Disclamer: J. K. Rowling y Takao Aoki, son dueños de Harry Potter y Beyblade, respectivamente. Yo hago este fic sin ánimo de lucro, como medio de entretenimiento y ocio.


Encuentros Inesperados (1), parte uno


En la tétrica mansión de los Ryddle, Voldemort escuchaba las malas nuevas que sus vasallos le traían. Enfurecido, golpeó la mesa, al grado de romperle un pedazo. Miro con desprecio a los dos hombres que se encontraban en su presencia: Colagusano y Malfoy. Recuperando un poco de cordura, más no la tranquilidad, les ordenó:

—Necesito que me mantengan informado sobre las actividades que tiene Dumbledore acerca de lo que tiene planeado con esos muggles. Malfoy, necesito que te inmiscuyas al Ministerio, no sólo por la profecía, sino por información sobre aquellos entes.

—Como ordene, amo —dio una ligera reverencia.

—En cuanto tú, Colagusano, busca con tus sucios amiguitos datos claves para nuestro éxito.

—S…Si señor —tartamudeó y vio con temor a su amo.

—No quiero más fallos de hoy en adelante, o aquel que lo haga, se arrepentirá de estar bajo mi servicio. Que pase Dolohov hijo.

Ambos hombres asintieron. Acto seguido, un joven de veintinueve años, de cabellos oscuros, tez amarillenta, cara alargada, de ojos negros y profundos, entró a la habitación.

—Veo que fallaste en tu misión, Dolohov.

—No fue mi culpa, señor. Si la estúpida de Black no hubiera intervenido en esto, su primo y sus amigos estarían más que muertos por los Dementores.

— ¿Black? ¿Existe otra traidora de sangre con ese apellido?

—Dos más, mi señor. Son hijos del primo de Bellatrix Lestreage, Alphard Black. Para ella es muy importante el chico Kai Hiwatari, por la cara de furia que puso cuando mandé al dementor contra él. Y me atrevería a decir que sería capaz de arriesgarlo todo por su familia. Ambos regresarán a Reino Unido este año, acompañando a los chicos de las bestias sagradas.

—Hum, quizás tu información sea valiosa, Dolohov. Esto puede compensar tu error. Sigue de cerca a los muggles y a los traidores, necesito que alguien esté al tanto de sus movimientos.

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Muy lejos de ahí, un muchacho de cabello negro azabache alborotado, tez trigueña y ojos de un verde almendrado había despertado a causa de un dolor en su vieja cicatriz en forma de rayo. Su nombre del joven es Harry Potter. Había dimitido un poco el ardor, sin embargo todavía le molestaba. Esa marca en su frente, era el resultado de una maldición asesina, que milagrosamente, él sobrevivió, haciéndolo famoso en la comunidad mágica. Sin embargo, ahora todos lo han considerado un chiflado, por mencionar que ha regresado su peor enemigo, Voldemort.

Miró hacia la ventana abierta, su lechuza, Hedwig, aún no regresaba de su cacería. Le molestaba en cierta forma la actitud del director de su colegio de mantenerlo encerrado e incomunicado en Privet Drive. Odiaba tanto estar ahí, puesto los Dursley, le habían hecho la vida imposible desde que llegó a las suyas.

Hace unos días, aparte de sus pesadillas sobre el cementerio, la muerte de Cedric y el enfrentamiento que tuvo con Voldemort, había soñado con unas criaturas fantásticas y siete personas que, o no conocía o no alcanzaba a identificar.

Además, la última visión, se trataba acerca de un joven mortífago, recibiendo órdenes de seguir a un tal Kai Hiwatari (le era conocido el nombre. En el noticiero de hace tres semanas lo escuchó, ¿pero podría ser aquél jugador famoso del que hablaban en su sueño?), con unos muchachillos de apellido Black (¿Acaso Sirius tenía sobrinos? Aunque no descartaba que el apellido era muy común en Reino Unido). O quizá, (¿Esa chica, –con apellido Black–, podría ser aquella, que se llevaba mal con Hermione, regresaría a Hogwarts?).

Pensaba en su primer sueño, las criaturas, tan bellas, tan majestuosas: un dragón azul, una tortuga negra, un tigre blanco y un fénix rojo. ¿Qué demonios eran esos seres? ¿Por qué las veía en sueños? Las otras dos no podía recordarlas con claridad. Le era extraño tener esa clase de visiones. Miró a su reloj de mesa, eran las dos de la madrugada. Al fin el dolor dejó de molestarle, así que decidió volver a dormir.

