Hola a todos:
¿Qué tal les va? Espero que bien… Debo agradecer por todos los comentarios que estoy recibiendo, en verdad que los aprecio bastante, los he leído todos y me han encantado, aunque no haya podido darme el tiempo de contestarlos, prometo hacerlo hoy o mañana a más tardar.
Antes de empezar, lo de siempre:
Los personajes (todos lo sabemos) son de JKR, no gano nada más que entretenerme al escribir sobre ellos, y la ilusión de entretenerlos a ustedes. Lo que le pase a los personajes a partir de ahora si va por mi cuenta.
Este fic es slash, significa chico/chico en una relación, si esto no es de tu agrado y caíste por aquí sin querer, te recomiendo no leer.
Habrá maltratos, intolerancia, drama, lemmons, muerte de más de un personaje, romance, algunas partes empalagosas, otras crueles y mpreg así que quedan advertidos.
Luni: como siempre, muchas gracias por betear a pesar del poco tiempo que tienes disponible.
Ahora sí, a leer:
"HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES"
PRIMER LIBRO: "VERANO"
CAPÍTULO 4: "AUSTRALIA: UN MUNDO DE REVELACIONES"
Las únicas respuestas interesantes son las que destruyen las preguntas.
Susan Sontag
20 de julio de 1998, viaje desde Londres a Australia
Era la primera vez que Harry viajaba en avión, no había sido difícil conseguir las autorizaciones del ministerio de magia para que los dejaran partir, después de todo se trataba de Harry Potter y sus amigos, los mismos que habían logrado que la guerra llegara a su fin.
Tras haber recibido mil y una recomendaciones de la señora Weasley sobre mantenerse siempre juntos y cuidarse mucho los tres, habían por fin logrado subir al avión. Ginny no había ido a despedirlo, no la había visto más desde aquella mañana en que habían terminado aquella relación que Harry no recordaba bien cuándo habían retomado.
Ron aún parecía ligeramente disgustado con Harry por eso, aunque se había abstenido de hacer cualquier comentario, incluso cuando Harry mismo se lo había contado aquella noche. En el fondo esperaba que su amigo entendiera qué era lo que pasaba, al menos con respecto a Ginny y su asfixiante noviazgo. Pero lo que más preocupaba a Harry no era Ginny o ninguna otra chica, por el momento su mente estaba demasiado ocupada tratando de entender por qué había soñado varias veces con aquel auror que había conocido días antes. Y sobre todo por qué en todos los sueños lo besaba y acariciaba para luego despertar con una tremenda erección que se encargaba de desfogar en la ducha, tratando de convencerse de que definitivamente no le iban los chicos, o los hombres, que todo tal vez era una etapa, una fase post trauma de guerra.
Cuando subieron al avión, mientras esperaban que los demás pasajeros abordaran y la azafata les ofrecía bebidas y comida (estaban en primera clase, por supuesto, Harry había insistido, después de todo sería un viaje demasiado largo), Ron se la había pasado moviéndose de un lado a otro, mirando por las ventanas y alrededor, preguntando una y otra vez a Hermione acerca de la seguridad de "aquella máquina" que era como lo llamaba él. Harry notó que Hermione estaba al borde de la impaciencia, sin embargo en cuanto el avión despegó y luego de que Ron soltara una maldición por la sensación, había caído profundamente dormido. Por la mirada de satisfacción que tenía Hermione mientras leía aquel libro sobre Australia que había conseguido, Harry supuso que Ron no se había dormido por voluntad propia.
—¿Le dirás que lo has dormido? —preguntó Harry dejando a un lado la revista muggle que leía y mirando seriamente a Hermione. Ron estaba en el asiento de en medio, roncando suavemente.
—No sé de qué hablas.
—Por favor, Hermione…
—Bien, lo he dormido, pero es que si no iba a tener algún tipo de colapso nervioso— se excusó la chica, y Harry sonrió en respuesta.
—Es cierto…
—Y no se lo diremos, será mejor así, cuando volvamos estará más tranquilo.
—Me alegra mucho poder hacer este viaje con ustedes, ¿sabes?— comentó Harry luego de un momento más de silencio.
—Supongo que será interesante hacer algo diferente a querer destruir Horcruxes y evitar que Voldemort te mate en el proceso— dijo Hermione con una sonrisa que Harry retribuyó.
—Todo un cambio— Harry suspiró cansadamente —. Creo que todo está cambiando muy a prisa… la comunidad mágica, nosotros…
—No lo pienses tanto— Hermione se adelantó un poco hasta tomar una de sus manos, Ron se removió incómodo por un instante para luego seguir durmiendo —, sólo, déjate llevar… el que las cosas cambien no quiere decir que cambien para mal.
