Hola a todxs! Cómo andan? Espero que muy bien :)
Al final volví antes de lo esperado, por suerte logré terminar un nuevo cap a tiempo y aquí estoy de nuevo dando acto de presencia.
En esta ocasión les traigo un episodio que ilustra un poco el panorama emocional de nuestros queridos protagonistas. Quizás las cosas no pinten muy esperanzadoras que digamos, pero confiemos en que a la larga puedan encaminarse hacia buen puerto…
Quiero agradecer a quienes me empezaron a seguir y comentar con tanto entusiasmo. En verdad valoro todos y cada uno de sus comentarios, y les pido que no dejen de decirme lo que piensan y sienten al leerme. Sé que mis historias son capaces de provocar impresiones muy diversas, y todas son válidas y totalmente bienvenidas!
Bueno, lxs invito a leer el TRES en paz! Y que me cuenten qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Saluditos!
Bell.-
:: Capítulo Tres ::
Ese día, después de darse un largo baño, de tomar un café bien cargado con varias aspirinas y de intentar mejorar su humor, Serena decidió visitar a sus padres como lo hacía cada domingo. Se sentía fatal por todo lo que le había sucedido en las últimas 24 horas y necesitaba los mimos de su familia para recuperar fuerzas.
Se sentía tan perdida y confundida que no sabía cómo seguir adelante después de su desilusión con Steven y de haber conocido a Darien. No quería sentir nada por ninguno de los dos, por ningún hombre, nunca más. Tenía pésimas experiencias amorosas, siempre que se interesaba en alguien salía lastimada, nunca era capaz de concretar una relación como ella quería, y si alguna vez parecía conseguirlo las cosas jamás prosperaban y acababa con su corazón roto en mil pedacitos.
Creía que necesitaba estar sola, al menos por un largo tiempo, y no fijarse más en nadie, no ilusionarse como la niña enamoradiza que seguía siendo a pesar de ya tener 27 años. Se daba cuenta de que necesitaba madurar, revisar su forma de relacionarse con los hombres, ya que siempre se esforzaba en mostrarse y ser agradable para que la acepten, y nunca lograba conseguirlo. Quizás su destino era acabar soltera, y aunque le dolía pensar en eso, se sentía resignada. La soledad, su eterna enemiga, parecía ser la única solución.
Decidió tomarse un par de días para ausentarse en el trabajo hasta poder sentirse un poco mejor. No quería ni cruzarse con Steven, y mucho menos con la presumida de Melissa que de seguro le refregaría en la cara su divina felicidad con su nuevo amor, y eso no lo soportaría. No porque siguiera creyendo estar realmente enamorada de él, en realidad ya se estaba logrando dar cuenta de que no era más que una simple e infantil ilusión, sino porque se sentía tan disminuida, tan insignificante por la forma que Melissa siempre la trataba que heriría su orgullo. Y no quería perder lo poco que le quedaba de dignidad.
El lunes al mediodía, después de haber hecho algunos trámites y otras cosas que nunca se hacía el tiempo de hacer, fue a visitar a su buena amiga Lita que la había invitado a almorzar. Ella trabajaba en el restaurante de sus padres, y era una excelente chef.
Cuando entró al lugar se acercó a la barra donde estaba su amiga y se sentó en una banqueta. —Hola, Lita… —dijo con un melancólico suspiro.
—Serena —le habló Lita apurada apenas la vio y la miró fijamente a los ojos—, no te vas a mover de ahí hasta que me cuentes qué fue lo que pasó la otra noche.
—Por favor, ni me lo recuerdes —Serena se sentía tan avergonzada por su comportamiento—, fue un verdadero papelón… ¿Cómo permitieron que me embriagara de esa forma? Saben muy bien que no estoy acostumbrada a beber.
Lita echó a reír. —No seas dramática, amiga, no fue tan terrible, estabas súper desenvuelta y graciosa.
—Sí, seguro, fui el hazmerreír de la noche —dijo Serena también riendo.
