Capítulo 4: Eyes closed

Nota de autora: Me he cambiado el nombre de usuario a así que si os sale en las notificaciones y no sabéis quien es, soy yo ;) He cambiado mi estilo a la hora de escribir ya que siempre elaboraba los caps a base de pov y aunque éstos vienen muy bien a la hora de profundizar en lo que siente o piensa un personaje, me es mucho más cómodo describir los escenarios en los que se encuentran varios personajes o incluso los propios protagonistxs con más amplitud.

Así que a partir de ahora, todo estará narrado en tercera persona salvo cuando quiera mostrar una interacción más profunda entre los personajes o centrarme en las emociones de algunx (ahí sí aparecerá el famoso pov). Por último, os recomiendo escuchar Eyes closed-Halsey porque en ella basé esta cap (bueno y el álbum completo porque es agsjhghgcj). No sé si subir cap de OQ o de SQ, se aceptan sugerencias.

xox

Pov de Regina:

Abrí los ojos lentamente, ¿dónde estaba?¿ Qué había pasado? Me llevé una mano hacia la frente y me masajeé las sienes. Tenía un dolor de cabeza horrible.

-Bienvenida de nuevo, querida.

La estancia estaba casi sin luz por lo que aún a pesar de saber a quién pertenecía dicha voz, no pude evitar intentar buscarla con la mirada.

-No te molestes, ya me encargo yo-contestó Maléfica no sin cierta ironía.

El fuego de la chimenea se encendió con un chasquido, miré a mi alrededor y la vi sentada en un butacón, el abrigo en el respaldo del mismo, no llevaba sombrero por lo que su pelo ondulado caía libre sin restricciones, las piernas cruzadas, el pantalón y el chaleco gris haciendo juego con su blusa blanca.

Alcé la mirada, ella levantó una ceja de forma inquisitiva.

-Ya veo que las viejas costumbres tardan en perderse, ¿no?-dije con asco al ver el cigarrillo sujeto entre sus labios.

Hice una mueca, ella encendió una llama con la punta de su dedo y encendió el cigarro.

-Apaga eso- agregué con asco mientras le observaba dar una calada y soltar el humo lentamente.

-Regina, no me puedes culpar si se me ha pegado este hábito humano al fin y al cabo, acabo de volver a la vida-sus ojos azules se clavaron en mi rostro- Vida que, por cierto, te encargaste de hacerla un infierno.

- No pienso pedirte perdón por ello-contesté cruzando los brazos y apoyándome en el cabecero de la cama.

Maléfica dio una calada al cigarro y expulsó el humo.

-Oh querida, no he venido aquí por tu perdón, no me interesa- Tiró el resto del cigarrillo a la chimenea y observé como contemplaba las llamas.

Maléfica alargó la palma de la mano hasta casi tocarlas.

-¿Hay cosas que nunca cambian, no?

- Es por Emma, ha heredado de su madre la constante capacidad de tener frío a todas horas sobre todo por la noche.

-La señorita Swan es cuanto menos una criatura curiosa-masculló con un tono de voz que reconocí como advertencia.

Alcé una ceja al percibir la amenaza. La conocía lo suficiente para saber que no estaba aquí por cortesía, me incorporé muy lentamente hasta quedar de pie.

-¿Qué quieres?-pregunté intentando ocultar la inquietud y algo más que me producía el volver a verla.

Maléfica se aproximó hasta mí, odiaba que ella fuese mucho más alta que yo, ya que sin mis zapatos de tacón la diferencia de altura era más notable, alcé la barbilla desafiante.

-¿Qué voy a querer sino?-murmuró, su dedo índice deslizándose a lo largo de mi mandíbula.

Cerré los ojos inconscientemente, podía percibir el sutil perfume de lirios y ¿coco?

Los abrí al notar que sus movimientos habían parado, ella sonrió e inmediatamente pude notar como su mano se cerraba en torno a mi garganta. Boqueé y moví los dedos tratando de invocar una bola de fuego, ella aumentó la presión.

-Como siempre Regina, no puedes simplemente rendirte sin una pelea, ¿verdad?-murmuró, sus labios muy cerca de los míos- No lo hagas-pronunció lentamente su rostro arrugándose en una mueca de desprecio.

Elevé mis manos hacia la suya intentando quitármela de encima al ver que no funcionaba, golpeé su brazo en un intento de que parase.

Estaba empezando a ver pequeños puntos negros, su cara cada vez más borrosa.

Ella me soltó de repente y caí sobre la cama, boqueé intentando recuperar el aire que había perdido.

Podía notar sus ojos azules sobre mí, sonreí.

