Diclaimer: Full metal Alchemist no me pertenece ni ninguno de sus personajes, sino a Hiromu Arakawa (mi idola, por cierto ¡!)

Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que todo les vaya bien. Bueno como prometí, aquí está el cuarto, aunque siento haber tardado tanto. Y ahora gracias a todos los que han leído mi historia y un especial agradecimiento a la gente que se ha tomado la molestia de dejar reviews.

Muchísimas gracias a: xLalaCleaox, (gracias otra vez, me alegro que te siga gustando la historia, y bueno espero que esta vez no borre tu nombre jeje, si yo también pienso que Roy y Ed se parecen mucho y por eso pelean tanto, pero me gusta hacerlo ver tan dulce e infantil ejej y respecto a tu historia pues claro que me gusto y espero ya impaciente la próxima =)), laura-eli89, (gracias! si a mí también me pareció tierno el momento final y me gusta que siga siendo así entre ellos, me alegra que te siga gustando!), fandita-eromena, (gracias! Sip pobre Roy jaja pero no se me ocurrió otro sitio más que un molino, y bueno respecto a lo del nacimiento del potro ya tenía pensado algo parecido, supongo que ahora lo veras ejje), DUCKAN, (gracias! Me alegro que te guste, prometo actualizar lo más pronto posible jej), Dark-san86, (gracias! Me alegro que te gustara, y no te preocupes no tardaran en vivir juntos ejej, espero que te siga gustando, aa y sigue así con tu historia me está gustando mucho!), y también gracias a melinda1209, solo decir que si tiene algún consejo que dar o queja todo es bien recibido, yo simplemente me lo tomo como consejos para mejorar, bueno eso era todo y sin más el cuarto capítulo!

El día que te conocí

IV

El otro Mustang

-¿Hemos llegado tarde?

El chico de cabello azabache acababa de aparecer jadeando en la puerta del establo, acompañado de la pequeña rubia, y ambos parecían exaltados y emocionados a la vez.

- No, no que va. – Les respondió el señor Roberts. – Pero no tardará en nacer.

- Menos mal! – Suspiraron ambos a la vez, y se acercaron donde se encontraba el resto de la familia, todos expectantes al gran momento.

Exactamente habían pasado dos semanas y media desde la primera vez que había visto a Linda, y ahora, cumpliendo el tiempo que John le pronosticó, la yegua estaba a punto de dar a luz.

Roy se encontraba en la casa del señor Mathew, cuando Greg, el menor de los Roberts, había venido corriendo para anunciarle que el potrillo nacería en breves, tal y como Roy le había pedido que hiciera, ya que él quería estar presente para ver el nacimiento. El viejo Mathews le había dejado ir, alegando que sería una gran experiencia para él, el ver nacer una nueva vida. Roy había salido corriendo de allí, agradeciendo al viejo la comprensión y este simplemente le había dedicado una gran sonrisa. Pero no había ido a casa de los Roberts, sino a la de los Hawkeye, porque ese mismo día en que ambos habían conocido a la yegua, él le había prometido que en cuanto fuera a nacer el potrillo la avisaría, aunque Riza le había dicho que no era necesario, él quería que ella también lo viera. Y eso hizo, fue corriendo hasta la casa del alquimista y tras recobrar el aliento le había contado a la niña la situación, ella le pidió permiso a su padre y este la dejó marcharse diciéndoles que más tarde el también iría a ver cómo iba todo. Poco después amos niños emprendieron el camino a casa de los Roberts, corriendo lo más rápido que sus piernas les permitieron.

Llevaban ya un rato expectantes para ver que sucedía, en cambio nada inusual había acontecido todavía. Linda parecía nerviosa, se tumbaba y se volvía a levantar repetidas veces, resoplando y dando pequeños gruñidos.

- ¿Está seguro de que va a nacer hoy? Si no lo hace no creo que el señor Mathews esté complacido de que dejara mi trabajo para nada.

- Estoy seguro muchacho, no tardará mucho.

- ¿Cómo esta tan seguro señor Roberts? – Esta vez fue Riza la que preguntó con un poco de curiosidad.

- La principal señal de que el parto está próximo es el aumento del tamaño de las ubres. – Les explicó Greg, señalando que efectivamente el tamaño de estas había aumentado considerablemente desde la última vez.

