Despacito, pero con buena letra (eso espero). Cuarto capítulo, seguimos con los saltos en el tiempo. Espero que Sasuke me esté saliendo en su línea, al menos más que antes. En el original se me fue mucho la mano con él (¡HORROR!).
¡Gracias por seguir leyendo! ;)
Regreso a casa
Tsunade era inmune al frío por las noches por una poderosa razón, y el avanzado conocimiento que tenía de medicina o su desengañada vida amorosa no tenían nada que ver. Esa razón se llamaba sake.
Tsunade y el sake se conocieron en la vuelta a casa tras una misión de guerra durante la cual Jiraiya había dejado correr el alcohol y el exhibicionismo de su falta de vergüenza y desde entonces no se habían separado demasiadas veces. Amigas incondicionales donde los hubiera, las botellitas de sake le acompañaban desde el cajón del escritorio, las taquillas de los baños termales, los bares durante los descansos breves del trabajo, en las mesas de apuestas y en las negociaciones con los señores feudales, pero siempre que bebía en aquellas ocasiones lo hacía con moderación. La soledad nocturna era la mejor circunstancia para intimar con el sake.
Aquella noche, la insensibilidad que solía darle el alcohol se la estaba produciendo una sombra proyectada desde la ventana. Las sombras sibilinas no solían anunciar buenas visitas.
Era una noche como cualquier otra, donde el trabajo atrasado de la oficina y las últimas misiones a sellar la obligaban a hacer un poco de noche en el despacho. Pero algo especial ocurría. Algo que Tsunade no sabía si augurar como peor que las tediosas horas sentada frente al eterno bloque de informes.
Observó la silueta con los ojos entornados, ponderando los posibles motivos de aquella visita. Había pocas alterativas, desagradables o aplastantemente inverosímiles.
― ¿A qué se debe el honor de tu visita? Sé que Orochimaru perdió la elegancia a la hora de hacer visitas y la cabeza con sus estúpidas pretensiones.
― Vengo por mi honor de Uchiha ―dijo la voz grave de Sasuke a su espalda―.Tengo un asunto que cerrar con Konoha.
Sasuke bajó con gracilidad del alféizar de la ventana y rodeó la mesa de Tsunade muy despacio. La Quinta podía dar fe de que Sasuke había alcanzado las expectativas de su maestro: su presencia llenaba todo el despacho, se advertía el halo de amenaza. Tsunade le observó situarse frente a ella. La luz del flexo que iluminaba los papeles distribuidos por la mesa se reflectaba en la mirada brillante y penetrante de Sasuke. No parpadeó cuando él echó mano a la katana que llevaba a la espalda, desencajaba la vaina del cinto en bandolera y apoyaba el arma en el suelo como un bastón. El renegado puso una mano sobre la empuñadura y echó una rodilla al suelo. Cerró los ojos y agachó la cabeza.
― Depongo mis armas contra Konoha. Quiero volver.
― ¿Por qué?
― Ya lo he dicho. Tengo un asunto pendiente.
La voz de Tsunade se agravó.
― ¿Ya has atendido tus asuntos pendientes fuera de la villa?
― No.
― ¿Entonces por qué quieres arriesgarte a ser encarcelado? Te fuiste de aquí precisamente porque te faltaba tiempo, y tu nexo con la aldea se redefinió cuando aceptaste por protector al mayor enemigo de Konoha.
― No puedo negar su autoría ni mis actos, pero dejé de estar a su mando y mi objetivo aquí es volver a formar parte de Konoha. Sé que tengo que asumir la responsabilidad de haber abandonado la aldea y pasar a formar parte de las tropas del Sonido. Conozco la gravedad del delito de omisión –levantó la cabeza y miró a Tsunade fijamente.
Los segundos pasaron y la comunicación que fluyó en aquellas miradas cruzadas se hizo tan densa como el silencio que reinaba en el despacho. No movían un solo músculo.
― Te espera algo peor que la muerte por traición si intentas engañarme. A los que cometen doble traición se les rastrea y tortura con técnicas que deberían estar prohibidas –alzó las cejas―. Un solo ninja que atenta contra la defensa de su propia patria sale muy caro. Terminarás de ensuciar tu apellido.
― Para poder decir eso, sabrá entonces lo limpio que llegó a ser y tendrá cuidado de no juzgar a todos los Uchihas por el crimen que cometió uno solo –contestó Sasuke con aspereza.
― Hablaba también por ti. Tengo bastantes años más que tú para conocer mejor la gloria que llegó a alumbrar tu clan –Sasuke se levantó sin apartar la mirada de la Quinta y posó la espada en su escritorio―. No necesitamos decirnos más. A pesar de que creo que tus motivos pueden ser nobles, tengo unas normas que seguir. Tengo que ingresarte en los calabozos esta misma noche.
El Uchiha asintió silenciosamente.
― Discutiré tu pena con el Consejo. ¡Shizune!
