Bueno, bueno, se que no tengo perdón, pero permitanme presentarles mis excusas. Primero, exámenes, tuve muchos exámenes que hacer y estudiar, no me daba mucho tiempo, solo de escribir cosas cortas. Segundo, me gradué de la enseñanza básica, algo así como la primaria y fue tan...aww. Luego, tuve mi fiesta de graduación y la navidad, esta semana recién salí de vacaciones y en el primer día, me puse a terminar el cap. Tenía avanzado algo, pero tampoco quería colgar algo de dos hojas, así que este tiene seis. Espero que me perdonen u.u
Muchisimas gracias por los reviews, de verdad, me alegran cada uno el día ^^.
Disclaimer: Todo pertenece a , yo solo juego un poquitito con sus personajes.
-Profase.
Fue la primera palabra de Edward Cullen en toda la clase. Muchos rostros incluido el mío, se giraron para mirarle. Mantenía una sonrisa de complacencia en su rostro.
-Excelente señor Cullen- la voz del profesor nos sacó de nuestro ensoñamiento grupal. Él volvió a su charla y yo volví a girar mi rostro cuando sentí sus ojos en él. Me sonrojé, bufando en mi interior. ¿Por qué tenía que mirarme de esa manera? ¿Acaso me estaba torturando?
-¿Señorita Swan, algún problema con su compañero?
"Si, uno gordo, hasta casi se parece a usted"
-No, señor Banner, lo siento- mascullé. Edward rio entre dientes y relajó la postura. Era increíble, parecía un verdadero ángel que cayó a la tierra de sopetón, aunque ese ángel sufriera un severo trastorno bipolar…
-¿Vas a dejar de mirarme, o qué?- le dije entre dientes. Me sonrojé al hacerlo, ¿Cómo es que podía tener ese efecto sobre mi?
-Eres tú la que me mira de reojo- me respondió de la misma forma y encogiéndose de hombros. Indignada, abrí la boca para replicar, pero el señor Banner ya me estaba llamando otra vez.
-Bien, Isabella, para que deje de prestar atención a cosas…irrelevantes, les asignaré un trabajo, ya pueden felicitarla todos a ella luego- Inmediatamente toda la clase volteó el rostro hacia mi, si las miradas matasen, ya habría muerto.
-Genial, Swan, por tu culpa ya tenemos trabajo extra- susurró una voz cerca de mí. Me volví a sonrojar. La chica que lo había dicho era una rubia desdeñosa sentada en la fila del frente.
-No le hagas caso, perderá tiempo en maquillarse, por eso está tan enfadada- me murmuró Edward Cullen cerca de mi oído. Le miré de la misma forma que antes.
-Tú cállate, mira que por tú culpa tenemos que hacer esto…- repliqué enfadada mientras sacaba mis lápices para preparar el trabajo.
-Digamos que de los dos…- sonrió.
La clase terminó sin muchos incidentes, estaba decidida a odiar a Edward Cullen por el resto de mi apestoso tiempo aquí en Forks. No iba a ceder, por su culpa me habían asignado tarea extra.
Ahora iba camino a la cafetería, acompañada de un chico que no paraba de hablar. Se veía muy simpático, aunque, ¿Cómo era que se llamaba?
-Entonces, ¿Qué dices?-
-¿Qué digo de qué? – desperté, mirándole. Era bastante guapo, de esos típicos chicos que son populares.
-Ir a la playa este fin de semana. Así podemos conocernos mejor, irá casi toda la clase-
Bajé la mirada casi al instante. Peter obviamente no me dejaría asistir, después de todo, era su esposa. No pude evitar hacer una mueca, pensar en esa palabra hacía que se me revolviera el estomago, y no era por mi supuesto embarazo.
-No lo creo… tengo que…salir, eso.
-Oh, pues que mal, ¿Para otra vez, entonces?- sonrió, mostrando sus relucientes dientes.
-Claro- asentí.
Nos sentamos en lo que él denominó el "grupo". Yo quedaba casi al frente de él, y a mis lados, dos chicas que no me parecía haber visto. Un poco más lejos, otros chicos conversaban alegremente de la temporada de invierno, entre ellos estaba la chica rubia de Biología.
-Hola Isabella.
-Bella- corregí inmediatamente sin percatarme de la voz que me había hablado y abriendo mi almuerzo. Sentí a la chica del lado, reír tontamente.
-¡Edward! Que sorpresa…
No pude evitar pegar un salto en el asiento. Me sonrojé, ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que lo había hecho en el día, y entonces me giré.
-Edward Cullen se hallaba tras de mi, sonriendo de forma torcida. Estaba inclinado, por lo que su rostro quedaba literalmente a un par de centímetros del mío. Aguanté la respiración, sintiendo como algo recorría mi espalda y mi corazón se aceleraba.
-Necesito hablarte- me informó sin dejar de sonreír. Tragué saliva, intentando procesar la información.
-Qué… ¡Ah, ya! Vale…- torpemente, me levanté de mi asiento pero con tan mala suerte que tropecé apenas intenté salir de allí. El golpe, para mi sorpresa, nunca llegó, y fue porque la mano de Edward ahora sujetaba mi brazo, impidiendo que cayese.
-Más cuidado- rió.
Me liberé, refunfuñando entre dientes y empezando a avanzar hacia la salida, sentí sus pasos seguirme.
-¿Qué ocurre? – espeté.
-Carlisle me ha mandado un mensaje- me informó con voz seria- Quiere que te acompañe a tomarte los exámenes esta tarde.
-Qué… ¿Tú?
-Ajá- asintió, incómodo- Bueno, eso es todo, espérame lista a la salida. – y diciendo esto, me hizo un gesto con la mano en señal de despedida, dando la señal de que se retiraba.
