Disclaimer: Los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.


Capítulo 4: ¡Nos vamos de fiesta!

Por fin sábado, después de esa agotadora semana Kagome sentía un alivio infinito de poder usar ese día para descansar, su plan: pasar todo el día echada en la cama y sin hacer nada. Si, era un buen plan de sábado para una adolescente de quince años, ¿no?

O bueno, eso creía, porque ese sábado sería todo menos tranquilo, su abuelo salió con su hermano Sota, mientras que su madre se quedó en la casa haciendo los oficios del hogar, hasta el medio día el plan iba a la perfección, no había salido del cuarto y nadie la había molestado, hasta que su madre entró a su habitación.

-Kagome, deberías arreglarte, ¿no saldrás hoy?

La pelinegra sintió un terrible mal humor, la acababan de despertar, ¿Qué parte de –no me molesten en mi día libre- no había entendido su madre? Se destapó de las cobijas, con los ojos entrecerrados y una clara actitud de pereza, se dirigió a su progenitora.

-Mamá, no voy a salir, voy a descansar todo el día.

La señora Higurashi forzó una sonrisa mientras que con fingida "amabilidad" desarropó a su hija, y ella forcejeaba para quedarse con sus cobijas.

-Kagome, no es una sugerencia, es una orden, si no vas a salir al menos arréglate y haz algo productivo.

Gruñó mientras salía de la habitación gritándole que más le valía comenzar a hacer algo, bufó, pelear con su madre era caso perdido, si ella le decía algo, debía obedecerle, aunque la señora Higurashi bien parecía amable y comprensiva, sólo Kagome la conocía en su "modo asesino" por lo que tenía perfectamente claro que era mejor no hacerla enojar. Malhumorada comenzó a organizar su cuarto, acomodando algunas cosas y botando todo lo que no sirviera, tenía suficiente dinero para comprar materiales necesarios, entonces recordó que su amiga Sango era su ayudante predilecta, emocionada se lanzó a la cama en donde yacía su móvil para enviarle un mensaje, y justo en ese momento lo recordó.

¡La fiesta!

Tenía claro que así la arrastraran no iba a ir, ya se inventaría alguna tonta excusa para no ir, pero por ahora no podía llamar a la castaña, no, si no se quería ver involucrada con una fiesta a la que no iba a asistir. Se medio arregló con ropa casual y salió a caminar, a la vuelta había un parque que había visitado un par de veces, le parecía tranquilo, perfecto para despejar la mente, y posiblemente no se encontraría con nadie, se sentaría cómodamente bajo la sombra de un árbol y dormiría, si, al menos no estaba desobedeciendo a su madre.


Caminaba sin rumbo alguno, estaba realmente aburrido y ese mocoso no había dejado de fastidiarle, luego de darle un paseo por el parque en la mañana, volvió a la casa a esperar a su padre, quería librarse de su primo lo más pronto posible, y salir un rato, alrededor de las tres de la tarde, el señor Inu llegó al hogar, por lo que luego de esa hora estuvo libre. Ahora caminaba por las calles de Tokyo, buscando algo que hacer, entró a un billar, un lugar que no visitaba hacía mucho tiempo, y aprovechó su tarde de ocio para entrar, allí tenía algunos conocidos, era una buena distracción, caminó hasta que lo llamaron.

-¿Taisho? Milagro en verte por acá. – Pronunció un pelinegro que acababa de golpear la bola blanca con el taco.

-Miroku. – Saludó el peliplateado. – Tienes razón, hace tiempo que no venía por estos lares, creo que me hacía falta ya.

-InuYasha, ¿Tres bandas o pool? – Preguntó mientras lanzaba un taco, el cual fue recibido ágilmente por el Taisho.

-Tres bandas.

Si bien, InuYasha parecía un asocial en el colegio, consideraba a Miroku un buen amigo, aunque pocas veces hablaba con él en clases, si se encontraba frecuentemente con él para salir, todo gracias a que hace casi tres años, se encontraron casualmente en ese mismo billar, se habían visto en la escuela, pero jamás hablado, y Miroku quien por primera vez visitaba un sitio así, fue molestado por otros chicos de más edad, él de trece años sólo pudo sentirse como un marginado, ya que ni sabía jugar, ni nadie quería jugar con él.


