Pequeña enana enojona

Eren

Dos semanas.

Era justamente el tiempo que llevaba conociendo y hablando con Rivaille. No era como las otras chicas y supongo que eso se notaba a miles de millones de kilómetros, pero mi estúpido y diminuto cerebrito —palabras de Rivaille— recién comenzaba a procesar esa información. Esa chica era difícil, ¡oh, vaya que lo era! No hablaba conmigo más de diez minutos sin que quisiera salir huyendo con cualquier pretexto. No le gustaba el contacto físico, siempre se mantenía a una distancia prudente de mí. Incluso era mejor que yo jugando el futbolito.

¿Qué clase de chica derrota al capitán de un equipo de fútbol, tres años campeón consecutivo, en un juego tan soso como el maldito futbolito?

Rivaille.

¿Y qué clase de chica come carbohidratos hasta por los codos, sin importarle su figura o algo por el estilo? Es decir, yo conocía a un montón de chicas que preferían morir de hambre antes que comer una grasosa hamburguesa de esas que venden en la cafetería de la escuela, sólo para no engordar. Incluso Annie se preocupaba mucho de controlar lo que comía, ¡Annie! El macho alfa de Armin... bueno, supongo que era normal, Annie era casi toda mujer, casi.

Y la respuesta era Rivaille.

¿Y qué clase de chica me soltaba groserías cada que me veía?

Oh, déjenme pensar... ¡Pues Rivaille! Otra vez.

Y es que de lejos se veía tan frágil y delicada, nunca pensarías que en realidad era una enana malgeniuda y malhablada, que daba más miedo que Annie cuando alguien se metía con Armin, o conmigo —a veces —. Pero a pesar de eso, ella, Rivaille... realmente me gustaba. Armin no paraba de decir que estaba encaprichado sólo porque yo era un cero a la izquierda para ella, Annie, por otro lado, insistía que era por el enorme parecido que tenía con Mikasa. Y a veces llegaba a pensar que de los dos, Annie era quien tenía la razón.

Y no estaba bien, era enfermo.

Quería que Rivaille se hiciera cargo del hueco que Mikasa había dejado desde que se fue, pero no era justo, no era lo correcto. Por más cruel y egocéntrico que pueda sonar esto, yo no era el tipo de chico que le rogaba demasiado a una chica, si veía que ella no ponía interés en mí, optaba por dejar de molestar e intentarlo con alguien más. No había sido el caso con Rivaille, la había estado persiguiendo estas dos últimas semanas, con pretextos bobos y sin sentido, esto casi estaba llegando a rozar con el acoso.

Pero no podía evitarlo, ella tenía algo que me hacía querer seguirla y no dejarla en paz. Y ya no sabía si era porque estaba obsesionado y encaprichado con ella y quería que se fijara en mí, para que eventualmente, terminara dejándola y rompiéndole el corazón, como decía Armin. O si por el contrario, quería estar con ella porque era parecida a Mikasa en muchas cosas y sólo quería que ella llenara el hueco y calmara el dolor en mi pecho.

Cuando los pasillos de la escuela por fin se vaciaron, la vi asomando la cabeza por la puerta del salón, después de asegurarse de que no había nadie, salió soltando un suspiro pesado y caminó con rapidez hasta su casillero.

Fue entonces que decidí salir de mi escondite y caminé hasta ella, casi sobre las puntas de mis pies para no hacer ningún ruido, pero cuando estuve a punto de cumplir con mi objetivo de asustarla, ella habló.

—No te atrevas ni siquiera a pensarlo— Cerró de un portazo su casillero y luego giro sobre sus talones para por fin encararme— ¡Pendejo!

—¡Preciosa!

—¡Estupido!

—¡Estupenda!

—Bobo.

—Bonita.

—Estúpido.

—Hermosa.

—¿Te das cuenta de que estúpido no lleva H?— Enarcó una de sus delgadas cejas y yo asentí con una sonrisa.

—Pero da igual, la H no suena, así que es como si no contara— Sonreí ampliamente y le guiñe un ojo de forma coqueta.

—Ugh, definitivamente eres un idiota— Rodó los ojos y me dió un fuerte empujón para quitarme de su camino.

La seguí, como últimamente lo hacía, metí las manos en las bolsas de mi campera y comencé a tararear una canción de una banda llamada All time low, era gracioso, porque la letra me recordaba demasiado a Rivaille y su empeño en tener una distancia prudente de mí. Frunció el ceño, sabía que le estresaba en exceso que me situara a su lado y empezara a silbar, tararear o respirar.

