Infiel
Capitulo 4
by yesterdayForgetful
Sintió como entraba un viento ligero por su derecha. Se acomodó en la cama en la que yacía bocarriba y notó como su cuerpo estaba desnudo pero no se alarmó. Estaba relajado, movió los brazos que tocaban las sabanas que lo envolvían, también movió las piernas para conocer su entorno y saboreó la suavidad y comodidad de aquella enorme cama. Un leve frío recorría todo su cuerpo y ponía su piel erizada. Empezó a abrir sus ojos y divisó una ventana con largas y delgadas cortinas blancas meciendose, era por donde entraba el viento helado, y era también por donde la luz blanca de la luna llena se colaba y le daba un toque tenue a la habitación en penumbras. Nunca había estado en esa habitación, pero se sentía tranquilo.
De pronto, una mano ajena tocó su pierna con timidez, una mano fría; bastante fría.
"Akihiko…"
Aquella persona subía a la cama lentamente mientras recorría con una mano la piel joven de Misaki, quien codició saber quién era pero las sombras escondían su rostro. Levantó su mano hasta aquel extraño que juraba era su pareja y acarició su mejilla con dulzura. Por respuesta, el extraño acarició su pecho y fue bajando hasta su miembro. Sin decir nada, tomó su entrepierna y empezó a masturbarlo lentamente mientras lo veía a los ojos…
"No… él no es… él no es Akihiko…"
Aquellos ojos que lo veían fijamente con deseo no eran de su amado Usagi, eran…
—¡Hiroki…!— Se levantó asustado apartándolo de si; quedando sentado en la cama y el castaño de pie, desnudo, viéndolo con una ligera sonrisa.
—Me gusta escuchar tu voz diciendo mi nombre…— Le tocó la mejilla para luego acariciarlo con dulzura, Misaki sintió su mano tibia y bastante agradable, muy diferente a la anterior. Cerró los ojos y tomó su mano con las suyas para sentirse más cálido y amado.
Pero pronto esa mano se separó.
Abrió los ojos en busca de él pero se llevó una gran sorpresa. Hiroki estaba arrodillado agarrándole ambas rodillas y muy cerca de su miembro, viéndolo travieso a los ojos.
—Misaki, te amo— Susurró. Le tomó del rostro con ternura obligándolo a encorvarse un poco para plantarle un beso en los labios que lo tomó desprevenido. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el beso, luego fue otro, y otro más, poco a poco despertaba algo allá abajo. Misaki lo tomó de la nuca y se dejo llevar, metió su lengua en su boca y fue bien recibido por el mayor, quien también se unió a aquel beso francés. Se separaron por falta de aliento.
—Hiroki-san… Y-yo…
—No digas nada, solo disfrútalo…
El castaño bajó la vista a su miembro y se relamió los labios al verlo erecto, tal acción hizo que su entrepierna se pusiera aún más dura, Kamijou la tomó y empezó a masturbarlo lentamente, luego, Misaki sintió como tocaba el cielo cuando aquella boca se comía lentamente su virilidad, a medida que iba entrando más amplia se hacía debido al grosor. Aquella boca mojada y caliente le robaba varios gemidos involuntarios de placer, el mismo estudiante se avergonzaba y cubría su boca, pero era muy bueno y no podía detener su voz extasiada de goce. Hiroki cerró los ojos y empezó a lamer con perversión, enfocándose más, él también se estaba poniendo duro con tan solo escuchar la dulce voz de su alumno disfrutar.
Lamía y lo masturbaba al mismo tiempo con ritmo sensual, Misaki tuvo que detenerlo de la cabeza al sentir que se aproximaba al éxtasis del orgasmo, y ver desde arriba como se comían su miembro con tanta malicia le resultaba exquisito y sucio al mismo tiempo, le gustaba, quería más y más, y Hiroki parecía complacer todas sus demandas.
—Hiroki-san…— Dijo debilmente y con un sonrojo hasta las orejas. Se sentia apenado de pronto, el mayor era bueno en sus movimientos. Lo hacia sentir caliente y confundido, con ganas de más contacto.
