Los vampiros nunca te lastimarán
Así era, no como Tom había dicho que sería, pero la vida le iba fácil la mayor parte del tiempo; sin amor, ni gloria, ni un héroe en su cielo. Ginevra no podía quitarle los ojos de encima.
Advertencias: Cierto contenido homosexual (así como hetero), temas oscuros, parejas indefinidas y demás linduras. Meimi no se responsabiliza por las consecuencias de la lectura prolongada.
Disclaimer: "¿Adivinan? Los personajes no me pertenecen,a excepción de los vampiros. La historia se hace sin fines de lucro, sólo para entretenimiento y desgaste moral del público (y la autora)".
"La mala manera"
"Una verdad al final del tiempo: perder la fe resulta un crimen"
Sleeping Sun—Nightwish
— ¡Ginevra!—gritó una voz tras de ella. La pelirroja se giró lentamente, hastiada.
— ¿Qué quieres, Draco?—preguntó con tranquilidad. El rubio llegó corriendo hasta donde ella estaba y arrugó la nariz en asco al ver su estado.
— Toma—produjo un pañuelo de entre sus túnicas— aquí. Límpiate, por Merlín.
Ginevra tomó la prenda, presumiblemente de seda, para tallarse la cara con ella. Sabía que estaba salpicada de sangre y algunos otros fluidos corporales nada relacionados con cosas agradables; pero la verdad no le importaba demasiado.
— Ya, mamá¿Querías algo más?—arqueó una ceja.
— Sí¿Dónde está tu grupo turístico?—preguntó él, refiriéndose a los vampiros. La pelirroja se tensó.
— Por ahí, supongo que cenándose a alguien—respondió cortantemente.
— Vaya, vaya… ¿Se te acabó el amor con el tal Lucien?—preguntó, aparentemente feliz. ¿Quién había transformado a Malfoy en un niño de cinco años?
— Nunca hubo amor ahí—Ginevra hizo una pausa, pensando en ambos pelinegros— Bastardo—susurró.
— Sí, yo también te quiero—contestó Malfoy, creyendo que le hablaba a él— El Lord me mandó a que te ayudara a revisar.
Ginevra suspiró. Estaba en el Ministerio, completamente adentro donde no había batalla alguna con la misión de eliminar a cuanto auror y/o mago se encontrara en su camino. El Lord quería tomar las instalaciones y ahora parecía que la misión sería compartida.
Casi podía decir que era mejor a estar sola con sus recuerdos.
— De acuerdo—contestó y, tras pensarlo un rato, añadió— ¿Tú tampoco has visto a Lucien?
Ambos reanudaron el paso, revisando cada puerta en los corredores.
El rubio negó con la cabeza un momento después, en respuesta a su pregunta— Los vampiros tomaron a todos los ministros junto con el Lord, aunque los aurores derribaron a algunos. No me había dado cuenta de que fuese un plan tan bueno; esos engendros intimidan como pocas criaturas pueden hacerlo y los mortífagos van bien organizados detrás para cuidarles de los malditos aurores…
Ginevra asintió, ella ya sabía eso. Aunque no podía presumir mucho, se acababa de enterar también— Aún así han caído muchos de los nuestros… ¿Estamos ganando?—preguntó, refiriéndose sólo a medias a la situación actual.
— Definitivamente—contestó él— los nuestros no han sido ni la mitad de los suyos…
Ginevra sonrió, asintiendo con la cabeza.
Media hora después y sólo un asesinato más tarde, ya sostenían una conversación fluida.
— Realmente me parece estúpido¿Cómo es que los magos más importantes del mundo se juntan en un pequeño edificio que puede ser fácilmente explotado?.. Más aún sabiendo que el Lord está ahí afuera…—Draco parecía pensar en voz alta, por el tono de su voz.
Ginevra se encogió de hombros— Los hombres—sonrió burlonamente— tienen demasiado grande el ego, creen que nada los puede dañar…
Draco ladeó la cabeza, provocando que el flequillo rubio cayera sobre sus ojos. Recordaba una vez en que Pansy había dicho algo parecido.
"Los hombres siempre creen que son invencibles, es el ego. Pero la caída es dura y la realidad nunca llega suavemente. Ya verás" Su esposa entonces había sonreído, retomando la lectura que hasta que él interrumpiese había llevado. Y dejándolo a él con la satisfacción de que, entonces, los negocios marcharían bien.
