Hola, hola nakamas. ¿Cómo os va? Bueno, pues aquí venimos con el cuarto capítulo de "hay muchas formas de pagar". Esperamos que os esté gustando ^^ si, ya lo sabemos, las violaciones no son agradables, y menos cuando es a Sanji… Pero, como decimos entre nosotras, es estrictamente necesario, aunque después soltemos lágrimas de cocodrilo, shishishi. En fin, aquí está la cuarta parte, en la que Zoro encuentra al pobre rubio y lo lleva a la enfermería, ¿qué pasará? A leer n.n

Hay muchas formas de pagar:

-Eh, eh-Zoro se agacha alarmado en el piso del ascensor.

Su deudor ha aparecido ante sus ojos desnudo, desmayado, lleno de sangre y de semen. Le acaricia la cara, apartando unos mechones de pelo de su frente, empapados de sangre, tiene un golpe feo en la cabeza, entonces se fija en el pie herido, el cual no tiene venda y sangra, aparte de que tiene un morado alrededor de la herida, y ésta está más grande. -¿Pero qué ha pasado aquí?-se pregunta confundido-, puede que el grito que escuché antes fuese suyo.

Va vestido para salir a una reunión, pero no puede dejar al chico en ese estado. Se quita la chaqueta y cubre en la medida de lo posible el maltrecho cuerpo del rubio, cogiéndolo suavemente. Su vista no puede evitar irse hacia su parte de atrás, de ahí proviene también la sangre aparte de la del pie.

-¿Qué te han hecho?-no puede soportar esa visión, alguien ha maltratado y violado a Sanji, eso se ve de buenas a primera, ¿pero quién ha sido? Se lo preguntará en cuanto despierte…

El ascensor llega a la planta cinco, la de la enfermería y Zoro sale atropelladamente, casi arrollando a un par de sus hombres que bajan a comer, los cuales se quedan sorprendidos de ver a su jefe con un muchacho desnudo en brazos cubierto de algo altamente sospechoso.

-Paso, paso, ya habrá explicaciones después-les interrumpe el peli verde cuando sus hombres están a punto de preguntar por el muchacho.

Para fortuna de Sanji, Chopper sale de su consulta para ir a comer, por lo que Zoro al verlo va embalado hacia él.

-Chopper, Chopper, rápido, algo le ha ocurrido.

El pequeño doctor se vuelve loco llamando a un médico, cayendo en la cuenta poco después de que él mismo lo es. Se transforma a su forma humana, tomando al muchacho, poniéndolo en la camilla, sacando a Zoro fuera a empujones, para hacerle un chequeo y unas curas a Sanji.

Al cabo de una hora y algo más, el renito sale, haciéndole una seña de que el Don puede pasar a la consulta.

-Lo han violado, muy bruscamente-le informa de primera mano el doctor, indicando que tome asiento-, era su primera vez, por la que ha quedado muy dañado, y he tenido que coserlo, lo habían desgarrado completamente. Su pie herido está bastante mal, le han abierto la herida, además de hacerle una fisura en los huesos del empeine y su cabeza presenta un golpe en la sien, hecho con una superficie dura. Tiene una pequeña hemorragia interna debido a la violación, sus tobillos y muñecas tienen marcas de haber sido amarrados fuertemente y sus manos están lastimadas, aplastadas con algo-a cada palabra del renito, Zoro se ha ido poniendo cada vez más blanco, mirando a Sanji, tendido en la cama, inconsciente, con la cabeza vendada y una vía en la brazo derecho.

Se levanta y le acaricia la cabeza, ¿quién habrá sido tan desalmado de haberle hecho eso? Sanji gime, parece estar teniendo una pesadilla, ya que de sus ojos se escapan lágrimas y mueve sus manos inquieto. El peli verde le toma una de estas con cuidado y la acaricia por encima de la tela, susurrando calmosamente para intentar calmarlo, parece que surte efecto, pues Sanji deja de moverse, pero antes de quedar totalmente en silencio, tres palabras hacen que el jefe se desconcierte:

-Luffy… La carta-murmura.

-¿Luffy?-se pregunta confundido-, ¿acaso tiene que ver con lo que le ha pasado?

