Aqui les va el cuarto capitulo :D espero les guste. Aclarto que estos personajes no me pertenecen son Rumiko Takahashi =3
LEAN
Cap 4: Conocido
Lunes por la mañana. Era una mañana muy bonita, el sol estaba en pleno y había un aire muy cálido. Kagome se dirigió a la universidad, como todos los días, pero lo que no sabía era que este no sería uno como cualquiera.
-Que mal, creo que ayer me acosté muy tarde, lástima, hoy pagaré las consecuencias. Estoy tan cansada que apenas puedo abrir mis ojos- se iba diciendo para si mientras se restregaba los ojos para poder aclarar su vista.
De pronto un sonido, parecido al zumbar de un insecto, comenzó a acercarse cada vez más a ella. Se volteó y vio como una bicicleta venía a toda velocidad en la misma dirección en la que ella caminaba. En un abrir y cerrar de ojos, sintió como algo pasó por su lado, empujándola fuera de la acera. Era la misma bicicleta que había visto hace un par de segundos, pero como sus reflejos estaban tan lentos a causa de su cansancio, no alcanzó a reaccionar.
Sintió su cuerpo liviano como una pluma, cayendo lentamente mientras se enfriaba y se volvía totalmente rígido. Miró hacia un lado de la calle y vio un auto acercándose velozmente; aunque no podía hacer nada, no podía mover ni un solo músculo, se sentía muy débil. Sólo su mente reaccionaba, sentía el aire rozar su rostro y estaba preparada para impactar contra el suelo cuando algo la detuvo. Una mano fuerte y grande la había tomado por la espalda y la atraía hacia su poseedor. Chocó contra el cuerpo de su salvador, aunque no pudo ver su rostro, porque sus ojos se cerraron.
-------- O --------
-¡Ah! Al fin despiertas ¿Te encuentras bien? Trata de no moverte mucho, ese golpe fue un poco fuerte y puede que aún te duela la cabeza.
Se detuvo, y su rostro cambió de adolorida a impresionada. No se esperaba la presencia de otra persona, y menos de un hombre. Recordó los últimos sucesos, las sensaciones comenzaron a aparecer en su cabeza, y recordó la mano que la sostuvo por la espalda y la salvó de esa segura muerte, y luego el impacto contra lo que parecía ser el cuerpo de un muchacho.
Esa voz debía ser la de aquel muchacho que le salvó la vida.
Hizo un intento, y con mucho esfuerzo, logró sentarse sobre la superficie en la que estaba recostada. Miró hacia los lados, con los ojos medio abiertos, y logró divisar grandes árboles, asientos y una que otra persona caminando sobre el césped. Ella se encontraba sentada en una de las bancas y de pronto, esa varonil pero suave voz, volvió a hablarle.
-Estamos en la plaza que queda cerca de donde casi te atropellan. Debes tener más cuidado cuando camines, sino para la próxima te volarán la cabeza.
De nuevo esa voz que la había dejado helada, una voz varonil, grave, imponente, pero sutil y suave a la vez, miró enfrente, su dolor de cabeza comenzó a aumentar y ya no veía claro. Trató de enfocar su vista para poder ver a su salvador, pero lo único que logró fue otra punzada. Se paró de la banca con la intensión de irse, caminó unos cuantos pasos en dirección opuesta, su cabeza le daba vueltas y nuevamente esa sensación de rigidez recorriendo cada parte de su cuerpo la cubrió por completo y nuevamente se sintió tan liviana como una pluma, el viento rozando su cara y ella cayendo lentamente. Le agradaba esa sensación tan liberadora, que la soltaba de todas las preocupaciones y le aclaraba la mente. Sus ojos comenzaron a cerrarse y nuevamente, deja vu. Sintió una gran mano que la sostenía por la espalda, frenando esas sensaciones tan maravillosas y evitando que se cayera y en ese instante, cuando sus parpados ya no podían más su peso, pudo ver los profundos ojos azules de su salvador.