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En Japón, mientras tanto, eran como las once de la mañana. Los chicos fueron a la Plaza Tsukino. Pasaron por un callejón subterráneo en la segunda puerta de la bodega de la tienda, para terminar en la puerta de otro almacén, pero más pequeño, que pertenecía a otro negocio, propiedad de la abuela de los Black. El otro establecimiento era una droguería mágica, donde ponían a disposición diversas pociones, ingredientes, plantas, entre otras cosas a los magos japoneses.

Salieron de aquella farmacia. Observaron su entorno, la Plaza era un lugar muy hermoso. Las construcciones al estilo nipón de la época feudal denotaban en aquel sitio, más aparte, el mármol blanco de un edificio, el cual Annia les indicó que era Gringotts, el banco mágico. El piso grisáceo contrastaba con el follaje de los árboles de cerezo, con las flores que los caracterizan, ("es imposible" decía Tyson, con asombro "sólo en primavera florecen"). Además, había un estanque en forma lunar al centro de la plaza, sobre él un puente de madera, de color rojo. En su alrededor, había estatuillas de tonalidad nívea, que representaba a las bestias sagradas, cosa que sorprendió a los Blade Breakers.

Aarón fue al banco en compañía de Kenny. Mientras los chicos, guiados por la joven, miraban las diversas tiendas, a los magos y brujas que realizaban sus compras, (claro que sus capas mostraban cierta tendencia oriental, incluso algunos de ellos, tenían ropa muy parecida a la de Rei). Había niños, pero lo que más les sorprendió fue lo siguiente: dos brujitos de cinco y seis años traían consigo un beyblade cada uno, jugando entre sí.

—No sabía que los magos conocían nuestro deporte —comentó Rei.

—Quizá sean mestizos o sean hijos de un mago de origen muggle —mencionó Annia. Al momento siguiente, una mujer vestida de túnica azul pálido; como también, a un hombre que lustraba jeans y una camisa negra, se acercaron a los niños, quienes los observaban desde el restaurante. Decían:

—Es curioso cómo se entretienen con esos artefactos muggles, eh, ¿Cómo se llaman? Ah los ¿Bel baldes? —expresó dubitativa la mujer, mientras el hombre sonreía.

—Se llaman beyblades, es muy común jugarlo entre nosotros. Las personas que no poseemos magia —comentó el hombre—. Sé que aún te resulta raro todo lo que nosotros hacemos, como a mí lo que realizan los magos. Es raro saber que existe la magia.

—Como también sus aparatos que funcionan con ecletricidad…

—Electricidad, cariño.

—Bueno, tú me entiendes —dijo, mientras llamaba a sus hijos. Después entraron de nuevo al restaurante.

—Lo ven, su padre es muggle y su madre es bruja —expresó Annia

— ¿Y eso que tiene que ver que les guste el beyblade? —preguntó Tyson

—Bueno, es que entre los magos es desconocido el beyblade —respondió la muchacha—. O lo creen inferior, puesto los muggles lo juegan. No me mires así, Tyson, hay magos de sangre limpia que piensan eso. ¡Aarón, Kenny, que bueno que ya regresaron! —su hermano regresaba con Manabu, pero pudieron percibir el sonido de monedas, que provenían del bolsillo del chico inglés.

—Bueno, echemos un vistazo a sus listas de primer año. Al parecer, Dumbledore nos depositó dinero extra en nuestra cuenta, para comprar algunas cosas aquí. Me avisó hoy por la mañana de la transacción —mencionó Aarón—. Kenny ¿me permites ver la tuya?

—Claro —contestó éste, entregándole al mismo tiempo la hoja.

—Sí, me parece que es mejor que vayan a comprar sus varitas. Después el resto de su material, excepto las túnicas y el libro de historia. Eso lo adquiriremos en Londres. Pero me temo que sólo podrán hacerlo dos de ustedes, por tres cosas: algunas de estas cosas son caras, llevaremos demasiado y porque haremos mucha multitud en las tiendas. Así que decidan entre ustedes.

—Resuélvanlo entre ustedes cuatro —le mencionó su líder.

— ¿Eh? ¿Y por qué Kai?

