Vida Concertada
III
El rostro rechoncho y bonachón del capitán Luke me contemplaba desde el otro extremo de la mesa, iluminado apenas por la luz de las dos velas que descansaban en el centro de esta, rodeadas de víveres.
Sus ojos negros brillaban con entusiasmo mientras me relataba de nuevo la historia del porque de la cicatriz de su mejilla derecha, la cual solía ocultar con una tupida barba.
Sus cejas ya entre canas se alzaban dándole más midilla a la historia.
Sus manos jugueteaban con la copa de vino medio llena y de vez en cuando subían hacia su tupido cabello y se lo revolvía en un acto infantil e inútil pues su cabello, lacio y completamente blanco, no se dejaba despeinar tan fácilmente.
-…y entonces aquel bellaco me amenazo con su daga y volvió a exigirme que le rebelase el escondite de mi capitán- su voz sonaba entusiasta, juvenil, mientras relataba sus andanzas del pasado- Yo volví a negarme y el infeliz me cruzo la mejilla con su daga.- se señalo la mejilla, pasando sus dedos callosos por la tupida barba.- No mentiré Lilian, fue muy doloroso- cerro los ojos como reviviendo aquel fatídico día- Sin embargo valió la pena, no llegaron a encontrar al capitán y gracias a ello me gane su respeto.- finalizo mientras se llevaba la copa de cristal a los labios y daba un largo trago- ¡Si señor! El capitán Longbottom era un buen hombre. Quedan pocos como el.
Le dedique una sonrisa, haciéndole saber que le escuchaba, y me lleve mi tenedor a la boca. El sabor del pescado inundo mi paladar y no pude más que añorar el sabor de un buen trozo de carne.
Después de dos meses y medio en alta mar la carne había pasado de ser un bien escaso a ser inexistente.
-¡Oh si, un buen hombre! Sabes que fue el quien me avalo cuando quise comprar mi propio barco- continuo el capitán, perdido irremediablemente en sus recuerdo.
Como sucedía todas las noches, como todos los días.
Porque todo era igual. Un bucle sin fin.
El sol salía por el mismo punto y se perdía en el extremo opuesto, siempre de la misma manera, nunca variaba su rutina; al igual que yo.
Al amanecer, junto a los primeros rayos de sol y los gritos de la tripulación, despertaba. Después leía y releía los diversos libros que el capitán tan amablemente me prestaba. Luego llegaba el desayuno a manos del capitán y con el las primera noticias del día; estaba nublado, hacia sol, había tormenta o un ciclón. Todo lo que el consideraba esencial. Más tarde, entrado mas el día, me dedicaba a acicalarme; me aseaba con la escasa agua que el capitán me proporcionaba, me peinaba mil una veces y me cambiaba de vestuario hasta hallar el apropiado. Finalmente, cuando el sol comenzaba a amenazar con ponerse el capitán venia en mi busca y me dejaba tomar el aire, en su compañía claro esta. Durante esa hora, escasa pero anhelada por mi, el capitán me dejaba tomar el sol, un bien que comenzaba a extrañar, y si estaba de buen humor me dejaba tomar el timón; o mas bien simular que yo dirigía el barco, como si de un juego de niños se tratase y yo tuviese nueve años de nuevo.
Y así llegaba de nuevo la noche y yo era recluida de nuevo a la espera de la invitación del capitán para compartir la mesa con el. Una cena que trascurría siempre en silencio roto tan solo cuando el capitán contaba alguna de sus anécdotas.
Anécdotas que yo había escuchado ya demasiadas veces.
-…el señor Longbottom se labro su fortuna a base de trabajo duro y astucia, si señor, era un hombre condenadamente astuto- el capitán proseguía con su cháchara mucho mas animado que otras noches. Quizás debido al inminente final de aquel viaje- Y valiente, son pocos los que consiguen levantar un imperio como el suyo sin tirar de una herencia o titulo para ello. Pero así es el- dio otro trago a su copa de vino, vaciándola de una vez- Claro que tuvo que enfrentarse a demasiados enemigos que deseaban verlo fracasar pero el no se rindió, persevero y gracias a su confianza consiguió igualar la fortuna de un conde me atrevería a decir.
