VICEVERSA

Capítulo 4: ¿Llega el Primer Error o la Primera Acción Correcta?

Kushina Uzumaki no estaba de buen humor. Ni para hacer bromas ni para burlarse de Fugaku. Muchos pensarían que era una exageración, pero la chica seguía ofendida al extremo por haber sido tratada como un costal de patatas la noche anterior por su pseudo-novio.

Sin embargo, debido al enorme sentido de la responsabilidad que poseía para con la aldea, ella fue, a primera hora de la mañana, a la oficina del Hokage a llevarle el informe de su misión, como había prometido. La pelirroja llegó como pudo al lugar, pues sus pies aún dolían de haber utilizado aparatos de tortura la noche anterior. En esta ocasión, Kushina pidió a la secretaria el derecho a pasar a ver a Hiruzen, ella le dio un turno y la chica esperó en la recepción, con el café y las galletitas que le habían ofrecido como gesto de cortesía. Cuando llegó su turno, Kushina entró al despacho con paso firme, fingiendo que no poseía cierto grado de cojera.

—Kushina, ¿qué te trae por aquí?

Uzumaki se puso en posición de firmes y moduló su voz con el tono que utilizaba siempre que debía entregar el informe de una misión porque éste, por más patético que fuera, también era el informe de una misión (suicida).

—Señor, Kushina Uzumaki reportándose. La misión clase A, clave MACI001, que me fue encomendada el día de ayer fue finalizada con éxito.

—¿Y cómo se desarrolló la misión? —preguntó Sarutobi, intrigado por lo que sea que hubiera sucedido hacía unas cuantas horas.

—El sujeto M no notó nada fuera de lo normal, señor. Pude infiltrarme en sus terrenos con éxito eliminando a los enemigos, dejándole el campo abierto a mi compañero para atacar.

—¿Y tu compañero es…?

—Fugaku Uchiha, señor.

—¿Quién era el enemigo?

—Asakura Mikoto, señor.

—¿Por qué Mikoto era el enemigo?

—Por poseer capacidades fuera del control de mi compañero. Sin embargo —añadió rápidamente—, pude confundirla para que Fugaku Uchiha realizara un ataque exitoso en su contra, señor.

—¿En qué consistió el ataque de Fugaku, Kushina?

—Oh, él… —a Kushina se le colorearon las mejillas con tintes rosados; eso era vergonzoso—. Él trató seducirla, señor. Aunque no he escuchado la segunda parte de la misión, el cierre de mi parte me hace pensar que el resultado fue optimista.

—¿Optimista?

—Sí, Fugaku terminó pasando el resto de la cena con ella mientras nosotros nos marchamos del lugar.

—¿Nosotros?

Kushina, que había estado evitando mencionar el nombre de Minato Namikaze durante todo su informe, se mordió la lengua en reprimenda por ser tan boca floja. Mierda. ahora tendría que decirlo.

—Sí, señor. Minato Namikaze fue mi primer compañero en esta misión, quien ayudó en el proceso de infiltración. Lamento mencionarlo tardíamente, señor. No me pareció que fuera necesario.

Las piezas del rompecabezas se unieron en la cabeza de Hiruzen en el momento en que el nombre de su mejor subordinado fue mencionado. Para ser Hokage se necesitaban ciertas características físicas y psicológicas, tanto como destrezas y habilidades, y ser inteligente estaba entre ellas, obviamente. Así que Hiruzen lo dedujo de la siguiente manera: Kushina salía arreglada como si de un ser inofensivo se tratase porque iba a una cita doble. Con Minato. Dado a que Minato les había ayudado, dedujo también que el chico fingió tener interés en Kushina (en algún lugar debía haberse vertido todo el esfuerzo de la chica al vestir) para arrastrar a Mikoto al lugar, que era su mejor amiga y se encontraba en una etapa crítica en su vida con un rencor bien marcado hacia los hombres (él sabía muchas cosas de los aldeanos; casi todo, en realidad. Ser Hokage también tenía sus beneficios), obstáculo que se interponía entre Fugaku y su objetivo de salir con ella. Kushina quiso ocultar su parte masculina cubriéndose con un vestido y maquillaje para ayudarle al Uchiha; se marchó con Minato en algún punto de la velada y dejó al par de tortolitos solos.