—No me malinterpreten —contestó el ruso—. Simplemente quiero saber si lo que Annia alardea sobre las varitas Ollivander y sobre el callejón Diagon.

—Entonces yo también me esperaré hasta ir a esa tienda —contestó Tyson—. Para que el señor quiero-lo-mejor-y-sólo-lo-mejor no sea el único.

—Bueno, ya que ellos lo decidieron sin tomar su opinión, chicos ¿quién de ustedes no la comprará tampoco aquí? —Mencionó Aarón a los otros tres Blade Breakers

—Yo no —expresó Kenny—. Es mejor que Rei y Max sean los primeros.

—Vamos entonces —se dirigió a los aludidos—. La de las varitas es la última tienda.

Max y Rei siguieron a Black a un establecimiento, tan pequeño como su homólogo en Londres. Sin embargo, no sólo vendía varitas mágicas, sino también báculos especiales para la magia, dependiendo al elemento que pertenecía el comprador. Los saludó una bruja de cabello castaño entrecano, de unos cincuenta años de edad.

—Bienvenidos, mis jóvenes niños ¿qué es lo que desean comprar?

—Dos varitas —comentó Aarón—. Para ellos.

—Hum… —los miró detenidamente— ¿son diestros o zurdos?

—Diestros —comentaron al unísono. Aparecieron entonces las cintas que los comenzaban a medir, al igual en Londres como le sucedió a Potter. Mientras, la señora buscaba varitas que fueran indicadas para ellos. Aarón, por su parte, pensaba que esto iría para largo, arrepintiéndose de entrar con ellos, lo cual para su desgracia, no se equivocaba.

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No muy lejos de ahí, en la Sede de la BBA Japón, el Sr. Dickenson atendía asuntos relacionados con el próximo torneo, como el lugar de la sede, las reglas, los equipos que participarían, entre otros. Tan centrado estaba en sus cosas, que se asustó cuando su secretaría, por el teléfono, le comunicó que un tal Albus Dumbledore venía a verlo por un tema de gran importancia. Dickenson, por su parte, recordaba la carta que le había llegado precisamente aquella mañana. Le había intrigado que esa persona quisiera verlo, en especial, para tratar sobre un problema que envuelve a los Blade Breakers. Esto último le había interesado más.

—Dile que pase, Asuka —respondió él.

Al entrar, el mago vestía algo estrafalario: una gabardina morada, muy larga (probablemente sería alguna de sus túnicas), un traje negro, con una camisa amarilla y una corbata roja. El señor Dickenson se quedó sorprendido ante la vestimenta de aquél hombre alto y barbudo, sin embargo, lo invitó a tomar asiento.

—En su carta, usted me mencionó que es director de un Internado mixto, además de ciertos conflictos relacionados con los chicos.

—Exacto —comentó el mago—. Verá, durante la tarde y la noche del lunes, ellos tuvieron un encuentro con un sujeto, que intentaba arrebatarles sus Bestias Sagradas.

—Entiendo, sin embargo no es la primera vez que les ocurre a los chicos. Quizás Voltaire…

—Esta vez no es él, señor Dickenson. Como pudo leer en mi carta, una persona busca a los entes sacros, con el mismo fin que trataba de alcanzar Voltaire Hiwatari —le expresó con tranquilidad—. Desde hace unas semanas, hemos estado en vigilancia constante, puesto un… —la palabra "mago" quedó en el aire — sujeto que hacía décadas causó grandes problemas en nuestro país ha regresado. Uno de sus planes, era sin duda quedarse con las bestias bit, sin embargo no lo consiguió aquella ocasión. Por eso, he decidido junto a los Blade Breakers que lo mejor para ellos es quedarse por un tiempo en mi Colegio, Hogwarts, donde podrán estar a salvo.

—Dígame, ¿Quién es el que está detrás de ellos?

—Lord Voldemort —expresó con claridad—. Por lo tanto, es necesario que nos ayude con los familiares de los chicos. No se preocupe, él no se atreverá a poner un pie en la Escuela, mientras mi gente y yo, estemos en extrema vigilancia.

—Sin embargo ha dicho que esa persona causó grandes estragos en Reino Unido, ¿cómo podrían estar protegidos los chicos?