-------- O --------
Cuando despertó nuevamente, estaba todo oscuro y ella estaba cubierta por una manta. Abrió los ojos sin hacer ningún movimiento, miró a la derecha, oscuro, miró a la izquierda, oscuro y cuando miró hacia el frente, de reojo, vio dos pequeñas lucecitas entre esa profunda oscuridad. Las lucecitas parecían dos ojos que la observaban. Volvió a mirar el techo, oscuro y nuevamente volteó a ver las lucecitas. Estaban donde mismo las había visto hace unos segundos, la seguían mirando, volvió a recostar su cabeza en lo que parecía una almohada, sus manos recorrieron la superficie en la que estaba recostada, suave como la seda y atractiva al tacto. Estaba recostada sobre una cama ¿Cómo habré llegado hasta aquí? Se preguntaba Kagome. Entonces recordó las luces y nuevamente levantó su cabeza para poder observarlas, pero cual fue su sorpresa al descubrir que ya no se encontraban ahí. Miró a la izquierda y nada, a la derecha, nada y entonces sintió pequeños movimientos a la altura de sus pies y que subían lentamente sin emitir sonido alguno. La adrenalina comenzó a correr por sus venas y la invadió el pánico y el terror. Una muchacha sola en una habitación oscura y dos luces que aparecen y desaparecen y luego algo que se mueve cerca suyo, no dan una muy buena impresión para alguien que viene recién despertando, parece como esas típicas escenas de las películas de terror donde en cualquier momento el monstruo de la película salta y se la devora y nunca más se sabe de la pobre muchacha a la que dieron muerte dolorosamente.
Miró por uno de los costados de la cama y pudo distinguir, con mucha suerte, un bulto cerca de su cuerpo a la altura de la pantorrilla. Quedó helada, tratando de razonar. Esto no puede ser posible se decía para tranquilizarse calma calma seguía diciéndose, pero nada de esto funcionaba, ya que el bulto seguía subiendo, a la altura del muslo y cada vez más arriba. Se tapó el rostro con la sábana para poder despertar de esa horrible pesadilla a lo mejor desparece el bulto pensaba, pero nada hacía efecto, el bulto seguía estático en su lugar. De pronto se asomó por un costado de la sábana, pero no veía nada. Se quedó esperando en silencio y luego volvió a cubrirse. Esperó otro momento y volvió a asomarse, pero esta vez vio ambas lucecitas a unos cuantos centímetros de su rostro.
-¡¡AHHHH!!- gritó desesperada y estruendosamente. La criatura dio un salto fuera de la cama, corriendo despavorida a esconderse.
Kagome volvió a esconderse bajo las sábanas. Se escuchó el crujir de la puerta y la luz del exterior de la habitación la iluminó completamente.
-¡¿Qué pasa?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Viste algo?! ¡¿Te duele algo?!- dijo una voz varonil que acababa de entrar estruendosamente en la habitación al escuchar el grito desesperado de la muchacha.
-Es…es…-tartamudeó Kagome asomando la punta de su dedo por fuera de las sábanas apuntando hacia el último lugar en el que recordaba haber visto moverse al bulto. El joven miró en la dirección en la que apuntaba Kagome.
-Ah te asustó mi gata- y comenzó reír a carcajadas- no te preocupes, no hace nada, es totalmente inofensiva, además es muy cariñosa cuando te conoce… la verdad no le gusta mucho la gente nueva- le dirigió una cálida sonrisa a la chica mientras dejaba al gato sobre la cama, el cual comenzó a caminar sobre esta, acercándose a Kagome.
-Pero que gatita más linda- exclamó Kagome saliendo de entre las sábanas mientras tomaba al minino entre sus brazos y lo acariciaba y ésta la lamía gustosa.
-¡Wow! Creo que le agradas- dijo el muchacho sentándose a un costado de la cama- eso es poco común, generalmente no le agradan las visitas, incluso se comporta agresiva con la gente nueva, pero parece que tú eres la excepción…- dijo el chico con una amplia sonrisa en su rostro.
-Así parece- acotó Kagome mientras miraba a la gata saliendo de la habitación.
-Y al parecer tu ya te encuentras mejor ¿no?.
-Creo que si, con ese susto creo que ya puedo con cualquier cosa- dijo Kagome mientras reía. Hubo un silencio incómodo, Kagome jugaba con sus manos con la cabeza gacha, mirándolas y sintió la mirada de aquel muchacho, del cual ni siquiera sabía su nombre, observándola detalladamente. El ambiente comenzó a ponerse tenso, con su mirada acosándola. De pronto un sonido extraño irrumpió el silencio.
-¡Lo siento!- dijo Kagome avergonzada al notar que su estómago había sonado, debido al hambre, enfrente de su anfitrión.