- Además, de las mamas también cae una secreción espesa y clara. – Esto lo dijo John, que rió al ver la cara asqueada de los otros tres.

La yegua volvió a tumbarse para resoplar y levantarse de inmediato, volviendo a andar en círculos por la zona que contenía abundante paja limpia, preparada para el momento del parto.

- La yegua nota cuando el parto esta próximo, y pasea por su zona habitual del establo. – Trató de explicar la señora Roberts a los chicos.

- Además de mostrar agitación a causa de las primeras molestias, esta etapa suele durar entre 1 y 8 horas, Linda se encuentra en esta fase.

- ¡8 horas! – Exclamó Roy coreado por Riza. El señor Roberts rió.

- Ese sería el caso extremo, Linda ya lleva dos horas así, y cada vez parece tener más molestias, y pocos minutos antes de que llegarais rompió aguas, así que no tardar en nacer. – Los dos niños volvieron a hacer una cara asqueada ante la expresión de "roto aguas", de Roberts.

- Si eso os asusta, no sé qué os parecerá lo que ahora vais a ver.

Como un acto reflejo a las palabras del hombre la yegua se acostó y empezó a emitir gruñidos a la vez que parecía estar empujando.

- Ya empieza. – Tanto Roy como Riza se agarraron fuertemente de la mano, nunca habían visto nada como aquello, y las últimas palabras de Roberts los habían asustado.

Justo en ese momento lo que parecían los miembros anteriores del potrillo aparecieron, y ambos se apretaron aun más fuerte la mano. Las contracciones de la yegua empezaron a aumentar, esta emitía gruñidos cada vez más sonoros, y la respiración se volvía más agitada por momentos.

Ambos permanecieron detrás de los Roberts, con las manos unidas muy apretadas, los ojos fijos y absortos en el nacimiento del potrillo, las bocas de ambos abiertas por la impresión, no era agradable, es mas incluso era algo repulsivo, y a Roy ya no le agradaba tanto la idea de ver nacer al animal, aun así se quedó estático en su posición sin soltar la mano de Riza.

La yegua volvió a gruñir, esta vez más fuerte y entonces apareció también la cabeza del potro, que permanecía apoyada en los miembros anteriores. Era diminuta, parecía casi imposible lo que estaban viendo, pero estaba allí, la pequeña cabecita entre ambas patas, luchando por salir, queriendo salir, eso era, aquel potrillo tenía ganas de vivir, y Roy lo pudo ver muy bien entonces.

- ¡La cabeza! ¡Ya ha salido la cabeza! – Gritó Greg entusiasmado, poco a poco los hombros también fueron saliendo.

Roy sintió un tirón en el brazo, Riza quería avanzar para ver mejor, pero parecía no querer soltar su mano tampoco, así que el también avanzó y ambos quedaron a la altura de los demás, pudieron observar el pequeño cuerpo del animalillo. Sin embargo, parecía que algo malo sucedía, Roy lo pudo observar en el ceño fruncido de Roberts, el cuerpecillo parecía haberse atorado y no podía salir.

- ¿Sucede algo malo? – Roy no pudo disimular la preocupación que había en su voz, Riza le apretó más fuertemente la mano.

- No sale. – Nadie dijo nada mas, todos estaban en silencio, absortos en la escena que tenían ante sus ojos.

Efectivamente el potrillo no salía, y la yegua no parecía ayudar tampoco pues había dejado de empujar.

- Papa… - Greg lo miró suplicante, pero Roberts no se movió.

- Hay que esperar un poco más, solo un poco… - Y así hicieron, esperaron durante unos minutos que a los niños les parecieron horas.

- Ya no aguanto más. – Roy se soltó de la mano de Riza y avanzó hasta donde estaba el cuerpo del potrillo.

- Roy, espera. – Trató de detenerlo Roberts, pero él no le hizo caso.

Se acercó a la yegua y le acarició la crin, la miró a los ojos y le dedicó una pequeña sonrisa, el animal resopló, pero pareció calmarse un poco. Ninguno de los demás se movió, dejaron al muchacho hacer, a pesar de que fuera la primera vez para él. Roy se colocó donde estaba el potrillo y le acarició el hocico, todavía cubierto de sustancia gelatinosa.