Despidiéndose del Chopper y dando una última mirada a la figura del rubio, Zoro se dirige al ascensor, por suerte no se pierde y pulsa el botón del segundo piso, seguro que está en la cocina, atracándola como siempre. Quiere descubrir qué tiene que ver el chico de goma con la violación de Sanji.

Ya en el ascensor, mira al piso, encontrándose con los restos de sangre que soltaba el rubio y con la sustancia blanca. Una idea cruza por su cabeza, sale del ascensor, encontrándose con el de la limpieza y ordenándole que no limpie el suelo del ascensor, yendo a su cuarto como una bala, ya que esta en el mismo piso.

Entra en tromba a la pieza, dirigiéndose al baño y revolviéndolo todo, hasta encontrar lo que busca, un frasco de cristal. Tomando el objeto, sale de nuevo, corriendo hacia el ascensor, se ha entretenido más de la cuenta, pero ya le advirtió al de la limpieza. Casi derrapando delante del ascensor, entra, dispuesto a recoger una muestra, para mandarla al laboratorio y descubrir al causante de todo esto, pero mayor es su sorpresa cuando se encuentra el suelo totalmente limpio y con olor a lejía.

-¿Qué?-busca con la mirada al de la limpieza, encontrándole en uno de los pasillos laterales. Hecho una furia, toma al pobre hombre de las solapas, levantándolo del suelo. –Te dije que no limpiaras el suelo del ascensor-le grita.

-N-no he sido yo, señor-tartamudea-, alguien llamó al ascensor, y cuando lo llamé de nuevo, ya estaba limpio-explica.

-¿A qué piso lo llamaron?-pregunta, soltando al chico.

-Al piso cuatro creo, señor.

Soltado un par de maldiciones, va hacia las escaleras y comienza a subir, pero está tan ofuscado, que no repara, en su sentido de la orientación, pésimo como siempre, y se pierde, llegando a un punto en el que no sabe siquiera dónde está.

-Mierda-ruge, pegando un puñetazo a una pared.

Intenta buscar las escaleras, pero es un caso perdido, así que se pone a dar vueltas, hasta que se topa de morros con Saga.

-¿Has visto a alguien sospechoso por aquí, Saga?-pregunta a su subordinado de sopetón.

-No Zoro, ¿ha pasado algo?-se preocupa el peli plata.

-Han violado y maltratado a Sanji, y lo han dejado en el ascensor-responde el Don rápidamente.

-Vaya, ¿y se sabe algo?

-De momento no… Iba a recoger una muestra para mandarla al laboratorio, pero alguien ha limpiado el ascensor… ¿Has visto a alguien?

-No, no he visto a nadie, Zoro… ¿Está Sanji muy mal?

-Lo han desgarrado completamente, está bastante débil… ¿Me haces el favor de llevarme a la quinta planta?-casi le grita, desesperado.

-Sí, si…

Saga guía a su jefe a través de los pasillos, hacia el ascensor de nuevo, riendo interiormente, ¿así que ha desgarrado al rubio? Vaya, qué lástima. Zoro está tan sumamente cabreado que no se da cuenta de que Saga tiene en sus labios una sonrisa que haría temblar al más gallardo.

Finalmente, llegan al ascensor, se encuentran en la planta tres, por lo que suben y pulsan el último piso, yendo de nuevo a la consulta del doctor. Saliendo atropelladamente del cubículo, Zoro se abalanza hacia la consulta, al ver salir de ella al renito junto con otro muchacho.

-Llévalo rápidamente, Usopp-le habla el doctor al moreno.

-No te preocupes, Chopper, iré en barco volador súper rápido del gran Usopp-sama-proclama el de la nariz larga.

A Chopper se le ponen los ojitos brillantes, pidiendo a gritos al que se aleja que alguna vez le dé una vuelta en el barco. Con unas risas, el narigudo pasa delante de los dos hombres, saludándolos con respeto, yendo rápidamente a la misión que el doctor le ha encomendado.

El renito espera en la puerta a Zoro, el cual va hacia él como una bala, asustado de la cara de desesperación que el jefe trae, se hace a un lado, haciendo que Zoro entre como un elefante en una cacharrería en la enfermería, casi cayéndose encima de Sanji, el cual se despierta con un grito al oír semejante escándalo.