-No te preocupes, ya es tarde y es comprensible que tengas hambre, además tu cuerpo ha perdido mucha energía y necesitas recuperarla- dijo él mientras le dirigía una sonrisa amistosa, una sonrisa invisible ya que desde el ángulo en el que se encontraba, Kagome no podía verlo.
-Yo… ya me tengo que ir, gracias por todo, pero…
-No, aun no estás en estado como para irte a tu casa. Sólo descansa y yo te traeré algo para comer- se levantó y comenzó a caminar hacia la puerta.
-¡No! Como tan abusadora, no puedo. Primero me salvas y ahora me darás de comer, no te preocupes, puedo volver sola, enserio- Kagome se levantó de la cama para probar lo que decía, pero volvió el dolor de cabeza y el mareo evitó que pudiera dar un sólo paso, obligándola a volver a la cama.
-Ves. Es mi casa y yo digo que debes descansar, además yo no tengo ningún problema, también tengo hambre así es que aprovecharé para servirme algo. Te lo vendré a dejar en cuanto está listo- y diciendo esto se retiró rápidamente de la habitación, dejando a Kagome con las palabras en la boca. Cerró la puerta y toda la habitación volvió a sumirse en una profunda oscuridad y un silencio sepulcral.
Kagome soltó un suspiro y no tuvo más remedio que quedarse ahí y seguir las recomendaciones de ese extraño joven.
-Si claro, como si pudiera dormir. Ya no lo necesito, mi cuerpo ya se ha recuperado y estoy en perfectas condiciones, ese mareo no fue más que mala suerte- bufó y pronto comenzó a sentir como sus párpados se cerraban, volviéndola a arrojar a los brazos de Morfeo.
o.O
Todo seguía tal cual como antes de que cayera vencida por el inesperado cansancio de su cuerpo. Oscuro, aún seguían las luces apagadas y las cortinas cerradas. Se sentó y miró a su alrededor y en la mesita de noche que se encontraba a un costado de la cama, había una bandeja con comida, tal cual él lo había dicho. Su contenido se veía muy tentador, Kagome estiró su brazo para poder tomar algunas de las cosas que se encontraban ahí. Pudo divisar un pan, lo tomó y le dio un mordiscó, lo saboreó como si fuera el néctar de una fruta prohibida y lo tragó lentamente disfrutando su sabor. Notó que su garganta estaba seca y miró a la bandeja a ver si encontraba algún líquido que pudiera refrescarla. Encontró un vaso, lo tomó y bebió su contenido. Sabía a jugo de naranja, era natural y no había pasado mucho tiempo desde que fue exprimido hasta que las primeras gotas de este tuvieron contacto con sus labios.
Terminó de saborear el néctar naranja y le dio la última mascada a la rebanada de pan, dejó el vaso sobre la bandeja que estaba en la cómoda y se recostó nuevamente.
-Creo que ya es hora de que me vaya. Me ha a dado de comer y me ha dejado descansar en su casa. Ya he sido lo bastante abusadora con él- Pensó Kagome decidida a salir cuanto antes de allí, pero algo la interrumpió. Se escucharon unos leves pero audibles sonidos de otra habitación, al parecer de una habitación que se encontraba al lado de ésta. Se quedó estática con la sábana entre los dedos y agudizó el oído para poder escuchar algún otro sonido.
Se escucharon un par de sonidos más antes de que apareciera un crujido familiar, el chirrido que emiten las puertas al abrirse lentamente. Y entonces un hilo de luz irrumpió en la oscuridad de la habitación y la muchacha dirigió su mirada hacia la izquierda, justo de donde provenían los sonidos que había escuchado anteriormente. En un fugaz movimiento cubrió todo su cuerpo con las sábanas, estirándolas a su límite y agudizó aún más su oído para oír si alguien se asomaba por esa puerta.
-¿Qué hago escondiéndome como una rata?- se preguntó para si- ¿No estoy haciendo nada malo o si?- La verdad se sentía como ladrona en casa ajena, pero realmente no hacía nada malo, solo había comido lo que le habían dejado ahí y nada más.
La puerta comenzó a crujir con más ansias y pronto la luz proveniente de esa sala iluminó la habitación en la que se encontraba Kagome. Se escucharon leves pasos saliendo de ésta, a pesar de que la habitación se encontrara cubierta por una alfombra. Los rayos provenientes del cuarto de al lado, atravesaban la tela de la sábana y permitían que Kagome pudiera ver a través de ésta. Pudo divisar una alta figura saliendo del otro cuarto, la figura se quedó estática en su lugar y luego volteó para apagar la luz. Se escuchó un clic y la habitación volvió a sumirse en la oscuridad. Los pasos siguieron su curso esperado, cruzaron al otro lado del cuarto, se detuvieron y luego volvieron a cruzarlo. Caminaban de un lado a otro, al parecer buscaban algo, pero qué.
