Capítulo 3
El silbido de Jake me calma, era obvio para él que había tenido una noche difícil así que no pregunta el por que estoy tan callado. Sólo silba una feliz melodía que me hace bastante difícil el estar decaído. Si las cosas fueran distintas estaría cantando una canción en estos momentos. Algo acerca de dirigirnos a casa a través del río después de una semana de estar lejos. O quizás sobre cuan emocionado estoy por haber encontrado una pista acerca de algunos humanos del pasado. O tal vez sobre cuan bien sabría ese helado que nos esperaba en el refrigerador cuando finalmente llegáramos a el. Pero a pesar de que me siento menos cabizbajo, no puedo ponerme a cantar. Quizás tome un tiempo antes de que pueda hacerlo nuevamente.
—Whoa, casi piso un caracolito—, menciona Jake saltando en el camino justo a mi lado. Veo hacía atrás y puedo ver un pequeño caracol que parecía estar saludando, aparentemente sin saber cuan cerca estuvo de ser aplastado. —!No puedo esperar a llegar a casa y llamar a Arco-iris¡ — Jake exclama, — Estoy seguro de que me ha extrañado. Tal vez me acondicione un poco antes de verla, impresionarla con cuan duro hemos trabajado —. Él me sonríe y crece de su altura normal que me llegaba a la cintura hasta sobrepasarme por varios centímetros, entonces comienza a flexionar sus brazos tornándolos en enormes y bien dotados músculos.
Lo aparto de mi lado mientras rio, —Salva tus técnicas amorosas para Arco-iris amigo, no estoy interesado en ellas.
Él se carcajea y se reduce hasta su tamaño original, entonces resume su silbido por el resto del camino a casa.
—!Amigo, vamos despierta, tengo una idea¡— Me dice Jake mientras me sacude hasta que alcance la conciencia, no me había dado cuenta de que me había quedado dormido. En el minuto en que llegamos a casa me había recostado sobre mi cama y cerrado los ojos, ni siquiera me había quitado la mochila.
Me froto el sueño de los ojos y me aseguro de que mi gorro esté derecho, —¿Que es? — le digo, mas adormilado de lo que esperaba.
Jake se sienta junto a mi pareciendo orgulloso de si mismo. —Bueno, estuve hablando con Arco-iris mientras estabas durmiendo, y dijo que la Dulce Princesa había estado esperando oír de nosotros y los artefactos que encontramos.
Eso llama mi atención, —¿En serio? —, no sabía que a ella le importara tanto mi búsqueda.
Jake sonríe. — Sí, pero creo que deberíamos esperar un poco para mostrarle. El Rey Hela- se detiene bruscamente —. Ese tipo que odiamos está dejando el reino en alguna misión de buena voluntad en la ciudad de los ladrones. Estará fuera por un tiempo intentando limpiar el crimen en el lugar o algo así.
Frunzo el ceño, —Sí, como si no habíamos intentado eso antes, el hombre necesita tener sus propias ideas.
Jake niega con su cabeza. —No estás escuchando niño. Está dejando el reino y estará afuera por un tiempo —. Él repite sus palabras apropósito. —Creo que la Dulce Princesa podría, ya sabes, estar aburrida mientras él no esté. Lo que nos da la oportunidad perfecta para darle las fotografías para que pueda descifrarlas. !Podrías incluso quedarte y ayudarle, ya sabes, con la ciencia¡ — Él mueve su cola mientras golpea mi brazo con su codo, sonriendo.
Por mucho que no deseara que tales noticias me hicieran feliz, lo hacen —¿Cuando se marcha? —, pregunto tratando de no sonar demasiado ansioso.
—Heh-heh, sabía que te agradaría eso, — responde Jake — Él día después de mañana.
—Cool.
—¿Hora de Helado?