Se incorpora ligeramente, crispando el gesto en una mueca de dolor, llevándose la mano a la cabeza y notando la venda que rodea a esta. Ve a Zoro estampado la cara contra el suelo, producto de haberse tropezado con la cama. Sanji mira hacia abajo, viendo al pobre hombre, sacudiéndole la espalda un poco, notando sus manos lastimadas. De repente, un flashback viene a su mente, y ahoga un grito al recordar lo que ha pasado, hace unas horas, tapándose la cara con las manos intentando controlar sus lágrimas.

Este gesto pone en alerta al doctor, el cual se acerca con rapidez hacia el rubio, intentando calmarlo, con palabras suaves. En el marco de la puerta, Saga mira con gesto divertido la reacción del muchacho y una sonrisa siniestra hace aparición en sus labios. Con paso imponente, avanza hacia el paciente. Sanji al verlo avanzar hacia él, se transforma completamente, encogiéndose sobre sí mismo, mirándolo con su ojo visible muy abierto.

-Hola Sanji, ¿Cómo te encuentras?-pregunta como si nada-, ¿recuerdas quién te hizo esto?-finge preocupación.

Zoro observa a Sanji ansioso, como si de un momento a otro revelase el enigma, pero el rubio solamente agacha la cabeza y susurra un bajo no. Decepcionado y ansioso, al jefe toma por los hombros a Sanji y le obliga a mirarlo, pidiéndoles a los otros dos que abandonen la sala.

Cuando por fin se quedan solos, un escalofrío recorre el cuerpo del rubio y acto seguido, se pone a llorar, en bajo, abrazándose al jefe, lo cual le pilla a este por sorpresa. Sin saber o qué decir para consolarlo, se sienta a su lado en la cama y lo rodea con sus brazos, apoyando la mejilla del rubio en su pecho, dejándolo que llore, acariciándole suavemente la espalda, hasta que poco a poco, con los minutos pasando, Sanji termina por calmarse.

-¿En serio no recuerdas quién te hizo esto?-pregunta en un susurro, sin dejar de acariciarle la espalda.

-N-no, no lo recuerdo-responde en el mismo tono, aferrándose con más fuerza a su camisa, ocultando su rostro, para que no viera su cara… Le da vergüenza que lo mire, se siente sucio por haberse dejado chantajear por semejante persona.

Sintiendo que el cuerpo del rubio comienza a temblar de nuevo, Zoro le toma la barbilla y la alza, hasta dejar sus ojos a la misma altura, y lo mira, con una suave sonrisa.

-No te preocupes, Sanji, encontraré a quien te hizo esto, y le haré pagar-viendo que otra lágrima escapa de su ojo, el moreno con el pulgar de su gran mano se la limpia-, no permitiré que se te haga más daño, lo prometo.

Un ligero rubor cubre las pálidas facciones del rubio, que agacha la cabeza rápidamente.

-¿Q-qué te importo yo a ti? Solo soy uno más que te debe dinero-musita, quizá con un tono algo triste en la voz, deshaciéndose del agarre que el otro mantiene sobre su barbilla.

A Zoro se le parte el corazón de verlo así. De nuevo, vuelve a tomar su pálido rostro en su mano, esta al ser tan grande, casi puede envolverle la cara con ella. Con delicadeza, la otra mano le pone un mechón de pelo detrás de la oreja.

-Me importas, aunque no lo parezca, Sanji-con una última sonrisa, le acaricia la mejilla y se levanta de la cama, empujando al convaleciente contra la almohada-, descansa, lo necesitas. Averiguaré quién te ha hecho esto, y no volverá a hacerte daño, te lo he prometido antes-se da la vuelta y sale de la estancia.

-Gracias-susurra el rubio, mirándolo, con una pequeña sonrisa en la comisura de su labio, pera bajando inmediatamente la cabeza, y tumbándose, dándole la espalda.

Con una última mirada de reojo, el jefe sale y cierra la puerta suavemente.

-¿Cómo está?-pregunta el doctor con su vocecita.

-Muy mal, realmente lo dañaron, y no solo físicamente-responde el peli verde.

El cano disimula una sonrisa malvada, y mira hacia la puerta.

-¿Quieres que me quede yo a hacer una guardia?-se ofrece.

-No, yo mismo haré la guardia, pero he de ir a la reunión de esta tarde-duda un poco-, Saga, ve a buscar a Mihawk, él me sustituirá mientras estoy en la reunión.

-¿No confías en mi?

