Líneas de tiempo

Capítulo IV: Potencial


Hina Kazama cerró los ojos, juntó ambas manos en el centro de su pecho y liberó su poder espiritual. Apenas lo hizo, absolutamente todas las cartas se desperdigaron por los aires, controladas por una fuerza sobrenatural que sorprendió a los presentes.

— Cuando realizo mis lecturas en la escuela no utilizo ni el uno por ciento de mis habilidades, es por eso que no lograste percibirme, Yoh Asakura. — Comentó la tarotista mientras abría lentamente sus ojos, los cuales resplandecían intensamente. — Todos ustedes serán testigos de una lectura real hecha por un miembro de la familia Kazama.

La brisa que creaba su poder no solamente hacía que las cartas volaran sin dirección en el interior de la sala, sino que también conseguía que el largo cabello de la tarotista revoloteara de un lado a otro. Los shamanes testigos se encontraban a la defensiva, con excepción de Yoh.

— Espíritus protectores del tiempo y el espacio, guardianes que tejen los hilos del pasado, el presente y el futuro, yo, Hina Kazama, quiero saber el paradero de Manta Oyamada. ¡Muéstrenmelo! — Pidió en voz alta poco antes de rezar un mantra que provocó que algunas de sus cartas se posicionaran estratégicamente en el tatami justo al frente suyo, siguiendo el orden de la cruz patriarcal.

Una vez concluida la lectura, las cartas restantes volvieron a reunirse en un mazo junto a la tarotista, como si nada hubiera pasado. Kazama cerró los ojos otra vez.

— Agradezco a los arcanos mayores por responder mis demandas. — Recitó ella de manera solemne momentos antes de balancear su diestra en el aire, gesto que bastó para que las cartas se voltearan y mostraran su reverso.

Completada la tirada, Hina centró su atención en los coloridos dibujos de cada carta. No tardó en tensar la mandíbula y agudizar la mirada, la cual se mantuvo ausente por unos cuantos segundos. Ren analizó cuidadosamente su expresión en medio del silencio que se apoderó de la estancia.

— ¿Y? ¿Qué es lo que dice? — Quiso saber Yoh, ansioso. Kazama tragó un poco de saliva antes de darle la esperada respuesta.

— Oyamada está vivo pero… ha sido capturado. — Respondió sin apartar la mirada de las cartas. — Un enemigo poderoso quiere provocarte, Yoh Asakura. No importa cuánto le busques, no le encontrarás. De hecho, sus habilidades impiden que mi lectura pueda mostrarme su paradero exacto. Lo siento mucho.

— ¿Eh? ¿Es tan fuerte que está interfiriendo en la lectura? — Preguntó Miyu con sorpresa mientras observaba a Yoh de soslayo, preocupada.

— Así es. — Kazama volvió a dirigirse al consultante. — Solo si incrementas tus fuerzas esa persona se mostrará ante ti, de lo contrario serás asesinado. Y debo advertirte que alcanzar esta meta podría tomar meses. Si quieres salvar a tu amigo deberás soportar una larga espera.

Yoh contuvo la respiración. Lucía mucho más serio de lo que acostumbraba. Estaba claro que la respuesta de Hina Kazama no le complacía del todo.

— ¿Un enemigo poderoso? ¿Acaso se trata de Hao? — Intervino Horohoro.

— La tirada no lo dice explícitamente, pero… — La tarotista hizo una pausa en la que volvía a pasear su mirada sobre las cartas y leía su significado. — Mi lectura indica que un miembro de la familia Asakura conoce el paradero de Oyamada. Es probable que ese sea Hao.

— ¿Tú sabes dónde se encuentra Hao? — Quiso saber Yoh, observándola con tenacidad. Anna se percató de que algo no andaba bien con su prometido: únicamente se mantenía en calma por haber confirmado que Manta se encontraba vivo, sin embargo, la idea de esperar no le gustaba nada.

— No lo sé. Nunca he podido leer su paradero por este medio. — Kazama levantó la mirada al fin, encontrándose con los ojos oscuros del consultante. Solo en ese momento Yoh supo que estaba diciendo la verdad.

El muchacho suspiró y esbozó una sonrisa cansina.

— Con que esté vivo es suficiente, supongo… — Musitó, más para sí mismo que para los demás. — Muchas gracias, Kazama. Por favor mantenme informado si averiguas algo más.


Una vez finalizada su lectura, la tarotista se retiró de la pensión Asakura sin mucho más que decir. Ninguno de los presentes se opuso a su decisión, excepto Yoh y Ryu, quienes insistieron en que se quedara a dormir pues les parecía peligroso que anduviera sola por la calle a esas horas, más aún después del incidente de Miyu. A pesar de esto, Hina se negó amablemente.

— Puedo defenderme sola. No soy tan débil como Yumemiya. — Les recordó poco antes de dedicarles un guiño, despedirse y partir.