Hiroki por su parte, continuó sus movimientos en un vaivén glorioso mientras lo masturbaba más rápido y con su otra mano lo tomaba de su cintura para que la posición fuera más cercana y que el otro sintiera más profundo, y eso fue lo que ocurrió pues los gemidos de placer se intensificaban al igual que la temperatura en la habitación.
Gotas de sudor bajaban por sus sienes, recorriendo su rostro enrojecido y lleno de lujuria, Misaki empezaba a perder la cabeza de tanta excitación, si seguía haciéndolo de esa manera, a ese ritmo juraría que terminaría en cualquier momento. No estaba muy lejos de suceder, pues sus caderas lo traicionaron al empezar a moverse por sí solas en busca de más contacto.
Kamijou volteó hacia arriba y abrió más la boca para que Misaki pudiera entrar entero. Era todo un espectáculo erótico, y vaya que lo disfrutaba. Le acarició la cabeza mientras se ponía de pie y empezó a penetrarlo oralmente, cambiando el rol de papeles sobre quien controlaba a quien. Él otro lo tomó por la cintura y por el abdomen mientras recibía con gusto en su boca.
Ver así a Hiroki Kamijou a su merced, desnudo, arrodillado a sus pies, su pene en su boca y ese rostro tan sensual viéndolo directo a los ojos, mechones pegados a su frente por el sudor, un sonrojo de lujuria, ese cuerpo adulto, esos brazos, ese abdomen, el color arena de su piel...
—N-No p-puedo… ¡Voy a…! ¡Ahhhh…!
Lo tomó de la nuca para que levantara el rostro, pero Hiroki se apegó más, negandose a separarse. Misaki no tuvo de otra más que sonrojarse extasiado y terminar en su boca lleno de vergüenza por la acción sucia de su profesor. Su cuerpo se estremecía de placer mientras aquella boquita se lo comía todo con deleite y una sonrisa pervertida…
Se sentó sobre la cama de golpe. Respiraba agitado, estaba sudando y no pudo evitar el leve gemido y el temblor en su cuerpo al terminar de venirse en las sábanas… Había sido un sueño. Uno muy húmedo con un Hiroki pervertido y caliente. Misaki se sonrojó hasta las orejas y se sintió culpable por soñar tales cosas con su maestro.
Se levantó de inmediato mientras se quitaba las prendas y se encaminaba a paso rápido a la ducha. No dudo en meterse en agua fría para desaparecer esa rica fantasía que había tenido con su profesor. No lo negaba, le había gustado demasiado, BASTANTE, pero era la primera vez que le pasaba algo así y estaba asustado también. Lo peor de todo es que seguía muy caliente aun después de eso. Mientras se duchaba entre gemidos por el agua fría, recordaba todo de nuevo, esa vista desde arriba, esos ojos lujuriosos, esas manos cálidas tocando su cuerpo…
—¡Basta, basta, bastaaa!
Se gritaba a si mismo mientras se lavaba la cabeza, si seguía recordando todo juraría que tendría una erección de nuevo. Trató de pensar en varias cosas para desaparecer ese sonrojo y esa calentura bestial en su cuerpo. Sabía, estaba seguro que tendría un sueño así, pero no pensó que el efecto se grabaría tanto en su mente… y en su cuerpo.
Recordó que tenía clases… Terminó de bañarse rápido y fue a revisar la hora con una toalla blanca a la cintura. 8:30 am. Las clases empezaban a las 7:00 am. Era más que decir que llegaría tarde. Se empezó a alistar y ni tiempo tuvo de preguntarse por Akihiko, el cual ni siquiera había llegado. Cuando tuvo todo listo salió sin más.
—Abran sus libros en la página 45, abriremos un nuevo tema y necesito que presten mucha atención— Decía Hiroki mientras veía el libro con seriedad. Se acomodó los lentes y empezó a escribir en el pizarrón. De pronto, algo captó su atención y alzo la mirada.
Misaki Takahashi había llegado tarde. Se quedó en el marco de la puerta jadeando mientras esperaba autorización del otro. Ambas miradas se encontraron, pero al instante, avergonzado y nervioso, el ojos verdes movió la mirada a otro lado.
