Buenos días mis amores ¿Qué tal están? Sé que no tengo perdón de dios por tardarme tanto tiempo en actualizar. Lo siento mucho.
Antes de comenzar con el capítulo tengo una cosa que decirles, antes de navidades tuve un problema con mi cuenta de Facebook, por lo que les dejo la nueva abajo de todo.
Les dejo disfrutar de la lectura.
Los personajes de Inuyasha no me pertenecen son de la grandiosa Rumiko Takahashi.
Capítulo 4
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Estaba estática sobre el suelo formulando aun aquellas palabras que acaba de escuchar ¿Cambiar el trato? ¿Qué querría de ella? No había sido suficiente obligarla a ser su sirvienta que ahora quería otra cosa más. Cuando había salido de la cocina solo quería saber lo que ocurría, saber porque el cambio en su mirada, esa que ella aún no había visto en él, pero jamás se había imaginado lo que sus oídos iban a escuchar de esos labios gruesos.
No podía apartar la vista de Inuyasha que la recorría con su mirada de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba como si estuviese viendo un monumento, como si ella fuese una figura de cristal que podría quebrarse, la estaba poniendo nerviosa, impaciente, quería saber lo que quería de ella, y él solo la miraba sin decir ni una palabra.
—¿Puede dejar de mirarme así ? Y explicarme mejor que quiere de mí, ¿Qué cambios quiere hacer?
Seguía en silencio perdido en su mundo, en otra parte que ella desconocía y quería descubrir, y esta incertidumbre la estaba consumiendo por dentro.
Estuvieron así durante unos segundos hasta que él decidió hablar. 0.
—Creo que me puede servir —con su mano en la barbilla volvió a recorrerla con su mirada —sería perfecta.
—¡Oye! No sé lo que esté pensando, pero yo no soy una cualquiera para hacer lo que usted quiera.
No habló simplemente la miró y le sacó la bandeja de comida que tenía entre sus manos y la dejó encima de la mesita dela habitación, volviendo hacia ella —no sé lo que está pasando por ese cerebro de cacahuete que tiene —se acercó más hacia ella quedando a escasos milímetros de sus labios —pero a mí las niñas tontas sin cerebro como usted no me gustan.
—Yo..yo no le permito que me hablé así —estaba nerviosa, y algo asustada no le gustaba tener a un hombre tan cerca de ella.
—Si no quiere que le hable así no diga tonterías y piense antes de hablar —se cruzó de brazos y volvió a recorrerla con su mirada —y mejor deseche las ideas locas que tenga en su mente.
—No sé qué ideas locas piensa que tengo yo, si es usted que me mira como un acosador, como un sádico y enfermo mental.
—Por favor no me haga reír, yo no soy nada de eso y menos me fijaría en una mujer como tú, solo la quiero para mi plan.
—¿Qué plan? Ni siquiera me ha dicho el nuevo trato que quiere hacer conmigo y espero que no se…
Sus palabras quedaron en el aire siendo interrumpidas por un impaciente pelinegro.
—Le daré un trabajo digno— la morena abrió sus ojos como platos ¿Podría ser esto su salida para escapar de los matones y ayudar a pagar las deudas de su padre? —en donde cobrará una paga buena, lo único que tiene que hacer es pasarse por mi prima antes de que mi abuelo parta de este mundo.
Sus ojos se abrieron como platos por lo que acababa de escuchar, debía de estar teniendo una pesadilla y quizás esta conversación no estaba sucediendo y en unas horas se despertaría, pero no, todo era real, él le estaba proponiendo un plan bastante descabellado, era imposible ella no podía pasarse por otra persona, no podía. ¿Cómo iba a engañar a toda una familia? Como iba a engañar a un anciano moribundo, no podía hacerlo.
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Miró a la figura esbelta que salía por aquella puerta, sus pies se movían con rapidez y su cabello se movía con el aire de su caminar, se había ido, se había ido sin darle la respuesta que tanto estaba deseando escuchar.