O eso creía su esposa.
— No era nada personal, Malfoy—la voz de la pelirroja lo sacó de su ensimismamiento— es sólo una generalidad y no siempre es así…
Vaya, eso sonaba casi como una disculpa. Casi.
Draco rió, ligera pero genuinamente divertido. Haciendo un ademán, logró que la pelirroja callara.
— Está bien—le dijo— no era eso. Es sólo que… —calló, dándose cuenta por primera vez de lo que estaba a punto de decir.
— ¿Qué cosa?—preguntó ella, girándose. Ya habían revisado cada rincón del ministerio y sólo les quedaba la sala de juntas del Ministro; donde sabían estaba el Lord y lo que quedaba del contingente.
Negó con la cabeza— Pansy dijo algo muy parecido una vez… —murmuró, sintiéndose avergonzado de pronto. Era estúpido decir eso.
Y la pelirroja, sintiendo su incomodad, decidió ayudarle a salir del paso por alguna extraña razón que no llegaba a comprender.
— ¡Malfoy!—fingió un tono escandalizado— No me digas que me parezco a tu esposa, porque entonces sí que voy y me corto las venas con una espátula…
Arqueando una ceja, la miró de arriba abajo antes de negar con la cabeza— No, Weasley querida—sonrió ferozmente— Jamás tendrías la clase ni el porte de Pansy…
Las mejillas de ella se colorearon con rabia—¿Ah sí?...—acomodó la larga cortina de cabello como de fuego tras su hombro— Pues déjame decirte que no es ella quien gana los cumplidos del Lord, ni tú ciertamente, para todo lo que importa…
Ya era mucho para la atmósfera amigable.
Entonces así era como el sueño se derrumbaba.
Lucien apretó a su ángel contra el pecho, diecinueve años de sueño utópico le sabían a instante fugaz; pero claro, para él el tiempo corría diferente. Para todos los que tenían la eternidad al alcance de la mano, realmente.
Su ángel le miraba inquisitivamente y no era la primera vez. De hecho, conforme pasaba el tiempo su dulce amante se iba convirtiendo cada vez más en uno de ellos.
"¿Ellos¿Nosotros¿Acaso hay alguna diferencia?" pensó.
Cada vez hacía más preguntas. Quién era, quién había sido antes de ser él, de dónde venía, por qué no recordaba nada de su vida mortal.
Y justo ahora había tenido de que toparse con una mortífaga ex-amante, enamorada, novia de la infancia… ¿A quién demonios le importaba?
— Ella tenía razón¿Verdad?—preguntó él, increíblemente ajeno a la batalla que se desataba en torno a ellos.
Siempre lo hacía. Sin importar la circunstancia, si Ángel quería algo lo demás pasaba a otro plano en la existencia. Casi literalmente.
Lucien asintió con la cabeza.
— ¿Y cuándo pensabas decírmelo, Lucien querido?—preguntó entonces, entornando los ojos y haciendo una perfecta imitación de Claire en el apelativo.
— La verdad no pensaba hacerlo—contestó Lucien. ¿Qué sentido tenía mentir?
El chico resopló— Me trajiste al lugar de donde me robaste—sonrisa amarga. Dios¿Acaso iba a ser odiado ahora?— porque eso fue lo que hiciste… ¿Y esperabas que no me enterara?—gruñó— ni tú puedes ser tan estúpido…
Lucien giró la mirada. No quería ver el reproche en aquellas orbes verdes.
— Yo no te robe, Ángel—suspiró— tú querías morir… sabes cómo cazo… y una noche estaba atrayendo víctimas cuando de pronto tú apareciste. Supe que eras especial en cuanto posé mis ojos en ti—cerró los ojos, reviviendo la fuerza del recuerdo— tan pequeño, tan triste… Dios, tan poderoso y ni siquiera lo sabías…
Ángel apretó la mandíbula.
— Entonces ¿Cómo es que esa mortal dice que me tenían por muerto? Debí haber tenido una familia para que me extrañaran así… ¡Una familia, Lucien!—chilló histéricamente— Ella fue mi amante, pude leerlo en su mente… pero no recuerdo nada… ¡No puedo!—gruesas lágrimas de sangre comenzaron a brotar de sus ojos— ¿Por qué?—susurró quebradamente.