—Revisen el tema, regreso en un segundo— Le decía a la clase mientras dejaba la tiza y el libro en su escritorio y se encaminaba hacia el joven sonrojado.
Retrocedió un poco cuando lo vio venir. ¿¡Qué hago!?, pensaba. No podía ni verle los pies. Estaba muy avergonzado y era una masa de nervios andante. ¿Qué diablos haría? Si miraba su cara solo pensaba en aquel sueño, si miraba sus manos recordaba como lo tocaban, sus labios en como lo besaban con pasión, sus ojos, en especial sus ojos le recordaban a la mirada pervertida que el mismo profesor le regalaba mientras hacía ciertas cosas allá abajo.
—Misaki, ¿qué ha pasado? ¿te quedaste dormido?— Intentaba encontrar su mirada, el joven parecía no querer verlo. ¿Acaso lo evitaba? Hiroki se estaba angustiando, ayer se comportaba diferente y ahora ni verlo quería.
—Hiro… ¡M-Maestro! ¡L-lo que pasa es que…!
—Mírame a los ojos, Misaki. Soy tu profesor, si algo tienes que decirme háblame con la verdad y cuando lo hagas mírame a los ojos. No me estés mintiendo— Hiroki se estaba poniendo severo.
Apretó las manos, rezó a todos los dioses que no pasara nada y levantó poco a poco la vista. Los ojos cafés lo miraban enojados y serios, esperando una respuesta. No pudo evitar sonrojarse al ver ese rostro tan familiar, de inmediato su vista cayó en sus tentadores labios deseándolos otra vez. Para mala suerte de Misaki, Hiroki lo notó, entonces fue cuando subió la mirada de nuevo a sus bellos ojos color avellana.
—Yo… Me quede dormido… L-lo siento mucho, no se volverá a repetir— Finalizó bajando la mirada y apretando las piernas. Si bien, no había despertado completamente pero se estaba poniendo extraño. —P-por favor, déjame pasar— Lo tomó del brazo en suplica y a modo de presión para por fin alejarse de él, realmente le hacía mucho daño después de tener un sueño así.
—Está bien, pero que sea la última vez. No me decepciones— Le dio unas palmadas en el hombro y lo dejó pasar. El menor no se hizo esperar para subir rápidamente los escalones y sentarse lo más lejos que pudo del profesor. Sudaba frío. No quería estar cerca de nadie por temor a que lo descubrieran. Necesitaba despejar su mente…
-X-X-X-X-X-
La puerta se abrió.
Hiroki ladeó la cabeza sin despegar la vista del libro, pero luego sus ojos vencieron y voltearon a ver a Nowaki, acababa de llegar. Regresó la vista a su libro sin decir nada.
Pasó la hoja y continuó con la lectura mientras escuchaba como su pareja dejaba el saco en el perchero, las llaves y demás cosas.
Tenía una camisa blanca, unos jeans negros y estaba descalzo recargando la espalda en el brazo del sofá, teniendo la tv prendida pero sin ni siquiera verla. Se miraba bastante relajado y tranquilo leyendo el libro que Misaki le había obsequiado, últimamente lo leía mucho como pasatiempo.
Nowaki se acercó a la sala y se quedó en el marco viéndolo en silencio, se miraba tan lindo ahí sentado sin darse cuenta que lo veían. "Es tan lindo cuando no sabe que lo observan en silencio…" Pensaba el menor con una sonrisa dulce en los labios viendo el cabello lacio y castaño recostado suavemente en su nuca, sus hombros detallados debajo de esa casi transparente blusa blanca y como se le marcaba un poco la entrepierna por cómo estaba sentado y por lo ajustado del pantalón. Nowaki empezó a prenderse poco a poco solo por verlo ahí en el sofá… Hace tiempo que no unían sus cuerpos, bastante tiempo, era lo normal, aparte de ser él mismo quien siempre iniciaba o siempre era el que cedía pronto a las demandas de su cuerpo. Caminó lento hacia él.