- Debes colocar tus manos cerca de los hombros, y solo estirar cuando la yegua empuje. – Le indicó Roberts. Ya que el chico parecía algo perdido, pero había decidido confiar en él para aquella situación. Roy simplemente asintió, puso sus manos sobre las patas, cerca de los hombros, aunque las retiró al instante por el contacto viscoso, aun así las volvió a colocar y esta vez no las retiró.

Todos miraban pendientes lo que hacia el muchacho, Riza estaba inquieta y nerviosa, sabía que Roy jamás había visto un parto, y mucho menos participado en uno, y a pesar de todo se encontraba allí, tratando de ayudar al pequeño animalito a vivir.

- Ahora. – Le dijo Roy a la yegua, y esta pareció entenderle, ya que al acto volvió a empezar a empujar. Con cada empujón del animal, Roy tiraba ligeramente hacia si, hasta que poco a poco los hombros del potrillo empezaron a aparecer, y con ellos el resto del cuerpo aunque cubierto por una capa translúcida y de apariencia gelatinosa.

Roy cayó sentado al suelo por el impulso, junto con el pequeño cuerpecillo, todo quedó en silencio por unos instantes. El chico seguía con la vista fija en el potro que yacía tumbado cerca de él, en la nueva vida a la que él había ayudado a nacer. Riza fue la primera en reaccionar, se acercó a él lentamente y se agachó a su altura.

- Ha nacido… - le susurró muy cerca del oído. Roy todavía permanecía paralizado ante la escena que acababa de presenciar, ahora el pequeño potrillo yacía mojado en el suelo cubierto de paja limpia del establo, todavía permanecía unido a la placenta por el cordón, pero por ahora no se movía, acababa de nacer, era el principio de su vida.

- Si, ha nacido… ha nacido… ¡Ha nacido! – Empezó a reír, todos lo hicieron, el parto había resultado finalmente perfecto y natural, y el pequeño potrillo parecía sano, todo estaba bien. Había nacido, una nueva vida había nacido ante sus ojos y el no podía parar de reír de alegría.

- ¡Ha nacido! – Y entonces abrazó a Riza fuertemente, fue un acto inconsciente, pero no se apartó, y la niña también lo abrazó, aunque ninguno podía parar de sonreír.

El señor Roberts se acercó para comprobar que todo estuviera bien, y poco después lo confirmó, ambos tanto la madre como el hijo estaban sanos. La yegua se mantenía recuperando fuerzas todavía, pero pronto se dio cuenta de que había tenido un potrillo y comenzó a lamerlo para limpiarlo y hacerle mimos.

- Ahora no me podéis negar que es increíble.

Nuevamente estallaron en una carcajada. Tanto el señor como la señora Roberts le agradecieron a Roy por su ayuda, verdaderamente lo había hecho muy bien, y él se sentía satisfecho por ello.

La madre había terminado de limpiar a su pequeña cría, la cual ya se revolvía inquieta a penas pasada la media hora de su nacimiento, trataba posicionarse derecho y movía las patas nerviosamente. La yegua lo lamia de vez en cuando y lo empujaba un poco con la cabeza apremiándolo. El pequeño parecía querer… ¿ponerse de pie?

- ¿Qué intenta hacer? – Preguntó el muchacho, el cual se estaba limpiando las manos con un paño que la señora Roberts le había prestado.

- Intenta ponerse de pie. – Respondió tajante John, todavía sonriendo y sin apartar la vista del espectáculo.

- ¡Pero si acaba de nacer!

- Antes de que pase media hora de su nacimiento, los potrillos ya tratan de ponerse de pie. – Esta vez fue Greg, quien también seguía mirando al animal.

- ¡Eso sí que es increíble! – Y se acercó de nuevo donde estaban los demás.

- Si que lo es, ellos apenas nacen ya tratan de ponerse de pie, y en poco tiempo dejan de depender completamente de su madre. – Riza tampoco lo estaba mirando cuando lo dijo, pero el sí que lo hizo, como también vio la sonrisa que apareció en su rostro casi al instante y entonces ella también buscó los ojos azabache de él.

- En cambio nosotros somos dependientes, aun pasando los años, necesitamos de nuestros padres para que nos cuiden.