La ayudante llegó al cabo de unos segundos y se quedó atónita al ver a Sasuke.
― Llama a los ANBU que estén de servicio y diles que acompañen a Sasuke a las celdas. No avises a nadie más. Ya me encargo yo del Consejo.
Shizune cabeceó y salió corriendo del despacho.
Los efectivos de ANBU llegaron pocos segundos después y esposaron a Sasuke rápidamente. El Uchiha no apartaba la mirada inexpresiva de la katana que acababa de dejar sobre la mesa en señal de obediencia. Tsunade experimentó una extraña sensación cuando vio practicársele un jutsu a Sasuke para reforzar su inmovilización. Le pareció haber vivido algo así antes, o estar demasiado segura de que aquel jutsu era innecesario.
Se intercambiaron algunas indicaciones para encarcelar a Sasuke, quien se mantenía inexpresivo, aparentemente apático. Sólo la mirada fija en su espada se exceptuaba de aquella actitud indiferente. Tsunade le contempló con el ceño fruncido, sintiendo que dentro de ella se desempolvaba la empatía por la paradójica situación.
Sasuke estaba siendo impermeable a esa identificación y a la mirada incrédula de Shizune al otro lado de la oficina. Aunque hubiera resultado convincente durante su presentación, estaba dando esos pasos de la forma más impersonal. Estaba seguro de lo que hacía y parecía comprender que esa humillación de ser conducido al piso subterráneo era sólo parte del procedimiento.
Desapareció escoltado por los activos tan rápido como había aparecido. Shizune se acercó a Tsunade en cuanto se quedaron solas.
― ¿Qué cree que habrá pasado?
― Algo como esto es lo último que me podía esperar, pero si las razones que ha dado para volver son honestas, estamos de enhorabuena.
― ¿Pero por qué vuelve? ¿Es que ha matado a su hermano y vuelve para quedarse en paz?
― No creo que hubiera vuelto si lo hubiera hecho. Pero tampoco puedo pensar con seguridad que esto esté bien. No me puedo permitir creerle, o dar por hecho que sea una buena noticia tenerle retenido aquí, pero algo me dice que echaba de menos estar en casa y eso es algo distinto.
― Podría atraer a Orochimaru hasta aquí. No podemos confiarnos teniendo al enemigo en casa.
Tsunade sonrió débilmente y se apoyó en el filo del escritorio, cerca de la katana de Sasuke.
― Puede ser. Es bastante probable que Orochimaru utilice esa circunstancia. Pero la intención es lo que cuenta y esa será la única cosa que le permitirá a Sasuke seguir vivo. Si Sasuke es fiel a Konoha, podría devolverle el color al clan y ocupar el lugar que le corresponde. Como yo hice.
Apenas hacía dos semanas que Sasuke había vuelto a Konoha cuando Naruto, Kakashi y Sakura regresaban de una misión.
Llegaron de noche; el cielo amenazaba lluvia pesada y los pocos transeúntes que quedaban en la calle eran civiles que volvían a casa tras haber hecho caja o jōnins haciendo rondas reposadas.
Los recién llegados se acercaron a la oficina de la Hokage para rellenar el informe de la misión y recibir nuevas órdenes. Kakashi se adelantó y les dio permiso a sus subordinados para que se marcharan, pero Tsunade se asomó al pasillo y le pidió a Naruto que esperara. Sakura quería irse cuanto antes a la casa que compartía con su hermana, pero Naruto se había mudado a la casa contigua para vivir cerca de ella y prefería hacer el camino con él. Tras un rato esperando juntos, se despidieron de Kakashi en el pasillo y Naruto entró en el despacho de Tsunade.
― Tengo una noticia bastante importante para ti, Naruto –dijo la Quinta tomando asiento―. Siéntate, necesito que te tomes esto con tranquilidad.
Naruto vaciló. Se le ensancharon los ojos.
― ¿Qué clase de noticia es? Si quieres que me siente es que se trata de algo gordo. ¿Es una buena noticia? –Ladeó la cara con gravedad.
― Relájate. Yo diría que es buena. ¿Te vas a sentar?
Naruto apoyó las manos en la mesa y se inclinó.
― No me sigas que tenemos a Orochimaru cogido por los huevos.
― No.
― ¿Akatsuki? ¿Abandonan la causa?
― Ya nos gustaría. No, nada de eso.
― ¿Me harás miembro del Consejo? –preguntó al tiempo que su cara se iluminaba radiantemente― ¿O es que quieres hablar sobre la sucesión de tu puesto?
― Sabes que sin previa experiencia como oyente no tiene sentido que discutamos de tu puesto como miembro. Llevas muy poco tiempo como tal y has dado un par de problemas. Ni hablemos de que seas el Godaime.
― ¿Entonces? ¿Qué pasa? No te hagas de rogar y dímelo, vieja, que Sakura me está esperando ahí fuera. ¿Es Sasuke?
― Sí. Ha vuelto.
