Capítulo 3: Francia


París, Francia 1940.

Aquella noche había terminado de trazar una vez más su plan de escape. Este consistía en noquear en un principio al guardia de la noche, arrastrarlo hasta su cama para luego tomar "prestadas" sus prendas y poder así colarse entre los solados y huir libremente.

Florence no podía evitar el cúmulo de sensaciones que iba sintiendo a medida que transcurría el tiempo, sueños, esperanzas, miedos. Sabía que si esto fallaba sería confinada a la refresca. Esta consistía en un cuarto oscuro donde todas las "comodidades" brindadas por ser prisionera de guerra se perdían y donde la soledad podía ser capaz de hacerte sucumbir a la locura misma. Pero, si en cambio cabía la posibilidad de lograr su objetivo podría escapar hacía la libertad misma y luchar en la resistencia.

Oh... su adorada libertad. Su sueño de poder mezclarse y de a poco poder desestabilizar el régimen nazi que se había impuesto en su adorada tierra.

Notó que el guardia de la noche estaba muy concentrado en su labor, no le sorprendía, ya que el mes que llevaba en confinamiento le había enseñado que el enemigo funcionaba como un reloj con todos sus engranajes bien aceitados. Sin embargo, siempre existe una causa ajena que puede lograr que ese reloj se desbarajuste.

Fue ahí donde su plan entro en acción.

— ¡AHHHHH! — Comenzó a gritar a viva a voz la gala, mientras se ponía de pie sobre la cama, fingiendo sufrir un pánico tremendo.

— Señorita, ¿Qué sucede? — El guarda ni dudó en adentrarse a la habitación, buscando la razón de su grito. Pobre iluso que había caído en su actuación

— ¡Ahí! ¡Ahí! — Señaló hacía una especie de mueble. — Vi algo debajo de ese mueble.

— ¿Ah? ¿Dónde, señorita? — Preguntó acercándose y agachándose donde ella le había indicado.

— ¡Ahí, en serio! — Disimuladamente tomó un palo y se lo impactó contra la cabeza, suficiente para noquearlo. — ¡Uy, lo siento!

La gala tomó el cuerpo del muchacho inconsciente, para luego comenzar quitarle la ropa. Una vez ya desvestido lo dejó en su cama y lo cubrió hasta la cabeza para que hiciese el favor de fingir ser ella. Se vistió y salió despavorida entre medio de la oscuridad de aquel incierto campo.

Notó la presencia de soldados de altos cargos, así que automáticamente le realizo el saludo habitual que le correspondía, mientras tan sólo estos asentían y comentaban como era la vida de los franceses en sí y que estos eran demasiado orgullosos.

Por supuesto que lo eran, ya que le habían quitado sus tierras y le habían impuesto la obligación de hospedar alemanes en sus casas. Lo normal es que reaccionasen frente a algo que ellos mismos no habían optado.

Siguió su camino, ya que no quería escuchar más lo que estos murmuraban de su pueblo. Además, cualquier momento que perdiera era crucial para ella. Dobló hacía la derecha, sabiendo que si proseguía por ahí, unos 30 metros, podría salir por el portón oeste. Finalmente cuando estaba a escasos metros de este, chocó sin querer con dos soldados.

—… ¡Mis disculpas! — Intentó expresarse de forma fluida en aquel idioma, que sólo podría catalogarse para energúmenos, además de tratar de emitir una voz gruesa y segura al hablar.

—… Oh, no te preocupes, Sorella mía.

¡Oh,no!

Esa voz era de…

Los ojos violáceos de la gala se toparon con aquel par de ojos almendrados sumamente conocidos. Sintió como su piel se erizaba, acaba de chocarse con uno de los Italia y no precisamente al que se oponía a las políticas fascista de Mussolini, sino quién alababa de más a ese régimen.

— ¿A dónde vas, Florence? —Exigió el italiano, aprisionando su muñeca para evitar que rehuyese. — Por que hasta donde yo sé eres una prisionera de guerra, hermana mía.

— ¡Suéltame! — Espetó la francesa forcejando. ¿Desde cuando el niño era tan fuerte?

— Como tu captor he hecho una pregunta y tú debes responderla. ¿A dónde crees que vas sin autorización? — Apretó más su agarre, una sonrisa tétrica aparecía en sus labios.

Aquél no era su Feliciano, no era el niño amante de la música y del arte. No, aquél niño se encontraba sumergido en un nacionalismo extremista promovido por un idiota. Sin embargo, más allá de sus sentimientos encontrados, cerró su puño y lo impactó de lleno contra la mejilla del menor, dándole un espacio breve para escapar por el portón oeste.

— ¡FLORENCE! — Gritó rabioso el latino, sacando una especie de silbato para alertar a las tropas. — ¡Tenemos una fugitiva!

¡Maldición, maldición, maldición!

Salió finalmente por el portón, notando que una horda de soldados armados venían tras ella, debería apresurarse y subir aquella valla sino sería mandada a la fresquera o peor…

El impacto de la bala se incrustó en la pierna de la francesa, haciendo que su cuerpo se tambaleara y que esta se desplomará en el suelo. Florence, por inercia y siglos de guerra se giró boca arriba, a pesar de su dolor punzante y arrancó con sus dientes un pedazo de la camisa para frenar la hemorragia.

No podía perder su libertad. No podía dejar que el dolor le ganase la batalla.

Otro disparo estalló nuevamente, pero a diferencia del anterior, este no fue acertado a su objetivo, ya que si realmente lo hubiese logrado, en estos momentos hubiese estado "muerta". Desvió su mirada hacia donde había provenido este, notando a la figura del menor de los Italia regañando a un soldado de bajo rango.

Nuevamente, se retorció de dolor, sintiendo que su diestra ardía debido al impacto, era una inútil. Gimió, mientras en vano luchaba por ponerse de pie.

¿Por qué tenía que pasarle esto a ella? ¿Por qué hacía tanto frío si estaban en verano?

Una figura conocida se acercó susurrando palabras "dulces" y tomarla en brazos, cargándola como si fuese una princesa: ¿Por qué eres tan tonta, Florence? ¿Qué caso tienes exponerte así?'. Florence solo miro y sonrió por primera vez en el día.

¿Acaso era… él? Solo era el único que podría sacarla de ese infierno.

—…Arthur. — Le llamó. —… Sabía que eras fuerte, Inglaterra. — Antes desvanecerse en los brazos de su salvador.


Buenas, ¿Qué tal?. MissDarcy29 aquí reportándose.

Bueno, quería agradecer a la pequeña lectora que me dejo un review precioso el día de ayer. La verdad, comencé este fanfic surgió en conversando con una amiga sobre el porque del UkFra y ambas concluimos que en la segunda guerra se vería el romance entre ambos, ya que si vemos el resto de la historia tendrían un trato entre "hermanos." Así que, comencé escribir esta historia de amor, espero de corazón que le guste bastante.