¡Oh, miren qué interesante situación!. Y extraña.

Todo ese proceso de razonamiento no le tomó más de diez segundos al Hokage, que decidió continuar con la charla como si nada hubiese pasado por su cabeza, retomándola por donde la dejó.

—Oh, pero es necesario, Kushina. Omitir un detalle como ése podría cambiar mi perspectiva de las cosas. Sin embargo, deberías conseguir primero la otra mitad de la situación antes de hacer un informe completo.

—Señor, disculpe. Inmediatamente iré a conseguirlo.

Tras un saludo de despedida, Kushina se marchó, apresurada, en dirección a la estación de policías para recuperar la información faltante. Mientras, Hiruzen ordenó a su secretaria que le preparara un tazón de palomitas para cuando la chica regresara a realizar la segunda parte del informe. Hombre, si escucharla relatar su vida amorosa era tan interesante como ir al cine.

OoOoOoOoOoO

Cuando Kushina abandonó la Torre Hokage no esperó, por ningún motivo, encontrarse con la causa de su mal humor a primera hora de la mañana. Lo peor era que él lucía tan fresco y ella rengueaba por causa de los tacones. No podía saltar siquiera los techos con presteza para evitar el camino de los peatones y acortar su trayecto.

—Kushina, buenos días.

—Guárdate tus comentarios para ti, solecito amarillo —siguió caminando, realmente molesta.

—¿Estás herida? ¿Por qué caminas así?

—No me hables ahora mismo, 'ttebane. Tengo algo importante que hacer.

—Kushina…

—Kushina nada. Aléjate de mí.

—¿Se puede saber por qué estás tan molesta conmigo?

—¡¿Te atreves a preguntarlo, dattebane?!

—Sí —desafió Minato a la furibunda pelirroja. No le tenía miedo—. Y si me dices que fue porque ayer te llevé a tu casa, pensaré que eres una persona rencorosa.

—Soy una persona rencorosa. Ahora márchate. No quiero respirar siquiera tu mismo aire 'ttebane.

—¿De verdad estás molesta por eso?

—Lo estoy. ¿Contento?

—¿Porque te cargué?

Kushina, que hasta ese momento seguía caminando como podía y tan rápido como sus pies le respondían, se volteó para encarar a Minato con los mofletes llenos de aire y el ceño bien fruncido, las manos en las caderas completaban el cuadro. Su retórica la estaba exasperando.

—Me trataste como si fuera mercancía, para que te enteres, imbécil.

—Oh, sí fue por eso. ¿Adónde vas?

—¿Por qué debería decírtelo?

—Para que pueda marcharme.

—¿Si te digo a dónde voy, te irás?

—Sí, me marcharé de este lugar. Lo prometo.

—Vale. Voy a la oficina de Fugaku.

—¿La estación de policías?

—Ajá.

—Bien.

Minato siguió caminando. Kushina supuso que se iba a marchar, sin embargo, cuando era el momento de pasarla de largo, él simplemente se quedó a su lado, mirándole a los ojos.

—¿Ahora qué?

Y el "ahora qué" de Kushina se transformó en una nueva humillación (por lo menos desde el punto de vista de ella) al ser cargada, esta vez, de estilo nupcial, entre los brazos de Minato.

—Oh, Dios mío. Lo has vuelto a hacer. ¡Te has atrevido a hacerlo de nuevo, dattebane! ¡Bájame, bájame ahora!

Minato se rió la rabieta de la chica. Kushina era súper graciosa cuando se enojaba. Su expresión también era épica.

