Declame: Todo personaje nombrado de la saga Harry Potter es de la propiedad de JKRowling. La historia y la aparición de otros personajes son de mi propiedad.

Nota de Autora: ¿Pensaron que la iba a abandonar? Nada eso, simplemente este fic los voy escribiendo a medida que voy viendo a los nenes interactuar para tener las aventuras. Es decir, no soy madre y casi todo lo que vaya a escribir acá será por las vivencias de mis amigas y conocidas. El siguiente capítulo es corto, pero espero que sea de su agrado. Gracias a todas las personas que siguen la historia :)

Este fic participa como Mejor mini-fic en el concurso Amortentia Awards de la página Amortentia Awards

Espero disfruten la lectura.

Capítulo 3: Mengara Nott

Theo se desperto de golpe, una fina capa de sudor lo cubria. Había soñado con su difunto suegro, Xenophilius Lovegood más no se podia acordar de lo que había dicho. Se giró hacia su derecha de la cama, tratando de encontrar consuelo en los brazos de la mujer que amaba más se encontró con un cuerpo más chico y menos desarrollado que el de su mujer. Sonriso aun sin abrir los ojos, sabiendo quien era la persona que se encontraba a su lado. Está, apoyó su mano en su mejilla y le empezó a hacer leves caricias.

Theo abrió los ojos para encontrarse con unos ojos azules profundos, que lo miraban con inspeccionarlos.

- Hey bebe, buenos dias -dijo con una sonrisa.

- Hola dady -dijo ella con la misma sonrisa que la suya. Se llevó una mano a su panza mientras agregaba- mi pancita esta rugiendo. Dice mami que bajes a desayunar, para que mi pancita deje de hacer ruidos. Mami dice que esto puede traer a los Kazz hacia mi.

- Oh, no. Nada eso bebe. Baja que ya voy.

La nena se acercó a él, le deposito un beso en la mejilla y bajó de la cama para dirigirse hacia la puerta. Theo la vio irse, agudizó su vista y pudo verla correr por el pasillo de la mansión, rumbo a las escaleras. Pudo verla bajar las escaleras y al llegar la planta baja, saludo a un conejo, que la acompañó hasta lo que era la cocina. Hasta ese punto esforzó sus ojos, que se había vueltos negros para poder utilizar el poder de la vista. Dio un suspiro antes de levantarse y prepararse para su dia.

Al cabo de lo que parecieron quince minutos, Theo bajo las escaleras de su casa. Llevaba puesto un traje azul oscuro, casi negro. Se estaba terminando de acomodar la corbata negra con motas azules, cuando la puerta de la cocina se abrió. Ahí vio a las dos mujeres más importantes de su vida: su mujer Luna y su hija, Mengara. Su hija ya estaba sentada en la barra de la cocina, vestida con el uniforme del colegio, moviendo los pies en la silla mientras leía El Quisquilloso con sus lentes especiales. También pudo observar a su mujer, enfundada en un ajustado vestido azul electrico, yendo de aqui para alla mientras terminaba de preparar todo para el desayuno familiar.

Después de observarlas un rato,se acercó a ambas. Se acercó a su hija y le deposito un beso en la coronilla de la cabeza, luego pasó por donde se encontraba su mujer, a quien beso en la mejilla y luego se fue a sentar en la mesa.

Al rato, su mujer le alcanzó una taza de café juntos a unos panqueques. A su hija le acercó una taza de chocolate con un porción de pastel y para ella se preparó una taza de té con una porción de lemon pie.

El desayuno familiar se estaba llevando tranquilamente, hasta que Mengara pego un grito mientras señalaba la ventana, para luego salir corriendo hacia el jardín trasero de la casa. Theo estaba a punto de sacar su varita, listo para atacar a quien había asustado a su hija, cuando la mano de su mujer se posó en él y negó lentamente.

- ¿Qué te parece si desayunamos en el jardín? -pregunto Luna tranquilamente. Theo simplemente asintió.

Ambos se acercaron hacia el jardín, con los alimentos que lo seguían detrás de ellos mediante magia. Se encontraron a su hija rodeada por luces de colores, gritando feliz "Sharas que bonitas son". Se acomodaron en la mesa del jardín y Theo dirigió su mirada a su mujer, para que esta le explicara.

- Los Sharas son unas hadas del bosques, famosas por darles las bendiciones y protecciones a los niños que sufrieron una pérdida importante en sus vidas -comentó Luna tranquilamente.

- Pero Mengara no ha tenido una pérdida reciente. Tu padre murió mucho antes de que ella naciera.

- Eso es verdad, pero recuerda que nuestra hija, no es hija única -comentó Luna con un deje de tristeza.

- Cierto -dijo Theo mientras apretaba la mano de su mujer, en señal de apoyo.

Ambos observaron a su hija corriendo alrededor de las luces, mientras era rodeadas por ellas con un barrera mágica. Sabían que en ese momento, Mengara podría estar junto a un niño o una niña de su edad, corriendo alrededor de las hadas.

Habían pasado casi siete años que Mengara había llegado a sus vidas, para darle una alegría completa. Aunque para la fecha, para ellos y para el mundo mágico había sido un misterio el como Mengara había llegado al mundo. Era verdad que Luna se encontraba embarazada al momento de la tragedia y que había perdido a su bebé cuando estaba cursando el quinto mes de gestación. Deam y Thomas, quienes habían sido los encargados de salvarle la vida y de traer al mundo un niño no nacido, jamás había visto o sentido otro bebé en el vientre materno, como para asegurar que Luna estaba esperando gemelos. Cuando Mengara nació, se le hizo todo los chequeos correspondientes y se corroboró que nació en tiempo y forma.

Se podría decir que Mengara era un milagro de la vida, una bendición. Se acordaban cómo se hizo un circo mediático cuando se dio a conocer la noticia de que ella había nacido y que había sobrevivido a la tragedia que había tocado a su familia. Por eso ambos padres e incluso los tíos eran muy sobre protectores de Mengara. Pero Theo sabía que no podría siempre seguirla ya que hoy su pequeña hija empezara el colegio. Estaba seguro que sus primos serían sus ojos y cuidaría a su hija, sobre todo Kevin.

Dio un suspiro. Aunque aún era chicos, pudo ver como la vida de su hija y el hijo de Tori junto a Ron había sido entrelazadas por el destino. Esperaba que el chico no la lastimara y que la cuidara cuando ellos ya no estuvieran, puesto que sabía que la aparición de su suegro tenía algo que ver.

Se dio cuenta que estaba muy metido en sus pensamientos, cuando descubrió que su mujer no estaba a su lado, si no a lado de su hija. Cuando ella vio que la estaba viendo, extendió su mano para que él se acercara. Theo así lo hizo y se unió a su mujer y a su hija. Pudo ver a los Sharas y escuchar como bendecian a su pequeña hija. Mengara miró a su padre con una sonrisa enorme y Theo se la devolvió, agradeciendo de la hija que tenía.