Desde que su madre había llamado un dolor profundo se instaló en su corazón, su abuelo era una persona muy importante en su vida, alguien quien lo cuidó, que le enseñó muchas cosas que sabe ahora y esa noticia le había caído como un fuerte tornado encima de él, su abuelo no podía partir de este mundo, no podía hacerlo, no sin él aun encontrar a su verdadera prima.
Por esa razón le había propuesto ese trato a Kagome, ella era perfecta, sus rasgos eran perfectos, simplemente ella podría pasarse durante un tiempo por su prima Natsuki, solo hasta que su abuelo partiese de este mundo, después de eso podría meterla a la cárcel, si pensaba que se libraría estaba equivocada.
No sabía si estaba haciendo lo correcto o si se estaba metiéndose en un problema mucho mayor a proponerle pasase por Natsuki, realmente no sabía lo que estaba haciendo, en su corazón solo estaba cumplirle aquel deseo a su abuelo y en su mente solo estaban las palabras que su padre le había dicho antes de morir, le estaba fallando a ambos, estaba fallando en el trato que hizo con Inu no , no obstante no era solo eso lo que más le dolía, sino, no cumplir sus propias palabras y llevarle a la verdadera prima a sus brazos.
Aun no comprendía el parecido de Kagome con su tía ¿Cómo dos personas de diferentes familias pueden tener un físico tan parecido? Eso era algo que lo torturaba, algo que le hacía pensar en demasiadas posibilidades que él rápidamente desechaba de su cabeza. Una niña como ella no podía ser su prima, una joven tan tonta que no sabía de sus rasgos no podía tener lazos de sangre con él.
Su tía Sara era una mujer hermosa de cabellos castaños, con unos ojos color café tan cálidos como una espumosa y humeante taza de chocolate, era una persona amable, con una belleza inigualable que muchas jóvenes habían deseado tener, lista y con algo de temperamento. Como podría pensar que Kagome y ella podrían estar emparejadas. Eso era de locos.
¿Era imposible que Kagome fuese Natsuki? Ambas tenían la misma edad, ambas tenían veintidós años, pero en su mente Inuyasha quería descartar las posibilidades o cualquier confirmación que pudiera descubrir al tener a una estafadora entre su familia.
Dio un largo suspiro y se acercó lentamente a la mesa en donde la morena había dejado la bandeja con la comida que le había preparado, se sentó en la silla y la olió antes de coger el tenedor y meterlo en la boca, quería estar seguro que ese demonio no lo envenenaría o le haría algo peor por la manera que la estaba tratando, luego de verificar todo, metió un trozo en la boca escupiéndolo inmediatamente, estaba frío y no había quien lo comiese, molesto se levantó de la silla cogiendo su chaqueta y salió hacia el restaurante del hotel.
Caminó a paso rápido por el largo pasillo y con cada paso que daba no podía dejar de pensar en Kagome Higurashi, esa mujer le estaba poniendo su vida patas arriba, le estaba haciendo que por las noches apenas durmiese, le estaba complicando la vida mucho más que cualquier otra persona. Cogió el elevador hasta la última planta con sus pensamientos aún en otra parte, haciendo que todo a su alrededor desapareciese completamente y solo estuviese aquella morena y él.
—Me estoy volviendo completamente loco — susurró para sus adentros pasando su mano por sus cabellos platinados. ¿Qué iba hacer con esto? Lo estaba volviendo enfermo, se estaba olvidando de su vida por culpa de Kagome Higurashi.
El sonido del ascensor avisándole de la llegada a la planta baja lo sacó de sus pensamientos, cuando las puertas se abrieron dejó salir primero a las personas que lo miraban como un bicho raro, y luego salió él aun con su mirada hacia el suelo, hasta que algo duro chocó contra él. Se quedó estancando en el suelo, este cuerpo lo conocía, este olor era conocido.
Levantó su vista sintiendo que su mundo se derrumbada al ver a las dos personas que tenía enfrente a él, al hombre que siempre había querido comprender porque se odiaban tanto, ¿porque Sesshoumaru jamás lo trató como un hermano? sino que había sido todo lo contrario, después de eso su mirada se clavó en su esposa a la hermosa y joven Lin Taisho, ella era una mujer dulce y no sabía lo que le había visto al platinado, no obstante eso no fue lo que lo dejó más sorprendido, el pequeño vientre de su cuñada podía verse a la perfección, estaba seguro que no estaría de muchos meses.