—Él no se atrevería a entrar al colegio, mientras yo sea director, señor Dickenson —respondió Dumbledore

Meditó por un rato las palabras del mago, levantándose de su asiento, dirigiendo la vista hacia la ventana. Soltó un suspiro y volvió a centrar su mirada al hechicero:

—Haré lo que pueda, Profesor Dumbledore.

—Se lo agradezco.

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—Vaya Kai, no sabía que fueras tan presumido —dijo la chica, mirándolo con burla. Habían decidido esperarlos en unas bancas fuera del local, Tyson se sentó con Kenny; mientras el aludido, con su prima.

— ¡Ya deja de molestarme, Annia! —Le expresó con enfado.

—Pues deberías verlo a diario —terció Tyson—. Además que se cree el sabelotodo del beyblade. Por cierto —echó un vistazo a la tienda de varitas Sakamoto y consultando la hora con el Jefe—, ya se tardaron.

—Quizás no hay varitas para ellos —opinó Annia.

— ¿Cómo es que?

—Pues te sonará raro, pero la varita escoge al mago, no al revés, como pensabas. Vaya acordándome, aquí se usan distintos tipos de núcleos de las varitas, que en Ollivander's. Me ha dicho Aarón que usan el de nervio de corazón de dragón, como en Inglaterra, pero además de bigotes de tigres siberianos y de bengala, como también escamas de tortugas negras y plumas de fénix. Los unicornios son escasos en este país, por eso recurrieron a otros tipos de núcleos. Bueno por fin, ya salieron.

— ¡Annia, la próxima vez tú acompañarás a los demás a comprar las varitas! —Se quejó Aarón—. Por lo que a mí respecta, Rei y Max probaron todas las varitas de Sakamoto's —se sentó a un lado de su hermana.

— ¡Vamos no dramatices!

—No exagera, Annia —comentó Rei, mientras tomaba asiento junto a Aarón—. Parecía toda una eternidad.

—Estoy de acuerdo —reafirmó Max, tomando un lugar cerca del Jefe—. Pero al final de cuentas, pudimos encontrar una para cada quien —sacó de la caja una varita de peral, de veintiséis centímetros, muy flexible—. Según la señora Sakamoto, llevaba una eternidad en la tienda, un milenio. No sé si lo dijo de broma.

—Por cierto Rei, ¿Cómo es la tuya? —preguntó Annia

—Según la señora Sakamoto mencionó que era de haya, veintiocho y medio centímetros, elástica —la sacó de su estuche y pudieron comprobarlo—. También dijo que era una de las varitas más antiguas de la tienda.

— ¿Y qué núcleos tiene? —cuestionó el Jefe

—No me digan —interrumpió Tyson, a modo de burla—. La de Max es de tortuga y la de Rei es de tigre.

—Pues, da la casualidad de que acertaste, Tyson —contestó Max.

—Era lógico —comentó Kai—. Tal vez sea por nuestras bestias bit.

— ¿Tú crees? —dijo Max, mirando de nuevo su varita

—En fin, terminemos con las compras, de lo contrario no saldremos hasta mañana —comentó Aarón, con cierto fastidio.

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Cuando regresaron a la casa de los Black, ya atardecía. Traían consigo un montón de paquetes, pero aún así no habían llegado a completar las listas, pues ciertos libros sólo los vendían en Inglaterra (como el de Historia de la Magia). Además, los chicos aún no habían elegido las optativas que llevarían (por lo menos una, les decía Annia, para que no levantaran sospecha). Aarón les recomendó que dejaran sus cosas en la casa, mientras recogían algunas de sus ropas en las suyas. El mayor de los Black acompañaría a Tyson y Rei al dojo Granger, mientras que Annia iría a dejar a Max en compañía de Kai. Los Black se cambiaron a atuendos más muggles, sin embargo en los bolsillos llevaban la varita, por si acaso.

Cuando Tyson y Rei fueron dejados en la casa del primero, el abuelo, después que se había ido el joven Black, les entregó una carta, proveniente de un tal Albo Dumbeldor, como otras dos, de parte del señor Dickenson. Lejos de la vista del abuelo Granger, Rei abrió la primera. Leyó con voz clara.

Tyson, Rei

Todo el asunto sobre su ausencia en sus respectivos hogares está arreglado. A pesar que al principio al señor Dickenson no le di una buena impresión, al final pudimos llegar a buenos términos acerca de nuestra conversación, respecto a ustedes. Aarón me comunicó que faltó material que compraran, así que este fin de semana irán a Inglaterra. Los esperarán miembros de la Orden del Fénix, los cuales los escoltarán en el callejón Diagon y su transcurso hacia Hogwarts.