Mientras escuchaba las protestas de Miyu a sus espaldas, la muchacha hizo lo posible por mantener su mente en blanco durante un trayecto de al menos tres cuadras. Ya lejos de la pensión, donde ninguno de ellos podía verla, aminoró la marcha hasta detenerse. Sabiéndose sola, se dejó invadir por sus angustiantes pensamientos. Repasó cada una de las palabras intercambiadas con Yoh Asakura. No tardó mucho en desmoronarse en plena calle.

— Hina. — Escuchó decir a una voz conocida.

Cuando Hina Kazama levantó la mirada, lo primero que vio fue el color rojo. Su cabello.

— ¿Kou? — Musitó ella al verle. El vendedor en jefe de la librería "Lost Paradise" se acercó preocupado a la tarotista.

— Supongo que ya te enteraste. — Fue lo primero que dijo al intercambiar miradas con ella.

— ¿Qué hacemos?

— Hao no puede saberlo.

— Estoy segura de que ya lo sabe. Y si no es así, no tardará en hacerlo. — Hina temblaba. Las palabras empezaron a salir con acelero y desesperación, entre susurros. — Cuando hicimos esto fue sabiendo que nos odiaría y que solo alargaríamos lo inevitable. No tiene sentido burlar al destino…

— Tranquilízate, Hina. Aún tenemos tiempo. — Kou Mikage le hablaba con firmeza y autoridad, pero la tarotista no parecía escucharle.

— No entiendo… si el señor Hao ya lo sabe… ¿por qué no ha venido a matarnos? Hemos estropeado sus planes…

— Porque tiene cosas más importantes que hacer, supongo. Quién sabe, quizás aún le seamos de utilidad. — Solo en ese momento, Hina centró realmente su atención en el pelirrojo. Él prosiguió: — Hao te envió a esta ciudad para mantener vigilado a Yoh Asakura. Solo tienes que concentrarte en eso. Yo me ocuparé de Miyu.

Sin previo aviso, la tarotista se desmoronó en los brazos del muchacho. Él no respondió al gesto, pero tampoco la apartó. Se limitó a escucharle en silencio.

— Kou… he sido muy cruel… muy, muy cruel…


— ¡Esa chica! No era necesario que se burlara de mí… — Protestó Miyu poco después de la partida de Hina Kazama. — Está claro que no puedo defenderme de dos shamanes agresivos…

— ¿De qué te estás quejando? Que esos tipos te hayan atacado es tu culpa. — Intervino Anna desde la sala de estar, donde estaban todos reunidos otra vez.

— ¿Eh? Pe-pero si fue usted quien me dio la orden de salir a comprar…

— Era hora de cenar y no quedaba más comida.

— ¡Pues si se hubiera conformado con la primera vez que le preparé la cena nada de esto hubiera sucedido! — En ese momento, tanto Yoh como Ryu saltaron a tranquilizar a Miyu, quien no parecía entender aún lo "peligroso" que era contradecir a Anna. — Las personas no nacemos cocinando bien, ¿sabe?

— ¿Conformarme? ¿Acaso querías que aceptara ese platillo incomible? No, gracias. — La respuesta de Anna fue tajante, sarcástica e indiferente. Miyu no pudo hacer otra cosa más que asentir a regañadientes. Al ver esta reacción, Yoh suspiró aliviado. Era lo mejor que podía hacer en esos momentos. "Ánimo, Miyu." — Sea como sea, no me refería a eso. — La sacerdotisa volvió a dirigirse a ella con firmeza. — Debes hacerte cargo de tu debilidad.

— ¿Hacerme… cargo? — Murmuró la chica en respuesta, más receptiva.

— Sí, mañana mismo empezará tu entrenamiento real.

"¡Sabía que lo anterior no era un entrenamiento! ¡Soy ingenua pero no idiota!" Se dijo Miyu en pensamientos.

— ¡De acuerdo! ¡Es lo que esperaba! — Respondió con un entusiasmo que no duró demasiado. — Ah… pe-pero… señorita Anna… por favor tenga presente que trabajo y además debo hacer las labores de la casa…

— No me interesa. De alguna manera deberás compatibilizar eso. Tal vez si duermes menos lo consigues.

— ¡¿Dormir menos?!

— ¡Eso no será necesario, doña Anna! — Saltó de inmediato Ryu, quien entendió que Miyu no tendría tiempo suficiente para realizar diariamente todas esas actividades. — Yo puedo encargarme de mantener este lugar impecable.

— Ryu… — Musitó Miyu, sorprendida. Estaba claro que el chico intentaba ayudarle.

— Un momento, ¿planean quedarse aquí? — Espetó la sacerdotisa ante su intervención.

— Hospedarse en este lugar sería una buena oportunidad para entrenar en conjunto. — Comentó Ren con indiferencia.

— Oye, ¡qué buena idea! — Exclamó Horohoro. — Así podemos compartir estrategias y fortalecernos para cuando llegue el momento de enfrentar al enemigo.