Los miró con rencor ¿Cómo nunca lo había sabido?
¿Cómo nunca supo que iba a tener un sobrino?
No podía sacar los ojos de ambos y sus palabras estaban estancadas en su garganta, tenía tantas preguntas que hacerle, tantas reclamaciones. ¿Por qué no sabía que iba a ser tío?
—¿Puedo saber qué haces aquí? —escuchó un bufido, y esas palabras se clamaban aun con más dolor en su corazón, sabía perfectamente de quien provenían.
—¡Eso mismo me preguntó yo! —lo encaró, clavando sus ojos en aquellos que lo miraban con odio.
—Eso no te importa Inuyasha, no debo darte explicaciones de lo que hago de mi vida, a ver si algún día te entra en esa cabeza de mimbre que tienes.
Estaba furioso, demasiado furioso, apretó sus puños con fuerza, odiaba cuando le hablaba así, odiaba en la manera que siempre se trataron ¿Acaso nunca se iban a llevar bien? No podían ser como hermanos normales pelearse y luego llevarse de maravilla. Acaso ese deseo jamás iba a suceder. Iba a responderle iba a pedirle unas cuantas explicaciones hasta que una voz femenina lo interrumpió.
—Inuyasha, solo estamos aquí por un asunto de negocios —vio como llevó sus manos a su vientre, no sabía si su intención era ocultarlo o se dio cuenta como él la miraba —creo que mereces una explicación.
—Creo que la merezco Lin, creo que merezco saber porque tanto tú como Diamante nos ocultaron algo tan importante como que van a ser padres.
—No sé que…
Una voz dura interrumpió la voz de su cuñada sabía quién era, sabía que Sesshoumaru no duraría en meterse en el medio de ellos dos, sabía perfectamente que jamás le permitiría a Lin decirle la verdad.
—Eso no es de incumbencia —cortó la conversación de ambos, y agarró la mano de su esposa con firmeza —no tenemos por qué darte explicaciones, no te metas en nuestra vida.
Con esas duras palabras vio como su hermano se metía en el ascensor cortando toda la conversación o más bien discusión que estaban teniendo como si no fuese nada importante, como que ocultar algo tan importante fuese un objeto que pronto se desecharía. Apretó sus puños con fuerza dejando verse la vena verde de su frente, estaba furioso, no podía dejar que él se fuese, no podía dejarlo con la palabra en la boca, antes que metiese su cuerpo completo en la cabina lo sacó hacia afuera haciendo que Sesshoumaru le proporcionara un golpe en el rostro tambaleándose hacia la pared.
—¡Qué te pasa idiota!
Se puso derecho y llevó su mano a su labio en el lugar en donde le estamparon el golpe.
—No terminé de hablar contigo ¡Por qué nos ocultaste esto! ¡Por qué ocultaste esto a nuestro padre y abuelo!
—¡Te he dicho que eso no es cosa tuya!
Estaba furioso, estaba molesto, tan molesto que no escuchaba los gritos de su cuñada, su sangre corría por sus venas como un fuerte león queriendo salir de su jaula, quería atacarlo como un feroz animal que va contra su presa, se acercó a él y lo golpeó con fuerza.
Una pelea fuerte se desató entre ambos, Inuyasha sintió otro golpe sobre su abdomen, se dobló y a los pocos segundos se enderezó proporcionándole otro a su hermano en su estómago. Sangre salía de su nariz y sus ojos estaban ardiendo como llamas, quería que hablase, quería que le explicase porque ocultarle algo tan importante. Iba a darle otro golpe a devolverle el que acababa de recibir cuando un cuerpo extraño se metió entre ellos, sin darse cuenta lo aportó furiosamente empujándolo hacia una mesita, todo volvió en si cuando un fuerte grito se escuchó haciendo que ambos parasen.