A Kagome la mataba la curiosidad ¿Quién era? Y pronto recordó al chico ¿Será él? No podía más, la curiosidad la mataba, así es que decidió asomarse a observar. Quitó la sábana de su rostro sin hacer ningún ruido y enfocó la vista buscando a la figura. Pudo distinguirla a un extremo de la habitación donde se encontraba un mueble, de los típicos donde se encuentra la ropa. La figura llevaba una toalla blanca que la cubría de la cintura hacia abajo, a la altura de las rodillas, se encontraba de espaldas a ella y tenía una espalda muy ancha. Comenzó a moverse y Kagome volvió a cubrir su rostro con las sábanas sin emitir ningún sonido.
Los pasos comenzaron a moverse nuevamente, pero a diferencia de la vez anterior, ésta vez se dirigían hacia la cama ¿Me habrá descubierto? Pensó. Kagome fingió dormir y los pasos se detuvieron justo al lado de ella. Oyó el ruido que emite una bandeja al ser levantada y exclamó:
-No te la lleves-
-Así es que ya te has despertado.
-Sí- respondió Kagome aún con la cabeza cubierta por las sábanas.
-Y veo que ya has comido de lo que te traje.
-Sí.
-¿Te ha gustado?- le preguntó con cierta curiosidad.
-Sí, en especial el jugo.
-Yo mismo lo he hecho.
-Gracias, estaba rico.
-Bueno tenías hambre y es natural que te allá parecido apetitoso- dijo éste mientras caminaba en dirección a la puerta de salida con la bandeja en las manos.
-No, es cierto, estaba exquisito, pero no te la lleves- insistió Kagome mientras se descubría y se sentaba en la cama. Todo seguía oscuro, pero aún así podía divisar la bella silueta que dibujaba el contorno del cuerpo su anfitrión.
-No te preocupes, tú solo descansa. Ya debes encontrarte mejor ¿no? Deja que te revise- le dijo éste una vez que se encontró frente a la puerta. Dejó la bandeja a un lado y puso su mano sobre el interruptor de la luz.
-¡No!- exclamó Kagome cuando descubrió las intenciones que tenía el joven- No es necesario que las enciendas. Puede que con la luz, aún me duela la cabeza- el sólo hecho de pensar que encendiera las luces, la espantaba. Tener que verlo en las condiciones en las que él se encontraba, en toalla, era algo que la sobresaltaba y sobre todo si era con las luces encendidas. Se imaginaba el cuerpo atlético que debía tener su anfitrión y su rostro se ruborizaba, el hecho de pensar que él la viera así la avergonzaba.
-Entonces deja que te revise al menos- le dijo éste acercándose lentamente a ella.
-¡No! ¡No! Es que debo ir al baño primero- contestó Kagome, saltando de la cama y corriendo en dirección al baño, que era la habitación de donde había salido él hace un momento. Entró y cerró la puerta de golpe.
Por un momento no escuchó absolutamente nada, oyó el crujido de la puerta y nuevamente todo en silencio. Se apoyó de espaldas a la puerta y se dejó caer.
Su sangre hervía a causa de la agitación de hacía un rato y su respiración se había vuelto cortante ¿Pero qué la ponía nerviosa?
Se quedó estática un momento y tomó su cabeza entre sus manos. Esa veloz secuencia de movimientos le había producido una gran migraña y ahora sufría las consecuencias. Se mantuvo en esa posición por unos instantes, esperando que el dolor disminuyera. Pasado un rato se dirigió al lavatorio y se mojó la cara. Se miró al espejo, se arregló un poco y salió.
Afuera, la habitación seguía oscura, pero esta vez la puerta estaba semiabierta. Solo había una ranura por donde entraba luz del exterior y que iluminaba la habitación levemente. Kagome dudó, pero luego de meditarlo decidió salir. Abrió la puerta y la luz que iluminaba el pasillo, la encegueció por unos segundos. Abrió los ojos y comenzó a caminar por el pasillo hasta llegar al living-comedor.