Tsunade vio la esperada mezcla de escepticismo y éxtasis reflejados en los grandes ojos de Naruto. Se quedó estupefacto durante unos segundos, manteniendo la postura sobre el escritorio. Cuando articuló palabra, su voz sonó más aflautada que nunca.
― ¿Sasuke?
― Te dije que te sentaras.
― No necesito sentarme. Necesito gritar –en cambio, arrastró la silla agarrándola del respaldo y se sentó sin poder levantar la mirada o parpadear. Parecía comprender que las circunstancias que habían traído a su amigo a la Hoja eran muy extrañas, posiblemente cuestionables para la Quinta, pero una tímida sonrisa le levantaba las comisuras de la boca―. ¿Cómo ha pasado? ¿Lo encontrasteis? Él... Sasuke...
― Lo encontré aquí, en el despacho. Se entregó.
― No me lo puedo creer... –susurró negando con la cabeza.
― Debes, y cuando antes, mejor. Ahora mismo está en los calabozos.
Naruto levantó repentinamente la cabeza y miró la puerta del despacho. Necesitaba verlo. Tenía que verlo para creérselo.
― ¡Espera! –gritó Tsunade― No te adelantes. Debes estar seguro de saber qué decirle. Tengo mis dudas sobre los motivos de su llegada a Konoha. Quiero pensar que lo hizo de buena fe, pero no podemos ser tan crédulos. Tenemos que ir con pies de plomo con él.
― ¿Desde cuándo está aquí?
― Llegó hace un par de semanas.
― ¿Hace un par de semanas? ¡Hace un par de semanas yo estaba aquí! ¿Por qué no me lo dijiste?
― Te necesitaba fuera.
― ¿Qué tontería es esa? La misión que acabamos de hacer ha sido bastante aburrida.
― Celebré la reunión con el Consejo cuando tú salías de misión. Sasuke llegó un par de días antes, tuve que retrasar la discusión de su caso para que tú no asistieras –el muchacho la miró sin poder dar crédito―. Lo siento, pero sé que hubieras perdido los papeles. Es un asunto que te importa demasiado; te habrías puesto demasiado nervioso. Si hubieras metido la pata ni yo hubiera podido excusarte.
― ¿Qué ha decidido el Consejo?
― Cinco años de cárcel. La pena para los casos de deserción oscila entre los cinco y los diez años, pero consideramos su situación y las posibles medidas a proponer cuando recupere la libertad. A los más ancianos les llamó la atención que no hubiera consumado su venganza con Itachi, lo interpretaron como un signo de integridad –Naruto no contestaba, parecía dividido entre el deseo de salir corriendo de ahí para ver a su amigo o quedarse pegado a la silla para saciar su curiosidad. A Tsunade le extrañó ver que se lo pensara tanto―. ¿No quieres saber cuál fue su excusa?
― No lo necesito. Tenía buenos motivos para volver.
― Pues sería de esperar que pensaras que esto no tiene mucho sentido ―espetó Tsunade frunciendo el ceño―. Por lo que más quieras, ¡esto lo tienes que entender! ¡Como miembro del Consejo no podrías quedarte tan tranquilo excusando que es tu amigo!
― ¡Pero se trata de Sasuke! No se me ocurre por qué no querría volver. Se fue por un motivo de fuerza mayor, pero, joder, ¡se crió aquí, su familia era importante y el cuerpo de la élite tiene el símbolo del clan en su emblema! ¡Y estamos nosotros! ―dio una palmada en la mesa. Guardó silencio y suspiró―. Puedo darte la razón en que es raro saber que ha vuelto. Pero tenía razones. ¿Por qué coño no iba a querer volver?
― ¿Qué te parece su venganza no satisfecha, estúpido? ―preguntó en voz baja pero cargada de rabia― Tendrías decirme que Sasuke no debería querer pisar Konoha hasta haber tenido la oportunidad de vengar a su familia.
― Da igual.
― No, no da igual. Es sospechoso precisamente porque la razón por la que se fue ha perdido importancia, al menos aparentemente. Era una razón de peso. Ha debido pasar algo, para bien o para mal. Y su antiguo equipo tiene que estar preparado.
― ¿Se lo acabas de decir a Kakashi?
― Sí.
― ¿Por qué no nos lo has querido decir a los tres juntos? ―se quedó callado un momento― ¿Por qué crees que Sakura no debe saberlo?
― Debe saberlo, pero quiero que se lo digas tú, en cuanto salgas de aquí. Creo que sería bueno que se lo digas a solas. Es una noticia que debéis compartir entre vosotros. Sólo así ella podrá hablar contigo tranquilamente.
― No estoy muy seguro de que se lo vaya a tomar muy bien. La última vez que le vio estuvo una buena temporada bastante nerviosa. Todo está demasiado relacionado... aunque haya pasado tanto tiempo...
Tsunade cabeceó.