— Hermano… no me digas que te estás aprovechando de la situación para dormir cómodamente… — Intervino Pirika, quien sabía que Horohoro estaba cansado de dormir a la intemperie.

— ¡Claro que no, Pirika! ¿De qué estás hablando? ¡Yo solo quiero hacer todo lo que esté a mi alcance para encontrar a Manta!

— Ni lo sueñen. — Soltó Anna, tajante. — No tenemos dinero para mantenerlos a todos.

— Puedo pagar la renta de este lugar. — Le dijo Ren, dispuesto a convencerla de un modo u otro. — Además, pensaba traer a una de las sirvientas de mi familia para que se encargue de las labores domésticas, la comida y tus caprichos. ¿Qué dices?

Al escuchar la palabra "sirvienta" el semblante molesto de Anna se suavizó sutilmente. Era consciente de que nunca podría costearse un servicio como ese, por lo que quizá ésta era la gran oportunidad de su vida.

— Uhm… una sirvienta, ¿eh? De acuerdo. — Aceptó finalmente y de mala gana. — Pero más les vale mantener la casa ordenada y no perturbar mi paz en ningún sentido, ¿queda claro?

Los shamanes asintieron entre vítores y comentarios fastidiosos hacia la sacerdotisa, quien les hizo callar de inmediato. Solo había una persona que se mantenía más silenciosa de lo usual.

— ¿Estás bien? — Le preguntó Miyu en un susurro suave.

— Sí… solo… un poco preocupado. Es todo. — Le respondió Yoh con esa sonrisa cansina que la chica llevaba observando desde hace un rato.

— Es lo normal. Seguimos sin saber dónde está.

— O en qué condiciones… que esté vivo no significa que no esté sufriendo o pasando por momentos difíciles.

Ambos callaron entonces, centrados en un mismo pensamiento. En Manta. En su bienestar. "Si para mí resulta difícil no pensar en el sufrimiento de ese chico, para Yoh debe ser completamente imposible…" pensaba Miyu sin saber exactamente qué decir. Apenas conocía a Manta, ningún comentario suyo sería del todo certero.

— Anímate, ¿sí? — Dijo al fin, sonriéndole con sinceridad. — Ya verás como todo se resolverá.

Por un momento, Yoh se quedó observándole con sorpresa. Era primera vez que alguien de su círculo le decía eso, pues él no era la clase de persona que pareciera necesitar de un aliento como ese. Aquél era "su lema", una frase que siempre dedicaba a sus amigos cuando estaban atravesando dificultades. ¿Por qué le costaba tanto aplicar su propio consejo en ese momento en particular?

— Gracias, Miyu. — Fue todo lo que dijo, después de esa conversación ambos se reincorporaron al grupo, que se encontraba decidiendo qué habitación ocuparía cada quién.

Pero las sonrisas de Yoh cambiaron. Volvían a ser naturales y relajadas, como las habituales. Miyu no supo explicarse por qué.


Al día siguiente Miyu despertó a las seis y media de la mañana, tal y como se lo había indicado Anna. Debido a que no estaba acostumbrada a madrugar se levantó a duras penas para iniciar su entrenamiento. Se dirigió hacia el recibidor con la yukata aún puesta y el rostro adormilado, encontrándose así con todos los shamanes despiertos y vestidos.

— ¡Buenos días, dormilona! — Le saludó Horohoro de manera amigable al pasar junto a ella. — ¿Aún no te vistes? Espero que la sirvienta de Ren no se tome a mal que la recibas con esas pintas...

— ¿La sirvienta de…? — Murmuró Miyu, confundida. No tardó más de unos segundos en recordar la conversación de ayer. — ¡Ah! ¿Está aquí? ¿Tan pronto?

— Eso parece. A la dinastía Tao no le gusta hacerse esperar.

La expresión burlona de Horohoro desorientó aún más a la chica, quien se limitó a rascar su cabeza. ¿Cómo era posible que todos se levantaran tan temprano? ¿Habían dormido siquiera? ¿Realmente estaban listos para entrenar? "Si por mí fuera, dormiría otras cuatro horas más…" pensaba, haciendo un esfuerzo por espabilarse. Iba a pasar al baño a mojarse la cara, pero Horohoro fue más rápido que ella y la sujetó de los hombros.

— ¡Vamos a darle la bienvenida! — Exclamó el shaman de hielo con una gran sonrisa mientras la empujaba hacia la sala de estar, la misma que habían utilizado la noche anterior para cenar.

Al entrar, se encontraron a todos reunidos alrededor de una muchacha muy guapa vestida con un atuendo tradicional chino de color fucsia y decoraciones doradas. Este estaba compuesto por un vestido corto de una pieza, el cual hacía lucir sus piernas y su esbelta figura. El cabello de la chica era morado oscuro y estaba recogido en dos tomates a cada lado de su cabeza. Sus ojos eran grandes y de color verde agua, los cuales resaltaban bastante por sus largas y frondosas pestañas. Sin embargo, y a pesar de lucir tan vistosa, su expresión estaba del todo ausente.

