón a Sakura.
—Bueno —empezó ella—, creo que Hinata tiene una buena idea al pretender que me quede a esperar a ver qué más pase. Conociendo a Sasuke, si doy una seña de cambiar con él se precipitará y volverá a lo mismo, mejor dejaré fluir las cosas como si nada pasara.
—Y entonces Sasuke se exasperará y gritará al mundo que te ama —terminó Naruto, alcanzando su tazón y haciendo reír a Sakura.
—No creo que eso pase —contestó, con sinceridad.
—¿Por qué no? Digo, ustedes tienen ya una historia —dijo el chico, para encogerse de hombros y separar los palillos—. No me sorprendería que las cosas terminasen así.
—Pff… ¿Una historia? La única historia que tenemos es la de que me rechazó en quinto grado, que en primer año de preparatoria me di falsas esperanzas de nuevo, que se rió de mí en el inicio del segundo año y que ahora simplemente estoy siendo paranoica.
—¿Paranoica? ¿Bromeas? —Dijo, incrédulo—, yo tardé siete años y tu rechazo para darme cuenta que le gustaba a Hinata, tú solo estás tomando en cuenta las señales. Creo que me percato porque también soy chico y porque… bueno, Sasuke siempre ha tenido especial cuidado contigo, pero solo piénsalo Sakura: él también tiene miedo a estar contigo.
—Oh, vamos —emitió, irónica, para probar su ramen—. Naruto, ¿a qué le puede temer Sasuke si ya me ha rechazado antes? ¿A todo mi amor? ¡Uy, que miedo!
—Así es —respondió el rubio con seriedad—. Considéralo: en su vida le hemos conocido pocas novias pero sí ha salido con chicas, además la única mujer que hemos sabido ha amado es su madre y la perdió.
—Sería absurdo —contestó Sakura—, porque si lo ponemos así, yo debería temer al amor por lo que mi padre le ha hecho a mi madre, ¿no?
—Pero es que Sasuke ha perdido cuanto ha amado —dijo Naruto, intranquilo—, y no me puedes negar que su relación con Itachi no es la de antes: Sasuke adoraba a su hermano, ahora pocas veces puede verlo con sinceridad.
—Sasuke lo sigue culpando por lo que pasó, ¿no? —soltó ella, para emitir un suspiro.
—Sé lo que piensas. Que es ridículo y muy complicado, pero tú y yo conocemos a Sasuke desde siempre —dijo el rubio y se encogió de hombros—. En el jardín de niños ya peleábamos, pero éramos amigos. Yo estuve con él cuando lo de sus padres.
—Lo sé, Naruto —musitó Sakura—. A mí no me toco esa experiencia… quizá por eso no lo entiendo, disculpa.
—No tienes que disculparte —respondió él—, solo… haz lo que dijo Hinata, ¿vale?
—De acuerdo —dijo la pelirrosa, para sonreírle y, así, continuar con la cena que su amigo le había invitado.
Tras terminar con ello, la conversión dio giros en torno a Naruto y Hinata durante el camino de regreso y, llegando a casa, se despidieron con el acuerdo de verse al día siguiente. Sakura entró a casa y, tras un rato, se fue a la cama.
La mañana siguiente Sakura se había levantado decidida a pasar un buen día, a no pegar la frente contra la mesa y, sobre todo, a no ser el gato del salón. Se había preparado y había asistido más impecable que nunca, había pasado por Ino y así juntas se fueron a la escuela para encontrarse con Hinata en la entrada.
Se adentraron al instituto y fueron al aula, llegando antes que los chicos, como de costumbre. Pero, hoy, Sakura traía un especial aire optimista y, cuando los chicos entraron, les hizo un gesto a todos.
—¡Naruto, Sasuke, Sai, vengan! —les invitó, pues tenía planeado invitarlos a comer en casa y así entre todos hacer una buena comida.
Y ya venían en camino cuando Sasuke se detuvo frente a la puerta ante su mención y, así, una pelirroja de lentes, entró por la puerta y plantó un suave beso en los labios del Uchiha antes de despedirse con un lindo gesto a la par que el moreno permanecía inmutable y se acercaba a las chicas con tranquilidad.