Se dio media vuelta y miró de donde provenían aquellos gritos e inmediatamente llevó sus manos a su cabeza ¿Qué había hecho? Lin se había metido entre ellos y él sin darse cuenta la había apartado con fuerza. Su respiración comenzó a ser más rápida y sus pies aún estaban clavados sobre el suelo mirando lo que había sucedido. Su cuñada estaba tirada en el suelo al lado de una mesita que había caída al lado de ella, sus manos estaban agarrando su pequeño vientre, lagrimas corrían por los ojos de Lin e Inuyasha se sentía el hombre más miserable del mundo, la había golpeado, había golpeado a una mujer embarazada, y no a una cualquiera sino a su cuñada, a la esposa de su medio hermano.
—¡Lin!
Cuando volvió en si corrió con toda las prisas de su alma hacia ella, se arrodilló a su lado he intentó calmarla, sus ojos bajaron a sus piernas en donde la sangre comenzaba a correr ¿Qué estaba ocurriendo? No, no podía ser verdad, no podía caber la posibilidad de que ella pueda tener un aborto por su culpa. ¡Mierda que había hecho! quería llorar, quería gritar con todas las fuerzas de su alma, pero no delante de su hermano. Sintió como Sesshoumaru lo empujaba hacia atrás cayendo al suelo mientras él levantaba a su esposa pasando una mano por sus espaldas y otra por debajo de sus piernas cogiéndola en sus brazos, no podía sacar su mirada de ellos dos, una vez que los vio alejarse se levantó del suelo sintiendo un fuerte temblor en el interior de su cuerpo, tenía la sensación que el mundo caería encima de él, tenía la sensación que esto iba a terminar mal, se limpió una lágrima falsa que salía por sus mejillas y corrió detrás de la pareja sin importarle las amenazas de muerte a su persona.
Inuyasha no iba a dejarlo solo después de ser él, el posible asesino de su sobrino, cogió el auto que alquiló por un tiempo y corrió con toda las fuerzas de su alma sin importarle los límites de velocidad o la policía, solo le importaba su sobrino y su cuñada, solo le interesaba llegar a tiempo antes de que pasase una desgracia, la carretera a penas la veía por las lágrimas descontroladas que resbalaban por sus mejillas, estaba sufriendo, se sentía la peor escoria del mundo, él era un maldito hombre que había golpeado a una mujer, que la había empujado hacia una mesita y por su culpa ahora todo su mundo estaba negro, si algo llegara a pasar este recuerdo iba a perseguirlo el resto de su vida. Golpeó el volante con su mano, mientras repetía una y otra vez —¡maldita sea! —él era el culpable que todo esto estuviese pasando y si algo pasaba no iba a salir vivo de esto, su hermano se encargaría de matarlo y él tampoco se sentiría con vida al recordar que fue el culpable de su muerte.
Siguió con dolor el taxi que llevaba a su cuñada, le había suplicado a Sesshoumaru que fuese con él, pero no quería, no quería verle la cara. Una vez que llegaron al hospital, corrieron por toda la zona hasta que su cuñada fue llevada a los box prohibiéndole la entrada a ambos, solo suplicaba que a ella y al niño no le pasasen nada malo. Vio la mirada de su hermano, sus ojos estaban llenos de lágrimas y profesaban un odio que jamás había visto en él, esa miraba era peor de las que le había echado durante su existencia. Sintió como era empujado hacia una pared fría mientras una fuerte mano se aprisionaba en su cuello con fuerza, dejándolo casi sin aire. No se defendía, se merecía eso y mucho más, este dolor no era nada comparado con el que estaba sintiendo estos instantes en su corazón.
—Si algo le llega a pasar a mi hijo y a mi esposa —lo apretó con más fuerza zarandeándolo contra la pared —te juro ¡que te mataré! —lo soltó con fuerza.
Una vez que lo soltó sintió un alivio que no había querido sentir, volvió a coger aire sin ser capaz de mirar al rostro de Sesshoumaru, y sin mirarlo llevó sus manos a donde él le había aprisionado con fuerza, ojalá que ambos se salven sino ni él mismo se lo podría perdonar, sino no sabría lo que sería de su vida.
