Disclaimer: La historia es completamente de mi autria, sólo los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Capítulo # 4: Tinta para Sellos
Ya más tarde, luego del sustancioso desayuno que Carmen me había prácticamente obligado a tomar, me fui directo a la oficina.
En medio del tumulto neoyorkino, de gente en sus coches atorados por el trafico mañanero. Las aceras atestadas de gente corriendo de un lado a otro para evitar llegar tarde a sus destinos; mientras tanto yo comenzaba a reflexionar acerca de lo complicada que es la vida para muchos, y el gran regalo repleto de posibilidades que es para otros.
Como para mí.
Yo jamás tuve que sacrificarme por absolutamente nada, ni mis hermanos lo había hecho. Se nos regaló absolutamente todo en bandeja de plata.
Los mejores juguetes. La mejor ropa. Las mejores atenciones –porque si bien justo ahora ni Carlisle ni Esme se encontraban con nosotros, para apoyarnos cuando los necesitábamos, siempre fueron padres amorosos y consentidores de nuestros caprichos–. Los mejores colegios. La mejor educación. Instruidos en artes, cultura, modales, elegancia y todo lo necesario para resaltar en sociedad. Sinceramente, nunca había visto más allá de las pecas en mi nariz; con mis hermanos bajo mi protección jamás creí necesario enfocarme en otra cosa, nunca pensé que algo más requiriese de mis atenciones.
Evidentemente Bree no pensaba igual que yo.
Ella si había visto más allá. Ella había visto el mar de cosas que hay en el mundo con el simple hecho de hacerse amiga de un niño con una vida completamente diferente a la nuestra; si bien también era procedente de una familia que, a simple vista parecía bastante unida, no llevaba la calidad de vida que teníamos nosotros. Y se había vuelto empática a su situación.
Por vez primera, en lo que parecía ser una vida entera, no iba de camino a mi oficina revisando papeles o analizando los estados de la bolsa. Me permití ver a la gente caminando a sus trabajos. Antes de entrar al edificio Cullen noté a un pordiosero con una guitarra, entonando con voz en cuello las notas de Bon Jovi con la canción de 'Have a Nice Day'. El vigilante de la puerta me recibió con un amistoso 'buenos días señor Cullen' y pareció asombrado cuando le devolví el saludo. La recepcionista, con un maquillaje pesado en el rostro y con cara de no haber dormido más de un par de horas, mascaba un chicle desagradablemente –no pude evitar que la imagen de una mula masticando su alimento se me viniera a la mente. Me dirigí de inmediato al elevador, reuniéndome con otros que también lo esperaban; una mujer con un portafolio que hablaba en susurros al teléfono –algo acerca de recoger a los niños de la escuela y que no se olvidara de las clases de karate de Johnny–, un hombre que miraba insistentemente su reloj y las puertas del elevador, un hombre gordo que se comía una rosquilla con prisa y le daba suaves sorbos a su café, una mujer de unos 45 años con un montón de sobres manila en sus manos y sobre estos equilibraba una taza de café de Starbucks.
El elevador por fin llegó y entramos todos, mientras llegábamos al piso 15 –donde se encontraba mi oficina–, gente entraba y salía del mismo elevador. Salí a mi piso junto con el chico mensajero –con sus audífonos a todo volumen escuchando The Cranberries–. Mis empleados apurados en sus oficinas, llevando y trayendo papeles. La señorita Sheppard no estaba en su escritorio, y secretamente rezaba para que no fuera a venir hoy.
Entré a mi oficina viendo todas mis esperanzas desechas al ver en mi escritorio a la susodicha, con la falda más corta que le había visto en todo el tiempo que llevaba trabajando aquí, una blusa que parecía más algo que debería llevar debajo de la ropa por lo revelador.
– Edward –escuché saludarme a la más perra de las perras –hasta que por fin decides dejar de hacerme esperar.
La susodicha estaba sentada a lo largo de mi sillón de cuero, con la espalda en el reposa brazos y sus pies descalzos (cubiertos por medias negras que escondían su fin en el interior de su falda), en el otro lado.
– Hola Rose –la saludé. – ¿Qué tal cómo estás?
– Perfecta como siempre –contestó levantándose del sillón, sin molestarse en ponerse de regreso los zapatos que descansaban aun sobre la alfombra, para venir a darme un beso en la mejilla. – No esperaras que me ponga de nuevo esas cosas, solo para venir a saludarte a ti niño bonito.
Rodé los ojos ante el apodo.
Rose y yo nos conocíamos desde que fuimos concebidos. Nuestros padres se conocían de la universidad y cerraron uniones cuando el bufete de abogados Hale&Platt y asociados se convirtió en el bufete oficial de Cullen Enterprise; y claro cuando mi padre se casó con la hermana de su mejor amigo.
De niños yo me encargaba de arruinarle el cabello con cualquier sustancia pegajosa o mal oliente –y si era ambos mejor– que me encontrase por ahí, mientras ella se concentraba en meter cosas en mis pañales o calzoncillos.
– No Rose, no lo espero, sinceramente no sé por qué insistes en ponerte esas cosas –dije abrazándola.
– Puedes preguntarle a Royce, estoy segura que él te dará todas sus razones –contestó con una sonrisa lobuna.
Royce, un idiota que heredo la empresa de sus padres a sus cortos quince años y que se creía el rey del mundo. Y por supuesto, el prometido de mi prima.
– No quiero saber –dije inmediatamente.
