El chico de la fotografía:
—Ni rastro, no hay nada, este chico no existe.
La voz de Sirius era irritada y cansada, Remus lo miró y recogió la fotografía, la contempló con el mismo interés y miedo que ya lo había sobrecogido la primera vez que la había visto.
—Es perturbadora.
—Lo es, es como estar viendo una foto de James, la fecha es lo único que no cuadra demasiado.
—Pero estoy seguro de que es cierta, este chico tiene que haber salido de algún lado. Quizás va siendo hora de poner esto en conocimiento de Dumbledore, es evidente que esta semana no ha sido muy productiva para nosotros solos.
—James quería evitar eso, insiste en que Dumbledore nos asaltará a preguntas y que eso lo llevará a Lily y sus encuentros con Voldemort.
—Soy de la opinión de que Lily debería hablar de estos con Dumbledore, ella y James están llevando esto de una mala manera.
Sirius no dijo nada en el acto:
—James no se fía de los nuevos amigos de Dumbledore, es comprensible, nunca antes los habíamos visto.
Remus se encogió de hombros:
—Es cierto, pero toda ayuda es poca en los tiempos en los que nos encontramos, no comprendo que tiene de malo que Dumbledore siga reclutando aliados.
—Si solo fuera eso estaría bien, pero es que son muy extraños, nos rehúyen como a la peste cuando estamos en el cuartel, solo hablan entre ellos e incluso Dumbledore parece inseguro.
—Creo que estáis prejuzgando a todos ellos, son de nuestra edad más o menos, no comprendo por qué esa reticencia hacia ellos.
—Si tan bien te parece la idea, ¿por qué no intentas un acercamiento?
Remus intercambió una mirada con Sirius y terminó por encogerse de hombros:
—Está bien, después de todo tengo cierta curiosidad.
Remus se perdió la sonrisa que adornó el rostro de Sirius, pues nuevamente su atención estaba en la fotografía que tenía en sus manos.
Y una idea fija en su mente, hablar con Dumbledore al respecto, de paso intentaría entablar una conversación amistosa con los nuevos miembros de la orden.
Mientras Sirius y Remus estaban frustrados por los pocos resultados que recibieron sobre su investigación, otra persona estaba realmente irritada debido al mismo tema.
El sujeto, pese a ser terriblemente interesante, era igual de irritante, no tenía memoria, eso era un hecho. Incluso había entrado en su mente y la había encontrado en blanco, nada que le ofreciera un mínimo rastro que seguir.
Solo conseguía respuestas de él con determinadas palabras, sangre sucia era una de ellas, lo irritaba sobre manera.
Lo que le dejaba en claro que ese era su origen, a nadie que no fuera de esa clase de gente le molestaría tantísimo ese término en particular, a excepción de los integrantes de la orden.
Pero ni una sola persona en los tres meses había preguntado por el chico, los de la orden eran como una gran familia, si nadie había preguntado, ni anunciado su desaparición, quería decir que no lo conocían.
No tenía nombre, o al menos no respondía a ninguno en específico, le había intentado hacer que escribiera su nombre, por eso de que el subconsciente hacía cosas de forma mecánica, pero ni con esas. Ni una simple firma, como si en su vida no hubiese tenido que firmar ni un solo documento.
Severus y él se estaban matando intentando sacarle algo al muchacho, pero no había forma, y sobre el lunático que consiguió tal reacción del chico, había obtenido el mismo resultado.
No tenían identificación encima, ni nada que les dijera algo sobre ellos, aunque el sujeto loco sí que le había legado algo interesante.
Una caja que contenía una peculiar varita y un anillo con una piedra negra engarzada en ella.
Dos objetos a los que no les encontraba mucho sentido, había intentado utilizar la varita, pero era muy inestable, y temperamental, como si lo rechazara con todo su ser.
Sabía que no era sencillo hacerse con una varita que no era de uno, pero tenía también la certeza de que lo conseguiría. Al recordar esa varita recordó otra en particular.
Abrió el cajón de su escritorio y se encontró con la del chico desconocido.
¡Era tan irritable!
Esa varita era idéntica a la suya, salvo por diferencias poco sustanciales, como si hubiesen sido creadas a la par y luego divididas por la mitad.
Escuchó que la puerta de su estancia se abría, ni siquiera miró:
—¿Y bien?
—Acaba de recuperar el conocimiento mi señor, ya le hemos curado las heridas.
—Eso implica que ya está listo para otra sesión, perfecto, esperemos que ella también lo esté.
Una sonrisa torcida se apareció en sus finos labios, Lilian Evans no sabía lo que había ocasionado con la negativa que le había proporcionado.
Pero lo estaba descubriendo, cada día, desde que ella dio esa respuesta y el chico despertó, lo había estado torturando, intentando dos cosas a la vez, que ella fuera consciente de lo que él sufría por su culpa, y sacarle a ese individuo algo.
Lo primero, lo estaba consiguiendo, lo segundo, lamentablemente no.
Cerró el cajón y se dirigió a la sala que había habilitado para ello, cuando entró recibió esos ojos verdes cargados de furia, lo tenían atado de manos y él sonrió, definitivamente tenía un carácter del demonio.