¿Un conde?
-Y ahora no hay más que verlo, posee una hermosa casa en las afueras de Londres y varias propiedades sin demasiada importancia por toda Inglaterra. Tiene amigos influyente en la corte e incluso trabaja importando sedas para su majestad…
¿Amigos influyentes?
Amigos que contaban con la misma cantidad de bienes que el, que podían asemejarse a lores, a condes.
Amigos que quizás fuesen realmente lores…
-…un buen negocio, sin duda…- ya no prestaba atención a las palabras del capitán. Mi mente vagaba en otras posibilidades, en otras palabras dichas hace tiempo
En un recuerdo en concreto.
Tome asiento junto a ella y permití que tomase mis manos entre las suyas.
-El capitán comento, sin proponérselo por supuesto, que el joven con el cual os desposareis es el único hijo del conde de Gryffindor, el señor Charlus Potter.-comento.
-Entonces es lo que mi padre suele llamar un lord, al igual que el señor Crouch- dije intrigada- ¿Cierto?
-Creo que si pequeña, aunque nunca e visto un lord de esos así que no puedo asegurarlo.- dijo soltando una de mis manos y acariciando mi mejilla.
Un lord. Un conde. Una persona influyente.
Esa era la descripción que Minerva me había dado aquella noche tras la pequeña charla con mi padre en la cual se me fue comunicada la noticia de mi compromiso.
Aquellas palabras dichas por ella para consolarme pero que mucho antes ella misma había escuchado de los labios del propio capitán Luke.
-Capitán-alce la vista y me tope con su boca medio abierta, seguramente le había interrumpido, y sus ojos entrecerrados que me miraban con suspicacia.- Perdone, ¿Podría saber que clases de amigos son esos que usted menciona?
Intente sonar todo lo dulce y desinteresada que pude, sin embargo se que no he tenido mucho éxito.
El capitán no retira su mirada de mis ojos y yo bajo la mirada temerosa de que lea en ella mis verdaderas intenciones, aunque no es necesario tal acto pues mis palabras expresan perfectamente mis intenciones.
-Como ya he dicho, lores y empresarios acaudalados- respondió tras varios minutos.
En su voz ya no se podía captar aquella nota de diversión, de camaradería con los viejos tiempos.
-Y, entre esos lores…- me interrumpí avergonzada. Sé que el capitán a descubierto mis intenciones, que si deseo conocer la respuesta debo formularle la pregunta abiertamente. Pero por saber todo ello no deja de ser menos humillante- … ¿Se encuentra por casualidad el conde de Gryffindor?
Su mirada brilla de manera juguetona, como la de un niño cuando se le presenta la oportunidad de gastar una broma.
Una sonrisa de pura diversión es dibujada en su rostro y sus dientes amarillentos, por el tabaco y la falta de higiene, salen a la luz amentando mi bochorno ante la situación que yo misma me he creado.
-¿El conde de Gryffindor dices?- el capitán se acicala la barba varias veces fingiendo que piensa.
Sus ojos no pierden su objetivo, mi rostro sonrojado. Y su sonrisa ahora es una carcajada mal disimulada.
-Quizás.
Es evidente que la situación le entretiene casi tanto como me avergüenza a mí. Pero no debo quejarme, yo he querido esto, es lo que deseo desde antes de ser obligada a emprender este viaje.
Solo deseaba conocer a la persona con la cual pretenden que pase el resto de mis días. Tan solo eso, no pido más.
-Y en el caso de que lo conozcáis…- puedo sentir como su mirada me taladra, aguardando a que formule de una vez la dichosa pregunta que ha vagado por mi mente desde hace cuatro meses. La misma que no me deja conciliar el sueño, la misma que me mantiene en un sin vivir- … ¿Podríais decirme como es?