—Bueno, pero cuéntame, por favor, ¿qué pasó? ¿cómo te fue? —insistió Lita con una pícara sonrisa.
—¿De qué hablas? —Serena intentó evadirse.
—De Darien, Serena, ¿de quién más? Estaban muy divertidos, conversaron y rieron por horas, y se fueron juntos… Algo pasó entre ustedes, no me lo niegues —Lita moría de curiosidad.
—No, Lita, no pasó nada. Sólo me acompañó hasta la puerta de mi casa y se fue. Eso es todo —Serena prefirió no contarle lo que había pasado, las cosas habían sido demasiado confusas para ella y pensó que era mejor hacer de cuenta que nada había sucedido.
—Vaya —Lita sabía que Darien le había contado la misma versión a Andrew, pero como él siempre se mostraba muy reservado respecto a su 'vida amorosa' creyó que habría mentido. Y esperaba que Serena le dijera la verdad—, pues qué lástima —dijo desilusionada—, creí que habrían congeniado.
—Sí congeniamos, pero no como tú piensas —explicó Serena—. Aunque al principio no me causó una buena impresión, ya que se comportó como un completo grosero y antipático. Pero creo que a pesar de todo es bastante agradable.
—Y muy guapo —dijo Lita con picardía.
—Sí, es guapo —Serena hizo una breve pausa y sonrió al recordarlo—. Pero no estoy interesada en él —concluyó cortante—. En realidad no quiero volver a interesarme en nadie. Lo de Steven fue la gota que rebalsó el vaso, ya no quiero ilusionarme más con ningún hombre.
—Pero Serena… —quiso insistir Lita.
—No, amiga, no quiero —la interrumpió Serena—. Estoy cansada, estoy harta de ser una cabeza hueca que siempre pretende encontrar al amor de su vida en cada chico que conoce y cada vez acaba estampada contra la pared. Me ha sucedido infinidad de veces, y ya no quiero pasar por eso nunca más.
—Es que tú te fijas en hombres que no valen la pena —intentó animarla Lita—, tipos superficiales, preocupados por las apariencias, machistas…
—Eso no es cierto —volvió a interrumpirla Serena—, Steven no es así. Él es maduro, respetuoso, inteligente… un verdadero príncipe.
—Pero se fijó en la tonta de Melissa, la chica más hueca y superficial de la tierra —refutó Lita. Serena bajó la mirada—. Amiga, no seas tan dura contigo, eres una chica grandiosa, debes confiar más en ti y creer en que puedes conocer a alguien que te valore por lo que realmente eres, no sólo por lo que aparentas. Tú te mereces a alguien que te acepte tal y como eres, que te respete, te trate bien. Y el tonto de Steven no te merece ni un poco, sólo te ha usado como paño de lágrimas y consejera fiel, jamás te valoró.
—Puede que tengas algo de razón, pero insisto en que ahora lo mejor para mí es estar sola y no fijarme más en nadie. Te agradezco por tu disposición y tu buena intención de que me acerque a Darien, pero realmente no quiero hacerlo. No estoy lista para intentar de nuevo estar con alguien, necesito estar sola, entiéndeme, por favor.
—Bueno, pues… —Lita no sabía cómo decirle que Andrew acababa de entrar al restaurante acompañado de Darien. Ella y su novio habían acordado reunirlos ese día de manera que pareciera algo totalmente casual y volver a intentar lograr un acercamiento entre ellos—. Hola, amor —le dijo a su novio nerviosa.
Serena volteó a saludar a Andrew y cuando vio a Darien a su lado sintió que su corazón se paralizaba. —Hola, Serena —la saludó Andrew efusivo y pasó a la barra para saludar a su novia.
Serena miró a Lita enojada pero ella la esquivó. Y volteó a ver a Darien intentando disimular su nerviosismo. Él se acercó lentamente a ella con una tranquila sonrisa. —Hola, damita. Qué agradable sorpresa volver a verte…
Serena no era consciente de que estaba embelesada al verlo caminar hacia ella. Darien vestía un elegante pero sobrio traje gris, camisa blanca y un maletín colgando de su hombro. Lucía increíblemente encantador. —Ho… hola, Darien… —titubeó nerviosa.
