Chics muchas gracias por sus comentarios n.n me alegra que esté gustando el fic y toda sugerencia es bienvenida.
Paso a colgar el capítulo 4... se viene el proceso... así que espero les guste n.n
Les mando un enorme saludo!!!!!!
P.D. Por lo general, en aquellas épocas una clase pintores se dedicaba a dibujar a las cortesanas más famosas y vendían ese arte en establecimientos, muchos adquirían ese tipo de mercancía... Son como un tipo 'poster' donde se encuentra el nombre de la cortesana, Oiran en el caso y la casa donde servía. A eso me refiero en la escena que Ichigo va a Shimabara.
Shamisen: Instrumento de 3 cuerdas, las cortesanas también estaban educadas en las artes.
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Capítulo IV
"Hatsukoi Shoujo"
[Primer Amor]
Una vez más su castaño jefe le había mandado llamar a sus recónditos escondites en los confines del distrito, Rukia de antemano sabía lo que iba a reprocharle, así que estaba preparada para refutarle todas sus palabras sin importar que, por ello llegó en silencio y de mala gana se sentó frente a frente el castaño, quien le dirigía una mirada severa, llena de incredulidad por los recientes hechos.
-"¿Qué fue lo que pasó?"- Preguntó Aizen sin más, permitiéndole a la morena darle las explicaciones correspondientes debido a su falla.
-"Se me escapó…"- Le mintió, aunque por la forma en que lo declaraba, parecía una verdad irrefutable.
-"¿Cómo que se te escapó?..."- Aunque le costaba asimilarlo, aparentemente había sido así, lo que más le enfurecía era que la pelinegra muy quitada de la pena le explicaba lo sucedido.
-"Lo siento… es muy hábil y sorpresivo… usó una bomba de humo para distraerme y lograr escapar… aunque sólo logré herirlo en el brazo y en parte del rostro…"- Volvió a mentir como una forma de escudarse bajo la realidad que la había llevado a perdonarle la vida, una realidad que irónica… ridícula quizás pero por más inquietante.
-"¡¡Debí mandar a Soi Fong!! ¡¡Maldita sea!!"- Enérgicamente el castaño gritaba y azotaba sus manos en la superficie de la mesita que los separaba, ya ni podía verla a los ojos, le daba tanto coraje que ella estuviese allí… sin decir, sin hacer, sin proponer nada…
-"Entonces despídeme… no tienes nada que perder…"- A tal idea Aizen la miró detenidamente, suplantarla por otra persona… no era lo más adecuado una vez estando muy bien trazados sus planes, ella era imagen clave… no podía hacerlo… sólo tendría que confiar… simplemente eso…
-"Continuaremos con el plan de inicio…"- La morena se sorprendió al oírlo, ella mejor que nadie sabía que en una operación nadie era indispensable pero ésta ocasión parecía no cumplirse tal regla, así que no le quedaba más que acceder y ejecutar las ordenes de su superior.
–"Sé que eres una mujer reservada pero debes de arriesgar para ganar… sedúcelo… será tu problema apoderarse de su confianza… será tu problema si te descubre y te taja el cuello"- Seducir… esa palabra escandalosa para ella misma y su profesión, ya había usado esa herramienta pero no era tan fácil de enfundarse en tal rol.
-"Haré lo que pueda…"- Fueron sus últimas palabras antes de salir de aquel escondite, las cosas estaban tomando un rumbo para nada agradable a su criterio, justo en esos momentos pensó que hubiese sido mejor haber liquidado al pelinaranja cuando tuvo la oportunidad en vez de dejarse llevar por la duda, las emociones y la curiosidad, aunque ya era bastante ridículo pensarlo y lamentase por ello.
… … o … …
La chica de cabellera marrón y ojos claros miraba al pelinaranja consternada, era de las únicas ocasiones en que podía contemplar el apacible rostro de muchacho sin sentirse apenada, sin que un rubor llegara a sus mejillas y las tiñeran de carmín. Había pasado dos noches seguidas en vela, desde que llegó herido del brazo y parte del rostro se dedicó a aliviar sus heridas y cuidarlo, era la persona más importante en su vida… le debía muchos favores… y sentía que ese era un momento perfecto para retribuírselo.
Escuchó un quejido por parte del muchacho, en alerta la pelimarrón se levantó de su asiento, y cuidadosamente quitó la tela que se encontraba en la frente del pelinaranja para cambiarla por otra, en el proceso fijó la vista en su rostro… sonrió ligeramente, el hecho de estar ahí, a su lado… cuidándole… le hacía feliz.
Dejó escapar un suspiro de sus labios, y su mano diestra fue en busca de la del muchacho, la sostuvo con delicadeza, como una forma de hacerle entender que estaba ahí… que siempre lo estaría… y nunca iba a dejarlo sólo.
-"Kurosaki-kun… eres lo que más quiero en éste mundo…"- Aprovechó para dejar sus confesiones suspendidas en el aire, sin siquiera saber si el chico le había escuchado, pero necesitaba sincerarse con él… hacerle entender que aquello que sentía era real, y quería entregarle su amor sin ninguna clase de recato, en espera de que le correspondiera.