Mis labios tiemblan, los siento resecos. Como si no fuesen míos. Mi voz suena rota, marchita, casi inaudible. Mis manos juguetean con el tenedor que a su vez ataca sin piedad el pescado de mi plato, que espera ser comido.
Todo en mi denota nerviosismo. Y soy conciente de ello.
El capitán Luke también es conciente de ese pequeño detalle pues con lentitud deliberada vuelve a rellenar su copa de vino y se la lleva a los labios.
-Podría- una simple palabra que sin embargo suena a gloria en mis oídos.
Aun con una sonrisa en los labios se lleva la copa a estos y da un largo trago.
Esta noche esta bebiendo mas que de costumbre, seguramente después se sentirá indispuesto.
-Pero en el caso de que accediese… ¿Qué querrías saber?
Mi respuesta no se hace esperar, antes de que mi mente hubiese procesado sus palabras mis labios ya habían formulado la respuesta.
-Todo.
El capitán dejo, con deliberada lentitud, su copa sobre la mesa y reclinándose sobre su asiento me dedico una amplia sonrisa.
-Es mucho lo que deseas conocer pequeña, y tal vez algunas respuestas no lleguen a agradarte. ¿Estas segura de que deseas conocer toda la historia?- pregunto mientras que con los dedos de su mano derecha seguía un ritmo inexistente sobre la superficie de madera de la mesa.
Mentiría si dijese que lo medite si quería un poco.
Pues no lo hice.
No deseaba sumergirme en una batalla interna en la cual tenia la certeza de que acabaría ganando mi cobardía. Deseaba conocer cada nombre, cada fecha y cada lugar que estuviese relacionado con aquellos que en breve formarían mi nueva familia.
Y tenia miedo, era cierto. Pero intentaba omitirlo, me esforzaba por concentrarme en los ojos del capitán, en las betas de la oscura madera de la cual esta hecho el navío…en cualquier cosa menos en mis miedos. Pues sabia que si les prestaba un mínimo de atención acabaría sucumbiendo ante ellos.
-Deseo conocer a mis verdugos capitán- mi voz sonó alta y clara a pesar de que mis palabras habían sido pronunciadas en apenas unos murmullos- A todo criminal se le concede al menos ese deseo.
El capitán Luke frunció levemente sus cejas, surcando su rostro con un sinfín de pequeñas arrugas que acompañaron a las ya existentes y más veteranas.
-¿Te consideras una criminal?- inquirió, en esta ocasión sin ningún vestigio de burla en sus ojos.
-Lo que importa no es mi opinión si no la de los demás, ¿no es así?- me atreví a contestar- Es otro el que decide por mi, siempre a sido así, y en esta ocasión el que tomo la decisión de acusarme fue mi propio padre. El me condeno, no yo.
Puedo sentir como el capitán me evalúa con la mirada, estoy segura de que estará furioso por mi osadía y mis palabras. Pero no me siento culpable, llevo demasiado tiempo callada. Necesitaba desahogarme y que mejor manera que esta.
-Con tu pequeño discurso improvisado pretendías hacerme entender que as madurado o que as retrocedido hasta la niñez de nuevo- su voz suena ruda, como debe sonar la voz de un marinero.
La ternura con la cual solía obsequiarme ha desaparecido y estoy totalmente segura de que ya no sonríe. Auque tampoco me atrevo comprobarlo; permanezco con la mirada baja, clavada en mi regazo.
-Soy una niña aun- protesto tras varios minutos en silencio.
No se de donde saque la osadía, tal vez tanto días confinada en aquel pequeño camarote habían hecho mella en mi cordura. O tal vez simplemente deseaba revelarme, morder la mano del que me daba de comer y expresar así mi inconformidad ante el futuro que otros habían llegado a disponer sin mi consentimiento.
No lo se.
Sinceramente, no lo se.