Inuyasha jamás había respondido a las amenazas de su medio hermano, se merecía las duras palabras que le había dicho, se merecía vivir el peor sufrimiento del mundo por lo que había sucedido. Si él no lo sacara del elevador y lo dejase ir esto nunca sucedería, ahora mismo estaría comiendo y no en un hospital esperando a saber el estado de su cuñada. Llevó sus manos a su cabello en son de desesperación esto era desesperante y algo que no se deseaba ni al peor enemigo.
Dos horas habían pasado y habían sido las más largas de su vida, entre la desesperación y amenazas de su hermano, entre el dolor que él estaba sintiendo, la culpabilidad de su corazón, este día era el peor de su vida. No podía dejar de pensar que pasaría cuando su familia lo descubriese, su madre lo odiaría, su abuelo puede ser que también lo hiciese, y si lo odiaban se lo merecía, él se merecía la peor de las desgracias por lo que había hecho.
¿Por qué se no se dio cuenta que era Lin quien se metió entre ellos? Había sido tan idiota, estaba tan enfermo por la furia que estaba sintiendo que no veía nada más a su alrededor que golpear a que Sesshoumaru. Había sido un completo idiota.
Hace diez minutos que el doctor había venido a buscar a su medio hermano para darle alguna noticia sobre su cuñada y él aún no había regresado, y esta desesperación lo estaba consumiendo por dentro, necesitaba saber lo que pasaba, necesitaba escuchar las palabras que estaba deseando que saliesen de los labios de su hermano; los dos están bien.
Se levantó del sillón y caminó con desesperación por la sala de espera, necesitaba saber lo que estaba ocurriendo, necesitaba saber aquellos resultados antes de que muriese de un ataque al corazón o asesinado por que Sesshoumaru, esta angustia lo estaba matando lentamente. Pasó su mano por sus cabellos platinados y miró por todo el lugar hasta que sus suplicas fueron escuchadas, se acercó a Sesshoumaru a paso rápido y lo miró a sus ojos buscando las palabras adecuadas.
—¿Qué tal está Lin?
Nunca recibió una respuesta a cambio de eso recibió un puño contra su rostro cayendo en una de los sillones que estaban libres, llevó su mano a su labio en donde de este comenzaba a salir un hilo de sangre y fijó su vista en la mirada de su hermano, ¿Algo había pasado?
—¿Qué pasó? Por qué me…
—¡Cállate! Por tu culpa mi hijo está muerto, a partir de hoy no quiero volver a verte. Vete ahora mismo del hospital y no vuelves a hablarme en el resto de tu miserable vida.
«Lin perdió el bebé»
Todo a su alrededor comenzó a girar y las náuseas comenzaron a viajar por su cuerpo tras aquellas palabras, las lágrimas comenzaron a resbalar de sus ojos como un fuerte río, llevó sus manos a su corazón y gritó con toda las fuerzas de su alma cayendo de rodillas en el suelo, mientras golpeaba con su puño la fría plaqueta, no podía ser cierto, no podía ser que Dios se llevase a ese pequeño niño que aún no había visto la luz del día, su llanto cada vez era más fuerte y su culpabilidad seguía creciendo dentro de su alma, era un asesino, era un maldito asesino y no podía ni pagarlo con la cárcel, era un hombre que no merecía vivir, era él quien debía de estar muerto y no ese pequeño bebé.
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«Le daré un trabajo digno» esas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza ¿Un trabajo digno? No podía creer lo que había escuchado, y sobre todo las locuras que ese hombre había dicho sobre ella, era simplemente imposible, estaba segura de ello, estaba segura de que ella no podía tener rasgos coreanos.
Desde que se había ido del hotel no había podido sacar el nuevo trato de su cabeza ¿Cómo pedirle algo tan descabellado? Comprendía que lo hacía por su abuelo, solo que le parecía una locura, ella no podía, no podía hacerlo. Inuyasha no parecía tan mal hombre si quería cumplirle aquel deseo a un ser querido, podría ser un borde, un idiota, un engreído, pero se veía que tenía corazón, se veía que quería cumplirle aquel deseo.