—No me mires así, ¿quieres un culpable para esto que estás pasando?, porque existe una razón para el trato que te estoy dispensando chico.
Eso llamó la atención de él, quien lo miró fijamente, sintió un pequeño cosquilleo en su interior, quizás eso sería incluso mejor:
—Vi de lo que eres capaz, no me extraña que ellos intentaran deshacerse de ti, pero yo te encontré en su lugar. Deberías estarme agradecido, te salvé la vida.
—¿Quién?
Su voz sonaba con tal frialdad que lo hizo regodearse:
—¿En verdad quieres saberlo?, ¿para qué?, ¿qué conseguirías sabiendo quienes te condenaron a esto?
No contestó, era como si no hiciera falta, y eso le gustó, quizás podría aprovecharse bastante de ese sujeto, se acercó a él, le cogió del cabello negro azabache y lo obligó a mirarlo:
—Es culpa de la orden del Fénix muchacho, una de sus integrantes, Lilian Evans, te sentenció a muerte. Deberás agradecerle a ella nuestras sesiones.
Sin querer alargar aquello más, lo dejó caer de bruces al suelo, en aquella posición lanzó su primera maldición.
Ningún grito de dolor abandonó los labios de él, pero un grito de horror abandono otros diferentes.
Lily se encontraba sentada en la cocina de su casa cuando la visión le llegó, era la séptima u octava vez que presenciaba las atrocidades que Voldemort estaba haciendo pasar al muchacho, con cada nueva tortura, su culpa crecía de forma desmedida.
Lo peor es que siempre escogía cuando se encontraba sola, si al menos James estuviese allí, ella podría contarle lo que estaba viendo, lo que ese pobre chico estaba sufriendo, ¿hasta cuándo seguiría Voldemort con aquel macabro juego?, ¿cuándo creería que ella y el joven habían tenido suficiente?, la previsión de que no aguantaría ni un solo asalto había sido infundada.
Cuando la maldición crucius dejó de hacer efecto en el cuerpo del joven, ella pudo coger aire para contener de nuevo su respiración, sabía lo que seguía.
Los cortes indiscriminados y la pérdida de sangre, las heridas infundidas por un puñal invisible, seguidamente vendrían las convulsiones del chico, y sus terribles gritos de dolor.
Si eso seguía mucho tiempo, iba a volverse completamente loca.
James la encontró unas horas más tarde, acurrucada en el suelo, con la mirada perdida y sintiéndose miserablemente.
Preocupado y asustado la cargó hasta la habitación, la tendió en la cama, pero ella seguía perdida en sí misma. Sin poder esconder su miedo atroz, James se desapareció y se apareció en el cuartel general.
Encontró a Dumbledore reunido con los nuevos integrantes de la orden:
—No consigo encontrarlo, tienen que entender que….¿James?, ¿qué haces…¿qué demonios te pasa chico?, ¿pareces haber visto un fantasma?
—Lily, ella, Albus tienes que venir, no sé qué le sucede.
Su voz alertó a Dumbledore que no era un juego, que su antiguo alumno estaba aterrorizado, comprendiendo que no serviría preguntar nada en esos instantes asintió:
—¿A dónde?
—Mi casa.
No dijo nada más, se desapareció de allí y reapareció junto a Lily, instantes después Dumbledore se reunió con él. Al ver el estado de una de sus alumnas predilectas se puso en alerta.
Se acercó a la cama con decisión:
—Señorita Evans, ¿se encuentra usted bien?
No recibió respuesta, tampoco ella pareció escucharlo, era como si solo estuviese de cuerpo presente y el resto de ella hubiese decidido irse de paseo.
—¿Qué sucedió?
—Acabo de llegar a casa y la encontré en este estado.
—¿Dónde?
—En el suelo de la cocina, estaba acurrucada en sí misma, y tal y como ahora, empapada en sudor, ¿qué pasa Albus?
Dumbledore no supo que contestar, se acercó a ella y la observó detenidamente, parecía estar en trance, llevó una de sus manos a la frente de ella y cerró los ojos.
No tardó demasiado en abrirlos alarmado, ¿qué diantres era aquello?, miró acusadoramente a James:
—¿Cuándo se ha encontrado ella con Voldemort de frente? —La sorpresa en el rostro de James fue inmediata y él se irritó: —Ya resolveremos esto, Lily está recibiendo visiones.
James lo miró sin comprender ni una sola palabra y prefirió no perder tiempo en explicarle lo que estaba sucediendo.
Se centró en buscar la fuente o el lugar exacto donde Voldemort había instaurado el hechizo y en romperlo, no fue una tarea sencilla y maldijo por el potente control que tenía Voldemort en el arte de la Legeremancia y Oclumancia.
Cuando rompió la tercera conexión, el grito de Lily los sobresaltó a él y a James, ella se aferró a James con todas sus fuerzas y comenzó a llorar casi histéricamente.
—Lo va a matar, lo va a matar.
James aferró a Lily contra él e intercambió una mirada con él, ¿quién se supone que iba a matar a quién?
—Tranquila Lily, tienes que explicarnos que está pasando, no lo comprendemos.
