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Capítulo IV

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Pensé que llegaría a instalarme y sería feliz en cuando vi el edificio. Era uno de esos conservados a la perfección con miles de cristales, luces blancas y personal perfectamente entallado en uniformes iguales.

—¿Eres un jodido mafioso? ¿De la yakuza? ¿Narco? —le dije en cuanto llegamos y él solo me dio una media sonrisa. El tipo se comportaba bastante sospechoso, pero bueno, no esperaba recibir mucha información ya que yo tampoco estaba poniendo de mi parte.

Subimos por el elevador y volví a acordarme de los libros eróticos de bdsm. Di un paso alejándome de Natsu y él solo me miró de forma extraña, como tirándome una mirada de: ¿De verdad, Lucy? ¿Enserio?

Ok, tal vez estaba sobre-pensando las cosas.

Llevó mis pocas cosas a mi nueva habitación. El lugar era hermoso y ordenado, nada del otro mundo, ninguna habitación roja del dolor, ni cuerdas, fustas o instrumentos de tortura. Créanme, me fijé bien, todavía seguía un poco obsesionada.

El lugar era lujoso pero pequeño y mi habitación incluso tenía televisión. Casi me suelto a llorar otra vez, pero Natsu me sacó a la fuerza dándome más trabajo.

Como dije antes, pensaba que llegaría a disfrutar una cama caliente y suave, pero lo único que hacía ahora, era trabajo en la práctica mesita de centro en la sala. Mis piernas comenzaban a agarrotarse de estar dobladas. ¿Y dónde carajo se había metido el idiota boca floja de mi jefe?

Justo cuando volteé para buscarlo con la mirada, el tipo apareció por el pasillo con unos pants grises, secaba su cabello rebelde con una toalla…y sin camisa. No había camisa. Recordé cuando ataqué su auto y como había logrado sentir un poquitín de su cuerpo; mi mente había tenido razón entonces, el tipo estaba plagado de músculos hinchados. Giré la cabeza demasiado rápido para que mis ojos terminaran por querer adherirse a su escultural cuerpo, joder, ¿Qué me estaba sucediendo y desde cuando era una pervertida?

Santos alienígenas bebés. ¿Cómo iba a sobrevivir?

Podía tener el corazón hecho una mierda, pero mi cerebrito estaba bastante cuerdo (bueno, pensándolo bien no tanto), y otras partes de mi anatomía –sí, esas en perfecto estado-. Sacudí la cabeza sin evitar el sonrojo que cruzó por mis mejillas, lo supe por la televisión apagada frente a mí, me estaba volviendo un tomate mutante pervertido.

Los ojos de Natsu estaban fijos en la parte de atrás de mi cabeza y me miraba…joder, como si fuera una rata, o una cucaracha que se había metido en su sala.

—Dios—se quejó—, eres tan rarita.

Toda la tensión se rompió por arte de magia. ¿Saben qué? A la mierda que sea el tipo más atractivo, sensual, sexy, guapo (ok, creo que ya se entendió el punto), que había visto. Era un bastardo malparido.

Le enseñé el dedo medio sin si quiera voltear mi cabeza y seguí escribiendo el informe que me había asignado.

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—¿Lucy? —Gruñí—, ¿Lucy? —la sábana que me tapaba se levantó de golpe y con ella yo.

Verán, mi pijama se había esfumado de mi casa también. Al menos mis pantalones.

—¡AH! —Me aferré a la sábana para tapar mis piernas descubiertas, Natsu se quedó ahí con la boca abierta—, ¿¡Pero qué mierda te pasa!? ¡Enfermo degenerado, mindundi!

Pareció regresar a la realidad y dio un paso atrás, boqueó por un segundo y luego volvió a reír a carcajadas. Le gruñí con fuerza y él solo se encogió agarrándose el estómago.

Vaya. Con lo que me encanta que se rían recién despierto.

Me acomodé mejor para tapar todo mi cuerpo y no solo mis piernas.

—¿Mindundi? —Dijo entre risas histéricas—, ¿De verdad?

—Escucha bastardo, Michelle tomó mis pijamas—intenté seguir sus ojos pero el tipo ya casi estaba en el suelo retorciéndose de risa—. No vuelvas a hacer eso, ¿Me escuchaste? ¡Y deja de reírte! ¡Joder! ¿Qué tipo de jefe entra a la recámara de su asistente? ¡Eres un pervertido!

Me levanté envolviendo la sábana en mis caderas, él terminó en el suelo con gotitas de lágrimas en las esquinas de sus ojos y yo me dirigí al baño. Al menos ahí no podría escuchar su estúpida y melodiosa risa perfecta.

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Acomodé un poco mejor mi cabeza entre mis brazos y me pareció escuchar voces lejanas, que pronto se acercaron con velocidad.