No obstante no sería mejor decirle la verdad, explicarle que no la había encontrado, debes de querer contratarla a ella como si fuese un objeto que se puede usar y tirar. Su sueño era tener un buen trabajo, solo que este no era el que deseaba para salir de su miserable vida.
Dio un largo suspiro y se tiró en su cama mirando hacia la lámpara que estaba llena de tela de arañas no podía evitar pensar como esto no podía estar cuidado, no podía evitar recordar lo que había pasado en esa habitación de hotel, sus palabras se estancaban en su mente como una fuerte gripe que te atacaba sin piedad.
—¡Está usted loco! Me niego hacerlo —alzó su voz con toda las fuerzas de su alma, estaba indignada por lo que acababa de salir de sus labios.
—No puede negarse, si lo hace irá a parar a la cárcel y no quiere eso verdad —le esbozó una sonrisa burlándose de ella.
—¿Y cómo va hacer eso? Que pasa con su familia, piensa que ellos son tan idiotas, se darán cuenta de todo el engaño, como me voy a pasar por una persona si ni siquiera me parezco a ella —se señalizó a sí misma esperando que entrase en razón y dejase de lado esta locura.
—Jamás se darán cuenta del engaño, porque usted tiene rasgos japoneses y coreanos, y lo más importante es que se parece físicamente a mi difunta tía cuando tiene el cabello castaño.
El silencio se prolongó durante unos minutos, su cuerpo estaba helado, sin movimiento por lo que sus oídos acababan de escuchar ¿Cómo podía parecerse a otra mujer? Ni siquiera tenía un lazo de sangre que los uniera a esa familia, jamás los había visto en su vida, no obstante no era solo eso lo que había hecho que sus palabras quedasen atoradas en su garganta y su cuerpo sin movimiento, sino el simple hecho de escuchar que tiene ambos rasgos le parecía poco probable por no decir imposible.
—Lo que está diciendo es absurdo, mi madre era japonesa y mi papá también lo es, creo que se está equivocando de persona—respondió por fin a sus palabras, esto era imposible y ella lo sabía, estaba segura que él solo quería jugar con sus sentimientos —y más me parece imposible que yo me pueda parecer a su tía y si lo hago eso no tendría que ver ¿no? Hay muchas personas que se parecen y no son nada.
—No sé si es imposible o no, lo que sí sé es que se parece a ella —volvió a mirarla de arriba hacia abajo —y lo de los rasgos no sé si sepa diferenciarlos, pero tan solo con mirarle ya se le ve —caminó en círculo alrededor de una Kagome sorprendida —primero su piel es más blanca que la de los coreanos, su piel es como la de los japoneses más pálida — siguió mirándola — sus ojos y su nariz son idénticos a la de los coreanos.
—¡No! ¡Usted está mintiendo! Lo que dice no tiene ningún sentido —llevó sus manos a sus oídos para no escucharle —sabe mejor me voy no quiero escuchar una estupidez más —dio media vuelta y caminó hacia la puerta escuchando su voz.
—Esta noche quiero una respuesta si no aparece a las diez, mañana te iré visitar a la cárcel.
Esas habían sido las últimas palabras que Inuyasha le había dicho y ella no sabía lo que hacer, esos recuerdos la estaban torturando y Jakotsu aún no había llegado, no tenía con quien desahogarse, a quien pedirle un consejo, y estas dudas le estaban consumiendo el alma.
Si aceptaba estaba engañando a toda una familia y si lo rechazaba iría a parar a la cárcel y jamás podría salir de esta vida.
¿Por qué la vida era tan complicada? Porque simplemente no le venía una idea del cielo para saber lo que hacer.
Como si sus suplicas fuesen escuchadas, escuchó el rechinar de la puerta y los pasos fuertes de su amigo, se levantó de la cama y se tiró a sus brazos siendo abrazada por él.
— Jakotsu, te necesitaba tanto, me hiciste falta.
—Kagome no exageres, solo fueron un par de horas y más tú estabas muy bien acompañada con ese dios griego.