Ella se apartó de él y su rostro lo sobrecogió:
—El chico, el muchacho, James, lo está torturando cada día que pasa es peor, no podrá aguantar, no lo logrará, tengo que ir, tengo que ayudarlo, James por favor, tengo que hacer algo.
Es a mí a quien quiere, si voy…
—Jamás, me oyes, eso jamás.
James había sostenido a Lily de ambos brazos y la zarandeó obligándola a mirarlo a los ojos:
—Pero el chico…
—No es tú culpa Lily, no lo es, no conocemos a ese muchacho, puede que sea todo un maldito engaño.
Pero Lilian Evans no lo creía así:
—¿Puede alguien explicarme qué está sucediendo aquí?
—Voldemort se acercó a Lily, intentó que se uniera a él, la chantajeó con la vida de un muchacho al que no conocemos de nada.
—¿Un muchacho?
Cuestionó, James asintió, Lily parecía perdida en sí misma.
—¿Por qué ninguno me dijo nada de todo esto antes?
—Creímos que había terminado todo, que como ella se había negado, él simplemente había terminado con el chico. Sirius y Remus están investigando quién es, desean saber si su familia sigue viva o no, si es el caso, pensaban informarles de su pérdida.
—Comprendo.
Dijo sencillamente. Sabiendo que no sacaría mucho más de la pareja, decidió irse, buscaría a Sirius y Remus para averiguar si estos habían encontrado algo respecto al muchacho desconocido.
Cuando reapareció en el cuartel se encontró precisamente con uno de ellos, Remus estaba hablando animadamente con una de las chicas de ese grupo tan interesante.
La que tenía algo que ver con los Lovegood, Luna se llamaba.
Remus parecía divertido por las ocurrencias de la chica, y ella no dejaba de hablar como si tal cosa, el resto del grupo sonreía mientras escuchaban sus palabras.
Todos menos el pelirrojo. Ronald, quien parecía dispuesto a pasarse toda su estancia en aquel tiempo furioso o enfurruñado, quizás si les encontraba algo que hacer, eso cambiara.
—Sin duda es una historia encantadora.
—No es ninguna historia, mi padre y yo fuimos a buscarlos en nuestras vacaciones de mi sexto año, fue realmente divertido.
Remus asintió a sus palabras y él decidió acercarse a ellos:
—Remus, ¿podrías venir un segundo a….?
—¿Cómo se encuentra Lilian Evans?
Hermione lo había interrumpido, miró a la chica y descubrió un destello de terror en los ojos de ella, ¿qué interés podía tener esa muchacha en Lilian Evans?, ¿a qué se debía esa preocupación de ella?
—¿Lily?, ¿acaso le pasó algo?
—Es sobre eso que deseo hablar contigo Remus, me ha contado lo sucedido estos tres meses atrás, preciso saber si Sirius y tú tenéis algo sobre él.
Remus lo miró unos instantes:
—Venía a buscarte precisamente por ese asunto, no encuentro nada, ni rastro, es como si hubiese salido de ninguna parte, nadie ha reportado su desaparición y temo que eso signifique que no le quede nadie que pueda hacerlo.
—¿De quién están hablando?
Cuestionó el rubio de nombre Neville:
—De un muchacho que ha caído en las garras de Lord Voldemort, lo estaban utilizando para chantajear a Lilian Evans y obligarla a unirse a Voldemort, pero ella se negó.
Creemos que ya está muerto, queremos encontrar a su familia para comunicarles la pérdida.
Los chicos asintieron conformes con esa explicación por parte de Remus y él suspiró con cansancio, ahora no tenía solo que encontrar a un desaparecido que sería prácticamente imposible localizar, sino que debía encontrar a la familia de un muerto desconocido, la cual podría también estar muerta.
Lejos estaba él de sospechar, que si Remus le mostrase la fotografía que portaba en su bolsillo, esas dos personas se fusionarían en una sola y eso ocasionaría el caos en los chicos del futuro.
Una semana terminó y dio paso a una nueva, en la que comenzaban las festividades de la navidad, y un anillo estaba a la espera de ser colocado.
La fiesta se organizó en el cuartel de la orden, lo que significó una fiesta bastante grande y con mucha gente importante. Los Longbottom anunciaron la visita de la cigüeña a su hogar y declararon que el niño era esperado para mediados o finales de Julio, lo que provocó una avalancha de felicitaciones y brindis.
En ese instante, Dumbledore comprendió que esa pareja en concreto era clave para el futuro, miró al chico rubio reunido con sus amigos algo apartados del resto, él miraba la escena con una triste sonrisa en su rostro.
Alice y Frank no se habían percatado de la mirada del chico, lo cual lo hizo sentirse aliviado, lo que menos necesitaba eran problemas de ese tipo. ¿En qué estaba pensando él para mandar a esos críos a ese tiempo?
Miró a Sirius Black adulto, ese era otro que lo tenía intrigado, miraba a Lilian y James con ojos tristes, pero con una pequeña sonrisa cargada de nostalgia en sus labios. Hermione se encontraba a su lado, ambos hablaban en susurros y observaban todo con atención.