-Para este tipo de trabajo no, y no cuestiones mis decisiones, ve a buscar a Mihawk.

Con una reverencia burlona y ofensiva, se da media vuelta, para ir a buscar al otro espadachín.

Zoro cruje los puños de la rabia, pero se calma como puede e inicia una charla con el doctor.

-No he conseguido coger una muestra para saber quién es el agresor-dice, alicaído.

-No te preocupes por eso, Zoro. Yo la he recogido y se la he confiado a Usopp, llegará al laboratorio por la tarde a más tardar, si no tiene complicaciones-le revela el renito.

-Genial-exclama asombrado-, pero, es mejor que nadie más lo sepa. No se lo reveles a nadie, ni siquiera a Sanji, ¿entendido?

El reno asiente, pero lo que ninguno de los dos sabe, es que cierto personaje con sombrero de paja, inconscientemente se ha enterado. Apareciendo por detrás del peli verde, Luffy le mete tal susto que este en defensa propia desenfunda dos de sus katanas y le mete un tajo, que limpiamente el de goma esquiva.

-Jajaja, deberías haberte visto la cara Zoro-ríe el muchacho, haciendo que el renito también se ría y que a Zoro le salga una vena en la frente.

-Vete a asustar a tu abuelo y déjame en paz-gruñe.

-No puedo, está en una misión-contesta ingenuamente el pelinegro-, ¿dónde está Sanji? Tengo hambre.

-Está en la enfermería, herido-responde el reno.

-¿Quéeee?-Luffy abre la puerta y entra a la sala corriendo, para ver lo que le ha pasado al cocinero-, Sanji, Sanji, ¿qué te han hecho?

El rubio lo mira, y sonríe, ha venido a verle.

-Hola Luffy. No te preocupes, estoy mejor-le miente piadosamente al chico, para que no se preocupe.

-Me tenías preocupado, después de mandar la carta fui a la cocina pero no estabas-se ríe el chico de goma, sujetándose el sombrero.

-¿La carta? ¿Qué carta?-indaga Zoro, extrañado.

-Una carta que Sanji me dio para unas amigas suyas shishishi-contesta Luffy, sentándose de un salto en los pies de la cama, con las rodillas cruzadas, haciendo que Sanji haga un gesto de dolor-, ¿te ocurre algo?

-Serás animal-Chopper le mete tal guantazo que le tira al suelo, pero el chico rebota y se sube de nuevo, esta vez al hierro del cabecero, ante la mirada atónita del rubio-, ¿estás bien, Sanji?

-S-si, no te preocupes-intenta tranquilizar el susodicho al doctor.

-¿Qué es eso de una carta?-Zoro se acerca al convaleciente, para que le explique.

-No, no es nada serio… Solo es una carta que mandé a mi antiguo restaurante, para advertir a mi jefa de que voy a faltar al trabajo-duda un poco al contar esto, Zoro no puede enterarse de que Saga se está aprovechando de él, si no, Saga le acusará de haber matado a uno de sus oficiales.

-Vamos, dímelo, quiero ayudarte-intenta convencerle, arrodillándose ante él, y tomándolo por los hombros-, por favor.

-N-no… En serio, solo era para decirlas que estoy bien-a Sanji empiezan a acumulársele los nervios, y a temblarle las manos, al verse sometido a semejante presión- d-déjame, por favor-le pide, al borde del llanto-, no es nada.

Viendo que forzándolo a hablar solo empeorará las cosas, Zoro le deja, sentándose al borde de la cama y contemplándolo, aunque se lo haya dicho antes a Chopper, le revelará lo de la muestra.

-En seis o siete días sabremos quién te hizo esto-le dice-, hemos enviado una muestra al laboratorio para que identifiquen quién es el que te ha violado.

Un estremecimiento sacude la espina dorsal del Sanji, al recordar su primera vez. Se arropa con las sábanas, cubriéndose hasta el cuello, dando la espalda al Don. Éste, notando su metedura de pata se disculpa, y un ligero movimiento de cabeza por parte del otro le hace entender que no se preocupe, pero el resto de su cuerpo dice lo contrario, al temblar como un flan. Chopper, al ver que Sanji necesita descanso, echa a todo el mundo fuera, incluido él mismo, y cierra la puerta.