Ella se separó de él y rodó sus ojos al ver la mirada de amor de su amigo, no pudo evitar reírse al ver como había desaparecido a su mundo de fantasía, no sabía lo que su amigo le veía a ese hombre que la trataba peor que a un trapo, si realmente Jakotsu lo conociese no pensaría así de él.
—Tierra llamando a Jakotsu —pasó su mano por sus ojos — hazme caso— lo zarandeó un poco intentando que volviese en si — tengo que hablar contigo de algo muy importante, es sobre Inuyasha y yo.
Cuando esas palabras salieron de su boca ella sonrió al ver como su amigo volvió en sí, al ser el amigo que siempre la apoya, el que siempre está a su lado tanto en las buenas como en las malas, la rubia le explicó lo sucedido en el hotel, el nuevo trato que le había dicho el moreno, y sobre todo la conversación que más le había molestado. Ella no tenía rasgos mezclados, sus padres eran japoneses, y ella estaba segura que estaba en lo correcto.
—¿Qué vas hacer?
Esa voz la sacó de sus pensamientos.
—No lo sé Jako—lo cogió de la mano y lo llevó hasta el borde de la cama —mírame al rostro, dime Jakotsu tengo rasgos japoneses y coreanos.
Escuchó como su amigo tosía y se reía disculpándose por lo segundo.
—Lo siento Kag, es enserio ¿nunca te diste cuenta? —ella negó con la cabeza — yo cuando te conocí nunca te lo dije ya que jamás le di importancia a eso de los rasgos, lo que no te puedo negar es que siempre sospeché que alguno de tus padres debería de ser de otro país asiático, no obstante no sabía que podía ser Corea.
No podía creer lo que estaba escuchando, entonces lo que había dicho Inuyasha era verdad, ella no era solo japonesa, debía de buscar a su padre, debía de descubrir la verdad, sintió una mano acariciándola con ternura sobre sus hombros, ella no podía hablar, no sabía lo que decir, había quedado como una tonta ¿Cómo no conocer sus propios rasgos?
—¿Kag, estás bien? —sintió más tiernas sus caricias —¿A que vienen estas preguntas?
Su voz volvió traerla a la tierra, lo miró a los ojos y sonrió acariciando su mejilla ¿Estaría bien decirle lo de su padre u ocultárselo? Si se lo decía él no se lo iba a permitir, prefirió ocultárselo, ella ya era adulto, se las arreglaría sola.
—Lo siento —bajó su cabeza posando su mano en su rodilla —soy una tonta por no darme cuenta de mis propios genes.
—No digas eso —sintió como le elevaba su mejilla hasta quedar sus ojos clavados en los de él —mírame a los ojos no eres tonta vale que te quede claro —poso sus dos manos en su mejilla. —¿Qué vas hacer con el trato de ese bombón?
—No lo sé, no quiero engañar a un hombre moribundo, pero tampoco quiero seguir escapando de los matones de mi padre.
—Kagome, yo creo que esta puede ser tu oportunidad para salir de esta vida que tienes.
—¿Qué quieres decir Jakotsu ? Que engañe a un hombre pasándome por su nieta simplemente para ser yo feliz, y que con él —clavó su mirada en la de él — ¿Qué va pasar con ese señor?
—Ese hombre se está muriendo, solo cúmplele el deseo de ver a su nieta antes de partir de este mundo. Kag piénsalo este es tu deseo tu siempre querías un trabajo para salir de este mundo.
Es cierto, siempre había querido salir de este mundo de estafas en donde le robaba a la gente su dinero con engaños, y ellos tan amablemente caían en sus trampas, caían en sus inocencias y ella solo llevaba ese dinero a casa, no obstante no solo era para ella sino también para pagar las deudas de su padre.
—Si es cierto, quiero salir de esta vida de estafas, solo que no de esta manera, no engañando a un pobre hombre con la ilusión más grande —estaba comenzando a molestarse con el ritmo de esta conversación ¿Qué iba a hacer?