—Dije que me marcharía si me decías a donde ibas. Eso estoy haciendo.

—¡Pero no conmigo, imbécil! ¡Bájame o te castraré aquí mismo!

—Tendrías que atraparme primero —se burló Minato, tentando a su suerte, siendo mucho más arriesgado con ella que la noche anterior. Era el efecto Kushina, supuso. Esa chica podía hacer que cualquiera cambiara su papel en cuestión de días. Un santo en demonio, por ejemplo. Sus rostros cerca, muy cerca. Demasiado como para ser considerado educadamente correcto—. Además, ninguna novia castraría a su novio. No le conviene.

Una ráfaga de aire y ¡paf! Ya estaban dentro de la comisaría, frente al escritorio de Fugaku. Kushina tenía un comentario mordaz, cargado de veneno, en la punta de su lengua, y toda la furia que poseí depositada en su puño, preparada para mandar al Solecito Amarillo al hospital por un par de días, pero se dio cuenta del lugar donde estaban (no es que le importase, en realidad) y con quién estaba Fugaku; así es, con Mikoto.

Y Mikoto sí importaba.

—Emmm… hola —dijo Kushina en su lugar, regresando a su papel de la noche anterior.

OoOoOoOoOoO

Mikoto parpadeó con los ojos más abiertos de lo normal, como creyendo que su visión estaba atrofiada o algo. ¿Minato cargando a una chica? ¿Esa chica era Kushina? ¿Kushina se dejaba cargar? ¿Qué demonios le estaba pasando al mundo?

Al parecer, Mikoto no era la única que encontraba el cuadro como algo fuera de lo normal, porque Fugaku se levantó de una de su escritorio y sus ojos enrojecieron, como inyectados en sangre.

—¿Qué hacen aquí? —inquirió Fugaku, pero Kushina entendió la pregunta no dicha: ¿Qué demonios haces dejando que Minato te toque?

Minato, por su lado, percibió la hostilidad del policía pero pensó acertadamente que, si no le tenía miedo a Kushina, mucho menos a Fugaku.

—Una visita —chilló Kushina, luchando contra el pánico que crecía desde su estómago y se expandía hacia sus extremidades. Se retorció discretamente para que su falso amante la bajara, pero él lo único que hizo fue afianzar su agarre.

—¿Y por qué la estás cargando, Minato? —Mikoto quería una respuesta porque estaba honestamente curiosa, no porque pensara que aquella escena fuera un plan.

—Tiene los pies lastimados. No puede caminar correctamente. Soy su novio, debo ayudarla.

El rostro de Uzumaki enrojeció violentamente. De vergüenza y de rabia. Sentía que Minato no había dicho eso en beneficio del plan, sino para molestarla. Al parecer, el chico estaba haciendo de hacerla enfurecer su hobby.

—¿Ella te lo pidió?

Fugaku no cedía ni un ápice. En su mente comenzaba a formularse la teoría de que Minato era un aprovechado y un pervertido. Ese hijo de puta.

—Sí. Lo hice —"no, no lo hice, pero cálmate ya. Yo puedo manejarlo, dattebane" fue lo que transmitieron los ojos de la jinchuuriki a su mejor amigo—. Pero ahora que veo que estás ocupado, me parece que lo mejor es marcharme.

Aclarando, Kushina no había dicho eso para safarse de la embarazosa situación en la que se encontraba (aunque también); lo había hecho para dejar a su mejor amigo con Mikoto. Entre más rápido la enredara, más rápido podía dejar ella esa tonta falacia.

OoOoOoOoOoO

Tan pronto como Minato y Kushina desaparecieron, Mikoto supo que debía actuar con rapidez. Necesitaba, con todo su corazón, saber qué estaba pasando allí. Ya no era solo para desenmascarar a su mejor amigo o por el sentimiento de amarga traición que experimentaba en ese momento, sino porque sentía que, entre más tiempo pasara Namikaze con Uzumaki, ella comenzaría a ser olvidada.