Era una cocina estilo americana y un living con muebles muy modernos. Hacia la izquierda, donde se encontraba el living, había un ventanal tan alto como la pared y desde ahí se veía toda la ciudad. Miró hacia los lados para asegurarse que no hubiera nadie y se acercó a la ventana para poder tener mejor vista. La ciudad se veía hermosa desde ese piso, calculó y debía de encontrarse en algún apartamento del piso 10.
-Veo que ya puedes levantarte ¿Te gusta la vista?- preguntó una voz varonil que provenía de sus espaldas. Kagome volteó para ver al muchacho oji azul justo afuera del pasillo, entre éste y la cocina.
-Sí es muy linda- respondió ella un poco perturbada por la atlética figura del joven. Se encontraba vestido sólo con unos jeans y una toalla sobre sus hombros con la que se secaba el pelo de vez en cuando.
-Y… aún sigues con hambre… porque estoy preparando algo.
-Mm… la verdad no- mintió. Se sentía como una carga más.
-Lástima, tendré que comer sólo- respondió mientras caminaba hacia la cocina y se pasaba la toalla nuevamente por el pelo. Hubo un silencio incómodo, que pronto fue rellenado por el sonido de la vajilla que dejó sobre la mesa del bar. El joven se posicionó en la cocina, tomó una paleta de palo y se puso enfrente de la plancha que había en la cocina. Volteó la porción de carne que se encontraba sobre ésta y la aliñó como todo un experto.
-Veo que te manejas en la cocina- comentó Kagome sonriendo.
-Sí, me costó un poco llegar a poder cocinar algo como esto, pero después de mucha práctica, creo que ya me he perfeccionado. Además no me queda otra, si vivo solo…
-¿Vives solo?
-Y que más si ya tengo 25, estoy grande ya- dijo el joven volteándose para sonreírle a Kagome- Listo creo que ya está. Pon los cubiertos por favor- Kagome obedeció y ordenó los cubiertos sobre la mesa, en ese momento se dio cuenta que habían dos.
El muchacho puso la carne en los platos: uno para él y otro para Kagome.
-Pero si yo te dije que…
-No me mientas, yo se que aún tienes hambre. Aparte necesitas alimentarte bien.
-Está bien- respondió Kagome rendida. El joven se sentó enfrente de ella.
-Y dime, una chica como tú debe tener un lindo nombre ¿no?- preguntó antes de meterse el primer trozo de carne a la boca.
-Daniela ¿Y el tuyo? Creo que llevamos un buen rato conversando y ni siquiera sé como llamarte.
-Bankotsu. Un gusto- le respondió este estrechándole la mano mientras en su rostro si dibujaba una amplia sonrisa.
Siguieron comiendo y conversando hasta que Kagome se fue.
-------- O --------
Al día siguiente todo transcurrió con total normalidad: las clases estuvieron bien, y pudo entenderlo todo. Excepto por un mínimo detalle. Sentía unas extrañas e inexplicables ganas de volver a ver a ese chico que la había salvado ayer y con el que estuvo todo el día.
-¿Y por qué no viniste ayer?- Le preguntaron sus amigas a la salida de la universidad.
-Es que… tuve un percance en el camino y al final no vine.
-¿Qué cosa?
-No nada, no tiene mayor importancia- les respondió Kagome mientras intruseaba en su mochila.
-¿Qué sucede?- preguntó Kagura al ver que comenzaba a mover las cosas desesperadamente.
-¡No está!
-¿Qué cosa?
-Mi billetera.
-Pero si tú siempre pierdes todo, no sé por que te sorprendes.
-Es que… llevaba cosas importantes- mintió. Le preocupaba que se le hubiera perdido en…
De pronto una bocina sonó. Todas miraron en dirección al auto del que provenía el sonido. Era de un auto de color negro, lujoso y muy bien cuidado. Llevaba las ventanas cerradas, la del copiloto comenzó a abrirse y todas quedaron sorprendidas al ver al chico que se encontraba dentro. Sobre todo Kagome al ver que de quién se trataba era nada más ni nada menos que Bankotsu.
-¡Hey linda! Se te quedó esto ayer- exclamó él mostrándole la billetera. Todas sus amigas la miraron con los ojos casi salidos de sus órbitas mientras Kagome se ruborizaba.
-¿Y quién es él?- preguntó una voz varonil que se encontraba justo atrás de Kagome. Era Inuyasha.
Y que tal? jaja y ni se esperan lo que vien xD dejen reviews bye ^^