― Por eso mismo creo que deberías decírselo tú mismo. Y por eso creo también que deberías visitar a Sasuke tú sólo. Ella ya tiene suficiente con lo suyo. Te permitiré que lo visites esta noche, pero quiero que recuerdes bien que es una excepción. Como te pille intentando burlar a los guardias para visitarlo te daré una paliza magistral delante del Consejo –amenazó apuntándolo con un dedo.
― Mensaje recibido –dejó caer la cabeza con aire aburrido.
― Las visitas están suspendidas, pero sé que Sasuke significa mucho para ti –cruzó lentamente las manos y apoyó la barbilla en ellas. Echó un vistazo sobre sus papeles―. Dile a Sakura que la espero mañana sobre las nueve, acompáñala a casa y aprovecha los quince minutos de la visita. Te esperaré en la puerta del sótano.
Naruto arrastró la silla al levantarse y salió del despacho. Se fue acercando poco a poco hasta el banco donde le esperaba a Sakura, muy cerca de las escaleras que daban a la calle.
Al verla pensó que eso de decirle que Sasuke estaba a sólo cuatro pisos de distancia sonaba muy cómodo. Aunque no eran infrecuentes las conversaciones donde se sinceraban y hablaban abiertamente de sus sentimientos, Sasuke siempre era bastante evitado; siempre que aparecía él en los temas de conversación hablaban de la forma más breve y objetiva posible. Naruto sabía cómo tomarse su tiempo para darle una noticia difícil; la conocía lo suficiente como para saber interpretar sus silencios o utilizar miradas fijas. Pero Sasuke era un tema delicado. Independientemente de cómo lo hiciera sería como preparar a Sakura para que se estrellara contra un muro.
Por eso los pasos que daba hacia ella eran tan lentos y pensados. Acercarse era abrir la boca y decirle que aquella persona tan difícil para ellos estaba más cerca de lo que pensaba.
Tragó en grueso.
― Sakura...
Su amiga miró la puerta del despacho de su maestra y después a él, interrogativamente.
― ¿Tengo que entrar?
― No, aunque me ha dicho que espera verte a las nueve.
― Menos mal. ¡Con las ganas que tengo de pillar la cama! –se puso en pie y se encaminaron juntos a la salida, aunque los pasos rezagados de Naruto seguían siendo desganados. Al salir, la noche hacía correr el olor suave de la vegetación y el silencio era seco. El vigilante apostado en la puerta fue la única persona que vieron en la calle.
Enfilaron por una calle paralela a la avenida principal y se bañaron en la penumbra amarilla de la luz de las farolas.
― Sakura...
― Ya van dos seguidas. ¿Qué pasa? –dijo deteniéndose.
― ¿Qué? –contestó con desenfado mal simulado.
― Me llamas Sakura, no Sakura-chan. Tienes una cara muy rara; algo ha debido decirte Tsunade. Suéltalo.
― Eh... No es... una noticia normal –remoloneó dando pasos descuidados, evitando hablarle a la cara.
― Sólo vamos a conseguir ponernos más nerviosos –espetó poniéndole una mano en el brazo para frenarle y encararse con él―. El camino a casa no tiene por qué ser tan corto. ¿Qué es lo que te ha dicho?
― Vale. Se trata de Sasuke. Ha vuelto a la villa. Se ha entregado. Ahora mismo está en los calabozos, cumpliendo una pena de cinco años.
Parece que he leído un telegrama, pensó, pero se dio por contento. Lo había dicho de una vez y ella no parecía a punto de tener un ataque de histeria.
― Sasuke-kun... –Naruto asintió― En Konoha... –volvió a asentir. Naruto aprovechó esa mano que Sakura había aventurado para agarrarle y asegurarse de que no hiciera nada raro, pero Sakura reaccionó igual que él. Estaba tranquila.
― Está aquí. Con nosotros otra vez.
Sakura se tapó la boca con la mano que le quedaba libre.
― Tenemos que ir a verlo ―dijo con una voz que no se correspondía con su asombro―. Tenemos que hacerlo esta noche.
― Ya, pero es que... no están permitidas las visitas.
― ¿Cómo? ¿Me estás diciendo que no vamos a verle hasta que salga? ¡Debes haber entendido mal! ¿Cómo va a pasar cinco años sin ver a nadie?
― Debe estar agradecido. Por lo que me ha dicho la vieja, medidas como esa suavizan la pena.
Como consultes a alguien sobre esto y sea más entendido que yo –se decía entre sudores Naruto para sus adentros―, me las voy a ver muy feas. Por lo que más quieras, no me preguntas más.
Sakura corrigió la marcha, dirigiéndose de nuevo a las oficinas de la Hokage.
― No hay problema. Tsunade estará esperando que lo hagamos, pero siempre podemos hacer algo más inteligente y conseguir colarnos en los calabozos. Le desobedecimos cuando fuimos a buscar a Sasuke a la villa del Sonido; no nos va a matar a latigazos si la desobedecemos otra vez.
