/Hello, It's me (?)
No hay excusas, pero no quiero darme por vencida con esta historia. Siempre digo que voy a actualizar seguido pero o es una u otra cosa lo que se interpone en mi felicidad como escritora. Amigos, no escriban y traten de graduarse al mismo tiempo, van a terminar locos. *cries in Spanish*
Muchas gracias por el apoyo que ha recibido la historia, de todo corazón aprecio sus vistas y los kudos que me dejan. Stony es mi pareja preferida pero igual tengo varias ideas rondando mi mente con otras ships, he estado practicando diferentes tipos de escritura y quisiera probar con un estilo que se me hace muy controversial, obvio que será después de acabar con mis historias pendientes. Un saludo y un bezaso para todos ustedes. (。◕‿◕。✿)
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Tony
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Sus brazos rodean el cuello del extraño mientras ambas piernas se aferran a su cintura. El contrario parece estar confundido y sin más va a dar de sentón sobre el piso con el castaño encima de él.
Tony no quiere soltarlo, no desea dejarlo ir como la última vez. Es doloroso si quiera pensarlo, lo ha encontrado después de tantas noches de desvelo y miles de pensamientos que buscaban la respuesta para de nuevo experimentar esa sensación de complemento como aquella vez en medio de la calle. Y ahora por azares del destino lo tiene ahí, justo enfrente de él.
— ¡No te vayas por favor! — el castaño ruega mientras se niega a abrir los ojos, tiene miedo a estar soñando y que todo eso se desvanezca, ni siquiera se atreve a pensarlo.
De pronto la realidad lo golpea en forma de frío, de hielo.
No, no, no.
Sus ojos color avellana se abren solo para encontrarse con la mirada confundida y un poco horrorizada del contrario que está debajo de él. No hay nada que pueda hacer, Tony sabe lo que significa esa sensación de frío que se expande poco a poco por su cuerpo. Por unos segundos estrecha su cabeza debajo del cuello contrario contra su pecho y escucha el agitado latido de su corazón, su mente lo graba y lo guarda como uno de los sonidos más reconfortantes que jamás escuchó.
Un leve halo azul envuelve a los dos cuerpo que están sobre el suelo, a su alrededor todo se congeló. Los guardias, las personas que corrían despavoridas por el alboroto, sus amigos que se habían quedado detrás. Un silencio conocido se extiende por todos lados, abrazando a cada rincón con la nada y la tranquilidad de una afonía absoluta.
— ¿Q-qué es esto? — el contrario pregunta y Tony regresa por unos segundos del cielo, no le molestaría quedarse toda la eternidad de esa manera con el contrario, pero las cosas nunca son perfectas y él lo sabe.
Con tristeza aleja su cabeza del pecho contrario, poco a poco apartándose de su lado pero no se quita de encima, en pocos segundos de nuevo el contrario se irá y no volverá a verlo quizás nunca.
— ¿No me conoces? — Tony pregunta con miedo, no quiere saber que el otro le ha olvidado.
Sus miedos se vuelven realidad cuando el de cabellos rubios niega confundido mientras una mueca de malestar se cruza por su rostro y una de sus manos se concentra en la parte donde se encuentra su corazón.
Tony pone encima la suya y el contrario no la aleja. Aun si todo su ser le dice que tal vez no debe hacer esas cosas, algo dentro le alerta que todo está bien y que se encuentra en casa.
—Un año atrás, en Central Park gritaste mi nombre…— Tony toma una bocanada de aire. —Desde ahí no he dejado de buscarte y…— su pecho comienza a agitarse y la garganta se le hace nudo, no sabe qué hacer o qué decirle para convencerlo de que dice la verdad. —Y te fuiste ¿¡Quién eres tú y porqué me haces esto?! — dice el castaño con un tinte de rencor en su voz y observa directamente los ojos azules esperando obtener una respuesta clara.
De todos los escenarios que Tony imaginó en su mente, ocurre el menos inesperado. El rubio entrelaza sus dedos con los suyos y estrecha su mano contra la suya. El contacto se hace más frío cada segundo y el castaño lo comprende, el tiempo se acaba.