—Pero tampoco para bien, ya ves lo que pasa con Ginny y conmigo, antes éramos felices, nos llevábamos bien y ahora…
—Ginny está muy afectada por todo lo que ha pasado, ella estuvo con Tonks cuando… —Hermione bajó la mirada y suspiró suavemente, Harry apretó un poco más la mano de la chica, tratando de darle fuerzas.
—Quisiera que nunca más tuviéramos que pensar en todo lo que pasó… en nada que tenga que ver con Voldemort o con la guerra.
—Negarlo no lo va a desaparecer— afirmó Hermione —, además es parte de lo que somos ahora, lo que somos y por qué lo somos… es parte nuestra.
Harry hubiera deseado no ser parte de eso, no haber participado en ninguna guerra, no haber sido él "El Elegido", pero Hermione tenía razón negarlo no iba a hacer que desapareciera, y quisiera o no tendría que pensar en eso, más de una vez, era algo que cargarían de por vida.
*
Doce horas después los tres podían por fin aterrizar en Newcastle, pero como Ron ni él habían hecho antes ese tipo de viajes dejaron a Hermione, que parecía muy a gusto con la responsabilidad, encargarse de todo, y ellos se dedicaron a seguirla, cargando las maletas al estilo muggle por la zona de aduanas hasta que finalmente atravesaron el aeropuerto y llegaron a la salida.
Harry arrugó la vista por la luz, hacía sol, mucho más sol del que recordara alguna vez.
—Ten— dijo Hermione pasándole unas gafas oscuras, que Harry agradeció mientras se las ponía, recordando la familiar sensación de sus antiguas gafas.
—Aquí hace demasiado calor— murmuró Ron, Harry notó que tanto él como Hermione también se habían puesto las gafas oscuras.
—Es que aquí el clima es diferente al de Inglaterra, creo que tardaremos unos cuantos días en acostumbrarnos, pero estará bien— informó una acalorada Hermione mientras miraba a uno y otro lado, como buscando algo en especial.
—¿Y ahora qué hacemos?— preguntó Harry, en realidad le había dejado toda la planeación a la chica, él, por el momento, estaba cansado de crear planes o llevar las riendas de cualquier situación.
— ¡Oh!— Señaló Hermione a una de las pizarras blancas que los taxistas levantaban —Esos somos nosotros.
Harry siguió con la mirada la dirección de la chica, un taxista ya mayor, con gorra de chofer y camiseta blanca levantaba una pizarra pequeña que decía "Granger, Weasley, Potter".
Harry y Ron se apresuraron a seguir a Hermione, cargando aún las maletas hasta que el taxista se acercó lo suficiente para ayudarlos mientras saludaba de manera amable, Harry notó que su pronunciación del inglés era ligeramente diferente, aunque no tan notoria como con los americanos.
Los tres instalados en la parte trasera del taxi recorrieron por más de media hora la ciudad, quedaron fascinados, admirando lo diferente y brilloso que se veía todo a diferencia de Londres, el sol hacía que la gente usara menos ropa y que incluso pareciera más contenta, el cielo era de un azul bastante limpio, casi con ninguna nube y el olor a mar estaba muy presente.
Finalmente el taxista los dejó en la entrada de un pequeño hotel llamado "Moonshadow", en medio de una gran avenida de nombre Frederick street, Harry prestó atención a todo el recorrido y al nombre de las calles que cruzaron sólo por si acaso. El pequeño hotel lucía como un edificio muy antiguo reconstruido, Harry notó que se parecía a muchos de los edificios que había visto en Londres cuando le habían permitido ir.
El interior era bastante ventilado, y las ventanas de la recepción dejaban ver las calles y la gente pasar, Harry no prestó la más mínima atención al recepcionista o al botones que los llevaba a su cuarto, se sentía demasiado cansado y abrumado por todo el viaje. Hermione les indicó que había pensado que lo mejor era que cada uno tuviera una habitación, las tres estaban continuas en el mismo pasillo, en el piso cinco.
Harry consultó el reloj de pared de su habitación y se encargó de poner su reloj, aquel que había pertenecido en una época a Fabián Prewetts y que la Señora Weasley le había regalado por su cumpleaños número diecisiete, a la misma hora. notó que tenía más de 10 horas de diferencia y esa era la razón por la cual pese a ser sólo medio día moría realmente de sueño.
Después de darse una ducha se tendió sobre la cama, quedándose dormido rápidamente.
Volvió a soñar con aquel auror y esos besos y caricias que tanto lo atormentaban y confundían.