El pelirrojo se encontraba con Luna, Ginny y Remus, quien se había hecho muy amigo de la rubia en cuestión. Lo que sí podría traerle serias consecuencias.
Se irritó consigo mismo, algo muy grave debía suceder en el futuro para que tomara tamaña locura como única alternativa para solucionarlo.
Un grito de alarma y un fogonazo interrumpió la nueva primicia de la noche, pues cuando Lily había abierto el regalo que James le había hecho, una bomba de gritos y exclamaciones cargadas de emoción, estalló en la sala.
James se arrodilló ante Lilian, quien estaba al lado de Alice y le propuso matrimonio. Las lágrimas de felicidad y las bromas no se hicieron esperar, Lilian respondió afirmativamente a la pregunta y ambos se fundieron en un fuerte abrazo y un beso interminable.
Beso que solo se interrumpió cuando se escuchó el grito y el fogonazo, el pequeño papel voló hasta sus manos y lo abrió, la dirección que vio escrita lo hizo aguantar la respiración.
Sus ojos azules se fijaron en los brillantes y cargados de felicidad de Lilian Evans, la alarma que ella detectó la hizo separarse de James en el acto:
—¿Qué sucede?, ¿a quién?, ¿dónde es el ataque?
—Lo siento tanto Lily, tú pueblo natal está…
—NO.
Lilian no esperó ni un segundo, desapareció del cuartel con una simple idea fija en su mente, encontrar a sus padres, sacarlos de allí, salvarlos.
Pero cuando sus ojos enfocaron el escenario ante ella se petrificó, sus ojos se abrieron totalmente negándose a creer lo que estaba viendo.
Todo el lugar estaba cargado de un frío infernal y realmente aquello parecía el infierno, pues un centenar de criaturas conocidas como Dementores deambulaban por allí, y completando el escenario, el fuego compartía la acción principal.
Gritos y gente corriendo, mortífagos por todos lados, y de repente varios signos de aparición a su alrededor.
Gente de la orden del fénix que venían en ayuda de aquellos pobres que habían tenido la desgracia de vivir en el pueblo que ella había nacido. Corrió sin pensar hacía la casa de sus padres, pero cuando llegó se detuvo en seco.
La marca tenebrosa brillaba verde e imponente en el cielo justo sobre la que había sido su casa en la infancia.
—No, no, por favor, eso no.
Lily entró en la casa, la única que no estaba ardiendo del lugar, al abrir la puerta se quedó congelada, había un sujeto en el centro de la sala, miraba dos cuerpos en el suelo como si realmente no los viera.
Cuando él se giró a mirarla, ella lo reconoció, Severus.
—No puede ser.
—Yo no he sido Lilian, quise impedirlo, quise pararlo, pero te lo advertí, te advertí que no podría ayudarte si dabas esa respuesta.
—No, por lo que más quieras Severus, dime que…
—Lo siento, no voy a mentirte, solo me queda decirte que he pagado demasiado caro el intentar impedir esto Lilian, y ya no sé si me quedan fuerzas para seguir protegiéndote.
—¿Qué quieres…?
—Si sigues hasta mi casa lo comprenderás.
—Tu madre…
Sus palabras sonaron como muertas, no era posible, no podía serlo, ¿Severus había sacrificado a su madre por su culpa?
Él no respondió, desapareció de allí dejándola completamente sola, como pudo, con pasos torpes y con miedo ante la escena que se encontraría, caminó hasta los cuerpos en el suelo.
Las lágrimas invadieron sus ojos al verlos juntos, cogidos de la mano, pero con sus cuerpos en posiciones imposibles.
Un avara para cada uno.
Cayó de rodillas al suelo, cerca de los cuerpos de ellos e intentó acercarse, pero antes de tocarlos se detuvo, no tenía derecho, ninguno, era su culpa, su culpa y la de nadie más.
Un grito de dolor desgarró su garganta, no era un dolor físico, este provenía de su alma.
No supo cuándo o como salió de la casa, solo fue consciente de la presencia de Tuni, de la bofetada que le dio, de los golpes desesperados que le proporcionó sin que ella hiciera nada por detenerla, de sus gritos de dolor reflejo del suyo propio.
De la mirada cargada de desprecio de Vernon, el esposo de su hermana y de los brazos de James, James, siempre James.
—Debí haberlo previsto.
Escuchó que decía Dumbledore, pero ni si quiera lo miró, no era culpa de él, no lo era, la única culpable era ella, y solo ella. Sus padres, aquel muchacho, la madre de Severus, ¿cuántas muertes más tendría que cargar?
Cuando todos arribaron al cuartel, ninguno pudo evitar preguntar por el estado de Lilian Evans, quien no había ido hasta allí y junto a su futuro esposo, se habían ido a su casa.
Todos comprendieron enseguida y no objetaron nada, hubo una reunión para hablar del asunto, de las medidas a tomar y donde se decidió que desde ese instante se protegería a los familiares de la orden del fénix.
Nadie más perdería a un familiar debido a luchar por lo que era justo.
Con el ajetreo de la noche, la foto que Remus cargaba con él, para preguntar a la gente de la orden si conocían al chico, cayó de su bolsillo y quedó olvidada en uno de los sillones de la sala.
