Salut!

¿Cómo están? Siento la demora, pero es que me he visto muy alcanzada en la Universidad, últimamente me siento demasiado cansada, incluso para encender la computadora o ir a estudiar. No sé que tenga la verdad, pero espero que todo esté bien.

Les cuento que en nada estaré trasteándome y no sé en cuánto podré volverme a conectar a internet, porque las compañías son una bazofia y se pueden demorar una semana en llegar a casa, hasta dos meses... Así que, no sé muy bien cuando vuelva a publicar, aunque de seguro, si veo que se tarda demasiado en llegar la conexión, no dudaré en meterme a un café internet público y darles amorsh de Stony.

Por fin, en este capítulo hare valer la M... Así es, escenas sexuales explícitas que esperó que les guste, porque la verdad hice este fragmento, el día en que Iker Casillas se fue del Real Madrid y fue presentado en el Porto, ajam... Llorando terminé esto y no sé si quedo bien.

Pdta. Agradecimientos por soportar mis largas notas de autor, por sus comentarios llenos de amor y energía, no he podido revisar los últimos, porque formatee el celular y no me llegaron notificaciones... ¡Maldito celular!

Disclaimer: Solo me pertenecen la trama, la historia y el contexto en el que viven, los personajes y demás hacen parte de Marvel y las compañías en conjunto que trabajan con la empresa y poseen los derechos.

Para Arge: Muchas gracias por dedicarme esas palabras, espero que este capítulo y los que falten te gusten aún más. ¡Por los Superheroes, Jebus y demás… ! Prometo que terminaré esta historia sea como sea… La hago con mucho amor y cariño, para que la gocen y disfruten :D

Voilá!

Cuarto Capítulo: Tempted

Soundtrack: Besame Mucho - Hit The Road Jack (Tiffany More Cover) Sesiones Inshaka

Había pasado hace más de un año desde que le vio y regresaba forzosamente debido a la muerte de su madre. María Stark había fallecido en un accidente de tránsito cuando llegaba a su hogar. El joven Tony fue el primero en ser informado del trágico evento y después de una semana se le informo a Howard, y el que inmediatamente recibió órdenes de Steve para ir a casa y velar a su esposa con todos los honores que debía. El capitán le acompañó en medio del funeral deseando abrazar a su pequeño Anthony y decirle cuanto lo lamentaba.

-Howard, lo siento mucho. Cuentas conmigo y con tu nación para lo que necesites- dijo Steve abrazando a su amigo que lucía como él, un uniforme de gala del ejército. Howard se dio licencia para llorar en su hombro y a su capitán no le incomodo en absoluto ese gesto, al contrario, quería hacerle sentir que contaba con él, a pesar de ser su superior y estar pensando en su hijo.

-Gracias Capitán, muchas gracias por ser mi amigo en estos momentos- susurró Howard enjuagándose las lágrimas y luciendo nuevamente un semblante serio y sin tristeza, siendo fuerte para su hijo y para lo que devenía de ahora en adelante sin su querida María.

Y de repente, entre la gente de negro y con caras solemnes, le observó. Tenía su cabello cuidadosamente peinado a un lado lo que impedía que el viento lo moviese y sus ojos grandes estaban hinchados. Su cuerpo temblaba con pesadumbre y se mordía los labios sin dejar escapar los sollozos que querían salir de su garganta. Estaba demasiado cansado, se le notaba en el rostro pálido y las ojeras negras que opacaban sus bonitos orbes. Anthony cruzó su mirada con el rubio y este último no sabía qué hacer, así que sonrió quedadamente e inclinó su cabeza en señal de respeto.

Cuando el sacerdote terminó de pronunciar unas palabras, Tony caminó hasta el ataúd y sin derramar una lágrimas lanzó una rosa, antes de retroceder y volverse a ocultar entre las personas a su alrededor, esta vez sin embargo, Steve se movió sigilosamente hasta encontrarle y quedar junto a él. Tomó su mano entre las suyas y la apretó fuerte, dándole el ánimo que quizá sus palabras no pudiesen darle y el joven lo entendió, siempre lo entendía.