-¿Eso es todo lo que tienes, querida?

Pov de Maléfica:

No pude evitar sonreír ante la muestra de descaro, nunca iba a cambiar.

Me incliné sobre ella, sus ojos marrones siguiendo cada uno de mis movimientos.

Agarré el cuello de su camisa, ella elevó el pecho. Sí, las viejas costumbres tardan en olvidarse no pude evitar pensar.

-Los enviastes a matarme-pronuncié con rabia y procurando mantener una expresión tranquila.

Ella arrugó la frente en un gesto de confusión.

-Al príncipe y a tu pequeña princesa, Regina-dije mientras tiraba un poco más del cuello de su camisa- Me dejaron en el limbo, no lo suficientemente viva para recuperar mi forma humana y mi dignidad, no lo suficientemente muerta para descansar en paz.

-Era solo un medio para un fin-contestó- No te pongas tan melodramática, querida, no te favorece.

Hice una mueca de disgusto, todos esos trucos, esos desplantes, esos descaros. Todo, se lo había enseñado yo aunque debía de reconocer que Regina de por sí siempre tuvo cierta inclinación a pecar de descarada.

-Sea lo que sea que estás pensando, princesa-dije con cierta malicia- te aconsejo que no lo hagas, tengo mis poderes de vuelta y aunque me encantaría ver la cara de la señorita Swan cuando abra la puerta de vuestro dormitorio y vea a un dragón justo encima de su novia, no es esta la ocasión.

Regina gruñó ante el apelativo y me lanzó una mirada de odio.

-No me matarás.

-No me tientes-dirigiéndome a la chimenea.

Estaba cansada y estaba harta de esta charla sin sentido.

-El punto es, Regina, que como bien sabes la traición se paga con sangre y quiero la tuya; tú misma te encargaste de dejarlo bien claro en el bosque encantado-hundí la mano en el fuego viendo como este avanzaba por mi piel sin quemarme, ventajas de ser un dragón- Tu traición te va a salir bien cara, pienso quemar todo aquello que has construido, pienso arruinar todo aquello que amas.

Regina apretó los puños.

-Y luego-agregué desinteresadamente mientras apagaba el fuego que tenía en la palma de la mano- tú sola te encargarás de terminar de rematar tu propia felicidad.

-¡Cómo te atreves!-exclamó dirigiéndose hacia mí.

Podía notar el olor de su magia flotando en el aire, podía ver como sus pupilas se oscurecían hasta adquirir un vano tono púrpura.

Sonreí satisfecha.

-Lo harás porque te conozco desde hace mucho tiempo-di un paso más cerca de ella-porque te he visto crecer y te he visto oscurecerte, lo harás Regina porque eres igual que una rata-pude notar como sus ojos se desviaron hacia mis labios, me relamí- y las ratas son las primeras en abandonar el barco. No eres más que la pobre niña asustada, muerta de miedo que conocí una vez.

-No es cierto-respondió alzando la voz.

Escuché pasos en la planta baja.

-¿No lo es?-pregunté mientras apoyaba mi frente sobre la suya.

-No-murmuró, sus ojos fijos en mi boca.

-¡Oh Regina! Ya me lo estás demostrando-dije, nuestros labios casi rozándose- Tú sola vas a arruinar la relación con la hija de esos pobretones y yo no voy a tener que mover ni un dedo.

Los pasos se escuchaban cada vez más cerca.

-Eso no, no es cier…

No la dejé terminar, tenía demasiadas cosas que hacer como para quedarme escuchando sus patéticas excusas.

Pov de Regina:

Vi como la nube de humo violeta, casi negro, se desvanecían en el aire. Me llevé los dedos hacia los labios, ¿qué me había pasado?

La puerta de la habitación se abrió de golpe y vi un destello de pelo rubio.

-Emma-dije con suavidad al ver su rostro de preocupación.

-¿Estás bien?¿Cómo te encuentras?-dijo acercándose y dándome un beso en la frente- Llevabas mucho tiempo dormida.

-¿Es preocupación lo que oigo, señorita Swan?

Emma sonrió y se inclinó para darme un beso.

Deslicé mis manos por su cintura y cerré los ojos al notar los dientes de Emma tirar de mi labio inferior.

-Estamos un poco audaces hoy, ¿no?-susurré pellizcando suavemente su mejilla.

-Es porque te he echado de menos-murmuró dándome besos a lo largo del cuello y la mandíbula.

Inconscientemente mis ojos derivaron al fuego de la chimenea y las palabras de Maléfica resonaron en mi cabeza: Tú sola vas a arruinar la relación con la hija de esos pobretones y yo no voy a tener que mover ni un dedo.