Dos semanas, que trajeron con ellas, el entierro de los Evans, la promesa de odio eterno de Petunia Dursley, las nupcias presurosas de los ahora recién casados Potter y el principio de un nuevo año.
Al comienzo de la tercera semana, el profeta se hizo eco de dos jugosas noticias, los Potter habían contraído matrimonio y los Longbottom, pese a todo por lo que el mundo mágico estaba pasando, habían decidido aumentar su familia. Se esperaba un nuevo integrante para el verano de ese mismo año, Julio, era el mes afortunado para dar la bienvenida al bebe.
La noticia fue recibida con alegría por todo el mundo, menos por Lord Voldemort, quien no podía dejar de obviar la advertencia del lunático que se había presentado en su casa.
¿De dónde había salido?, ¿cómo sabía lo que le había dicho?, ¿en qué podían ayudarle dos objetos tan insignificantes como aquellos?
Se decidió por volver a abrir la caja y cogió el anillo para inspeccionarlo más a fondo. Al hacerlo se puso en pie rápidamente:
—¿Qué significa esto?
Estaba seguro de que aquel anillo era el que le había arrebatado a los Gaunts, a esos despreciables parientes.
El anillo que él mismo había convertido en un Horcux años atrás. ¿Cómo aquel sujeto lo había sacado del lugar donde lo había ocultado?, ¿sería consciente de lo que era ese objeto?
Pero había algo extraño, no sentía nada al tocar el anillo, ¿qué había de la maldición que había impuesto en él?, ¿qué sucedía con el trozo de alma que había allí?, debería haber sentido un hormigueo o algo.
Revisó el anillo y frunció el ceño, parecía quemado, ¿era posible que lo hubiesen destruido?, pero aquel loco no podría, ¿verdad?, ¿Era posible que estuviese loco por esa simple razón?
Pero ¿por qué buscarlo, advertirlo?, ¿por qué decirle todas aquellas cosas?
No tenía sentido, además, aquel sujeto parecía un ferviente seguidor de él. Le había dicho que lo usase bien y con cabeza.
¿Qué significaba aquello?, sin estar muy seguro se decidió por ponerse el mismo, quizás encontrase después alguna explicación.
Al hacerlo sintió un cosquilleo recorrerlo, un hormigueo que le molestó. Se dispuso a quitarse el anillo pero escuchó una voz que susurraba:
—No te aconsejo que hagas eso, a ninguno de los dos nos conviene.
Se giró en busca de la voz tan escalofriante que había escuchado y se quedó petrificado, un ser que no podía ser humano se encontraba allí.
Tenía un cuerpo alargado y delgado, vestía con una túnica larga que lo cubría, era calvo y fantasmagórico, lo único que tenía color de aquel ente, eran sus ojos, unos rojos como el rubí más brillante que jamás nadie hubiese podido contemplar.
No tenía labios, o si los tenía eran tan finos que no se distinguían, pero lo que definitivamente no tenía era nariz, solo dos orificios por los que respirar.
—¿Quién…?
—Eso que posees en tus manos son dos de las tres reliquias de la muerte, fui muy estúpido cuando tuve ese anillo en mi poder por primera vez al no reconocerlo, pero ahora, sin embargo, lo tengo y no he perdido nada para conseguirlo.
La varita, es la famosa varita de sauco, ese viejo senil de Dumbledore siempre la tuvo en su poder, pero eso se ha terminado, quiero que te familiarices con ella, que la domines, averigua cómo hacerlo, necesitamos que nos reconozca como su dueño.
—¿Quién te crees para darme órdenes?
Escupió furioso, el ente fijó sus ojos en él y sonrió, hubiese preferido que no hiciera semejante gesto, pues era escalofriante:
—Soy tu, tú en el futuro, esto es lo que nos espera si no me haces caso aquí y ahora.
—Eso es…
—En esto nos convertiremos en el futuro, cometí una serie de errores, que he venido a remediar, que tú remediaras.
—¿Errores?
—Así es, comenzaremos por asaltar el ministerio, hay algo que tenemos que escuchar antes de que comencemos.
—¿Escuchar?, ¿el ministerio?
El ente que decía ser su yo futuro lo miró irritado:
—Deja de repetir lo que yo digo, precisamos la maldita profecía, necesitamos escucharla entera, ese inepto de Snape al escuchar solo el comienzo nos sentenció.
La profecía, entonces era verdad, esa profecía se haría realidad, alguien nacería que sería su perdición, y si aquello eran las verdaderas reliquias de la muerte, ese ser ante él era su yo futuro y estaba muerto.
Se había enfrentado a ese nacido al término del séptimo mes y había sido derrotado. Sino estaba muy equivocado, su yo futuro estaba convencido de que el motivo de su derrota se debía a que no habían escuchado la profecía al completo, en ese caso, solucionaría tal cosa en ese instante.
—El ministerio será.
El ser sonrió antes de desaparecer cuando él se quitó el anillo.
Un objeto salió despedido contra la pared más cercana, Severus agradeció horrores el haberse apartado justo a tiempo.