-No Lilian, no eres una niña. Aunque te empeñes en parecerlo- alce mi mirada ante las palabras del capitán y me tope con sus ojos oscuros que me contemplaban con la decepción pintada en ellos.-Comprendo que te sientas temerosa, ¿quién no lo estaría en una situación similar? Sin embargo eso no te da derecho a expresar tus medios o inseguridades de ese modo.- apoyó sus dos manos sobre la mesa y se impulso hacia delante, acercándose a mi.- Sabes que no es prudente que hagas eso, no es seguro para una mujer.
Volví a bajar mi mirada.
Me sentía estupida.
¿Cómo podía haber llegado a pensar que el capitán me comprendería?
El era un hombre al fin y al cavo y como tal también se incomodaba ante cualquier evidencia de agudeza por parte de una mujer.
Había sido demasiado ingenua al creer que seria distinto en esta ocasión. El capitán había reaccionado tal y como lo habría hecho cualquiera en su situación.
-Lo siento- mi disculpa carecía de cualquier sentimiento.
Era como una cáscara vacía, tal y como me sentía yo en este momento.
El capitán Luke dejo escapar un gruñido muy similar al de un perro viejo y hambriento y comenzó a devorar la comida que aun había en su plato. Entre bocado y bocado podía sentir como clavaba su mirada sobre mí para después desviarla y dar un largo trago de su copa.
No necesitaba ser muy inteligente para saber que la conversación había acabado, al igual que mis salidas al exterior para tomar el sol y muy probablemente las invitaciones para cenar con el capitán.
Yo misma me había cavado mi propia tumba de desesperación y agonía, me había aislado sin la ayuda de nadie. Y toda gracias a mi incontinencia verbal y mi fuerte temperamento, el cual aun no conseguía dominar del todo a pesar de los años.
-Procura que en el futuro tu lengua este bien sujeta, Lilian- comento el capitán tras lo que a mi me parecieron horas de eterno y sufrido silencio.
La comida de su plato había desaparecido y la botella de vino yacía vacía junto a su copa. Había aguardado todo el tiempo que le fue posible hasta que estuvo totalmente sereno, estaba segura de ello.
-No todos los hombres son como tu padre o yo. Algunos no durarían ni un segundo en levantar la mano en contra tuya por mucho menos de lo que has dicho esta noche- vació el ultimo resto de vino de su copa y se dejo caer de nuevo hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la silla.- Tienes suerte de que sea un viejo blandengue- finalizo mientras me regalaba una sonrisa sincera.
Yo le devolví la sonrisa, aunque la mía no era tan verdadera como la suya, y me relaje en mi asiento.
-Bien, ¿por donde íbamos? ¡Ha si!...los Potter- murmuro mientras se rascaba la barbilla pensativamente.
Alce mi mirada de mi plato vació y me encontré con que sus ojos negros me contemplaban risueños. Ya no había rastro de furia o decepción en ellos, volvía a ser el mismo capitán Luke de siempre.
Era como si la última conversación tenida nunca hubiese existido.
Estaba totalmente segura de que lo hacia adrede, que intentaba ayudarme para que dejase de torturarme tanto. Y yo realmente se lo agradecía.
-Veamos…-alzo su mirada hacia el techo de madera y se quedo así durante algunos minutos, como si sopesara que era lo que podía o no contarme. Finalmente se decidió y comenzó a hablar con voz pausada- El conde de Gryffindor reside en el Valle de Godric, cerca de la costa sur, a pocas millas de Londres. Sin embargo actualmente vive en las afueras de Londres, en una de sus casas de campo, a la espera de vuestra llegada- señalo mientras jugueteaba con la servilleta sin demasiado entusiasmo. Cualquiera que lo viese podría pensar fácilmente qué la conversación que sostenían era sobre el tiempo o cualquier otra trivialidad; todo menos de algo tan importante.- La familia consta de dos miembros; el conde de Gryffindor, el señor Charlus Potter y su único hijo y heredero del titulo, James.
James.
