-.-.-Beteado por Baisers Ardents-.-.-

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Playlist de hoy:

All this things I've Done - The Killlers

I'm a Monster - Ours

Creep - Radiohead

Capítulo 4

Iba a paso acelerado por la vereda. La bebida estaba congelándome las manos, comenzaba a correr viento, y no podía permitirme un resfrío. Hubo un momento en el que no estaba segura si estaba siguiendo el camino correcto, porque, la plazoleta que vi hace un rato, no se encontraba por ningún lado.

Doblé por un callejón, y cuando avancé lo suficiente, me di cuenta que era uno sin salida. En el momento en el que me di vuelta para devolverme, un toque gélido en el brazo me desconcertó.

Tropecé con algo que no pude definir y se me cayeron los abarrotes. Un joven, quizás un año menor que yo, o quizás de mi edad, me empujó contra la pared, asustándome.

Cuando recuperé la compostura, noté que era tan guapo que me dolía verlo. Me ruboricé con tal pensamiento. ¡No era momento para esa clase de insinuaciones mentales!

El cabello cobrizo lo tenía ligeramente despeinado con el viento, y sus facciones eran hermosas, rectas, perfectas. Era delgado, con aspecto desgarbado. La piel era pálida como la de un fantasma, y sus ojeras predominaban, formando una sombra morada en toda la piel que rodeaba su mirada. Su estatura me pasaba por varios centímetros.

Sus pupilas estaban dilatadas, y tenía una expresión disgustada tan mixta, que no pude definir si estaba confundido o irritado.

Ay, mierda. ¿Iban a violarme o algo así? Traté de pensar en las pocas técnicas de defensa personal que sabía. Y, aunque intenté con todas mis fuerzas sonar ruda y decidida, mi voz sonó como la de un polluelo asustado buscando a su mamá.

—¿Q—Quién es usted? —pregunté. Estúpidamente me di cuenta que él no iba a responderme eso.

El tipo miraba mi cuello como si hubiera estado demente, con los ojos saliéndose de las órbitas. La cara de furia que él poseía, me heló la sangre de la cabeza a los pies.

En ese momento, cerré mis ojos despidiéndome silenciosamente de mi familia.

Pasaron un par de segundos, oí un golpeteo sordo y una voz musical tan suave y agradable que fue inevitable abrir los ojos para ver de donde provenía.

—Recuerda quién eres, Edward.

Una joven de aspecto menudito, y un poco más baja que yo, e igualmente hermosa que el muchacho que tenía frente a mí, le abofeteó. Mi boca se abrió de sopetón.

Sabía que era bastante estúpida por no echarme a correr ahora que tenía la oportunidad, pero estaba pegada al suelo, y mis pies no me permitían moverme. ¿O eran los nervios?

¡Ah, carajo!

Caí sentada al suelo, petrificándome por el terror. La mirada del joven, —que aparentemente se llamaba Edward—, era fría, ruda, y calculadora. La joven, me asustó, haciendo que mi corazón estuviera casi estallando en mi pecho. Me ofreció la mano, y por alguna razón la tomé. Me dirigió una miradita cómplice, que debía de significar algo. ¿La novia del tipo me estaba pidiendo disculpas o algo por el estilo?

Me entregó mis cosas mientras el muchacho, miraba el suelo. ¿Qué diablos le pasaba? ¿Era un asesino en serie? ¿Un ladrón? Noté el sentimiento de culpa que le embargaba.

Por otra parte, yo no quería morir allí, no tenía ni la menor idea de qué hacer, qué decir, o si todo esto era una broma o un montaje.

¿Primero llega este tipo, me acorrala junto a una pared, me mira como si fuera comida, luego aparece su novia y me ayuda?

—Esto que acabas de presenciar, olvídalo.

Nuevamente su tono agudo retumbó en mis oídos.

—Sólo vete a tu casa, y no lo comentes. Te lo ruego. Nada de esto pasó, ¿sí? Todo estará bien. Lo siento mucho. —Las facciones de la chica menudita se arrugaron y fruncieron el ceño, porque yo seguía sin moverme—. ¡Huye! —chilló.

Su voz alzada en varias octavas me hizo estremecer, y recuperando el sentido común, me largué de allí, aún confundida, semi—traumada y por supuesto, asustada.

Me largué por el lado en que venía, era obvio que estaba perdida y que había tomado el camino equivocado.

Corrí tan rápido como me lo permitían mis piernas y la torpeza. No dejé de correr hasta que faltaban unas cuantas cuadras para llegar a casa. Tenía que estar loca. La bebida se convertiría en una bomba letal al destaparla, perdiendo todo su gas, pero nada de eso importaba en ese minuto.