Ella no quería ser olvidada.

Mikoto sabía que, de un tiempo a la fecha, ella estaba actuando un poco amargada con las personas a su alrededor, pero ese era su camino del ninja y nadie había dicho que sería fácil caminarlo. Podía perder a todos los que una vez estuvieron a su lado, pero, por favor, no a su familia y mucho menos a Minato. No lo soportaría. Prometería que iba a portarse bien. Dejaría el sarcasmo y las palabras hirientes. De verdad que lo haría.

—Bueno —empezó la chica. Su voz se encontraba inestable por sus repentinos sentimientos—, como te decía, Fugaku, te he traído el almuerzo.

La kunoichi esbozó la sonrisa más bonita que tenía sin saber lo que eso ocasionaba en el muchacho a su lado. Y sus palabras también. El corazón de Fugaku se convirtió en un faro de puerto, de tan feliz y gozoso que estaba. Claramente, Mikoto tenía el poder de llevarlo al cielo o al infierno con una sola palabra.

—¿Quieres comer aquí o prefieres salir de la oficina?

Fugaku se levantó al instante. Quería pasar tiempo a solas con la chica de sus sueños. Y, aunque era contra su ética personal de trabajo demorarse más de lo necesario en un almuerzo, esta vez iba dejarlo pasar. Tenía que darle a Mikoto lo que se merecía, no se perdonaría si la dejaba en medio de todos esos hombres sucios, almorzando el bento que había preparado con tanto esfuerzo. No estaba seguro de las intenciones de la chica para con él, pero él iba a tratarla con caballerosidad, porque eso era lo que le inspiraba ella que era una dama.

—Salgamos, conozco un lugar.

OoOoOoOoOoO

—Mereces la muerte —vociferó Kushina con los mofletes rojos e inchados de ira—. Tú, bastardo.

Minato largó una carcajada.

Con su jutsu espacio-temporal, había llevado a su novia en apariencias a un claro del bosque en el que solía pasar el tiempo cuando necesitaba pensar. Nada más tener los pies sobre el pasto, la había dejado caer sin más. Con Kushina no tenía por qué ser delicado, con Kushina podí ser alguien más. Alguien con más libertad. Alguien interesante. Un hombre que no había llegado todavía a los oídos de las señoritas de la aldea para que cuchichearan sobre él.

La chica, por su parte, había acabado sobre su culo con él a tres metros de distancia como medida de seguridad.

—Lo siento. No pude evitarlo. Eras una damisela en apuros.

La pelirroja le envió una mirada envenenada.

—Atrévete a cargarme otra vez.

Él se encogió de hombros. Sabía que ella estaba siendo retórica, pero él claro que deseaba volver a hacerlo. Al parecer, poco le importaba su propia seguridad, pues en cuanto la Habanera Sangrienta se recuperara de su convalecencia causada por sus stilettos, lo atacaría sin piedad, como espíritu vengativo. Y él lo sabía.

OoOoOoOoOoO

Mikoto se sorprendió de la delicadeza de Fugaku. Es decir, era solamente un almuerzo, no tenía por qué haber hecho tanta fanfarria para algo tan pequeño como eso, aunque agradecía de corazón que la hubiera sacado de la estación de policía.

Fugaku había llevado a la chica de sus sueños a un huerto propiedad de su familia. Era bastante extenso. Allí habían árboles frutales, arbustos podados artísticamente (una de las habilidades secretas de Fugaku, por cierto: podar arbustos), pasto verde y suave, y un riachuelo que lo atravesaba completaba el cuadro, lo mejor de todo era, sin duda, que se encontraba a pocos minutos de la estación de policía a paso ninja (y Mikoto, al igual que Kushina, no era una llorona y había demostrado ser bastante rápida) y tenía, ¡viva el Hokage!, muros que los ocultaban de los curiosos ojos del mundo exterior.

