El siguiente capitulo esta lleno de escenas subidas de tono (sexuales) están avisados.
Capítulo 4 celebraciones
A penas salieron de oficina del director los 4 se colocaron un hechizo desilusionador. Ya habían desaparecido completamente de la vista cuando la escalera los dejo en el pasillo.
-Bien chicos, necesitamos comida y para celebrar y tal vez un par de bebidas- dijo Harry. Su voz sonaba alegre y si lo pudieran haber visto también habrían notado un pequeño baile de felicidad.
-También la decoración en la sala de requerimientos- recalco Hermione sonando tan feliz como su amigo.
-Entonces, Harry y yo- dijo Ginny –iremos por la comida ya que él se parece tanto a James, no habrá ningún problema. Por lo tanto a ustedes les toca ir primero a la sala de requerimientos- era más que obvio que una sonrisa pícara iluminaba su invisible rostro- nos vemos allí al rato, OK?- sin esperar respuesta jalo la mano a su marido y lo encamino a la escalera más cercana. Ron hizo lo mismo con su mujer. Si conocía a su amigo, tenían que aprovechar el tiempo que le tomara celebrar con su esposa, con suerte tenia cerca de una hora antes de que ellos llegaran al séptimo piso.
Un par de pisos más abajo, Harry empujo a Ginny detrás de una armadura, a la vez que le quitaba el hechizo desilusionador. Sus besos estaban cargados de la felicidad que se sentía incapaz de expresar. Sus manos recorrían libremente su cuerpo, apretándolo al suyo. Su boca devoraba vorazmente los labios de la pelirroja. Sin embargo después de varios minutos tubo que separarse de ella, no porque lo deseara sino porque el instinto de auto preservación le reclamaba que tomase aire.
-Mi Dios bendito, te deseo tanto, Gin- le susurro al oído -Quiero meternos en un armario y ponerle un "Sonorus" en la puerta para que todo el colegio oigan nuestros gritos de placer, pero con la puerta fuertemente cerrada para que no nos interrumpan y cuando al fin terminemos transformarnos y escapar de aquí sin que ellos lo sepan…- sus palabras iban acompañadas de pequeños mordiscos a su oreja y a su mandíbula, mientras sus manos vagaban descaradamente por su cuerpo.
Ginny tomo su cabeza y le dio un corto beso antes de contestarle: -¡vaya, vaya; señor Potter! ¿Quién diría que usted es tan pervertido?- le quito el hechizo mimetizante y con una sexy sonrisa tomo el labio inferior de Harry entre sus dientes y jalándolo suavemente, antes de besarlo apasionadamente, frotando su cuerpo contra el de él.
-Pues ya lo ve, señora Potter. Cuando me entran las ganas de celebrar quiero que todos se enteren y me envidien por tener a las más bella, fogosa y sensual bruja del lugar, que va ¡del mundo!. Ella me pertenece así como yo le pertenezco a ella- le dijo antes de darle un tierno beso en la punta de la nariz.
-¿y se puede saber quien es ella?- le pregunto fingiendo indignación mientras sus caderas se frotaban contra la dura evidencia de su deseo, haciendo que se estremeciera.
-Tu, preciosa, solo tu- respondió antes de volver a reclamar su boca, con un beso hambriento y lleno de alegría.
Un par de minutos más tarde al separarse, ella le respondió, susurrando al otro oído; dejando que su aliento le acariciara.
-tu idea me encanto. Solo no pongas el hechizo de altavoz. No me malinterpretes, la idea de que todo el colegio oiga como arrancas de mi garganta muchos "dame más, Harry; duro, si, si; eres maravilloso; si mi cielo solo tu me llenas; llévame el paraíso; cabálgame, con ganas, mi amor". Nada me gustaría más, sin embargo somos los buenos y debemos seguir las reglas, por lo que no deben enterarse de que estamos aquí. Pero cuando derrotemos al cretino de Tom ese día el armario y ese hechizo nos estarán esperando- le paso la lengua indolente por su cuello antes de retirarse para ponerle atención a sus palabras.
-Te tomo la palabra, chiquita. Por ahora un armario y un poco de crema batida nos esperan- la volvió a besar mientras ponía el hechizo camuflador sobre ambos para retomar su camino a las cocinas.
Después de hacerle cosquillas a la pera en el sótano, ambos se quitaron el camuflaje y entraron a la cocina. Los elfos fueron extremadamente serviciales, especialmente con el señorito Potter y su pelirroja. Les dieron un montón de bocaditos, unas cuantas cervezas de mantequilla y hasta una botella de hidromiel, añejada en barricas de roble de la colección privada de Madame Rosmerta (el favorito de su padre) y claro un litro de crema batida. Les dieron las gracias, le pusieron un encantamiento de conservación de temperatura, los comprimieron todo y lo guardaron en su bolsillo. Se pusieron el encantamiento de ocultamiento y se enrumbaron en búsqueda de un armario lo suficientemente grande.