Sinceramente,

Albus Dumbledore

—Me preguntó como habrá sido su entrevista con el señor D —comentó Tyson, abrieron sus cartas—. ¡Son idénticas! —Con lo que el chino leyó la suya en voz alta.

Rei

Un señor llamado Albus Dumbledore me comentó acerca de la situación en la cual vivieron el pasado lunes. Me ha recomendado estarán más seguros en su colegio. Junto a la presente carta, hay un permiso que debe ser firmado por sus padres o tutores, para que ellos tengan la noción en donde pasarán este año escolar.

En primera no me dio buena impresión por su estrafalaria forma de vestimenta, sin embargo, llegamos a buenos términos, (a pesar de que dudo en la existencia del colegio… jamás había escuchado tal nombre en una institución).

Sr. Dickenson

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—Firma del padre o tutor… —murmuró Kai—. No creo que al abuelo le agrade mucho la idea de que vaya a un colegio de Magia. Además, ¿cuándo le hemos importado en serio? —dobló la carta y la metió a su bolsillo.

Habían dejado a Max hace una media hora (aunque su padre se sorprendió que viniera Kai a acompañarlo, además con Annia). Durante el trayecto, una nueva ráfaga de viento cálido (el ruso sabía perfectamente que se trataba de Fawkes) había dejado unas cartas en las manos de ambos jóvenes. Su prima lo miró con cierta sorpresa al escuchar aquellas palabras últimas. Ahora se dirigían a la mansión por algunas cosas del chico.

—Bueno, al menos, tú le importas un poco más que yo —expresó amargamente. Ahora él la miraba con asombro.

—Pensé que no te importaba que el abuelo te tratara mal. Aunque no puedo decir que convivía mejor con él. Alégrate porque a ti no te envió a la "guardería" de Boris.

—Kai olvídalo, quieres, no quiero seguir esta discusión —suspiró y vio la magnífica construcción que estaba ante ellos—. Entremos, entre más rápido, más pronto saldremos de aquí.

Ingresaron a la residencia. Ella estaba nerviosa. Hacía siglos que no pisaba aquella casa, cuando se fue con Lupin a Inglaterra. Esperaba que Kai estuviera en lo cierto al pensar que Voltaire se habría ido por asuntos de la empresa. Odiaría tener un encuentro con él. Respiraba con cierta dificultad, estaba completamente alterada, eso no había duda. Subieron por las escaleras hasta el pasillo en donde se encontraba la habitación del joven.

— ¡Apúrate, por favor Kai! —señaló en tono angustiante, mientras recorría el cuarto de un lado hacia otro, mirando de vez en cuando hacia el jardín o al pasillo.

—Oye, no me empieces a darme órdenes —decía él, mientras sacaba una mochila del clóset — ¡Y deja ya de caminar así!

—Ya. ¿Estás seguro que el viejo sapo no está aquí?

—Te lo he repetido mil veces, se-fue-a-una-junta-que-tenía-con-no-se-quién —ya estaba enfadado por la ansiedad de su prima.

Ella salió de la habitación. Aún preocupada por si llegaba Voltaire, se adentró a un cuarto, con apariencia de biblioteca en la segunda planta. Vio los volúmenes que se hallaban en los estantes de aquel sitio, algunos con pinta de ser antiguos; otros, de recién adquisición. Le llamó la atención un árbol genealógico de la familia Hiwatari, algunas de las ramas, con marcas de diferentes colores.

Para alejar todo pensamiento de pánico que poseía en su cuerpo, la joven tomó un libro de pasta negra de la repisa. Para su sorpresa tenía el símbolo de Hogwarts en la portada. Imposible, musitó ella. Dejó la varita encima de la mesa. Lo abrió, sorprendiéndose mucho al ver en la primera hoja, un dibujo de un medallón de plata con la insignia de armas, de nada menos de la familia Black. Además del siguiente mensaje: búscalo.

Al cabo de unos diez minutos, el bicolor ya había acabado su equipaje. La chica traía consigo el ejemplar que había tomado, en uno de sus bolsillos del abrigo. Su primo la veía con extrañeza por su raro comportamiento.

— ¿Dónde estabas? —Le preguntó él—. Pensé que tenías miedo de encontrarte con el abuelo.