Fue entonces cuando Lucien comprendió el trastorno emocional que estaba sufriendo su amante.
Caminó hasta donde él estaba parado, envolviéndolo en un abrazo que esperaba fuera reconfortante. Junto a ellos había una puerta, así que sin dudar ni un momento la abrió y se introdujeron en lo que parecía ser una oficina de algún tipo.
— Mira—suspiró una vez estuvieron adentro— no sabría decirte por qué no puedes recordar. Eso es algo que tú mismo te hiciste, y no me mires así—El ojiverde desvió la mirada, avergonzado— que siempre has tenido poderes que no conoces y mucho menos comprendes….
Negó con la cabeza— Pero no tiene sentido, quiero recordar mi vida mortal. Todos la pueden recordar, antes de ser mordidos hubo alguna historia… lo que sea… pero en mí no hay nada… ¿No entiendes?—preguntó, en un estrangulado sollozo— es como si hubiera nacido la noche en que desperté en tus brazos…
Entonces fue el turno de Lucien para desviar su mirada, avergonzado. Sabía que el asunto en parte era su culpa…
— No recuerdo la luz del sol, ni cómo se ven los amaneceres—continuó el chico— no recuerdo más cariño que el tuyo, y ese siempre ha estado veteado de otros sentimientos que no son saludables. No sé si tuve una familia, el cariño de una madre y un padre, quizá algunos hermanos… amigos…—sollozó— Y de pronto aparece esa chica… ¿Sabes lo que le hiciste¿Sabes lo cerca que estuvo de perder la cordura? No sé a qué estás jugando… —calló de pronto.
… Porque si él no hubiera deseado tanto a esa suculenta criatura que quería morir en aquella noche de verano, si no la hubiera levantado después del salto mortal desde aquel segundo piso, si no hubiera sido tan egoístamente ambicioso entonces nada de esto estaría sucediendo entonces. Porque lo único que aquel Harry quería era morir, morir para desvanecer en la eternidad los recuerdos de cualquier cosa horrible que le hubiera pasado.
Y él le había dado la muerte, junto con la eternidad. Suponía entonces que el propio Harry se había otorgado el olvido, pero ninguna magia dura para siempre. ¿Qué más podía decirle?
— Yo no sabía que ella había conocido a tu yo mortal—murmuró Lucien, tomando el frío en los ojos de Ángel por resentimiento en contra de lo que le había pasado a Ginevra.
— No te creo, Lucien—sentenció el vampiro con voz de hierro— tú siempre has sido el mejor lector de mentes humanas¿No? Con eso de que sólo matas a quienes desean morir—se rió sarcásticamente— El amor de esa chica por el chico que fui la destruyó, de una u otra forma… y no me digas que no te habías dado cuenta porque tampoco te voy a creer—ladeó la cabeza— Como te decía, Lucien querido, no sé a que estás jugando…
— Por Dios, Ángel, yo no…—Lucien calló cuando Ángel levantó una mano.
— Nada de "Ángel"—formó las comillas con sus dedos— Es Harry, o eso parece¿No?—otra vez la risa sarcástica¿Quién se había llevado a su cielo?— Y no me importa lo que sea que pretendas hacer, pero conmigo no vas contar—resopló— De hecho, estoy dudando que me vuelvas a ver…
— No estás hablando en serio—dijo Lucien, perdiendo todo color (o lo que podía llamarse color en un vampiro) de la cara.
— ¿Ah no?—se rió— ¿Quieres probarme?
— Por Dios, Ángel…—calló al ver la expresión iracunda en el rostro de su amado— Harry—corrigió— No me puedes dejar… ¿Crees que puedes sobrevivir solo? No sabes cazar sin compañía…
Para su sorpresa, Harry asintió— Sí, de hecho no sé. Nunca me enseñaste, valiente seguro para atarme a ti¿No?—se encogió de hombros— pero no importa. Puedo conseguirme otra compañía—sonrió pronunciadamente, sabiendo que lo mataba de celos— Ferio siempre ha sido muy amable conmigo, si no es él no dudo que pueda ayudarme a encontrar a alguien…
Lo había perdido… y por culpa de una estupidez.