En ese momento llega Saga, precedido de Mihawk, al cual el peli plata no se ha molestado en contarle nada en absoluto. Con un gesto de desdén, se va de la pequeña reunión.

-¿Se puede saber qué le pasa a Saga?-pregunta Mihawk, mirando como su igual se marcha, escaleras abajo.

-No lo sé-responde Zoro-, Mihawk, quiero que te quedes vigilando a Sanji, por favor-le ordena.

-¿Ha ocurrido algo?-el de la barbita inclina la cabeza, acatando la orden.

-Lo han violado, y lo han herido más grave de lo que antes estaba… Ahora está descansando. Harás turnos junto con Franky, Saga os irá diciendo las guardias de cada uno, por favor, mantenedlo a salvo, yo también participaré en las guardias-mira un reloj colgado en la pared-, son las tres menos cuarto, a las seis menos cuarto mandaré a Saga a por Franky para que te releve, y después, en la noche, haré yo la guardia, después de mi reunión.

Con un elegante movimiento, Mihawk acata su orden, y con permiso, abre la puerta de la enfermería, para meterse dentro y hacer su turno. Mientras tanto, Chopper acompaña a Zoro hacia la puerta principal, para que pueda coger coche que lo llevará hasta la reunión.

Desde detrás de la puerta de cristal, Saga ve marchar con rabia al Don, tendrá que ser más listo, para seguir disfrutando de Sanji y de su chantaje.

Tres días han pasado desde que Sanji fue encontrado en el ascensor por Zoro. Se ha recuperado de sus heridas con normalidad, pero la sombra del miedo aun acecha sobre su cabeza. Las heridas de sus manos han curado bien, ya que solo eran pequeñas contusiones, pero su herida del pie, su herida interna y su herida de la parte baja están todavía activas, produciéndole de vez en cuando, momentos de dolor, tampoco han desaparecido del todo las marcas de sus tobillos y muñecas. Ahora se encuentra sentado en la cama, jugando al mahjong con Mihawk, ganando al espadachín.

-Jeje, otro punto para mí-ríe el rubio, tomando dos de las fichas y ganando-, y creo que te gané de nuevo, he he.

Con su vista afilada, Mihawk ve el tablero, cruzado de brazos, es realmente bueno con ese juego. El capo se levanta, dispuesto a abandonar la estancia, pero Sanji le llama la atención.

-Tienes que cumplir con la apuesta, y has perdido, por lo tanto, tienes que afeitarte la barba y el bigote además de las cejas-ríe Sanji desde la cama.

-Grmfl… La madre que lo…-gruñe el de la barba-, si, si, está bien, cumpliré la apuesta… Pero solo por mi honor, no por otra cosa…-sale de la estancia.

-Sí, si, por tu honor-se ríe Sanji por lo bajini.

La apuesta consistía en, que si el rubio ganaba, Mihawk se afeitaría la barba y las cejas, o Sanji iría por la noche a afeitárselas si no cumplía su promesa, la otra parte era, que si Mihawk ganaba, Sanji se tendría que afeitar la cabeza y su ceja visible

Con la risilla malosa en sus oídos, Mihawk abandona la estancia, con una nubecilla de depresión en su cabeza. Su barba, su hermosa y cuidada barba pasará a la historia junto con sus intimidantes dejas. ¿Por qué apostaría contra él? Ahora no dará miedo ni al gato…

Descendiendo por las escaleras se cruza con Saga, el cual le saluda, pero con desdén.

-Franky me ha dicho que estará fuera junto con Zoro y éste me ha pedido que haga yo la guardia de Sanji-le informa-, también dijo que los acompañaras, irán al lugar de siempre.

Mihawk lo mira, algo desconfiado, pero no puede rebatir una orden directa del jefe. Sin estar conforme todavía, saca su den den mushi y llama al de Zoro, pero para su sorpresa, suena demasiado cerca, y suena desde Saga.

-Zoro me ha confiado también su den den mushi, parece ser que haré de secretaria por unas horas-sonríe Saga, sacando de su chaqueta el pequeño caracol.

Mihawk no se fía de él, pero no le queda más remedio que ir allá donde está Zoro, para que le explique qué diablos está pasando. Se aleja del peli plata, pasando por delante de los despachos de cada uno, mientras marca para llamar a Franky, pero nadie lo coge, sonando desde uno de los despachos. Abre la puerta del de Franky y ahí se encuentra al caracol. Será membrillo, mira que olvidárselo… Todo lo rápido que puede va hacia su destino, estando intranquilo, aunque no sabe por qué.

