Disclaimer: Ni Hetalia ni el Universo Alterno me pertenece. Sólo soy poseedora de la obra que van a leer.
Avisos: (En prólogo)
Parejas: (En prólogo)
Palabras: 1048
-No tomarás el nombre de Dios en vano.-
Ese fue su primer encuentro.
No se sabe muy bien como terminó, si Feliciano huyó o si conversaron, lo único que el recuerda es esos ojos celestes escondiéndose entre las sombras y desvaneciéndose.
El ángel llegó justo a tiempo a casa, tuvo que darse prisa en colgar el cuadro para ocultar el portal, quitarse la ropa y hacerse el dormido antes de que su hermano volviese.
Se pasó toda la noche en vela, pensando en esa mirada fría y esos cabellos claros.
¡Había conocido a un demonio!¡Había SANADO a un demonio!
Pero en vez de sentir miedo, temor o culpabilidad, una extraña emoción le llenó el pecho, adrenalina llenaba su cuerpo y unas ganas de reír inmensas abordaron.
Tenía ganas de verle otra vez.
¡Por el amor a Dios, quería verle otra vez!
Y preguntarle su nombre, su color favorito, por qué tenía esa cara tan seria... ¡Quería saber tantas cosas!
Esa emoción era un tanto agridulce, sabiendo que se suponía era un enemigo.
Varias lunas pasaron hasta que Lovino (El cual se había pasado todo ese tiempo vigilando a su hermano menor) fue llamado a otra batalla.
Feliciano nunca se había sentido tan contento de que su hermano se fuera (realmente se sintió culpable de esa emoción), pero lo escondió con una cara triste y un montón de abrazos a su hermano.
Cuando por fin se fue, el pequeño ángel corrió hasta su cuarto, cerró la puerta y quitó la pintura de la pared, revelando el portal.
Lo activó con esa frase en latín y pasó por él sin miedo, sintiendo pronto el tacto de la hierba y su frescura.
Abrió los ojos y la luz no lo cegó de milagro, intentando recordar el camino al claro Feliciano corrió entre los árboles hasta llegar a él.
No había nadie, como era de esperar.
Feliciano no pudo evitar un pinchazo de desilusión, después de todo, había ido ahí por una razón.
Sabía que era idiota e inútil, pero decidió esperar.
¿A qué?¿Quién sabe?
Se sentó en la hierba, corrió entre los árboles, hizo equilibrio sobre las piedras del lago, danzó entre las flores...
Así se pasó toda la tarde.
Ya llegado el atardecer, Feliciano decidió nadar un poco, así pues se deshizo de su ropa, colocándola en una roca y se introdujo al agua tibia.
Cuando ésta le cubría ya por la cintura, Feliciano extendió sus alas, las cuales medía más que él en toda su totalidad.
Se mojó los brazos y la cabeza, limpiando la suciedad que había dejado el tirarse en el césped, pasando sus manos por su cuello y pecho.
-¿Nunca te dijeron que los depredadores buscan a presas lindas como tú?
Una voz juguetona surcó el aire y erizó la piel del pequeño ángel, por reflejo ocultó su cuerpo entre sus alas.
-Aw~ ¡Qué lindo!¿Verdad Al?
-¡Sí!
Feliciano se sonrojó de sobremanera y observó a sus espías.
El que le había hablado primero era un hombre de cabello blanco y ojos de sangre, con una sonrisa traviesa escapando de sus labios.
El segundo, que parecía menos interesado pues miraba a otro lado (Aunque parecía más obligado que otra cosa) era rubio y llevaba gafas que ocultaban sus ojos, un mechón salvaje escapaba en su flequillo y parecía molesto por alguna razón.
-Olvidaba que Iván te prohibió mirar, que pena. Pero más para mi.- Dejó de mirar al rubio para analizar al pequeño ángel con una mirada lujuriosa, haciendo sonrojar más a Feliciano.
-¿No estaba tu hermano interesado en él?
-¡Sólo mírale!¡Es adorable, ¿Cómo puedo resistirme a eso?!
Entre que ellos discutían el pequeño Ángel recogía su topa y se la colocaba, tratando de huir sigilosamente.
-¿A dónde vas, pequeño?
El de pelo del color de la nieve lo interceptó a medio camino, pero en vez de ser agresivo como lo había sido el rubio, éste le tomó suavemente por la cintura, apretándolo contra él.
-¡Eeeek!
-Gilbert.- Otra voz más conocida para él sonó.- Suéltalo.
El de ojos rojos hizo un puchero.
-Ahora.
El rubio de hacía unos días era el que hablaba.
-Pero hermanito...
-Ni "hermanito" ni nada, coge tu pájaro y deja tus hormonas de adolescente a un lado.
Feliciano sintió como la presión en su cintura desaparecía y como ese tal 'Gilbert' se iba refunfuñando.
-Ah, y tú.- Señaló al rubio.- Arthur te está buscando, Alfred. Algo sobre cocinar hoy o algo así.
Alfred se puso pálido y salio corriendo del lugar.
-Lo siento. Mi hermano puede ser un imbécil en ocasiones.
-No importa...- Feliciano pasó su mano por su cuello.- Sólo me asustó un poco, ve.
El rubio pasó por alto ese extraño sonido que salió de entre sus labios y suspiró.
-¿Por qué estas aquí?
-¿Eh?
-Quiero decir, ¿por qué volviste? No me digas que por una pelea, no pareces ser un ángel de batalla.
Feliciano se coloreó, ¡no podía decirle que era para encontrarlo!
-Eh... Pues...
El ángel trató de encontrar alguna excusa.
-Había visto el agua y me apetecía bañarme aquí... ¡Exactamente eso!
El demonio arqueó una ceja, sin creerse una palabra, pero bueno, por lo poco que conocía de ese Ángel no parecía alguien muy normal.
-Ya veo...
Feliciano suspiró y contó la verdad.
-Siendo sincero... Solo quería saber tu nombre.
-¿Mi... Nombre?
-Sí... Es la primera vez que conozco a un demonio, y me gustaría conocerte más a fondo, y... Y...
-¿Por qué? Somos enemigos naturales, ¿lo sabes?
-¡Lo sé! Pero, no pareces tan malo como todos dicen... ¡Quiero decir...!
El demonio asintió, y prácticamente sin responder a su lado lógico, respondió:
-¿Así que quieres saberlo?
Feliciano asintió.
-Júrame que no se lo dirás a nadie.
El Ángel levantó una mano, solemne.
-Lo juro por Dios, señor.
El ser oscuro se sorprendió por ello, ese juramento era muy grande en el cielo.
-Ludwig.
-¿Ah?
-Mi nombre, Ludwig.
Feliciano sonrió ampliamente, iluminando casi todo el claro.
-¡Feliciano Vargas para servirle, capitán!
Ludwig casi sonríe, hasta que analizó bien eso y cayó en la cuenta.
-¿Var... gas?