Tenía que estar soñando.

Tropecé con una piedrecita, pero volví mi vista al camino, la calle estaba comenzando a parecer un poco sombría. Avancé dos cuadras más, y volví al almacén. Luego, retomé la única otra vía que podía haber en dirección a casa, pasé por otras calles que me parecían un poco más familiares, y doblé en otra esquina, contemplando a lo lejos mi hogar.

Cuando entré, cerré la puerta tan sonoramente que Charlie se sobresaltó en el sillón. No se había dado cuenta de mi ausencia. ¿Cuánto me habría demorado? Él encendió las luces.

—Ah, Bells, eras tú. ¿Qué ocurre? —susurró, rascándose un poco la cabeza, me reí de su cara confusa y, retomando el aire perdido, suspiré.

—Fui por algo de comer —respondí como si nada, dejando las cosas sobre la mesa de la cocina. Gracias a Dios los paquetes estaban bien sellados y no había nada sospechoso de lo que vi en ese callejón. Me estremecí, mordiendo levemente mi labio inferior, y me sentí tan tensa que tuve que soltarlo si no quería herirlo.

—Ah, es que te ves agitada —me soltó abriendo la llave para lavarse las manos. Tomó un cuchillo y se dispuso a cortar el pan para preparar sándwiches. —Además, cerraste la puerta demasiado fuerte.

—Había mucho viento afuera —musité, lo cual, no era mentira.

Asintió medio desconfiado mientras yo puse unos cubiertos sobre el par de individuales. Nunca en la vida he sido una buena mentirosa, por lo que rogué al cielo haber sonado casual. La técnica de la mentira y la actuación eran todo un misterio para mí.

Con Charlie nos íbamos mañana. Y, como el satélite y el cable me lo iban a instalar cuando volviera de Forks, encendimos la tele y miramos las noticias en los canales nacionales.

Todo fue un mal sueño, y mientras mantenga la boca bien cerrada, todo estaría bien.

Porque, después de todo, ¿cómo se suponía que reclamara en una comisaría que un tipo estuvo mirándome el cuello como si fuera un sándwich de pavo?

POV Edward

—Me debes una del porte de un buque, Edward Cullen.

Era la novena vez que Alice me repetía lo mismo. Además de hacerlo en sus pensamientos. La cabeza me iba a explotar, pero me costaba bloquear sus interpelaciones, ya que, iban dirigidos con una potencia considerable hacia mí.

Yo no estaba preocupado por meterme en problemas, por que sabía que igual los tendría.

Me preocupaba que la muchacha notara algo extraño en nosotros.

—¿Estás segura de que ella no va a…?

—Te dije que lo vi, Edward. Ella va a mantener su boca cerrada.

Asentí y mi hermana apagó la radio luego de que yo la encendí para aliviar la tensión en el aire.

—Gracias al cielo que llegué a tiempo, porque ya veía que la ibas a morder, Edward.

—Te lo agradecí, y lo vuelvo a hacer, pero deja de restregármelo en la cara. Cuando ella caminaba frente a mí, no podía leer su mente. ¿Acaso no crees que me dio un poquito de curiosidad?

—¡Pues la curiosidad mató al gato, Edward! ¿Cómo demonios no te das cuenta lo peligroso que es para la familia que…?

Ignoré su regaño, perdiéndome en mis propios pensamientos.

La sangre de esa muchacha era… ¿El cielo o el infierno?

Su mente, su sangre… todo era un misterio para mí. Por suerte, no es más que una desconocida, y las probabilidades de volver a encontrármela, son pequeñas.

Por otro lado, nunca en mi vida me había sentido más miserable. Estuve a punto de matarla… De acabar con su vida. ¿Tendría ella algún novio que llorara su muerte? El pensamiento me revolvió el estómago. ¿Qué habrían dicho sus padres? ¿Sus familiares?

Estuve a una milésima de segundo de arrebatarle su futuro, el futuro que yo no tengo. Solo soy un alma en pena buscando un propósito para vivir.

Porque, francamente, no tengo ninguno.

¿Cómo podía ser alguien tan apetecible?

Apetecible.

¡Me refiero a ella como si fuera un plato de comida! Sólo me queda confiar en que cumpla la petición de Alice, y, si tengo suerte, luego será un asunto olvidado.

—¡¿Cómo es eso de que Edward casi se la come?!

Los chillidos de Rosalie llenaron la sala de estar. Yo rodé los ojos por milésima vez mientras ella seguía despotricando en mi contra.