-Has regresado… -susurró al aire Tony, mientras observaba sus zapatos de cuero y en su mejilla se derramaba una lágrima solitaria.

-He regresado por ti Tony... Cumplo mis promesas-

El moreno le observo a los ojos y esbozo una mueca en su boca, como si sus labios no pudiesen sonreír de nuevo.

-Has venido a consolar a mi padre Capitán, no digas lo contrario. No has venido por mí-

-Eso no es verdad Tony… tu lo sa…-

Tony zafó su mano y sus ojos carismáticos, ahora lucían desafiantes y llenos de furia. Giró su cabeza para dejar de mirarle y poso su vista al frente, sin determinar a Steve, como si jamás hubiese pasado ese cálido gesto entre ambos.

-Siempre ha sido por ti Tony, ni tu padre ni nadie me importa más que tu- hablo el capitán al oído del pequeño muy suave e imperceptiblemente, y a pesar de eso, Anthony captó el mensaje y asintió aún sin verle. Estiró su mano y permitió que una vez más Steve lo tocase y le diera todo el calor que necesitaba en esos momentos y así se mantuvieron hasta que se dio el último sermón.

Cuando todo el mundo se hubiese ido y solo ellos quedaron, agarrados de la mano y al frente del ataúd de Maria Stark, Tony lo volvió a observar y esta vez se aferró a su cintura para llorar como su padre lo hubiese hecho antes. Steve lo estrechó y beso su coronilla, le susurró palabras de consuelo y amor que salían tan fáciles como las lágrimas del joven Stark, porque para el capitán no era difícil expresar su cariño cuando tenía a su pequeño niño allí, en busca de afecto que él solo podía ofrecerle y se sentía cumpliendo el deber más importante de su vida, el de hacerlo feliz. Por primera vez, esta misión le pareció maravillosa, y si el resultado era tenerle así y mimarle como él sabía hacerlo, pues quería quedarse así toda la vida.

-Steve… ¿Pensaste en mi?- preguntó por fin en medio de sollozos Tony, mientras dejaba su mejilla en el pecho amplio del capitán y refregaba su nariz en el blazer militar.

-Siempre lo hago, desde que te vi… he pertenecido a ti- y Steve sonrió ante lo que había dicho y se sonrojo como si fuese la primera vez que se declarará de esa manera, quizá no fuese su novatada, pero si sentía que esto que le embargaba el cuerpo no lo había percibido con nadie, salvo con Tony.

Anthony devolvió el gesto y tomando las solapas del elegante traje, lo atrajo para besarle y esta vez, sin inocencia alguna en ello, solo con la pasión y deseo que en ese momento tenía para su capitán, abrió su boca para dar cabida a la lengua experta de Steve y estrellarla contra la suya con un anhelo que ni siquiera en sus proyectos había presentado. Sentía miles de sensaciones expandirse en su estomago y boca, pero le encantaba, le encantaba estar así, apretándose contra ese cuerpo caliente y pidiendo por más en cada movimiento. Pronto solo succionaba su labio inferior, mientras el rubio delineaba con su lengua la fina comisura de su boca y él no sabía a qué más apretarse para no sentir esa desazón de no tocarlo más allá de la ropa. Se paró de puntillas y con esfuerzo, subió su lengua hasta el lóbulo de la oreja susurrandole "Te deseos" y "Me encantas" mientras sentía al héroe temblar ante su toque, ante sus instintos, porque Tony quería todo o nada, quería dejar de pensar en el mundo y ahogarse en medio del deseo que le ofrecía el rubio.

-Tócame Steve… -murmuró una vez más en su oído, dejándose llevar por el frenesí que tenía en esos momentos y le quemaba la razón.

-No, no digas eso… aún no.-

Y el capitán se apartó un poco del amasijo de cuerpos que eran. Observó a Tony con la boca hinchada y un hilillo de sangre cruzando su barbilla, sus ojos estaban turbios de excitación, mientras su respiración era agitada, y su pequeño ya no era la imagen de la dulzura, sino una exaltación a la lasciva pura.