—!Claro que sí, perro¡
Corremos desde la habitación hasta nuestra pequeña cocina y puedo ver por la luz del medio día iluminando la mesa, que había dormido por varias horas. Pienso que eso debió haberme ayudado por que siento que mi humor es más ligero, por lo que mientras Jake y yo nos atragantábamos con nuestros propios envases de helado, no me sorprendía que el optimismo que había sentido antes de la misión había sido restaurado.
—¿Qué piensas hacer mientras tanto? — Jake me pregunta mientras relame sus cachetes. —¿Jugarás vídeo-juegos?
Miro en dirección de Beemo, nuestro sistema de vídeo juegos. Pero está sentado en la esquina en su taburete, tejiendo lo que parecía ser una muy larga bufanda amarilla.
—No, parece que está algo ocupado. De todas formas le había prometido a Marceline que iría a verla cuando regresara, ¿quieres ir conmigo? —Pregunto a pesar de que ya sabía la respuesta. Jake no estaba tan aterrorizado de Marceline como solía estarlo, mas aun así no solían llevarse tan bien que digamos tampoco, mas que nada por que asustarle unos cuantos años de encima parecía estar en su lista de cosas favoritas que hacer. No entiendo cual es el melodrama, ella no ha intentado el realmente matarnos en años.
—Mmm, no gracias hermanito —, dice Jake mientras se levantaba y empacaba su violín en su estuche. —Creo que iré a pasarla con Arco-iris. Ya debería estar en casa para cuando yo llegue al lugar.
Afirmo. —Dile que dije, ¿que hay?
El afirma con su cabeza y se dirige a la puerta, yo arrojo los ahora vacíos cartones de helado a la basura dejando de paso las cucharas en el fregadero, una vez hecho tomo mi mochila y emprendo mi caminata rumbo al lago. En el camino algunos sujetos necesitaban mi ayuda. Un oso estaba abusando de un conejo haciendo estragos su autoestima, así que corregí al oso con una firme patada y una lección en amabilidad. Luego de eso una vieja abuela babosa estaba teniendo problemas en encontrar su camino a casa, una vez logrado encontrarla también le ayudo a colocar sus compras en los anaqueles, ella me besa en la mejilla y yo trato de correr lo mas lejos de su vista antes de quitarme la asquerosa baba de mi rostro.
Me muevo rápido a través del Reino Helado manteniéndome en los bordes y alejado del castillo. Me toma mucho mas tiempo de esta forma, pero no quería correr el riesgo de encontrarme con la Princesa o peor aún, el Príncipe Helado. Aunque ahora que lo pienso, encontrarlos a ambos juntos habría sido lo peor de todo, hubiese sido bastante difícil el mantener mi buen humor si tenía que lidiar con el sujeto mostrándome quien era el príncipe en frente de su nueva esposa.
Cuando finalmente llego al lago, me lavo la cara sólo para asegurarme, entonces encuentro el pequeño bote de pedales que suelo usar para llegar a la cueva. Es genial que Marceline lo haya conseguido para mi, ella no lo necesitaba ya que podía volar cada vez que ella quisiera, así que estaba allí para técnicamente hacer mas fácil el que pudiera visitarla. Era agradable saber que le importaba nuestra amistad aunque ella nunca lo admita. Siento un golpe de culpabilidad mientras me acerco a su pequeña cabaña dentro de la cueva al recordar como no me había juntado con ella desde de la boda. Ella no se había interesado en observar la ceremonia, simplemente apareció en la fiesta en el patio con un desgarbado vestido negro y púrpura junto con su sombrilla para mantenerse alejada del sol. Una vez había anochecido me hizo bailar con ella aun cuando no me estaba sintiendo de ánimos. Después me arrastró hacia la mesa con el inmenso pastel de bodas que cabe decir, estaba horneado en forma del Reino Helado cubierto con pequeñas pero felices personas de caramelo al igual que muchos pingüinos y en la cima los novios. Vomitivo, estuve a punto de quejarme cuando Marceline sacó un puñado de gusanos con pequeños dientes filosos y los arrojó en el fondo del pastel. Un gusano tomó el liderazgo y mordió hasta crear un agujero en el pastel haciéndose paso dentro, el resto le siguió por el mismo hoyo. Levanté mis cejas cuestionando a Marceline mientras ella de nuevo me guiaba a la pista de baile sonriendo todo el tiempo. Cuando el Príncipe Helado y la Dulce Princesa cortaron el pastel se encontraron con que estaba completamente hueco y que los gusanos lo habían hecho en tal forma de que pareciera un apartamento. No sé donde habían conseguido esa pequeña televisión o los muebles. Pero todos parecían absolutamente furiosos de que su techo acababa de ser cortado. Marceline y yo nos reímos tanto que ambos nos caímos sobre la pista de baile sujetando nuestros estómagos. El Príncipe Helado nos miró encolerizado, pero estábamos demasiado ocupados riendo como para que nos importara, ella realmente había hecho que la noche fuera al menos pasable.