—Eso es no tener control alguno, eres realmente un desastre andante.
El verde jade lo fulminó con la mirada, sintió un escalofrío al recordar la última vez que había visto unos ojos iguales a esos. La tristeza y el dolor que había en ellos.
Negó, tenía que dejar de pensar en Lilian, había jurado apartarse de ella, dejarla ir. Tras la muerte de su madre, él, había comprendido que seguir a su lado le traería más cosas malas que buenas. Lilian había hecho su elección, y esa implicaba a James, Dumbledore y su futuro bebe.
El último sacrificio que él iba a hacer por ella era aquel.
—No es sencillo.
—Tampoco es tan complicado. Es un hechizo que necesita control y concentración, pero esa mente tuya no parece albergar ninguna de esas cosas.
—Hay muchas otras que decidió no guardar tampoco.
Severus suspiró irritado, su señor, al percatarse que las conexiones con Lilian habían sido rotas, decidió que el chico podía serle útil de otra manera. Había arraigado un odio enfermizo en su interior, un odio que lo orillaba a desear sangre, la de Lilian preferiblemente.
Pero ningún integrante de la orden se salvaba, su señor le había hecho creer que ellos lo habían traicionado y entregado a la muerte.
El poder del chico era considerable, pero al no tener recuerdos, habían tenido que empezar desde el principio, no obstante en cuanto llevó dos días con su varita en mano y pronunciando hechizos, su subconsciente había comenzado una carrera con sus instructores.
A la vez que él, su señor o Lucius le mostraban un hechizo al chico, él recordaba cuatro por sí mismo.
Lo más curioso de todo, es que cuando se enfrentaban en duelo, el chico nunca daba el golpe final, siempre se detenía, quitaba la varita a su oponente y lo ataba. Era una respuesta automática, una respuesta que su cuerpo recordaba.
Lo que solo podía significar una cosa, era un estudiante de Aurores o un Auror recién graduado. ¿Cómo entonces nadie lo había reclamado?
—¿En verdad quieres vengarte con tantas ganas?
En el momento en que preguntó se arrepintió, se había equivocado, antes ese verde jade solo mostraba un poco de resentimiento, lo que veía ahora, sí que se traducía en odio y rencor.
—Otra vez.
Ambos se prepararon, el chico para decir el hechizo y él para esquivar lo próximo que saliera despedido, no deseaba salir lastimado.
Estaba abriendo la boca para dejar salir el hechizo, cuando su señor hizo acto de presencia:
—Andando, hoy veremos cuanto realmente puedes servirme.
—¿Señor?
Preguntó curioso Severus, este se giró a mirarlo:
—Tú irás con él, seréis un equipo.
—¿Dónde tenemos que…?
—Vamos a hacer una visita productiva al ministerio de Magia, quizás haya llegado el momento de dejar en claro que el juego ha comenzado.
Había algo más, Severus lo veía, su señor tenía un fuerte motivo para ir al ministerio de magia, la cuestión ahora era descubrirlo.
—Como deseéis.
—Dale algo de ropa al chico, partimos en diez minutos.
Severus asintió y seguidamente miró al muchacho:
—¿Ministerio de magia?
Preguntó perdido, su semblante en ese instante le recordó tanto a James Potter que se irritó, dejó de mirarlo:
—Andando chico, no tenemos tiempo.
—¿Hasta cuándo me vais a seguir llamando chico?
Severus se encogió de hombros:
—¿Cuándo piensas recuperar tus recuerdos?, entonces podremos llamarte por tu nombre.
El chico suspiró irritado:
—Yo que sé, podríais ponerme uno provisional, o algo, es desesperante ser el sin nombre.
—Dejemos de perder el tiempo con estupideces, a ver, dime tu nombre, o al menos algo que creas relacionado a ti.
Este se quedó en silencio un buen rato:
—El tipo de aquella vez, él me llamó Potter.
—Lo sé, pero no eres Potter, conozco muy bien a este y créeme no eres él. Además, es el marido de Lilian Evans.
Ese dato hizo que el chico levantara la vista de sus pies y la fijara en él:
—¿Su marido?, vaya, así que está casada, quizás pueda divertirme más de lo que yo esperaba.
Una sonrisa torcida adornó sus labios, seguidamente lo sobrepasó, pues él se había detenido en mitad del pasillo al escucharlo decir aquello.
No había dado ni cinco pasos cuando el chico se detuvo y mirando por encima de su hombro agregó:
—James, ese nombre por alguna razón me vino a la mente ahora mismo, quizás sea el mío.
Sintió un escalofrío y abrió los ojos al máximo, ¿a qué estaba jugando ese muchacho?
El cambio de ropa, la llegada al ministerio y el ataque indiscriminado fue llevado a cabo. Un ataque preciso y con una exactitud casi imposible. Severus se encontró con la sorpresa de que el chico respondía por instinto, era como si toda su vida se hubiese visto en situaciones como aquellas.
La pregunta que se hacía, era ¿en qué bando y con qué propósitos lo hacía en el pasado?, era ágil e impredecible, ese carácter suyo lo hacía peligroso, no solo para él, sino para todo aquel que se le enfrentase.