Fue demasiada para la cordura de Steve que estaba sedienta de sumergirse en el cuerpo de Tony y naufragar ahí, encontrar los tesoros que le ofrecía esa tierra gloriosa y penetrar ese recóndito lugar que la luz no toca y que él ansiaba explorar. Porque para el capitán, Anthony era ese paraje cándido e inexperto, ese mundo desconocido en el que él, quería refugiarse de la guerra y sus heridas, de la ira que lo embargaba y esa oscuridad que quería tragárselo completo, estaba más que seguro, que su niño era la luz que necesitaba para dejar tantas llagas. Sin embargo, se sentía arrebatándole todo a ese chico que no había hecho más que cruzarse por su camino y seducirlo sin querer, de purificarse con algo que no le pertenecía y sobre todo que no merecía. Y si quizá dejaba de pensar en las consecuencias y se lanzaba al abismo de sus deseos, sin importarle una mierda lo que pensaran... quizá, solo así, su consciencia dejará de hablar tan alto y su corazón tomará partido de la situación.

-¿Qué ocurre Steve? ¿Acaso no has venido por mí? Dime que me quieres…-demandó Tony, mientras zafaba su corbata y la dejaba colgando de sus hombros. No intento acercarse más a Steve, sino que cruzó sus brazos y frunció su ceño, frustrado por la situación.

-No insistas en eso, porque sabes la respuesta. Te deseo-

-Entonces demuéstramelo y no tengas miedo de decirme con actos cuanto me deseas- masculló Anthony, quitándose una lágrima del rostro y quebrantando la poca voluntad del capitán. Y Steve decidido, le regaló una mirada afilada y tomó su mano sin delicadeza alguna. No sabe si fue instinto o culpa de verle tan mal, pero esa vez, solo pensaba en tener a Tony a costa de cualquier cosa, incluso de su consciencia.

-Quiero hacerlo en la casa, en medio de todos esos putos farsantes-

Nuevamente detuvo el férreo agarre del capitán y le beso, embriagándolo de su aroma, de su boca tersa y candente, tentándolo a caer en sus brazos y dejarse llevar por la lujuria del que lo impregnaba el pequeño Stark. Tony saboreó el sabor a hierro y supo que Steve estaba desatado, ya no estaba jugando su cerebro, sino todo su cuerpo. Y eso lo excito como nunca nada lo habría hecho, porque tener al Capitán rendido ante un solo beso suyo, basto para que él se sintiera poderoso y grande a pesar de su altura y juventud, a pesar de estar frente al ídolo de su infancia.

Esta vez, cuando se hallaron separados del frenético beso, Tony tomó la mano del rubio y corriendo, llegaron a la elegante mansión de la familia. Hubiese sido de buena educación explicarle a Steve la historia y muchas cosas más… pero con el cuerpo alborotado y las ganas de tocarse haciendo mella en la cabeza de ambos, no había nada más urgente que aferrarse al otro y palparse, degustarse, como si fuera la última y primera vez que pudiesen hacerlo a consciencia.

Entraron a la casa con rapidez, sin levantar sospechas de sus intenciones y subieron hasta el tercer piso, donde estaba la habitación del heredero Stark… sin embargo, antes de que Steve tomase la perilla y se zafará de la ropa junto a Tony, este último tenía planes muy distintos…

-Aquí, capitán… quiero que lo hagamos aquí- susurro el más joven, recostándose en la puerta y extendiendo sus brazos en una súplica silenciosa.

Steve se deshizo ahí, solo verle con los ojos brillantes y una sonrisa malévola como en los miles de sueños que tuvo con él, como siempre lo había querido tener, fue su perdición. Le observo detalladamente en un examen preliminar que le parecieron horas, pero en las que se deleito en esa piel fina y morena, en esa luz parpadeante en su pecho y en la velada expresión de placer que lucía ahora mismo. Tocó su abdomen por fin, percibiendo bajo sus dedos la llama que ardía adentro del joven y anhelante de quemarse con ella, rompió los botones de la camiseta blanca, dejando a Tony con la piel expuesta a sus ojos.

