Capitulo 4

-Bella, que te estoy haciendo

-oh, me estas tocando

-¿Dónde?

-los pechos- respondió mi dulce Bella con la voz más ronca que le había oído.

-así- dije posando mis manos en los excitados pechos de Bella y apretándolos levemente.

-sí, así- dijo estremeciéndose de placer, esto solo me ínsito a mover mis pulgares de forma acompasada sobre sus excitados pezones, mientras mis dedos ejercían presión sobre sus pechos.

-ooooo- soltó Bella el aire que tenia contenido.

-más, más- pedía Bella entre jadeos, al darme cuenta que su blusa era ya una prisión para sus ya muy duros y erectos pechos, la rompí para liberarlos de su prisión.

Ver a Bella desnuda de la parte de arriba, solo hizo que mi apetito por ella aumentara, y sin más me lleve un de sus pechos a la boca, ganándome por parte de Bella un fuerte gemido de placer.

Chupaba, besaba, succionaba, pellizcaba y hasta mordía levemente los pechos de Bella, alternando entre unos y otro, ganándome por parte de Bella fuertes gemidos y que su excitación creciera más, daba gracias que Charlie no regresara sino hasta mañana por la tarde, sino ya nos hubiera descubierto debido a los fuertes y sensuales gemidos de mi Bella.

Yo quería más, más de Bella, quería saborearla más, así que deje sus pechos para besarla y Bella respondió dándome un beso cargado de pasión y lujuria, que sabían mejor que nada en el mundo.

Pero yo quería más, así que sin dejar de besarla dirigí mis manos a su cachetero ya más que mojados y se los retire casi salvajemente. El olor de su excitación era ya más fuerte y embriagante, sin resistir más deje los labios de Bella para besar ahora su intimidad.

En cuanto di el primer beso casto a su intimidad, Bella jadeo más sonoramente que antes y dejo salir todo el aire que una vez más, había contenido.

Lentamente separe un poco sus piernas para tener mejor acceso a su intimidad y comencé a besarla.

El sabor están bueno y difícil de describir que quería todo lo que había en Bella. Mi lengua empezó a recorrer cada pliegue de Bella, mientras ella gemía y gemía sin parar, esa era la mejor música para mis oídos.

-más, más- era lo único que Bella atinaba a decir, entre gemido y gemido, tuve que sostener sus caderas para que no se moviera tanto y así evitar accidentes.

Porque este momento lo quería alargar lo más posible.