Toco la puerta y Marceline responde, ella está vistiendo unos jeans rasgados y una camiseta gris, su largo cabello estaba atado en una alborotada cola de caballo con algunos desordenados cabellos cayendo libres por su rostro. Usualmente vestía botas pero en esta ocasión está descalza, probablemente porque no me estaba esperando, me doy cuenta de que quizás le había despertado ya que era de día mas si lo hice, a ella no parece molestarle.
—Hey Finn. ¿Cómo has estado? —, me pregunta ella con una sonrisa.
Me adentro en su recibidor sentándome en su rojo sofá que era tan duro como piedra, ella ha añadido una almohada desde la última vez que estuve aquí, sonrío. —!Sólo pensé en pasar por aquí y ver como estabas¡ Ha pasado un tiempo desde que nos vimos, ¿quieres pasar el rato?
—!Claro¡ —, responde. —¿Que has hecho últimamente? —, ella pregunta al mismo tiempo que aparta la banda que sostenía su cabello dejándolo caer, sus dedos recorrieron su extensión algunas veces con tal de desatar algunos nudos. Se acurruca en el sofá justo a mi lado o al menos aparentaba que lo hacía, realmente estaba flotando un par de centímetros por encima del mismo.
—Jake y yo estábamos chequeando en las ruinas subterráneas mas allá de los arrecifes perdidos. —Le digo, —encontramos algunas cosas geniales, deberías-
—!Detente un segundo¡ —Me interrumpe ella. —!Levantate¡
Ella no me da espacio para quejas ya que sujeta mis brazos y me levanta para luego plantarme firmemente en el suelo antes de aterrizar algunos centímetros de mi. Sus manos se deslizan hasta sujetar mis muñecas mientras me mira de forma extraña.
—Uh, ¿Qué? —, le pregunto incómodamente.
Ella sonríe, — ¿Desde cuando eres mas alto que yo, Finn?
Finalmente realizo que estoy mirando hacia abajo para verla y me rio. —Oh, sí, supongo que no lo había notado. Aunque es extraño considerando que tienes como mil años.
Ella encoje los hombros, —Sí bueno, he estado por los alrededores por un largo, largo tiempo. Pero mi cuerpo sigue siendo el mismo desde que tenía dieciséis.
—Sí, excepto cuando te transformas en un monstruo gigante murciélago o algo. — Me carcajeo, entonces finalmente me doy cuenta de lo que dijo y mi boca se abre en sorpresa. —!Espera¡ ¿dieciséis? !Ha¡ ¿Sabes lo que eso significa? — Le pregunto tentadoramente, valientemente presiono la punta de su nariz con mi dedo. —En una forma, ¡soy tal vez mas viejo que tú!