Sesshomaru, no acostumbraba a visitar esos sitios, sin embargo fue llevado un par de veces por su hermano menor para que le enseñara a jugar, y posteriormente, este acostumbró a ir casi a diario, con tal de pasar el tiempo. Además había otra razón, Mizuki, una chica de diecisiete años trabajaba como mesera en el lugar, sin duda era linda, por lo que InuYasha, el Casanova de trece años, frecuentaba el billar con tal de ver a la linda mesera. Mizuki a veces le seguía el juego, pero no le daba pie suficiente, sólo le parecía divertido que un chico menor que ella la intentara conquistar, un día estaban distraídos cuando un golpe resonó en el establecimiento, la chica inmediatamente se incorporó a ver que sucedía, y pudo divisar a un pelinegro tirado en el suelo con un golpe en la mejilla. InuYasha prontamente se levantó y corrió a auxiliarlo, una vez lo identificó como compañero de clases, lo defendió de aquellos matones, quienes lo superaban en edad y tamaño, pero aunque el peliplata se sintiera muy valiente, no pudo contra los chicos, y junto con Miroku, quedaron en el suelo, golpeados, Mizuki sacó a los alborotadores del billar, claro que con ayuda del jefe, y luego atendió a los chicos, pidiéndoles que evitaran los problemas, sin embargo ellos siguieron frecuentando el billar, sólo que ahora lo hacían juntos, InuYasha le enseñó a Miroku, y con el paso del tiempo formaron una amistad, sólo que esta no era conocida en la escuela.


Miroku golpeaba ágilmente con el taco, mientras InuYasha sentía cómo el pelinegro cada vez era mejor que él, posiblemente, porque ya casi no iba al billar, pero no se iba a dejar de su amigo.

-Veo que has venido mucho últimamente, has mejorado bastante, pero no creo que lo suficiente para superarme. – Dijo el peliplata mientras se inclinaba y daba un golpe certero a la bola vinotinto.

-¿Tan confiado estás? – Sonrió Miroku. – Cierto que eres muy bueno, pero sé que ya te he superado.

-Claro, como ahora no sales de acá. – Rió Taisho. –Por cierto, ¿Y Mizuki?

-Por ahí debe de estar. – Respondió Miroku. – Sólo que ahora sólo trabaja en las noches, y los fines de semana, ya sabes por la universidad y eso.

-Hace tiempo no la veo. – Sonrió con cierta melancolía. – Y, ¿Cómo vas con esa chica de la que me has hablado?

El pelinegro sonrió, mientras tomaba asiento en frente de la mesa de billar, sacó un cigarrillo, se lo llevó a la boca mientras lo encendía.

-No lo sé. – Exhaló el humo, pensativo. – Ella es diferente a las otras, es como un reto, y eso es lo que me atrae de ella.

-¿Tan difícil es? – Rió InuYasha. – Y yo que pensaba que para el gran Miroku no había chica que se le resistiera. - Se burló mientras tomaba asiento a su lado y le quitaba uno de los cigarros.

-¿Yo el gran Miroku? – Rió. – Bien si lo soy, pero tú no te quedas atrás.

-Miroku tiene razón InuYasha, creo que tú le ganas en eso.

Apareció una chica rubia de unos veinte años, tenía un cuerpo bien proporcionado, y unos hermosos ojos azules, no eran características de una japonesa, ella tenía descendencia americana, pero se había criado en el país nipón.

-¡Mizuki! – Saludó el peliplateado con una sonrisa y un cálido abrazo a la rubia. –Cuanto tiempo sin verte.

Mizuki correspondió al cariñoso saludo, tomó asiento frente a ellos, saludó de igual manera al pelinegro.

-Mizuki, tráenos algo de tomar. – Ordenó el pelinegro.

-Ustedes son unos niños, no pueden beber. – Rió la rubia. – Ya los dejan fumar y eso es mucho.

Ambos bufaron y desviaron la mirada, Mizuki siempre los había visto como unos niños, y por más que ahora tenían dieciséis años, la chica los trataba como hermanos menores, y ellos la veían como una hermana mayor, con quien podían hablar y recibir consejos.

-InuYasha, hoy hay fiesta en casa de Koga, ¿sabías? – Dijo Miroku. - ¿Vamos?

-Si sabía. – Respondió molesto. – No voy a ir a la casa de ese idiota.

-Qué inmaduro Inu. – Rió Mizuki. – Deberías ir, a ver si consigues una chica o algo.

-Mizuki, yo sólo tengo ojos para ti, pero tu ni me das la hora. – Sonrió InuYasha, dándole una calada al cigarrillo.

-Es broma, el Don Juan ahora está con alguien. – Dijo Miroku.