A Naruto le gustaban sus palabras. Eran las que se le habían pasado por la cabeza cuando Tsunade le había dicho que le permitía una sola visita.
Pero sabía que no podía apoyar la idea. Le dolía pensar en la posibilidad de que Sakura sólo estuviera actuando así por el viejo anhelo de devolver a Sasuke a Konoha. No era una reacción natural teniendo en cuenta los reparos que ella había tenido a la hora de hablar de él. Sakura podría estar sintiendo alivio por su antiguo compañero, sí, pero también podría estar disfrazando su resentimiento con el antiguo papel de compañera afectuosa inconscientemente.
Fueran cuales fueran los verdaderos sentimientos de Sakura, había algo más importante a tener en cuenta. Sasuke podría haber cambiado de parecer en muchas cosas, podría haber cambiado de opinión respecto a algo tan vital como la venganza sobre su hermano, pero nada les garantizaba que no siguiera siendo el mismo idiota que le rompió el corazón a Sakura. Además, seguía siendo el espejo roto en el que Sakura se veía reflejada cuando sufría.
No podía dejar que lo viera antes de que ella se parara a pensar con claridad y pudiera tener la oportunidad de hacerla sentirse protegida. Las incursiones a los calabozos debían estar prohibidas por su bien.
― Tsunade ya me ha advertido sobre las visitas clandestinas. Podrían degradarnos.
Su compañera lo miró de hito en hito.
― Y ahora me dirás que no tienes ningún interés en verle y hablar con él, ¿verdad? ¿Por qué no estás conspirando conmigo? -preguntó despacio― ¡Siempre te has pasado las normas por el forro! –la mirada esquiva de Naruto no le gustó. La buscó ladeando la cabeza y preguntó en voz baja― ¿Es que Tsunade te ha dicho que me impidas ir a visitarlo? ¿Es eso? ¿Crees que lo pasaré mal? ¿Tenéis miedo porque la última vez que lo vi el sello se activó?
― Sólo nos estamos preocupando por ti, Sakura-chan. Él es nuestro amigo, pero también es el idiota que se fue para cumplir una venganza autodestructiva con el reptil. Nos ha hecho daño a los dos y ha vuelto. Este regreso no debería hacernos más daño. Sabes de sobra lo importante que eres para mí. Quiero pensar que llegará el día en el que todo seguirá entre nosotros como si nunca hubiera decidido irse.
― Pero sabes de sobra que ya nada...
Naruto continuó, interrumpiéndola.
― No quiero pensar que, cuando ese día llegue, él pueda hacerte daño; me siento responsable –acarició la mano de Sakura sobre su brazo―. Porque tengo por propósito protegerte de todo lo que te amenace –Sakura se mojó los labios, pero Naruto arrugó el ceño con preocupación―. Por favor, no le pidas a la vieja que te deje verlo, ni hagas ninguna estupidez intentándolo. Dentro de cinco años pueden cambiar muchas cosas. Tú estarás más preparada para verle.
― Está bien –dijo agachando la cabeza―. Pero no te perdonaré que hayas insinuado que soy débil.
― No he insinuado eso. Lo que quiero decir es que... no estoy seguro del alcance que tiene todo esto, ni de cómo puede actuar el sello. Ya sabes cómo funciona.
― Vale. Discúlpame. La noticia ha sido la más inesperada, me lo estoy tomando todo a la tremenda y estoy cansada. Olvídalo, por favor.
Naruto sonrió enseñándole todos los dientes.
― Así está mejor, Sakura-chan.
Sakura sonrió también, escondiendo su mirada avergonzada.
― Entonces... cinco años, ¿no?
― Sí. Pero Tsunade... me deja hacerle una breve visita. En cuanto te deje en casa.
Miró a su amiga buscando signos de incomodidad, pero Sakura conservaba la mirada tímida.
― Vale –asintió con la cabeza―. Pues dile... –se mantuvo unos segundos en silencio― Mejor no le digas nada. Espero que salga bien. Nos veremos en unas horas –dijo soltándose de su brazo y tomando el camino a casa a paso apresurado―. Puedo ir sola.
― ¿Estás segura? –preguntó viéndola acelerar el paso.
― No tiene sentido si vas a volver. No te preocupes por mí. Buenas noches.
― Buenas noches, Sakura-chan.
Dudando que la noticia sobre la vuelta de Sasuke fuera la mejor que podían recibir, Naruto dio media vuelta y se fue dando saltos sobre los tejados de las casas de vuelta al encuentro con Tsunade. Aunque estaba un poco alterado por haber tratado el tema con Sakura y haber descubierto sus intenciones sobre Sasuke y ella, la ansiedad por ver de nuevo a su amigo estaba ganando terreno dentro de él con mucha rapidez. Iba a ver a Sasuke. Era muy surrealista pensar que el "gran Uchiha" estaba en aquel momento en una celda, comenzando una pena tan larga. ¿En qué había estado pensando Sasuke?
