DIA 10

Una vez Eliza estaba siendo sacudida con una mordaza en la boca con mirada llena de horror, cabalgaba a fuerza sobre la cadera de Candy que usaba por enésima vez su arnés. La pobre trataba de mover bien su cadera pero no era nada bueno para la rubia. La pecosa optó por introducir el elemento dentro del ano de su víctima a lo cual la Leagan se sacudía del electrizante punzor en su interior

-No descanses querida- La rubia miraba con una sonrisa como la pelirroja se movía pero de manera torpe aprovechando para dar su caricia a la vagina usando dos dedos

-Si quieres tenerlo afuera, mueve tus caderas más rápido y haz que me venga- Candy se refería a que su arnés tenía un mini dildo de tipo vibrador el cual se introdujo dentro de su intimidad a lo cual quería tener un orgasmo, es decir entre más moviera la pelirrosa su cadera más la pecosa era propensa a un buen orgasmo.

La pelirrosa asentía a la palabra de su captora entre más movía con violencia sus caderas cabalgando aunque para la pecosa no era nada quería algo más de fuerza y contundencia pero la pobre paró debido a que quería ganar algo de fuerzas pero como era de esperarse una mirada algo fulminante le exigió

-¿No te dije que no dejaras de mover tus caderas?- La joven decidió empujar su arnés entre más fuerte dentro del trasero de la pelirrosa la cual decidió acostarse sobre el cuerpo de su captora la cual tomaba con sus manos empujando el trasero de forma rápida mientras los estímulos entre ambas se hacían notar, Candy con su vibrador y Eliza con el arnés.

Luego de unos minutos largos y eternos la joven sacó de su bolsillo otro vibrador obligando a la pobre Leagan ponerse de cuclillas mientras la rubia le insertaba el juguete dentro de su vagina. La pobre sentía como un zumbido se hacía sacudir y resonar dentro de sus entrañas mientras quería morirse de llanto y horror.

La pecosa demente en menos de nada se hacía la pobre preocupada por su víctima con cosas "Como que doloroso" y esas cosas. La pobre Eliza mientras tanto sufría el horrible tormento en su interior como si sintiera ganas de orinar y eso que clítoris estaba erguido

-Increíble, ya estás a punto de estallar- La rubia veía con morbo y crueldad como la pobre bramaba de dolor mientras su vagina no iba a soportar más

-Ha ha ha, ¿Quieres venirte? ¿Quieres venirte?- La rubia se echó a reír cuando la pobre Leagan comenzó a orinar a chorros creando una especie de reguero en el suelo a lo cual la rubia se impresionó mucho

DIA 20

Casi un mes de plagio… Candy White estaba acostaba viendo en su móvil unas fotos que se tomó con su amada Patty sea en el parque de diversiones, en el hospital o hasta en su alcoba matrimonial o a veces jugaba aplicaciones aunque luego prefirió ver unos videos o escuchar música. Mientras en la celda se escuchaba el sonido de la palana mecánica y unos pequeños gemidos.

La rubia se paró de su sofá de cuarta para dirigirse al cuarto gris donde se mostraba una escena perturbadora donde la pobre pelirrosa estaba sentada pero era profanada por uno de esos dildos mecánicos donde actuaban simulando el empuje de un miembro en el interior de la pobre ojicastaña.

La pobre caía en jadeos horribles mientras el sudor bañaba su cuerpo y aparte algo de su peso cambió a una pobre delgada pero conservando su físico, no tenía mordaza a lo cual pareciera que sufriera una pequeña epilepsia y lo peor su cara ahora era del más rotundo dolor con tristeza sobretodo sus lágrimas se estaban derramando a mares

-¿Cuántas veces te has venido?- La pecosa indagó mientras caminaba lentamente hasta inclinarse en frente de su pobre víctima. Los fluidos y orina formaban una especie de charco aunque no era grande pero se notaba que estaba en ese deprimente estado desde hace horas

-Eso es una gran cantidad- La pecosa de manera autoritaria se acercó a la pelirrosa, con malicia que brillaba en sus esmeraldas y con una voz profunda por lo bajo dijo al oído a la pobre victima que caía en incesantes jadeos

-¿Cuántas veces van? ¿Llevas la cuenta?- La pecosa tenía en su mano una especie de control remoto con un botón, pulsó el mecanismo haciendo que el dildo automático empujara con más fuerza e intensidad mientras la pobre chica entre jadeos y gritos se retorcía de dolor e impotencia

-¡Wow! No dejes que salga volando- La rubia se apartaba de la víctima a una distancia prudencial ya que en menos de nada la pobre orinó a mares llenando el suelo haciendo un pequeño charco. La rubia impresionada por la orina expulsada y aparte de la cantidad de fluido se acercó de manera cuidadosa hacia la pobre Leagan.