Pero, ¿qué le hacía? Me encantaba verla enojada, se veía sexy.

—¿Qué es lo que necesitas esta vez, Jaeger?— Se detuvó y fue directamente a enfrentarme con su ceño fruncido— ¿Otro borrador? ¿papel higiénico? ¿una estúpida tiza blanca?— Negué con la misma sonrisa de momentos atrás, entonces ella sonrío con sorna— Si lo que quieres es un condón de cinco centímetros para tu pequeño pene, no tengo.

Volvió a sonreír, esta vez falsamente y retomó su camino. Yo solté una risita de sorpresa y levante ambas cejas. Ni siquiera me sorprendía que hablara de mis órganos sexuales masculinos, siempre sacaba ese tema a relucir. Era como si tuviera alguna extraña fijación con mi "pene pequeño", según ella.

Volví a caminar detrás suyo hasta darle alcance, la escuché suspirar pesadamente.

—No es pequeño— Me defendí, codeando suavemente a Rivaille con una sonrisa cínica— Podemos ir a la bodega de gimnasia a comprobarlo.

Volteó tétricamente a verme, su mirada despedía por completo advertencia.

—Atrévete si quiera a sacar tu sucia, vulgar y diminuta cosita y yo me encargaré de arrancártela con los dientes.

—¿Con los dientes? Oh, no suena mal— Respondí burlonamente y ella abrió los ojos y frunció después el ceño, al darse cuenta de la terrible selección de palabras que uso como advertencia.

—Ya, en serio, Eren— Suspiró por millonésima vez y sus facciones molestas se suavizaron— ¿Qué quieres?

Se detuvo en la puerta del plantel y fijó su mirada gris a mí, esta vez parecía que en serio se tomaría con seriedad cualquier cosa que le fuera a decir. Borre cualquier rastro de diversión en mi rostro y en cambio, coloqué una mueca de seriedad, levanté los hombros y me quedé pensando en cómo le soltaría la bomba a Rivaille sin que mi "sucia, vulgar y diminuta cosita" saliera perjudicada con una de sus patadas.

Intenté recordar el monólogo interno que había ensayo esta última semana frente al espejo. Pero me llevé la desastrosa sorpresa de que había olvidado más de la mitad, y es que con Rivaille no podía llegar a decirle "sal conmigo" como con las otras chicas, porque Rivaille no era como todas esas del montón.

Y por eso estaba nervioso y aterrado por primera vez ante una niña.

—Uhm... es que en realidad, es algo loco y lo más seguro es que nunca aceptes salir conmigo a una cita— Desvié la mirada hacía las bellas y bien cuidadas áreas verdes— Así que mejor olvidal...

—Acepto.

Abrí los ojos y mis ojos fueron a dar con su rostro estoico, que no ocultaba segundas intenciones, como por ejemplo, reír y decir que había caído en su broma. Pero no, todo lo que había era una seriedad real, que me decía que no estaba jugando, ni mucho menos estaba bromeando; pero por las dudas, me esperé otros cinco segundos antes de sonreír con galantería, ella rodó los ojos.

—¿Hablas en serio?— Sonreí aún más amplio cuando la vi asentir suavemente con la cabeza— Pero creí que me odiabas.

—No te odio, no me has hecho nada— Encogió los hombros y después bajo la mirada, pareciendo bastante culpable por algo, pero ¿qué?— Eso sí, Jaeger— Levantó el rostro con el ceño fruncido y las mejillas rojas— Atrévete a pasarte de listo conmigo y cumpliré lo de arrancarte a tu diminuto amiguito de ahí abajo.

—De acuerdo, tranquila, seré todo un caballero, lo prometo.

Sonreí y con mi puño golpeé mi pecho, justo en donde estaba mi corazón, haciendo mayor énfasis en la promesa que desde luego, no planeaba romper; me estaba dando una oportunidad y la aprovecharía para hacerle ver que era mucho más que un Don Juan hablador, que había alguien que realmente se preocupaba por los sentimientos ajenos. Es porque yo lo sabía, sabía lo que se sentía que te rompieran el corazón como si no fuera la gran cosa. Como si todos esos sentimientos atrapados en él no valieran la pena.