*
Lo despertó el sonido de la puerta siendo golpeada, instintivamente se sentó de golpe con la varita en mano, parpadeando confundido, la habitación ya estaba completamente a oscuras y los sonidos de alguien llamando en la puerta persistían.
— ¿Harry?— preguntó la voz de Hermione y Harry soltó el aire lentamente, preguntándose si es que en algún momento la paranoia se le iría de una vez por todas.
—Lo siento, estaba dormido— informó mientras abría la puerta para dejar pasar a sus amigos, ambos parecían haber dormido un poco también.
—Nosotros también— contestó Hermione sentándose en la cama —, pero no debemos dormir más, de lo contrario no nos acostumbraremos al cambio de horario— ahogó un bostezo. Ron aún parecía somnoliento.
—Iremos a cenar— informó el pelirrojo —, apresúrate que ya muero de hambre.
Los tres escondieron las varitas en la ropa muggle que llevaban y se lanzaron a la fresca noche, había mucha gente en las calles, a los lados muchos locales iluminados y llamativos hasta que Hermione se decidió por uno que parecía del tipo rústico, se veía agradable y lo cierto es que a Harry no le interesaba mucho la estética del lugar, pues también moría de hambre.
—Bien, según tengo entendido mis padres deben haber abierto un consultorio dental muy cerca de aquí, en Glebe Road, creo que debemos ir primero a verlos antes de intentar revertir el hechizo— comentó Hermione antes de dar un gran sorbo a su cerveza.
—¿Crees que haya alguna posibilidad de que te reconozcan?— preguntó Ron.
—No lo sé, no lo creo, si es que llegaron hasta aquí es que el hechizo funcionó a la perfección…
—¿Pero el verte no activara algún recuerdo y hará que todo vuelva a su mente o algo así?
—Ay Harry, creo que has estado leyendo demasiadas novelas de ficción, no, lo que les hice fue una modificación de memoria, me borré de cada uno de sus recuerdos y…— Hermione dio un sorbo más a su vaso, Harry había olvidado lo delicado que era el tema para ella, Ron le dio una mirada de reproche mientras con una mano acariciaba la de la chica.
—¿Tú crees que se enojen cuando les contemos lo que pasó?
—Es lo más probable— dijo Hermione con una sonrisa forzada —. Creo que me castigaran por mucho tiempo, al menos hasta que vuelva a Hogwarts…
Ron bufó incrédulo.
—No lo harán, lo hiciste por su bien, de haber podido hubiera hecho lo mismo con mi familia, tal vez entonces… — Ron se aclaró la garganta ligeramente y desvió la mirada, Harry se sintió nuevamente culpable de toda la situación, de la muerte de Fred.
—¿Volverás a Hogwarts?— preguntó Harry luego de un momento en que los tres se quedaron en silencio, y tratando de alivianar un poco el ambiente.
—Debo hacerlo si es que quiero estudiar algo más, estoy tratando de convencer a Ron de que lo haga también.
—¿Por qué a mi no me has convencido?— preguntó Harry medio molesto, aunque aliviado de que sus amigos no lucieran más preocupados.
—Supuse que lo harías… es decir, aún quieres ser auror ¿no?
—Pues…
—Vamos, Hermione, no lo presiones… tal vez ya no desea convertirse más en un auror y no tiene que volver a la escuela— aportó Ron con una sonrisa, Harry supuso que trataba de librarse de la escuela también.
—No lo había pensado— respondió Harry honestamente, pero ahora que sus amigos lo habían mencionado pensó que tal vez era momento de retomar aquellos pensamientos acerca del futuro que no pensaba tener y que ya tenía entre manos.
—Estoy seguro de que si lo pides, el Ministerio te dejará hacer el curso sin terminar la escuela, después de todo está demostrado que das la talla.
—No, eso no, si es que lo hago será de la misma forma que los demás.
—Yo sólo digo…— murmuró Ron.
*
Al día siguiente una muy entusiasta Hermione lo levantó bastante temprano, Harry aún se sentía algo mareado por los cambios de horarios, pero no pudiendo protestar se metió a la ducha y luego bajó a desayunar con sus amigos, Ron tenía cara de tener sueño también.
En un inicio habían decidido caminar hasta donde estaría el consultorio de los Doctores Granger, pero luego de avanzar unas cuatro calles, los tres decidieron que el clima era demasiado caliente para ellos y subieron a un taxi, que los dejó frente a un edificio de pequeños consultorios médicos. No fue muy difícil hallar el consultorio que buscaban.
