Disclamer: los personajes no me pertenecen, obviamente... sino a la maravillosa S. Meyer... la historia es completamente mía XD


CAPITULO III

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El avión aterrizó con el sol de medio día que repuntaba en el cielo de Londres, entre un montón de nubarrones grises que amenazaban con unirse y formar una tormenta demencial.

Edward arrugó la frente y observó al chofer del auto que había mandado pedir al hotel, era anciano y parecía manejar con toda la precaución del universo; suspiró y observó la manera en que Emmett tamborileaba los dedos en sus rodillas y apretaba su mandíbula, mientras parecía tragar con dificultad.

Era demasiado obvio que el hombre estaba más allá de los nervios, estaba tan pálido que parecía estar al punto de un colapso. Y esa era una verdad demasiado cruda como para que pudiera ignorarla. Él quería a Isabella de un modo que no había comprendido, su amor parecía ser demasiado fuerte, demasiado intenso.

-quieres mucho a Isabella, ¿no?- se encontró preguntándole, antes siquiera de pensarlo; se mordió la lengua y negó, él no deseaba saber cuánto la quería.

Emmett permaneció en silencio el tiempo suficiente como para creer que no le contestaría, mirando la ciudad pasar a través del cristal. Al final, suspiró y afirmó levemente con la cabeza.

-es la única mujer por la que cruzaría el mundo en tu compañía, sólo por una llamada- entrecerró los ojos y esbozó una sonrisa cansada -; aunque ella…

Se interrumpió de pronto y frunció el ceño, sacó su celular del bolsillo de su saco y, reteniendo el aliento, contestó.

-¿qué ha pasado?

Edward deseaba escuchar lo que él oía. Tenía el presentimiento de que se trataba de Isabella y, por algún extraño y masoquista motivo, deseaba saber cómo era que se encontraba. Habían viajado demasiado tiempo y su condición podría haber empeorado gravemente.

-está bien, Rosalie… estaré ahí en poco tiempo- Emmett suspiró con cansancio y colgó.

-¿malas noticias?- Edward no podía creer el temor que le causó la propia pregunta, aunque no se sorprendía tanto de la causa. Jamás había querido que Isabella sufriera algo así, la había odiado, pero eso era demasiado.

-no…- Emmett se pasó una mano por la frente y negó un par de veces –la acaban de llevar a piso, estará en observación por algunos días. –gruñó con frustración y observó el reloj –Sólo que Rosalie tiene que irse dentro de una hora a Praga a una exposición y yo no podré estar aquí por más de dos días.

Edward afirmó. Esas eran complicaciones.

Cuando llegaron al hospital, no sólo estaba ahí Rosalie, sino también Jasper y dos personas que él no conocía. Pero la única que pareció realmente ofendida con su presencia fue la rubia artista, puesto que en cuanto cruzó la puerta de la sala de espera mantuvo una expresión tan estoica que, incluso el frío Edward se sintió verdaderamente mal.

-¿qué fue lo que pasó?- le cuestionó Emmett a Rosalie, en cuanto llegaron con ellos.

Rosalie recorrió con una gélida mirada a Edward y murmuró:

-llegó aquí con hemorragia abundante y dolor abdominal- sus fríos ojos azules perforaban a Edward, como si aquello de alguna extraña manera fuese culpa suya -; sabíamos que no podía ser la hora del parto, le faltan mucho más de un mes y, además, la presencia de la sangre fue…- Rosalie se estremeció y clavó sus ojos en Emmett, parecía tan cansada –ahora está bien.

-pero, ¿cómo pasó eso?

Ella se encogió de hombros de forma impotente.

-no lo sé, un momento estaba bien y…- exhaló un suspiro tan largo que parecía como si apenas en ese momento soltara todo aquello –Dentro de poco se supone que nos dejaran pasar a verla –luego deslizó sus ojos de nuevo a él, perforándolo de forma intensa -, sólo amigos y familiares.

Emmett enarcó una ceja y también lo observó, parecía como si acabara de recordar que él también estaba ahí.