Sabía lo que significaba ver a la persona que más amas alejarse de ti sin mirar atrás, lo sabía y por eso de verdad quería iniciar desde cero. Olvidar este absurdo dolor en mi pecho que me decía a gritos que nadie más podría llenarlo, que nadie nunca me amaría de verdad, no como Mikasa. Entonces, si me amaba ¿por qué se fue? ¿por qué me cambió por alguien más? ¿cómo es que el amor podía ser así de frágil que a penas con un respiro se esfumaba?

Mi intención al salir con todas esas chicas nunca fue la de lastimarlas y satisfacerme con su dolor. Sabía que las lastimaba, siempre, de alguna manera, pero jamás lo había hecho con esa intención. Era algo natural, después de todo era parte de mí el lastimar a las personas que intentaban arreglarme.

—Bien— Le escuché murmurar, ya parecía más calmada que segundos atrás— Sólo puedo los sábados.

—¡Perfecto! ¿Te doy mi número de celular?— Saqué de una de las bolsas de mi chaqueta el delgado celular y en seguida ella sacó el suyo— Es 5503019630.

—Lo tengo, el mío es 5514140209.

Lo apunté rápidamente en mi agenda y para identificar ese número de todos los demás, llamé a Rivaille como "Pequeña enana enojona". Sonreí burlonamente por la "travesura" que acababa de hacer, Rivaille me miró con recelo, a lo que yo sólo negué rápidamente.

—Te llamaré en la semana, así que para de molestarme, ¿sí?— Colocó las manos en su cintura y enarcó una ceja.

—También lo prometo— Hice lo mismo de hace un rato, de golpear mi pecho, para mantener otra promesa— Pero no tardes en hacerlo, ¿sí?

Imité el gesto que ella había hecho antes, llevando mis manos a mi cintura y enarcando una ceja, haciendo una pose por de más afeminada. Y por primera vez ella rió... achinando los ojos y negando con la cabeza, realmente era linda cuando sonreía y dejaba atrás su fastidiosa mascara de señorita "odio a todo el jodido mundo".

—Uhm... lo intentare— Me guiño el ojo derecho y luego empezó a alejarse, agitando la mano en el aire— Bye, fenómeno.

—¡Oye, espera!— Ahí iba otra vez, detrás de ella— ¿No quieres que te llevé a tu trabajo? Mi auto está cerca de aquí, por mí no hay problema.

—No, gracias— Negó con una sonrisita burlona— Suficiente tengo con que estés acosándome aquí, como para que ahora lo hagas en mi trabajo. Bye, Jaeger.

Volvió a agitar la mano en el aire y esta vez deje que se fuera, observando como se perdía al doblar en una de las esquinas de la calle. Sólo entonces, me permití sonreír como todo un triunfador. Annie había dicho que tardaría meses en conseguir una cita con "Mrs. Hígado", ahora debía buscarla porque me debía cincuenta marcos.


Levi

Hanji soltó un fuerte alarido de emoción en cuanto me vio salir del baño. Jean, quien estaba a su lado sólo levanto ambas cejas. Rodé los ojos y caminé muy despacio, sintiendo que en cualquier puto momento se rompería la pegadísima falda, justo en donde estaba mi trasero. Llegué hasta posicionarme enfrente de ellos, conteniendo la respiración ante lo ajustado de la ropa.

—¡Wow, Levicito! ¡Te ves tan guapa!— Los lentes de Hanji parecieron brillar, mientras ella aplaudía satisfecha ante lo que veía— Anda, date una vuelta.

—Oh, cállate— Crucé los brazos y me di una vuelta muy lentamente, apretando las piernas— En primer lugar, ¿Por qué la maldita falda tiene que ser tan jodidamente pegada? Siento que se romperá en cualquier estúpido momento.

—Porque tu enorme trasero se ve en HD y así Eren puede disfrutar de tus atributos— Soltó una carcajada digna de una desquiciada, tuve que arrojarle una botella de plástico para que se calmara— ¡Tranquilo, pequeñuelo! Además la falda no se romperá, así que deja de hacer eso con las piernas.

Asentí y relaje las piernas, por suerte no me habían pedido que usara tacones o algo así, porque de cualquier forma no pensaba ponérmelos. Hanji hizo que me sentara en la silla frente a su tocador, para empezar con todo eso de plancharme el cabello. Cuando todo esto acabara, definitivamente me cortaría el cabello, en un estilo militar para parecer más masculino y así poder recuperar la poca dignidad que de seguro me quedaría.