– ¿Qué rayos haces aun ahí? –le dijo Rose a mi secretaria, con clara muestra de fastidio.
– Ordeno la papelería señorita Hale –respondió ella, dirigiéndome una mirada cómplice junto a una sonrisa seductora.
Y entonces escuché a Rose inhalar con fuerza y ahí supe que todo se había ido a la mierda.
– Hágalo después señorita Sheppard, le aseguro que no moveré nada de lo que está ahí. Ahora salga para que pueda hablar con mi abogada.
Ella asintió y salió de mi oficina, contoneando las caderas. Antes de que saliera de la oficina la tome del brazo y ella sonrió.
– Ponte algo encima de eso –le susurré al oído con voz fría. –Esta es una empresa discográfica decente, no un prostíbulo.
La solté y cerré la puerta, y en cuanto eso sucedió Rose gritó.
– No puedo creer que te acostaras con esa zorra.
– Rosie…
– ¡No! No, no, no, no y NO Edward Cullen. Se supone que tienes estándares.
Suspiré.
– Bueno…
– Ni siquiera es bonita –me interrumpió–, y se nota a leguas que es toda una zorra caza fortunas. Por Dios Edward, lo intentó durante tres años y te creí mucho más inteligente que eso, en serio.
– ¿Me vas a dejar hablar? –inquirí molesto.
– Bien –espetó ella, cruzándose de brazos.
– Los estándares se van a la mierda cuando tienes ganas ok… – murmuré avergonzado.
– Pero nada te justifica que haya sido exactamente ella. Para eso existen los burdeles, strippers y todas esas mierdas a dónde van los hombres ¿Olvidaste acaso el reglamento de la empresa? Por Dios Edward, sabes que te adoro, eres como el hermano que nunca tuve –dijo acercándose a mí y mirándome con cariño. – Y, precisamente porque te adoro, te digo que esa mujer va a intentar sacar provecho de esto.
Suspire.
Lo sabía. Mierda que lo sabía, no tenía nada con que justificar mi conducta de ayer más que las jodidas ganas que tenia de coger y las provocaciones de ella.
– Te cuidaste ¿cierto?
La mire como si tuviera tres ojos. Obviamente lo había hecho, era estúpido pero no tanto.
Rose suspiró.
– No te preocupes ¿de acuerdo? Haré lo que debo hacer…
– ¿La despedirás?
La mire entornando los ojos.
– No, no puedo hacer eso. Si lo hago entonces si me va a joder Rose, no seas idiota –me sacó la lengua–. Y si vuelves a interrumpirme te pondré tinta de sellador en el cabello.
– ¡No te atrevas! –me gritó. –Me acabo de hacer reflejos y no los vas a arruinar.
– Entonces cierra la jodida boca de una buena vez –le gruñí, a lo que ella semejo poner un cierre y candado a su boca. – No la voy a despedir, porque en menos de 30 minutos tendría un asunto legal a cuestas. La moveré de lugar. El puto problema es que ella en verdad era eficiente. Joder, es una zorra ofrecida pero sabe hacer su trabajo.
Y no solo en la oficina –Pensé para mí.
– No quiero una tarada cualquiera que no sepa lo que es un reporte de los contratos anuales de la compañía y que se asuste cuando alzo la voz.
– Pues tienes que buscar a alguien, porque si se le ocurre hablar a esa calabaza de bote, la junta directiva te va a joder –dijo Rose. – Y bien, hablando de temas mucho mejores y más agradables me gustaría saber de mi querida primita ¿Aun sigue con sus clases de Ballet?
– Si, aun sigue con ellas. Y justo ahora no está pasando por un buen momento.
– ¿Por qué? ¿Sucedió algo?
– Un amiguito del colegio…
– Oww el primer amor –me interrumpió de nuevo.
Me levanté del sillón y abrí el cajón de mi escritorio y saque la tinta para sellos.
– No. Edward no lo hagas, ¡Edward! –gritó mientras la perseguía por la oficina.
Escuché que la puerta se abrió y Rose vio su oportunidad para escapar. Así que corrió allá tal y como estaba, sin zapatos, sin chaqueta y con su bolso Gucci sobre la mesita de centro, –no sin aventarme los cojines sobre los sillones 'para distraerme' y una carpeta kardex–, pero para su mala suerte era Jasper quien estaba en la puerta, seguramente alertado por los gritos de rata de nuestra prima. Jasper en lugar de dejarla pasar, la agarró por la cintura y trabó la puerta.
– ¡No! ¡Par de miserables bastardos! ¡Suéltame Jasper!
Jasper la tiro sobre el suelo y agarrando sus piernas –que Rose había fortalecido con los años para darnos unas experimentadas patadas–, para evitar sus golpes y yo me senté sobre su pecho embadurnándole el pelo de tinta.
Rose gritaba, nos insultaba y se retorcía como lombriz debajo de nosotros mientras reíamos.
¡Holiwis!
Sip, sigo aquí, no he muerto ni nada, sólo he estado aquí jeje... les pido una disculpa enorme pero no habia podido actualizar para nada :/ primero no tenia internet y luego todos los preparativos para el regreso a la universidad fue una locura, casi casi no estudio este semestre, pero al final si pude y pues aquí estoy.
Igualmente les agradezco por todas las alertas que habian llegado a pesar de que no habia actualizado y por supuesto los Reviews.
Mil, mil gracias, por que el saber que les gusta esta historia me hace seguir escribiendo.
Espero que este capitulo les haya gustado. Trataré de subir otro más tarde.
¡Besos!