— Como gustes—le contestó fríamente, tratando de defender su orgullo herido— Cambia todo lo que queremos por una estúpida mortal que alguna vez quiso a quien alguna vez fuiste… adelante, sólo tú podías ser tan idiota….
Harry asintió, luciendo totalmente como se veía aquella noche cuando lo había levantado del inclementemente duro suelo; sin la sangre manando de sus fosas nasales y bastante más consciente de lo que había estado aquella vez, pero la expresión era totalmente la misma. Completa y total resignación a un futuro incierto.
Lucien se preguntaba cómo podía hacerlo, él mismo jamás había sido capaz de sólo asentir y esperar el final. Nunca. Vivo, muerto o en algún punto intermedio la resignación no formaba parte de su vocabulario.
— Eso estoy haciendo, Lucien. Cambio todo el maravilloso sueño erótico prefabricado que me has hecho vivir por el hoyo negro que es mi pasado y prefiero mil veces la maldita nada a tener que seguir pretendiendo una jodida sonrisa cuando me tocas… ¿Y sabes por qué?...—jamás había visto la mirada color esmeralda tan encendida— ¡Porque te odio, maldita sea¡Me das asco¿Por qué demonios, maldito vampiro entrometido de mierda, no podías haberme dejado morir¿O es que acaso eres taaaan superior, Oh Lucien rey de los jodidos vampiros, que podías quitarme mi puto derecho a suicidarme?
La verdad era que Harry no se esperaba la bofetada que le volteó la cara completamente, pero no por ello iba a descolocarse.
— No me voy a disculpar por eso—dijo Lucien, y fue allí cuando cayó en cuenta de lo mucho que había hecho enojar al que se hacía llamar su amante. Y quizá el impacto emocional de ese descubrimiento fue mayor que el de haber sido golpeado— pero tengo algo para ti…
Lucien revolvió todos los bolsillos de su atuendo, hasta dar con un pequeño trozo de papel. Lo tomó en su diestra y se lo ofreció a Harry, quien lo tomó dubitativo.
El papel se veía viejo, arrugado, doblado sin ninguna precaución.
— Aquella noche cuando di contigo lo único que había en tu mente era la idea de morir, pero pedías perdón a una sarta de personas que repetías como si fuera un cántico; sin que la línea hiciera eco en tu mente. La anoté para ti, por si algún día resultaba útil… y la he cargado conmigo desde entonces—acabó, girándose y saliendo de la oficina.
Harry abrió entonces el papel, reconociendo de inmediato la letra de Lucien.
"Sirius Cedric Remus Ginny Ron Hermione Mamá Papá Ginny Sirius Hermione Ron Remus Cedric…." La lista se repetía una y otra vez, sin comas ni ninguna clase de puntuación u orden.
¿Pedir perdón…? Quizás a su familia.
Repasó con el dedo los nombres. Nada le sonaba familiar… quizás aquella chica pelirroja fuera Hermione o Ginny; pero sólo quizás.
Y fue entonces cuando comprendió que de ahora en adelante estaría sumergido en un gigantesco y estúpido mundo de nada.
Claire le sonrió a Ginevra, mostrando un poco los antinaturales colmillos, mientras el más joven de los Jansen le echaba un brazo por la cintura. La rubia parecía encantada.
Ginevra negó con la cabeza, todo mundo parecía estar en algún estado de embriaguez ya fuese inducida por alcohol o por lujuria. Ella ya había estado antes en celebraciones mortífagas, pero ninguna como esta.
Aunque claro, nunca antes habían estado celebrando la victoria total sobre el mundo mágico.
Entró al amplio salón de baile, que sólo por esos instantes se estaba utilizando para lo que había sido construido, con la meta de ahogarse en sustancias etílicas y, aunque jamás lo admitiría en público, olvidar que acababa de descubrir lo que había sido de Harry.
Dedicó unos breves segundos a pensar en dónde se encontraría el vampiro ("Sí, Ginevra, Vampiro. Criatura No-Viva, así en mayúscula inicial y como que jamás existió" le habló una vocecita en su cabeza) antes de abofetearse mentalmente y producirse un whiskey de fuego.
Lo tomó de un trago, disfrutando de una manera algo masoquista la sensación abrasante en su garganta.