¿Serían cinco años insuficientes o demasiados? ¿Podrían cambiarle? ¿Agriarle más el carácter?
Si esa serpiente de mierda no le ha jodido suficientemente el cerebro, dudo que lo hagan unos días a la sombra.
Dudaba también de sus deseos de darle una paliza o recibirlo con los brazos abiertos, pero su pensamiento más poderoso era su preocupación por Sasuke. Aunque se hubiera convertido en su enemigo y los años de separación no pasaran en balde, ese lazo que les unía seguía fuerte entre ellos; lo sabía aún sin haberle visto. Naruto no necesitaba comprobar que Sasuke pensara lo mismo. Ya se lo haría entender y aceptar como fuera.
Vio a Tsunade nada más entrar. El vestíbulo ya estaba vacío y la calma de la calle parecía haberse colado en el edificio. Le comentó brevemente que Sakura había reaccionado bien y le recordó que no olvidara abordar el asunto con ella la mañana siguiente, porque con seguridad Sakura iba hacer como si no supiera nada.
En el piso inferior, en los oscuros calabozos, esperaban los ANBU de servicio. Uno de ellos sujetaba un pequeño quinqué para iluminar el pasillo que dividía los calabozos. El subterráneo estaba suficientemente ventilado, pero el olor a polvo y a humedad era imposible de ignorar. Las paredes de piedra de la estancia parecían muy fuertes, pero también muy antiguas.
Naruto no había visitado nunca ese lugar. Era difícil hacer más apreciaciones con aquella luz tan pobre y bajo aquella atmósfera inquietante.
Quizá los reclusos de mayor pena estén recluidos en otro lugar, alejados de la Hoja... o quizá en un nivel inferior a este... ―pensaba mientras se internaba en el pasillo e intentaba ver a través de los barrotes.
Naruto escuchaba el silencio de aquel lugar con la piel de gallina. A pesar de no ser un sitio completamente indeseable, era un agujero. Supo que él no podría aguantar allí un día, y lamentó que su amigo tuviera que hacerlo durante cinco años.
Tsunade, tras encabezar el breve paseo por los corredores, se detuvo a tres metros de una celda, cuya puerta estaba cubierta por numerosos sellos. Hizo un gesto para señalarla, pero Naruto no necesitó la indicación porque había advertido un brillo entre los barrotes. Unos ojos rojos se iluminaron en la oscuridad con una elegancia felina.
― Quince minutos, Naruto. Bajaré a buscarte.
La Quinta ordenó que dejaran el quinqué en el suelo y apostó a los ANBU al final del pasillo. Pocos segundos después, el crujido de la puerta al cerrarse resonó en la distancia. Naruto ya se había acercado a la celda, intentando ver algo más que el camastro insinuado por la luz del quinqué y aquellos ojos centelleantes. La celda era estrecha pero profunda, y oscura como el fondo de un pozo. Los sellos adheridos a los barrotes robaban mucha visibilidad pero Naruto ya buscaba con la mirada la manera de dirigirse a Sasuke.
― ¿Sasuke...?
La sombra no se movió. Los iris rojos permanecían fijos como bombillas.
― Naruto –le respondió una voz grave y oxidada por la falta de utilización desde la oscuridad.
Naruto miró con recelo los sellos y metió la cabeza entre los barrotes. Notó una ligera capa de herrumbre entre los dedos al deslizar las manos por el panel de hierros.
― ¿Cómo estás, Sasuke?
Con un parpadeo el Sharingan desapareció. La silueta de Sasuke surgió poco a poco hasta que la luz lo iluminó por completo. De cara al pasillo, se sentó en el catre y miró a Naruto con la cabeza muy alta.
― Bien.
Naruto apretó la cabeza entre las barras, pero la piel tirante de las sienes y mejillas no pudo borrar su expresión de tristeza. Tensó la mandíbula. Tal y como estaban y sin conocimiento de la situación, resultaba difícil asegurar que quien estaba preso era Sasuke.
― Estúpido... por qué no te habrías quedado...
Sasuke miró detenidamente a su antiguo amigo.
― No me digas que has bajado hasta aquí para perder el tiempo con esas tonterías. Para eso no vale la pena despertarme.
Naruto decidió ignorarle.
― La vieja no está segura de tus motivos para volver, y yo necesito conocerlos para ayudarte. ¿Por qué has decidido volver? ¿Qué ha pasado?
― ¿De qué va todo esto? –preguntó Sasuke alzando brevemente la barbilla― ¿Es que tienes fijación conmigo y estás empeñado en perseguirme hasta verme donde quieres?
― Estoy pensando en la posibilidad de interceder para sacarte de aquí cuanto antes, imbécil. ¿Me haces el gran favor de decirme por qué cojones has vuelto? ¿Es... que quieres volver a Konoha para entrenarte aquí, como cuando empezó el Equipo Siete?