Ren se encontraba junto a ella.

— Bien, ya que están todos les presentaré a la sirvienta. — Habló con los brazos cruzados al ver entrar a Miyu y a Horohoro. — Ella es Mei. Ha servido a la dinastía Tao durante toda su vida desempeñando múltiples funciones, entre ellas las tareas básicas de cualquier mucama como ocuparse eficientemente del hogar y de la comida. Pero además de eso es una excelente guardaespaldas y guerrera. No la vayan a subestimar. No habla mucho japonés pero si se pasan de listos con ella la pasarán muy mal. Están advertidos.

Al decir esto último, fue inevitable que las miradas de todos se detuvieran en Ryu, quien estaba devorando con los ojos a la implicada.

— Si sabe poco japonés, ¿cómo va a entender mis órdenes? — Intervino Anna de manera tajante.

— Mei se adapta rápidamente a las necesidades de sus amos. — Le respondió Ren. — Si la traje a ella es porque pienso que es la más calificada para acoger tus demandas.

— Me parece bien. Vamos a probar esa habilidad ahora mismo.

Al escuchar esto, todos los shamanes se pusieron en tensión. Excepto Miyu, quien no entendía nada y solo pensaba en volver a la cama. Anna se incorporó del suelo y se dirigió hacia Mei.

— Quiero un masaje ahora. — Le ordenó con una voz increíblemente autoritaria. La sirvienta le quedó viendo con la misma apatía que había mostrado durante todo ese tiempo. Después de comprobar su nula reacción, Anna empezó a exasperarse. — ¿Entiendes lo que te digo? Ma-sa-je.

Sin previo aviso, Mei empezó a desvestirse frente a los ojos atónitos de todos.

— ¡AAAAAAAAAAAAAH! — Gritaron los testigos ruborizados mientras Ren detenía a Mei y le explicaba en chino lo que Anna realmente deseaba.

— Bueno… eso fue… inesperado… — Comentó Yoh con nerviosismo.

Miyu, por su parte, acababa de despertar gracias a los gritos de los demás y se encontraba observando las interacciones entre Ren y Mei. "Con que Mei, ¿eh? Me pregunto si ella conocerá bien a mi príncipe…" pensó la chica, aún algo somnolienta. No obstante, este pensamiento le ayudó a espabilar. "Un momento… si lleva trabajando toda la vida con la familia Tao significa que conoce MUY BIEN a mi príncipe. Esta podría ser la oportunidad que necesito para saber más cosas de él." Tan ensimismada se encontraba que no se percató del shaman a su lado, que le observaba con curiosidad.

— Será mejor que vayas a vestirte. — Le recomendó Yoh. — Anna es bastante exigente cuando se trata de entrenar.

— Ah… ¡de acuerdo! — Respondió Miyu antes de volver a su habitación y prepararse para el día que le esperaba.

Más tarde se enteraría de la horrible rutina de ejercicios que Anna había diseñado para ella, la cual básicamente consistía en correr mucho y alternar el uso de las pesas en su cuerpo. Pero eso no era todo. Después del entrenamiento matutino tenía que ir al trabajo, el cual le ocupaba toda la tarde. Al ser la única empleada de Mikage había mucho por hacer: mover pilas libros, ordenar las estanterías y atender a los clientes que pedían títulos que tardaba largo tiempo en encontrar.

Gracias a la ayuda de Ryu y Mei en lo que se refería a las labores domésticas, Miyu creía que después de la jornada laboral volvería a la pensión a descansar. Pero no. Anna le forzaba a aprovechar las horas de la noche para seguir ejercitándose. Todo esto en solitario, por supuesto. Yoh y los demás tenían un entrenamiento especial, más avanzado y destinado a shamanes experimentados.

Así, Miyu realizó esta rutina durante aproximadamente dos semanas. Y cada día llegaba más exhausta y acabada.

— ¡Ya no lo soporto! ¡Quiero entrenar con ustedes! — Protestó un día delante de los chicos. En ese momento todos se encontraban cenando. — Sé que ustedes deben estarla pasando mucho peor que yo, pero es realmente desalentador hacer esta rutina sola… ¡y ni siquiera tengo dinero para comprar un nuevo CD para mi reproductor de música! ¡Estoy cansada de escuchar las mismas canciones una y otra vez mientras atravieso la maldita ciudad corriendo!

— Si lo deseas puedo prestarte mis CD's. — Ofreció Yoh mientras se llevaba a la boca el delicioso rollo de primavera preparado por Mei.

— Los entrenamientos para shamanes son un fastidio. — Le advirtió Horohoro. — No creo que quieras cambiar de lugar con nosotros una vez los conozcas…

— ¿Qué es lo que hacen? ¿No ejercitan? — Preguntó Miyu, curiosa.

— Bueno, sí. Pero no se trata solo de eso. Lo más importante es fortalecer nuestro espíritu.