—Yo…— la vista contraria se desvía al par de manos. —Lo siento… no sé quién eres. —
Tony no lo soporta más y sus lágrimas empiezan a derramarse justo como la primera vez, solo que ahora está consciente de su tristeza. No sabe qué hacer, qué decir o cómo inventar una manera para que el otro se quede.
—Tienes que irte. — el contrario suelta la mano que está agarrando y la dirige a la cara de Tony, limpia sus lágrimas suavemente y le dedica una sonrisa muy sutil. —Sí ellos se enteran que puedes hablarme… no imagino que es lo que te harán. — advierte el rubio y en sus ojos se nota la preocupación y miedo. Tony no sabe a qué se refiere pero dentro de su corazón sabe que le han hecho daño.
—Ya me vieron, vienen hacia acá y cuando te vayas todo regresará a como estaba, no hay mucho que pueda hacer. — Y tiene razón, una docena de guardias que vienen en su dirección están atrapados y una vez que el ajeno se vaya todos serán liberados y lo atraparán.
—Puedes irte mientras estén así, por favor…— el desconocido ruega mientras un nuevo quejido de dolor escapa de los labios contrarios, el tiempo se agota.
La mente de Tony piensa muy rápido, piensa en las posibilidades y que tal vez el ajeno tenga razón. A decir verdad ¿qué hace el rubio en un lugar como ese? ¿Por qué los guardias vienen tras él? ¿Por qué Hank salió corriendo cuando escuchó las alarmas y cambió completamente?
Todo dentro de sí se despierta y de un movimiento se levanta de donde está, ayuda al ajeno tendiéndole una mano la cual el otro toma sin peros. Tony puede observarlo mejor, es más alto que él, las ropas no son las mismas con la que lo vio un año atrás y parece ser extraño a todo lo que pasa a su alrededor, el castaño comprende que no es la misma persona que vio la última vez.
—No eres tú… no eres él. — «por eso no me conoce.» Tony piensa y su corazón se alegra un poco. — ¿Volverás a encontrarme? Si lo prometes me voy. — se atreve a pedirle y el rostro del contrario se ilumina con una amplia sonrisa, pues cree en sus palabras.
—Lo prometo, ya te encontré una vez ¿no es así? — le responde el extraño y sin esperar más Tony se aleja de su lado a pasos apresurados.
Cada movimiento que da le pesa y le revuelve el estómago, su corazón da vueltas agitado en su pecho y se acuerda de algo importante. Su cuerpo se gira unos centímetros, toma un poco de aire y le grita. — ¡Soy Anthony, no me olvides! —
De nueva cuenta le da la espalda mientras se dirige a la salida, después de unos segundos el sonido del vidrio rompiéndose llena el silencio y todo a su alrededor cobra vida de nuevo, todo incluido los guardias.
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El día siguiente al incidente es el día más confuso en la vida de Tony. Aún se encuentra en San Francisco junto a los demás estudiantes, pero sus amigos no parecen recordar nada. Incluso algunas cosas para él son un poco difíciles de asimilar.
Él recuerda haber salido corriendo de ahí, pero cuando las cosas volvieron a la realidad, se hallaba justamente en el momento en que la alarma comenzó a sonar. Esta vez Tony se quedó parado observando como el caos se desataba fuera del salón y como Hank salía corriendo una vez más. No podía ser un dejavú, lo que había vivido era tan real como aquel chico misterioso.
Hasta ese momento reaccionó y se dio cuenta que no sabía el nombre del contrario.
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Lo que Tony no esperó es que gracias a las noticias se iba a enterar del nombre de la persona que amó desde aquel primer momento.
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La nieve cae un lunes por la mañana en la amplia ciudad de Nueva York, el viento no sopla muy fuerte pero si lo suficiente como para producir un sutil ruido. Tony se asoma por la ventana de su departamento y observa las calles vacías, solo cubiertas por el color blanco de la suave nieve. James se encuentra a su lado, atento a las noticias de la vieja TV, su hermano no ha ido a trabajar ese día, la ciudad entera se excusa por el clima pero la verdad es que tienen miedo a lo incierto.