Él se acercó más a ella y la saludó con un corto beso en la mejilla que la hizo estremecer entera. No sólo el contacto de sus labios sobre su piel la había deleitado, sino también el amaderado e intenso perfume que respiró de su cuello al tenerlo tan cerca por esos escasos segundos. —¿Cómo estás? —le preguntó queriendo disimular y escapar de las sensaciones que él le despertaba.
—Cansado —respondió Darien mientras aflojaba el nudo de su corbata—. ¿Tú cómo estás?
Serena notó cómo repentinamente el modo de Darien pasaba de ser cálido y afectuoso a frío y distante —Bien… —respondió bajando la mirada algo ruborizada.
Él aprovechó su distracción para observarla detenidamente de arriba abajo, estaba tan diferente a como cuando la conoció. Vestía unos jeans que parecían bastante viejos, zapatillas y una sencilla y delicada blusita floreada. Tenía suelto su ondulado cabello que caía sobre sus hombros formando unos perfectos bucles en las puntas. Su rostro era claro y limpio, tal cuál él se había imaginado que luciría sin maquillaje. Y la encontró sencillamente hermosa…
Serena lo miró de nuevo y le regaló una tímida sonrisa. Darien no supo cómo reaccionar, sólo sonrió levemente para no ser descortés y volteó a saludar a Lita. No toleraba sentirse nuevamente perdido en los claros y expresivos ojos de Serena, y decidió evitar volver a mirarla. —Hola, Lita.
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Después del ligero almuerzo que compartieron los cuatro juntos, los chicos siguieron conversando distendidamente por largo rato, aunque Serena y Darien estuvieron muy callados durante toda la comida, y entre ellos casi ni cruzaban palabra, tampoco se miraban, evitaban cualquier tipo de contacto. Lita y Andrew no sabían qué más hacer para que se aflojaran, eran dos cabezas duras totales y les estaban dando mucho trabajo.
—¿Sabes, Darien? —dijo Andrew intentando una nueva estrategia para ver si lograba despertarles algún interés—. Serena es maestra —Darien no dijo nada, sólo escuchaba con atención—, trabajó en varias escuelas primarias y le gustan mucho los niños, ¿verdad, Serena?
Serena quería fulminar a Andrew con la mirada, estaba realmente incómoda con la insistencia de sus amigos en querer emparejarlos a como diera lugar. —En realidad soy profesora de literatura —explicó—, pero sí, prefiero trabajar con niños pequeños.
—¿Y dónde trabajas? —preguntó Darien.
—En una radio.
—¿Una radio? —volvió a preguntar sorprendido.
—En realidad es un trabajo que tengo hace varios años —continuó Serena—, y no lo dejo porque no son muchas horas, me pagan bien, es tranquilo. Pero hace bastante tiempo que no doy clases, ése sí que es un trabajo que adoro, pero es bastante duro.
—Vaya… Entonces creo que eres muy cómoda.
—¿Cómoda? —preguntó ella confundida.
—Claro —siguió Darien—, ¿sostienes un trabajo que no te gusta pero que te resulta fácil, a costa de renunciar a tu vocación porque es 'bastante duro'?
—Disculpa —Serena comenzaba a sulfurarse—, ¿dijiste que soy 'muy cómoda'? —lo miró enojada y él sonreía de lado disfrutando de cómo lograba sacarla de sus casillas tan fácilmente.
—No, Serena —intervino Lita queriendo calmar los ánimos—, no quiso decir eso. Darien se refería a que en realidad debe ser muy difícil conseguir un trabajo de docente, ¿verdad, Darien?
—No, nada de eso —refutó él—. Quise decir exactamente lo que dije, que la de ella es una actitud muy cómoda, simplemente eso.