-¿Ah si? – Dijo Mizuki sorprendida. - ¿Quién es la afortunada?

-¡Admites que tienes celos! Ya quisieras tú estar en la posición de Kikyo.

-Claro que sí, no sabes cómo eso me hace sentir. – Dramatizó la rubia. - ¿Quién es ella? Parece que la quieres.

-Kikyo es una chica de la escuela, está en último año, ya lleva casi un año con InuYasha. – Respondió Miroku. – La debe querer, porque imagínate a este idiota en una relación seria, eso es casi un milagro.

-Me alegra escuchar eso. – Dijo Mizuki. – Espero que hayas cambiado así sea un poco, ya sabes que a las chicas no nos gustan los mujeriegos. – Le guiño un ojo. – Y tú también Miroku, si quieres conquistar a Sango, deberías dejar de tocarle el trasero a todas las chicas. – Continuó mientras forzaba una sonrisa. - ¡Y también a mí! – Dijo apartando la mano traviesa del Houshi.

-Mizuki, es la maldición, ya sabes…

-Nada de maldición Miroku. Yo me voy, tengo que seguir trabajando.

La rubia se levantó y dejó a ambos chicos solos.

-¿Es Sango? ¿Por qué no me habías dicho que era ella? – Preguntó el peliplata con una mirada traviesa. – Ella no es difícil, ¡es imposible!

-Por eso precisamente no te había dicho, sabía lo que dirías, pero es que ella es tan hermosa. – Suspiró con resignación. – Por cierto, por eso es que quiero que vayas hoy a la fiesta, ella aceptó ir, pero también iremos con Kagome, la chica nueva, necesito que alguien la distraiga, y como ella está trabajando en tu casa, creí que podías ayudarme…

-¡¿Qué?! Estás loco si piensas que quiero ir contigo y esa niñata. – Gruñó levantándose del asiento.

-Vamos InuYasha. – Insistió el ojiazul. – Hazle un favor a tu mejor amigo, mira que yo no te pido nada.

El de ojos ámbar se negó unas cinco mil veces, pero luego de insistir, terminó aceptando, la obstinación de Miroku era bastante, y siempre conseguía lo que quería, así tuviera que prometer algo, como en este caso debía prometer que no le pediría nada nunca más en la vida, claro que el pelinegro no lo prometía del todo, al fin y al cabo, no se sabe cuando más podría pedirle algo a su amigo InuYasha. Ambos sabían que esa promesa sería imposible de cumplir, pero el peliplata sólo quería que Miroku dejara de molestarle, además que podría ser una buena oportunidad para ganar la apuesta con su padre.

-Si me ganas en la partida de billar, iré. - Sonrió Taisho, Miroku asintió igual con una sonrisa.


La familia Higurashi charlaba tranquilamente luego de la cena, mientras Kagome organizaba la cocina y lavaba la loza, luego de dormir toda la tarde bajo el árbol volvió a su casa alrededor de las cinco de la tarde a seguir durmiendo en su habitación. Todo iba normal hasta que escuchó el pito de un carro, y posteriormente la voz de una chica gritando: Kagome, ¿Ya estás lista? Empalideció y dejó caer un plato que estaba secando, la madre, hermano y abuelo la miraron interrogantes.

-Kagome, no me dijiste que saldrías en la noche. – Dijo la madre esbozando una disimulada sonrisa.

-Eso es porque no saldré, han de estar equivocados.

Respondió molesta, mientras caminaba en dirección a las escaleras, su madre sonrió dirigiéndose a la puerta, la abrió mientras veía como una castaña se acercaba hasta el portón.

-¡Sango! ¡Qué bueno verte por aquí! – Dijo la señora Higurashi. – Voy a llamar a Kagome para que salgan. – Sonrió. - ¿Gustas pasar? Por cierto, ¿A dónde irán?

Sango asintió, mientras entraba tímidamente a la casa.

-Hay una fiesta de un chico de tercero, Miroku, un amigo nos llevará a ambas, ¿Kagome no le dijo?

-Que bueno, no realmente no, espérame la llamo.

La señora Higurashi subió hasta la habitación de su hija, entró y vió a Kagome acostada, repitiendo: "No voy a ir, no voy a ir, diles que estoy enferma o algo" Su madre rió divertida y empezó a jalar a la pelinegra por las piernas, y ella se agarraba con desesperación a las barandas de su cama.

-¿Por qué no me habías dicho? Es bueno que tengas amigos y salgas con ellos, estás en esa edad.