"Después del incidente en Pym Technologies, el dueño y benefactor, Hank Pym, ha anunciado un robo por parte de personal ajeno a la empresa, el científico afirma que la información que ha sido sustraía es muy importante e involucra la seguridad nacional, el gobierno de los Estados Unidos de América ya se encuentra trabajando en localizar al sospechoso que responde al nombre de Steven Grant Rogers, presunto responsable del robo de la información y del asesinato de Scott Lang, yerno del científico dueño de la compañía, se espera que en las siguientes horas se actualice la infor…"
Tony apaga con el control remoto la TV y James le dedica una mirada de confusión la cual el castaño ignora mientras se pone una de sus chaquetas y la bufanda azul de la última vez.
— ¿a dónde vas Tony? — James cuestiona y el contrario parece ignorarlo al igual que en su rostro se pinta una mueca de fastidio.
—Saldré a comprar un par de cosas, regreso al rato. — dice Tony mientras se acerca a la puerta, James solo suspira y lo deja ir, jamás ha podido detener a su hermano y sabe que esta vez tampoco lo hará.
—Solo no te metas en problemas ¿sí? Ten cuidado. — El castaño asiente y sale del apartamento pensando a donde irá, pues no tiene ni la más mínima idea, solo no quiere estar cerca de casa por un buen tiempo.
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Tony camina un par de calles al norte buscando llegar al parque en dónde vio a Steve por primera vez. Steve. El castaño sonríe para sus adentros recordando las palabras que los noticieros utilizaron; asesino, criminal, terrorista. Esas tres son las que más se repiten y él no se cree ninguna. Las dudas se hacen más grandes cada vez, el mundo dice una cosa pero su corazón otra. Está más que seguro que Steve no tiene nada que ver en todo ese tema pero ¿Qué hacía ahí ese día? ¿Acaso estaba huyendo de algo? ¿Por qué estaba en los laboratorios de Hank? ¿El viejo tiene algo que ver en todo ese asunto? ¿Es por eso que eligió su investigación?
Ciertamente Tony no tiene un conocimiento muy amplio en el tema pero tiene noción de lo que pasa y ha experimentado cosas que otras personas no.
«Estúpido» se dice a sí mismo y con todo su ser desea regresar al día en que le contó a su mentor todos aquellos secretos y jamás haberlos dicho.
Mientras camina el rostro de Steve está por todas partes, periódicos, televisiones en los aparadores de las tiendas, anuncios que se elevan por los edificios con información del supuesto criminal y un teléfono donde pueden llamar si es que saben o tienen información de su paradero.
Todo eso revuelve su cabeza y Tony sabe que Hank es el culpable de tal teatro. El castaño se detiene en un puesto de periódicos, compra uno con la portada de las noticias más recientes y se sienta en una banca a leerlo.
Entre todos los títulos uno es el que llama su atención:
"Tragedias en la familia Pym no cesan."
"…Una nueva desdicha ocurre en una de las familias más influyentes de San Francisco, después del accidente automovilístico que cobró la vida de tres de sus integrantes cuatro años atrás, el día de ayer se dio a conocer la muerte de Scott Lang, yerno del exitoso científico e inventor. Aún si el deceso está confirmado, Hank Pym se niega a dar declaraciones frente a la prensa y una fuente cercana dice que el científico solo afirma que el culpable es el sospechoso del robo en sus instalaciones…"
Tony lee una y otra vez la nota, trata de conectar todos los puntos pero algo le falta, algo está perdido entre toda la información pero el castaño no sabe qué cosa es.
—Todo eso es mentira. — una voz llama la atención de Tony y rápidamente se da cuenta que no está solo. Su vista se dirige a un lado suyo donde un extraño observa fijamente uno de los anuncios enormes con la cara de Steve.
— ¿D-disculpa? — Tony pregunta un poco dudoso, no es algo que espere escuchar de alguien que llegó a sentarse a su lado sin notarlo.
