N/A: Aquí traigo el nuevo capítulo. Muchas gracias a todos por apoyar esta historia. Me alegra saber que os gusta y que tiene lectores. Me gustaría que más os animaráis a comentar, pero bueno...
Darrenatic: muchas gracias, me alegra que te gustara el capítulo. Blaine tendrá dificultades (me encanta el drama). Espero que te guste lo que viene... Besos
¡Por cierto! ¡Por fin teneis un poco más de Coopbastian! Sé como llevar su relación y no quería prisas pero parece que os emociona... Tendréis mucho más, pero más adelante. De momento, un "inicio"... Espero que os guste...
CAPÍTULO 3: ES ADORABLE, ES SEXY, ES IRRESISTIBLE
El primer día de trabajo de los nuevos actores fue complicado. Cambios de ropa, fotografías promocionales, aclaraciones de los personajes, lectura del guión del primer capítulo... Blaine se encontraba agobiado con tanto que hacer. Él y Kitty iban de un sitio a otro para ayudar ahí donde los necesitaban. Por eso se sintieron aliviados cuando la hora de comer llegó. El moreno eligió su comida de ese día y al disponerse a ir a una mesa se percató de que los dos nuevos miembros masculinos del cast estaban con sus amigos. Su corazón latía con fuerza, no se creía capaz de comer con Cooper y Sam. Sin embargo, no encontraba una excusa creíble para evitar sentarse en la mesa de siempre.
– Squirrel, te he guardado un sitio a mi lado. – El mayor de los Anderson señaló la silla libre que había entre él y Evans. ¿Qué más iba a pasar? No pudo oponerse y ocupó el lugar entre las dos personas a las que no quería ver.
– Estábamos conociendo un poco mejor a los nuevos. ¿Quieres preguntar algo sobre ellos? – Brittany le guiñó un ojo disimuladamente antes de sonreír hacia el rubio.
– A Coop ya lo conozco de sobra, gracias. – Bromeó el ojimiel sacándole la lengua a su hermano.
– ¿Soy la única que quiere conocer alguna anécdota de Squirrel de pequeño? – Wilde sonrió maliciosamente.
– Hay muchas, créeme.
– ¡Cooper! Cierra la boca. – Blaine intentó evitar que siguiera hablando.
– Eras un niño adorable. ¿Cuándo creciste? Es que no lo he notado.
– Vete a la mierda.
– Yo creo que sigue siendo adorable. – Sam intervino en la pelea haciendo que todos lo miraran asombrados. Sebastian y Brittany tenían una sonrisa inmensa y Kitty tuvo que morderse la lengua para no decir alguna cosa fuera de lugar.
– ¿Te gusta mi hermano? Porque si es así tendré que advertirte de que si le dañas lo más mínimo te aseguro que no tendrás lugar en el mundo para huir.
– No le hagas ni caso. Con todo lo grande, alto y guapo que es, sus neuronas son incapaces de conectar dos ideas. – El ojimiel comentó haciendo que todos los demás rieran.
– Sí, soy alto y guapo... Un momento... ¿Acaba de llamarme tonto? – La mesa estalló en risas.
– No Cooper, yo jamás te llamaría eso... Idiota, estúpido o engreído sí... Tonto no. – El mayor agarró a su hermano y le despeinó. Blaine intentó acomodar su pelo con los dedos.
– Con suerte ahora te irás al baño dos horas a arreglar ese desastre y nos dejarás comer tranquilo. – El ojiazul se burló.
– Si hubieras heredado el pelo de papá como yo sabrías lo que cuesta domarlo. – Protestó el ojimiel.
– No te quejes Blaine. No entiendo porque siempre llevas tanto gel, te queda bien ahora, no te lo toques. – Pierce intervino. Su amigo la miró desconfiando.
– Britt tiene razón, así te queda sexy.
La segunda vez que Sam hablaba y la segunda vez que todos lo miraban sorprendidos. El rubio tenía la sensación de que había algo que se estaba perdiendo. Parecía que nadie sabía que se habían acostado, sobre todo por las palabras de Anderson al ser presentados. Sin embargo, todos parecían encantados con sus torpes coqueteos. Cuando llegara a casa le pediría a Stacy unos consejos para ser sutil porque sabía que estaba fallando estrepitosamente.