Repetí una y mil veces aquel nombre en mi mente con la esperanza de que algún rostro lo acompañase, sin embargo no tuve suerte.
Pues por el nombre uno no puede conocer a una persona.
-…el joven finalizo sus estudios hará un años y en estos momentos se habré paso, con mucho éxito debo apuntar, entre el mundo de los negocios. Posee algunos barcos mercantes y según lo que e oído por hay, esta sopesando la posibilidad de expandirse mas aya de las Indias. Todo un emprendedor sin duda.- el capitán seguía narrándome todo lo que el consideraba de interés sobre mi futuro esposo y su familia, sin embargo yo lo escuchaba a medias.
En una pequeña parte de mi cabeza no podía evitar imaginarme como seria él.
Si seria alto o bajo, de comprensión fuerte o mas bien delicado, si tendría el cabello largo o corto, si tenia carácter o no…
Eran muchas las preguntas que me formulaba.
-…así pues cuando contraigáis matrimonio pasaras a ser su condesa…-las palabras del capitán provocaron que despertara de mi ensoñación y dejara a un lado mi modelo de esposo ideal para centrarme de nuevo en al conversación.
-¿Su condesa, dice?
El capitán ensancho un poco mas su sonrisa, como si guardara un secreto que no puede ser desvelado. Como si realmente supiese en lo que había estado pensando hasta hacia poco.
-Por supuesto- dejo escapar una pequeña carcajada- Deberías prestar atención a mis palabras Lilian ya que sois vos quién me interrogo primero.- se burlo
-Perdonad capitán, no pretendía…
-No importa, lo comprendo.- me callo mientras se encogía de hombros demostrando que no le importaba realmente.- Es natural que os distraigáis, es demasiada información.
-No, no lo es- me apresure a negar.
No quería que dejase de hablar.
Quería saberlo todo.
El capitán dejo escapar algunas carcajadas mas, estaba tan animado como al principio de aquella velada.
-Si insistís.
-Insisto- me apresure a contestar.
El se aclaro la garganta en un vano intento de contener la risa y prosiguió con su relato.
-Como bien os había dicho vuestro futuro esposo es el heredero del titulo de Gryffindor con todo lo que ello implica por tanto en el mismo momento que os desposéis con él vos pasareis a ser condesa de Gryffindor junto a él.- explico.
-Pero, yo pensaba que el actual conde era…
-¿Su padre?- me interrumpió- Por supuesto, ciertamente el actual conde es Charlus Potter, pero eso es una mera formalidad. El titulo debe pasar de un heredero a otro y dado que el heredero del titulo era la difunta madre de vuestro prometido es su deber asumir ahora el cargo, su padre simplemente lo ha estado guardando a la espera de que el contrajese matrimonio.
-¿El titulo pertenecía su madre?- inquirí algo confundida.
Era realmente extraño encontrar algo similar. Generalmente los títulos pasaban de padres a hijos y en el caso de que dichos hijos no fuesen varones pasaban al varón con mayor edad de la familia cercana.
Nunca pasaba a las hijas, a menos que estas tuviesen un heredero varón antes de que su padre falleciese.
-Así es. Ella fue la ultima condesa de Gryffindor.- contesto- Según me han comentado se llamaba Dorea Gryffindor y era la segunda de cinco hermanos. Todos ellos varones.
Mis ojos se abrieron en desmesura ante las palabras del capitán.
Todo era demasiado extraño. ¿Por qué dejarle un titulo a una mujer no siendo esta la primogénita y teniendo además hermanos varones que bien podían tomar su puesto?