—Sí, todo este alboroto es falso. — el extraño señala el gran cartel con desprecio. —Yo lo conocía, ellos lo arrebataron de mi lado y como ya no lo tienen, lo quieren de vuelta. — el chico le mira directo a los ojos y sonríe con satisfacción. —Y yo sé que me puedes ayudar a recuperarlo. —
Sí Tony estaba confundido antes, las palabras del sujeto lo volvieron a dejar en blanco. «Maldita sea Steven Rogers. »
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Steve
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El dolor que experimenta no es nada comparado con el dolor que le hacían pasar en aquel cuarto blanco. Era una sensación completamente diferente, ser roto en partes y volverlas a juntar es lo que más se asimila a esa sensación, realmente se pregunta si el proceso así es en realidad.
El rubio mira a su alrededor y se da cuenta que el entorno no es el mismo en el que se encontraba poco tiempo antes. No está el laboratorio, no está los guardias que lo persiguen ni tampoco está Anthony. El extraño chico que se le abalanzó a sus brazos y no lo soltó en todo el tiempo que hablaron. El contrario decía que lo conocía y que él había sido el primero en buscarlo. Se preguntaba si a eso se refería la voz del cuarto blanco, en "moverse de un plano a otro".
Pero ¿por qué aquél chico en especial?
Steve no duda que no fuera una coincidencia haberse topado con él una segunda vez y aún si no lo recordaba o sabía quién era, una parte suya sí lo hace y su cuerpo lo ha sentido cuando los dos compartieron ese momento pequeño e íntimo. Fue como haber nacido de nuevo y haber encontrado su propósito en la vida. Pero el castaño estaba en otro lugar, otra hora, otro momento y tal vez otro año u otra época ¿Cómo rayos Steve va a regresar a su lado si muy apenas sabe lo que sucede a su alrededor?
El sonido de las olas estrellándose contra la arena y las rocas llega a sus oídos, la brisa golpea sus dorados cabellos y el olor a sal impregna sus narices. El rubio dirige su vista al amplio mar que se encuentra a sus espaldas y contempla lo vasto que es. Es lo más bonito que ha visto desde hacía mucho tiempo. Sus ojos han contemplado infinidad de cosas que están fuera del alcance de la imaginación humana, pero el mar siempre ha sido una de sus experiencias favoritas.
De pronto la mochila que tiene a un costado le pesa un poco más, no por el contenido si no por las cartas que Scott dejó dentro de esta.
La playa está vacía, solo el sonido de las gaviotas y del mismo mar embravecido es el que se escucha en ese preciso momento. El sol aún se encuentra visible pero por su posición Steve sabe que solo quedan un par de horas antes del ocaso.
Todo era tan surreal y poco creíble. No sabe qué va a hacer pero tampoco está atrapado en un cuarto de cuatro paredes, el rubio sonríe y sin pensar se quita los zapatos y también las calcetas. Da un último vistazo al lugar y como sigue sin haber nadie, deja la mochila junto a estos, se arremanga los pantalones y lo primero que hace es enterrar sus pies en la arena. La sensación de la arena entre sus dedos es extraña pero agradable, la humedad enfría sus pies y un escalofrío recorre su espalda.
Sacude un poco sus dedos y a pasos apresurados se dirige al agua y sumerge la mitad de sus piernas en ella. Es fría y las suaves olas golpean una y otra vez sus extremidades mojando un poco sus pantalones. Steve cierra sus ojos y se concentra en todos los sonidos que hay a su alrededor y sonríe genuinamente por primera vez en mucho tiempo.
El rubio acuna ambas manos y las sumerge en el agua, lo poco que le queda entre los dedos lo deja caer en su rostro. El agua es fría y el sabor salado inunda su boca, es una sensación rara pero también es agradable experimentar cosas nuevas, cosas que jamás pensó sentir.