— Básicamente intentamos mantener el control de nuestra mente en todo momento, elevando así nuestro poder espiritual. — Le explicó Ren.

— ¡Woah! ¿Y eso cómo se hace? — Volvió a preguntar Miyu, genuinamente interesada.

En ese momento, Anna dejó sus palillos en la mesa de forma sonora, interrumpiendo y atrayendo la atención de los presentes.

— En resumen, solo estás aburrida porque no tienes a nadie con quien conversar mientras entrenas. — Concluyó la sacerdotisa con firmeza.

— ¡No se trata solo de eso! — Intervino Miyu de inmediato. — Es un poco deprimente estar sola todo el día... animándome a seguir adelante y a no rendirme sin importar el cansancio que sienta… si estuviera entrenando con los chicos podríamos alentarnos entre todos y…

— Eso también es parte de tu entrenamiento. Debes aprender a fortalecerte por tu propia cuenta, sin depender de los demás. — Miyu se sobresaltó. Esas palabras calaron fuerte en su interior. "Otra vez…" — Ya llegará el momento en el que puedas unirte a los demás. Ahora solo debes concentrarte en el desafío que tienes por delante.

Dicho esto, Anna se levantó de la mesa y se retiró a su habitación. Los shamanes guardaron silencio ante la evidente estupefacción de Miyu: "Otra vez… esta sensación de impotencia… ¿soy débil por necesitar de los demás?" Pensaba la chica, visiblemente afligida. Yoh y los demás intercambiaron miradas llenas de preocupación.

— No lo tomes tan a pecho… — Dijo Yoh, acercándose a ella.

— Es cierto, doña Anna solo es dura contigo porque quiere que alcances tus objetivos. — Agregó Ryu.

Pero Miyu no parecía escucharlos. Estaba atrapada en sus propias preocupaciones.

— ¡Oigan, tengo una idea! — Saltó Horohoro de improviso. — ¿Qué tal si cada uno de nosotros le pone una prueba? Si supera cada una de ellas, podrá entrenar con nosotros.

— ¿Una prueba? — Repitió Miyu, levantando la mirada con extrañeza ante la propuesta de Horohoro.

— Así es. Será como en un video juego. Solo si apruebas podrás pasar al siguiente nivel, y así sucesivamente hasta que estés lista para unirte a nosotros. ¿Qué dices? ¿Verdad que es una buena idea?

— Oye, pero ¿qué tipo de pruebas serían? — Le preguntó Ryu a su amigo. — No olvides que la señorita Miyu ni siquiera tiene un espíritu acompañante.

— Eso puede solucionarse. — Intervino Yoh. — ¿Verdad, Amidamaru? Tú puedes cuidar de ella.

— Amo Yoh, ¿está seguro? — Preguntó el fantasma con preocupación. — Si usted enfrenta alguna dificultad y me necesita…

— ¡No te preocupes! Kazama dijo que el enemigo solo aparecería después de que incrementara mis fuerzas y solo han pasado dos semanas desde entonces.

— Pareces confiar mucho en la lectura de esa mujer… — Comentó Ren.

— ¡Claro! Desde la última vez que vino charlamos durante los recesos de la escuela. Es una buena chica.

— Ten cuidado, Yoh. Que Anna no se vaya a enterar. — Le advirtió Horohoro con una sonrisa pícara.

En ese momento, Miyu se puso de pie y se dirigió hacia el espíritu de Yoh. "No puedo permitir que él se haga responsable de mi debilidad…"

— Amidamaru. — Su voz sonaba firme y decidida. Los shamanes guardaron silencio, expectantes. — Si al realizar las pruebas necesito tu ayuda la solicitaré, pero no quiero que me protejas todo el tiempo. Tienes que estar junto a Yoh.

— Señorita Miyu… — Murmuró el fantasma, sorprendido por su tenacidad. La chica volvió la vista hacia el castaño.

— Gracias por preocuparte, Yoh. Pero Anna tiene razón. Debo aprender a valerme por mí misma.

— Miyu… — Musitó Yoh, visiblemente preocupado. Ella parecía haberse tomado realmente en serio el comentario de su prometida. "No tiene nada de malo que salga adelante por su cuenta, pero desde que la conocí pareciera estar obsesionada con la idea de solucionar todo sola…" pensaba el shaman.

— Y bien… ¿cuál será la primera prueba? — Miyu ahora se estaba dirigiendo al grupo.

— Te ves ansiosa. — Comentó Horohoro con una gran sonrisa. — Me pregunto si mantendrás el mismo entusiasmo cuando sepas en qué consiste mi desafío…


— ¿Esa… no es…? — Preguntó Yoh.

— Qué poco original. — Comentó Ryu.

— ¿Te estabas haciendo el interesante por esta tontería? — Intervino Ren con una ceja en alza.

— ¡Silencio! ¡Por si no lo recuerdan sufrimos bastante con esta prueba! — Exclamó Horohoro, furioso por la reacción de sus amigos.