Tenía una sonrisa sádica aunque miró de reojo a su pobre rival

-Ya estás fastidiada, ¿Por qué no lo dejas en tu…?

-¡YA ES SUFICIENTE!-Empezó Eliza a gritar en medio de sollozos con sus ojos dilatados, más parecían muertos yéndose atrás al borde del llanto e incluso repetía lo mismo de siempre

"¡YA ES SUFICIENTE! ¡SUFICIENTE!"

La rubia miraba con incredulidad esbozando con una sonrisa no sin antes carcajear un poco

-¿Qué anda mal?

-NO QUIERO SENTIRME MÁS MISERABLE COMO AHORA NUNCA MÁS, YA ES SUFICIENTE, ¿NO?- La pobre ya estaba más arruinada, ojos muertos y sin vida, lagrimas incesantes y moco tendido en parte con una cara llena de horror haciéndola quedar irreconocible

-YA TE HAS DIVERTIDO ASÍ QUE DEJAME IR

La pecosa sonrió aunque ladeó su mirada hacia la ventana y respondió de una manera muy metálica cerrando los ojos y mirada seria pero aclarable

-Aún no…

-¿CUÁNDO?

-Quién sabe…- La rubia se dirigió afuera mientras la pobre Leagan rompiese a llorar e implorando muy en el fondo su libertad o quizás su muerte… Cualquiera de esas dos opciones la haría liberarse de esa maldita demente

DIA 30

Un mes entero… La pobre Leagan estaba en contra de la pared mientras la pecosa chocaba su arnés dentro de su vagina, le besaba el cuello mientras le decía al oído en medio de suaves mordidas encestando sus empujes contra la pared

-Di "Te amo Candy"- La pelirrosa en miedo de su impotencia decía en pobres quejidos la frase ordenada pero entre cada vez que no podía decirla se le exigía con más fuerza

-Te amo… Candy

-¡Rápido!

-Te amo… Candy

-De nuevo

La pobre pelirrosa apretó los dientes mientras sus lágrimas bañaban su rostro marcado y demacrado exclamando aquella frase aunque la rubia le exigía con más fuerza o quizás uno que otro truco barato sobre todo cuando le vendó los ojos para exigirle cada vez que repitiera la misma frase

-Te amo… Candy

-No lo estás diciendo en serio- La pecosa ya con dar la voz infundaba el terror, terror que Eliza Leagan tuvo que soportar por un mes y más cuando la pecosa demente le propinó una fuerte lección de sexo anal. Finalmente la pelirrosa se corrió expulsando un líquido blanco haciendo que el lugar quedara más nauseabundo que antes sobretodo el fuerte olor de la orina.

La rubia se paró por un momento mientras contemplaba la luna por un momento, blanca en todo su esplendor y más cuando era luna llena. La rubia esbozó de sus lindas sonrisas infantiles mientras decía o buena se burlaba de su víctima que mantenía los ojos vendados

-¡Wow! Mira Eliza, la luna está hermosa- La pobre pelirrosa estaba siendo víctima del miedo y del terror que se le infundó pero por temor a no poder perder la vida se mantenía como esclava obedeciendo y entendiendo sus órdenes como una mascota

DIA 40

La pobre Leagan estaba sentada en su cama mientras miraba al suelo como si su mente hubiese perdido todo rastro sea desde antes de su cautiverio o del mismo como si en su mente hubiese una sola cosa… Mientras tanto la pecosa tocaba la mano de su rival la cual su tacto era más delgado como un palo, si, Eliza había bajado drásticamente de peso ya que tenía una complexión delgada pero sin llegar a una famélica.

La rubia con una mirada seria y quizás de preocupación dio un veredicto pero quedaba en claro que aún no obtendría la libertad ya que parte de su experimento era una cosa planteada: Sin nadie a su lado aún en las situaciones más deplorables Eliza clamaría por no sentirse sola y todo gracias a una palabra: Estocolmo

-Has perdido mucho peso- La pelirrosa no movía ningún dedo ni siquiera una palabra lo cual alivió en algo a la rubia- Estoy feliz de que ya no luches más pero es aburrido si no reaccionas en absoluto como ahora

La chica empujó a su víctima que cayó sobre la cama aunque no tuvo ni un quejido ni siquiera un reclamó, no hubo tal sonido aparte de la cadena adjunta a su cuello. La ojiverde contemplaba como la pelirrosa era como un cadáver sin mover nada, la joven rubia acostó de lado a su víctima. Se acostó cerca de ella para luego apartarse en segundos ya que un olor raro impregnó su olfato

-Apestas… Si no te lavas- Acariciaba las suaves mejillas de la pobre victima a lo que no soportando el leve olor de la pelirrosa decidió levantarse de improviso haciendo un puchero de enojo haciendo estremecer a la pelirrosa

-¡Ahg! ¡Eres un dolor en el trasero!- La joven alistó una ducha regadera conectada a un grifo de afuera, unos jabones y esponja. No era de esos baños con sales ni en tinas de porcelana blanca pero para la pobre Eliza no le incomodaba o bueno pareciera que estaba en las nubes mientras la rubia estaba preocupada.