De la nada los recuerdos golpean su mente como balas, todo está oscuro de nuevo y el sentimiento de vacío inunda su pecho. La respiración se le agita y como puede sale del agua a pasos apresurados y se tira sobre la arena. Sus manos se van a la cabeza al momento que esta comienza a dolerle. Recordar va a ser un proceso muy doloroso y no sabe cómo enfrentarse a eso estando solo.
Una risa femenina lo saca de su trance y por inercia Steve voltea y de inmediato se pone a la defensiva, en un mal movimiento se estira a alcanzar la mochila que estaba a unos metros de ahí, más que sorprendido está asustado. Abraza el paquete que tiene entre sus manos como si su vida dependiera de ello y trata de ponerse en pie pero las fuerzas le fallan, lo último que ve es a la mujer arrodillándose frente a él tocando su frio rostro.
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Las memorias se revuelven en su interior. Ve cosas que han pasado y otras que está seguro que no pertenecen a este mundo, el rostro de Anthony aparece de nuevo, el cuarto blanco y la voz misteriosa retumba en su cabeza como si nuevamente se encontrara atrapado. Ve las estrellas y el infinito firmamento, nada tiene final y todo ocurre a la vez, al mismo tiempo y en el mismo momento. Ve el rostro de una mujer mayor que llora, una madre sosteniendo en brazos a su bebé mientras derrama lágrimas, a un padre llorar porque perdió a su familia, un corazón deteniéndose, una persona morir lentamente y un mundo desaparecer nuevamente.
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Steve abre los ojos y se encuentra en la penumbra, una pequeña luz se divisa a lo lejos mientras el sonido del agua golpeándose entre sí se escucha de nuevo. El olor a sal de mar sacude de nuevo su nariz y la frescura que se cuela por la ventana lo traen de regreso a sus pensamientos. Se da cuenta que está sobre una cama y una sábana cubre su desnudes. Como puede se sienta sobre el colchón y se pone en pie mientras con el tacto trata de encontrar sus cosas. Lo único que logra es golpearse y tirar un par de cosas que hacen ruido al estrellarse contra el suelo.
La puerta se abre y por costumbre Steve se encoje en el piso como si de un niño desprotegido se tratara.
—Tranquilo niño, no voy a hacerte daño. — La voz es áspera pero no parece influir peligro. — ¿Te encuentras bien? — se trata de un hombre. La poca luz de la habitación no le deja ver más rasgos de aquel desconocido. — ¿Cómo te llamas chico? — Aquel pregunta y Steve no sabe que contestar. Está seguro de que si se encuentra en la misma época, su nombre debería de estar en todos lados y decirlo con tanta confianza no sería buena idea, pero tampoco ocultarlo.
— ¿Q-qué día es hoy? — Steve pregunta con un poco de desconfianza. Un bufido de parte del ajeno se escucha.
—Hmm… Lunes 15 de mayo. — El hombre le responde y Steve saca las cuentas y definitivamente no está en la misma fecha en la que se encontraba un par de horas atrás. —Chico si no me dices tu nombre, tendré que llamar a la policía. — Steve se estremece.
— ¡S-Steve Rogers! — y sin pensarlo le suelta el nombre. La policía no sería un buen lugar, tiene cosas que lo podrían delatar y aún no sabe si el año es el mismo o no. Si lo están buscando o aún nada de lo que vivió ha sucedido. El dolor de cabeza regresa y el miedo vuelve a presentarse.
— ¡Howard! Lo estás asustando. — la misma voz de la mujer que vio en la playa suena por toda la habitación y entra empujando al hombre. Toma la cobija que estaba en la cama y lo arropa con esta, toca su frente y lo ayuda a levantarse de poco en poco.
—María… no sabemos quién es y ni qué hacía aquí, déjame manejar esto, regresa a la cama por favor. — el contrario dice con una voz más amable.
—Howard… el chico estaba jugando con el agua, no es una mala persona, créeme, yo lo sé. — se acerca al respaldo de la cama y un click suena. La luz se esparce por toda la habitación y ahora sí puede ver con claridad en donde se encuentra.