Sus pálidas mejillas se sonrosan hasta obtener un tono rojizo, sorprendiéndome, esperaba el no haber cruzado una linea, podría pagar por ello en la forma de una paliza. Ella no parece poder pensar en una respuesta y sus ojos ya no miran a los míos. Me pregunto desde cuando la diferencia había sido tan aparente. Estoy a apenas centímetros de ella aún sonriendo cuando ella vuelve a mirarme nuevamente arqueando una ceja, por alguna razón me doy cuenta súbitamente de cuan cerca estábamos el uno del otro. —Sí —. Ella dice —, Supongo que nunca planeé el dejarte vivir hasta que alcanzaras los diecisiete —, ella inclina su barbilla en mi dirección y sonríe. —¿Por qué es que te mantengo vivo entonces?
—Uh... —, intento pensar en una respuesta. —¿Soy tu ayudante que es un ser humano de buena voluntad que te hace sentir más maligna y poderosa en comparación?
Ella me sonríe mas abiertamente. —Sí, eso suena adecuado —. Ella libera mis muñecas de su agarre y flota hasta un plato que contenía unas brillantes y rojas manzanas sobre la mesa agarrando dos en el proceso, una la arroja en mi dirección y usa sus colmillos para succionar el color de la otra hasta que esta es de un pobre y grisáceo blanco. —Así que, he estado experimentando con un par de canciones desde la última vez que te vi. — Ella me dice mientras arroja el desinflado cuerpo de la manzana en la basura. —¿Quieres prestarme tus dulces tonadas?
Trato de sonreír, pero no lo consigo. —Me gustaría, pero no he estado sintiendo la música dentro de mi últimamente—. Admito.
Marceline rueda sus ojos, —¡Por favor! Dime que no estás todavía lloriqueando sobre tu preciosa Bonibelle —. Miro hacia el suelo, luego le doy un mordisco a mi manzana. —¡Ugh, Finn! ¡No logro comprenderte! Esa Dulce Princesa te ha mantenido comiendo de sus azucarados dedos por años. Y ahora que ella está casada con Príncipe Escarcha estás finalmente libre, ¿y todo lo que puedes hacer al respecto es lamentarte? — Ella flota en mi dirección y me golpea con su dedo en mi pecho sonriéndome malignamente. —¡Deberías celebrar!
Ella no me da tiempo de protestar y antes de que pueda terminar de tragarme el gran trozo de manzana, ella estaba en el teléfono hablando con Jake, diciéndole el que invitara a todos a una fiesta en su cueva. Puedo oír a Jake gritar algo entusiasmado a través del teléfono y no puedo evitar sonreír. —Tú perro aprueba —. Me informa.
XxX
Antes de lo que imaginaba la fiesta ya estaba desatada. Los osos fiesteros habían sentido un reventón en formación por lo que aparecieron de inmediato, decorando el lugar con serpentina, luces de colores, y un karaoke antes de que supiéramos que estaban aquí. Jake trajo a Arco-iris y un puñado de dulce gente y amigos del bosque. Incluso algunas princesas habían aparecido, no D.P por supuesto, todos habían evitado el llamarla. Por supuesto que estaba demasiado avergonzado de admitir el verdadero motivo por el cual Marceline había hecho esta fiesta, que no era mas que una razón para celebrar el haber retomado mi corazón de D.P, por lo que ella les dijo que era una fiesta de cumpleaños atrasada.
—Me perdí el cumpleaños de Finn algunos meses atrás —, le explicaba Marceline a la princesa harapos —. Tiendo a olvidar que las personas tienen cumpleaños ya que no tengo uno. O al menos no cuenta cuando no envejeces. Sólo son tontas costumbres mortales que los vampiros no nos molestamos en celebrar. Lo que sea, Finn es un tonto mortal, así que me figuré que debería tener una fiesta de cumpleaños —. La Princesa Harapos asentía ansiosamente al mismo tiempo que se alejaba para tomar algo de ponche, Marceline por su parte me guiña un ojo.
Bailo con casi todos, como algo de "pastel de cumpleaños", e incluso alzo olas con los invitados con los osos fiesteros. La Dulce gente comienza un juego de verdad o desafío, mas siento que me estoy haciendo algo viejo para jugarlo así que tomo asiento lejos de la multitud en el muelle, remojando mis pies en el agua y chequeando las reflexiones de las luces sobre la superficie. De la nada Marceline aparece y se sienta junto a mi. —¿Buena fiesta?— me pregunta mientras mantiene su vista firme en el lago.