Con una sonrisa de oreja a oreja y más falsa que una moneda de tres Berries, Saga ve como Mihawk se aleja, perfecto, ahora tiene vía libre, después de tres días sin probar "bocado". Silbando despreocupadamente, se dirige a la morada temporal del rubio, la enfermería, no sin antes pasar por su habitación, donde guarda determinadas cosas que harán que el rubio grite, y no de alegría precisamente.

Después de estar jugando con Mihawk un rato, nada más irse este, a Sanji le entra sueño, por lo que se tumba de lado, de espaldas a la puerta, para intentar echarse una siesta. Dentro de nada vendrá Franky a hacer su guardia. Aunque Zoro haya puesto un sistema de vigilancia tan riguroso, el rubio sabe que tarde o temprano, Saga conseguirá de nuevo su objetivo, pero de momento, se siente a salvo. Pasan alrededor de veinte minutos, Sanji está preocupado, nunca tarda tanto en venir, y no sabe si aventurarse fuera de la habitación, todavía no ha variado su postura. Nada más decidir salir al pasillo, oye pasos detrás de la puerta, y sonríe, ya viene el peli azul, con quien ha hecho buenas migas casi desde el principio. La puerta se abre y alguien entra en la habitación.

-Buenas tardes, Franky-saluda alegremente el rubio, levantándose y mirando, pero la alegría se le congela en los labios, al comprobar que no es el simpático hombre quien ha entrado, sino su peor pesadilla.

-Lamento decirte que tu… Pintoresco amigo no vendrá a hacer la guardia esta tarde-musita Saga desde la entrada, echando el cerrojo de la puerta, sonando como un siniestro clic.

-N-no… T-tu no… Déjame en paz-se levanta como puede, poniéndose tras la cama, a la pata coja, ya que la otra pierna no la puede apoyar. Con las manos temblándole junto con todo el cuerpo, intenta escapar de malvado hombre.

-Vamos, vamos, ¿Qué palabras descorteses son esas, Sanji pies rojos?-pregunta con guasa, acercándose a su presa, relamiéndose por el camino-, he incluso traje un regalito para ti.

Sanji se protege detrás de la cama, en la dirección opuesta a la que se encuentra el otro.

-Venga gatito, no estoy para juegos, déjate hacer como una buena mascota que obedece a su dueño.

-Dos ostias bien dadas te voy a meter como no me dejes en paz-dice Sanji, yendo hacia la puerta.

Consigue llegar hasta ella, pero se le resbala el pestillo del cerrojo de entre los dedos, haciéndole perder un tiempo precioso, que Saga aprovecha para cogerlo de las muñecas y aplastarlo de cara contra la pared con su peso, con las muñecas agarradas por sus manos arriba, para inutilizárselas.

-Vaya, parece que la domesticación del otro día no surtió efecto… No te preocupes, hoy terminaré de domarte correctamente, gatito-mientras dice esto, se frota contra él, hablándole al oído y besándoselo, lo que a Sanji le provoca un escalofrío de asco.

-N-no, otra vez no, no dejaré que lo hagas-habla en voz alta y firmemente-, te daré tal paliza que no recordarás ni tu nombre-se revuelve hacia atrás, consiguiendo liberar sus manos, las cuales apoya en el suelo y le da una patada fuerte, barriéndole las piernas y haciendo que caiga.

Con otro impulso de sus manos, se logra poner en pie, y consigue abrir la puerta de la enfermería, avanzando por el pasillo. Con una risilla de superioridad, Saga se levanta del suelo, le encanta verlo asustado y corriendo, más divertida será la caza. Avanza tranquilamente, viendo no muy lejos de él cómo Sanji se tambalea, a causa de sus heridas, hasta que se cae al suelo, al lado del ascensor. Con una risotada salvaje, se agacha junto a él y le coge bruscamente del pelo, tirando hacia atrás.

-Esto te supondrá un castigo, por no obedecer y agredir a tu dueño, Sanji-sin cuidado alguno, se levanta y comienza a arrastrarlo por el pelo hacia la habitación.