Aceptando su derrota y rindiéndose ante la voz molesta de su cabeza, se despojo del blazer elegante, mientras desajustaba su corbata y se sentía más cómodo de tomar las riendas de la situación. Stark mordió su labio y suspiro profundo observando el espectáculo improvisado que le ofrecía el alto y grande soldado. Con complacencia vio como los músculos se contraían en cada movimiento y el abdomen duro y fuerte se apretaba en una cadencia deliciosa. Deseo tocarlo y estiro sus dedos largos, pero el capitán previendo sus acciones, le tomo de las manos y las subió arriba de su cabeza, provocándole al joven, un jadeo que no paso desapercibido por nadie en ese pasillo.

Con paciencia y cuidado, sin dejar de tener apretadas las manos de Tony contra la pared, tomo sus muslos y elevo su cuerpo del suelo, hasta tener su cintura frente a la suya. El joven curvo su espalda deseando más contacto y Steve entre sus adentros imploraba porque dejará de moverse para que esa semierección que ya tenía en los pantalones no le jodiera la vida. Quitó la corbata negra de Tony y sin importarle el blazer, extendió más la abertura de la camiseta, dejando su pecho al descubierto.

-Tócalo… -susurró Tony, entrelazando más sus piernas a la estrecha cadera del capitán, proporcionándole un contacto abrasador con él.

Steve dejó de lado las manos del muchacho y con lentitud acercó sus dedos al borde de la esfera que ocupaba casi todo el pecho de Tony. Observó con precaución las líneas negras que se extendían alrededor del reactor y de inmediato supo que eran dolorosas para su pequeño.

-Shtt. Pronto estaré bien capi- Estiró su palma hasta el rostro de Steve y lo acarició acompasadamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo y no reposaran en un pasillo.

Siguió palpando la piel junto al reactor hasta que sus dedos traviesos llegaron a un pezón marrón, que apretujaron al principio con suavidad y luego sin medir fuerzas. Tony no se quejaba, al contrario, se retorcía bajo el cuerpo del hombre mayor y cerraba sus ojos, sintiendo cada terminación nerviosa estimulada por ese simple toque.

Pronto sintió que los dedos eran reemplazados por algo húmedo y que elevó sus sentidos a alerta máxima. Era la boca del capitán succionando la punta erecta de Tony, dejando un hilillo de saliva a su paso y una oleada de placer al pequeño cada vez que soplaba allí. Después no le bastó chupar ese delicioso botón, ahora le daba fuertes mordiscos entremezclados con unos feroces apretones al pezón desatendido.

Y Stark sintió que se podría venir solo con esas atenciones, con la sensación de tener esa lengua sensual cruzando sus pezones y con la imagen que le proporcionaba el objeto de sus sueños húmedos, sus ojos cerrados, los labios carnosos bordeando la aureola pequeña y sus uñas arregladas y cortas, ejerciendo presión contra su abdomen desnudo, provocándole una mezcla de placer y dolor inigualables.

La tensión y los gemidos quedados de Tony, le advirtieron a Steve que tendría que dejar ese juego para otro día. El afán los acosaba y en cualquier momento alguien subiría al tercer piso, descubriéndoles en el acto. No se podían dar el lujo de que eso pasará.

Tendría que ser rápido, sin miramientos, así fuese la primera vez de Tony y así quisiese el capitán detenerse entre tanto detalle y parafernalia. Hoy no podría ser lento y paciente, sin embargo, a ambos les quedaría la promesa de que pronto se tomarían el tiempo para tocarse y sentirse sin las miradas de reproche de los demás.