—¡Rosalie! Es solo una muchacha, asunto olvidado. Ella no hablará, Alice sigue revisando su futuro. Edward se siente arrepentido, así que, por favor, déjalo en paz —Jasper salió en mi defensa. Esme fue a acariciarle el hombro a Rosalie, pero ésta, furiosa, y dedicándome a la vez un rosario de insultos, salió de la sala.

Estúpido. Bueno para nada.

Miré a Jasper en señal de agradecimiento, y Esme se sentó a mi lado en el sofá. Carlisle se limitó a no comentar nada, tanto verbal como mentalmente. Emmett fue a la siga de Rosalie, sin mirarme ni decirme nada en absoluto. Y Alice, una vez que se había tranquilizado, me dirigió una mirada de disculpas.

Abrumado, puse la cabeza entre las manos.

Todo estará bien, cariño. Nadie te juzga. —Pensó Esme.

Sí, claro.

—Ahora que ya nos calmamos, proseguiré. —Carlisle habló con serenidad, poniéndose de pie. —Eso es algo que puede pasarle a cualquiera, pero dado que Seattle es una ciudad grande, no me alarmaré y confiaré en la predicción de Alice. No hay porqué exaltarse; y yo confío en ti, Edward.

—Saben que no estaba en mis cabales, ¿verdad? —pregunté para cerciorarme de que no estaba del todo solo en esto. No quería a todos molestos entre sí a causa mía.

Emmet volvió a entrar, con la mandíbula desencajada por… ¿la incredulidad?

Esa mujer… —reclamó mentalmente.

—¿Qué pasó con Rose, Emm? —preguntó Alice con un canturreo.

—Me dijo que no jodiera con mi presencia, que era un idiota también.

—Esa no es ninguna sorpresa —se burló Jasper.

—¡Chicos! —Carlisle estaba comenzando a perder la paciencia. Para controlarse, se puso a recordar la letra del himno nacional. Rompí en una carcajada sin querer.

—¡Edward! —me recriminó Alice, pegándome un manotazo en la nuca.

—Miren, chicos. —Inició Carlisle con un profundo suspiro. Esme se situó a su lado y le acarició con ternura la rodilla, animándolo. Un día de estos Carlisle iba a tener una crisis nerviosa por nuestra culpa. —Lo que ocurrió con Edward hoy, puede pasar con cualquiera de nosotros. Ya conocemos esta clase de situaciones, —todos miramos significativamente a Emmett y él se estremeció. Por su mente pasó la última imagen que tenía de la muchacha antes de… —y, tenemos que tener claro que no debemos juzgarnos entre otros, porque todos podríamos tener un caso similar. —Asentimos al mismo tiempo—. Tuvimos suerte de que Edward estuviera con Alice y que ella pudo detener esto, y el futuro de la muchacha.

El estómago se me volvió a retorcer en cuanto su rostro asustado y su pequeña figura aparecieron en mi mente.

—Ahora bien, dado que Alice dice que ella no cambiará de opinión respecto a decir algo sobre el tema…

—Ella cree que la mandarían a un psiquiatra por decir que un tipo le miraba como esquizofrénico el cuello, y, además, hice que lo prometiera. Ella va a cumplir —interrumpió Alice.

—Dado que esas son las circunstancias… Alice: no quiero que sigas buscando en el futuro de ella.

Alice iba a reclamar, pero Jasper le acarició el brazo con suavidad, ella se enfurruñó como una niña pequeña mientras maldecía.

Nadie va a prohibírmelo —se quejó su vocecilla interna, maldiciendo. Retuve el impulso de reírme.

—Si llegas a hacerlo, Edward va a ver tus pensamientos, — ¿Qué? "¡con mucho placer! " Pensé. Lo único que hay dentro es Vogue, Tacones Jimmy Choo y compras en e—bay, bah—. Y como yo soy su padre ambos van a obedecerme. Este asunto empezó aquí y se queda aquí. La sangre de la chica cantaba para Edward, pero si ella no hablará nada al respecto, no hay peligro. Además, no van a volver a encontrarse, porque ninguno de ustedes va a pasarse nuevamente por ese sector de la ciudad. ¿Entendido? Asunto cerrado.

Carlisle se puso de pie, y, mientras subía a su despacho murmuró algo parecido a "Si fuera humano tendría migraña".

Rosalie entró a la casa, pero como había estado tan silenciosa, no le oí. Se limitó a subir a su cuarto. Alice fue tras ella, mientras Jasper se quedó con Emmett y yo. Esme subió al despacho de Carlisle, dejándonos relativamente en paz.