Finalmente escogieron uno en el sexto piso, camino a la torre de adivinación. Mientras Harry se hacia cargo de sellar la puerta y hacer aparecer unas pequeñas nubes doradas de las que se desprendían pequeñas chispas doradas que caían como lluvia, que desaparecían al tocar una superficie. Ginny se quito su túnica, que era donde estaba casi toda la comida y la colgaba de manera que nada le pasara y ponía hechizos amortiguadores en todas las superficies, más vale prevenir que interrumpir.
El soltó un agudo silbido al verle. –¡Santo cielo, señora Potter, usted no se anda por las ramas!- le dijo a la vez que la envolvía entre sus brazos.
-Me abriste el apetito temprano y ahora espero que cumpla lo prometido, esposo mío- su voz era un sensual murmullo a la vez que hacia desaparecer su ropa interior y la de Harry.
-No esta olvidando algo, señora Potter- dijo sacando del bolsillo de la túnica la crema batida (agradeciendo en silencio que su mujer fuese tan especifica con los conjuros y solo halla desaparecido sus bóxers) y enseñándosela. La pudo en una de las repisas cercanas. –¡Como voy a disfrutar esto!- exclamo mientras se quitaba su túnica y la tendía en el suelo y luego tomo a Ginny en sus brazos y con cuidado la tendía sobre ella.
Hizo aparecer una cuchara y tomando nuevamente el bowl. Puso con el utensilio un poco de la blanca cobertura sobre los pezones de ella, de manera que dibujara exactamente la forma natural del sonrosado botón que cubría. Puso la dulcera en el mismo estante.-la necesitaremos luego- dijo junto a sus labios antes de darle un casto beso y emprender su camino hacia las cumbres nevadas que lo esperaban.
Recogió ambos montes con las palmas de sus manos, antes de agachar lentamente su cabeza y tomar gentilmente entre sus labios la cima del derecho. (Ginny gimió, enterrando sus manos en su azabache rebelde cabellera. Sus gemidos parecían escaparse de su garganta junto con algunos jadeos) Haciendo círculos en sentido de reloj, con la legua fue recogiendo lentamente el dulce manjar que había colocado allí, no se detuvo hasta que no quedo rastro del dulce en aquella dura gema.
-Aun sabes como a fresas, mi amor- exclamo extasiado antes de proceder a someter al pico gemelo al mismo tratamiento.
Después de algunos lengüetazos extras, cuando estuvo seguro que no quedaba ni rastro de azúcar, tomo nuevamente la crema batida. Con sus dedos vertió un poco desde el cuello, pasando por el valle de sus senos hasta el ombligo y otra línea conectando ambos pezones formando una cruz.
Ginny tomo sus dedos y se los llevo a la boca y empezó a lamerlos tan lasciva y ávidamente como pudo, dejando que su lengua se asomara al rodear sus dígitos llenos de azúcar. Sus ojos se trabaron con los de él mientras los succionaba hasta dejárselos limpiecitos. Si había una cosa que Ginny disfrutaba al atormentarlo de esta manera, era ver como sus ojos se oscurecían y se desenfocaban, como su respiración se aceleraba y ella se convertia en el centro de su universo.
Al muchacho se le erizaron los pelos al sentir el cálido contacto de la lengua de su mujer, contra su piel. El dulce calor de su boca y los mismos movimientos que ella aplicaba con otra parte de su anatomía. La que le robaba la sangre a su cerebro en este momento. -me vuelves loco…- fue lo único que alcanzo a articular, sus gemidos ahogados y uno que otro "Gin", acompañaron a la chica en su golosa faena. Harry la miro y ella tenia la mas picara mirada acompañada con un travieso brillo, a la vez que señalaba su propio cuerpo.
Harry sabia que a Ginny le encantaba cuando él la tomaba sin control, cuando su pasión se desbordaba por ella, también cuando como ahora se dedicaba a adorarla. Pero en momentos como este, cuando ella por un momento interrumpía lo que prometía ser una gratificante sesión de jugueteo para recordarle con sus gestos que él le pertenecía a ella, tanto como ella a él. Su alma se estremecía, su corazón parecía resonar con el de ella y llenarse de amor por su pequeña pelirroja, la otra mitad de sí mismo, su ancla a la cordura; sobre todas las cosas su amor.
-Mi amor- le dijo, sacando sus dedos de aquel cálido recinto -esta es mi celebración y tú eres mi postre- le contesto tomando las manos de su amada y colocándolas sobre su cabeza y atándolas allí con un poco de magia. –no te sueltes bombón, te voy a devorar entera- con esas palabras empezó a devorar el rastro blanco que había dejado sobre su piel.