-¡Eh!- le llamé- ¡Espera, Edward!
Edward. Su nombre sonaba tan bien en mis labios, parecía que al decirlo, todo se hubiese detenido, él aún me daba la espalda, por lo que le vi, como, lentamente, se giraba para verme.
-¿Si?- preguntó, parecía aguantar la respiración.
-G-Gracias…- tartamudee.
Él sonrió.
No sabía por qué, pero sentía que todo volaba desde la charla que Edward Cullen y yo tuvimos en la cafetería. No paraba de sonreír como tonta, aunque fuese la persona con menos capacidades para sonreír en este planeta.
-Bella, ¿Me estás escuchando, Bella?
Ah, era Mike. Al fin había podido recordar su nombre. ¿Newton? Creo, el punto es que ese chico rubio se llamaba Mike.
-Si, ¿Qué ocurre?
-No se, pareces como…distraída- Hizo una mueca. Yo le imité- ¿Quieres que te lleve a tu casa? –me sonrió.
-Oh Mike, no, gracias, tengo con quien ir.
Estábamos parados justo en medio del pasillo, con todos los demás pasando a nuestro lado sin mirarnos. El chico me hizo otra mueca.
-¿Cullen, cierto? Vi como te lo pedía hoy en la cafetería. – sus ojos se achicaron- No me gusta.
Suspiré. ¿Qué se traía Newton? Ni siquiera le conocía, incluso, creo que conocía más a Edward que a él, ¿Por qué me hablaba con tanta familiaridad?
-Mike, con quien salgo o no, es mi decisión, yo a ti no te conozco, me gustaría que te guardaras tu opinión- Tenía miedo de haber sido demasiado dura, pero él parecía no escucharme.
-Te mira como si fueras su próximo almuerzo- me dijo seriamente, y yo tuve la necesidad de echarme a reír.
-¿Qué tonterías dices? – balbucee entre carcajadas. Se sentía raro reír.
-Suficiente- escuché una voz a mis espaldas, y un gélido aliento cerca de mi rostro me indicó que no estábamos solos. Edward Cullen se haya ahí, tomando mi brazo con rudeza.
-¡Eh, suéltame!- me quejé, aunque no por él, sino porque justo me había tomado en una de las tantas heridas que Peter me había hecho. - ¡Me haces daño!
Y eso pareció ser la clave. Edward dejó de mirar a Mike, y entonces sus ojos se fijaron en los míos, negros, como el carbón puro. Parecía hasta estar aguantando la respiración.
-Mi hermana Alice te acompañará hoy.- dijo secamente- Adiós.
-Desapareció como un rayo.
-¿Tú eres Bella Swan?
-¿Alice Cullen?
Giré al llamado, sorprendiéndome que me llamara Bella en vez de Isabella, pero preferí no comentar al respecto. Me encontraba en el aparcamiento, viendo como lentamente las nubes se iban formando, para hacer una ventisca, seguro.
Alice Cullen era sin duda, casi tan bella como su hermano Edward. Era imposible que fuera adoptada, sus ojos, dorados, el mismo que los de Carlisle y anteriormente Edward, la palidez de su rostro, las ojeras amoratadas…eran similitudes incomprensibles. Y aún así, era completamente diferente.
Tenía el pelo negro y en punta, era pequeña, demasiado pequeña. Aspecto de una joven bailarina. Atrás de ella, se encontraba una joven aún más bella, pelo rubio cayendo por su espalda y mirada desdeñosa.
Y justo atrás. Estaban los que me suponían eran Emmett y Jasper, los otros hijos. El más grande parecía un levantador de pesas, imposible que estudiara en el Instituto aún. El otro, un joven rubio, se encontraba más alejado, aspecto prudente, mirándome con ojos oscuros. No dorados, no amables, no desdeñosos como los de la rubia. Simplemente, prudentes.
Aún así, todos eran de una belleza encantadoramente hermosa.
Por un momento me sentí pequeña, como una nube al lado de un brillante sol. Parecía cualquier cosa al lado de aquellos ángeles. Y lo era en realidad, ¿Qué valía yo? Nada, incluso Peter se encargaba de repetírmelo diariamente. Mi propio esposo.
-Edward tuvo que retirarse temprano hoy- me dijo el que supuse tenía que ser Emmett- Te pide que le disculpes- sonrió alegremente, mostrando una gama de dientes perfectos.
-Yo te llevaré hoy al hospital- dijo Alice sonriéndome como su hermano. – Ven, podemos ir en mi auto.
-Oh no, no te molestes, de verdad- me apresuré a contestarle- Puedo ir sola.
-No, no, no, le prometí a Edward que te llevaría yo- dijo, haciendo un puchero encantador. ¿Quién se resistiría a alguien así? Me tendió la mano, y atrás vi a los hermanos Cullen y a los Hale moverse incómodos. La rubia, que tenía que ser Rosalie, arrugó la nariz.
-Vamos- dijo la pequeña ignorando a sus hermanos. Su tacto era frio, congelado, como si hubiese estado jugando recientemente con nieve.
No me di ni cuenta cuando ya estábamos en el auto. Miré por el espejo, y vi como los demás hablaban entre si, preocupados. Les miraba de vez en cuando, mientras simulaba ponerme el cinturón, pero, en una de esas, antes que Alice arrancara Rosalie me miró. Sonrió de forma perturbadora, casi cínicamente, y entonces pude ver, o quizás fue mi imaginación, como dos de sus dientes sobresalían a los demás.
Eran colmillos.
Colmillos de vampiro.
Aún no se bien como le haré para que Bella descubra lo que son sus "salvadores".
¿Alguna idea para esta pobre autora estresada? xDDD.
En fin, nuevamente les digo, muchas gracias por los reviews que me dejaron anteriormente *-*
Ahora si.
¿Reviews?
