Harry Potter le pertenece a J. K. Rowling.
Esta historia participa en el reto "Casas de Hogwarts" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
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Cada quién en su mundo.
Viñeta 4.
Gryffindor y su valentía está muy sobre valuada.
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Roxanne Weasley, la hermanita de Fred, está ahora en el taburete oyendo claramente al Sombrero Seleccionador; dicho objeto, después de varios minutos, comienza a desesperarse la ¿castaña o pelirroja? Nunca se sabe con ella ya que por una broma de su papá, que no era para ella sino para el pomposo de su tío Percy, terminó con su pelo, el cual su hermano denomina vario color ya que en un momento del día es café y en el otro es rojo. Roxy bufa indignada, a ella le agradaba su pelo ¡rojo! no café, muchas gracias.
—Y tenemos a otra Weasley con carácter.
—Ah, cállate vejestorio.
A diferencia de Freddie, ella es muy voluble y con una mirada de lo más fría. Momentos después, de que siguiera oyendo toda esa habladuría sobre sus virtudes, el Sombrero por fin se decide en mandarla a:
—¡GRYFFINDOR!
Cabe recalcar que sonríe orgullosa, siempre le ha gustado seguir las tradiciones —aunque sean muy sosas— y le molesta que un cualquiera, que responde al nombre de Fred II, las pase por alto. Obviando los vítores y aplausos de la Casa roja y dorada, camina hasta la mesa y se sienta entre una alumna de segundo y uno de primero; pasa por alto cualquier indicio de inicio de conversación, prefiere la paz y la serenidad... no como su hermano que le encanta el caos y desorden.
Ese mismo día, solamente que ya casi atardeciendo, la pequeña Roxanne está en su recamara desempacando sus cosas; desde que la Directora McGonagall dio el anuncio de retirada ella despavorida se fue, nunca le han fascinado las aglomeraciones innecesarias, opta más por un pequeño espacio donde esté su persona y buen IPad, desgraciadamente el IPad no lo pudo llevar ya que se descargaría.
—Tonto Hogwarts y su falta de energía —murmura, irritada, la pelirroja de nacimiento—. Ojalá que papá me vuelva a mi tono natural, hablando de mi cabellera. —Sabía que le iría muy mal, hablando de su progenitor bromista, si no vuelve a tener el pelo rojo en, como mínimo, la primera semana del verano.
No es como si llevara el pelo rojo-café por mucho tiempo, simplemente pasó un día antes de ir al anden nueve y tres cuartos; se da media vuelta y cierra los ojos, quiere dormirse. De la nada escucha el crujir de las ventanas, ese día ha estado muy ventoso. Un escalofrío le baja por la espina dorsal pero lo ignora.
Otra vez crujen las ventanas.
Otro escalofrío tiene Roxy.
Se sienta y gruñe—: Yo y mi ridículo miedo a las tormentas.
Cuando era pequeña ocurrió una fuerte lluvia, quizá demasiado, que le provocó ese miedo desde que se quedo encerrada en su habitación; eran tan fuertes los truenos y relámpagos que sin importar cuánto gritara nadie la escuchó, no fue hasta que demostró su magia accidental que su mamá llegó asustada. Para menos, la chiquilla de seis años provocó un mini sismo que por poco y no rompe cualquier cosa de vidrio, naturalmente Angelina pensó que su niña se había rasguñado.
Definitivamente fue muchísimo peor.
Desde ese momento le da pavor cualquier cosa relacionada a las tormentas, por muy insignificante que sea.
Roxanne se levanta de la cama, enojada por no poder dormir, susurra con mucho veneno—: La valentía de Gryffindor está muy sobre valuada.
La Weasley piensa que debería ir a fastidiar a su insoportable hermano mayor, tal vez, así, despejaría su mente.