Se tomó varios minutos para consumir toda la crema, lamiéndola desde el ombligo hasta su cuello. Disfrutando de todos los ruiditos que ella producía, en su camino de subida hasta las puertas del aliento para depositar un casto beso. Con torturante lentitud se redirigió hacia abajo para, con parsimoniosa lentitud, comerse toda la crema que había en sus pechos todavía. Los tomo de la base con ambas manos para juntarlos y besar ambos picos a la vez en su boca. Succiono con fruición los botones erectos, hasta que sus gemidos se convirtieron en gritos con los que ella pedía que la tomara.
El así lo hizo, de una sola vez, con una muy lenta certera y estocada. Claro está una vez que cualquier rastro de dulce sobre su piel fue desaparecido. Soltó sus manos y le dijo muy quedo al oído, en lo que se acomodaba entre sus muslos: -prepárate, cielo, va a ser un viaje accidentado- se apretó contra ella y unió sus cuerpos.
Ella sabía a que se refería por lo que se abrazo firmemente a él con sus brazos y sus piernas mientras el se levantaba para apoyarla en la pared más cercana. La acomodo firmemente contra su cuerpo y se quedo quieto algunos momentos. La sensación de estar unido a ella, era realmente gloriosa. La unión no solo de sus cuerpos sino también de sus almas mientras se enterraba más firmemente en el interior del aterciopelado calor de su túnel de amor. Claro que siempre era así y el no se cansaba de experimentarla cada vez que le hacia el amor. Atrapado en ese húmedo y terso canal.
Mirándola a los ojos lentamente empezó un suave vaivén con sus caderas. Conforme fue aumentando la intensidad de sus embestidas sus besos y su lengua trataban de imitar la cadencia de su cuerpo. Las lentas y profundas embestidas poco a poco se convirtieron en ondulaciones más cortas y el ángulo de su cuerpo ayudaba a que la tención en su abdomen aumentara hasta estallar en un sinfín de colores. Harry la tomo por las caderas y cedió al ritmo frenético de su corazón hasta lanzarlos juntos a un nuevo mundo de colores y explosiones sin fin.
La jalo hasta quedar con ella sobre su regazo, ambos arrodillados en el suelo y mirándola a los ojos le dijo _ te amo, me Ginny. ¿Lista para el segundo?-
Era tiempo del segundo compás, con el aun turgente en su interior, Ginny comenzó a rotar su cadera con algunos irregulares movimientos a la vez que él la imitaba en sentido inverso.
Nadie podía negar que Harry normalmente era un hombre con ideas fijas. Mientras sus caderas marcaban el ritmo de la marcha en busca del clímax su boca fue en busca de sus pechos, mordiendo y jalando los pezones con sus dientes, besando las pecas que trazaban la senda de uno a otro. Sus frenéticos embistes pronto los lanzaron hasta las cumbres más altas del placer.
Capítulo 5 celebraciones parte 2
Mientras tanto en el séptimo piso:
Ron y Hermione llegaron al pasillo donde el retrato de los trols en tutú marcaba la puerta del cuanto de requerimientos.
-¡Que bueno que Ginny y Harry se ofrecieron para ir por la comida!- dijo Hermione emocionada –así podré aprovechar para sacar unos libros nuevos-
-Pero mi amor,- protesto Ron –no te voy a negar que mi sueño húmedo favorito era hacerte mía aquí-
-¿en serio?- pregunto la castaña, asombrada, frotándose contra el se manera sugestiva.
-Si, sonaba con que te encontraba aquí al finalizar nuestros deberes de prefectos y te pedía que fueras mi novia y que te tenia una sorpresa adentro. Pero me encontraba viéndote tan preciosa, que en vez de aparecer el jardín con flores que aliste para cuando al fin me arme de valor y te lo pedí, el cuarto mostraba una alcoba muy grande con una cama, como la que tenemos en el castillo, toda cubierta de pétalos de rosa y una rosa blanca flotando frente a esta. Al entrar en vez de darme una cachetada e irte indignada, me besaste. Y bueno, una cosa llevo a otra y te hacia el amor sobre el lecho de rosas, igual que nuestra primera vez, fuera de la vista de la orden.- le explico acariciando su mano mientras sus palabras seducían la mente de su esposa. Al terminar su relato, se agacho y tomo su boca con dulzura expresando en ese gesto cuanto la amaba.
Ella por su parte había empezado a dibujar circulitos y corazones en el pecho de su adorado Ron mientras dejaba su mente volar, guiada por sus palabras, hasta que las interrumpió besándola. Cuando se separaron ella hablo, aunque su voz estaba temblorosa y llena de emoción.