Ambos morenos se sentaron sobre el pasto y, aunque no había una manta de cuadrillé rojo debajo de ellos, comieron agradablemente sobre la hierba verde. Mikoto se había sentido tan halagada por ese pequeño detalle que aparcó su aversión a los hombres lejos de ella por esos instantes y olvidó su urgencia por descubrir el plan de su mejor amigo. Había estado necesitando un momento de paz y sosiego como ese y Fugaku se lo había dado.

—Es muy bello aquí.

—Gracias. Es de mi familia. Pensé que tú sí apreciarías su belleza.

Ella asintió, captando el mensaje. Kushina seguramente había visto ese lugar en varias ocasiones antes y lo que había encontrado era un paisaje agradable y fruta gratis. La chica no era muy delicada, aunque todo eso era parte de su encanto.

—¿Así que los Uchiha tienen huertos?

Fugaku se apresuró a negar.

—No, este lugar pertenece a mi madre. Ella no es Uchiha, se casó con mi padre y adoptó el apellido. Mis abuelos maternos son comerciantes.

—Vaya, creí que los Uchiha solamente se casaban con más Uchiha.

El aludido se encogió de hombros. No tomaba el comentario de la chica como una ofensa. Era lo que toda la aldea creía y él entendía por qué.

—Pues no. No lo hacen —le lanzó una mirada anhelante—. La próxima vez que salgamos de picnic podría tomar algunas naranjas de allí y hacer un poco de jugo, sólo avísame antes.

—Claro —sonrió Mikoto con sinceridad—, te avisaré.

OoOoOoOoOoO

—¡La llevaste al huerto! —chilló Kushina de la emoción. Su mejor amigo le estaba contando acerca de sus progresos románticos y ella escuchaba con atención, feliz por él.

—Y a ella le pareció hermoso.

—Sí, sí. ¿Qué más 'ttebane?

—Charlamos sobre cosas sin importancia horas y horas.

—¡Oh! ¿Y luego? ¿Qué hicieron después? ¡No puedes decirme que solamente hablaron!

—Me salté el trabajo.

—¡NO! —un nuevo grito extasiado de la jinchuriki—. ¡Tú nunca te saltas el trabajo! ¡Preferirías prenderte fuego a ti mismo con un katon antes que hacerlo!

Él se encogió de hombros. Así era normalmente, pero esta ocasión especial lo ameritaba.

—Bueno, esta vez lo hice.

—Ya, vale. Entiendo. ¿Pero qué diablos hicieron?

—Cortamos fruta.

—¿Cortaron fruta? —la pelirroja parpadeó desconcertada—. ¿Pasaron su tarde cortando fruta? Mira, yo no sé mucho de romance, pero sé que cortar fruta no lo es.

—¡Apenas nos estamos conociendo! —rebatió Fugaku con las mejillas arreboladas, avergonzado.

—Oh. Ya. ¿Por qué no simplemente la besaste? Estaban juntos y solos. El momento perfecto.

Fugaku le miró mal. ¿Por qué para Kushina todo lucía tan sencillo? El amor no era así de fácil y menos cuando se caminaba sobre hielo delgado, tal y como él lo hacía. Ansiaba el día en que su mejor amiga se enamorara para que esa vez fuera él quien le tomara el pelo y no al revés.

—No teníamos esa clase de ambiente.

—¿Ambiente? —preguntó con total inocencia. En cosas del amor, Kushina era completamente obtusa—. Debiste solo besarla. ¿Qué tan difícil puede ser eso? ¡La tenías 'ttebane!

Con un largo suspiro, Fugaku se dio por vencido. Era imposible que Kushina obtuviera la clase de sensibilidad que se necesitaba para entender sus sentimientos. Ella también necesitaba estar enamorada para comprender cómo se le aceleraba el corazón al ver a Mikoto; como, a sus ojos, ella era la criatura más bella y perfecta que había pisado la Tierra y como, también, sus defectos y sus pequeñas manías resultaban encantadores. Era imposible que Kushina entendiera que una sonrisa de Mikoto podía alegrar su semana y que sus palabras y deseos eran como mandatos de una diosa que él no quería desobedecer.