-Edward me trajo aquí, me prestó su jet…- y pareció que él tampoco entendía muy bien su presencia ahí, después de todo; pero no dijo nada, se giró hacia Rosalie y continuó con su interrogatorio.

Edward tuvo tiempo de ver ir y venir a una infinidad de doctores y enfermeras que parecían no tener ganas de contestar a las dudas de ninguno de ellos; así que se encontró analizando a las otras cuatro personas que estaban ahí por Isabella.

Rosalie, Jasper y Emmett se habían sumergido en una serie de conversaciones en voz baja que dejaba claro que los tres se conocían lo suficiente como para interesarse en la vida personal de los otros, lo suficiente para intentar hacer bromas en la sala de espera de un hospital. En cambio los otros dos, se mantenían apartados y sólo hablaban entre ellos –eran una mujer que parecía cercana a su edad y un hombre que parecía apenas rebasar la veintena-.

Cuando Edward estuvo a punto de satisfacer su curiosidad –y por la necesidad de hacer algo-, una enfermera se detuvo para hablar con Rosalie.

-ya podemos pasar- les avisó a todos, aunque dirigió una sola mirada a Edward que podía traducir en una rotunda negativa –pasemos de uno por uno, la enfermera pidió que no la estresemos con la presencia de varias personas a la vez.

Todos afirmaron, mientras Rosalie desaparecía tras la enfermera.

Después de que pasaran tanto Rosalie como Emmett, Edward comenzó a pensar que el cerrar capítulos y demás cosas podía esperar. Sabía que no era el momento y, probablemente, ya no podría serlo jamás, con el asunto del embarazo y su bebé. Lo más seguro es que no valiera mucho la pena si ella parecía tan feliz como estaba –fuera del hospital-.

Así que estaba considerando seriamente irse de ahí, tomar el jet y dirigirse de regreso a su complejo hotelero plagado de prensa, cuando Jasper regresó y se dirigió directamente a él.

-ella quiere verte- le soltó, con una mirada curiosa, más que enojada; aunque en el fondo podía ver un brillo de resentimiento.

-¿a mí?- reiteró incrédulo.

-a ti, no estoy seguro de quién le dijo que estabas aquí y ella desea hablar contigo- explicó con mesura, evitando la mirada matadora de su hermana.

-no tengo nada que hablar con ella, yo sólo…

Jasper sonrió y evitó que Edward siguiera tratando de defender una postura que, a todas luces, era indefendible; en especial desde que había cruzado un océano para ir a verla en cuanto se había enterado que estaba en problemas.

-es el cuarto 112- terminó y se alejó para intentar frenar a la rubia de impedirle el paso.

Edward suspiró y caminó por los pasillos blancos del hospital, viendo a la gente ir y venir, con el leve cuchicheo de los pacientes y doctores tras las paredes; antes de encontrarse frente a la puerta donde estaba ella.

Estaba abierta, así que pudo verla antes siquiera de poner un pie dentro.

Tenía la piel pálida y ceniza, sus labios parecían demasiado blancos y sus ojos mostraban la sombra del cansancio; su cabello siempre en perfectas ondas, ahora parecía sin brillo y caía sin ningún cuidado por la extensión de la almohada. Parecía más delgada, más frágil.

-hola- la saludó desde el umbral, no sabiendo exactamente cómo actuar; porque… en todo caso, ¿qué estaba haciendo él ahí?

Ella levantó su rostro y lo clavó en él. Sonrió.

-hola, Edward.

Su voz sonaba tan frágil como ella, como cristal a punto de romperse. Y algo dentro suyo también estaba a punto de desbordarse, la visión de Isabella de ese modo no era algo fácil de soportar.

-me dijeron que querías verme, así que…- se encogió de hombros y se obligó a introducirse en la habitación.

-sí, quería…- observó sus dedos, delgados y en ese momento más fríos de lo normal; pero terminó por esbozar un intento de sonrisa, aunque se sentía tan cansada –Edward, gracias por prestar a Emmett tu jet y permitirle que llegara aquí, yo… - su voz se rompió, pero no dejó caer ni una sola lágrima, de las muchas que se agolparon en sus ojos –yo no podría…

-¿lo quieres?

