Cuatro


—¿Para qué?

Pese a no verlo desde hace años, Marie se imaginaba el rostro ceñudo de Kanda. Tal como si él hubiera dicho una blasfemia, digna de ser reprochada.

Él con parsimonia se encogió de hombros, sin diluir un poco la afabilidad de su rostro. A fin de cuentas, había esperado esa reacción.

—Porque quisiera saberlo, ¿tiene algo de malo?

Kanda chistó desde su sitio, y en ese momento, Marie apostaba que el otro revolvía los ojos.

—No le veo el caso. Esta casa es tuya, no hay razón para que averigües sobre su anterior propietario.

—Puede ser, pero quiero saber.

Su hermano era un hombre de palabras cortantes y malhumor constante. Un volcán presto estallar, a palabras de personas tanto cercanas como lejanas del chico. Para Marie, él era más como… una entidad noble oculta bajo una dura coraza.

«Un tesoro escondido en un lugar lejano, en un cofre macizo y de buen cerrojo». A palabras de Tiedoll.

Y siguiendo ese parecer, aun cuando Kanda había protestado e ido sin dar promesas de nada. A la semana volvió con noticias.

—Una tipa murió aquí —le dijo, sin pelos en la lengua. Kanda era una persona destacable entre otras, pero dulce jamás fue una de sus cualidades.

Marie botó un suspiro.

—¿Sabes de qué?

Kanda masculló una maldición, antes de volver a dirigirle la palabra.

—Un ataque cardiaco, yo qué sé. Pasaron meses antes de que encuentren el cuerpo, al parecer nadie se dio cuenta de su desaparición.

—Ah —exclamó Marie, y tras eso cerró los ojos, y recordó el angustiante llanto.

«Estaba muy sola, ¿eh?».

En el mutismo dado por la verdad cruda y no especialmente trágica, él pudo encontrar en los recovecos de su mente, algo que antes no había imaginado. Algo con tanta nitidez, que hasta parecía poder palparlo.

—¿Aun así te quedarás?

Marie no tuvo que siquiera pensarlo.

—¿Y por qué me iría?

Kanda resopló:

—Como tú quieras.

.

.

.

En la fecha que Marie ya premeditaba el llanto continúo, él se adelantó a los sucesos, y fue al piano. Se sentó en el lugar de siempre y junto a él, puso una silla.

Al ser la hora indicada, tocó una canción. Una nueva y echa a mano propia. Una que era de son lento, y pausado, casi como una canción de cuna. Una pieza hecha para curar las heridas de alma.

Esa noche, no existió llanto alguno, y en cambio inseguros pasos se dirigieron a su dirección, y Marie juró que escuchó el cómo un peso se instauraba en la silla cercana.

Y… no podía verla, escucharla, ni entendía bien lo que ocurría, siquiera sabía la razón de su empatía. Pero… sentía que esta molestia frecuente, esta congoja e insatisfacción se podría ir, cuando sintiera que había calmado, aunque solo poco, esa pesadumbre que la siguió hasta la tumba.


Poniendo las notas finales… ¿Qué puedo decir? Pues… yo quería escribir un MariexMiranda, pero mi querida hermana me sorteó de todo, menos lo que yo quería, y al final me vi divagando acerca de qué podía hacer, y al final me descanté por esto –aunque admito que estuve a punto de hacer un triángulo entre Marie, Miranda y Daisya, jajaja-.

En esto… Mi idea original era que Marie se enamorara del fantasma de Miranda. Pero más que enamorarse de ella, estuviera atraído por su tristeza, y tuviera la fiera necesidad de consolarla. Algo así sí quedó la historia, pero… la verdad aquí romance no hay, solo la necesidad de curar, jajaja.

En lo demás, como datos extras:

¿Por qué Marie eligió a Kanda para que le dé información? Porque a la autora le gusta Kanda, y hace lo que le venga en gana (?). Ok, no. Pienso, sinceramente, que Kanda es una persona hermosa para confiar un secreto. Marie quiere algo de privacidad con este asunto, porque el mundo se empecina en que no puede vivir solo. De esa forma Tiedoll buscaría una excusa para sacarlo, y a Daisya se le puede resbalar la lengua. En cambio Kanda… es más leal, me lo imagino como alguien que sabe lo que es un secreto. Y respeta la privacidad propia y ajena. Si difieren, pues… lo siento.

¿Qué pasó con Miranda? –porque sí, el fantasma era Miranda-, pues… he sorteado ideas. Al principio admito que me imaginé que todo era un asesinato, y que Marie debía escarbar las paredes hasta encontrarla –o hacer una versión cutre de la película "El orfanato", jajaja-. Pero… luego Makie me dijo: "Miranda se suicidó, ¿verdad?", y joder que me entró ganas de que así fuera, porque Miranda es mi suicida favorita (?) –soy una horrible persona, lo sé, jajaja-.

Pero bueno… al final decidí hacer todo a como me salga, lo que me salió fue que… a Miranda no la mataron ni se suicidó, pero… su muerte no fue realmente linda. Pónganse la idea; Miranda es una mujer desempleada con problemas cardiacos, de vida social inexistente y dejada de lado por su familia, o sea, la soledad en persona –y tal vez por eso, es que siempre lloraba-. Y bueno… vivió sola, y murió sola. Tras su muerte nadie se dio cuenta, salvo los vecinos que sintieron el hedor de su casa. ¿Esta idea es original? No, escuché un caso similar en la vida real, y recuerdo que me dio pena tal cosa, y… bueno, aquí lo pongo encima de la mesa, jajaja.

Y ya está. ¿A alguien le gustó la historia?