Ichigo se removió entre sueños, frunció el ceño y la ligera fuerza existente en su cuerpo se vio canalizada al apretar la mano de la pelimarrón, quien sorprendida abrió de par en par sus ojuelos y miró el semblante del muchacho, quien aún en su letargo susurró el nombre de alguien.
-"Rukia…"-
Las pupilas de Orihime titilaron llenas de sorpresa, Rukia, ese nombre… no era precisamente el nombre de un varón, correspondía más al de una mujer… una que aparentemente Ichigo tenía muy en mente… ¿quién era ella y qué papel jugaba en la vida del pelinaranja?... esas eran la dudas que la asaltaban y cada suposición que se formulaba en la mente le hería el corazón y sus sentimientos… Ahora sus esperanzas de ser algo más estaban evaporándose… muy lentamente, empañando su dicha.
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Tres días más fluyeron rápidamente como las aguas de los ríos, en ese corto lapso la pelinegra se había mantenido con la guardia baja debido a que su objetivo pelinaranja no se había aparecido por la casa Tachibana, de hecho sabía que llevaría tiempo, pues tenía que recuperarse de las heridas que ella misma en la noche de hace algunos días le había provocado.
La esperaba era pesada, bastante fastidiada para su vitalidad, era una mujer muy activa y fácil de aburrirse, incluso había aceptado aprender a tocar el Shamisen como una forma de matar el tiempo, aunque muy en el fondo se preguntaba si ese chico de ojos almendrados se encontraba bien… pero era bastante orgullosa como para aceptar su naciente preocupación por alguien ajeno a su vida.
-"Rukia… deberías distraerte…. Llevas horas ahí, sin hacer nada"- Intervino Takao-san, sacando de sus cavilaciones a la morena quien le miró por segundos para regresar la mirada al cielo, el cual contemplaba desde el resguardo de su habitación, justo en el enorme ventanal.
-"Estoy ideando…"- Fue su respuesta sin pizca de altivez, ni de molestia, de hecho estaba muy serena.
-"Pues deja de 'idear' y sal a dar una vuelta…"- Le sugirió la dueña de la casa, en verdad estaba algo preocupada por ella, desde que había llegado de su misión la había encontrado inquieta, como si estuviese ausente de toda circunstancia, algo debió haberle pasado como para provocarle esa clase comportamiento.
-"Luego…"- Respondió la pelinegra sin más, de hecho si planeaba salir a distraerse un poco pero por el momento tendría que planificar… y tratar de hacer de lado su inquietud respecto a los sentimientos que el chico pelinaranja había declarado hace algunos días.
… … o … …
No pasaba del medio día, aunque las heridas no habían sido tan profundas y aunque no ponía en riesgo su vida, había tenido que guardar reposo por algunos días para poder recuperarse por completo y regresar a la rutina. El dolor se había aminorado gracias a lo ungüentos y otros medicinas naturistas, aunque la inquietud en la que su mente se encontraba no cesaba en su aquejo, su oponente le había perdonando la vida, y lo que mayor desconcierto le provocaba eran las inéditas razones… Aunado a ello y en otros aspectos de la vida se encontraba Rukia, la Oiran de la casa Tachibana… era increíble como sus palabras surtían un efecto dominó en su existencia, tanto que hablar de cuestiones del amor, un tema y factor que evitaba hablar y hacer parte de su vida, estaba considerándolo seriamente… Ella incluso había sugerido que se diera el tiempo y la oportunidad para amar…
-"Voy a salir…"- Dijo un Ichigo decidido mientras se levantaba de su asiento con dirección a las puertas del cuartel.
-"No vas a ningún lado… sigues débil…"- Le refutaba el pelirrojo interponiéndose en su camino.
-"Estoy mejor… así que quítate…"- De mala gana le pidió, pasando de largo al lado de Renji, quien se giró hacia él y nuevamente volvió a detenerlo.
-"No seas necio… tienes que recuperarte…"- Insistía el pelirrojo, privando su paso con su presencia, pero un terco pelinaranja se mantenía con la idea de no seguir encerrado en el cuartel.
-"Déjale ir… total… no le hará mal salir…"- Sentenció un hombre de cabellera blanquecina y semblante agradable, quien dado a su rango de Capitán intervino en permitir a que el pelinaranja saliera.
Renji no dijo nada, no estaba condiciones de refutar, así que no le quedó más opción que acceder, le dirigió una mirada a su amigo, quien simplemente enarcó la ceja.
-"No te preocupes, estaré bien"- Dijo Ichigo antes de partir, dándole al pelirrojo una ligeras palmadas en la espalda, era evidente su preocupación, era su mejor amigo.
Con una despedida hecha en ademanes, el pelinaranja salió del cuartel, con toda intención de despejar su mente y tener algo de quietud en su ajetreada vida.