—Bueno, ¿y ya has ido a ver tu nuevo departamento? —cambió de tema a propósito.

¡Ah, ya sabría su amiga un día de estos lo que era sentirse enamorado!

OoOoOoOoOoO

Aunque la relación de Fugaku y Mikoto parecía ir viento en popa por los hechos ocurridos el día anterior, Kushina y Minato seguían condenados a guardar las apariencias y pasar tiempo el uno con el otro. La pelirroja no andaba de muy buen humor ese día porque el hokage le había negado la participación en una de las misiones más interesantes que la aldea había recibido en años (por los tiempos de paz que corrían). Ella había hecho todo un berrinche, como niña chiquita, con insultos tontos y pataditas, pero, aun así, él no le había permitido salir de la aldea.

Ese maldito anciano… ¡llevaba ya tres semanas como desempleada! Moría de aburrimiento lentamente. ¿De qué servía ser ninja si te impedían salir de misión?

Lo que Kushina no sabía era que Hiruzen no le había cumplido el capricho porque, bueno, después de escuchar la segunda parte del informe de la jinchuriki, se había quedado picado con su vida amorosa (o la de Fugaku, para el caso) y había razonado, como el inteligente hombre que era, que si Kushina se marchaba de la Hoja, la historia no avanzaría y él estaba ansioso por saber qué pasaría cuando la bomba que habían fabricado aquellos tres a espaldas de Mikoto explotara.

—Hola, Kushina —saludó Minato nada más llegar. Ella le miró desde el columpio, soltó un suspiro y no dijo nada más.

Minato se asustó inmediatamente. Llevaba poco tiempo de convivencia con la chica, pero estaba seguro de que esos gestos y maneras no eran normales. Y también estaba seguro de que no le gustaba que poseyera ese semblante alicaído, sea por el motivo que fuera.

—¿Pasa algo malo?

—Nada —dijo ella y, aunque siendo Kushina tan directa y espontánea no podían aplicársele las reglas normales de las chicas, Minato supo que ese "nada" era definitivamente un "algo".

Y así como sabía que algo le pasaba a la normalmente enérgica muchacha, Minato también supo que ella no le iba contar nada si se lo preguntaba. Kushina hablaría cuando sintiera la necesidad de hacerlo. Así pues, lo único que Minato podía hacer era tratar de levantarle el ánimo y estar ahí para ella.

Colocándose detrás de ella, Minato empujó suavemente el columpio de la chica. Ella giró la cabeza inmediatamente; él interpretó su mirada al momento: "¿qué estás haciendo?" le decía. Él simplemente se encogió de hombros y le empujó nuevamente. Kushina, sin saber muy bien por qué, se dejó hacer. Necesitaba eso. Saber que alguien estaba ahí para ella. Fugaku no estaba siempre disponible, pero ella ya sabía lo que pensaría que estaba siendo demasiado dramática cuando conociera el motivo de su depresión. Ya había sucedido eso un par de veces en el pasado. Él lo entendía, pero no lo aceptaba. Algo complicado.

Tal vez para otros ninjas el no salir de misión no era un motivo para deprimirse, pero, para ella, ser ninja era toda su vida. Que le negaran salir de misión durante tanto tiempo era como negar su existencia. Además, estar quieta en Konoha, acatando las órdenes pasivas del hokage, le recordaba al tiempo en que, como jinchuriki inestable, le habían prohibido cruzar los límites del País del Fuego. Había sido una horrible sensación, como estar atrapada en un frasco.