Hermione iba tomada de la mano de Ron, y miraba con ojos brillosos a sus padres entrar y salir o moverse alrededor de la pequeña sala de estar y los consultorios, tenían dos, uno para el señor Granger y otro para la Señora Granger, y aunque parecía que todo estaba bien, Hermione tenía una mirada que le daba una mala corazonada a Harry.
—¿Qué es, Hermione?— preguntó Harry no aguantando más las dudas.
—Es que… — Hermione suspiró profundamente —Parece como si estuvieran peleados, así actuaban en casa cuando discutían, como si no se vieran el uno al otro…
—Pero los padres discuten a veces, mis padres también lo hacen.
—Ya… pero es que no esperaba encontrarlos peleados…
—Tal vez si deshaces el hechizo podrán dejar de estarlo— opinó Harry.
—Creo que lo mejor será seguirlos hasta casa, allí será más simple.
—Bien, supongo que podemos usar la capa…
—¿Bromeas?— murmuró Ron —Ya no cabemos los tres bajo la capa… y de cualquier modo, hace demasiado calor.
Harry frunció el ceño y no comentó nada más, en silencio los tres abandonaron su ubicación, desde donde se veía el consultorio y la sala de espera y se dispusieron a esperar, Harry esperaba que los Granger fueran a casa a almorzar, pues realmente estaba aburriéndose haciendo de espía.
Para las cuatro de la tarde la Señora Granger salió del consultorio ya sin la bata blanca y con una enorme cartera floreada, cerró la puerta de su consultorio con llave y sin más se dirigió a la salida.
—¿Ahora que hacemos?— preguntó Harry hacia Hermione.
—Supongo que seguirla a ella…
Los tres se encaminaron hacia la salida del edificio, siguiendo a la Señora Granger, lucía mucho más delgada que la última vez que la habían visto, con sus sandalias y su falda blanca ancha caminó por lo que le pareció a Harry una cantidad incalculable de calles hasta que finalmente se detuvo en una parada de buses, los tres se miraron confusos y decidieron abordar el mismo bus que la señora, Hermione preguntó el importe a pagar al chofer y luego los tres se acomodaron en el asiento del final, Hermione no dejaba de estudiar a su madre con mirada crítica, analizando cada movimiento que hacía.
Cuando al fin la mujer se bajó del bus llegaron a lo que al parecer era un pequeño condominio de casas frente al mar, eran todas pequeñas y blancas, bastante simpáticas y cálidas, los tres se quedaron en la acera observando a la mujer entrar a una de ellas.
—Supongo que habrá que esperar a que papá llegue…
Pero el señor Granger no llegó, ya eran cerca de las 11 de la noche cuando Ron hizo notar lo evidente.
—Tal vez tu papá no vendrá hoy…
—Imposible— dijo Hermione negando con la cabeza.
—Puede que… — Harry le dio una mirada de precaución a Ron antes de continuar —Que tu sabes, hayan peleado y él no llegue a casa esta noche…
—No, papá jamás dejó de ir a dormir a casa, y ellos no solían pelear, casi nunca.
Harry y Ron se miraron incapaces de encontrar qué hacer mientras Hermione se sentaba en la acera observando fijamente hacia la puerta blanca, como si así fuera a obtener sus respuestas.
*
Para la mañana siguiente ya tenían un nuevo plan de trabajo, se separaron en dos grupos, es decir Harry seguiría a la Señora Granger y Ron y Hermione al Señor Granger, Harry estaba de acuerdo con que sería más simple así, pues ya sabía donde vivía la mujer y sólo debía asegurarse de que llegara a casa, aunque pensó que luego podría hacer algunas averiguaciones alrededor, antes de retornar al hotel.
Y así fue como a las seis de la tarde, bajo un cielo aún muy luminoso, con unas gafas oscuras y una camiseta verde sin mangas, estaba sentado en una de las banquetas que daban al mar y frente a la puerta de la blanca y pequeña casa de la Señora Granger, viendo como ella entraba y encendía las luces…
— ¡Hey! ¡Lo siento!— dijo un chico casi inmediatamente después de sentir un golpe en el brazo, que prácticamente lo había botado del asiento, se giró para ver a un chico de cabellos rubios, largos y sueltos y de ojos claros que le sonreía, parecía ligeramente avergonzado.
—Oh, no hay problema— murmuró Harry mientras se agachaba a recoger las carpetas que habían caído al piso.
—Wow… ese acento— replicó el chico con demasiado ánimo mientras se arrodillaba delante de Harry y recibía las carpetas que éste le pasaba.