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Por voluntad propia aunque siendo alentada por Takao-san, la pelinegra salió a recorrer las callejuelas de Shimabara, aún siendo de día, se veía mucha actividad en sus caminos, los comerciantes hacían de las suyas en sus establecimientos, algunos mujeres barrían sus antepatios, había uno que otro incauto que atraído por la reputación del distrito iba en busca de encontrar algún indicio de uno de sus placeres, pero había otro como el pelinaranja que había caminado hasta ese lugar con el fin de comprarle a esa mujer un pequeño detalle floral, el cual pretendía regalarle esa noche que iría a verla.
Con la mirada vivaz, buscaba en los establecimientos lo que le faltaba, ya había oído hablar de eso pero nunca se sintió atraído por adquirirlo hasta ese instante en que la añoranza le devolvió el recuerdo del perfecto rostro de la morena… la mujer de la que estaba enamorándose poco a poco… podría decir 'su primer amor'.
Notó un creciente grupo de hombres congregados en un establecimiento en particular, lleno de curiosidad se acercó hasta las puertas donde encontró precisamente lo que buscaba. Con ligereza se tamizó entre las personas hasta llegar a la parte frontal, y justo ante sus ojos se demandaba la imagen de aquella mujer, de la Oiran de la casa Tachibana, Rukia. Entre gritos y empujones se vendían al por mayor cientos de papeletas con el esbozo de la morena en tinta, no era exactamente igual pero si daba la ligera imagen de Rukia, Ichigo no podía creer lo popular que la pelinegra era, si le había tomado la palabra y por ende decidido a conquistarla iba a ser difícil por la cantidad exuberante de hombres que aparentemente también la pretendían.
Con toda discreción compró uno de aquellos impresos con la imagen de la morena, y con cautela se retiro de la algarabía, si bien, ya había logrado su objetivo así que callado emprendió su camino de regreso al cuartel, y aunque era mejor tener su presencia, volvió a observar la imagen… sonrió… esa mujer era la dueña de sus deseos… de sus ilusiones… incluso se estaba adentrando en su corazón… Esa clase de pensamientos eran por más extraño en su persona, nunca antes había tenido interés en alguna mujer… su vida era trabajo, honor, trabajo, honor… mucha monotonía en la mayoría de sus actividades pero desde que la vio… una nueva aspiración se sumó…
-"¡¡Idiota, fíjate por donde vas!!"- Escuchó que le gritó una mujer, sacándolo al instante de sus profundos pensamientos.
Ichigo se detuvo a mirar a la fémina que molesta le espetaba, pero a penas y sus ojos reconocieron ese rostro… ese par de ojuelos zafiro… su corazón comenzó a palpitar rápidamente, era imposible olvidarlos… así que perplejo continuó contemplándola.
Rukia también le reconoció, ese colorido cabello era inconfundible… había sido una enorme sorpresa encontrarlo en esos momentos, tanto que recordó al instante las palabras de unas de las cortesanas con las que convivía, ese hombre se estaba enamorando de ella... no pudo evitar ponerse nerviosa…
-"¿Qué haces aquí… tan temprano…?"- Le preguntó la morena tratando de encubrir su nerviosismo, mirándolo fijamente a los ojos, para sorpresa del chico quien al caer en cuenta que ella le recordaba sonrió apenado.
-"Ehh…"- Pasó la mirada a donde sostenía el papel con la imagen de la mujer frente suyo así como la hermosa flor, así que aún más apenado los escondió –"Vine de paseo…"-
-"Ahh…"- Rukia no pasó desapercibido aquel papel que el pelinaranja tenía oculto atrás de él y mucho menos la flor, pero no le tomó mucha importancia así que volvió a fijar su vista en la presencia del pelinaranja, eran muy evidentes sus heridas… -"¿Y que fue lo que te sucedió?"- Le preguntó a sabiendas de la realidad, siendo causante de esas contusiones.
-"Ahh tuve un altercado… nada grave"- Fue su explicación, aunque ella fuera hermosa y le gustara en demasía, aún no tenía confianza suficiente como para decirle la verdad, primero tenía que establecer un vínculo de confidencia.
Hubo un incómodo silencio, no había mucho que decir al respecto, Ichigo no le vio caso a esperar, así que sacó de su escondite aquella flor y la entregó a la morena.
-"Pensaba regalártela ésta noche pero…"- No supo más que decir, incluso sus mejillas se tiñeron de carmesí.
Rukia quedó asombrada, ante sus ojos estaba aquel detalle floral, era la primera vez que recibía un obsequio, un bella flor… la pelinegra lo miró fijamente, un extraño sentimiento la invadió, era una mezcla de emoción y alegría, así que tomó aquella detalle floral y le sonrió al pelinaranja.
-"Gracias…"- Se limitó a decir, ¿porqué se sentía tan extraña?...
Ichigo se sintió maravillado al ver la reacción de la morena, ese había sido un primer y favorable paso a sus intenciones, cosa que lo motivaba aún más.
Rukia nunca había coincidido en la idea de engañar al corazón de un hombre enamorado, y aunque sonara vil, aprovecharía la condición de su objetivo para lograr los objetivos planteados por Aizen, esperando que nada interviniera, cambiando su mundo y su forma de ver las cosas.
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