Steve con dedos trémulos se dirigió al travieso camino feliz que se enmarcaba en la parte baja de su pequeño y observándole fijamente a los ojos, desapunto el cierre del pantalón elegante. Tony respiró agitadamente, sintiendo las yemas del contrario como hielo junto a su piel hirviendo. Despejó la vista de los orbes azules y brillantes y se concentró en deshacerse con ferviente deseo la camisa del capitán y quizá si no estuviese entre esos brazos grandes, se hubiese caído de bruces por verle allí, semidesnudo para él. Tocó su pecho pálido y sintió en su piel el fascinante relieve que hacían sus músculos y como se expandían los pectorales a la par que tomaba aire y lo expulsaba. Se le hizo agua la boca solo de pensar en pasar su lengua por esa insinuante imagen frente a él.

Hasta que algo le hizo jadear fuerte y salir de esa quimera en la que estaba. Su boca hizo una o enorme y con los ojos casi llorosos, vio como el capitán había rozado con sus uñas el falo asomado entre sus piernas. Steve tenía los ojos en una expresión placentera, observando las reacciones de su compañero, como esa boca tierna se abría y su cuerpo se entumecía. Intento esta vez posar su índice en la punta rosada y moverla en perezosos círculos, mientras rozaba su miembro contra la tela insoportable del pantalón. Sentía que solo haciéndole eso a Tony, podría venirse y de verdad que no quería ello, porque había un único lugar donde quería verter su simiente y era ese delicioso culo que lo llamaba desesperadamente.

-Steve…- decía Tony, mordiendo su labio inferior y apretando el hombro del capitán, sintiendo como su polla se elevaba más y más entre su mano.

Pronto, el capitán comenzó a mover con más agilidad su dedo sobre el glande de Tony y sintió unas uñas aferrarse a su pecho desnudo, bajando lentamente y produciéndole un gruñido de delectación insano. Su mano respondiendo al estímulo sensorial, abarcó todo el pene de Tony y obligándolo a observar, lo masturbó con violencia, apretándole con fuerza el tallo de arriba hacia abajo, mientras el chico no sabía más que llorar de la frustración por no poder gritar. Era un vaivén sofocante y exigente, cada vez más Steve ponía más presión en el agarre y ahorcaba sensualmente el pene de Tony, sin embargo, a pesar de los quejidos y el líquido que salía a montones de la punta hinchada y erguida, el rubio creía que no era suficiente tortura, así que bajaba su mano de vez en cuando a tantear sus testículos y palparlos con suavidad, contrastando con la brutalidad que trataba su miembro a punto de explotar.

-Métela Steve, métela por favor- suplicó Tony con un tono de voz cansado.

El capitán observó con asombro, como la mano de Tony bajaba temblando hasta su entrepierna sin detenerse en el falo recubierto por su mano, sino hasta más abajo, justo en la abertura pequeña y sonrosada que Steve ni se había detenido a ver cuidadosamente. Antes de que Tony pudiese meter su dedo, Steve lo detuvo, ganándose una queja del menor.

-Silencio….-dijo no más el capitán, antes de alejar el dedo del muchacho totalmente y seguir masturbándolo con su mano.

Cuando Tony creyó que todo estaba perdido, de reojo observó como su capitán remojaba con su lengua roja uno de sus dedos y antes de poder decir algo, sintió como le penetraba el ano sin delicadeza alguna. Echó su cabeza hacia atrás y mordió el dorso de su mano evitando emitir sonido alguno. Hizo un puchero con la boca, percibiendo como los músculos se dilataban, dándole la bienvenida al intruso. Una punzada de dolor lo atravesó, cuando sin esperar, otro dedo acompañó la intromisión y de repente, se concibió vacío.

-Ni tus dedos ni los míos, podrán saciarte… Solo yo tengo la cura y deberás esperar por ella- dijo autoritario el capitán, mientras veía como los ojos llorosos de Tony daban la buena nueva de que se vendría pronto, porque verlo tan tirano y escucharlo raudo, bastó un poco para que el joven se imaginará debajo, atado y siendo sodomizado por el héroe nacional.