– Adorable, sexy... Creo que he perdido mi oportunidad. Le gustan los chicos buenos. – Sebastian intentó aligerar el ambiente.
– Si tú supieras... – Kitty dijo con burla.
– ¿Eres gay? Digo... ¿Sois gays? – La ojiazul cambió de tema.
– Bueno... Yo soy un hombre libre... He estado con chicos y con chicas. – Cooper dijo.
– ¿Que has hecho qué? ¿Desde cuando eres bisexual? ¿Por qué yo no lo sabía? ¿Lo sabe papá? – Las preguntas salieron a toda prisa de los labios del menor.
– No sé que soy, no me gustan las etiquetas y no os lo dije a ninguno porque es mi vida. – El mayor se encogió de hombros.
– ¡Pero a mí me tenías que sacar del armario! ¡Y delante de todos los que conocíamos! – Gritó enfadado Blaine.
– Vamos Squirrel, todos lo sabíamos desde que tenías cinco años.
– ¿Y tú Sam? ¿Eres gay? – Kitty interrumpió, le interesaba mucho más la respuesta del rubio que la del mayor.
– Bisexual. Me gustan chicos y chicas aunque nunca he tenido novio. – Respondió el ojiverde.
– ¿Nunca te has acostado con un hombre? – El castaño quiso saber.
– Una vez y puedo decir que fue genial y me gustaría repetir... Pero con él, no quiero a nadie más, hombre o mujer.
Mientras Smythe y Pierce ponían cara de tristeza, Wilde sonreía de oreja a oreja, la cosa se ponía interesante. Blaine había palidecido y se veía incómodo, pero nadie le dio demasiada importancia.
– Chico afortunado. – Suspiró la ojiazul desilusionada porque se imaginaba a su mejor amigo enamorado y feliz con Evans y pensaba que eso jamás se cumpliría.
– ¡Ni te lo imaginas! – La otra rubia rió.
Después de comer siguieron con sus trabajos y Blaine aprovechó un momento a solas con Kitty en su despacho para hablar con ella.
– Gracias por guardar mi secreto. – Dijo el moreno.
– Me debes una y de las grandes.
– ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
– Volver a los brazos de Sam... ¡Está loco por ti! – Gritó ella emocionada.
– No, no lo está.
– Claro que sí.
– Quiere volver a tener sexo conmigo pero eso no significa que haya sentimientos. – El ojimiel explicó.
Los jóvenes que trabajaban en Vampire se reunieron en el bar Scandals para celebrar el comienzo del trabajo. Todos estaban allí en grupos charlando y conociendo a los nuevos. Sebastian, Kitty, Sam y Brittany estaban sentados en una mesa y el castaño miraba constantemente a su teléfono móvil.
– ¡Llámalo! – Propuso Pierce desesperada.
– No entiendo por qué no ha venido. ¿Estará bien? – El ojiverde parecía preocupado.
– Seguramente esté en su despacho o haya ido a ver a su padre. – Wilde susurró.
– Si Cooper está aquí no creo que sea algo de su padre. – El rubio interrumpió. – Si queréis voy a su despacho para que no sienta que le controláis demasiado.
– ¡Sí! Me parece una idea genial. – La secretaria se adelantó a los otros dos y se acercó al oído del joven para que nadie más lo escuchara. – ¿Llevas lo necesario esta vez o necesitas que os vuelva a dar un regalo de cumpleaños?... O tal vez sería de Navidad porque el del cumpleaños del enano ya se lo di.
– El otro día no usamos todo... Supongo que lo tendrá todavía allí. – Evans estaba sonrojado.
– Toma por si acaso. – La chica se levantó y obligó al otro a imitarla para empujarlo un poco lejos de los otros para que no los escucharan y para poder ocultar sus movimientos. Sacó unos preservativos y los metió en el bolsillo trasero del pantalón de Sam.