Cuando terminó, en vez de ponerme uno de eso fastidiosos moños, me colocó una diadema rosada que combinaba con la ajustada falda color rosa mexicano llena de lentejuelas que me llegaba a mitad del muslo. En cuanto Hanji terminó de maquillarme, me levanté de la silla y caminé hasta quedar frente a Jean. Él no había dicho nada en todo el rato y no sabía si debía preocuparme o no. Me miró de pies a cabeza con una ceja levantada, ugh, que asco.

—¿Y?— Pregunté con impaciencia, cruzando los brazos por encima de mi pecho.

—Levi... si no supiera que eres niño, créeme que ya te hubiera coqueteado. Eres casi una chica, sólo hay un problema— Señaló mi pecho con la punta de su dedo índice— Te faltan las de ahí.

Hanji se reunió con Jean para también observar la gran falla en el plan. Se llevó la mano al mentón y asintió, pensando seguramente en como resolver ese asunto. Apreté los labios, ¿qué importaba eso?, simplemente me ponía un suéter holgado y con eso quedaba resuelto el problema de los pechos.

—¡Lo tengo!— La castaña chasqueó los dedos y su rostro se iluminó, tuve miedo, mucho miedo en ese momento— Sólo hay que ponerle uno de mis sostenes y lo rellenamos con algo.

—Sí, buena idea— Apoyó Jean, Hanji de inmediato fue a rebuscar en su ropa el famoso sostén.

—¡Ay, sí! Qué buena idea, ¡claro que no!— Fruncí el ceño y negué repetidas veces con la cabeza— No voy a ponerme pechos falsos.

—Levi— Jean se acercó a mí y colocó sus manos sobre mis hombros— Eren no es tan estúpido como te dije que era, sobre todo cuando se trata de bubbies y esas cosas. No le va agradar nada darse cuenta de que su chica es más plana que Armin.

—¿No Armin es un chico y novio de Annie?— Parpadeé confundido.

—A veces pienso que la del pene es Annie— Puso una mueca de asco y yo fruncí el ceño, no me agradaba Annie, pero tampoco me agradaba que se expresara así de las mujeres— Si no te pones esos pechos falsos, todo lo que has hecho estas semanas no habrá valido la pena y el dinero también se irá.

Mordí con fuerza mi labio inferior y asentí, dejando que Hanji culminara con su plan. Cuando por fin me vi en el espejo de cuerpo completo, casi no me reconozco, la persona en el espejo no era yo, sino Rivaille. La persona que Eren creía que era, la persona que Jean quería que fuera y la persona que nunca sería.

Suspiré dándome un último vistazo, Jean se había ido hace cinco minutos y Hanji los llevaba metida en el baño, haciendo quién sabe qué. Me senté en el filo de la cama del cuarto de Hanji, con el celular entre mis manos, esperando por un mensaje del idiota de Eren. En ese momento me dieron unas ansías locas de llamarlo y contarle toda la verdad, decirle que yo no era chica y que todo había sido idea de Jean.

Pero el peso de la falta de dinero en casa fue mayor que el peso de la culpa que sentía. A veces intentaba ahuyentarla, diciéndome a mí mismo que la culpa de todo esto la tenía Eren, por ser tan ciego e idiota como para no darse cuenta de que era un chico y no una niña.

Finalmente el mensaje de Eren llegó.

Decía que me esperaba afuera de la escuela a las dos en punto, suspire y me puse de pie, temiendo siempre porque la falda se fuera a romper. Bien, era momento de dejar a Levi en la casa de la cuatro ojos y volverme Rivaille. En ese instante Hanji salió del baño.

—Me tengo que ir, el idiota me espera— Tomé el pequeño bolso que Hanji me había prestado y arrojé el celular a su interior.

—Suerte, Levi— Me abrazó por breves segundos, al separarse de mí me dedico una mirada llena de preocupación, solté un bufido.

—Yo no la necesito.

Salí de su casa a paso apresurado, a pesar de todo, no pensaba llegar tarde a "nuestra cita", no porque me importara, sino porque yo era una persona que adoraba la puntualidad y si me decían que tenía que estar a las dos en punto, entonces estaría ahí a los dos en punto, ni un minuto más tarde, ni un minuto más temprano.

Por eso, no pude evitar sorprenderme al llegar y ver que Eren ya estaba en donde pactamos, él aún no me veía, parecía demasiado distraído con los árboles que mecían sus ramas suavemente a causa del viento. Me acerqué lentamente a él y en cuanto lo tuve en frente, el despabiló y parpadeo varias veces al verme.