― No. Konoha no me interesa como lugar de entrenamiento.
― ¿Entonces? –preguntó Naruto, emocionado, encajando aún más la cabeza entre los barrotes estrechos, provocando una pequeña cascada de óxido― ¿Has venido por nosotros?
― No. Tengo otras cosas pendientes aquí.
― ¿Eso no podías haberlo pensado antes?
― No me fastidies. ¿A ti qué te importa? ¿Me vas a estar recordando las consecuencias de mis actos hasta que te mate?
Se escucharon algunos quejidos en las celdas contiguas, pero no se escuchó una voz más alta que otra.
― No he vuelto para quedarme. No te confundas.
― ¿Qué? ¿Por qué has vuelto si no te vas a que dar?
― Konoha. –contestó Sasuke bajando la mirada hasta encararla con la panel de barrotes― Está dolida conmigo. No puedo ni quiero volver y hacer mi vida aquí como si no hubiera pasado nada. Lo he hecho para quedarme tranquilo. Me iré en cuanto haga lo que tengo que hacer.
― Tu hermano...
― Aún no. Pero lo haré.
Naruto entrecerró los ojos. Sasuke le había visto venir y había esquivado una pregunta implícita más importante: ¿Es que Sasuke tenía miedo de no salir vivo de aquel encuentro y poder volver a Konoha a hacer lo que debía hacer? No, no tenía sentido.
― Pero si estás aquí es porque has dejado a Orochimaru, ¿no? ¿Tiene él algo que ver con que tengas que…?
― Lo dejé hace tres años. Punto.
― ¿Tres? ¿Qué cojones has estado haciendo hasta ahora?
― Estás empezando a joderme con tanta pregunta.
― ¿Y qué quieres? ¡Hace sólo media hora que sé estás aquí! No termino de asimilarlo. Me parece increíble que esté hablando contigo y hayas hecho algo tan radical como entregarte a la Hokage. No parece que seas tú. Tú no lo habrías hecho.
― Ya. ¿Cómo... van las cosas por aquí?
― Todos estamos bien. No ha habido muchas novedades desde que te fuiste. Bueno, eso debe parecerme. ¿No te han dicho nada?
― No. Sólo viene a verme Tsunade y no hablamos de nadie. No sé qué pasa ahí fuera.
― Pues si hubieras oído algo, sabrías que me nombraron oyente del Consejo de la Hokage, que Sakura ha estado trabajando duro para entrar en la plantilla del hospital, que Kakashi sigue saliendo con nosotros de misión... Han pasado muchas pequeñas cosas –admitió.
― ¿Qué hay del sello de Sakura?
― ¿Qué hay de qué? ¿Te refieres a si ha pasado algo?
― Sí.
― Sakura está con nosotros, ya te lo he...
― Ya lo sé, idiota. Me acabas de decir que quiere trabajar en el hospital. Me refiero a qué ha pasado con las manifestaciones del sello.
― Ah, eso –susurró Naruto con desgana―. Sobrevive. Pasa algunas noches malas, pero hacemos lo que podemos. La mayoría de las noches, cuando no tengo que pasarme por la oficina de la vieja, la acompaño hasta que se duerme.
― ¿Hasta que se duerme?
― Sí.
Naruto ladeó ligeramente la cabeza, introduciendo las manos sobre las barras horizontales de la celda. Apuró hasta los hombros y cruzó los brazos por dentro.
― El sello de Sakura se activa mientras duerme. Ve cosas. Cosas raras. Ni siquiera ella sabe explicarme bien qué es lo que ve en sus pesadillas, pero dice que es horrible.
Sasuke frunció el ceño. No había escuchado nada parecido en todo el tiempo que había vivido con Orochimaru. También era cierto que nadie que hubiera sido sellado había resistido a la llamada del sello más que unos pocos meses.
― Se despierta algunas noches, gritando, muerta de miedo. De las pocas cosas coherentes que dice, se podría sacar en claro que son unas pesadillas bastante... raras. Si trata con alguien que haya sufrido una experiencia especial, ella lo ve en sus pesadillas. Parece que, de alguna manera, el sello capta algo de las personas con las que se cruza. Cuando la sellaron, ella cobró el... "poder", llamémoslo así, de leer en los ojos de la gente. No me preguntes qué. Se queda grabado de alguna manera dentro de ella, aunque no advierta nada extraño, y lo vive mientras sueña. Lleva resistiendo todo este tiempo, mientras el sello se ha ido haciendo más fuerte, hasta el punto de que sueña con la gente que trata, aunque no hayan sufrido mucho. Para ella sigue siendo un engorro. Dice que no es agradable invadir la intimidad de la gente. Pero no lo puede evitar.
Naruto suspiró lentamente, bajando la vista. Su tono de voz se había ido apagando, hasta emular la pobre intensidad de la luz del quinqué.