Después de un par de minutos, Kushina había recuperado su sonrisa. No una grande y brillante como acostumbraba, pero sí una pequeña y sincera. Minato, al sentir que ella perdía la tensión en sus hombros, se apresuró a sentarse en el columpio de al lado. Si ella estaba recuperando su ánimo, él quería ver su cara alegre otra vez.

—¿Qué me miras? —espetó Kushina juguetonamente, frenando su columpio. Minato se sobresaltó un poco. No había notado que la miraba fijamente.

—Nada.

—Ajá. Claro —respondió su sarcasmo—. Entonces yo también te voy a mirar fijamente, como si fueras un extraño fenómeno de la naturaleza.

Minato estuvo a punto de protestar. Él no la miraba como si fuera un extraño fenómeno de la naturaleza, sino como si fuera algo… bonito. Sí, esa era la palabra correcta. Él la había mirado pensando que su sonrisa en su cara era de verdad bonita. Sin embargo, Minato no dijo nada porque Kushina fijó sus ojos azul medianoche en él, tratando de incomodarlo. Él sonrió de medio lado ante sus ocurrencias, reprimiendo una risita. Para esa chica todo era un desafío.

La mente de Kushina, en medio de la guerra de miradas que ella misma había comenzado, se encontraba atribulada. Pensaba en una y mil cosas a la vez, ninguna con claridad. En ese punto, con Minato mirándole con cierto aire de arrogancia y una media sonrisa, ya había olvidado que hacía tan solo unos minutos se encontraba deprimida. El efecto Minato, supuso. A veces, al estar con él, notaba como los problemas desaparecían de su mente y se concentraba únicamente en el momento, buscando pasarla bien junto a él.

De un momento a otro, y sin proponérselo, la pelirroja se encontró mirando a los labios de su falso amante, una sensación burbujeante en su estómago. Algo así como mariposas. Tontas y estúpidas mariposas que la envolvían en una sensación de ensueño, agradable y placentera. Sus propias palabras haciendo eco en su mente.

"¿Por qué no simplemente la besaste? Estaban juntos y solos. El momento perfecto".

Sí. ¿Por qué no lo besaba? Estaban solos y juntos. El momento perfecto. Además, ella lo necesitaba.

Con la sensación de estar hipnotizada, Kushina se inclinó hacia adelante con lentitud, sus párpados cayendo poco a poco. No sabía muy bien qué estaba haciendo o qué iba a hacer. Solamente sabía que lo quería y, aparentemente, así lo llevó a cabo porque, al momento siguiente, sus labios se estaban moviendo encima de la boca de Minato.


¡Jo!

Yo quería escribir esto desde hace mucho :'D

Mientras escribía este capítulo, me vinieron ideas para extender el fanfic un poquito más en comparación a la extensión originalmente planeada (5 capítulos era todo lo que había dado mi mente).

Como siempre, espero que les haya gustado el capítulo y muchas gracias por esperarme y estar al pie del cañón conmigo, la Indiscutible Reina de los Retrasos en Continuaciones.

Les agradezco sus bellos reviews, pero en esta ocasión no los responderé (D:). Ha pasado tanto tiempo que seguro ya hasta se olvidaron de lo que pusieron (:P). Eso sí, les voy a mencionar para que su nombre quede inmortalizado en este fanfic para futuras generaciones (xD):

Gracias infinitas a:

Kumikoson4, Oonigiri, Kany Iparis, rbChiby FT, Kasaru28, 42, LF Tansy, LightDanica (acabo de cachar que se me pasó el FugaKushia D:. Mil perdones. Pero juro por mi tubo de Pringles que habrá sí o sí en este fanfic), Armys, always mssb, Cessi, Marlene de Whitlock, Marcia Andrea, CCPHyuga, Stefany BM, Sakuita 01, Seba20.

¡Besos embarrados de Nutella para todos!

PD1: La pregunta de hoy es… si pudieran vivir en otro país… ¿en cuál vivirían? Yo soy de México y amaría vivir en Alemania :)

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