Media hora después ya estaba enzarzada en una competencia de ver quién bebe más con otros dos mortífagos. Pero Ginny, la ya no tan pequeña Ginny, les llevaba la ventaja. Ella era la única que realmente quería beber como si no hubiera un mañana; es más, no sólo lo quería.
Lo necesitaba.
Ethan, el simpático y maravilloso Ethan, vomitó y cayó desmayado en el piso. A Ginevra le sorprendió un poco, porque Ethan siempre había sido muy bueno para beber; usualmente era él el que acababa recordándole a todos las estupideces que habían hecho estando ebrios.
De cualquier forma, iba a ganar. Mucho más iba a ganar (o… no así… más quería ganar… tampoco… ¿Más tenía? No… ¿Más ganaba?... ¡Bah! Como fuera) ahora que sólo quedaba Blaise Zabini, el maldito ego andante, no iba a dejarse derrotar tan fácilmente.
Eso como que se llemaba, no; llameba… uh… ¡Llamaba! Ginevra M. Weasley…
¿Y la M. de qué era?...
¡Ah sí! Molly…
Pues eso, que no iba a perder.
…
…
…
Blaise Zabini cayó al suelo con un ruido sordo, mientras Ginevra se empinaba otro trago de… ese líquido… que no sabía que era, pero se sentía como millones de agujas raspándote la garganta cuando bajaba por ella.
Todo el corro de personas a su alrededor la vitoreó. Sonrió débilmente, si tan sólo los conociera les agradecería.
— Um… Weasley—la llamó alguien a su izquierda, giró la cabeza para encontrarse con un gracioso elefante rosa— El Lord te llama
Se rió tontamente.
— Es en serio, Weasley—habló el elefante, parecía que se estaba desesperando. Pobrecillo. Siendo rosa, nadie te podía tomar muy en serio¿No?— Está en las mazmorras…
— 'ta ueno… ia voy—contestó, levantándose.
Uy¿Cuándo se había subido a la montaña rusa?
Al menos lo había logrado, estaba total y completamente alcoholizada. Bien, ahora a concentrarse en lo importante.
Caminar.
Un pie tras otro, despacio, el mundo no está dando vueltas. La que da vueltas es tu cabeza. Sí, despacio, un pie luego el otro. Hacia las mazmorras, abajo; había estado ahí miles de veces, sería pan comido llegar.
…
…
…
O quizá no, reconoció cuando tuvo que agarrarse de la pared para evitar caer. Despacio, con calma. La pared no se iba a ir a ningún lado, palpó y siguió andando… pronto llegaría y todo estaría acabado.
Si lograba despegar su trasero del suelo, por supuesto, se frotó la zona afectada por el golpe mientras se levantaba; cosa que la hizo volver a caer.
¿Y si sólo se arrastraba hacia las mazmorras? Así ya no podría caerse…
Estaba a punto de probar su maravillosa y genial idea, cuando sintió que alguien la jalaba del brazo.
— ¿Estás bien?—preguntó el que la había jalado.
Y para su genial suerte era nadie más y nadie menos que Harry Jodido Potter (No, la vocecita difusa y lejana en su cabeza que le gritaba algo sobre un tal James no estaba bien. Estaba loca, había que llevarla a un psiquiátrico).
Se soltó riendo, cual colegiala, hasta que le dolió el estómago y lágrimas brotaron de sus ojos.
— Sí—contestó al final— sólo me caí
El Jodido la miró frunciendo el ceño.
Qué curioso, ella creía que los vampiros no se podían arrugar. Con eso de que eran el epío… epáto… épito… ipatemo… ¡Epítome! De la belleza plástica.
Quizás sólo estaba imaginando cosas, después de todo estaba ahogada de borracha.
— Estás ebria—comentó él después de un largo silencio.
— ¡Duh!—se rió, remarcando lo obvio— Eso pasa cuando te bebes… uh… bah, perdí la cuenta, pero fue mucho… De cualquier modo¿Qué rayos haces aquí?—fue su turno de fruncir el ceño, recordando la conversación que había tenido con Lucien no hacía ni dos horas— Lucien dijo que te habías marchado…
El vampiro suspiró— Sí, pero tenía que hablar contigo… cosa que parece tendrá que esperar… ¿Ibas a algún lado?
Ginevra asintió— Mazmorras. El Lord me llama.