—¿Qué pasa? —preguntó Sasuke, pues nadie se había atrevido a mencionar palabra ante la sorpresa que la intrusa del aula tres había causado en el círculo de amigos. Sasuke era de por sí popular, pero no todos los días se le veía permitir que una chica le besara en público.
—Oh, yo —empezó Sakura, algo nerviosa ahora—. Bueno, planeaba que vinieran todos a casa a comer esta tarde… podemos preparar algo las chicas mientras hacemos en conjunto las tareas que tengamos —soltó al final, con total tranquilidad—. Y… claro, puedes invitar a tu novia a acompañarnos —aseguró después, por lo que Sasuke ladeó el rostro.
—Karin no es mi novia —contestó ante la insinuación de Sakura, por lo que Ino se molestó un poco y frunció el entrecejo.
—Vamos, Sasuke —empezó—, la tipeja esa acaba de besarte frente a nuestras narices, sin siquiera preocuparse por disimular, y nos dices todavía de colmo que no es tu novia, ¿eh? Déjate de ridiculeces y solo dinos si te avergonzamos o te avergüenza ella.
—No es mi novia —repitió—, es solo…
—¿Una amiga? —Terminó Sakura por él, para mirarle con seriedad—. Sasuke, yo soy tu amiga… y yo no te estoy besando de esa forma. Así que, por favor, deja de intentar vernos la cara o de jugar con esa chica… te aseguro que tiene sentimientos.
—¿De cuándo a acá te preocupas tanto por alguien a quien ni siquiera conoces, Sakura? —cuestionó él, con rudeza, por lo que ella reaccionó.
—Sasuke, no tienes por qué responder de esa forma a Sakura —intervino Naruto, por lo que él bufó y Naruto suspiró. Justo estaba Ino por decir algo más cuando el timbre sonó y el maestro entró.
—Dejémonos de idioteces… hoy no tengo tiempo, vayan ustedes y hagan eso —dijo.
—Serás —masculló la rubia, mientras se sentaba observando con molestia al pelinegro. Estaba enojada, más por su respuesta hacia Sakura que por cualquier cosa.
Pero ella intentaba dejarlo pasar, como le había aconsejado Hinata, aunque dudaba que ella hubiese considerado esa situación en su idea. Sin embargo, ella se mantuvo con seriedad y firmeza en las clases.
Así, ya pasadas dos clases, el ambiente entre los chicos se había aligerado y todo parecía venir mejor. La tormenta había pasado y Sasuke quizá iría a su casa. La seguridad que Sakura tenía esa mañana volvió lentamente y ella pudo concentrarse totalmente para la tercer hora de clase, al menos hasta que hubo una interrupción.
—Haruno, la señorita Shizune quiere verte —dijo el maestro con la puerta abierta, por lo que Sakura reaccionó.
—¿Mi hermana? —indagó. No era extraño que estuviese ahí pues es donde trabajaba, pero sí le contrariaba un poco que interrumpiera una clase para hablar con ella, sin embargo, tan solo dejó sus cosas y se levantó para salir del aula.
—Chicos, quiero que continúen con la lectura de capítulo tres en silencio —informó el maestro, mientras Sakura cerraba la puerta.
Así, pasaron unos segundos con las borrosas sombras de las hermanas que hablaban detrás del cristal del salón y, pasados unos segundos, se escucharon las voces alteradas de ambas. El asunto terminó causando intriga por los alumnos en el aula, mientras se escuchó un lloriqueó que alarmó un poco al grupo de amigos de la pelirrosa a cuestas de que sabían no pertenecía a su amiga.
—Sakura —era la voz de su hermana—, Sakura… ¿a dónde vas? —Se escuchó el tono alterado, luego el fuerte golpetear de unos zapatos por el pasillo, alejándose—. ¡Sakura, vuelve, por favor! —gritó al final, por lo que todos se vieron ciertamente espantados.
—Maestro —llamó Sasuke—, ¿puedo hablar con la señorita Shizune?
—No me parece que sea oportuno —respondió él, antes de que la recién nombrada abriera la puerta de forma violenta.