Sacudí la cabeza.

-Gina cariño, ¿estás bien?

Observé a Emma, memorizando cada uno de sus rasgos. Desde su pelo rubio, sus ojos azules verdosos, la forma en la que arrugaba la nariz cuando estaba confundida, las pequeñas pecas que le habían salido por el puente de la nariz, etc.

No, no iba a arruinar esto.

Sonreí.

-Emma-susurré deslizando mis manos por su pelo, ella cerró los ojos-Llévame a la cama.

No pude evitar reírme al ver como abría los ojos de forma brusca y me dedicaba una sonrisa pícara, sus manos se posaron en mi culo y noté como me bajaban la cremallera de la falda lentamente.

-Como desee, su majestad.

Pov de Maléfica:

Suspiré mientras los últimos rastros de magia se disipaban y apoyé la frente contra la superficie de madera de la pared; cerré los ojos durante unos segundos. Usar magia después de tanto tiempo inactiva, me había dejado algo mareada.

Miré la cabaña de madera con cierto recelo aunque había llegado a buen término con Gold el hecho de que él me hubiese dado esta cabaña como pago por ciertos favores pasados me inquietaba.

Me quité el abrigo y los zapatos y los arrojé descuidadamente sobre el sofá, estaba demasiada exhausta para preocuparme sobre dónde iban a caer. Ver a Regina, bueno, hablar con ella me había supuesto un esfuerzo enorme; muchas cosas habían cambiado, Regina había cambiado y a sus ojos al parecer yo también. Mis ojos se desviaron hacia el cuarto del fondo, caminé lentamente disfrutando de la sensación de notar el frío del suelo en las plantas de los pies, había pasado tanto tiempo desde que podía sentir… algo. Deslicé mis dedos por mi chaleco, desabrochando cada uno de los botones, aproveché e hice lo mismo con la camisa quitándome ambos y dejándolos caer en el suelo.

Asomé la cabeza por el marco de la puerta para observar el dormitorio, era una cama de matrimonio presumiblemente grande, con sábanas blancas que parecían esponjosas. Arrugué la nariz y dejé caer los pantalones en el suelo, di un par de pasos deslizando las puntas de mis dedos por la superficie de las sábanas hasta tropezar con una manta roja como la sangre; la aparté y me dejé caer en el colchón.

Estaba tan cansada que no pude evitar utilizar un poco de magia para eliminar mi ropa interior y el maquillaje. Pateé las sábanas hacia abajo y desdoblé la manta, ronroneé al notar el calor y la suavidad de la manta contra mi piel. Cerré los ojos ya había hecho todo lo que podía hacer, ahora era el turno de Regina de mover ficha.

Suspiré, estaba muerta de sueño.

Flashback

Observé como la gota de sangre se deslizaba por mi índice izquierdo, desvié la mirada hacia la derecha hacia la aguja de la rueca que contenía una maldición para dormir y que, actualmente, no servía para nada. Quizás para un pequeño colocón, una subida instantánea y un muro de contención para mis problemas, la verdad era que debería haber matado a la insulsa chica cuando se me puso a tiro pero sin mi fuego…

Un portazo sonó a mis espaldas.

Por favor que no sea Estefan, no estaba preparada para afrontar otra horda de sus soldados en busca de servir mi cabeza en bandeja de plata.

-¿Maléfica?-dijo una voz de forma tímida.

-¿Quién me busca?-pregunté dejando la aguja en la mesa.

-Soy Regina, Regina Mills.

-¿Y qué buscas Regina Mills?-repliqué rodando los ojos tratando de imaginarme a la pequeña campesina que había osado adentrarse en mis dominios.

-Tu tutela-pronunció esta.

Esa pequeña frase captó mi atención de inmediato, me incorporé rápidamente para ver a la destinataria de dicha voz. Mis ojos se deslizaron a través de su rostro, era guapa demasiado para pertenecer a una clase baja, su larga trenza castaña descansaba sobre su hombro; estreché los ojos su rostro me resultaba vagamente familiar.

-¿No eres una mera campesina, verdad?-pregunté con cierta ironía reparando en el aspecto de sus ropas.

La chiquilla elevó el mentón de forma desafiante.

-No lo soy.

Sonreí mientras daba una vuelta a su alrededor, una mala costumbre producto de mi depredador interior siempre jugando con la comida.

-Y dime, ¿qué pinto yo en esa "supuesta" tutela?-pregunté colocándome en frente de ella.

-Rumpelstiltskin dijo-titubeó- él cree que puedes ayudarme.