– Gracias.
– Sólo te pido que lo hagas feliz y lo cuides. – Ella susurró evitando la mirada del actor.
– Me gusta y quiero estar con él. Para mí es especial, no es sólo sexo.
– Demuéstraselo.
Sam llegó a las afueras del edificio donde estaban los estudios de Vampire, pero estaba cerrado. Pensó que su oportunidad de estar a solas con Anderson se había esfumado cuando vio a alguien que conocía, el hombre de seguridad que les abrió la puerta.
– ¡Perdone! ¡Señor! – Gritó el rubio y el hombre se volvió.
– ¡Hola! Tú eres el amigo de Blaine, ¿cierto?
– Sí... ¿Sabe si está dentro?
– Todavía no ha salido. Te dejo pasar pero tienes que registrar tu entrada.
Los dos se dirigieron hacia el mostrador y el actor le entregó su tarjeta que le acredita como trabajador del estudio.
– ¡Eres actor de Vampire! Pero si Blaine me dijo... ¡No importa! Supongo que sabes como ir a su despacho.
Blaine estaba estresado y nervioso. No entendía que su vida hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo. Una semana atrás era un chico ilusionado con su trabajo y que no tenía problemas sentimentales debido a que no tenía vida amorosa. Ahora su trabajo apestaba por la presencia de su hermano y del chico con el que se había acostado. ¿Ese era el precio por dejarse llevar por las necesidades de su cuerpo en vez de la razón?
Seguía escribiendo ideas de tramas para su personaje cuando alguien llamó a la puerta. Supuso que sería Sebastian enfadado porque no ha ido a Scandals, por lo que se levantó y abrió la puerta. Se quedó helado al comprobar que estaba equivocado. Un muy apuesto Sam le sonreía al otro lado.
– ¿Puedo pasar?
– Claro. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás con todos en la fiesta? – Las preguntas del moreno fueron rápidas mientras el otro chico entraba.
– Te echaba de menos. ¿Por qué no estás tú allí?
– Tengo que trabajar. – El ojimiel señaló su ordenador.
– Vale. Sigue con tus cosas.
El más bajo lo miró confundido pero volvió a su silla y siguió escribiendo la escena que tenía en mente. El ojiverde se puso justo detrás de él y comenzó a masajearle los hombros. Anderson cerró los ojos y se dejó llevar por el placer que le proporcionaban las manos del más alto. Se fue relajando poco a poco y empezó a pensar que no era tan mala la opción de dejarse llevar por los deseos de su cuerpo.
Evans se dio cuenta de que su acompañante cedía ante sus caricias y no podía estar más feliz por eso. Algo le decía que iba por el buen camino. Por eso se decidió y se agachó para poder besar el cuello del otro.
– Eres irresistible. – Susurró el actor en el oído de su amante.
Un gemido se escapó de los labios de Blaine la sentir el cálido aliento de Sam. A partir de ahí, las cosas enloquecieron. Las manos del rubio desabrocharon la camisa del otro mientras el ojimiel agarraba el pelo del más alto para poder apartar su cara y así poder besarlo en los labios. Evans acaricio el pecho y vientre del moreno a toda velocidad para llegar cuanto antes al pantalón del otro.
– Kitty me ha dado preservativos pero... Yo estoy limpio y si tú lo estás, preferiría no usar protección. – Susurró el ojiverde en el oído del otro.
– Sólo he estado contigo desde la última vez que me hice análisis...
– Perfecto. – Sam susurró mientras soltaba el cinturón y el botón del pantalón de Anderson.
El rubio se apartó de su amante para arrodillarse frente a él. Le quitó la ropa que le quedaba para dejarlo totalmente desnudo. Vio el miembro de Blaine totalmente excitado y pensó que él jamás había hecho determinadas cosas y que era el momento de empezar. Atrapó el miembro del moreno con su boca y comenzó a masturbarlo. El ojimiel gemía mientras su cuerpo temblaba de placer hasta que llegó al orgasmo. Cuando el más alto lo liberó, Anderson se abalanzó sobre él, quedando arriba y comenzó a lamer su cuello mientras desabrochaba el pantalón. Con prisa y torpeza también lo desnudó.