Los chicos se encontraban en la azotea de un edificio muy alto, en medio de la ciudad. Faltaban pocos minutos para las diez de la noche.

— Eh… ¿Horohoro? — Habló Miyu con voz queda. — ¿Puedes repetirme la instrucción, por favor?

— Claro, verás… esconderé esta semilla en alguna parte de la ciudad y tendrás que encontrarla. — Le volvió a decir el shaman de hielo, mostrándole una semilla muy pequeña que a duras penas sostenía con la yema de sus dedos. — Se trata de un tipo de planta que crece exclusivamente en mi región, ¡así que no podrás conseguir un reemplazo en caso de que quieras engañarme!

— ¡Pero si es la misma prueba que nos puso mi papá cuando estábamos en la aldea de los apaches! — Dijo finalmente Yoh.

— ¡¿Y qué esperabas?! ¡No soy ningún maestro! ¡Solo puedo enseñar lo que me han enseñado! — Espetó, dirigiéndose hacia su amigo. — Además, esta prueba nos ayudó mucho a incrementar nuestras habilidades. Si Miyu logra pasarla desarrollará su sexto sentido y estará un paso más cerca de convertirse en shaman…

— Me parece una pésima idea. — Opinó Ren. — Nosotros buscamos el grano de arroz como shamanes ya formados, ella en cambio ni siquiera puede hacer la posesión de objetos.

— Es cierto, además, la gracia que tenía el grano de arroz era que llevaba escrito algo valioso para nosotros. — Le recordó Ryu. — No creo que pueda hacer lo mismo en esa semilla tan diminuta…

— ¿Algo valioso? — Repitió Miyu, curiosa. "Me pregunto qué habrá escrito mi príncipe…" pensó, observando de reojo al heredero de la dinastía Tao.

— ¡Bueno, bueno, no repliqué todos los detalles! — Protestó Horohoro.

— A mí no me parece un detalle… — Respondió Ren.

— ¡Ya dejen de pelear! — Intervino Yoh. — La idea es buena, Horohoro, pero no creo que Miyu esté lista. ¿Cómo pretendes que busque una semilla en esta ciudad tan grande sin siquiera tener control de su poder espiritual? Será mejor comenzar con algo más sencillo…

— ¿Qué están haciendo ustedes aquí? — Una voz conocida interrumpió la conversación.

Los shamanes voltearon sorprendidos y se encontraron con Hina Kazama, quien a pesar de la hora seguía vistiendo su uniforme escolar.

— ¿Kazama? — Yoh se volvió hacia ella, confundido. — ¿Cómo nos encontraste?

— De hecho, es aquí donde vivo… solo salí a tomar un poco de aire… — Le respondió la tarotista, cruzándose de brazos con indiferencia. Analizó a los shamanes de arriba hacia abajo y esbozó una sonrisa sardónica. — ¿Qué es esto? ¿Una suerte de entrenamiento?

— ¡Y a ti quién te preguntó! — Saltó Horohoro, ofendido. — ¡¿Quieres pelear?!

— Relájate, Horohoro. — Le dijo Yoh. — Ella no tiene malas intenciones.

— ¡Hmp! Espero que no te estés dejando engañar solo porque es un poco guapa…

— ¡Qué cruel! ¡Heriste mis sentimientos! — Exclamó Hina en un chillido fingido y burlón.

— ¡Eso no funcionará conmigo!

— ¡Ah, eso es! — Miyu dio un respingo y se acercó hacia la tarotista. — Señorita Kazama, Horohoro pensaba que una buena manera de desarrollar mi poder espiritual era hacerme buscar una pequeña semilla perdida en esta gran ciudad, pues es el entrenamiento que los chicos recibieron cuando eran más jóvenes. ¿Usted qué piensa? ¿Estoy lista para algo así?

Yoh y los demás permanecieron expectantes. Ninguno se esperaba que la chica recurriera a Hina para confirmar si aquél entrenamiento era el correcto. Y es que ni la propia Miyu estaba segura si aceptar el desafío de Horohoro u obedecer a Yoh, quien creía que era demasiado pronto para algo así.

— Es simple. Solo tienes que descubrir tu potencial como shaman. — Declaró Kazama mientras acortaba aún más las distancias con Miyu, envolvía su hombro con un brazo y la instaba a caminar junto a ella, alejándola de sus amigos. Se detuvieron en el filo de la barandilla de la azotea. — Tengo entendido que perdiste tus recuerdos, ¿no es así? Eso quiere decir que no tienes idea de lo que puedes hacer… ¿quieres averiguarlo?

La voz de Hina Kazama era aterciopelada y a medida que hablaba sus palabras se convertían en suaves susurros. Miyu se sentía extrañamente seducida por ella, no podía dejar de observar su bello rostro y la intensidad de su mirada carmín. Aquella sonrisa traviesa parecía estarle a punto de revelar un gran secreto.