La habitación no es muy grande, está pintada de color durazno, la cama está cerca de una pared y una ventana mediana adorna la otra pared de enfrente. La mujer es de piel morena y su cabello es café oscuro, su mirada es amable y Steve jura que ha visto esos ojos en algún lado. La observa por unos segundos y nota que las manos de ella se encuentran acariciando su propio vientre abultado, está embarazada. Por el tamaño de su barriga Steve deduce que ya está en el último mes.
Por otro lado estaba Howard, cuando lo ve siente que está mirando un fantasma. La cara, sus gestos, su postura todo indica que aquél hombre extraño que lo estaba interrogando ¡era Anthony! el mismo chico que había encontrado en un desafortunado momento.
—Estaba bromeando con lo de la policía si eso es lo que te preocupa chico. — el contrario habla de manera más relajada. —Sólo quiero saber cómo entraste aquí, esto es propiedad privada. — el contrario hace un gesto con sus dedos señalando todo lo que hay enfrente, la playa y la casa. Steve traga saliva, sabe que tiene que mentirle y él jamás ha sido un buen mentiroso.
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La mañana de ese mismo día es un martirio para Steve.
—Así que huiste de casa. — Howard dice mientras come un poco de cereal que tiene en su plato.
María ha preparado una comida muy extensa para solo tres personas, panques, jugo de frutas, huevos revueltos, fruta picada, yogurt, granola, galletas, salchichas asadas y varios aderezos. Sorpresivamente ella toma una cosa de cada plato y lo sirve en el suyo. Howard le dedica una sonrisa y un reproche cariñoso, por primera vez en mucho tiempo Steve siente el calor de un hogar.
Howard alza una ceja hacia Steve esperando su respuesta. —Así es, tenía problemas en mi casa y tuve que escapar, mi padrastro era un abusador y ya no deseaba estar ahí. — Steve dice mientras sirve en su plato un par de salchichas y las corta antes de meterse un pedazo a la boca.
— ¿Estudias, trabajas? — Al parecer Howard no va a descansar hasta obtener una respuesta satisfactoria. Para su suerte María extiende una mano y alcanza la de su esposo.
—Deja al chico comer, cariño. — ella le sonríe y su compañero suspira y asiente. —Oh…— María dirige su vista a su vientre y el rostro de Howard se torna a preocupación, de pronto Steve parece no existir en la habitación.
— ¡¿E-estás bien María?! — ella asiente.
—El bebé acaba de patearme— pequeñas lagrimas se asoman en sus ojos y de inmediato Howard se levanta de su asiento y se arrodilla junto a ella, posa una de sus manos en el abultado vientre. — ¡Puedo sentirlo! — los dos comparten un momento íntimo, lo único que puede hacer Steve es concentrarse en su plato y dejar a aquellos dos en su burbuja de felicidad olvidándose de su presencia.
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La tarde cae de nuevo en la ciudad en donde se encuentra y Steve no ha averiguado exactamente en donde está y que fecha es, es muy difícil con Howard cuidándole la espalda. Incluso no ha podido leer las cartas de Scott, eso le preocupa. Ha pensado en irse de ahí y seguir su camino, dejar que la suerte decida su destino y trabajar por regresar a ver a Anthony en donde quiera que se encuentre en esos momentos. Desea solo pensar y de inmediato trasladarse a su lado, pero a pesar de todo lo que le ha sucedido eso parece imposible. Ciertamente Howard y María están relacionados a Anthony, pero no sabe de qué manera, bueno, lo presiente pero no lo ha aceptado por completo, la idea es muy loca.
— ¿El atardecer es muy bello verdad? — María le toma por desapercibido. —Es de mis cosas favoritas aquí en Malibú. — ella suspira y Steve trata de no mostrar asombro. Un par de horas atrás estaba en San Francisco y ahora se encuentra del otro lado de la costa si su memoria no le falla.
—Nunca he visto uno igual. — dice Steve genuinamente. Los vagos recuerdos de su antigua vida regresan como fantasmas persiguiéndolo y se van, pero la amabilidad y la sonrisa de María logran transmitirle una calidez que aplacan todos esos pensamientos turbios en su mente.