¿Esa edad? Su madre estaba definitivamente loca, ¿En qué familia demencial la madre obliga a sus hijos a asistir a fiestas con alcohol, drogas y esas cosas?

-¿Es que no te importa a donde vaya? ¿Qué clase de madre eres?

-Una madre que apoya a su hija. Si no vas, le pido a Sango que suba y ella si te saca de estas cuatro paredes.

Kagome bufó molesta y sin muchos ánimos comenzó a buscar algo que ponerse, claro el plan iba en hacerle creer a su madre que iría y cinco o diez minutos después volver por algún extraño problema. Si, ese plan era perfecto y no tendría porque fallar. La señora Higurashi con un extraño sexto sentido previó esto y le dijo a Sango que le ayudara a arreglarse, la chica con diligencia se dirigió a su habitación a ayudarla. Kagome tendría que soportarlo, no quería pelear, el nuevo plan: escapar cuando Sango y Miroku estuviesen distraídos.

-¡Estás preciosa! – Dijo la señora Higurashi mirando a Kagome que usaba un vestido color azul claro con unas zapatillas del mismo color, Sango la maquilló de manera sutil. - ¿Verdad que sí?

Sango asintió, mientras que el Abuelo y Sota sonrieron de oreja a oreja elevando el pulgar. Se escuchó el pito proveniente del auto del Houshi, Sango jaló a Kagome hacia la calle.

-¡Nos vamos de fiesta! – Gritó enérgica la castaña. –Alégrate Kagome.

-Si… - Dijo la pelinegra con fingida emoción y tono de voz bajo mientras alzaba desganada su brazo derecho.

Entraron al auto, Sango adelante como copiloto y Kagome atrás, saludó a Miroku sin ánimos.

-Se demoraron mucho.

-Miroku, ¿a quién le robaste el auto? – Inquirió Sango.

-Me lo prestó mi papa… - Respondió decepcionado. - ¿Cómo crees eso de mi, Sanguito?

-Ah pues yo no sé…

Kagome desde atrás observaba la escena divertida, era gracioso ver como esos dos se trataban, cuando a leguas se notaba que ambos se gustaban, todo iba bien hasta que la mano "maldita" de Miroku se volvió al asiento de Sango buscando sus posaderas, Kagome se tapó la vista esperando la reacción. Se escuchó una bofetada.

-¡Más te vale dejar esa maldita mano quieta! O no voy contigo a ningún lado.

Miroku suspiró resignado, y aceleró el auto, Kagome volteó su rostro en dirección hacia su casa y vió a su madre agitando su mano, giró y dio una mirada fugaz a la casa del frente, estaba a oscuras, no se veía movimiento, posiblemente ni se iba a encontrar con InuYasha, suspiró aliviada, para luego volver a mirar al frente a un Miroku concentrado y una Sango en silencio. Sería un largo viaje.


¡Buenas buenas, lectores!

Vengo terriblemente avergonzada por no actualizar en casi un mes :'c *Se esconde* Me disculpo con ustedes por no haber subido el capítulo antes, a pesar de que estoy en vacaciones, mi musa desapareció y quien sabe cuando se dignará a volver... Este capítulo no salió como esperaba y eso que le dí vueltas por días y días, sin embargo a la final como que sí me gusto un poco, espero que a ustedes también les agrade.

Ya sé que prometí más parejas, pero como dije, el capítulo de la fiesta se aplazó (?) xD Pero les prometo que el próximo si tendrá lo que prometo xd y aspiro actualizarlo como máximo en una semana. Espero que les guste este capítulo y me dejen sus opiniones o algo, ya saben que todo lo que puedan decirme o sugerirme, lo recibo n.n

Gracias:

Azucenas45 por tu Review, me alegra que te intrigue tanto :3 Y tranquila que en este fic Kagome es bien difícil (o eso creo) no la tendrá para nada fácil InuYasha. Espero te haya intrigado también este ^^.

Elena 79 por comentar n.n Lo sé, jaja se idiotizó InuYasha xD Yo también quiero un trabajo así jajaja. Espero que este capítulo sea de tu agrado.

Invitada me alegra que te haya gustado lo que va del fic, espero te siga gustando con este capítulo ^^.

Jossy-chan ¡Bienvenida! Me hace feliz que te agrade mi fic, bueno respecto a la narración, me siento más cómoda con el omnisciente, pero creo que me animaré a hacer un par de capítulos desde el punto de vista de los personajes, espero te guste este capítulo :3.

Gracias por leer y comentar, nos leemos en el siguiente capítulo.

Saludos n.n