La pregunta hecha con un tono más rudo de lo necesario alcanzó a sobresaltarla, frunció la frente y también los labios, fijó sus orbes en él y pareció que las palabras se le habían escapado.

-sí, le quiero…- dijo al fin.

Edward afirmó, como si con eso él fuera capaz de entender algo de lo que estaba pasando.

-tendrás el hijo de otro hombre…

Isabella abrió los ojos sorprendida y Edward no pudo perderse la súbita manera en que sus ojos recorrieron su vientre, como si recordara ese hecho, o como si estuviese tratando de hilar las ideas que estaba teniendo él.

-Emmett…- se mordió los labios de forma nerviosa –él sabe que yo… -suspiró frustrada y negó con la cabeza –Edward, una cosa no tiene que ver con la otra.

Sí, Edward suponía que nada tenía que ver el hecho de que ahora estaba tendida en una cama de hospital con riesgo de dar a luz de forma prematura–o algo así- al bebé de otro hombre, cuando hacía casi un año había estado comprometida con él y lo había engañado con Emmett. Nada tenía que ver con nada, si se lo preguntaban a él.

-no importa, ¿eso era todo lo que querías decirme?

Ella afirmó, luego negó.

-no- sus ojos viajaron por toda la habitación, como si la estuviese reconociendo por primera vez -, yo quería darte las gracias por eso y, por quedarte. Sé que tienes mucho trabajo y que te quedaras hasta que Jasper fue a buscarte… -suspiró y miró por la cristalera que daba al pasillo donde seguía pululando gente –gracias, Edward. Siempre has sido un gran hombre.

Eso fue todo lo que pudo soportar. Cerró los ojos y prefirió pensar que ella no había dicho eso, no le importaba ser un gran hombre, no le importaba haber sido bueno y no le importaba viajar por largas horas para verla. Lo había hecho por ella, punto. Quizá no lo hizo conscientemente, pero decir lo contrario era engañarse por completo.

Así que no, no podía soportar verla ahí, tan mal y solamente escuchar que era un gran hombre. ¡Había sido el hombre que ella decía amar! ¿No podía decirle otra cosa?

-lástima que un gran hombre no fue suficiente para ti- soltó con ácido en cada palabra y luego se reprendió mentalmente, no era ni el momento ni el lugar para hablar de eso.

-Edward, yo…

Ni siquiera la dejó terminar, con un "disculpa" susurrado, salió de la habitación y se perdió entre las personas que transitaban el pasillo.

Cuando creyó estar lejos de su mirada y la de otros, se recargó contra una pared y dejó caer su cabeza hacia atrás, respiró hondo y pensó que nada podía prepararlo para verla a la cara y que le dijera que era un buen hombre.

Siempre pensó que, cuando hablara con ella le diría que lo había amado –o, preferentemente, que aún lo hacía-, no que con sus palabras diera a entender que lo había olvidado. Pero se había equivocado garrafalmente, no sólo lo había olvidado pronto, sino que había hecho una vida completa en el tiempo que él…

¿Qué había hecho él en ese tiempo? Había contado los días… eso era lo que había hecho, había ahogado su perdida entre las piernas de cuanta chica lo permitiera, siempre como un efecto a su recuerdo, jamás por un gusto propio; había llenado su ser de veneno, repitiendo en su mente el momento en que la vio besar a Emmett y borrando todo lo demás.

Su vida había estado consagrada a olvidarla… a intentar olvidarla.

Que ridículo resultaba todo ahora, mientras la veía luchar por una vida, un pequeño bebé, que no era el suyo, por aferrarse a una vida que no estaba con él, cuando la había querido ver llorando por regresar a su lado.

Era como si recibiera una patada en el trasero y le dijeran que él tenía razón –toda la razón-, nadie en esta vida era imprescindible. Mucho menos él.

Suspiró y soltó una risa baja, llena de toda la contradicción de sus propios pensamientos. Quería superarla, quería dejarla ahí y sobre todo, quería alejarse para siempre de todo lo que representaba en su vida –había sido la única mujer a la que había creído querer-; pero también sabía que no podría dejarla sola.

