Robb se empezó a mover más fuerte sobre ella mientras escondía la cara contra su cuello. "...Sansa..." suspiró al sentir que ella cooperaba deliciosamente, lo abrazaba y abría sus piernas para él, moviendo sus caderas para poder sentirlo más mientras se lo restregaba contra sus labios vaginales abiertos. Pegó un gemido alto por su inexperiencia y le cubrió la boca con una mano, lo último que querría era despertar a alguien y que sus padres se dieran cuenta lo que le había estado enseñando.
Tristemente estaban de vuelta en Invernalia, en la habitación de ella y debían de ser cuidadosos.
La doncella que le curaba su pureza en el momento se encontraba entre piernada con Theon.
"¿Te gusta?" le preguntó, parando por unos momentos.
"Me encanta." Le contestó asiéndolo de la espalda y levantando la cabeza para poder besarlo.
Era fricción, no penetración lo que compartían en el momento.
Hacía unos días y mientras huían por tierras extranjeras se había despertado abrazando a Sansa y con una erección, no le tomó mucho recordar los eventos de la noche anterior; él seduciéndola, jugando con su inocencia, ella invitándolo a que la tocara entre las piernas, su primera corrida juntos. Sin vergüenza acercó su poya al culito de ella y suavemente y como pudo se empezó a frotar contra sus nalgas mientras la despertaba. Después de unos minutos por fin la sintió moviéndose y despertándose.
Sansa se sorprendió por lo que pasaba y su instinto era saltar del colchón más no sabía porque no lo hacía. Recordaba lo sucedido la noche anterior, cuando sintió la mano de él apretándola un poco más duro de las caderas lo volteó a mirar por sobre su hombro, él acercándose a besarla y con ese beso sus dudas desaparecieron. Lo sintió metiendo su mano entre sus piernas, apretándole el muslo y haciéndole separar una de sus piernas, lo dejó, dándole accesibilidad para que la volviera a tocar, más él no la tocó donde la había tocado la noche anterior, y en vez de eso lo sintió inclinando las caderas y agachándose un poco, el pene enorme de él moviéndose entre sus piernas desde atrás.
Robb le empezó a besar el cuello, "Cógelo con tu mano, has presión con tu mano y haz que la cabeza toque tu pepita cuando empuje hacia adelante." La instruyó y así sucedió.
Sansa llevó su mano entre sus piernas y le cogió la polla mientras el seguía rozándole y rozándola, ella con cada empujón moviendo sus caderas para cambiar el modo en qe se rozaban y empezarse a sentir mejor, "Robb...Oh, Robb, Robb."
Nunca había hecho esto más descubrió que aquello no fue tan bueno como lo había creído, sin advertirla los giró y continuó rozándose entre sus nalgas como lo había hecho cuando la despertó. Después de unos momentos recordando el placer de ella e introduciendo su mano entre el colchón y ella, acariciándole el clítoris. En momentos ambos estaban demasiado emocionados, ella llevando su culito hacia atrás y quejándose, él restregándose contra ella y maravillándose ante la humedad que sentía en su mano. "Te mojas bastante." Le susurró más ella no contestó. "Me gusta." Se dijo, por un momento pasándosele por la mente que no le había dado una buena mirada a su coñito y decidió hacerlo cuando acabara.
De repente sintieron un movimiento afuera de la edificación y cada uno brinco al otro lado, ella cubriéndose con una cobija raída y él pidiendo una espera mientras se vestía rápidamente, y mientras se ponía los pantalones notó que con el susto había perdido su erección, así mejor. Sacó la cabeza e inmediatamente salió de la tienda al reconocer a los hombres de su padre, "¿Es seguro?" preguntó sorprendido. No quería pensar que tanto ellos habrían oído o si podían oler el aroma a sexo en él.
"Señor, su padre envió por ustedes." Le dijo caballero y le empezó a explicar que estaban en grave peligro acá afuera que en el castillo. Rápidamente asintió y entró de nuevo. Sansa estaba vestida y obviamente asustada, "¿lista?" Le preguntó mientras le daba un abrazo para desinquietarla.
Ella asintió nerviosa y con la ayuda de los empleados recogieron todo, y poco después estaban cabalgando de nuevo hacia Invernalia.
Eran seis sirvientes a caballo y Robb compartía uno con Sansa. En el momento mientras cabalgaban a toda velocidad le era indiferente estar cerca de ella pues era más el susto, a cada rato miraba hacia atrás estudiando no ir a ser seguidos.
Horas después y ya en terreno más familiar vio que ella se movía incómodamente en el caballo y acercó su cara a su oído y le preguntó qué sucedía, ella miró hacia atrás y sacudió la cabeza.
La verdad era que el asiento del caballo y la velocidad en la que iban estaba haciendo que le doliera la vagina, además se estaba empezando a sentir bien parecido a lo que él le había hecho sentir la noche anterior. No sabía si asustarse, frotarse más o apretar a Robb para que no la dejara caer. En un momento sintió que él se aproximó más pero no pareció saber lo que ella sentía.
Cuando llegaron a casa sus padres los recibieron a abrazos y besos viendo que estaban bien. Los alimentaron y su padre llamó a Robb y no los volvió a ver, ella se quedó con su madre un rato mientras le arreglaban una tina para tomarse un baño. No lo dijo, pero se sentía demasiado suave y mojado allá abajo que hasta la incomodaba.
No sabía ahora que pasaría con ella y Robb.