La pelirrosa sin reaccionar o hacer un gesto ni siquiera uno violento en su rostro le dijo a Candy de manera visual que le dejara la manguera ya que iba a bañarse sola, la rubia quedó extrañada pero prefirió que la joven lo hiciera a cuenta propia. Por ahora la rubia se iba mientras la Leagan se quitaba la ropa para bañarse pero de pronto la joven iba a emitir una palabra pero tuvo que callarse a lo cual la pecosa vio de reojo pero prefirió irse a trabajar en el hospital.

La pobre Eliza se arrodilló mientras prendía la manguera para bañarse aunque se detuvo por un momento, mirándose en el charco jabonoso de su baño pero de pronto vio la figura de cierta chica de coletas raras con pecas en su nariz, ojos verdes esmeraldas y una sonrisa llena de vida.

Mientras tanto Candy leía en su móvil un artículo que tenía un título llamado "Estocolmo". El texto decía así:

"Síndrome de Estocolmo: Trastorno psicológico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada."

La pecosa viendo las fotos que se tomó con su secuestrada e incluso pensando en aquella escena desde hace unos minutos… Una sonrisa se dibujaba en su rostro mientras se decía en su mente varias palabras

"Lo logré, la he derrotado"

DIA 60

Dos meses, desde hace 20 días Candy no solía aparecer tan menudo ni siquiera para tener sexo, a veces venía sea para leer una revista o jugar en su celular, a veces la bañaba y la alimentaba hasta le cambiaba de ropa y un peinado nuevo. Con su cabello suelto y libre de sus rizos la Leagan se acostaba a dormir junto con una almohada donde había una foto de la rubia pecosa, cosa que posiblemente perturbó a Candy y quizás fue un motivo para apartarse de ella.

La pelirrosa llevaba dos meses en cautiverio, dormía plácidamente en su cama limpia y blanca cuando de pronto sintió algo… Por alguna extraña razón quería ver a Candy pero era otro día donde no aparecía y todo era silencio. Se paró de la cama mientras veía que no estaba ella ni nada, ella, su Candy venía muy a menudo pero hoy no.

Desde hace exactamente 20 días Eliza Leagan comenzó a padecer Sindrome de Estocolmo, y como aquella definición comenzó a tener un interés amoroso hacia su captora pero como era de esperarse para la pecosa más allá de torturarla y violarla con tal de hacer pagar sus errores en el pasado era un simple experimento o en su defecto un simple objeto de placer.

La pecosa nunca sentía por Eliza algún sentimiento de amor o nada parecido, sólo odio y quizás algo de atracción sexual para matar el rato… De hecho Eliza sólo recordaba que Candy la visitaba frecuentemente y la besaba hasta hacían el amor y eso. Nada más, sólo eso.

DÍA 65

Candy como siempre frecuentaba el lugar pero matar el rato quizás leerse un comic o jugar en su móvil o en sus redes sociales sin saber que su vieja victima con esa cara llena de sufrimiento y soledad la estaba esperando como si añoraba su regreso

-Candy…- La pecosa atendió a su llamado pero no tenía que perder su valioso tiempo ya que tenía una cita con Patty

-¿Qué pasa…?

-¿Dónde estabas?

Un rato de silencio invadió el lugar

-¿Dónde? Pues en el hospital obviamente

La Leagan rompió a llorar mientras temblaba del llanto y en verdad sin esa chica la embargaba en esa horrible soledad, no había más vida más que estar a su lado y todo producto del Estocolmo que desarrolló. En medio de sollozos interrogó a "Su Candy"

-¿Cuándo volverás a casa?- Esa pregunta fue motivo para que la pecosa se riera en su cara

- ¿Volver a casa, dices? Hahaha, vaya Eliza. Sí que sabes contar chistes y aparte muy bueno- Su cara ahora se tornó llena de odio

-Pues que crees, esta pocilga no es mi casa ni nada- La Leagan ahora miraba con su mente destrozada mientras derramaba lagrimas sobre la sábana blanca aunque la rubia ya no le prestaba importancia aunque al menos se contentó ya que su vieja enemiga quedó con el orgullo hecho añicos. Se volteó no sin antes aclararle

-Ya te lo dije, volveré cuando me dé la gana

La pelirrosa se sintió abandonada a lo cual sin pensarlo dos veces se quiso salir con tal de estar a su lado pero la cadena pesada y larga que añadía a su cuello la hizo tirarse hacia atrás sintiéndose una inútil en no lograr ni siquiera tomar su mano