Harry se sintió de pronto mucho más acalorado de lo que había estado durante el día, podía sentir sus mejillas arder ligeramente por la insinuante voz de aquel chico.
—¿Mi acento?
—Sí… no eres de aquí ¿cierto?— afirmó el muchacho poniéndose ya en pie y sin dejar de sonreír hacia Harry, que notó que era ligeramente más alto que él y muy musculoso y bronceado, o eso parecía por la camiseta sin mangas y los shorts que lucía.
—No, ¿Tiene algo de malo mi acento?
—Al contrario… es inglés— replicó el chico con una mueca que parecía paladear y disfrutar el que fuera inglés —. Es sólo que me encanta la forma tan… — chasqueó la lengua como no encontrando qué definición usar —Ya sabes… tan inglés.
—Oh— Harry arqueó una ceja no sabiendo qué más decir y empezando a sentir más o menos la misma alteración que había sentido al ver a aquel auror —Tu acento es… ¿australiano?
El chico soltó una gran carcajada, una que hizo que la piel de Harry se erizara. Una sensación muy agradable, decidió Harry.
—No, no soy australiano, mi nombre es Fabio, Fabio Jordao, soy brasilero, pero estudio aquí, en la universidad de Newcastle y definitivamente mi acento es pésimo.
—No creo que sea pésimo… sólo que es diferente— alabó Harry sentándose nuevamente en la misma banqueta, a su lado y sin invitación Fabio también lo hizo.
—Gracias… creo, es que ustedes los ingleses tienen una forma de pronunciarlo todo…
Y Harry se quedó mirando por un instante los labios de aquel chico y la forma como pronunciaba cada palabra, se sobresaltó de lo que sea que estaba sintiendo o deseando y se alejó un poco.
—Y… ¿Qué haces por aquí?
—Nada… Yo vivo allí— dijo señalando una puerta a dos casas de diferencia de la que ocupaba la madre de Hermione —. Vivimos varios chicos y chicas que vamos a la universidad… ¿Tú irás a la universidad?
—No, sólo estoy de visita, con unos amigos… Sólo que ellos no están por aquí en este momento.
—Oh… ¿Te has perdido?
—No, claro que no, tengo un mapa y todo… —Harry se sintió estúpido y avergonzado ante esa afirmación —Sólo estoy pasando el rato… se está muy bien aquí.
—Te entiendo, yo me pasé los primeros días que llegué sentado frente al mar… es muy tranquilo.
—Sí, eso es— concordó Harry.
—¿Y te encontrarás pronto con tus amigos?
—No… creo que aún en un par de horas, no me gusta mucho andarlos siguiendo, se han vuelto novios hace poco… ya sabes cómo es eso.
Fabio soltó una carcajada más y negó con la cabeza.
—Bien, yo debo irme, tengo que dejar esto en casa y sacar unos libros, pero si tus amigos están muy ocupados y quieres venir a divertirte un poco te puedo enseñar la parte nocturna de Newcastle, esa que no sale en las postales— Fabio le guiñó un ojo mientras anotaba algo en una de las hojas sueltas de una de las carpetas, Harry se sintió de pronto algo intimidado y dejó de mirar, un instante después Fabio lo tomaba de una mano y depositaba la nota en su palma, demorándose, según le pareció a Harry, un poco más de la cuenta en soltarlo.
—Claro… tal vez te llame…
—Hazlo, te divertirás—. Fabio se puso en pie sin dejar de sonreír en ningún momento —. Te aseguro que te llevarías un grato recuerdo de Australia— dijo alejándose finalmente.
—Gracias.
Fabio se giró después de dar un pasos más.
—Ah, no me has dicho tu nombre.
—Sí, Harry, Harry Potter—. Harry sintió que era genial poder pronunciar su nombre y presentarse sin ser reconocido como "El Salvador del mundo mágico".
—Ese acento…— murmuró Fabio una vez más con una sonrisa antes de girarse y alejarse.
Harry miró primero hacia la nota que aún tenía en la mano, donde estaba escrito:
"Fabio Jordao, el chico que conociste frente al mar 052-578679"
Y le fue imposible alejar la mirada del chico que ya estaba en la puerta, entrando apresuradamente. Realmente había algo en su forma de andar, en su cuerpo, en su sonrisa y sus ojos que hacían que Harry se sintiera tremendamente incómodo y anhelante a la vez. Suspiró sabiendo que ahora a la confusión por aquel auror se le agregaría la confusión por aquel otro chico.
*
Aquella noche cenaron tarde, sentados los tres en uno de los restaurantes con mesas en la calle, mientras conversaban y planeaban su siguiente movimiento. Hermione y Ron habían seguido al señor Granger hasta lo que al parecer era un bloque de departamentos, en la entrada se leía "Granger" por lo que el que los padres de Hermione no vivieran más juntos quedó confirmado.
