HOLAAAA! Les vengo a dejar el último capi de APRENDIENDO A VIVIR.

Dean es ahora el que expresa lo que siente, piensa y teme. Con esta referencia llegamos al final del capítulo 11 de la serie. Si quieren saber cómo imagino lo que sigue, lean El REGRESO, que ya va por el segundo capi…. Besos a todas. Y gracias por leer!

Los días y las noches van pasando siempre iguales, siempre monótonas. Todo parece estar en calma, todo parece tranquilo pero no es así. En el fondo lo sabe, lo siente, pero trata de no pensar en ello porque siente que se desmorona poco a poco cada segundo que pasa al lado de ese que dice ser su hermano. Podría aceptarlo así como es, pero no puede hacerlo porque él sí recuerda cómo era antes el pequeño Sammy y no puede amar a este nuevo ser, ese no es su hermano. Y desde que se enfrentaron a esas hadas, ha notado que el menor ha cambiado su actitud. Ya no se lo ve confiado, esperando obtener su alma, sino que se lo ve a la defensiva, tratando de hallar la excusa perfecta para no tener que volver a ser el que era. Parece que la idea de tener sentimientos, de amar, de sentir miedo, confianza, dudas y todo lo que implica ser humano, le repugna. No parece estar ya de acuerdo con los planes para obtener su alma. Pero lo peor es que lo disimula y Dean tiene que tratar de adivinar lo que piensa Sam, tiene que tratar de entender lo que pasa por esa cabeza. Y no es fácil ponerse en el lugar de este joven sin alma. Pero Dean lo conoce. Lo conoce tan bien que con los ojos cerrados sabe los gestos que hace, casi oye lo que piensa. El hecho de que el chico no duerma le causa más dificultades de las que podía suponer: tiene que dormitar, nunca dormirse profundo porque cada vez que lo ha hecho, ha hallado a Sam mirándolo de forma extraña, casi maligna o peor aún, hablando por teléfono quién sabe con qué persona y con qué objeto. Tal vez es sólo su imaginación, una especie de paranoia que se le ha despertado con todo esto del alma de Sam, pero se siente así, vigilado, controlado, estudiado. Y está cansado. Para colmo de males, han tenido que acabar con Crowley y eso les ha cercenado las esperanzas de obtener el alma faltante. Ahora están librados a su suerte y Sam no lo está haciendo fácil. Se ha ido, enojado, furioso, indiferente ante su dolor. Ha demostrado claramente que no le interesa volver a tener su alma consigo. Ha pasado por ahí casi dos semanas, tiempo en el que el mayor volvió a sentirse como cuando buscaban a su padre desaparecido o cuando el propio Sam desapareció sin dejar huellas para luego reaparecer poseído por un demonio. La desesperación le ha provocado ideas. Y dicen que de la necesidad nacen las grandes ideas, las grandes invenciones. Así que una noche, casi adormecido en un sucio cuarto de hotel luego de su sexto tequila, tiene una idea. Es casi una revelación. Y está tan seguro que funcionará que casi no puede esperar al día siguiente para ponerla en práctica. Le lleva horas localizar a Sam –su GPS siempre está encendido- y en pocos minutos le convence de ir a casa de Bobby, no le dice aún su plan. Una vez allí, sólo le indica que lo espere y desaparece por varias horas. Ha ido a ver al Dr. Robert, un viejo conocido de su padre, gracias a él lo logra, luego de morir por enésima vez, se contacta con el Jinete y obtiene lo que quiere: el alma de Sam a cambio de que él haga de Muerte por un día. El precio le parece justo y acepta en el acto. Las cosas nunca son simples ni fáciles para los Winchester y ésta no es la excepción. El trato no lo puede cumplir, porque con su estúpido sentimentalismo ha querido cambiar lo que no puede ser cambiado: el destino. Y con graves consecuencias. Es lo que les ha sucedido a ellos. Tantas veces han huido de su destino, lo han esquivado, lo han cambiado que ahora están pagando las consecuencias: a su alrededor, todo es tristeza, muerte, desesperación. Para siempre y por siempre. Hasta que ellos no paguen su precio con sus vidas. Pero hoy Dean Winchester tiene un ángel que le sonríe. Y no es Castiel. Quién sabe por qué causa, Muerte lo necesita a él y a su hermano y por eso le devuelve el alma al menor. El momento es desesperante, Dean ve el dolor reflejado en los ojos de Sam y se desespera. Quisiera hacer algo pero no puede, no debe. Lo único que debe ser hecho es eso, a lo que el Jinete ha venido. Y haciendo un esfuerzo supremo, cierra los ojos y los oídos ante los gritos desgarradores de su hermano y reza porque esta vez todo salga como espera. Reza porque su hermano esté de vuelta con él. Y esta vez confía en que alguien oirá su plegaria.