Toda la tarde se la pasó pensando en él y lo que había pasado la noche anterior y lo que casi pasaba esa mañana, cada vez se sentía más agitada al recordar todas las emociones y palabas que se habían dicho, los besos.
Quería repetir, se le partiría el corazón si no volvía a pasar.
Tarde en la noche y cuando su reunión con su padre y los guardias del castillo había acabado Robb tuvo algo de comer y volvió a su habitación a tomar un baño. Al desvestirse recordó una vez más a Sansa y como los habían interrumpido esa mañana, le dieron ganas de irla a buscar, pero era peligroso, los sirvientes o sus padres se podrían dar cuenta de lo que sucedía, ¿y entonces que pasaría?
No se detendría, no podía hacerlo tras haber visto hasta donde ella lo había dejado llegar. Tendrían que ser cuidadosos. Tras tratar de conciliar el sueño por varias horas y no poder se levantó cuidadosamente. Jon roncando y ya Theon le había dicho que se iba a ir a coger a la doncella de Sansa así que tenía el camino libre. Theon no solía llegar antes del amanecer cuando estaba con esa mujer.
Dudando en medio de la madrugada y de la obscuridad entro en la habitación de ella y se sentó en su cama. No aguantándose haló su cobija poco a poco, silenciosamente se despojó de su propia ropa y en el momento en que terminaba la vio despertándose. En sus ojos vio que se asustó para luego reconocerlo, él se aproximó ya empalmado y en cuanto se sentó ella también lo hizo, buscando su boca mientras ponía una mano sobre sus costillas desnudas y lo acariciaba. "No podía dejar de pensar en ti en esa reunión, Sansa." Le dijo entre besos y apretándole un seno sobre la bata. De inmediato sus manos pasando a los cordones del vestido para desamarrárselo.
"Ah, yo tampoco, todo el día he pensado en ti." Le admitió, ayudándose a bajar la batola hasta los hombros, descubriendo sus senos para él. Más no se los besó.
"En mi, ¿en que forma?" le preguntó sonriéndole, descaradamente. Ella lo tomó de la nuca y lo fue a besar pero la detuvo, "en que forma?" volvió a preguntar, tomándose la poya en la mano y empezando a masajearse.
Ella posó su vista en su mano y en el miembro y se lamió los labios, vio que el pene de Robb latió sólo y eso la emocionó más, se sonrió apenada, "…Los dos haciendo las cosas de anoche."
Le colocó una mano sobre una tética, "¿Te gustó lo que te hice anoche?"
"Sabes que sí, tonto."
"¿Me dejarás hacerte cositas cuando yo quiera?" Ella le asintió remojándose los labios y apenada. Le tocó las caderas, "Bien. Levanta las caderas," le pidió para sacarle la batola junto con sus calzones en un solo movimiento.
"Hoy no vamos a hacer lo mismo de anoche. Igual tenemos que ser mas cuidadosos aquí. ¿Sabes eso verdad?" le preguntó dejando la ropa en el piso y estudiando su desnudez.
"No vamos a hacer lo mismo?" le preguntó sintiéndose desanimada, se acostó mientras veía que él se le acercaba para acostársele a un lado.
Llevó su mano hasta su coñito y ella dio un respingo mientras se lo empezaba a rozar suavemente, tan suave que ella solo sentía cosquillas y nada más, la sintió levantando sus caderas para que aplicara más presión y recibió la palma de su mano en su coño mientras fuertemente él la asía, ella gimió bajamente y empezó a mover las caderas buscando eso que todo el día había querido.
Robb estudió que tan fácil estaba siendo convencerla, sin más estudió su reacción cuando le abrió las piernas y se acomodó entre estas, apoyando su pecho contra ella y el colchón. "¿Estoy muy pesado?"
"Un poquito, pero se siente bien."
Le sonrió, levantándose un poco y tomándose la poya en la mano y dándole golpesitos con esta en su monte de venus, "¿y esto?" la vio mirándolo apenada y se detuvo. "Hay muchas más cosas que podemos hacer, no tantas, pero también se sienten bien." Le explicó.
"¿No me lo vas a meter, cierto?" le pregunto mientras una deliciosa corriente paso por ella en cuanto él le abrió los labios y apoyó su poya contra estos, moviéndose lentamente de atrás hacia adelante, con miedo y todo ella empezó a moverse con él.
"No." Le abrió aún mas las piernas y se aseguró que su pene quedara entre sus labios vaginales y que cada vez que él se moviera se rozara con su clítoris. Al sentirla mover las caderas en respuesta y moverse con él supo que había hecho bien en venir a buscarla.
"Robb…" le dijo buscando la boca de él y moviendo su coño en contra de su polla. "No quiero que esto se acabe nunca." Susurró colocándole las manos en los costados para poder ayudarlo a moverse mejor.
El aumento el ritmo "Yo tampoco hermanita."
"Ahhh! Ah! Ahhhh!"
El respiraba contra el cuello de ella mientras ella gemía eróticamente contra su cuello, "Shhh, más bajo despertaras a alguien."
"Perdón." Dijo avergonzada, y después. "Es que quiero que te muevas más rápido. La sensación rica está comenzando."
"Paciencia, Sansa." Le dijo burlándose. Después de unos momentos siguió una a una sus indicaciones. Más rápido, más lento, mueve las caderas circularmente. Estoy tan mojada que suena chistoso. ¿Suena chistoso verdad? Ya después entre más a ella le gustaba menos hablaba pero sus quejidos tampoco eran bajos, y no importaba cuan erótico sonara le tapó la boca.