Hermione estaba muy alterada por aquel hecho, apenas y tocó su comida o su bebida mientras repetía una y otra vez que todo aquello era culpa suya, que de no haberlos hechizado ambos estarían en casa, juntos y no separados.
Harry y Ron se sintieron bastante cortos al momento de consolarla, ninguno de los dos había pasado antes por una separación de padres, aunque sí le repitieron hasta el cansancio que aquella acción de Hermione bien pudo haberles salvado la vida.
—Tal vez cuando recuerden estén juntos de nuevo— aventuró Ron ya de camino al hotel, se les hacía más fácil caminar las cinco calles que los separaba de su hotel ahora con la brisa nocturna y el olor a mar.
—No lo sabremos… ¿Qué ocurre si uno de ellos no quiere regresar más a Inglaterra?
—Hermione, eso es algo que no sabremos hasta que podamos devolverles sus recuerdos.
— ¿Y cómo haremos eso, Harry, si es que no podemos tenerlos en un solo sitio a los dos a la vez?
—Pues… podríamos engañarlos de alguna manera— opinó Harry obviando el tono mordaz de su amiga, recordándose que aún se encontraba alterada por el descubrimiento de la separación de sus padres.
—Sí, tal vez fingir que somos pacientes y encerrarlos y luego…
—¡Ron, no voy a encerrar a mis padres!
—No creo que haya otra forma— defendió Harry mirando a un Ron ligeramente sonrojado.
Para cuando llegaron al hotel no se habían podido poner de acuerdo en nada más y luego de conversar un poco más en la habitación de Harry, tanto Ron como Hermione se marcharon a descansar.
Sin embargo, luego de darse una ducha, Harry aún se sentía intranquilo, y con curiosidad, curiosidad que no podía compartir con sus amigos o con nadie más, luego de pensárselo mucho se vistió nuevamente y cogió la varita y el mapa de la ciudad y se aventuró a la oscura calle.
*
Al principio no encontró nada realmente excitante o extraordinario, pero sin embargo siguió andando, cruzándose con algunos grupos de jóvenes que hablaban y reían en voz alta. Luego de cruzarse con varios de esos grupos pensó que a donde ellos iban podría ser un lugar divertido así que decidió girar y seguirlos a una distancia más o menos aceptable, lamentó no haber cargado con la capa de invisibilidad, recordando que por más de dos años no la había soltado jamás, sin embargo ya no estaba en guerra ni en un lugar peligroso. O al menos eso esperaba, cuando vio al grupo descender por lo que parecían unas escalerillas que llevaban hasta el mar.
Se detuvo y observó que en la parte baja había como una especie de boulevard lleno de luces y gente entrando y saliendo, aquel sitio no lo habían visto antes, tal vez porque no se habían aventurado demasiado al turismo nocturno. O a ningún tipo de turismo. Acomodó un poco más su cabello y bajó con pasos lentos y tranquilos, como si realmente supiera hacia donde se estaba dirigiendo.
Bajo sus zapatillas la arena se hundía y tenía una visión mucho más clara del mar azul y la brisa marina, avanzó unos cuantos metros y se detuvo en uno de los locales que tenía un bar en la parte frontal, agradeciendo que no tuviera que entrar precisamente a ninguno de aquellos sitios se sentó en uno de los banquillos de madera. Un chico guapo y con exceso de bronceado le sonrió mientras se acercaba con un trapo en la mano.
—Hola, ¿qué te doy?
—Hola… ¿Cerveza?— dudó Harry, recordando que en realidad no sabía mucho acerca de que se podía tomar en un bar. Su corazón dio un tonto brinco al repetir "¡Estoy en un bar!" "¡Como un adulto!" "¡En un bar!"
El chico le sonrió en respuesta y se alejó para luego regresar con una botella de cerveza que abrió delante de él.
—Tres dólares.
Harry rebuscó en sus bolsillos hasta que encontró lo que al parecer, si es que no recordaba mal las explicaciones de Hermione, era un billete de cinco dólares australianos, le dio el billete al chico, que pareció conforme y le dio el cambio. Harry soltó un pequeño suspiro y se giró, sujetando su botella de cerveza en una mano y observando todo alrededor, la gente parecía pasarlo realmente bien allí, habían grupos de chicos y chicas con muy poca cantidad de ropa bailando, más al fondo incluso podía ver una fogata, y la música de los diversos locales opacaba el sonido de las olas, las luces de colores parpadeaban como movidas por aquellos ritmos que no conocía, pero que se le hacían bastante interesantes. Se prometió buscar al día siguiente un poco más de información acerca de aquella música.