Deslicé mi índice sobre su mandíbula, mis ojos se desviaron hacia sus labios y pude percibir la pequeña cicatriz que tenía en el labio superior. Alcé su barbilla.

-Yo no ayudo a nadie-dije, las puntas de mis dedos acariciando su mentón-Vete y es una orden.

-Necesito tu ayuda-insistió ella, aproximándose un poco más a mí- Eres la única que puede enseñarme todo lo relacionado con el fuego.

Apreté los dientes y me tragué el gruñido que amenazaba con salir de mi boca.

-Niña estúpida-repliqué- ¡No puedo enseñarte nada!

Intenté darme la vuelta para seguir con mi ritual de autocompasión de todos los días pero una mano apresó mi muñeca.

-¿Y si…?

-Termina la frase, chiquilla-contesté visiblemente molesta.

-¿Y si te ayudara a recuperar tu fuego?

Clavé mis ojos en ella y pude ver la determinación reflejada en los suyos.

-Entonces-dije lentamente mientras me lamía los labios- Y solo entonces Regina prometo tutelarte.

Ella sonrió y yo no pude evitar sonreír de vuelta.

-Entonces tenemos un trato-aseguró estrechándome la mano.

-Ahora vete, tienes una gran tarea por hacer.

Me senté en la silla y di vueltas a la aguja entre mis dedos sin embargo, los pasos se detuvieron de repente chasqueé la lengua molesta.

-¿Maléfica?

-¿Sí?

-Cuando lo encuentre cómo puedo, en fin, entregártelo, ¿me quemaré?

Bendita inocencia, pensé.

-Solo llámame querida y estaré allí.

Suspiré disfrutando del silencio.

-¡Oh y Maléfica!

-Me estás empezando a resultar irritante, niña-contesté concierta molestia.

-No te vuelvas a dirigir a mí como "niña" o "chiquilla" no te he dado permiso, para ti soy Regina, reina Regina.

Me reí, bueno, al menos la chica tiene fuego.

Fin del flashback

Abrí los ojos súbitamente, la habitación estaba tan oscura que apenas podía ver más allá de mis manos. Me incorporé lentamente y reprimí un bostezo, mi estómago rugió como protesta; tenía muchísima hambre. Arqueé la espalda hacia dentro tratando de aliviar el picor que sentía en los omóplatos sabía lo que eso significaba, casi podía notar el peso de mis alas, era tiempo de cazar.

Abrí la puerta de la cabaña, inmediatamente me ericé ante el frío de la noche. No lo pensé mucho, eché a correr desnuda hacia el bosque. Un crujido, un chasquido y luego un dragón negro volaba por encima de los árboles.

-¡Dragón!¡Dragón!-gritó Leroy agitando con más fuerza la campana.

Eugenia miró al enano que parecía empeñado a partir la campana en dos con tal de despertar a todo el pueblo, suspiró y cargó una flecha en la ballesta. Pronto llegarían Blanca y Charming, seguidos del resto de la familia.

La gente ya se estaba aglomerando en la torre del reloj.

Iba a ser una noche muy larga.

Emma terminó de abrocharse el cinturón y no pudo evitar echar un vistazo hacia la cama de matrimonio donde asomaba una pierna morena entre medio de las sábanas. Sonrió. Llegar a este punto, a tener una relación así, con Regina había sido una bendición.

Un gemido la sacó de su ensimismamiento.

-¿Emma?-preguntó una voz adormilada.

-Jum.

-¿Qué hora es? ¿Ya tienes que irte a trabajar?

Si no conociese a Regina lo suficiente diría que estaba haciendo pucheros, rodeó la cama hasta llegar a su altura. Regina encendió la lámpara de la mesa de noche.

-¿Te desperté?-murmuró Emma mirándola con ternura.

- No, de hecho estaba teniendo un sueño agitado.

-¿Ah sí?

-No esa clase de sueño agitado, señorita Swan-contestó Regina burlonamente alzando una ceja.

Emma acunó las mejillas de Regina y depositó un casto beso en la frente.

-Emma, ¿qué pasa? Son las cuatro de la madrugada.

Emma se mordió el labio con indecisión, Regina deslizó sus dedos a lo largo de las manos de Emma hasta entrelazar sus dedos con los de ella.

-Han dado un aviso de alarma- hizo una pausa- Un aviso que implica la visión de un cierto dragón volando por el bosque.

-¡Oh!

-No te preocupes, David y yo lo tendremos todo bajo control antes de que te dé tiempo a echarme de menos-contestó mientras daba una serie de pequeños besos por toda la cara de Regina.

Ésta vio como Emma abría un cajón y enfundaba su arma.

-Emma.

-Tengo que irme ya Regina, me están esperando.