― Sólo podría acabar con todo esto acudiendo a Orochimaru. Nada de lo que ha intentado Tsunade ha servido para neutralizar el sello. Al contrario. Sakura no deja de ver cosas. Y yo no puedo hacer nada para ayudarla. Pero juro que el hijo de puta de tu maestro lo pagará –murmuró con rabia, mirando a Sasuke.
El Uchiha entornó los párpados. Se inclinó y apoyó los codos en las rodillas. Dijo con aire ausente:
― También tengo una cuenta pendiente con Orochimaru.
Los ojos de Naruto mudaron la rabia por la sorpresa.
― Si no lo hago, me tendrá en sus manos, como Sakura.
Se escuchó algunos pasos acercarse y el frufrú de la ropa de los ANBU. Naruto comprobó que una luz alumbraba desde donde debía estar la puerta.
― Mierda, Tsunade está de camino. Escucha, Sasuke, probablemente no nos veremos hasta que cumplas tu condena, pero estaré esperándote allí fuera. Haré lo que pueda por ti en el Consejo.
― No espero que hagas nada.
― Pero lo haré. Me da igual lo que sea que tengas que hacer aquí. Todos estarán preparados para verte cuando salgas y las cosas serán muy distintas.
― Utiliza estos cinco años para mentalizarte de que no quiero quedarme aquí. Me duele la boca de repetirte las cosas.
― Tienes suerte de estar ahí dentro.
― Puedes estar seguro.
― ¿Recordando viejos tiempos? –preguntó la voz de la Hokage al entrar en el cerco de luz.
― Algo así, pero parece que no ha pasado el tiempo ―contestó Naruto desencajando la cabeza de los barrotes―. Nos vamos a llevar mal siempre.
Sasuke se levantó y volvió a su rincón.
― Vete de una vez. Se ha acabado la visita.
― ¿Ves? –preguntó Naruto a Tsunade con una sonrisa― Es el mismo capullo de siempre –se separó de la celda y compuso una mueca hacia donde estaba el Uchiha― Cuídate, Sasuke.
Sasuke lo ignoró. Tsunade agarró el quinqué y se encaminó con Naruto por los pasillos. Los ANBU se aseguraron de que los sellos de la celda de Sasuke seguían en su sitio antes de acompañar a los visitantes a la salida. Naruto levantó la vista del suelo al ver los escalones que conducían a la salida.
― Tú crees que ha cambiado, ¿verdad?
― ¿Te parece que esté arrepentido?
― Bueno... Sasuke no es precisamente una persona de la que emane la comunicación a raudales... pero creo que está afectado. Tanto como para volver sabiendo que no va a quedarse –la puerta se cerró a su espalda y los ANBU volvieron a tomar posición frente a ella. Al sentirla custodiada por los miembros de la élite, cobró realismo el hecho de que Sasuke y él iban a permanecer en un lado distinto de la puerta durante mucho tiempo―. No puedo dejar que se vuelva a marchar.
Llegaron hasta la puerta de la calle. Llovía, caía una buena tormenta. Tsunade guardó silencio, observando al joven.
― Concédele el derecho a hacer lo que crea que tiene que hacer. Si vuelve a marcharse y no se mete en más líos, Konoha no tendrá motivos para considerarlo un traidor.
Naruto negaba con la cabeza, mirando a la calle.
― No nos puede dejar otra vez. No me da la gana. Cambiaré las leyes de Konoha si hace falta para obligarle a volver.
― Ese tipo de leyes no pueden cambiarse –dijo Tsunade con una sonrisa―. Aunque llegaras a ser el Hokage más sobresaliente de todos. Por defecto, las aldeas ocultas respetan algunas leyes comunes, y las referentes a los desertores son unas de ellas.
― Acuérdate de lo que te digo, vieja, Sasuke se queda. Diga lo que diga.
― Me alegra comprobar que estás tan entusiasmado como siempre. Espero que mañana te levantes con las mismas energías, porque tenemos una reunión con el Consejo a las siete.
Naruto se quedó blanco, la miró como si le acaba de decir que iba a meterlo en una celda.
― ¿A las siete? ¿Estás loca? ¡Ni que se fuera a acabar el mundo! ¡No tengo ni cuatro horas para llegar a casa, ducharme, cenar y recuperar el sueño!
― Así es la vida como hokage, ve acostumbrándote. Piensa que la lucha por Sasuke empieza mañana.
― ¡Sé perfectamente que no me dejarás hablar en el Consejo! ¡Soy oyente!
― Pues gánate el derecho a hablar. Espero que descanses –Tsunade dio un paso al frente antes de desaparecer como una sombra que se deslizaba en la oscuridad.
Naruto la imitó al tiempo que gritaba:
― ¡Cuando sea hokage pondré las reuniones a las siete de la tarde!
No tenía idea de que, siendo un simple chūnin, ya se estaba encargando de hundirse la espalda bajo el peso de las responsabilidades.
¿Gusta? ¿Apesta? Deja tu impresión, ¡me ayudará a trabajar!