—¿Qué tanto miras, idiota?

—Ah, no... es que te ves muy hermosa— Sonrío ampliamente y yo sólo devié la mirada— En serio.

—Gracias— Dirigí la mirada a él y le regalé una diminuta sonrisa, realmente me sentía mal haciendo todo esto— ¿Y a dónde piensas llevarme?

—Bueno, tengo un par de entradas para el museo Pérgamo.

Sacó de los bolsillos de su pantalón de mezclilla un par de entradas y las agitó en el aire, después me tendió ambas y cuando estuvieron en mis manos y las revise, mis ojos se abrieron muy grande. Siempre había querido visitar ese museo, pero jamás alcanzó el dinero para ese tipo de trivialidades.

Miré a Eren con los ojos llenos de gratitud y él sólo me respondió con una amplia sonrisa.

—¿Cómo rayos supiste lo del museo?— Abracé contra mi pecho el par de entradas y Eren pareció pensarlo por varios segundos.

—En realidad no lo sabía— Encogió los hombros— Pero sabía que te gustaba el arte, porque de hecho estas en el club de arte y pensé que sería más original llevarte a un museo que al cine, o al parque de diversiones.

—Veo que en realidad sí tienes cerebro, bien pensado Jaeger— Sonreí de lado y Eren imitó mi gesto— La próxima vez está bien que vayamos al parque de diversiones.

—¿Eso quiere decir que habrá una próxima vez?

Asentí y sin más, tomé con fuerza la muñeca de Eren para guiarlo hasta donde estaba su precioso bora negro, perfectamente limpio y cuidado; al menos sabía que se interesaba por algo: su automóvil. Al subir al carro, Eren me abrió la puerta y me ayudo a subirme, ahora entendía que esos pequeños detalles les agradaban un montón a las mujeres, por el simple hecho de que aunque no fueran princesas, las podían hacer sentir de ese modo.

Condujo hasta el museo sin violar ninguna ley de transito, incluso les cedía el paso a los peatones. No se pasó ningún alto y lo que era sumamente gracioso es que no quitaba la mirada de enfrente en ningún momento. Ahora descubría que además de tener un cerebro, sabía utilizarlo y su sentido de la responsabilidad era increíble. La mayoría de los niños ricos de nuestra preparatoria rompían las reglas por diversión, sólo porque sabían que sus padres tenían el dinero suficiente como para extorsionar a casi cualquiera.

No era el caso con Eren y ahora que lo pensaba, en la escuela sólo era conocido por su exótica belleza y por ser un mujeriego... de ahí en fuera, tenía una reputación de buen capitán, estudiante promedio y un historial de conducta intachable, entonces ¿por qué Jean hacía todo esto? Eren en realidad no parecía mala persona.

Al final, después de pensarlo por mucho tiempo, llegué a la conclusión de que Eren le quitó la novia a Jean y ahora este simplemente quería vengarse de él, tenía lógica. Aunque seguía pensando que esto era infantil y cruel.

Caminamos por todo el museo, viendo las diferentes pinturas y esculturas. De vez en cuando Eren preguntaba el significado de alguna pintura, yo desde luego, respondía que el arte no era hecho para que lo entendiéramos, más bien para que lo disfrutáramos.

Lo traje de aquí para allá y en ningún momento se quejo, ni tampoco dejo de prestar atención a todo lo que yo decía, o lo que había a nuestro alrededor, siempre estaba atento. Tampoco sacó su celular ni para revisar la hora. Supongo que éstas eran algunas ventajas de ser mujer. Aún así, en un determinado momento llegué a preguntarme si él actuaría así conmigo si en vez de haberme acercado como Rivaille, lo hubiera hecho como Levi.

Al final concluí que Eren no me hubiera mirado ni dos veces si me hubiera acercado como Levi, porque obvio que él no esta interesado en los niños.

Tenía escrito en la frente con enormes y rojas letras la palabra "heterosexual".

Cuando terminamos nuestro recorrido, fuimos directamente a una heladería y compramos un par de helados. Uno de limón para mí y Eren, como el macho alfa, pecho peludo que era, se compró uno de cereza. Nos sentamos en la banca de un parque, quería, deseaba cruzar las piernas porque ya era una costumbre, pero no pude por la asquerosa falda.