—No es engañarlo,—la morena alzó una ceja —bueno si es engañarlo, solo piénsalo no haces nada malo solo cumples un sueño, una ilusión aquel hombre, piénsalo después cuando él se muera puedes volver a tener tu vida como Kagome Higurashi.
—No sé qué hacer Jakotsu —se levantó de la cama y buscó su ropa cogiendo una toalla del otro armario —me iré a duchar luego hablamos.
Entró en el baño y se miró en el espejo del tocador, no había querido dejar así a Jakotsu , solo que ya no quería hablar más del tema, quería estar sola pensar correctamente que hacer de su vida, estaba asustada y no podía negarlo, tenía miedo que todo saliese mal, ¿Y qué pasaría si la descubriesen? ¿Qué pasaría con su familia? Siempre pensarían que ella es realmente la prima y para colmo se parecía a la supuesta tía de ese hombre, y eso que tenía que ver, que tenía que ver que se pareciesen físicamente, había muchas personas en el mundo que se parecían bastante y no tenían ningún lazo de sangre, solo quería creer que era una simple coincidencia y nada más que eso.
—¿Qué voy hacer? —susurró abriendo las llaves del agua y entrando a la ducha. Tenía que pensar en algo y aun no sabía lo que hacer de su vida, aun no sabía que respuesta iba a darle.
¿Podría cumplirle aquel deseo al abuelo de Inuyasha Taisho?
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Desde que había llegado del hospital su miraba estaba perdida en algún punto de la habitación, no podía dejar de beber y era la segunda copa que llevaba desde que regresó, no podía olvidar lo sucedido, no podía dejar de recordar las palabras de su hermano.
Lloró con fuerza, gritó con todo el dolor de su alma, era un asesino, él había matado a su sobrino, él lo había matado y ni siquiera tenía una sepultura para poder llevarle unas flores y pedirle perdón.
Llevó una mano a su pecho su corazón dolía, dolía con tanta fuerza que no podía ni respirar, sus lágrimas resbalaban por su mejilla, las secaba con su mano libre y aun así más lágrimas seguían cayendo, volvió verter más vino en la copa, la miró con odio, con recelo como si fuese él mismo el que fuese ser bebido, molesto tiró la copa contra la pared rompiéndola en mil anacos y cayó al suelo llorando con desesperación, repitiendo una y otra vez que era un maldito asesino y que era mejor llevarlo a él que a un ser inocente .
Media hora después escuchó el sonido de la puerta, se secó sus lágrimas y se miró en el espejo, su rostro estaba demacrado y sus ojos estaban rojos de tanto llorar, dio un largo suspiro y esperó unos segundos hasta que se encontró mejor, tenía que disimular que nada estaba pasando. En los instantes que la abrió se encontró con la persona que pensó que no iba a ver esta noche.
—¿Qué pasó? —fue su respuesta al ver su rostro.
Él no respondió a esa pregunta solo iludió el tema.
—No le interesa —respondió duramente —ya tiene una respuesta —miró fijamente a la mujer que nerviosamente estaba enfrente a él, sus cabellos estaban alborotados por el viento y estaba temblando, no sabía si eran nervios o frío, realmente no le importaba, estaba noche no quería hablar con nadie, esta noche quería llorar sobre su desgracia.
—Acepto pasarme por su prima.
Continuará…
Hola de nuevo mis queridos lectores y lectoras, espero les haya gustado el capítulo. Les pido nuevamente una disculpa por la tardanza.
Si ven algún error en el que pueda mejorar no duden en decírmelo.
¿Qué les Pareció el capítulo?
¿Qué pasará ahora que Kagome aceptó pasarse por Natsuki?
Quiero anunciarles que tuve un error Kagome usa peluca castaña, pero me confundí con la otra historia. Lo lamento.
Como les dije antes de comenzar hace unos pocos meses tuve un problema con mi cuenta anterior: Kagome Moon Chiba de Taisho, me la eliminaron por no contener imágenes reales. Les dejo mi cuenta nueva por si desean agregarme; Naiara Tomohisa, los aceptaré encantada.
Muchísimas gracias por sus comentarios que cada día me animan más.
Los quiero.