Serena estaba furiosa con el modo despectivo en que él se refería y dirigía a ella, y cuando estuvo a punto de abrir la boca para protestar, Lita volvió a interrumpirlos. —Y Darien trabaja con Andrew en la fundación, cuéntale a Serena, amor —le pidió a su novio.
—Claro —Andrew reía nervioso—. Darien y yo somos colegas, nosotros fuimos compañeros en la universidad, ¿cierto, Darien?
Darien suspiró también molesto, la actitud casamentera de sus amigos lo irritaba inevitablemente, pero respondió lo más breve posible para ver si así lograría que lo dejaran en paz. —Sí, me gradué un poco antes que él —explicó—, y me fui a EEUU para trabajar en un importante buffet durante varios años. Regresé el año pasado y cuando nos reencontramos me propuso que trabajáramos juntos.
Andrew manejaba una fundación de derechos humanos y medioambiente, y Darien se incorporó a su equipo de profesionales cuando regresó a Tokio.
—Qué interesante —dijo Serena irónica—. ¿Y entonces eres capaz de trabajar en pos de las relaciones armoniosas entre el ambiente y los seres humanos? —preguntó desafiante.
—Pues creo que sí —respondió Darien con aires de superioridad—. Ése es el principal objetivo de la organización, y si estoy trabajando ahí es porque soy lo suficientemente idóneo en el área.
—Vaya —siguió Serena—, esto sí que es una sorpresa. Porque por lo poco que te conozco, con las personas dejas mucho que desear a la hora de relacionarte armoniosamente.
Darien volvió a sonreír ante el comentario de Serena, la situación en lugar de irritarlo comenzaba a resultarle divertida, el temperamento de Serena le fascinaba, y quería seguir provocándola. —Dime algo, Serena —dijo riendo—, ¿acaso tú tienes el síndrome de la última palabra? —y con ese comentario ella se puso mucho más furiosa.
—Pidamos un café —los cortó Andrew—. ¿Quieren café? Aquí hacen un café delicioso —y ambos se callaron.
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Momentos después, los ánimos no habían mejorado ni un poco.
Serena y Darien siguieron sin dirigirse la palabra. Serena estaba muy molesta con la forma en que él se había dirigido a ella, no podía comprender cómo se empecinaba en comportarse de esa manera cuando creía que habían logrado entenderse tan bien la noche que se conocieron.
Pero no quiso darle mayor importancia, estaba más decidida que nunca de que no iba a interesarse más en nadie, que quería estar sola y no volver a ilusionarse con ningún hombre, mucho menos enamorarse.
Por su parte Darien estaba un poco más relajado. Aunque era consciente de lo grosero que se estaba comportando con Serena, también sabía que siempre elegía tomar esa actitud cuando temía que existiera alguna posibilidad de que surgiera en él un interés particular hacia una mujer.
Y en este caso no sólo se daba cuenta de lo atraído que se sentía por ella, lo cual lo decepcionaba enormemente de sí mismo, sino también que se sentía muy incómodo y molesto con cómo Andrew y Lita lo habían llevado engañado a ese almuerzo y se esforzaban en hacer que él y Serena se agradaran.
Pero no quería desesperarse, la comida ya casi terminaba, por lo cual el encuentro también acabaría enseguida y todo volvería a la normalidad. De igual modo estaba en permanente estado de alerta y a la defensiva por si algo lo llegaba a exponer a algún tipo de riesgo. Y si hiciera falta no dudaría en volver a recurrir a sus habituales estrategias que hacían decepcionar y enfurecer a cualquiera.
Pasaron algunos minutos más y Andrew y Lita decidieron probar una manera diferente de incentivarlos a que se aceraran y se trataran un poco mejor. Y comenzaron a ignorarlos. Ahora hablaban y cuchicheaban entre ellos, se hacían mimos, se susurraban cosas en el oído y cruzaban risitas y miradas coquetas.
Serena no despegaba la vista de su taza de café, deseaba que todo terminara de una buena vez, pero al mismo tiempo tenía una mínima esperanza de que las cosas mejoraran un poco.
