Capítulo dos: Uno de los All Star
Para ti, no habrá ningún ser más llanto,
Para ti, el sol brill
ará,
Porque yo siento esto cuando estoy contigo,
Está bien, sé que todo está bien
Y los pájaros cantan,
Como saben la partitura,
Y Te amo, Te amo, Te amo,
Como nunca antes.
Y les deseo todo el amor del mundo,
Pero más que nada, deseo que sea mío.
Y los pájaros siguen cantando,
Como saben la partitura,
Y Te amo, Te amo, Te amo,
Como nunca antes, como nunca antes, como nunca antes.
Me creía Dios, por fin algo diferente y para más emoción era un fan, ciertamente un fan siniestro. Últimamente los días se habían convertido en una sucesión de amaneceres y ocasos. Pero de camino a la comisaría, fue distinto, como un mantra. ¿Era ese el cambio que me pedía mi cuerpo? Sólo el tiempo me respondió.
Aquellos ojos me tenían hechizado. Respondía a las preguntas de manera automatizada, me tenía ensimismado, embelesado. Tranquilo y sereno cómo tiempo hacía no me sentía. Súbitamente esa pompa se esfumó "Hazlo". Pensé.
- ¿Conocía Usted a las víctimas señor Castle?- me preguntó la inspectora.
- No.- por un momento creí ver en sus ojos una profunda decepción - ¿Hay alguna relación entre las víctimas?- reaccioné ágilmente.
- No, o al menos no la hemos encontrado por ahora. Estamos investigándolo-
- Tiene usted, inspectora, de ser persona a la que le gusta el buen vino. ¿Me equivoco?-
- Tiene usted señor Castle de ser persona a la que le gustan los problemas.-
- La vida es aburrida ¿Qué hay de malo en ponerle algo de sabor? No le gusta a usted, inspectora, ¿estar en la pista de baile, con su mejor vestido y sentir el calor y el roce de cuerpos, mientras el dios Baco nos da con su espíritu todo tipo de sensaciones, pensamientos y planes de placer?- si, tenía un dilema. Su boca, entreabierta y dubitativa era la mejor respuesta.
- Quizá en su mundo de gente despreocupada por un trabajo eso sea así. Pero si bajas de las nubes al duro suelo de asfalto de Nueva York, sabrás que aquí la genta trabaja duro y honradamente.- alguien llamó. Era un policía, por su ropa sería un detective o algún administrativo.
- Aquí tiene lo que me pidió inspectora. – era sudamericano, o al menos eso decía su piel y facciones. Su inglés era el de un chico criado en las calles.- entonces sucedió. Un temblor en la mano y esa desesperación que crecía en el interior.
- Gracias Esposito.- esperó a que saliera. - ¿Es duro pasar el mono?-
- Créame que es más fácil pasarlo que aguantar a mi primera ex mujer en nuestro divorcio.-
- ¿Así que eres el chico malo?- no contesté, me centraba en pensar cuanto me quedaba para salir. "Piensa, piensa… Yoga". - Sabe, puedo alargar este interrogatorio tanto como me plazca.-
- Entonces no vas a ser mejor que yo o la gente que dices que es como yo. Todos disfrutamos con el sufrimiento ajeno.- me senté en la silla y entrelacé mis piernas en posición de meditación. Posé mis manos sobre mis rodillas. Hubo un rato de silencio.
- ¿Dónde estaba la noche en que mataron a la primera victima? Fue hace dos semanas- inquirió bruscamente.
- Con mi hija en casa.-
- Su hija está bajo la custodia de su ex mujer.-
- Entonces tienen el fichero desactualizado. –
- Todos los cargos fueron retirados curiosamente. – apuntilló con cierta malicia.
- Soy amigo del alcalde, un fan.- ella me miró incrédula.- ¿De cuándo es mi último cargo?-
- ¿Eso que tiene que ver? Está aquí por ser sospechoso-
- Tengo dinero, fama y reconocimiento. ¿Dónde está el motivo?-
- La abstinencia.-
- Toxicómanos anónimos.-
- ¿Y estuvo allí la noche del segundo asesinato?-
- Bingo. Premio para la hermosa detective.- la puerta se abrió abruptamente. Esa melena roja la reconocería desde el kilometro cero al veinte de cualquier carretera.
- Eh niña quieta.- el detective latino iba tras Alexis. Ella se abrazó a mí.
- ¿Nos vamos pequeña?-
- ¿Quién ha dicho que pueda irse?-
- Mire soy novelista de asesinatos e infractor reincidente. ¿Me vas a acusar de algo? Un placer inspectora. – me levanté y me fui con Alexis. Antes de que pudiera salir de la habitación apareció un hombre. Era mayor de unos cincuenta años. Con el tiempo entablé una buena relación con Roy Montgomery.
- Beckett a mi despacho. – ella le miró para protestar. – ¡Ya! – Tiempo después supe la conversación que mantuvieron.
- Señor ese hombre se cree un yupi…- el alcalde estaba sentado en la silla del capitán.
- Ese hombre es inocente.- terció el alcalde Weldon en tono severo. Beckett se llevó las manos a la cabeza desesperada. – Su historial, actualizado.- el alcalde le acercó una carpeta.
- ¿Sabe usted señor alcalde que es un toxicómano? –
- Si. La razón por la que lo está dejando acaba de entrar en la sala de interrogatorios.-
- Es un chulo-
- Si sólo va a acusarle de eso no hay delito para encerrarle.- Beckett cogió la puerta indignada. – Inspectora…- Beckett se volvió. – Es un buen hombre, va a tener la oportunidad de comprobarlo.
Tiene un mensaje de texto de Damon:
Veo que te has convertido en un All-Star. Enhorabuena Ricky ya iba siendo hora que levantases la cabeza.
La metadona fluía por mi cuerpo. Todo estaba tranquilo, en paz. Una llamada de Weldon.
- Dime. Si ya sé que te debo otro favor. Está bien. ¿Mañana a qué hora? Está bien.-
Me acosté aquella noche pensando en el día de mañana, lo que me esperaría. Ni por un casual me hubiera imaginado que acabaría el día siendo ayudante de la policía.