Sam lo abrazó y rodó sobre su espalda para ser él quien quedara encima. Blaine notaba la suavidad de la alfombra en su espalda. Estuvieron un rato frotándose, besándose y marcándose hasta que el rubio se decidió a jugar con la entrada del otro, acariciándola dulcemente con el dedo.
– El lubricante está en el último cajón. – Suspiró el más bajo.
El ojiverde lo cogió, aplicó un poco en sus dedos y sin previo aviso introdujo uno en su amante. Comenzó a prepararlo con movimientos dulces mientras se besaban. Había mucha pasión pero también había algo más. No era amor porque todavía era pronto pero había algo que les decía que no era sólo sexo. Un segundo y tercer dígito lo acompañaron.
El ojimiel estaba a punto del colapso, no podría aguantar más. Sin embargo, no necesitó palabras. Una sola mirada bastó para que el más alto entendiera y sustituyera sus dedos por su miembro bien lubricado. Esa vez todo se sentía más especial que la primera vez. No era apresurado, no era frío, no era violento. Los movimientos eran suaves, sus pieles se tocaban con más cariño, la atracción que ambos sentían era mayor y se sentían completamente, sin nada que los separara.
Cuando Evans estaba a punto de llegar al orgasmo comenzó a masturbar a Anderson al ritmo de sus embestidas. Dos sacudidas fueron suficientes para que éste llegara al máximo placer con un gemido agudo y poco después su amante lo acompañó.
Sam le dio un tierno y dulce beso antes de salir de él y se tumbó de lado mientras acariciaba el pecho de Blaine. El moreno lo miró con cariño, cada segundo con el ojiverde le hacía sentirse especial pero no le gustaba sentir que eso era algo temporal y que pronto el rubio se cansaría de él.
– Deberíamos ir a la fiesta. – Propuso el ojimiel.
– Preferiría quedarme aquí contigo. – Susurró el actor.
Sebastian se acercó a Cooper. El mayor le gustaba y pensaba que sería una buena nueva conquista. Sólo esperaba que su mejor amigo no se molestara, no tenía intenciones de perderlo por un calentón.
– Hola Sexy. – El castaño se acercó seductor.
– No pienso tener nada contigo. – El moreno se adelantó.
– ¿Qué? ¿Por qué? – El ojiverde se extrañó.
– Por si no lo has notado, Squirrel y yo estamos un poco distanciados. Quiero recuperar a mi hermano pequeño.
– ¿Crees que con no acostarte conmigo lo vas a solucionar?
– Tal vez no, pero si tengo algo contigo lo voy a empeorar. Eres su mejor amigo.
– No tiene por qué enterarse. Será nuestro secreto.
Smythe agarró la mano de su compañero y lo dirigió hacia los baños. Antes de que Anderson pudiera reaccionar los labios de Sebastian estaban sobre los suyos. El mayor se dejó besar, permitiendo que el otro introdujera su lengua en su boca. El castaño se frotaba con fuerza haciendo que ambos gimieran.
– No creo que sea correcto esto que hacemos. ¡Eres el mejor amigo de mi hermano! – Cooper se separó del otro.
– Antes de lo que crees, caerás en mis brazos.
El ojiverde le dio un último pico y salió de allí. Entendía que esa situación le podía causar problemas con Blaine pero si realmente era su amigo lo entendería. El mayor era un chico sexy y apuesto, totalmente deseable. El tipo de chicos que él seducía.
Anderson por su parte sabía que se encontraba en una posición difícil. Él había sido como Sebastian hasta hacía no mucho, pero ya había llegado a una edad en la que necesitaba estabilidad y las relaciones de una noche no le satisfacían en absoluto... Mucho menos si con ella tenía que poner en peligro su relación con su hermano. Sabía que había una posibilidad de que su padre volviera a estar enfermo y eso significaba que iban a necesitar mucho apoyo. No quería alejarse de él por un calentón de una noche.