Darien observaba divertido a sus amigos, no podía creer lo empecinados que estaban en hacer lo que sea para que él y Serena se entendieran de alguna forma, y decidió darles con el gusto.
Así que se acercó un poco a ella. —¿Sabes lo que están haciendo? —murmuró. Ella los miró y negó con la cabeza—. Nos están mostrando lo que esperan que hagamos nosotros —dijo al voltear a mirarla de frente.
Serena demoró en reaccionar, podía percibir que Darien estaba demasiado cerca y le aterrorizaba imaginarse qué es lo que le podía llegar a pasar si lo miraba a la cara. Pero tomó valor y se animó a voltear a verlo. E inevitablemente sucedió lo que tanto temía, al encontrarse con sus ojos, que la miraban insinuantes, sintió cómo un repentina y electrizante sensación le subía por la espalda.
—Ellos quieren que te mire… —susurraba Darien mientras recorría el rostro de Serena con la mirada, examinando sus ojos, sus mejillas, sus labios—. Que te toque… —llevó una mano a su rostro y acomodó su cabello con delicadeza—. Que te hable y te sonría con dulzura… —le regaló una cálida y sensual sonrisa—. Que me acerque más a ti y te susurre algo al oído… —se acercó más a ella rozando su mejilla con su nariz y se aproximó a su oído—. Que respire tu perfume… tu dulce y fresco perfume… —seguía susurrando y con su mano comenzaba a acariciarla con tanta suavidad que apenas lograba rozar su piel—. Que te diga que me gustas… —acariciaba su mejilla y lentamente descendía con sus dedos hasta su cuello—. Que me gustas mucho… —delineaba con la punta de sus dedos el bretel de su blusa—. Que estoy fascinado contigo desde el primer momento que te vi… —volvía a su cuello con caricias más intensas y llevó la mano hacia su nuca, enredando los dedos en su cabello—. Que eres la chica más hermosa que jamás haya conocido… —lentamente movía su rostro volviendo a rozar su mejilla con su nariz—. Que me encanta hacerte enojar… —volvió a sonreír al notar cómo Serena lo miraba extasiada y no dejaba de verlo fijamente a los ojos—. Que me encanta que me hagas reír… —continuó Darien. Sus rostros estaban cada vez más cerca, sus bocas casi se rozaban y sus respiraciones se entrecortaban—. Que te bese… —susurró en un suspiro y Serena cerró los ojos para esperarlo. Pero él de repente la soltó y se alejó de ella.
Serena abrió los ojos y lo miró confundida. —Ya se fueron —dijo él en tono cortante mientras volvía a tomar su taza de café.
—¿Qué? —Serena no comprendía lo que pasaba.
—Que ya se fueron. Tuvieron lo que querían y nos dejaron solos —el tono de voz de Darien y su expresión eran totalmente diferentes a los de segundos antes.
—Entonces… —Serena estaba completamente desconcertada—. ¿Entonces estabas fingiendo? —preguntó molesta. Darien se encogió de hombros y le dio un sorbo a su café.
Serena estaba a punto de estallar de rabia, definitivamente estaba frente al tipo más arrogante y cínico que jamás había conocido. Todo lo bueno que había creído ver en él se vino a pique en un abrir y cerrar de ojos. Estaba furiosa, decepcionada, convencida de que todos los hombres eran iguales, que nadie era capaz de valorarla y tratarla con respeto, que nadie la tomaba en serio.
Y ahora veía que Darien resultaba ser uno más del montón de tontos que la habían desilusionado. Tomó su bolso, se puso de pie y antes de irse lo miró con furia. —Eres un… —de nuevo evitó insultarlo para no rebajarse—. Adiós, Darien —y se fue apurada.
—Adiós, damita —respondió él con una alegre y fingida sonrisa.
Había logrado su cometido, había conseguido con éxito decepcionar a Serena. Ahora sí su vida volvería a la tranquilidad habitual, ya que las últimas horas habían sido un verdadero infierno para él.