—Eh… ¡Claro qué no tengo miedo! —Manifestó con enojo—. Para tu información, fui a la biblioteca —esquivó la mirada del ruso—. Bueno, ¿podemos irnos ya?

—Hum —afirmó con un ligero movimiento de cabeza.

Ambos salieron del cuarto. Aneshka metió su mano izquierda al bolsillo correspondiente. Se dio cuenta de una cosa, ella soltó un grito y chocó su mano derecha en su frente

— ¿Y ahora, qué rayos te pasa? —preguntó con enojo Kai

—Mi varita, ¡la he olvidado en la biblioteca!

—Iré por ella —musitó el ruso con fastidio—. Espérame en el vestíbulo. ¡No sé porque eres tan descuidada!

— ¡Pues no soy tan perfecta como tú, primito! —expresó con cierta ira.

Bajó por las escaleras. Mientras tanto, el chico bicolor llegó con rapidez a la habitación. Entró a ella. Buscó con la mirada el objeto mágico de Annia. Bueno, no la había dejado tirada por ahí, como es su costumbre. La recogió de la mesa y salió velozmente del cuarto. Sin embargo oyó una temblorosa voz viniendo del vestíbulo:

No puede ser —pensó—. ¡Pero si estaba seguro!

Por su parte, la joven, al ver quien arribaba a la mansión, se quedó paralizada al verlo, al pie de la escalinata.

—B…Buenas N… Noches, señor Hiwatari. No pensé que terminara pronto…

—Hum… —miró con desprecio a su criado, quien mejor se apartó de su vista, yendo a hacer otras cosas a la cocina, según el empleado.

De por sí, el anciano traía un humor de perros cuando llegó. Sin embargo al voltear la vista hacia delante, él quedó sorprendido como su nieta, al mirar a la joven bruja.

— ¿Qué haces aquí? —le gritó mientras la señalaba, llenándola de un terror inmediato.

— ¡Abuelo! —expresó con temor la chica, mirando hacia dónde estaba Kai. Mientras el viejo se acercaba a ella. Sin la varita, se sentía indefensa.

Kai había regresado, cerca de los peldaños. Sin embargo, su abuelo no se había dado cuenta de su presencia. No sabía qué hacer, puesto su tutor sería capaz de dañar a su prima, o por el contrario, Annia podría hacer magia incidental. Vio con detenimiento la varita de la hechicera que traía en manos, esperando que resultara lo que planeaba.

— ¡No deberías…! —sin embargo no terminó la frase.

¡Desmaius! —escuchó, mientras que chispas rojizas se dirigían a Voltaire, mientras éste último caía inconsciente al suelo. No podía creerlo. Alzó su vista, acabando de confirmar lo que su primo acababa de hacer, observando que él ponía cara de sorpresa al ver el efecto del hechizo.

—Kai, ¡No debiste hacerlo! ¡Ahora sabrá que posees magia! —gritó asustada.

—No me importa, además tú no podías defenderte —le dijo fríamente, mientras bajaba a donde estaba ella.

—Pero, es que me inquieta que, bueno, que la tome en contra tuya…

—No te preocupes por mí, de todos modos, dudo que me haya visto.

—Pero, Kai ¿Y si te…?

—Mira Annia, puedes modificarle le memoria, por si las dudas, si quieres —le dirigió una pequeña sonrisa irónica—. Y moverlo antes de que llegue a despertarse. Por mí, que te siga gritando si es lo que deseas. El efecto no…

— ¡Está bien, ya comprendí! ¡Dámela! —Dijo en susurros, extendiendo su mano para recibir su varita con cierto fastidio — ¡Mobilicorpus!

Vio como el cuerpo de su abuelo flotaba en el aire, como grotesca marioneta, mientras lo llevaban a su habitación. Annia se apresuró a modificarle la memoria, a la vez que Kai miraba expectante como realizaba el sortilegio. Se sorprendió aún más cuando la chica le dio otro hechizo aturdidor. Salieron del cuarto, tomaron la mochila del joven y salieron lo más rápido posible que les permitieron sus extremidades inferiores. Descansaron en dos cuadras después, jadeando y tomando aire.

—Con… ¡con ganas… de fusilarte, Kai! ¡Sabía… que esto… podía… pasar!