—Naruto, Sasuke —les llamó, mientras se le escapaban un par de lágrimas—, por favor… encuentren a Sakura.
Al final, tanto los dos solicitados como Ino, Hinata e incluso Sai tuvieron el permiso de salir del aula para hablar con Shizune que, se supone, les explicaría la situación y el porqué su amiga se había ido así.
—Mi padre llamó esta mañana para hablar con mamá —empezó—, Sakura ya había salido, antes que yo, como siempre —dijo la joven, sin problemas—. Cuando mi madre contestó él empezó a tratar un tema serio con ella, algo que Sakura y yo ya sabíamos pero que no queríamos que mi madre se enterara… él se va a casar con su nueva novia —soltó, como si de una sentencia se tratara—, mi madre se alteró al escucharlo y le quité el teléfono… empecé a discutir con él y para cuando giré a ver, mamá estaba cayendo al suelo —continuó, con la voz rompiéndosele en pedazos—. Mi madre sufrió un paro cardiaco y lamentablemente no pudo sobrevivir a tal cosa —soltó, entre lágrimas—. Cuando se lo dije a Sakura… por Dios, ella salió del salón tan sonriente como siempre. Su expresión… yo… nunca la había visto así… y ella palideció, sus ojos se hundieron, pero no se atrevió a llorar ni a responder a mis llamados. Quedó totalmente en shock y, cuando pareció reaccionar, solo huyó —concluyó mientras lloraba, por lo que Ino se inclinó a verla.
—Vamos a encontrarla, Shizune —le prometió la rubia, para mirar a los chicos y hacerles un gesto de que debían ir, por lo que los varones salieron de ahí separándose.
Cuando se separaron para buscar por la escuela, todos estaban completamente consternados, asustados y preocupados por su amiga. Sai andaría por la zona trasera y el edificio C, mientras que Naruto en las zonas frontales y el edificio A, para que Sasuke se fuera por el gimnasio y pasando de ahí todo el edificio B.
Llegando el almuerzo se reunieron en la dirección, donde las chicas y la directora se esforzaban por consolar a la pobre Shizune, pero ninguno de los chicos tenía una idea acertada de dónde estaba Sakura y tampoco la habían encontrado.
—Sakura… ¿Qué voy a hacer? Ella debe estar devastada —dijo, preocupada, por lo que todos le miraron con aflicción.
—Mierda… ¿ya le llamaron a su móvil? —preguntó Naruto.
—Un millón de veces —respondió Ino—, desde el móvil de todos, incluso de la directora. Simplemente no responde.
—Carajo… Shizune —le llamó Sai—, ¿no sabe de ningún lugar especial para ella? Algún sitio que le guste mucho a Sakura, donde se sienta segura —preguntó, por lo que Sasuke reaccionó y, recién mencionadas esas palabras, salió hecho la ralla de la habitación.
—¡Sasuke! —gritó Ino, intentando identificar a dónde iba, por lo que Naruto la detuvo tomándola de la muñeca.
—Creo que si solo él sabe, sería incorrecto que nosotros vayamos —dijo el rubio, con pesar, para soltar a Ino que volvió para sentarse y suspirar, acercándose lentamente a Shizune.
—Sasuke es el mejor —empezó Ino—, él traerá a Sakura… ya verás.
Y a tal hecho se había ido el pelinegro, atravesando a toda velocidad a la multitud de estudiantes que estaban como obstáculo debido a que estaban en el almuerzo. Saltó una barda de arbustos con tal de llegar pronto y atravesó el campo de soccer para llegar a la bodega en cuanto le fue posible.
Un recuerdo de dos años atrás llegó a su mente cuando Sai hizo aquella pregunta, el recuerdo de un día largo en la escuela, de un festival y de una chica triste ahí metida porque lo único que quería era estar sola y segura con sus pensamientos.
Entonces fue que él se detuvo, dubitativo. ¿Sería lo correcto interrumpir su valioso momento a solas? ¿Sería lo correcto irrumpir en la paz en la que ella se encontraba justo ahora? Llorando, o pensando o lamentándose o haciendo cualquier cosa por sí misma. Se preguntaba con fuerzas si realmente era lo correcto… pero entonces decidió que sí, que lo era.