—Buena fiesta —. Le respondo.
Ella posa su cabeza sobre mi hombro. —Genial.
Nos sentamos de esta forma por un largo tiempo escuchando los sonidos de la fiesta, observando los colores bailar a través de la superficie del agua. Las cosas lentamente comienzan a tranquilizarse, la música aun estaba sonando, pero las canciones eran mas calmas, me doy cuenta de que no había tenido un solo pensamiento problemático desde que el sol había descendido, eso me hace sonreír.
—¿Hey Marceline?— Ella alza su cabeza y me observa, —Esta noche realmente hizo lo suyo, — le digo —. Gracias por ser una dama tan radical.
Ella inclina su cabeza rumbo a la mía y me besa. No es la primera vez que lo ha hecho, usualmente ella tendía a hacerlo después de una buena batalla, ya sea que hayamos peleado con un monstruo juntos, o incluso cuando es ella quien me ha pateado el aire fuera de mis pulmones. Siempre tendía a agarrarme y bruscamente empujar sus labios sobre los míos para luego dejar escapar una sonrisa maligna al ver lo avergonzado que estaba. Casi siempre tendía luego de ello a golpearme una última vez y volaba lejos. Más esta vez no hay carcajada, si me tomó por sorpresa como siempre pero ella ha dejado que el beso dure lo suficiente como para que yo reaccione si sólo por un momento. Tan pronto como me relajo y cierro los ojos ella se separa. Me mira directamente a los ojos y por un segundo puedo jurar que vi sus mejillas sonrojarse de nuevo, pero ella vuelve a posar su cabeza en mi hombro demasiado rápido como para estar seguro de ello.
Vaya. Sus labios eran fríos como el resto de ella, ¿así que por qué los míos se sentían mucho mas cálidos que antes? Me siento algo mareado, como cuando uno se levanta muy rápido después de estar mucho tiempo sentado, mas no me muevo. ¿Me estoy enfermando? ¡O por Blop! ¿Estoy teniendo pensamientos de chico-chica? ¿Que está ocurriendo en la zona de mi cerebro? ¿Desde cuando pienso en Marceline como, bueno, una chica? Ella ha sido mi amiga por años, sin mencionar que había dejado bastante claro cuando era un niño que no tenía intención de salir conmigo.
De pronto me doy cuenta de lo que había cambiado. Su edad. Marceline ha sido por siempre una criatura mil años mas vieja que yo. Pero hoy ella admitió que parte suya no envejecería mas allá de los dieciséis. Tenía trece cuando me dijo que no saldría conmigo, pero ahora no tengo trece. Finalmente lo entiendo, y de hecho me doy cuenta de que no solo le alcancé, sino que le había superado en edad. De pronto y de ninguna parte ambos estábamos en terreno par, o al menos se sentía de esa forma. Sonrío sin siquiera saber porque, y resto mi barbilla sobre su cabeza, me pregunto cómo era Marceline cuando ella tenía dieciséis. ¿Era mas femenina en aquel entonces? ¿O siempre fue brusca y peleadora incluso antes de que se convirtiera en vampiro? Cuando ella era apenas una...
La realización me golpea tan fuerte que casi caigo al lago, me aparto de Marceline y la miro en los ojos, sintiéndome intensamente estúpido por jamás haber notado ese detalle anteriormente. O sea, no soy particularmente famoso a través de Ooo por mi capacidad mental, pero esto era ridículo.
—¿Que sucede, Finn? — Ella pregunta confundida.
—Marceline —, comienzo —Mil años atrás, antes de que fueras una vampira. —Trago saliva — ¿Que eras?
Ella inclina su cabeza hacia un lado, parpadeando una o dos veces hasta que una ligera sonrisa se forma en sus labios antes de responder. —Era humana.