—Oye, no pensé… que el viejo… regresará tan rápido —habló entrecortadamente—. Pero al menos, pudimos… escapar.

—…Regresemos… a mi casa ¡Y que jamás… se te vuelva… a ocurrir esto! —Se enfrentó con ira a su primo, a pesar que ella fuera un poco más baja que él — ¡No volveré a acompañarte!

—Dejemos de discutir —protestó con dificultad y con resentimiento—. Al fin y al cabo, lo hecho, hecho está —ella se encogió de hombros y se pusieron en camino al hogar de Aneshka.

—Con esa actitud, me queda claro que serías todo un Slytherin, primito.

— ¿Un, qué?

—Olvídalo, quieres. Lo sabrás cuando entres a Hogwarts.

—Por cierto, ¿qué rayos estabas buscando en la biblioteca?

—Nada, la curiosidad es algo innato en mí…

—Y hoy casi te pasa lo que al gato.

—Mejor cambiemos de tema. Creo que deberíamos ver si alguien te firmará esos permisos, ¿tienes algún tutor, aparte de Voltaire?

—Desconozco si tengo alguien más.

— ¡Entonces, podemos pedirle a Remus si te los firma! ¡Preguntaremos a Dumbledore si se lo permite! Además, me gustaría que me acompañaras a Hogmeade.

— ¿Y por qué tanto interés, niña? —la miró con el entrecejo fruncido.

—Vamos Kai, se que eres lo bastante orgulloso como para evitar a toda costa alguna burla de tus amigos, bueno más de Granger. Y también de la Sala común al ser el único en no ir al pueblo.

—Ya entendí y mejor, llevemos la fiesta en paz —dijo él, con molestia, alegrándose que por fin llegaran a la casa de la brujilla.

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Finalmente había llegado el día en que nuestros amigos partirían hacia Inglaterra. Los guió el capitán de su equipo. Siguiendo la ruta conocida, ingresaron al hogar de los Black, al mismo tiempo que escuchaban voces provenientes de la sala.

—Querida, ¿estás segura que alguien vendrá por ustedes? —Preguntó la señora Inoue —. Dumbledore no te avisó quién vendrían, ¿cierto?

—No, me dijo que era una sorpresa. No me imagino quién vendrá. ¿A ti tampoco te mencionó nada, Aarón?

—No, ni siquiera si íbamos a regresar a Hogwarts, o ya de una vez iríamos al Cuartel General de la Orden —miró hacia el vestíbulo—. Es bueno que estén aquí —les expresó a los Blade Breakers—. Empero, aún no han… —sin embargo fue interrumpido por un ser que pasó corriendo por sus pies — ¡No, Kossel! ¡Quieto!

Un perrito Jack Rusell terrier de pelaje blanco con manchas cafés, se presentó enfrente de ellos, mirándolos con desconfianza por un momento; para que en otro, se pusiera a ladrarles. Sin embargo, al acercarse más al bicolor, comenzó a realizarle "fiesta", tratando de robarle atención. El chico lo recogió y se lo entregó a Annia.

—No sabía que tenías una mascota, Annia —comentó Tyson—. Uno muy común, un perro.

—No es un canino normal —exclamó la joven—. Es un crup.

—Pues, yo veo que se parece a un can, ladra, babea, gruñe…

—Pensé que los atacaría, por eso no lo había sacado.

— ¿Por qué lo dices? —Preguntó Max, al cargar al perrito—. Si se ve tierno.

—Un crup es una criatura mágica. Nace con cola bífida, pero es recomendable que se le corte cuando es sólo un cachorro —respondió la anciana—. Además, debemos sacar permisos, porque atacan a los muggles.

—Kossel fue un regalo por el cumpleaños de Annia —comentó Aarón, mirando a su hermana con burla—, de su adorado "novio".

— ¡Theo no es mi novio! —Expresó con enojo, al mismo tiempo que estaba sonrojada — ¡Él es sólo mi amigo!

—Eso es lo que dice — Tyson le murmuró a Max, quien sonreía en complicidad con el moreno.

— ¡Oye Aarón, te pasas!

— ¡Niños, dejen de pelear!

—Vamos abuela, ¿no puedo hacerle una broma a mi hermanita?