A pesar de que intentaba evitar la tentación, Cooper no paraba de mirar a Sebastian. Le atraía mucho el joven, aunque en parte le daba miedo porque reconocía en él muchas de las cosas que hizo él mismo en su juventud. No podía y no quería involucrarse en algo así. ¿Por qué le costaba tanto alejarse?
Cuando Sam y Blaine llegaron a Scandals se sentaron junto a Sebastian, Kitty y Brittany. Cooper se acercó a ellos a pesar de todo. Los seis comenzaron a hablar sin preocupaciones mientras bebían. La atmósfera era relajada hasta que algo llamó la atención del castaño, cuando comprobó que su mejor amigo estaba muy pendiente de que el cuello de su camisa no se abriese en exceso.
– ¡Tienes un chupetón! – Smythe estaba sorprendido. – ¡Y Sam otro! Yo juraría que no los teníais esta tarde.
– ¡Oh Dios Mío! ¿Os habéis acostado? – El mayor preguntó mirando a su hermano.
– Es mi vida y hago con ella lo que quiero. – Aclaró el ojimiel.
– Me parece tan bonito. Hacéis una pareja preciosa. No sé, me parecéis adorables juntos. ¿No? – La rubia buscaba apoyo en los demás.
– A mí me intriga que hace unos minutos Sam dijera que sólo quería estar con un chico que conoció. ¿Qué pasó con él? ¿Tan pronto lo olvidaste? Antes ha sido Coop el que te ha amenazado pero te juro que como Blaine derrame una sola lágrima por ti, te dejaré sin posibilidad de ser padre. ¿Quedó claro?
– Vamos a ver, Suricato. Hace unos días Blaine se acostó con un chico y Sam ha reconocido que hace poco tuvo su primera vez con un chico... ¿No eres capaz de atar cabos? Te presento a Ken. – Wilde exclamó.
– ¿Qué? – Los dos mejores amigos del menor gritaron a la vez. Se sentían dolidos por lo ocurrido. Pensaban que el más bajo confiaba en ellos y que les habría contado todo.
– Hablamos luego de eso.
Cuando la fiesta terminó, los tres amigos fueron juntos hasta el coche. Como siempre, el moreno conducía y los llevaría a casa. Solían hacer siempre lo mismo ya que a Blaine no le gustaba beber y así los otros no se ponían en peligro conduciendo bajo los efectos del alcohol.
– Siento lo que ha pasado. No quería decir que era Sam con el que me había acostado porque temía que me presionarais y que intentarais hacer de Celestinos. No quiero nada serio, sólo es sexo. – El ojimiel comentó.
– Repítelo mucho, tal vez, con suerte, en una de esas te lo creas. – El castaño estaba molesto.
– Sam está fuera de mi alcance. Puedo darle placer momentáneo, pero a la larga jamás funcionará. – El más bajo explicó.
– ¡Mentira! Sam sería afortunado de tener a alguien como tú a su lado. Creo que le gustas. ¡Tú lo escuchaste! Sólo se ha acostado con un chico y no quiere hacerlo con nadie más. Deja de decir estupideces y céntrate. – La joven también estaba enfadada.
– ¡No lo entendéis! Vosotros sois actores como él. Sois guapos, atractivos, sexys y elegantes. Tendréis una vida con la que los demás sólo podemos soñar. – Anderson gritó.
– Una vida superficial, solitaria y llena de personas que se acercan a nosotros por nuestra fama y dinero en vez de por como somos. Tú eres alguien con un gran corazón y puro, algo que cualquiera de nosotros buscamos. Tú puedes ser quién salve a Sam del dolor de la fama. – Smythe dijo tranquilamente.
– O él puede ser el que termine de romper mi corazón en miles de trozos. No quiero enamorarme y mucho menos de él. – El escritor susurró.
– Creo que antes de que lleguen las vacaciones de Navidad vas a ser un chico totalmente enamorado y probablemente tendrás una relación con él. – La rubia añadió.
– Espero que no. No quiero sufrir. – Blaine cerró el tema.