Lo escuchó venir detrás pero no se inmutó, solo pronunció un "¿Cómo te fue?" sin voltear. Luego, se sorprendió un poco al sentir unos brazos fríos, por el clima de afuera, rodear su cálido cuerpo, luego una cara acariciando la suya y los cabellos molestos de Nowaki picarle las mejillas. El pelinegro hundió su nariz y boca en el cuello ajeno, Hiroki se sintió estremecer al sentir esa punta de la nariz fría en su frágil cuello y esos labios relajados y entreabiertos subir hasta su oreja y lamer lentamente toda la orilla. Se ruborizó al instante y antes de que el otro continuara se volteó y lo apartó con una mano mientras se levantaba nervioso.
—¿N-Nowaki?
—Hiro-san… Ven a mi… —Decía con una sonrisa y una mirada llena de deseo mientras se acercaba y lo abrazaba, Hiroki correspondió al principio, pero de nuevo algo extraño lo invadió cuando Nowaki bajó su mano a su cadera y la metió debajo de la camisa, subiendo y acariciando su espalda, tomaba su barbilla con la otra mano y levantaba su mentón para plantarle un beso suave y meloso. Hiroki pensó que su cabeza explotaría por toda la sangre que se subía a su cabeza, parecía un tomate de lo rojo que estaba.
—Nowaki… No… —Decía entre los besos sensuales que el otro le proporcionaba, resistirse a esa forma tan sexy de tocar, a esos labios carnosos y tibios, suaves, deseables… Se estaba volviendo loco y estaba a punto de dejarse llevar. Apretó el hombro de Nowaki para agarrar valor y en la otra mano también apretó, mano donde sostenía el libro de Misaki… El joven de ojos verdes se le vino a la mente al sentir el tacto con el libro. Reaccionó.
Se apartó de golpe del menor y trató de coger algo de aliento, se sentía sofocado, manoseado y muy extraño por aquella repentina imagen de Misaki en su cabeza. Con un rubor en las mejillas le echo una última mirada a Nowaki para salir de la sala y entrar al dormitorio aun exaltado. Si, eran algunas veces que se negaba a hacerlo, porque no tenía ganas, porque estaba cansado, porque no había sido un buen día, por varias cosas… ¿Entonces porque su corazón sentía culpa?
Se sentó al borde de la cama, dejó el libro a un lado y miró por la gran ventana la noche estrellada y la luna. Llevó su mano al corazón, tratando de encontrar paz… ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se sentía tan mal?
Nowaki entró a la habitación después de unos minutos… Su cara detonada arrepentimiento, tristeza, confusión… No se movió del marco de la puerta, solo veía la espalda de su pareja.
—Hiro-san, ¿hice algo malo?— Preguntó en la oscuridad de la habitación, solo la luz de la luna que entraba por la ventana dejaba ver un poco a su amado sobre la cama.
—No... Solo… no quiero, ¿está bien?— Tardó en responder, y cuando lo hizo Nowaki se acercó sentándose a su lado y tomando su mano, levantándola amorosamente y dando un beso en ella con ternura.
—Está bien, disculpa— Sonrió y lo abrazó. —Iré a hacer la cena, te llamo cuando esté lista.
—Gracias…— Finalizó para quedarse solo en la habitación. Se quedó en completo silencio observando lo grande que era la luna, lo frío que se sentía la noche, el negro del cielo antes claro… Volteó a ver a un lado el libro obsequiado y lo acarició lentamente con la mano.
"¿Qué significa esto…? ¿Qué eso de antes…? Y por qué… ¿Por qué me siento tan culpable?" Esas preguntas atormentaban al profesor en la oscuridad del cuarto. Subió sus pies y abrazó sus rodillas, trató de pensar en algo para dejar de sentirse así. La idea llegó de inmediato… Con ánimo tomó aquel libro y prendió la lámpara del buró, sin detenerse ni un segundo abrió uno de los cajones y guardó el libro, cerrando de inmediato la madera. Ocupaba tranquilizarse… Salió de ahí sin voltear atrás directo a la cocina. Le ayudaría a Nowaki a terminar de preparar la cena, eso seguro lo distraería.