¿Por qué Sakura habría decidido esconderse en un lugar que sería tan obvio para él siendo que simplemente podía irse de la escuela? Es porque ella querría que él la encontrara para protegerla y, como algún día le prometía, así haría.
Sasuke tomó con una mano la perilla del pequeño cuarto de madera antes de girarla y abrir la puerta con lentitud, adentrándose entre las pelotas y las herramientas para el campo. Cuando finalmente pudo visualizar una figura frente a una ventana sucia que dejaba pasar algo de luz, una femenina que permanecía inmóvil en el silencio.
—Sakura —la llamó, con tranquilidad aunque cansado. Pero ella no hizo nada, no se movió un maldito ápice y él respiró hondo, profundo para buscar calma—. Sakura —repitió, mucho más sereno que lo agitado de antes—, ven aquí… Sakura —le invitó, notando un ligero movimiento en su mano, por el cual él trago saliva en seco—. Ven conmigo, Sakura… yo —él intentó expresar, pero se frenó y la miró con pesar—, yo voy a protegerte…
Y esas últimas palabras parecieron ser suficientes para la chica que, ante ello, apenas se giró a verle. Ha como pudo verla con la tenue luz que apenas se filtraba, ella ni siquiera se había inmutado un poco para llorar, pero un par de segundos pasados a ver su rostro, pudo notarlo. Lentamente su expresión se hizo pedazos y dos gruesos hilos de lágrimas brotaron de sus pupilas, corriendo por sus mejillas y humedeciéndolas. Un gemido de dolor se le escapó con fuerza mientras corría hacia él para dejarse atrapar por sus brazos.
Sasuke apenas tuvo fuerza suficiente para sostenerla contra su pecho y sentirla humedecer su camisa, para sentir la presión de sus manos y el cómo apretaba cada vez más la tela de su ropa, por lo que solo tendió a llevar sus manos a la espalda de ella, e intentar resistir el dolor que se sentía a su alrededor.
Él lo conocía. Sasuke había perdido a sus padres en un accidente automovilístico cuando tenía apenas seis años, ellos iban a una presentación de su hermano, pero jamás volvieron de esta y, lo que es más, nunca llegaron. No había quién como Sasuke para conocer el sufrimiento por el cual Sakura estaba pasando, mismo por lo que no había quién como él para protegerla del dolor que le causaría el mundo a partir de ello.
Sakura lo sabía. Un día antes había tocado el tema con Naruto y ahora estaba entre los brazos de a quien ella acusaba. Había tenido una terrible racha de mala suerte este día y todo tenía una fuente más terrible que cualquier cosa, por lo que nada podía empeorar.
Así, entre sollozos y lágrimas pasaron varios minutos antes de que pudiese siquiera considerarse cuán bueno fuera el salir de ahí y, cuando Sasuke lo consideró, la tomó del rostro y la observó a los ojos, mientras que ella continuaba sollozando, dejando correr las lágrimas que prometían no parar.
—Eres más fuerte de lo que crees —reveló, algo contradictorio conforme a palabras pasadas—, eres más fuerte que cualquiera de nosotros y eres la única con la fuerza de perdonar y empujar adelante, Sakura —continuó, para bajar la mirada, pero volverla pronto a los ojos de ella—. Eres tan fuerte que, así sea desmoronándote, saldrás de aquí y empujarás con todas tus fuerzas a Shizune, a mí, a Naruto, a las chicas y a Sai.
—Sasuke —lloriqueó ella.
—Eres tan fuerte —le interrumpió él—, que verás a los ojos a tu padre cuando llegue de Tokio… que perdonarás a esa mujer por lo que les ha hecho y que tú misma ayudarás a Shizune a preparar todo para mañana. Así que, Sakura —volvió a empezar—, toma toda tu fuerza, sostente de mí de ser necesario, llora y desmorónate en el camino… pero sal de aquí ahora o corromperás el único lugar que es para ti, tuyo y solo tuyo –le pidió, ante lo que le miró una vez más y se sostuvo de él.
Sasuke abrió la puerta y, así, la sacó de ahí, para dirigirla entonces a la dirección.