-Por lo que me contó el señor Longbottom, un antiguo amigo. ¿Lo recuerdas?- yo asentí con mi cabeza incapaz de articular palabra por miedo a que al hacerlo el capitán dejase de hablar- Bien como iba diciendo, el señor Longbottom me confeso que el quinto hermano falleció a una temprana edad, quedando así descartado en la lista de sucesión. Tras el lo siguió el tercer hermano, cuatro años mayor, también muerto; en esta ocasión debido a un disparo errado en una cacería. Una muerte desafortunada, si señor.- opino el capitán mientras se rascaba la barba- El cuarto hermano rehusó al titulo de conde para ingresar en un monasterio, en el cual aun hoy en día sigue. Y por ultimo el primer hermano, el heredero legitimo, fue asesinado por unos piratas mientras regresaba de Francia donde había ido en busca de su hermana menor, Dorea.
Note como mi garganta resecaba ante cada nueva palabra dicha por el capitán.
Era una historia realmente horrible.
-El barco en el cual viajaban fue destruido y sus tripulantes y pasajeros asesinados- prosiguió el capitán con voz lúgubre- solo sobrevivió a aquella masacre dos personas. El señor Potter, que en aquel entonces trabajaba de grumete en el navío que fue atacado, y la hermana del conde, Dorea Gryffindor.
¿Su esposo había sido un simple grumete?
-Tras la catástrofe la condesa tomo el titulo de su hermano y se caso con Potter, proporcionándole así un titulo. Sin embargo tras cuatro años de matrimonio ella falleció a causa de un parto complicado, dejando a su esposo y su único hijo solos y con la fortuna del apellido Gryffindor a sus espadas.- finalizo.
Yo permanecí en silencio, procesando la información.
Hacia tanto que deseaba conocer a mi fututo esposo, tantos días rezando para que se me concediese la mas mínima información y ahora…me arrepentía de haber sido tan curiosa.
Me sentía sucia, había estado enfadada con todos y todo por querer saber algo que realmente nunca debería haber sabido.
Y esta totalmente segura que el capitán lo sabia, que por ello me lo había contado. Tal vez con la esperanza de que dejase de comportarme como una niña malcriada y me diese cuenta que no era la única que era obligada a asumir aquel acuerdo matrimonial.
Unos golpes en la puerta seguidos de la voz del segundo al mando del capitán dieron por finalizada la velada y por tanto la conversación.
-Adelante.
Un hombre fornido, con una tupida barba y el pelo de la cabeza inexistente, ingreso en la estancia y se acerco al capitán sin dirigirme ni una sola mirada.
-Capitán el vigía a oteado tierra.- le susurro al oído no lo suficientemente bajo como para que yo no lo oyese.
-Perfecto, informad a la tripulación de que mañana mismo a primera hora desembarcaremos. Y pídele a Norris que desembarque en un bote y le lleve una misiva a tierra firme- ordeno mientras se incorporaba de su asiento y acercándose a un escritorio cercana a la puerta tomaba un trozo de papel y pluma. Minutos después doblaba la nota con cuidado y se la entregaba a su subordinado- Informarle que es algo de suma importancia y que debe llegar antes el amanecer a la residencia del conde de Gryffindor, ¿a quedado claro?
-¡Si, capitán!
Y sin más aquel hombre sucio y musculoso salio del camarote dejándome de nuevo sola con el capitán, el cual se acerco hasta el respaldo de mi silla para retirarla con cuidado y ayudarme así a levantarme de mi asiento.
Me ofreció una de sus manos y aun con una sonrisa en los labios me escolto hasta mi propio camarote donde me dejo, no antes de decir:
-Dormid un poco Lilian, mañana será un día ajetreado y no querréis lucir mal ante vuestro prometido. ¿No?
Y cerró la puerta, dejándome allí de pie. Sola y muerta de miedo.
Y sin poder evitarlo me inundo la misma sensación de soledad que aquella mañana, hará ya dos meses y medio, me desconsoló mientras veía marchar a mi padre sin ni siquiera mirar hacia atrás.
Hola, ¿Qué tal?
Se que dije que subiría dos capítulos de prueba y según como fuese acogidos seguiría o no con la historia pero no he podido evitarlo, las palabras han salido solas. Así que he decidido acabar de publicar todo el fic.
Ahora sin nada mas que decir me despido y ¡ha!...dejad R&R