Su señor disfrutó de aquello como si nada fuese con él, cuando la planta primera estuvo despejada, su señor los separó y les otorgó diferentes niveles.
No había terminado de decir las asignaciones cuando los mentados miembros de la orden del fénix hicieron acto de presencia.
—Snape, chico, vosotros conmigo.
No le dio posibilidad de inspeccionar quienes habían aparecido de la orden, solo deseaba fervientemente que Lilian no fuera una de ellas. Observó como el chico seguía a su señor y él se les unió.
Mientras todo aquello tenía lugar, momentos antes en el cuartel general se había desatado un pequeño caos.
Terriblemente nerviosa y sin mucho que hacer, Hermione se había puesto a limpiar como loca el cuartel de la orden y con ella obligó a todo el mundo a ayudarla.
En su afán de mantenerse entretenida, había decidido incluso limpiar el sofá y sus cojines, por lo que retiró los mismos y se encontró con varios objetos curiosos y una fotografía que le llamó poderosamente la atención.
Miró la foto con cuidado y se quedó unos instantes sin saber cómo actuar, ¿era Harry o James?, la foto ¿pertenecía al pasado o al futuro?, ¿tenía Harry una camisa como aquella?
Se dejó caer en el sofá observando la fotografía, era sorprendente el parecido de ambos, siempre había pensado que Sirius y el resto solo exageraban, ¿quién podría parecerse tanto a su padre?, pero no, incluso creía que se habían quedado cortos.
Identificar quien era el de la foto sería más sencillo si tuviese los ojos abiertos, o incluso si ese enmarañado pelo negro dejase a la vista la frente del fotografiado. ¿Quién de las dos pelirrojas era tan romántica como para tirar una foto a su amado mientras duerme?, ¿Lily o Ginny?
Debía confesar que no veía a Ginny de esas, y viendo lo visto de Lilian, bien, tampoco le convencía que ella hiciera semejante cosa.
—¿Qué miras tan absorta?
La voz de Sirius la sacó de sus pensamientos, enfocó sus ojos en él, en su cabello negro azulado rizado, en sus ojos grises y en su seria expresión:
—Una fotografía que he encontrado, estaba aquí, bajo los cojines, no la había visto en mi vida.
Sirius se acercó a ella:
—¿Quién es?
Al ver que ella fruncía el ceño y se encogía de hombros se acercó más para verla:
—Eso es lo curioso, no sé decirte si es nuestra o de este tiempo.
Extrañado Sirius se acercó, en cuanto sus ojos vieron la fotografía sintió una especie de dejavu. Le arrebató la fotografía de las manos:
—Un segundo, yo he visto esta fotografía antes.
—¿Entonces es James?
Sirius negó con fuerza y apretó la foto en sus manos:
—No, no es James, es, un momento, esto es muy raro. Es un joven al que Voldemort atrapó hace muchos años y que utilizaba para chantajear a Lilian.
Hermione frunció el ceño:
—¿De qué hablas?
Sirius intercambió una mirada con ella, parecía asustado:
—Es Harry, Hermione. Esta fotografía es de Harry y Voldemort lo tiene.
Hermione se incorporó rápidamente del sofá y lo miró asustada:
—Eso, espera, es imposible, Harry no puede estar con Voldemort, si ese fuera el caso, significaría el fin de Harry.
Sirius iba a decir algo, cuando Dumbledore hizo acto de presencia, su semblante era serio y se le veía un poco cansado:
—Buenas tardes a ambos.
Sirius y Hermione lo miraron unos instantes:
—Buenas tardes. ¿Ha sucedido algo?
Dumbledore los miró y seguidamente inquirió:
—Ese chico amigo vuestro, el desaparecido, ¿tienen alguna noticia suya?
—¿Algún motivo en concreto?
Cuestionó Sirius apretando la fotografía en su mano derecha:
—Ninguno, y ese es el motivo, no encuentro nada de ese amigo vuestro, ¿no tienen ninguna pista que me pueda servir?
Sirius y Hermione intercambiaron una mirada, Sirius dio unos pasos hacía Dumbledore y le entregó la fotografía:
—Acabamos de encontrar esto en ese sofá de ahí, creemos que se trata de Harry.
Dumbledore cogió la fotografía, lo primero que miró fue la fecha, había sido hecha el mismo día que los había encontrado a todos ellos.
Luego sus ojos azules se quedaron clavados en la imagen que mostraba, levantó sus ojos azules para ver a Sirius y Hermione fijamente, disimulando su sorpresa.
—¿Este es Harry?
Cuestionó en un susurro, no los vio, pero supo que habían asentido ambos:
—No es la primera vez que veo esa fotografía.
Expuso Sirius, llamando la atención de Dumbledore, que levantó la vista hacía él: —La vi hace varios años, James me la entregó para que averiguara quien era ese muchacho, lo estaban usando para conseguir que Lilian se pasara a su bando.
—Un momento, deténganse ahí, ¿me están diciendo que el muchacho que Voldemort tiene en su poder es el chico al que ustedes están buscando?
—Y es de total y absoluta importancia que lo rescatemos de allí.
