TIATS

El nombre de los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es completamente mía. Contiene lenguaje vulgar y escenas sexuales. Solo para mayores de edad.

— Tia, dile que pase. — su voz suena como la de siempre, la de una perra mandona, pero es que ella no quería demostrar debilidad ante nada ni nadie y menos ante quien en unos segundos estaba por entrar, aquel que le dejaba las bragas húmedas y las hormonas revolucionadas. No quería que nadie se diera cuenta de que estaba enamorada de ese hombre. Diez años enamorada para ser exactos.

Apenas tuvo tiempo de acomodarse la falda y de desabotonar un poco la blusa, solo para que se le viera el escote, cuando llamaron a la puerta.

— adelante.

— Buenas tardes, ¿qué me necesitaba? — dice el hombre en un susurro y ella sonríe por dentro; por fuera, ella esta seria y representando su papel de presidente de la compañía.

— si pasa y siéntate. — él obedece y rápidamente se sienta enfrente de ella. Él la recorre con la mirada y no puede evitar detenerse en el escote, se sonroja ligeramente al ver los pechos de Esme y se excita al imaginar lo que podría hacer con ellos.

— sí que eres incompetente. De nuevo volvió a fallar la computadora. — él baja la mirada. —siéntate aquí y repárala; ahora vuelvo.

— Srta. Platt, yo...

— Carlisle arregla mi computadora, ahora. — ella lo mira de tal forma que Carlisle rápidamente empieza a checar la maquina sin saber que buscaba.

Ella se levanta y se dirige al baño. Al cerrar la puerta no puede evitar sonreír por lo que estaba a punto de hacer, y mientras miraba su reflejo en el espejo se quita la blusa, se acomoda el corset, saca pecho y se deshace de la falda.

Antes de salir inhala y exhala varias veces para poder entrar en valor.

Carlisle suda de desesperación mientras mira fijamente la computadora y no encuentra ningún problema que hiciera que la computadora fallara y también está algo molesto por ser utilizado como ingeniero en computación cuando él era el maldito vicepresidente de la compañía Platt-Cullen.

Él se pone más nervioso cuando escucha la puerta del baño cerrarse y automáticamente empieza a revisar de nuevo los programas.

— Srta. Platt, no encuentro el problema por ningún lado... — él sigue checando la compu, así que no se da cuenta de nada. — ¿podría decirme en dónde está?

— Como siempre ineficiente — Carlisle se voltea para disculparse y se sorprende al ver a Esme vestida de esa manera.

— yo...

— Tú — Ella sonríe con picardía y se traga su miedo. — serás mío.

Esme no le da tiempo de reaccionar, pues también sentía pena. Después de unos segundos, Carlisle la toma de las caderas sin dejar de besarla y hace que se monte sobre él.

— ¡Carlisle, te deseo! — dice entre beso y beso. Los dos se traen ganas, los dos desean lo mismo y Carlislito ya comenzaba a despertarse del todo.

— Esme... — con dificultad le va quitando el corset y le besa los pechos cuando ya están libres. — Eres hermosa. — ella gime.

Carlisle continua devorándole los pechos mientras ella trata de bajarle los pantalones y por fin conocer a Carlislito; el grande, grueso, caliente y venoso Carlislito que ella imaginaba.

Y no le defraudo. Carlislito no tenía nada de ito y sí mucho de ote; ella se relame los labios y Carlisle sonríe orgulloso. Su pene salta, alegre.

Ella lo vuelve a besar mientras toma delicadamente el pene de Carlisle y se lo introduce lentamente, despacio, disfrutando.

Comienza a moverse poco a poco mientras Carlisle lo mete por completo.

Una vez dentro, ella empieza a moverse más rápido. Carlisle la toma de las caderas y hace que su sexo se hunda más en ella. Esme trata de no gritar mientras se lo coge. Carlisle trata de no venirse mientras ella lo cabalga con maestría.

— Srta. Platt su cita... — Tia se queda pasmada de ver a la presidenta y al vicepresidente tener relaciones.

Lentamente, lo más lento que pudo, cerró la puerta y corrió a su escritorio; sonrojadisima era poco, ella era todo un semáforo en alto, toda una nariz de Rodolfo, todo un tomatito y todas las clases de objetos rojos con los que se podría comparar.

Tia sabía de sexo; sus padres le habían hablado de sexo, había visto una que otra película para adultos y hasta se había tocado unas cuantas veces, pero jamás había tenido relaciones sexuales. Ella era virgen, tenía 23 años pero era virgen porque aún no encontraba al pene perfecto.

Ni Esme ni Carlisle escucharon a Tia o a la puerta, los dos estaban perdidos en su propio placer. El coño de Esme era estrecho y cada que él se hundía en ella, su pene quedaba atrapado entre las paredes de su sexo y eso lo volvía loco.

El pene de Carlisle era todo lo que ella había pensado y hasta más, era grande, muy grande y se sorprendió de que cupiera en ella y era tan grueso que al principio le dolió.

— Más rápido Carlisle, necesito... — él la carga y la coloca en el escritorio, comienza a embestir más rápido y profundo. Saca y mete, saca y mete y Esme está a punto de llegar al orgasmo; Carlisle se mueve más rápido y los dos se corren a la vez.

— eso fue...

—… ya te puedes ir. — Carlisle no se lo cree.

Él seguía atónito mientras veía como Esme se bajaba del escritorio e iba por su ropa al baño y se la colocaba de nuevo, sin sostén y sin bragas, lo bueno es que la blusa no era transparente, porque de lo contrario tendría que conseguir a punta de puñetazos que nadie se le quedará viendo; ella ahora era suya. - ah, sí. Quería que me fuera de su oficina.- pensó.

— ¿disculpa?

— que ya te puedes ir y cierras la puerta al salir. — Ella lo empuja para que se quitara de su camino y se puso a checar la computadora — ah y dile a Tia que la próxima vez que tenga algo que decirme, que me llame al teléfono primero.

Cuando Carlisle vuelve a parpadear ya está fuera de la oficina y sin recordar cómo, sólo recuerda lo maravilloso que había sido y lo poco que había durado. Tia lo ve sorprendida.

— Se - Señor Cullen. — lo llama desde su lugar. Ella se veía realmente acalorada también. — cre - creo que es contra el re - reglamento andar con el pene para afuera. — él se golpea mentalmente y de inmediato se mete a Carlislito en sus pantalones y se subió el cierre. Sin despedirse sale casi volando de ahí y ya en el elevador se da de golpes contra la pared por haberse olvidado de metérselo. -¿cómo demonios pudo habérseme olvidado? - se decía una y otra vez. - pobre Tia, ha de estar asustada. - se martiriza solo, porque Tia no estaba para nada asustada, al contrario, ella sonríe excitada al encontrar por fin al pene perfecto.

Regreso Carlislito! Yeah!

*Para los que no saben, Carlislito salió en otra de mis historias pero no como el miembro viril de Carlisle, sino como un diminutivo odioso que le decía su ex nuera*

Gracias por leerme y por leer mis demás historias, comentarlas y convertirlas en favoritas! Como creadora de las historias me da mucho gusto que a la gente les guste, jamás creí que mi imaginación tan pervertida les agradaría! MUCHAS GRACIAS!

Saludos, besos y abrazos!

Los amo un buen!