Después de todo, su madre se avergonzaría si no actuara como un buen hombre…

Caminó por los pasillos hasta regresar a la sala de espera, en cuanto llegó, los otros dos se levantaron y se perdieron en el camino hasta la habitación de Isabella.

Rosalie se limitó a gruñir entre dientes y fulminarlo con la mirada cuando se acercó a Emmett.

-yo me quedaré.

¿De dónde había venido esa resolución? No tenía la idea muy clara, pero estaba seguro de que no podría actuar de otra forma.

-¿cómo dices?

-tú puedes regresar a tu trabajo mañana, Rosalie puede irse a Praga… o como sea, yo me quedaré en Londres hasta que le den el alta- explicó, mientras sacaba su teléfono celular y comenzaba a pensar a quiénes tenía que hablar para dejar todo arreglado. Primeramente, tendría que llamar a su casa ahí, en Londres, para que arreglaran todo para que pudiera ir a dormir en cuanto pudiese.

-¡¿estás loco?- Rosalie prácticamente saltó desde su asiento hasta ponerse frente a él, chilló de tal manera que la mitad de las personas en la sala de espera la observaron; pero poco pareció importarle –de ninguna manera voy a dejar a Bella cerca de él.

Emmett suspiró y observó a uno y a otro mientras Jasper se acercaba para intentar apaciguar a su hermana.

-aunque yo también preferiría revolcarme en los fuegos del infierno antes que dejar a Bella cerca de Edward- frunció la frente y estrechó los ojos al mirarlo -, no tenemos una mejor opción, no podemos dejar a Bella sola y él está diciendo que estará pendiente.

-¡no me importa! Si por mi fuera, él ni siquiera respiraría el mismo aire que ella- Rosalie respiraba de forma ruidosa y tenía las manos vueltas puños.

-¿entonces cancelarás la exposición?- le preguntó Jasper, tras ella y colocando una mano sobre su hombro –sé que la estuviste planeando por meses y que será el lanzamiento de la obra de uno de tus mejores estudiantes…

Ella hizo tal gesto de desprecio e impotencia que, por un momento, Edward realmente se sintió la peor escoria sobre la tierra; aunque no entendiera muy bien el motivo. Se quitó la mano de su hombro con un encogimiento y dio varios pasos alejándose de los tres.

-sólo te advierto, Cullen- dijo con voz lenta y pausada, cada palabra medida con la justa amenaza que entrañaba –que si algo le ocurre a Bella, de cualquier tipo, esta vez no saldrás indemne- tomó su chaqueta de donde la había dejado tirada en su arranque y salió de ahí.

Jasper afirmó y la siguió, tomando también su propia chamarra.

-yo no creo en tus buenas intenciones- la voz calmada de Emmett fue un contrapunto con lo ruidosa que había sido Rosalie -, tampoco creo que debas quedarte a cuidarla; pero no tengo otra opción. Por algún motivo, espero que la trates bien y seas lo suficientemente maduro como para hacerlo todo de forma correcta.

"No me importa lo que pienses de ella ahora o lo que pensaste antes pero, como te dije antes, esa mujer es lo único que me queda y si tratas de lastimarla de alguna forma, mientras ninguno de nosotros está… te juro que te haré ver tu suerte.

En ese momento los otros dos visitantes de Bella regresaron y Emmett volvió con ella.

Edward cerró los ojos con cansancio. ¿Qué estaba haciendo?

¿Qué carajos estaba haciendo?

Se preguntó por enésima vez, mientras se hacía a un lado para que la enfermera revisara los sueros y signos en las máquinas a las que Isabella estaba conectada; la mujer anotó todo en su registro y salió, dejándolos solos de nuevo.

Isabella la observó marchar y luego se volteó para verlo mejor.

La verdad era que no habían hablado mucho y no era precisamente porque ella no hiciera intentos, era sólo el hecho de que a Edward le resultaba bastante difícil y extraño entablar una conversación con una persona que había sido parte importante en su vida y, obviamente, ese pensamiento no era, ni de cerca, mutuo.