-A…-Ayudadme-pide auxilio Sanji-, ¡¡ayuda!! ¡¡Soco…!!-antes de que pueda terminar la palabra, Saga me mete una patada brutal en las costillas, lo que le hace perder la respiración, y casi el sentido, y sigue llevándolo, cogido del cabello, hasta que cierra de nuevo, con pestillo la puerta, y tira al suelo al rubio sin ninguna delicadeza.

-Vaya, has pedido auxilio. Hum, yo que pensaba ser benevolente hoy contigo, es una lástima-se ríe.

Coge del cuello de la camisa al muchacho, que tiene dificultades para respirar, y lo sube en la cama, poniéndolo boca abajo.

-Bien, empezaré por atarte, para que no te escapes, resulta muy molesto ir de un lado para otro persiguiéndote-viendo que no se puede mover, va hacia el paquete que se ha traído, extrayendo de este una cuerda fina-, pero pensándolo bien, creo que te desnudaré primero, quiero ver más de ese fantástico cuerpo tuyo.

Le raja la camisa de un tirón, dejándole su pálido pecho al descubierto, pudiéndose observar que en el costado izquierdo comienza a formarse una mancha oscura, que ocupa casi toda la mitad inferior del costillar. Cuando le va a quitar los pantalones, Sanji intenta revolverse, provocando que un gemido de dolor salga de su boca, al moverse. Sin ningún esfuerzo, le quita la prenda y la ropa interior, dejándolo completamente desnudo, mostrando sus heridas casi curadas, mas la recién hecha. Lo único que puede hacer Sanji es intentar encogerse sobre sí mismo, pero todo le es inútil, el dolor del costado es más fuerte que él y le hace tener auténtico sufrimiento.

Jalándole del cabello de nuevo, levanta su cuerpo, y cogiendo la fina cuerda, le ata el cuello a la barra horizontal superior del cabecero, debajo de esta, por lo que al menos desfallecimiento, Sanji podría ahogarse. Sin cortar la cuerda, le hace flexionar las piernas, poniéndose inclinado de rodillas hacia delante, y se las ata por las rodillas, cada pierna con un trozo de la cuerda, para luego ponerle las manos a la espalda y terminar de atárselas con la cuerda que la sobra, dejándolo bien amarrado, y vulnerable.

-Ah, echaba de menos esta parte tuya-le acaricia el trasero, pellizcándole las nalgas-, te aconsejo que no intentes mover ni una parte de tu cuerpo, ni tampoco que te desmayes, podrías quedarte sin respiración repentinamente.

Sanji quiere moverse y meterle una patada desde atrás, pero al menor movimiento que haga con la pierna, también quedará sin aire debido a la cuerda. Crujiendo los dientes de la rabia, intenta soltarse las manos, pero Saga ha hecho un buen trabajo, y le es imposible hacerlo.

-Vamos, no te resistas, que será peor para ti-le separa las nalgas, viendo los puntos que le dieron hace tres días, retirados hace apenas una horas-, ¿te duele todavía?-bruscamente, le separa los glúteos, provocando que el rubio de un grito ahogado y que de su tierna herida aparezca un hilito de sangre, que recoge el otro con la lengua, haciendo que de nuevo Sanji se estremezca de asco. –Te he traído un regalo, pies rojos-lo deja atado en la cama.

Pequeños gemidos de dolor se escapan de sus labios, debido a que tiene el tronco flexionado y rota alguna costilla. Encantado con su dolor, Saga revuelve de nuevo en el paquete, sacando un bulto extraño. Se acerca de nuevo a él, presionando la herida de la costilla con fuerza, haciendo que Sanji grite, pero no está preocupado, sus tres mayores vigilantes no se encuentran en este momento en el edificio, y esta planta está desocupada. Aprieta más, haciendo que el cuerpo de Sanji se tambalee y se incline hacia delante, cortándole la cuerda la respiración de repente.

-No, no, Sanji, no quiero que mueras tan rápido-Saga lo recoloca, para que el aire pueda pasar de nuevo a sus pulmones, pero con dificultades, la cuerda está demasiado apretada, y las costillas están haciendo de las suyas-, te apretaré un poco más la cuerda del cuello, para recordarte que no debes desfallecer si no quieres morir-al haber hecho un lazo corredero, se lo ajusta aún más, dejando que pase a sus pulmones apenas un hálito.