- Eso es verdad. – Respondió la señora Roberts. – Pero os cuidamos tanto como si aun fuerais pequeños porque no queremos que crezcáis tan rápido. – Y abrazó a sus dos hijos depositando un beso en la mejilla de cada uno, lo que provocó que ambos se quejaran diciendo que ya eran demasiado mayores para eso, Roberts rió.

- ¿Ves a lo que me refería? Crecéis muy rápido.

Todos volvieron a reír, justo en ese momento el potrillo consiguió ponerse de pi, pero casi al instante cayó. El pequeño lo intentaba reiterativamente, pero caía una y otra vez de forma alarmante, aun así lo volvía a intentar, conseguía levantarse, pero sus diminutas piernecitas parecían no sostenerle todavía y se desplomaba nuevamente.

Solo entonces Roy se dio cuenta de cómo era el potrillo, la cabeza parecía pesad y era grande, el cuello hundido, a pesar de lo pequeño que era tenía un dorso fuerte, y la grupa permanecía inclinada, las patas que todavía no lo sostenían eran huesudas y fuertes a pesar de todo. Pero lo que más le llamó la atención fue el color del animal, era completamente negro, del color del ónice, a excepción del calzado bajo de las patas, desde el casco hasta el menudillo era de color blanco. La crin era como el carbón, y en la cabeza tenía una mancha vertical que iba desde la frente hasta el inicio del hocico. Y sus ojos, sus ojos eran de un azul marino tan oscuro que los hacía ver muy parecidos a los de Roy, parecidos a los de la persona que lo ayudó a nacer. El pequeño animal seguía tratando de mantenerse erguido en vano, no lo conseguía del todo, la yegua lo apremiaba y lo intentaba ayudar, empujándolo hacia arriba con su cabeza. Roy se acercó para tratar de ayudar nuevamente al potrillo, pero esta vez Roberts si que lo detuvo.

- No debes ayudarle, tiene que aprender solo.

- Pero… - Trató de replicar, el mayor volvió a negar con la cabeza.

- Si lo ayudas ahora, tanto el potrillo como la madre se resentirán.

Roy entendió, y en ese momento el animal volvió a caer. El azabache se colocó delante de los demás, con las manos en un puño y los codos flexionados hacia arriba.

- ¡Vamos! – Todos lo miraron sorprendidos, pero él ni se inmutó, tenía los ojos clavados en el animal, tratando de transmitirle todo su apoyo y determinación. - ¡Vamos!

El pequeño potro pareció alentado por Roy y nuevamente trató de ponerse de pie, dio unos cortos pasos, las piernas le temblaron, trastabilló y cayó de bruces al suelo.

- ¡Vamos! – Esta vez era Riza, quien se había colocado a su lado y en la misma posición que Roy, ambos se miraron, ella le sonrió y el asintió. - ¡Vamos!

- ¡Vamos! ¡Tú puedes! ¡Animo! – Greg y John también se pusieron a su lado y entre los cuatro niños animaban al animal que en ese momento volvió a caer.

El señor Roberts parecía divertido con la situación, por supuesto el potrillo conseguiría mantenerse de pie de un momento a otro, pero los niños seguían animando al pequeño como si gracias a ello lo fuera a conseguir antes.

- ¡Venga chico! ¡Ánimo! ¡Vamos! ¡Lo conseguirás!

El potrillo seguía intentándolo, pero nuevamente caía, fue entonces durante ese segundo en el que la mirada de Roy coincidió con la azulada del animal, donde le transmitió toda la fuerza que necesitaba, durante ese instante fue como si se hubiera establecido una pequeña conexión entre ambos. Y el grito de Roy sonó por encima de los demás esta vez.

- ¡VAMOS! – El azabache cerró los ojos y se hizo el silencio, para cuando los abrió el potrillo se sostenía de pie, con un ligero temblor, pero de pie, finalmente de pie.

La yegua premió a su hijo con algunos mimos, y acto seguido este se dirigió lentamente hacia las ubres de su madre y empezó a succionar. Todos se alegraban muchísimo, el pequeño lo había conseguido y por fin se mantenía recto, notó como Riza le cogía la mano nuevamente, el en cambio la abrazó.

- Lo consiguió. – Ella simplemente asintió contra el pecho de él.