-mi bebé…- empezó de nuevo Isabella, en voz baja, mordiéndose los labios –todavía no tiene nombre, ¿sabes? He intentado pensar en algo… -bajó el rostro y desvió la mirada cuando notó que él parecía prestar atención sólo al televisor del cuarto –pero no me ha convencido ninguno… y me gustaría pensarlo ahora, porque como están las cosas, bien podría nacer mañana…- intentó sonreír, pero fue un esfuerzo pobre.

Habían pasado tres días desde que había llegado a Londres y en todo ese tiempo, la recuperación de Isabella le había parecido bastante lenta, por no decir que no alcanzaba a observarla de nada. A veces, como en ese momento, le parecía que estaba luchando contra algo demasiado fuerte como para que su organismo lo soportara pero, ¿sólo era un embarazo no?

Edward suspiró cuando ella volvió a rendirse y acurrucándose mejor en la cama, también se puso a ver la televisión.

-¿qué nombres te han gustado más?- soltó al final, rindiéndose al hecho de que no podría estar ahí por más tiempo sin hablarse de nada.

Isabella le miró sorprendida por un par de segundos.

-eh… quisiera que se llamara como su padre, quizá, si fuese niño…

-¿cuál era su nombre?- preguntó en voz baja, intentando recordar las ocasiones en que los amigos de ella lo habían mencionado.

-Jacob…- una sonrisa triste se instaló en el rostro de Isabella, acompañada de una mirada cargada de significado y sentimientos.

Edward se estremeció, preguntándose si alguna vez en el tiempo en el que ellos habían estado juntos ella le habría mirado de ese modo.

-¿Jacob?

Ella afirmó: -Jacob Black… - fijó su intensa mirada en él –mi mejor amigo.

-¿lo amaste?- por enésima vez, Edward se encontró preguntándole algo que no estaba seguro de querer saber; pero incapaz de detenerse de escuchar la respuesta.

Isabella se mordió el labio inferior y miró más allá de él, enfocándose en el recuerdo de su difunto esposo.

-creo que… amé a Jacob de una forma en que sólo le podía amar a él.

Edward afirmó, intentando entender el extraño código en el que parecía estar hablando. Pero también sintió su cuerpo estremecerse. Lo había amado, había unido su vida a él y habían iniciado una familia; aunque él no estuviese ahora, siempre estaría presente para ella.

-así que… Jacob, ¿eh?- volvió Edward al tema, intentando que su cerebro no fuese por caminos que no eran buenos para su salud mental -¿cuál más?

Isabella clavó sus ojos en él por un segundo y bajó la mirada a su regazo.

-bueno, pensé… siempre me gustó el nombre de Edward…- murmuró en voz tan baja que pareció, por un segundo, que se lo había imaginado. Edward la observó con la mirada llena de interrogantes, peor ella se limitó a continuar hablando –pero si es niña me gustaría Reneé o quizá otro, como Sophie. Creo que no estaría tan complicada si hubiese dejado a los doctores decirme el sexo del bebé, pero Jacob y yo habíamos decidido dejarlo hasta el final. Ninguno de nosotros imaginó que le quedaría tan poco tiempo…- la voz de Isabella se desvaneció con la última frase y se frenó de pronto, como si hubiese dicho algo que estaba de más.

-¿a qué te refieres con que no podían imaginar que le quedaba tan poco?

Los ojos de Isabella se ampliaron alarmados.

-no, a… nada… - sonrió un poco, de forma bastante nerviosa –nadie espera morir pronto, ¿no?-balbuceó y tomó el control del televisor –bueno, ¿quieres seguir viendo esta película? Creo que ya la había visto y el final no es tan bueno…

Edward entrecerró los ojos y removió esas palabras en su cabeza toda la hora que tenía de visita. ¿Qué se suponía que significaba ese ninguno de nosotros imaginó que le quedaría tan poco tiempo?

Cuando fue hora de irse, le mandó un mensaje de texto explicándole a Emmett que Bella permanecería hasta el día siguiente en el hospital y esperó su respuesta.

El teléfono sonó con una llamada entrante pocos minutos después.

-¿estás seguro que mañana le dan el alta?- ese fue el cordial saludo cuando respondió.