-Steve... ngh…- gruñó Tony, antes de que el capitán tomará su cabello marrón entre sus manos y lo forzará a un beso enloquecedor, en el que acallaba los gritos de pasión. En ningún momento, Steve dejó de atender el pene caliente de su amante y oprimiéndole más, incito a que un líquido fogoso cayera sobre su abdomen y manos. Cantidades de semen se esparcían entre los ambos y Stark sucumbía en un orgasmo brutal que jamás había sentido tocándose él solo. Tiritaba y sudaba a borbotones, mientras el capitán violaba su boca y lo apretaba contra la pared, frotándose indecentemente contra la entrada del pequeño Tony.

Dejo su cabeza en el cuello suave del muchacho y desapunto con rapidez el broche de su pantalón, sin detenerse a quitárselo totalmente. Observó a su chico con los parpados caídos y un camino de saliva caer por su barbilla. Estaba desorbitado, bajando cada vez más el temblor de su cuerpo y ralentizando su respiración.

-¿Estás bien Tony?- preguntó Steve, mientras tomaba su pene totalmente erecto y acariciaba la entrada de su compañero. Dibujaba círculos imaginarios y circundaba esa abertura abriéndose y cerrándose al movimiento. Le excitaba como el cuerpo de él, estaba tan conectado con el suyo, que sin palabras, el joven sabía decirle que estaba preparado y ansioso de que se la metiera profundo y hondo, como siempre había querido hacerlo Steve.

-Mírame cariño- susurro el capitán, mientras Tony en un esfuerzo descomunal fijaba su vista en la unión de sus cuerpos y como, con una candente parsimonia, el gordo pene de Steve, desaparecía entre su pequeño agujero y le albergaba.

Sintió cada vena y rigurosidad del miembro de su capitán, mientras entraba en su interior y le llenaba completamente. Tony gimió de puro gusto, cuando Steve tomó sus hombros y se metía más y más, expandiéndolo en el movimiento. Bajó sus piernas de las caderas ajenas y las abrió en el aire, queriendo que ese pene enorme lo penetrara fuerte y sin afectos. Duro, quería que lo jodiera duro, como en las noches en las que se metía el vibrador e imaginaba que su ídolo era el que estaba detrás de él, embistiéndolo y partiéndolo en dos.

Nada de vibradores ni nada de esas absurdas fantasías, hoy estaba frente a él, en su interior, empujando sus testículos en su culo, haciéndolo gemir más fuerte que antes, tocándole después de tanto tiempo.

-Capitán... Cabálgame- dijo observándole por primera vez a los ojos y sintiendo de repente como esa vara caliente se alejaba lentamente y sin salir, volvía a arremeter contra él, moviéndose neciamente en su lugar y una vez más, saliendo y entrando acompasadamente, sin perder el ritmo.

Tony en sus 15 años, jamás pensó que el jefe de su padre, le iba a follar la primera vez y lo iba a hacer tan bien. Se sintió perverso ante el pensamiento de estar con un tipo que le doblaba la edad, pero también excitado y lleno de placer, por ser correspondido a pesar de estar prohibido.

-Más rápido... más rápido-

Steve no hizo caso, buscando ese delicioso rincón que haría a Tony estar tan ansioso de llegar, como él lo estaba. Sudando y manteniendo las piernas de Tony totalmente abiertas, se sentía a punto de desfallecer, además del esfuerzo físico, era la manera en que el interior de su chico se cerraba a su alrededor y lo ordeñaba sin compasión, sacándole uno que otro gemido doloroso al que Stark respondía con un movimiento pélvico que le hacía llorar por no poder venirse ya. Le dolían los huevos de tanto aguardar y sabía que no podría soportar más.

-¡Maldita sea!- exclamó Tony, con los ojos totalmente abiertos y la boca compungida en un gesto placentero. Y ahí supo Steve, que ese era el punto mágico que abría las puertas del abismo.