—…dormir en el trabajo—ese era un hombre. Gruñí.

—Déjala en paz. Editó todos los malditos artículos que me pasaste ayer—más voces se sumaron riendo y haciendo un sonido así como: ¡Uhhhh! —. De verdad, Gray.

—Tranquilo flamita, no quería agredir a tu noviecita.

—Por décima jodida vez, no es mi novia. Es mi asistente.

Una nueva voz melodiosa se juntó.

—Al menos regresó, recuerda que todas las asistentes de Natsu huyen al primer día.

—Exacto, gracias Mirajane—contestó Natsu con gratitud por el apoyo. Otra voz de chica se escuchó y esta vez Lucy la pudo reconocer. Era la chica que se pasaba echándole vodka a su café.

—Eso es porque eres un jodido desgraciado con todos los que vienen—Me imaginé a Natsu lanzándole una mirada fulminante. Estiré mis miembros dormidos y me levanté frotando mis ojos. Todos se quedaron callados.

—Oh, gracias al cielo, Lucy. ¿Acaso solo vienes a dormir aquí? —pestañeé hacia Natsu. Tenía el ceño fruncido y empujó una pila de papeles hacia mí. Canna resopló.

—De eso estoy hablando, papanatas. —El los ahuyentó con las manos como si fueran perros callejeros y todos se dispersaron para continuar con las publicaciones y los reportajes.

Lo miré extrañada por un segundo pero él siguió trabajando en su laptop como si nunca hubiera dicho nada antes de despertarme.

¿Me lo había imaginado? Muy dudoso.

Tal vez era un poco más amable de lo que se mostraba. Sonreí para mí y seguí trabajando un poco renovada de mi suerte de mierda.

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Salí del baño secando mi cabello con una toalla, otra envolvía la parte baja de mi cuerpo en protección a la mirada lujuriosa –que en realidad no era, pero yo seguía con mis pensamientos pervertidos- que tenía mi jefe. Lo busqué con la mirada y al entrar a mi habitación, lo encontré en medio de ella con el artículo que acababa de editar en sus manos.

—Pensé que habíamos hablado de la privacidad—comenté sintiéndome un poco irritada por mantener la guardia alta todo el tiempo. Natsu me miró fijamente—. ¿Qué?

—Eres buena—parpadeé una, dos, tres veces—. Escribes muy bien, también.

Me acerqué con pasos titubeantes sosteniendo la toalla que me envolvía para que no se cayera por arte de magia—. ¿Gracias? —dejó los papeles y sacó de debajo de su brazo un par de pantalones suaves…con miles de carritos como estampado. Me reí—, ¿Qué es esto?

—Dijiste que necesitabas pijamas—dio un paso atrás y se apresuró a salir de la habitación.

Me quedé embobada mirando los detalles y tocando la suave –de verdad, parecía un traserito de bebé-, suave tela. Ladeé la cabeza analizando las acciones de mi jefe y una sonrisa llegó instantánea a mis labios. Tal vez mi jefe no era un gilipollas completo, tal vez era una buena persona.

—Por cierto—brinqué en mi lugar y giré la cabeza con rapidez. Él estaba recargado en el marco de la puerta—. No hablamos de privacidad, de hecho, es mínima. Así que te aconsejo que los uses si no quieres que se repita lo de la mañana.

Se fue.

Me encantaría arrancarle la cabeza de un solo tajo.

Me puse los pantalones rápidamente y entré a la cama con los ojos cansados. Arrinconé todos los papeles a una de las esquinas y me dejé caer con un quejido.

Mi pecho subía y bajaba con lentitud y pronto me encontré pensando en mi antigua casa y…vida. ¿Se estarían burlando todo el día de mi jefe por su exceso de pelo? ¿Estaría Michelle cuidando bien a Plue? Y ¿A dónde mierda había ido Loke? Justo después de su metida de pata se había esfumado en el aire. Y Michelle también…y después mi adorado perro.

Los humanos somos tan extraños, cuando hay una herida, en vez de cuidarla y esperar a que sane, la seguimos abriendo con nuestras propias manos. Y como la idiota que soy, todavía amo exprimir un limón sobre ella.

Volví a dormirme llorando.

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N/A: Pobre Lucyyyyyy x)). No puedo evitarlo jaja.

Ya llevo mi primera semana en clases y voy a morir. Probablemente. Espero que les guste este capítulo, como que ya hay un poco más de Nalululu; y hermosos momento incómodos llenos de hormonas jaja.

Alguien me preguntó por qué se el título del fic, sólo les diré que tiene que ver con el final. c:

Y ahora me despido y espero que disfruten su fin de semana :D

¿Reviews? ¿Quién ama el Nalu?