-sí, eso es lo que acaba de decirme el médico…

-no puedo viajar mañana, tengo que ir esta noche al concierto de Jennette y estar en la after-party, tengo que ver a algunos productores para hacer un trato con ellos y no hay modo de que consiga un vuelo para mañana.

Edward suspiró y se restregó el rostro con las manos mientras alcanzaba el automóvil y su chofer le abría la puerta.

-¿Rosalie?

-no…- escuchó un suspiró irritado –mañana abre una muestra en un museo y tiene que estar presente en la subasta de beneficencia, es de una de las organizaciones a las que apoya.

-¿Jasper?- quien sea, agregó para sus adentros, al ver que la suerte no estaba en la labor de liberarle.

-no, pasarela…

-bien…- su voz sonó apagada. No porque resultara una idea terrible lo que tenía en mente, es decir, era una buena idea… y tampoco era como si fuese a morir por proponerla, pero no creía posible estar de nuevo así con ella. Había sido agotador intentar ser indiferente a su presencia y todo lo que había significado en su vida –entonces la llevaré a mi piso, aquí en Londres.

-¡¿qué?- Emmett prácticamente chilló y Edward tuvo que alejarse el teléfono del oído para no quedar sordo.

-si ninguno de ustedes puede venir a recogerla, no creo que sea prudente que, en su estado, deba quedarse sola en su casa…- Edward cerró los ojos al darse cuenta de lo perfecto que era su argumento –así que se quedará conmigo, mientras ustedes pueden venir a por ella.

-¿estás hablando en serio, Cullen?- la duda quedaba más que palpable en cada una de las palabras de Emmett, eso y algo más: una enorme cantidad de recelo.

-no pretendo hacerle daño, McCarty, si eso es lo que te preocupa.

-honestamente, Cullen, no creo que ella sea capaz de dejarte acercártele tanto como para que hagas eso de nuevo.

-¿a qué te refieres?

-¿acaso ya olvidaste que la dejaste días antes de su boda?- Emmett soltó una carcajada carente de alegría –ella no.

Edward suspiró y arrugó la frente. Obviamente él no había olvidado ese hecho, había cambiado todos los planes que había hecho para el futuro gracias a ese pequeño acontecimiento. Y si, su intención principal había sido lastimarla, pero…

-las cosas no son iguales a cómo eran hace un año- explicó.

-¿en qué son diferentes, Cullen?- preguntó Emmett, lleno de escepticismo.

-Isabella decía amarme, para empezar, yo creía quererla en aquel entonces y… creo que lo más importante era que ninguno de nosotros nos conocíamos lo suficiente. Ahora ambos sabemos quiénes somos y, por eso, no queremos tener nada entre nosotros.

Emmett rió de nuevo, esta vez sí pareció imprimirle algo de humor.

-oh, Cullen, en ese tienes razón… ella no te conocía, ahora lo hace y no te dejará alcanzarla.

-entonces no tienes nada de qué preocuparte, porque yo no deseo alcanzarla a ella.

-bien. Estaré ahí tan pronto como pueda.

-perfecto.

Y la comunicación se cortó.

Edward negó con la cabeza. No había mentido, no quería nada con Isabella… creía. Volvió a marcar otro número de teléfono, uno que ya sabía de memoria.

-¿hola?

-hola, Esme- saludó Edward, con una sonrisa instalándose en su boca.

-¿cómo está todo en Londres?

-pues… por eso llamo, no volveré hasta dentro de algunos días más.

-¿por qué?- la voz tiñéndose de curiosidad.

-Isabella será dada de alta mañana y ninguno de sus amigos pueden recogerla. El doctor dijo que no puede permanecer sola, por seguridad suya y del bebé.

-y tú, siendo tan amable y buen samaritano, la vas a ayudar, ¿no?- Esme soltó una risita -¿de verdad, Edward?

-¿por qué lo haces parecer algo turbio cuando tu lo dices?

-porque no estás haciéndolo por ser una buena persona solamente…- Esme suspiró –cómo sea, no seré yo quien te diga lo mismo, de nuevo. ¿Sólo llamaste para avisarme eso? Estoy segura de que hay algo más.

