En el capítulo anterior...
...el detective L. Lawliet, quién fue reclutado por Gantz cuando fue asesinado por Kira, echa un vistazo en sus recuerdos, y en su investigación sobre Gantz, el mayor reto al que se ha enfrentado. Mientras tanto, éste establece un plan para que Kira descubra que su mayor rival, L, sigue con vida.
Capítulo IV: La soledad
Llueve. El sonido de las campanas resuena otra vez, como en mis últimos días de vida. Cada vez suenan más fuertes, como ésa noche. Sólo recuerdo eso... lo siento, papá, mamá, no consigo recordar vuestros rostros. En ese entonces, una entidad con forma de cuervo gigante desciende de los cielos, amenazante e imponente, hace amago de sus enormes alas, efectuando un movimiento a modo de despegarse de la lluvia que cubre su fino pelaje rojizo, y se detiene delante el inmovible detective. La mirada de ambos se cruza, como la de dos luchadores antes de dar inicio al combate. En un suspiro, el detective hace un ágil movimiento balanceándose hacia atrás en el mismo instante en que la criatura intenta perforarle el cráneo con su enorme pico afilado; en ese entonces, vuelve a abrir las alas, agitándolas levanta una enorme cortina de aire que tumba a su joven enemigo, que cae desplomado al perder el equilibrio. La entidad alienígena inicia un corto vuelo con afán de aterrizar sobre L así aplastándole con sus garras, pero éste actúa rápido deslizándose por el suelo en el momento en que se ve destrozado por impacto de la bestia halada, «si eso me alcanza me destrozará igual que ha hecho con el suelo.» El joven combatiente, moviéndose por su instinto de supervivencia, agarra una barra de hierro que encontró en el suelo, y volteándose sobre si mismo para atrás, la sostiene con fuerza con ambas manos, atento al próximo movimiento de su rival. La bestia rojiza escupe un rugido amenazante justo antes de propinar una serie de picotazos que el detective esquivaría esperando el momento oportuno para el contraataque; momento que por culpa de la incansable bestia parecía no llegar nunca. Poco a poco su rival humano se veía obligado a retroceder, hasta el punto de dar con la pared; fin del camino.
El alienígena extiende sus alas a modo de barrerle el paso, seguido de otra serie de picotazos que, esquivados a duras penas, destrozaba la pared, convirtiéndola en simple gravilla; hasta que mediante un movimiento arriesgado, el detective emplea su arma colocándola horizontalmente en el punto exacto donde su rival efectuaría el movimiento; la bestia repetía los ataques consecutivamente y, tras aprovechar esta oportunidad, dio de lleno con la barra de hierro, clavándosela en plena garganta. «Jaque Mate.» Los ojos del monstruo se volvían rojos al estar inyectados de sangre, y agonizando, el detective dirige una efectiva patada a modo de incrustar el objeto en el sistema nervioso de su enemigo.
Otra vez solo, exceptuando la lluvia que camuflaba las lágrimas del detective; no por el abatido enemigo, no por otra cosa que el hecho de percatarse de un sentimiento egoísta que le corroía por dentro: el miedo a la soledad.
Pocos segundos después, una fuerza invisible le devuelve a la habitación, molécula a molécula, sin prisa alguna. Enfrente suyo, la esfera negra le muestra un recuento de puntuación.
Bicho raro: 5 Puntos. 95 más y eres libre.
Libertad. ¿Cuándo he sido libre? ¿Quién ha sido libre alguna vez? La puerta se abrió, y los primeros rayos del sol empezaban a abrirse camino entre la basta oscuridad por el infinito horizonte. ¿Significaba eso que podía volver a casa? Casa, hogar, familia, amigos —asiente con la cabeza—, quizás sí, tal vez algún día; otros planes aguardaban para el día de hoy. Quería respuestas, quería desmantelar la verdad sin recurrir a un objetivo punto de vista basándome en el concepto de realidad de cada uno; el libre albedrío de aquellos que se autodenominan «libres», libres gracias a una falsa democracia por aquellos que controlan cuya nación pertenecen.
Y poco después, me hallé a mí mismo; la oscura mirada de alguien que contempla a su propio cadáver de mirada vacía, empezando el susodicho estado de descomposición. «Estoy muerto; no existo en el mundo dónde vine.»
Ya no pertenezco al mundo donde viví por tanto —poco— tiempo. Ya no puedo interferir en el caso Kira, ni tan solo de forma indirecta. Estoy seguro que alguien más capaz que yo seguirá mis pasos, y dará con él. Ahora yo, tengo un nuevo y capaz enemigo...
Próximo capítulo: Gantz