Cuando ya iba por su tercera cerveza y notaba su cabeza ligeramente más entumecida, una chica de cabello oscuro sujeto en una cola alta, pasó cerca de él sonriendo de manera muy sugestiva, demasiado sugestiva, pensó Harry mientras la seguía con la mirada hacia otro de los locales. Negó con la cabeza recordando de pronto las palabras de Ginny "yo no te excito" y cómo las dudas tras haber visto a aquel auror habían hecho que la frase se completara con un "las mujeres no te excitan", Harry tuvo que admitir, tras ver a esa chica, que las mujeres tal vez sí lo excitaban, pero no de la misma forma que aquel auror o que aquel chico Fabio, que había conocido esa tarde.
Fabio parecía el tipo de chico que estaría metido en uno de esos locales a esas horas de la noche, pensó que sería una gran suerte encontrarlo allí. Aunque luego de ver en su reloj que casi eran las dos de la mañana y notar lo absurda que era la idea de empezar a recorrer todos aquellos bares en busca del chico decidió que lo más recomendable era ya volver al hotel.
Se despidió del chico de la barra y luego caminó hacia las escaleras que lo llevaban a la parte alta de la ciudad, encontró una pequeña calle en donde no parecía haber nadie y se apareció en su habitación, agradeciendo que el hotel no tuviera defensas anti aparición al ser muggle, y que él no se hubiera escindido ya que no estaba realmente concentrado con aquella cantidad de alcohol en su cabeza.
Se dejó caer sobre la cama e inmediatamente cayó dormido, aquella noche no tuvo ningún sueño, o al menos no lo recordó.
*
Los días siguientes se convirtieron en una tediosa rutina para Harry, muy temprano en la mañana él se aparecía delante de la casa de la Señora Granger, esta vez ya cubierto por su capa de invisibilidad y se dedicaba a seguir a la mujer, descubrió que todas las mañanas salía a correr bastante temprano por la playa, para luego a las ocho en punto salir hacia el consultorio, en donde se encontraba nuevamente con Ron y Hermione que habían seguido al señor Granger, luego de eso se pasaban la mañana dando vueltas alrededor, buscando algún tipo de información extra que los pudiera ayudar, pues Hermione seguía algo reacia a encerrar a sus padres y hechizarlos.
Por las tardes Harry regresaba siguiendo a la señora Granger hasta la casa cerca de la playa y se quedaba fuera espiando, pero no sólo a la mujer, había descubierto también que a esa hora Fabio pasaba cargando una gran cantidad de libros rumbo a su casa, en cada ocasión que el chico pasaba Harry se perdía admirando cada vez con más entusiasmo su cuerpo y la forma en que caminaba. Aún conservaba la nota que el chico le había dado, y cada vez que pensaba en ella se convencía de que Fabio había coqueteado de alguna manera con él y que tal vez llamarlo no era mala idea, tal vez necesitaba despejar algunas dudas y la única forma de hacerlo era comprobando qué era lo que pasaría si aquellos sueños que tenía durante las noches se volvían realidad.
Además de eso Harry tenía su propia rutina nocturna, pues luego de que sus amigos se fueran a dormir él tomaba una ducha y volvía a salir rumbo a aquel boulevard marino, cada vez se internaba más en él, desplazándose con más facilidad entre los bares y descubriendo que algunos de esos sitios eran discotecas, no se animó a entrar a ninguna de ellas aún, sentía que no estaba listo. Pero una noche en particular volvió al hotel demasiado caliente y más anhelante que nunca. Aquella noche había estado caminando por entre los bares cuando había descubierto a un par de chicos, besándose apasionada y descaradamente frente al mar, ambos sentados en la arena, muy cerca al agua. En un principio había pensado que se trataba de una pareja cualquiera, e incluso había dejado de mirar sintiéndose demasiado incómodo, pero cuando se fijó por segunda vez pudo ver que en realidad eran dos chicos, dos chicos muy jóvenes, y la forma como se tocaban hizo que algo vibrara en su pecho. Aquella noche en cuanto se apareció en el hotel se despojó de toda su ropa y se metió a la ducha, en un inicio había pensado en una buena ducha fría, pero la necesidad era demasiado grande y terminó masturbándose y recordando no los rasgos suaves y delicados de Ginny o de alguna otra chica, si no aquella pareja en la playa.
Una vez sobre su cama se prometió llamar al día siguiente a Fabio, no sin antes hacer un par de averiguaciones en la biblioteca que Hermione había descubierto.