Movió su pene una vez más y provocó que Tony le apretara más y estuviese a punto de llegar sin necesidad de tocar ni una vez más el falo erecto frente a él. Stark se acercó a él con esa expresión de sufrimiento que tenía cada vez que iba a conseguir su liberación e impactó sus dientes en el hombro desnudo del capitán, silenciando los gemidos que se le escapaban por el climax aproximándose.

De repente, Steve escuchó el sonido de unos tacones subiendo los escalones y como si esa fuese la señal, emprendió con muchas más fuerzas las embestidas, apretando sin delicadeza las nalgas de Tony y separándolas totalmente, para meterse con facilidad. Stark saltaba entre los brazos del capitán por la dureza que le imprimía a cada movimiento, tocando con ahínco ese doloroso y excitante punto que lo acercaba al orgasmo más cruel que haya vivido. Augurando el escándalo que formaría cuando llegará, tomó el cabello rubio de su amante y le besó en la boca, desencadenando la culminación de ambos al mismo tiempo, el de Steve al interior de su chico y el de Tony, desparramándose en el abdomen de ambos.

Sin tiempo de palabras afectuosas y esos detalles post-sexuales, Steve se vistió rápidamente, acomodándose los pantalones y el uniforme militar y antes de que la mujer llegara al pasillo, cargó a un letárgico Tony hasta la cama, cerrando la puerta con pestillo e intentando tranquilizar aún los efectos del orgasmo que se apoderaban de él.

-Capitán Rogers…- dijo la elegante mujer que caminaba con porte elegante y se acercaba depredadoramente a Steve.

-Señora Campbell, un placer tenerla aquí-

Steve de verdad que escapar al cuarto y escabullirse junto al cuerpo de su amante y dormir, dormir hasta que él quisiese repetir la sesión de sexo anterior. Pero ahí estaba, al frente de la mujer de uno de sus subordinados y sudando como si estuviese en entrenamiento militar.

-¿Apoyando al joven Stark, Señor Rogers?- preguntó desdeñosa la señora, acercándose al capitán, lo suficiente para observar sus labios hinchados y la corbata mal hecha. –María siempre tuvo razón en las sospechas que tenía contra usted-

-¿Disculpe? –

El rubio estaba nervioso por el examen minucioso que hizo Susan Campbell y más aún cuando delató lo que pensaba la señora Stark sobre él. No sabía si creerle o tomarla como loca hasta que se acercó muy leve a su oído.

-¿Usted no sabía? La señora Stark le prohibió a Edward volver a verle, siempre creyó que usted corrompería a su hijo… Yo hubiese pensado lo mismo-

Se alejó con una expresión de asco en la cara y caminó de nuevo a la sala principal, mientras dejaba al capitán con la boca seca y un miedo irracional de volver a ver a Tony. Esa palabra "corrupción" le calo el cuerpo y le hizo temblar de pánico, lo colmó de una incomodidad y repulsión hacía sí mismo, que solo quiso expulsar lo que había comido en el desayuno. Entreabrió levemente la puerta de su habitación y le observó sollozando en medio de la cama, con las sabanas abrazándole el cuerpo desnudo y protegiéndole del frío intenso que caía ya en la noche. Quería acogerlo en sus brazos y decirle que lo lamentaba, que jamás quiso hacerle daño, que en medio de la bruma de sexo dijo cosas que no podría sentir nunca por él, que lo lamentaba… pero la cobardía fue más rápida y lo hizo correr de allí, sin mirarle de nuevo, velándolo de vergüenza y culpa, de una insana sensación de odio e ira, por darle luz verde a su instinto en vez de su cabeza. ¡Maldita sea! Era el velorio de su madre y le cogió por primera vez allí, en medio de un pasillo como nadie merecía ser querido, como Tony no merecía ser tomado.

Salió de la casa rápidamente, sin despedirse de nadie, ni de Howard. Solo caminó calle abajo con la lluvia cayendo y mojando su traje militar. Nada lo detenía, ni siquiera la leve llovizna que indicaba el arribo del invierno más frío y oscuro que se pudiera sentir en Estados Unidos.