Oyendo con deleite la costosa respiración del rubio, se da la vuelta por la cama, para poder mirarlo a los ojos.

-Bueno, mi querido Sanji, ¿sabes lo que viene ahora? No, seguro que no lo sabes-le muestra el objeto que antes había sacado.

-N-no… No puedes hacer eso-dice Sanji con la voz rasposa, intentando soltarse, pero solo consiguiendo clavarse más la cuerda en el cuello.

-Oh, claro que puedo hacerlo Sanji, cumplirás todos, absolutamente todos mis deseos, ya lo sabes-lo arrima a su boca, pero cierra fuertemente los labios-, está bien, si no quieres lubricarlo, te lo meteré de un tirón-rápidamente se da la vuelta.

Poniéndose otra vez detrás del rubio, y acercando el "juguete" a su entrada, comienza a penetrarlo, haciendo que se reabran las heridas, y que Sanji grite de dolor, con unas lágrimas escapando a sus ojos, crispando las manos, y a su vez ante tal gesto, ahogándose un poco más.

-¿Ves? Eres un testarudo, si te lo hubieras metido en la boca, ahora estarías disfrutándolo-ríe Saga, empujándolo repentinamente dentro de él, desgarrándolo, y regodeándose, activa el mecanismo que le da nombre al chisme, a la máxima potencia, provocando que Sanji casi se desgañite, al gritar tan alto.

Un acceso de tos invade los pulmones del muchacho, a los que casi no llega aire debido a la cuerda. El movimiento hace que que a Sanji se le junten los dos dolores, el de su parte de atrás junto con el de las costillas. Las lágrimas empiezan a inundar su cara y los gemidos de dolor su boca, pero entre éstos, se pueden escuchar unas palabras.

-A…Ayúdame-musita entre sollozos-, ¡¡ayúdame!!-consigue gritar, llamando al que le prometió que eso no volvería a ocurrir.

-¿A quién llamas, a tu ángel de la guarda?-dice sarcásticamente Saga.

Desea morir. Ahora mismo desearía no estar vivo, por no sufrir a manos de ese sujeto, ni las vejaciones que le provoca, se muere de vergüenza con solo hablar con las personas que lo tratan bien, porque les hace creer que todo marcha estupendamente, no puede contar nada a nadie.

Sigue murmurando, aunque sin fuerzas por los sollozos, pidiendo ayuda, hasta que Saga grita.

-Basta ya, me estás poniendo enfermo. Nadie va a venir a ayudarte, acéptalo-mueve el aparato dentro de Sanji, con violencia, haciéndole más herida aun-, te daré un buen argumento por el que no van a venir a ayudarte-se acerca a su oído-, porque todos son unos zoquetes, que confían en mí como en su perro guardián-en ese momento, Saga se baja los pantalones, y sin sacar el vibrador de Sanji, sino apartándolo a un lado, provocándole más dolor, comienza a meterse en él, bruscamente sin la mínima consideración hacia el rubio. Con los embistes que Saga le procura a su maltrecho cuerpo, la soga se le incrusta más y más en el cuello, raspándole la piel y abriéndole una herida en carne viva, de la que empiezan a brotar finísimos hilillos de sangre, recorriéndolo hacia el pecho y de este cayendo a las blancas sábanas. También provoca que la costilla rota se remueva dentro de él, hiriéndole en el pulmón.

Con un grito de desquiciado, Saga se corre dentro de él, riéndose. Sale de él, sacando a su vez el vibrador, contemplando con una mirada aviesa los daños que le ha causado. Cuando se separa de su cuerpo, siente que éste está inerte, se ha desmayado mucho antes, presa del dolor.

Limpiándose y subiéndose los pantalones, Saga abandona la estancia, dejando a Sanji a su suerte, sin desatarlo, por lo que cada vez su cuerpo se va resbalando más sobre la cama, dejándolo sin aire, además de inconsciente. Cierra la puerta con una risa y marcha pasillo abajo.

Hola gentes. ¿Bueno, que os ha parecido? ¿Muy fuerte? ¿Muy flojo? ¿Por la mitad? Haremos una encuesta… ¿Qué le debería pasar a Saga cuando Zoro, Mihawk y Franky descubran que él es el violador y maltratador de Sanji? En fin, pasáoslo bien y muchos saludos de Dansell23 y Dark lady Kira…