-lo hay. Necesito pedirles un favor a Carlisle y a ti.

-¿qué pasa?- Esme pareció centrarse de nuevo en el hecho de que Edward casi nunca pedía ayuda.

-¿podrían investigar a un tal Jacob Black?

Esme calló algunos segundos y terminó por escucharla suspirar.

-¿quién es este Jacob?- como Edward no le respondió, Esme bufó y lo intentó de nuevo: -¿quién es ese Jacob, Edward? ¿Y por qué es tan importante?

-era el esposo de Isabella…- soltó al final, medio esperando que ella no le hubiese escuchado.

-¿el esposo muerto de Isabella? Entendí mal, o realmente, ¿realmente quieres que investiguemos sobre el esposo muerto de Isabella?

-otra vez, ¿por qué cuando tú lo dices suena tan malditamente turbio?- Edward refunfuñó entre dientes, mientras el automóvil entraba en el estacionamiento de su edificio.

-porque es turbio, por Dios, Edward, ¿para qué quieres hacerlo?

-no lo sé- dijo, ignorando la extraña urgencia que notaba en la voz de su amiga -, hoy Isabella dijo algo y… tengo el presentimiento de que es importante.

-¿por qué no se lo preguntas directamente? Sea lo que sea que quieras saber, es obvio que ella tiene la respuesta.

-Esme, honestamente, ¿crees que ella tiene muchas ganas de hablar conmigo?- Edward negaba con la cabeza, al atravesar el living hacia el ascensor y recibía algunos saludos por parte de algunos de sus vecinos y empleados –Seamos completamente honestos en ese punto, Esme, jamás volverá a existir la confianza que teníamos, yo no puedo confiar más en ella y desde que rompí nuestro compromiso como lo hice, supongo que ella tampoco tiene confianza en mí.

"Así que, aclarado el punto, queda suponer que cualquier cosa que yo desee saber sobre el hombre que fue su esposo, tendré que investigarla por mi propia cuenta.

-eso no me dice por qué motivo quieres hacerlo- Esme sonó más cansada que curiosa ahora, pero Edward no entendió el motivo.

-no lo sé… quizá tenga ganas de descubrir qué demonios tenía que fue capaz de lanzarse en sus brazos en cuanto la dejé.

-¡ah!- escuchó una pequeña risa entre dientes –eso es, eres masoquista. Acabas de descubrir una vena masoquista de la que carecías, bien.

-¿sabes? Estoy, realmente, cansado. Te llamó luego.

-está bien, Edward… te ayudaré.

-gracias.

-adiós.

Cuando Edward colgó ya estaba en mitad de su sala de estar, observó la vista de la ciudad desde el ventanal que ocupaba la mayor parte de la pared frente a él y suspiró.

Tal vez Esme tenía razón y eso daba explicación a todo su comportamiento de las últimas semanas, los por qué la cuidaba y estaba cerca de ella cuando sabía que no podría quererla de nuevo ni confiar; quizá era, simplemente, masoquista.


bn, regresé con nuevo capi, espero les guste mucho y lo disfruten así como yo disfruto traerles capis ^^

tmb espero ke vayan notando (kienes ya han leído mis fics saben mas o menos esto) ke no me gusta hacer personajes ke sean bueno o malos y ya, me gusta ke sean humanos y tengan matices, dudas, ke hagan cosas buenas y cosas malas, ke se confundan y... además, me gusta dejar con la duda a las personas, hasta el final, ke no sepan como va a terminar la historia hasta el último capitulo... espero poder lograrlo con esta historia y ke ustedes disfruten el trayecto...

agradezco ENORMEMENTE todos y cada uno de sus rws, alertas y favoritos... no tienen una idea de lo genial ke es llegar y verlos... me complementan el día y me hacen feliz *-* saben ke nos los contesto, xke no tengo casi nada de tiempo, pero los leo, lo juro cada uno de ellos :D

pronto subiré el epilogo de mi shor-fic "Mil vidas" para ke se pasen y lean (el comercial del capi :P )

las kiero horrores:

clarisee