— ¡Miyu, cuidado! — Escuchó gritar a Yoh momentos antes de sentir cómo una mano le impulsaba con fuerza hacia delante y su cuerpo caía en picada hacia el vacío.

Hina Kazama acababa de empujarle del edificio donde se encontraban.

"¿Eh? ¿Por qué estoy cayendo?"

— ¡¿Qué mierda estás haciendo?! — Exclamó Horohoro, precipitándose hacia donde Hina se encontraba con la posesión de objetos en mano.

— ¡Tokageroh! — Ryu también llamó a su espíritu acompañante, dispuesto a lanzarse a salvar a Miyu.

— ¡Deténganse! — Les ordenó la tarotista, tajante. Los shamanes dominados por la adrenalina del momento frenaron en seco. — Todo está controlado. Ella no morirá.

— ¿Cómo?

— ¡¿Qué quieres decir con eso?! — Gritó Horohoro, furioso. — ¡Acabas de lanzar a Miyu a una muerte segura! ¡Ella no es un shaman como nosotros, no tiene forma de salvarse de una caída como ésta!

— No le pasará nada... — Insistió Hina, muy segura. — Si no reacciona, yo misma amortiguaré su caída. — Anunció, enseñándoles una de sus cartas del tarot. "Le Chariot".

En ese momento un enorme resplandor iluminó la calle oscurecida por el manto nocturno. Los shamanes corrieron hacia el límite de la barandilla y vieron hacia abajo, hacia el sector donde Miyu se estrellaría. En lugar de eso, solo vieron luz.


Cuando Yoh, Ren, Horohoro, Ryu y Hina bajaron al primer piso, contemplaron con estupefacción que todo a su alrededor acababa de ser destruido. Angustiados, atravesaron las ruinas del edificio y salieron de éste para llegar a la calle. Al hacerlo confirmaron que en el sitio donde Miyu debía estrellarse se encontraba dibujado un enorme agujero que parecía haber sido originado por una gran explosión. Este impacto arrastró consigo a varios autos que pasaban por ahí, árboles, pedazos enteros de asfalto… y personas. Incluso había tomado parte de la calle del frente. Era como si una enorme bomba hubiese estallado en plena avenida.

— Bueno… me lo busqué… — Comentó Hina con resignación. Era la única que no lucía del todo sorprendida por lo que estaba ocurriendo.

— ¡Miyu! — Exclamó Yoh cuando reconoció el cuerpo de la muchacha entre los escombros.

Miyu se encontraba inconsciente en medio del gigantesco agujero que acababa de destruir todo a su paso. Cuando el castaño llegó a su lado no solo confirmó que estaba con vida, sino que no tenía ni un solo rasguño.

— Miyu… — Murmuró mientras la sostenía entre sus brazos y deslizaba cuidadosamente una de sus manos sobre la mejilla de la chica. "¿Por qué sucedió esto? Por un momento se sintió una gran cantidad de poder espiritual… ¿acaso… se trataba del poder oculto de Miyu?" Se preguntaba el shaman, muy confundido. "No… no puede ser… no hay forma de que semejante poder haya pasado desapercibido para nosotros…"

Cuando Yoh se reunió con los muchachos, apareció cargando a Miyu entre sus brazos. Tanto Ren como los demás mostraron gran sorpresa al verla sana y salva a pesar de todo.

— ¿Cómo sabías que esto sucedería? — Yoh habló inmediatamente a Hina. Su tono era inusual, firme y serio.

La tarotista se encogió de hombros y sonrió.

— Las cartas me lo dijeron. — Respondió con sencillez. — Aunque, siendo sincera, pensé que amortiguaría la caída con su poder espiritual como cualquiera de nosotros, no que haría semejante desastre…

— ¡Esto es algo que solo puede hacer un shaman! — Le interrumpió Yoh, alterado. No podía tomárselo con humor. Necesitaba saber qué estaba sucediendo. — Y Miyu… aún no…

— ¿Acaso estás ciego? — Intervino Ren. — Esto es prueba suficiente de que esa chica no es una humana común y corriente.

— ¿Ese impresionante poder que se sintió tendrá relación con su vínculo con Hao? — Especuló Horohoro, aumentando la tensión en los presentes. Ninguno de ellos podía olvidar que lo único que sabían de Miyu era que los hombres de Hao buscaban eliminarla.

— Hay ocasiones en las que arriesgar la vida es la única forma de despertar el potencial que llevamos dentro. — Continuó diciendo Hina, dirigiéndose hacia Yoh. — Te pido disculpas por hacer esto sin consultarte, pero mi lectura indicaba que Yumemiya necesitaba un empujón de ese tipo para encontrarse con su verdadero poder. ¡No podía quedarme de brazos cruzados después de oírte hablar de ella todos los días!

El muchacho se sobresaltó. Las miradas de sus amigos se detuvieron en él durante un momento. "Mierda, hablé de más" pensó Hina de inmediato, sorprendida de sus propias palabras. "Yoh… ¿acaso tú…?" Tanto Ren como Horohoro y Ryu sincronizaron en la misma suposición. Cualquiera de ellos podía enamorarse de Miyu. Pero no Yoh. Cualquiera menos Yoh.