—Sé como te sientes, hermanito —comenzó Emmett, Jasper seguía sereno en su asiento—, yo también pasé por eso. Sé que es una porquería, pero al menos pudiste detenerte… yo no tuve la misma suerte. Si Alice se hubiera retardado tres segundos, o tú te hubieras adelantado, esa chica hoy no estaría en su casa durmiendo. Vamos a estar bien, Eddie.

—Ella está a salvo, y con las medidas de Carlisle las cosas irán mejor. —Interfirió Jasper.

—Lo aprecio, chicos, pero no necesito más ayuda. Estoy consciente de lo que hice, y lo lamento —comencé— pero no quiero que me traten como a un discapacitado. Me encuentro bien, y ella se encuentra bien. No necesito que me recuerden que soy un monstruo, así que, por favor, olvídense de esto. De verdad necesito estar solo.

No dije nada más, escondiendo la cabeza entre las manos.

Si necesitas algo, estaré con Rose —pensó Emmett mientras subía con Jasper. Ninguno de los dos dijo nada más.

Hundido en mi propia miseria, y con paso lento, caminé hacia mi piano de cola. Sin saber por qué, me senté en el banquillo. Miré las teclas como si fueran unas desconocidas, porque hacía tiempo que no las tocaba.

Pulsé un La, luego un Sol, y así empecé a jugar sin formar sonido alguno. Después de unos minutos, cuando me di cuenta de que había combinaciones que sonaban bien, así que apunté en la partitura las notas.

Volví a empezar, la suave melodía llenó la sala de estar, con un tono triste, apagado.

Sonaba hermoso, pero a la vez muy triste. Apuré el tempo e incorporé nuevos sonidos. Luego mi canción sonaba un poco más alegre.

Toqué nuevamente desde el inicio, y esta vez me gustaba más como sonaba. Era suave, melódico.

Entonces, pensé en la muchacha. A quién estuve a punto de arrebatarle la vida de un zarpazo. Pensé mucho en ella mientras tocaba. Cuando me detuve, apuntando las últimas notas en el pentagrama, sostuve la melodía escrita y la toqué una vez más, admirando mi trabajo. La melodía me recordó a ella, de una u otra forma.

Finalicé con una nota más baja, dándole un final conmovedor. Cuando me puse de pie, solo Esme estaba sentada detrás de mí, en el sofá.

—Hace tiempo no te oía tocar —susurró. Sonreí con pesar, a ella le gustaba oír mis composiciones.

—¿Y los demás? —pregunté.

—Arriba, todos entretenidos en una que otro asunto —Respondió como quien no quiere la cosa. Cambió de tema con rapidez. —Me gustó esa melodía.

—La acabo de componer —expliqué.

—Se nota, llevas un par de horas metido ahí. Sonó como a… algo nuevo. Al futuro, o la esperanza.

—Pensé en lo que tenía por vivir esa chica… de una u otra forma iba compuesta para ella. Esa canción representa… El futuro que ella tiene y que yo jamás tendré. A eso se debe el inicio melancólico.

—Pero la última parte de la canción sonó como a un final feliz.

—El final esperanzador iba pensado para ella, que tiene una vida por delante.

Nos miramos un minuto, y ella seguía sonriéndome. Yo mantuve la expresión inescrutable.

—Algún día tú serás feliz también, hijo. Y, mientras tanto, nos tienes a nosotros. Somos una buena familia, y siempre vamos a apoyarte. ¿No te suena eso esperanzador a la vez?

Era imposible no sonreír con Esme. ¿Porqué ella siempre tenía las palabras justas para levantarme el ánimo, incluso cuando yo fuera un ser completamente despreciable?

—Vamos, Eddie, se me antojan un par de pumas.


La cosa se pone interesante eh? jajaja

En el próximo las cosas se pondrán tensas... Ya saben el link del grupo, ahí iré avisando por las actualizaciones :) también les puse una playlist con la cual me inspiré para escribir, espero les guste.

Un saludo para mi mami 8-) y nos leemos en la próxima! (Esta actualización se viene pronto eso sí ;) ya he regularizado todo todito).

-Vale.

Adelanto...

Cerca, sentí unos pasos. No, no eran pasos. No tenían un intervalo definido, eras pisadas seguidas y muy rápidas, como alguin corriendo. ¿Cómo era posible que alguien fuera tan rápido? Al sonido le seguían ráfagas de viento. Como era temprano no me sorprendía. Las mañanas en Forks solían ser bastante frías y por la tarde un poco más templadas. ¿Quizás andaba otro excursionista…?