Así que sólo tuve que cerrar bien mis piernitas y evitar por todos los medios de abrirlas y lucir como una zorra urgida. Todo esto de ser mujer era demasiado complicado. Agradecía profundamente el no serlo, en haber nacido hombre. Aunque bueno, ahora sólo era un travestí fingiendo ser una linda y delicada chica.

—¿Su helado de cereza sabe rico, princesita Ererin?— Reí suavemente y vi a Eren fruncir el ceño, en un gesto de indignación — Si fuéramos una pareja de gays, yo obviamente sería el macho azotador.

Solté una fuerte carcajada cuando Eren se atragantó con su helado y empezó a toser como si su vida dependiera de eso. Cuando su tos se fue y él recobró la compostura, me miró en silencio, con una ceja levantada. Mi sonrisa se borró y en cambio sentí al pánico apoderarse de mi cuerpo entero, Eren estaba demasiado serio, como no lo había visto nunca, ¿y si se había dado cuenta? ¿y si ya sospechaba? Sin embargo, el aire volvió a mis pulmones cuando lo vi soltar una carcajada mientras negaba con la cabeza.

—Eres increíble, ¿lo sabías? —Volvió a reír, arrugando la nariz en el proceso— Es la primera vez que una chica me dice algo así.

—Sólo digo la verdad— Encogí los hombros, intentando parecer "seria" y que no se notaran las ganas que tenía de volver a reír.

—Mi querida y preciosa Rivaille, si fuéramos una pareja de gays, obviamente el macho azotador sería yo— Me guiño un ojo, con una sonrisa burlona en sus labios, fruncí el ceño— En todo caso, somos una chica y un chico, así que igual sigo siendo el macho azotador.

Encogió los hombros con una sonrisa arrogante, llevándose a los labios una cucharada de helado. Me quedé mirándolo, él era el increíble, a pesar de que había hablado de algo tan tabú como las parejas homosexuales, él lo había tomado con calma, se podría decir que hasta cierto punto, con madurez. Cualquier otro chico habría puesto el grito en el cielo y la idea lo hubiera horrorizado. Pero Eren había actuado con naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo hablar de gays y machos azotadores.

De alguna u otra manera, me había alegrado que a Eren no le molestara hablar de estas cosas.

Una cálida sensación se esparció por todo mi pecho, sabía que era peligroso y estúpido, pero me fui acercando un poco más a Eren y cuando estuve lo suficientemente cerca, recargué mi cabeza contra su hombro, él no dijo nada por el repentino acercamiento, pero estaba seguro de que sonreía con arrogancia. Después de todo había logrado ablandar un poquito a Rivaille y también a Levi... lo que era realmente preocupante.

—Gracias por lo de hoy— Murmuré suavemente— Cuando no te pones en tu plan de macho conquistador, realmente eres agradable.

—No hay nada que agradecer, y recordaré ya no ser tan macho conquistador.

—Aunque puedes coquetear conmigo de vez en cuando— Ambos reímos, me enderecé para poder mirarlo y cuando nuestras miradas se cruzaron, él asintió con una sonrisa— Ya sabes, algo así como los viernes y los jueves.

—O sea que, ¿tengo permitido coquetear contigo los jueves y viernes?— Levantó una de sus espesas cejas y yo asentí encogiendo los hombros.

—Sí, es que me resulta divertido verte sufriendo en tus intentos de llamar mi atención y lo disfrutaría más los jueves y viernes, que no tengo tanto estrés por las materias.

—Para ser tan pequeña, tienes un montón de maldad en ti.

Asentí con una sonrisita cínica y Eren rodó los ojos con una diminuta sonrisa. Después de un rato de silencio, en el que Eren parecía estar muy pensativo, fue que embarro helado en su dedo y después se limpió en mi mejilla, entre carcajadas suaves. Y mientras Eren reía por su aparente travesura, tomé una cucharada de mi helado y sin pensarlo dos veces, la use como catapulta para lanzarle todo el frío contenido justo en el rostro.

—Eso sí es malvado.

Susurré cerca de su oído, antes de soltar una risita burlona, pero justo cuando estuve a punto de reír a carcajadas, mi conciencia me grito que malvado era eso que Jean y yo le estábamos haciendo. Un nudo se formó en la base de mi estómago, por lo que rápidamente saque un pañuelo de papel y le ayude a limpiarse el helado en su rostro. No había sido sólo la culpa, había algo más que me orillaba a querer confesar la verdad.

Mierda, Eren empezaba a agradarme más de lo necesario y eso era malo, muy malo.