-déjame, primero, sacar algunos libros. Tenemos tiempo, por favor. Sabes que nada me excita más que un montón de libros nuevo. Claro que tu siempre ocuparas el primer lugar, tus nuevos músculos son el segundo y tu…- se acerco a su oído y le susurro algo que hizo que sus orejas se pusieran rojas –y los libros son un solidó cuarto lugar-
-Si lo pones así, esta bien, pero no te demores. Harry tiene ánimo de celebrar pero sabe que no tenemos mucho tiempo, por lo que probablemente no demorara más de una hora, por si la reunión no demora mucho-
La castaña pidió primero libros sobre viajes en el tiempo y mecánica temporal, después fue sobre magia sin varitas y defensa, a continuación busco algunos sobre pociones y recuperación, hechizos sanadores, entrenamiento físico y finalmente saco algunos sobre pociones. Eran mas de cien libros los que saco encogió u guardo antes de que Ron pidiese por su habitación.
La puerta se abrió para revelar una habitación amplia con grandes ventanales por los a ambos costados cuyas cortinas ondeaban movidas por una suave brisa que hacia jugar la tenue luz de luna que se filtraba por las ventanas. Un camino de pétalos guiaba el camino a la enorme cama (3x3m) coronado por un dosel y suaves cortinas rojas con dorado. El cubrecama dorado, tenia bordada sobre la superficie un par de felinos (un lince rojo y un guepardo) echados uno al lado del otro y un par de águilas volando sobre ellos, todo el resto estaba cubierto con pétalos de rosas de distintos colores, incluso sobre las sabanas de seda negra y las almohadas de plumas. Y claro la rosa blanca que flotaba en medio de la habitación que se acerco a ella en cuanto entraron.
-Ron, esto…- se había quedado sin palabras de tan hermoso que era. Sabia que cuando encontraron el castillo el hizo realidad su sueño, aunque no era igual. Esa noche ella le haría realidad sus fantasías –cielo, me dejas sin aliento, bésame y tómame, amor mío-
Y el así lo hizo. Lentamente beso sus rojos labios, entreabiertos, explorando su cálida boca con dulce determinación. Sin separar sus bocas paso un brazo bajo sus rodillas y otro bajo su espalda y la cargo y camino hacia la cama.
La deposito gentilmente, mientras su mano pasaba suavemente sobre sus botones, desabrochándolos. Se alejo para mirarla allí donde tantas veces la había soñado, lentamente la hizo flotar algunos centímetros con su mano derecha y con la izquierda mando hacia el otro extremo de la habitación su túnica y devolverla, gentilmente, sobre el colchón.
Se despojo de su ropa, toda, antes de unirse a ella en el lecho. Ron podía tener la sensibilidad de una piedra en cuanto a otros asuntos, pero cuando se trataba del cuerpo de Hermione, era como un ciego leyendo braille. Conocía cada milímetro de su piel, la mejor manera de arrancarles gemidos, suspiros, exclamaciones ahogadas y sobre todo gritos. Claro que tener mejor control de su magia le permitía usarla para incrementar ciertas sensaciones, y hacer perdurar otras. Los cuatro habían aprendido que con su magia no había límites, sobretodo si la dejaban fluir libremente entre ambos.
Acariciaba su piel lentamente, recorriendo su cuerpo. Dándole de vez en cuando pequeñas descargas de magia que la hacían gemir su nombre. Pronto su boca se unió a sus manos haciéndola estremecer. Enfocándose en esos lugares que la hacían arquearse contra y sujetar su cabeza contra su cuerpo para que no se moviera.
Desde la primera vez que hicieron el amor, el siempre había sido gentil con ella. Aun cuando la pasión y el deseo lo embargaban y la tomaba sin demoras ni jugueteos, jamás la lastimaba, si podía evitarlo. La primera vez que hicieron el amor el le puso un hechizo que le quito toda la sensación por un minuto justo antes de atravesar la barrera para que no sintiera dolor. Y aun ahora que ella se entregaba a el sin ningún tipo reticencia ni remordimiento el seguía siendo tan gentil como la primera vez.
Cuando ella le pregunto porque era así de cuidadoso, el le respondió que era por su tamaño (unos generosos 24cm de longitud y 10 de grueso) que no deseaba que ella lo aborreciera por hacerle daño, al amarla con mucho ímpetu. Aunque a veces el se perdía tanto en las sensaciones que se enterraba en ella con fuerza y rapidez olvidando por algunos minutos la gentileza en pos del placer y la gloria del éxtasis compartido, porque ella siempre lo disfrutaba.
Esa noche no fue distinta la amo lentamente y con ternura para que al final ella lo cabalgara como potra sin bridas, llevando hasta las cimas del placer. Llena de su ser y su esencia yacía descansando sobre su pecho cuando su amigo y su cuñada mandaron su señal de llegada.