Hacía ya un rato que el potrillo había dejado de lactar, ahora se encontraba otra vez en el suelo, recostado sobre su madre, quien lo acariciaba de vez en cuando, a pesar de que el pequeño parecía haberse dormido.

- Es extraño el color del que ha salido. – La señora Roberts coincidió con su marido. Linda tenia la piel manchada, el color base era bayo, un blanco amarillento y las manchas alazán, un marrón claro algo rojizo. La crin era de un marrón más oscuro, pero con un tono rojizo también, era una mustang de pura raza. Su hijo parecía haber heredado las características corporales de la raza, como el grosor de las patas o la cabeza grande, en cambio no había salido manchado, sino que tenía un único color base, y además el negro.

- Yo pensaba que se parecería más a Linda, pero al parecer salió como su abuelo.

- ¿Cómo su abuelo? ¿También era todo negro?

- El progenitor de este potrillo, no es un pura raza, de hecho el padre de este era una mezcla de razas, y si, era completamente negro. – Le aclaró Roberts al chico.

- Aun así debería haber salido manchado, ya que es un mustang.

- ¿Un mustang? – Preguntó emocionado el muchacho, esa era su raza favorita de caballos, aunque nunca hubiera visto uno de verdad, le gustaban simplemente porque tenían su nombre y verdaderamente eran muy bonitos.

- Así es, tanto la madre como el padre lo son.

Roy sonrió para sí y después se acercó al pequeño potrillo, que abrió los ojos al verlo acercarse y clavó la azulada mirada en la azabache de él, el chico le sonrió y le acarició el hocico suavemente.

- Buen chico, Mustang. – Y rió otra vez al ver que el animal respondía a las caricias, agitando la cabeza para refregarla en la mano de él.

- Espera un momento, ¿has dicho Mustang? – Le cuestionó John, quien acababa de percatarse del hecho. Roy se encogió de hombros y asintió sin despegar la mirada del animal.

- Me pareció un nombre apropiado para él.

- Oye, oye, que el caballo es nuestro, decidiremos nosotros como se llama, además lo has dicho porque también es tu apellido. – Le reprochó Greg. Roy volvió a encogerse de hombros, sin despegarse del animal.

- Yo sigo pensando que es un buen nombre.

- Bien entonces, elegid el nombre para el potro, ya que tanto insistís. – Les dijo la señora Roberts a sus hijos. Ambos se quedaron pensativos, sin saber que decir.

- ¿Tu qué opinas Riza? – La cuestionó Greg. - ¿Qué nombre te gusta para el potrillo?

- Yo creo que Mustang estaba bien, y parece ser que a él también le gusta. – Dijo observando con una sonrisa como el animal le lamia la palma a Roy.

- Bien entonces creo que ya tenemos nombre. – Dijo Roberts sonriendo.

- ¿Mustang?

Todos se giraron para encontrar con la nueva persona que acababa de aparecer en el establo, Hawkeye estaba allí de pie, firmemente erguido y con una sonrisa de medio lado en el rostro.

- Hola papa! – Dijo la niña, y se abalanzó a abrazar las piernas de su padre, quien le revolvió el cabello cariñosamente.

- Si, tu alumno eligió el nombre y a todos nos pareció de lo más apropiado, además de que le debo ese favor, ya que ayudó a nacer al potrillo. – Hawkeye pareció sorprendido sobre esto último, y se quedó mirando a Roy quien le sonreía tímidamente desde donde estaba sentado.

- Vaya, así que ayudaste al animal a nacer. – Roy asintió un poco avergonzado pero orgulloso de sí mismo. – Muy bien hecho muchacho, muy bien hecho!

Roy sonrió nuevamente, verdaderamente orgulloso de sí mismo, pues hoy a pesar de no haber hecho jamás algo semejante, había ayudado a esa yegua a parir, y aunque su participación no hubiera sido mucha, ni siquiera importante, para él era suficiente de esa manera, porque como le había dicho Riza ese entrenamiento era el principio de su sueño, la base de sus ideales. Y hoy lo había hecho, quizá no ayudara a una persona, pero sí lo hizo con aquel pequeño animal, que ahora le agradecía con pequeños lametones en su palma, había ayudado a un ser vivo, ha empezar su vida y por hoy, para él era más que suficiente. El viejo Mathews había tenido razón en todo, tanto para él como para Riza, el ver nacer una nueva vida, había sido algo emocionante, único y maravilloso.