-Emma no la mates-susurró.

Emma apretó los labios con fuerza mientras se colocaba la placa en el bolsillo.

-No sabemos cuáles son sus intenciones-agregó la morena.

-No es como si las balas fueran a afectarle mucho, Regina-contestó con cierta ironía- Lo llevo solo por si acaso.

-Ten cuidado por favor-dijo con preocupación mientras veía como Emma cerraba la puerta de su dormitorio.

Regina se llevó las manos a la cara e intentó reprimir su frustración y el grito que amenazaba con salir de su garganta. Ya no podría dormir.

Era hora de ponerse manos a la obra.

Pov de Maléfica:

Podía notar la sangre corriendo por mis venas y mi corazón latir desenfrenado. El pobre venado no tenía ni idea de lo que, literalmente, se le venía encima. Sacudí los hombros y planeé hasta rozar las copas de los árboles, el venado amplió los ojos y echó a correr. Me relamí, me gustaba cuando mi presa mostraba cierta resistencia.

-¿Ves algo?- preguntó David alumbrando algunos árboles.

-Dudo que encontremos a un puñetero dragón escondido detrás de un árbol.

-Te sorprendería de lo que es capaz Maléfica- David hizo un pausa- Dado nuestro historial con ella, no me sorprendería que nos atacara de improviso.

Emma respiró profundamente y desenfundó la pistola.

-Esperemos que no porque si no tendré mucho que explicarle a Regina.

David siguió a su hija con la mirada, sacudió la cabeza y se adentró en el bosque siguiendo sus pasos.

Regina observó el claro en el que se encontraba, un dragón negro no sería muy difícil de localizar, ¿no? Las copas de los árboles se agitaron suavemente ante la brisa de la noche, Emma no debía saber que estaba aquí buscando a su… ¿Ex? Ni siquiera quería poner un dedo en la relación que tenían o que habían tenido; no había un término lo suficiente exacto para definirlo. Regina se cruzó de brazos pensativa y estaba a nada de adentrarse en el bosque cuando notó como el aire se agitaba de forma brusca, giró la cabeza confundida.

Ante sus ojos había un dragón negro, sentado, mirándola con lo que podía parecer una expresión burlona. La morena observó como las escamas de Maléfica adquirían cierto tinte violáceo debido al reflejo de la luna.

-Te están buscando aunque eso ya lo sabes, ¿verdad?

El dragón sacudió la cabeza divertido y estiró el cuello, Regina no pudo evitar acercarse y alzar una mano hacia el pecho del dragón. Las escamas estaban cálidas al contacto con su mano, Maléfica inclinó la cabeza mirando a la reina que continuaba ensimismada en sus pensamientos, Regina pareció volver de golpe a la realidad y retiró la mano.

-Necesito hablar contigo-hizo un silencio, esperando a ver si la rubia volvía a su forma humana- ¡Ahora!

Pov de Maléfica:

Rodé los ojos internamente ante su desplante, Regina podía llegar a ser… Chasqueé la lengua molesta, bastante insistente. Sacudí el cuerpo sólo por el placer de poder desplegar mis alas y para molestarla un poco posteriormente, una nube de magia me envolvió y lo siguiente que noté fue mi piel desnuda; libre de escamas. Hice un mohín, ya las echaba de menos.

Noté sus ojos oscuros recorrerme con la mirada. Me crucé de brazos instintivamente y alcé una ceja a la espera de que continuara con su diatriba.

Pov de Regina:

Observé a la rubia delante de mí, estaba total y completamente desnuda y tenía parte del pecho y la boca manchada de sangre.

Arrugué la nariz con disgusto.

-Bueno querida, no voy a decir que no me alegro de verte-dijo ésta- Pero me has interrumpido mi cacería.

La luz de la luna le daba de lleno en la cara y pude ver como sus ojos azules me miraban de forma inquisitiva. Había una cierta elegancia en cada uno de sus movimientos, mis ojos siguieron a su índice y cómo con éste recogía un poco de sangre de su mejilla. Maléfica me miró a los ojos, conocía esa mirada demasiado bien; era una provocación, una invitación para que cruzara la línea, para que le tentase…

Lamió el índice y observé como tarareaba de satisfacción.

-Bueno, ¿de qué se supone que tenemos que hablar, querida?-ella se acercó hasta mí, de repente el aire se sintió más pesado.

No pude evitar deslizar las puntas de mis dedos por su mejilla, al darme cuenta de lo que estaba haciendo intenté retirar mi mano pero Maléfica me sujetó la muñeca.

Se mordió el labio.

-¿A qué has venido, Regina?-susurró.