Desde que se había encontrado con ella, se divirtieron, se besaron y durmieron juntos, había perdido cualquier resto de calma y seguridad que creía tener. Se había sentido perdido, desesperado, impaciente, deseando con locura volver a verla, o esperando inútilmente a que lo llamara, pensando en ella a cada segundo, a cada minuto, como un completo y tonto adolescente enamorado. No debía permitir que se sintiera así por nadie, nunca jamás. Y ahora podía confiar en que todo al fin se había solucionado.
Unos instantes después Lita y Andrew regresaron a la mesa. —¿Y Serena? —oreguntó Lita.
—Acaba de irse —respondió Darien con soltura.
Ambos comprendieron enseguida qué era lo que había pasado. —¿Qué rayos le dijiste, Darien? —preguntó Andrew molesto.
—Nada, no le dije nada —él se hacía el inocente.
—Eres insufrible, Darien —dijo Lita más enojada y se fue.
Andrew suspiró para soltar un poco el enojo que la actitud de su amigo le provocaba y se sentó de nuevo frente a él. —Darien —intentaba conservar la calma—, ¿puedes decirme, por favor, qué fue lo que pasó?
—Lo que pasa es que me tienes cansado con tu insistencia en conseguirme novia —respondió Darien también enojado.
—Mira, Darien, voy a tratar de ser lo más sincero posible para decirte lo que pienso —dijo Andrew. Darien puso los ojos en blanco al darse cuenta de que su amigo estaba a punto de sermonearlo—. Yo también estoy cansado de tu actitud, y lo que acabas de hacer es el colmo.
—¿El colmo? —preguntó Darien riendo—. ¿El colmo de qué? Tú sabes más que bien que yo no quiero conocer a nadie, que estoy muy cómodo y tranquilo como estoy, solo, sin nadie que me quite el sueño, que me haga perder el tiempo. Entiéndelo de una buena vez, Andrew, no hay espacio en mi vida para nadie, ya no más.
—Está bien, no volveré a insistir. Pero que conste que a Serena yo no te la presenté, fuiste tú quien se acercó a ella la otra noche —refutó Andrew, y Darien bajó la mirada—. Lo único que te voy a decir es que es una excelente chica, una de las mejores amigas de Lita, y ni ella ni yo vamos a estar de acuerdo jamás en que le faltes el respeto de ninguna manera. Si quieres decepcionar y despreciar a todas las mujeres del mundo, hazlo, me parece totalmente cruel de tu parte, pero es tu elección. Sin embargo Serena no es cualquier chica, no es una más. Así que no vuelvas a comportarte con ella como lo hiciste hoy.
—No fue para tanto —Darien intentó suavizar las cosas.
—Sí lo fue, Darien, ésta vez sí que te pasaste. Entiendo que estés dolido por lo que viviste, pero eso no te da derecho a querer vengarte de lo que te pasó con cada mujer que conoces.
—Está bien —Darien suspiró resignado—, no volverá a suceder.
—Eso espero —dijo Andrew menos molesto y se fue a buscar a Lita.
Darien se quedó un rato más en la mesa pensando en todo lo que su amigo le acababa de decir, en lo que había hecho con Serena, en cómo se obstinaba en despreciarla y tratar de decepcionarla cuando en el fondo de su corazón deseaba exactamente todo lo contrario.
Ella había despertado en él sentimientos y emociones que hacía años no sentía por nadie, siendo que sólo la había visto dos veces. Era la chica más encantadora, graciosa y bonita que jamás había siquiera imaginado conocer. Y se daba cuenta de que estaba siendo injusto con ella al tratarla de la forma que lo hizo, y que también era injusto con él mismo al no permitirse sentir lo que sentía, al autoboicotearse tan drásticamente.
Pero era lo que siempre hacía, no podía evitarlo. Temía salir lastimado, temía enamorarse y creer que una vida plena y feliz al lado de alguien era posible.
Sin embargo no se atrevía a descartar que quizás Andrew tenía razón, Serena podría llegar a valer la pena…