Los Roberts los invitaron a cenar, tanto a él como a los Hawkeye, el alquimista accedió, y permitió aquello como un caso especial para interrumpir su "prueba", así que se habían pasado el resto de la tarde conversando y celebrando que a partir de mañana, abría un potrillo más allí, celebrando la nueva vida que acababa de llegar hoy.

Poco después, y ya entrada la noche, Hawkeye se dirigió a su casa junto con Riza, se despidieron y el regresó al molino que por ahora era su único techo, no quedaba mucho para el fin de la prueba, poco mas de un mes, y el todavía seguía sin resolver el acertijo.

- Uno es todo y todo es uno, uno es todo… - Se detuvo delante de la puerta que el mismo fabricó, para el molino, la abrió y entró dentro del recinto. No era gran cosa, había montones de paja y escombros esparcidos por el suelo, y encima de un montón se encontraba el lugar en el que dormía porque definitivamente aquello no era una cama, pero debía seguir siéndolo durante las próximas cinco semanas. Había elegido ese lugar elevado porque en los días que llovía el molino tendía a inundarse un poco, y si se mojaban las sabanas, que se suponía lo resguardaban del frio, estaba perdido.

Se quitó las botas y el abrigo, colgó la camisa y los pantalones encima de una madera que le servía para tender, se colocó el pijama de felpa que Marie le prestó y se acostó encima de la manta mullida, tapándose de inmediato con las otras tres que también le habían prestado, y aun a pesar de tener todas esas mantas, había ocasiones en las que pasaba bastante frio. No podía dormir, aquel no había sido como los otros días en los que lo único que quería era llegar allí para tumbarse y descansar, por estar agotado del trabajo de todo el día, ese había sido un día distinto, no menos cansado, pero si distinto. Cruzó sus brazos por encima de su cabeza, y se limitó a mirar hacia el boquete que había en el techo del molino, el cual no había podido reparar, ya que estaba demasiado alto y no podía usar alquimia. El agujero era lo suficientemente grande como para que Roy pudiera ver en ese momento tanto la luna como gran cantidad de estrellas, verdaderamente nunca se había fijado del todo, pero allí el cielo era particularmente hermoso, a diferencia de en su ciudad, donde la contaminación y la cantidad de luces hacían imposible la vista de estas, allí estaba completamente despejado, y era sin duda precioso.

- A pesar de verse tan pequeñas, todas esas diminutas estrellas, son iguales a nuestro sol, o incluso más grandes…

Alargó una de sus manos estirada hacia arriba, con la palma abierta, como si quisiera coger un puñado de esos diminutos puntos luminosos entre sus dedos.

- En su comparación, yo soy tan pequeño… tan insignificante… - Suspiró. – No, insignificante no, hoy lo he podido ver, toda vida por pequeña y simple que sea tiene una importancia, todos formamos parte de este mundo, de un todo…

Cerró en un puño la mano extendida y la bajó nuevamente, se arreboló entre las sabanas y finalmente cerró los ojos, estaba exhausto, necesitaba dormir, hasta que lo venció el sueño y se dejó llevar por un mundo de fantasía, sueños e imaginación.

- Un mundo formado por todos nosotros...

¡Intercambio equivalente! SI LES GUSTÓ LA HISTORIA PORFAVOR DEJEN UN REVIEW! (ejej me siento como Ed al final del manga XD), y aqui estoy yo actualizando a las tantas de la mañana teniendo clase a primera hora ajjaj da igual, supongo que por esto vale la pena, bueno espero que os haya gustado, y también espero actualizar antes, esta vez tarde un poco, pero bueno espero que me disculpéis por ello jeje, encontré un video que me gustó bastante de Royai, es del brotherhood, asi que quien no lo haya visto completo, contiene muchos spoilers, esta es la dirección (http : / / www . youtube . com / watch? v = 23O _ QStg2dM), (quitad todos los espacios), espero que les guste, por cierto también tengo un video de unos 5 minutos sobre la nueva película de FMA brotherhood con la música incluida, si quieren también puedo poner la dirección, solo decídmelo y las pondré, ¡nos vemos en el próximo! Andy!