—Dime Steve… ¿Quisieras quedarte a trabajar con nosotros? — la mujer menciona y Steve se queda pasmado. —Es solo que con la llegada del bebé necesitamos manos extras, te pagaremos bien, el trabajo solo es cuidar mi jardín. — María sonríe y Steve cavila la posibilidad.
—No suena mal, me haría bien empezar de nuevo. — Y acepta. Necesita tiempo para pensar y tratar de resolver el enigma en el que se encuentra, un poco de trabajo no le afectará.
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El bebé de Howard y María llega tres semanas después. La casa está vacía, los únicos que siguen ahí son él y Jarvis, el jefe de los trabajadores. Este se ve muy preocupado, pues al parecer María se las vio difícil en todo el embarazo. Jarvis le sirve un poco de comida en un tazón, algo de verduras y carne y también le prepara té.
—La señora de la casa se la pasaba en cama, los doctores dijeron que era mejor así, pero de repente todo se pone mejor. — Jarvis da vueltas por la cocina, Steve nunca lo ha visto así.
—Si le pasara algo…— El mayordomo niega. —La señora es muy fuerte. — y se pone a limpiar la barra.
—Todo saldrá bien. — es lo único que Steve puede decirle. Jarvis suelta un pequeño suspiro y Steve se encoge de hombros y continúa comiendo, también está preocupado.
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La tarde cae sobre la costa de Malibú. El sonido del carro y el portón principal abriéndose se escuchan y para Jarvis es música a sus oídos, pues sale disparado a encontrarse con los señores Stark.
Steve lo sigue pero a un paso mucho más lento, no se siente que encaje en ese lugar y en ese momento de felicidad. Jarvis ha estado con ellos por años, casi es de la familia. Es cierto que María le guarda aprecio, muchas tardes han conversado juntos y Steve siente una paz y tranquilidad a su lado, pero después de todo no se siente contento con la situación. Las cartas de Scott siguen cerradas en la mochila pequeña que siempre carga a todos lados por miedo a irse de imprevisto, pues ha averiguado que se encuentra en 1977, veintiún años atrás del incidente, Steve quiere convencerse a sí mismo que es por falta de tiempo y no por miedo, quién sabe cuánto más pueda aguantar.
Y los ve…
Howard tiene consigo una mochila no muy grande con las cosas del bebé, María camina a su lado con el pequeño envuelto en sus brazos y una manta.
— ¡Steve! — María grita y Steve se sorprende pero sonríe. — ¡Ven! ¡Ven a verlo! — ella está muy emocionada y sin chistar el rubio acelera su paso para llegar a ellos.
—Felicidades…— dice Steve con una amplia sonrisa. Howard asiente y María se acerca a él.
— ¡Míralo Steve! Es hermoso. — María quita la manta y revela al bebé. Es una miniatura, regordeta y un poco roja. La respiración agitada en su pecho subiendo y bajando le roban el corazón al rubio, este comienza a palpitar desenfrenado una vez más y sus dudas se desvanecen.
— ¿Puedo cargarlo? — Dice Steve sin pensar. María asiente y le extiende al bebé, Howard observa un poco receloso aunque se le olvida cuando Jarvis le da un brazo y las felicitaciones.
El rubio toma al bebé en brazos con mucho cuidado, como si este se fuera a romper en un mal movimiento. El pequeño se retuerce un poco pero parece acostumbrarse al agarre de Steve de inmediato, suelta un bostezo y se acuna en los brazos del ajeno. Steve sonríe y las emociones invaden su corazón y su pecho, sólo le queda comprobar una cosa…
— ¿Han pensado en algún nombre? — Dice Steve, aunque está seguro de la respuesta.
Howard y María se miran. —Anthony…— María menciona. —Anthony Edward Stark. — Howard termina la frase y besa a su esposa en la mejilla.
Steve estruja un poco al bebé que tiene en brazos y lo acerca a su pecho. —Te encontré…— le susurra y besa su frente.
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