Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
~ El chico de la malla y la chica que iba descalza ~
Epílogo
Tai abrió tanto los ojos, que Sora tuvo que contener una carcajada que subía por su estómago, aunque reconoció que en parte era producida por los nervios que tenía. No quería verlo decepcionado y él había pensado justamente lo que se temía, aquello que previó que creería en cuanto le dijera lo del obsequio.
—¡Por supuesto que no! —replicó impregnando su tono de falsa molestia—. ¿Crees que tengo un árbol de dinero o qué?, sólo soy una chica de diecisiete años, igual que tú.
—Que mala eres, Sorita —contestó Tai, haciéndose el ofendido—, ¿Cómo juegas así con mis sentimientos?
Ese era Tai, siempre dramatizando todo. En más de una ocasión había pensado que ese era el motivo de que se llevara tan bien con Mimi, pese a que a veces chocaban, porque claro, los dos no podían ser la reina del drama. Incluso alguna vez llegó a creer que tenían algo por la complicidad que se atisbaba en cada gesto que se dedicaban, pero de eso ya había pasado mucho tiempo.
—¿Quieres dejar de jugar y abrir tu regalo? —preguntó extendiendo ante él un paquete cuadrado envuelto en papel verde.
Enseguida notó el cambio en los ojos de su novio. Su mirada pasó de la decepción a la misma ilusión que se podía ver en un niño ante el árbol de navidad la mañana del veinticinco.
—¿De verdad puedo abrirlo ahora? —le preguntó, haciendo una pobre representación de compostura, lo que en teoría un joven de diecisiete años como él debía tener.
—¡Anda ya!, no finjas conmigo que sabes que te mueres de ganas de hacerlo y en un día normal no esperaría ni siquiera un segundo para destrozar el papel.
Taichi soltó una risotada ante la perorata de la pelirroja. Le encantaba hacerla enojar. Suponía que eso sería lo que pondría en el anuario, en el apartado de placer culpable.
Sin esperar más, rasgó descuidadamente el papel descubriendo bajo éste una caja marrón totalmente sellada que nada le decía de su contenido.
Alzó la mirada hacia Sora, con curiosidad.
—Si quieres saber qué es, tendrás que abrirlo —le dijo ella con voz serena.
Así que, por supuesto, él acató la instrucción. Cuando por fin consiguió abrirla del todo y levantó ambas solapas, su boca se abrió formando una perfecta "o".
Adentro, envuelto en papel mantequilla, había una replica exacta del auto que quería.
—Me sentí muy mal de que perdieras el trabajo que tanto te costó conseguir por mi culpa, porque sé que querías mucho ese auto, y como no podía comprártelo creí que… —en algún momento había comenzado a hablar sin pensarlo, intentando justificar algo que a todas luces no necesitaba justificación, mas detuvo aquel pequeño discurso improvisado ante el mutismo absoluto de Tai y se atrevió a mirarlo a los ojos, un tanto avergonzada.
Sabía que era una mala idea, seguro que a él le parecía una burla o una tontería.
—Yo… —trató de continuar, pero fue inútil, no podía sentirse más absurda, quizás por eso le sorprendió el repentino cambio de Tai, de una expresión extremadamente seria a una sonrisa amplia que llenó su rostro y lo iluminó.
Eliminó la distancia entre ambos en dos zancadas y todavía sosteniendo el pequeño auto en una de sus manos, la rodeó por la cintura y la besó inesperadamente en los labios.
—Es perfecto —susurró al apartarse, apoyando la frente contra la suya.
Sora le sonrió de vuelta y sintió los nervios aflojarse en su interior. Sólo Taichi podía tomar todas sus aflicciones y temores, y disolverlos de aquella manera, porque no sólo era su novio, sino también su mejor amigo y deseaba con todas sus fuerzas que siempre fuera así. Que el novio no apartara al amigo y que siguieran juntos convirtiendo el noviazgo sólo en una nueva etapa de su amistad.
Notas finales:
Y hasta aquí llega esta historia. El epílogo no era parte de la idea original y de hecho, es totalmente prescindible, pues no aclara ninguna incógnita que haya quedado en el final, pero como se escribió prácticamente solo creí que no estaría mal compartirlo.
Gracias por leer :)