La plática fue interrumpida por un bum, proveniente del vestíbulo. Entraron dos personas: un hombre, con pelo entrecano y túnica raída, además con finta de enfermizo. La mujer era mucho más joven, con una impactante cabellera larga azul cielo, vestía como muggle, con jeans rasgados y una playera negra. Todos miraban expectantes a aquellos desconocidos que habían llegado a la residencia de los Black.


(1) Propia publicidad de mi fic: Encuentros Inesperados, también de Beyblade; (2) Albrecht Kossel: bioquímico alemán, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1910 por sus contribuciones en el desciframiento de la química de ácidos nucleicos y proteínas, descubriendo los ácidos nucleicos, bases en la molécula de ADN, que constituye la sustancia genética de la célula. No puedo negar que me encanta la genética.


Lechucería Hiwatari

(Kai tiene una grabadora con la pieza Aleluya, mientras me ve con malicia) Muy gracioso, hermanito, me muero de la risa (K: pues hace siglos que no te aparecías por aquí) Como si tuviera tiempo… (la música sigue) ¿Quieres por favor apagar esa cosa? Ya fue bastante que te burles de mí (K: está bien) En fin, decidí dividir este capítulo, pues es largo… y como esperaba el 21 de julio… (K: presume que ya leyó RM –libro siete –) bueno, necesitaba saber algunas cosas del libro… que necesito para mi fic. Dejemos el tema aparte, y ahora vamos a los RR:

Ginny -Flor de Cerezo-Es un honor que me escribas, pues me he topado con uno que otro fic yaoi tuyo (además de verte en los que yo frecuento… los KaixRei, je). Vaya que tenemos mucho en común, (K: adora Beyblade, ama leer los libros de Harry Potter)… sí, Takao Aoki y JKR… les debemos tanto (K: copiona, esa es una frase de los gemelos Weasley). Hum... Leí en tu profile que tu nombre es por Ginevra (o Ginny) y por Sakura Kinomoto, son personajes muy queridas por mí. (K: Debes explicarme eso de los Slytherin, Isis... ¡Hasta Annia dijo que yo iría a esa casa!) A Kai de verde tal vez lo veremos –tarareando– (K: y ahora le copias a Malfoy) Bien, no sé si tomas clases con Firenze (K: no confía mucho en Sybill a pesar de sus profecías), pues has atinado algunas cosas (K: que no te dirá cuales, porque afecta a la trama) Pues si tiene la finta de ambas casas, pero eso lo veremos en capítulos posteriores. Otra coincidencia (¿o debería decir… inevitable, por el destino?) Yo también soy de Ravenclaw (una que otra vez caí en los leones… pero la mayoría en las águilas sabias... si estás en HarryLatino... por ahí nos veremos en la Sala Común). Buena pregunta de los trasladores… puesto en la OF cuando atacan a Arthur W. Los chicos viajan por uno a Grimuald Place… esa es una teoría de lo más acertada… que JK debería respondernos. Gracias por leer (K: y perdona su tardanza –inserta de nuevo la música-) Deja eso…

Fanny-Shadow: Gracias por escribir de Nuevo. Sabes no me llegó el correo, quizás porque copiaste tal y como está en la página (K: porque se tragó los guiones bajos). Albert agradece tus saludos, es más no se si quiera ayudarme con esto de los RR… (K: no creo que Al quiera perder tiempo con esto –vuelve a poner la música –). Nada pierdo con pedírselo. Y Kai, ya párale, me está hartando la melodía.

MaoAyanamipl: Me gusta recibir los RR de lectores fieles, te agradezco que no me abandones (K¿Qué¡Otra vez!) Es que de verde te verías muy bien… Te diré lo mismo que a Ginny ¿Tomas clases de Adivinación? Pues les has atinado algunos (K: Bueno, Tyson por estu…, digo para estudiante a Gryffindor no sería mala idea).

Alexa Hiwatari: No te preocupes, pues como tardo en actualizar por la escuela… (–Kai prende la grabadora de nuevo) No quisiera hacerle daño a mi hermano, pero… (K: Bueno, ya tranquila, sólo bromeaba) ¿QUÉ? ¿Tú y bromear en la misma oración? Me temo que estás enfermo (K: no, sólo porque eres mi hermana y como llevabas tanto tiempo sin actualizar…) En fin, es bueno que te intereses en mi fic, espero leer los tuyos… si, tus predicciones son correctas, no sólo los Black y los Hiwatari tienen una relación Familiar por Annia. Ya lo verás más adelante.

Nos leemos después, Poka!