*
Harry debía reconocer que, seguramente a diferencia de muchos adolescentes, él no tenía demasiada información respecto al sexo, había escuchado un par de conversaciones subidas de tono en sexto año, sobre todo a los chicos de último curso, pero había estado demasiado ocupado siguiendo a Malfoy, buscando que Slughorn le diera sus recuerdos y escondiendo el libro de pociones de Snape como para interesarse demasiado. Luego de eso, toda su vida se había abocado en destruir Horcruxes y matar a Voldemort como para siquiera dedicarle más tiempo que el que una paja ocasional requería. Pensó que tal vez de haberse dedicado a pensar en ello un poco más las cosas con Ginny hubieran resultado mejor. Aunque también cabía la posibilidad de que lo hubiera arruinado peor aún. Mejor era no averiguarlo, pese a todo no debía olvidar de que se trataba de la hermanita de su mejor amigo.
Así fue como, con toda la curiosidad recién surgiendo en él, aprovechó que en la tarde debía seguir a la señora Granger para alejarse de sus amigos y llegar hasta la biblioteca. No se le ocurría un mejor lugar para buscar y estaba seguro que Hermione hubiese pensado lo mismo. Luego de pagar una pequeña cantidad de dinero por un carné que sabía no usaría más de un par de veces se internó en el gran edificio y, algo sonrojado y sofocado por el calor y la vergüenza, lo recorrió al completo hasta que encontró la sección de "Educación Sexual". Agradeció ser, aparentemente, el único con dudas de ese tipo en ese momento, pues la zona estaba completamente vacía. Recorrió las estanterías leyendo los diferentes títulos hasta que encontró un par de libros bastante prometedores.
El primero era básicamente información, hablaban de enfermedades y embarazos no planificados, habían unas imágenes bastante aterradoras que efectivamente sirvieron para que Harry tuviera en cuenta todas y cada una de las recomendaciones puestas allí.
El segundo libro era un poco más explícito, explicaba la manera como un hombre y una mujer podían "acoplarse" y hacerlo. Harry quedó fascinado leyendo toda aquella información, pasó las páginas con entusiasmo hasta que llegó al último capítulo donde se hablaba de sexo homosexual.
Tenía que admitir que pese a que había soñado con algunas caricias con el auror y con Fabio y que tenía una vaga idea de cómo se podía realizar, en teoría, toda la descripción del libro era francamente fría y lo hacía dudar de que aquello fuera posible en realidad, mencionaba el dolor y toda la cantidad de riesgos al hacerlo. Aunque terminaba con un pequeño párrafo donde el autor admitía no ser homo fóbico y que la tolerancia era algo que debía formar parte de los valores de todas las personas.
Cuando Harry cerró finalmente el libro se sintió inundado de demasiada información, su cerebro ahora parecía poder graficar mejor sus fantasías, las cuales de una u otra manera se habían vuelto terrores también. ¿Si le iban los chicos, tenía que hacer aquellas cosas dolorosas y peligrosas que mencionaban?
Salió de la biblioteca y se apareció delante de la casa de la señora Granger, se sentó en la misma banca de siempre, cubierto con su capa de invisibilidad y se quedó pensando durante mucho más rato, hasta que cerca de las seis de la tarde, como cada día, Fabio pasó caminando hacia su casa, el ver al muchacho hizo que Harry mandara al diablo sus miedos. Después de todo era un Gryffindor, valiente y arriesgado y necesitaba saber qué estaba pasando con él, si era sólo una etapa de duda y crisis (uno de los libros que había leído mencionaba que aquello le pasaba a muchos chicos y chicas) o si era que en verdad se había equivocado durante mucho tiempo y las chicas no eran lo que realmente le atraía.
*
Muchas gracias a todos por leer.
Y a todos sus comentarios, realmente me agrada leerlos, y ya saben, como siempre he dicho, sus comentarios me alegran la semana así que… Vamos, sólo les tomará un minuto.
Por ahora continuaremos con Harry, muchos han preguntado cuándo se encontrará con Draco, ya falta poco, en verdad.
El siguiente capítulo:
"AUSTRALIA: UNA SALIDA DEMASIADO ESPERADA"
Ya supongo que más o menos imaginan de qué va.
Espero que tengan una muy linda semana, en algunos sitios, me cuentan ustedes está haciendo bastante calor, aunque en otros bastante frío, por lo pronto yo sigo congelándome, aunque sé que en otros sitios hay más frío. *Pao abraza su tacita de café caliente*
Besos y nos leemos el lunes.
Zafy