— Vamos, no pongan esas caras… — El castaño sonrió para relajar los ánimos. — Estoy preocupado por Miyu, eso es todo. No quiero que Hao le haga nada. Ya suficiente tenemos con lo que ha sucedido con Manta…

Los shamanes bajaron la mirada al recordar eso, avergonzados por sus pensamientos. Incluso si fuera por un momento, si Yoh podía sentirse confortado por Miyu durante la ausencia de Manta, ya era algo bueno. No existía motivo para pensar mal de su relación. Además, Yoh tenía a Anna.

Hina parecía querer agregar algo más pero se abstuvo. Dejó escapar un suspiro antes de decir:

— Será mejor que nos vayamos. La policía no tardará en llegar. — Les recordó, desviando la mirada hacia la multitud de personas que observaban consternadas los resultados de aquél impacto. — Después de esto, no creo que Yumemiya tenga muchos problemas en encontrar esa semilla…


Al día siguiente Miyu reanudó su rutina de entrenamiento con la instrucción de dejar un espacio en su apretada agenda para buscar la semilla que Horohoro había escondido. Según el shaman de hielo, el objetivo en cuestión se encontraba en un lugar de acceso público de esa gigantesca ciudad, por lo que solo debía buscar, buscar y seguir buscando. Ella no creía ser capaz de conseguirlo, pero al parecer los chicos habían decidido que estaba lista para enfrentar ese desafío.

Miyu no recordaba nada de lo sucedido durante la prueba de Hina, por lo que Yoh y los demás decidieron contarle que colapsó durante la discusión en la azotea. "Me pregunto si habrá sucedido algo durante mi desmayo… los chicos lucían muy en contra de la prueba de Horohoro antes de eso…" pensaba mientras buscaba la semilla, sobre todo cuando creía tener imágenes de sí misma cayendo de un edificio. ¿Sería un fragmento de su pasado o solo producto de su imaginación?

Así, pasó varias semanas buscando la semilla sin resultados.

Su moral se encontraba por los suelos durante una de esas heladas tardes en las que acabó dirigiendo sus pasos hasta un mirador no muy alejado del centro. Desde ahí podía contemplar la ciudad en su máximo esplendor. "Qué hermosa vista" pensó al llegar, cautivada por la puesta de sol que se dibujaba en el horizonte. Sin embargo, no tenía mucho tiempo para seguir apreciando el paisaje. Ató su cabello en una cola alta y continuó con la búsqueda.

Estuvo alrededor de dos horas revisando bancas, arbustos y suelos. Se encontraba gateando sobre el césped cuando una voz le interrumpió.

— ¿Qué estás haciendo? — Por el tono podía deducir que se trataba de un chico que le contemplaba desde cierta distancia.

— Ah… estoy… buscando algo… — Le respondió ella sin voltearse a verlo. Estaba muy concentrada en su labor.

— ¿Has perdido dinero?

— No... se trata de una semilla. Un amigo la escondió en una parte de esta ciudad y no logro encontrarla. Es una especie de prueba o algo así. — Miyu no sabía por qué le estaba contando algo tan extraño a un desconocido, pero ¿qué más daba?

— Hm… ya veo.

Para su sorpresa, el muchacho en lugar de marcharse se sentó en una banca libre cerca de ahí. "¿Está contemplando la ciudad? Pero si ya es de noche… y las estrellas apenas pueden verse desde aquí…" pensó, desviando la vista hacia él. Solo podía verle la espalda.

— Es una lástima que hayas llegado tan tarde. Hace un par de horas había una puesta de sol maravillosa. — Comentó Miyu con un tono amigable mientras le echaba un vistazo al cielo y volvía a lo suyo.

— Lo sé. — Respondió él con poco interés. Hizo una pausa antes de volver a hablar. — ¿Cuánto tiempo llevas buscando esa semilla?

— Uhm… si no estoy mal, unas tres o cuatro horas…

— No, me refiero… hace cuánto empezaste a buscarla…

Miyu se detuvo a pensar.

— Creo que… mañana se cumplen tres semanas desde que empezó la prueba… — En ese momento, la chica dejó de buscar y volvió lentamente la vista hacia el muchacho. Él ya no se encontraba en la banca. Estaba de pie. Junto a ella. Ambos encontraron miradas. — ¿Cómo sabes que…?

El desconocido se acercó unos pasos y se inclinó para estar a su altura. Una vez de frente, tomó delicadamente su mano y le hizo entrega de una semilla. De esa semilla.

— Que este sea nuestro pequeño secreto.


NOTAS DE LA AUTORA:

¡Lamento mucho la demora!

Tardé más tiempo del usual en actualizar.

Espero compensarlos por ello subiendo los próximos capítulos más seguido.

¡Gracias por leer!