Jodido arqueó las cejas— Dudo que puedas llegar muy lejos así—se rió suavemente— ven, te llevo… ¿Cómo dijiste que te llamabas?
— Ginevra, tonto—gruñó, pero dejó que el vampiro la tomara del codo y emprendiera la marcha. Era bueno tener algo para apoyarse.
— Ginevra… Ginevra… ¿Ginny, quizás?—preguntó él.
— Antes…—tropezó con sus pies.
— Cuidado—murmuró él, sosteniéndola para que no cayera— Borracha como una cuba…
Se encogió de hombros. Que dijera lo que quisiera.
Al final llegaron en silencio hasta las mazmorras, que era donde tenían a todos los prisioneros. Un espantoso hedor inundaba el lugar, y la normalmente inmune pelirroja se estremeció.
No fue difícil encontrar la celda en la cual se encontraba El Lord, sólo tenía que mirar la celda de la cual provenían los gritos de dolor.
— Al fin—gruñó Malfoy en cuanto hubieron entrado. Un momento¿Malfoy?
La sobriedad le llegó como un cubetazo de agua fría. ¿Qué rayos hacía Malfoy ahí?
— ¿Pero qué dem…?—la pregunta abortada, sorprendentemente, no vino de sus labios sino de los del propio Malfoy; al ver a Jodido tras de ella.
— Es suficiente—declaró la potente voz del Lord, que justo acababa de retirar el crucio a una masa gelatinosa y sangrienta con mechones castaños en el piso. Una chica, o eso parecía haber sido.
Ginevra suponía que ahora le iba a tocar a ella explicarles por qué el Harry Jodido estaba ahí convertido en un vampiro, de entre todas las cosas, pero se equivocó.
Quizá el Lord ya lo sabía, por lo cual ni se inmutó cuando sus ojos cayeron en la exquisitamente tenue línea que quedaba de la cicatriz más famosa del mundo mágico, o quizá no lo sabía pero decidió ocultarlo. De cualquier manera, dejó a Malfoy para que se le salieran los ojos en su estupefacción silenciosa y se giró hacia Ginevra; ignorando olímpicamente a Jodido.
— Díganme—siseó, después del silencio incómodo— ¿Conocen a esa chica?
Ginevra entonces se giró hacia la masa gelatinosa y sangrienta antes mencionada, al mismo tiempo que Malfoy lo hacía. Tenía un cierto parecido con alguien que conocía, pero…
— Granger, Hermione—informó Malfoy, con voz de grabación automática— Gryffindor de mi generación en Hogwarts y…
— Sangresucia—interrumpió ella, mirando de reojo a Jodido. El vampiro no daba signos de reconocer a la que en vida fuese su mejor amiga, quizás era cierto que no podía recordar nada como había dicho Lucien. O quizá sólo fingía.
— Era jefa de Inteligencia del Departamento de Aurores—acabó el rubio.
El Lord asintió— Vean si le pueden sacar alguna información útil cuando despierte, y luego mátenla—ordenó, antes de girar dramáticamente para salir; sólo deteniéndose junto a Jodido para sonreírle con morbo.
Ginevra se estremeció.
— Qué asco, reducidos a torturar a una estúpida sangresucia—se quejó, cómo no, Malfoy cuando estuvieron solos.
— Es probable que no despierte—declaró Jodido sin expresión alguna en el rostro.
Quizá eso de tener el rostro en blanco lo habían inventado los vampiros.
— Ojalá—comentó Malfoy, con una sonrisa sarnosa… es decir, con mucha sorna— aunque eso no te agradaría mucho¿Ah, Potter?
Jodido, aunque rimase, ni se dio por aludido. Parpadeó un par de veces antes de girar en sus talones y marcharse.
— Hablamos mañana, Ginevra… y sí se va a despertar—fue lo único que dijo.
Entonces, justo como si le hubiera aplicado un hechizo de sincronización, la masa sanguinolenta comenzó a agitarse.
Unos ojos castaños muy familiares se abrieron para analizar la celda. Ginevra suspiró.
— Ese no es Harry Potter—le informó a Malfoy como quien habla del clima y no de la leyenda caída del mundo mágico.
La que decían era Hermione Granger gimió de dolor.
Casi hubiera deseado que no hubiese despertado. "Habría sido mejor", pensó mientras sacaba su varita para conjurar unas cadenas.