El silencio se instauró en toda la sala, Dumbledore y Sirius intercambiaron una temerosa mirada que Hermione no se perdió.
—¿Sirius?
Él se giró a mirarla y suspiró:
—El día que me entregaron esta foto, Lily había dicho que no a la propuesta de Voldemort, Hermione, y ella estaba convencida de que Voldemort terminaría con él.
—Pero no fue así, hace como dos semanas y media, Voldemort le estaba mostrando a Lilian como torturaba al chico y lo hería, no dudo, que cuando descubrió que yo había roto la conexión que había establecido con la señorita Evans, decidiera terminar de una vez con su juego.
Esas palabras solo podían significar una cosa y Hermione se negaba a creer que eso fuese posible, negó y se apartó de ambos hombres.
—Eso no es así, están equivocados, Sirius, tú conoces a Harry, eso es imposible. Iré a buscarlo, lo traeré y verán que las cosas no son así.
Comenzó a alejarse, pero Sirius se lo impidió, ambos intercambiaron una mirada y ella se enfadó con él:
—Ni lo pienses Sirius, no lo pienses si quiera.
—Hermione, no deseo creerlo, pero las evidencias…
—Nunca son certezas, si lo hubiese matado hubiésemos encontrado su cuerpo, desearía que así fuera para que Lily lo viera y supiera que era culpa de ella.
El silenció se instauró en el lugar y desesperada ella agregó: —Lo conocemos, sabemos hasta dónde puede llegar, es cruel y despiadado, haría lo imposible por demostrar que nadie lo puede desafiar, nos habría puesto el cuerpo de Harry en bandeja para exponer que había cumplido su promesa. Ya lo hizo en otra ocasión Sirius, nos mostró su cuerpo para demostrar su poder y…
Al percatarse de que estaba hablando de más se llevó una mano a la boca y se la tapó, Sirius la miraba sin saber si sorprenderse o asustarse ante las palabras que ella acababa de decir.
Un fogonazo hizo que todos se sobresaltaran y un trozo de papel apareció en el aire:
—El ministerio, ¿por qué Voldemort está atacando el ministerio?
Dumbledore parecía desconcertado y perdido, no parecía esperarse ese movimiento.
—No importa el motivo, lo importante es encontrarlo.
Inquirió Hermione rápidamente:
—Un momento, ¿de qué está hablando?, usted no puede intervenir, en este tiempo todo lo que haga puede significar un cambio i…
—No me importa, además, desde el momento en que Harry desapareció ya puede que haya habido cambios muy peligrosos, tenemos que saber cuánto antes donde lo tiene y si sigue con vida.
—No pienso consentir que…
—¿Cree sinceramente que me importa lo que usted piense o no consentir?
Dumbledore miró molesto a la muchacha y se planteó seriamente mandarle un Desmayus, no obstante había algo que le preocupaba, no había querido intervenir en nada de ese tiempo hasta ese instante, justo cuando habían descubierto el lugar donde su amigo se encontraba.
¿Era posible que ese muchacho fuese importante?
—Está bien, pero tendrá que ir conmigo.
—No hay problema.
—Yo también voy.
La voz de Sirius sonó determinada, ella lo miró unos instantes, había preocupación en su rostro.
—No pienso dejarlo solo, ya lo he hecho durante demasiado tiempo.
—Sirius, ese lugar…
—Sé perfectamente lo que estás pensando, pero en esta ocasión nada me sucederá.
Dumbledore prefirió no meterse, realmente no deseaba saber más de lo que ya sabía hasta ese instante.
La llegada al ministerio vino precedida de diversos Aurores y otros tantos miembros de la orden, lo que allí se encontraron superaba con creces la imaginación más perversa que pudiera existir.
La fuente que inspiraba la igualdad de todos los seres mágicos había quedado destruida y para sorpresa de casi todos los presentes una palabra bailaba en la parte alta de la misma:
"HIPOCRESIA."
Brillaba en un rojo casi ardiente, de todas las personas presentes solo una parecía comprender lo que esa palabra quería decir, Albus Dumbledore miraba la brillante palabra con cierta empatía, pues desde hacía mucho tiempo, esa fuente era fruto de irritación para él.
Era curioso que Voldemort compartiera ese punto de vista con él, e irónico, que de todos los magos del mundo, su enemigo fuese quien lo comprendiera y hubiese hecho lo que él había deseado hacer por años.
—¿Por qué está haciendo esto?, ¿Qué sentido tiene?
La voz de James lo sobresaltó sacándolo de sus pensamientos. Miró a su lado y descubrió a Lily a su lado. Sirius, Remus y Peter los acompañaban también.
—Temo no conocer el motivo de todo esto.
—Sea cual sea, no podemos permitir que se salga con la suya. Andando.
Quien acababa de hablar era la castaña Hermione Granger, era evidente su carácter fuerte y mandón, Sirius del futuro fue el único que la siguió, ambos tenían sus varitas en mano y ni siquiera esperaron a ver si alguien los seguía.
Había seguridad en sus pasos y era evidente la experiencia ante semejantes situaciones. Agradecía lo indecible que de todos los del futuro, solo dos hubiesen ido, no deseaba tener que hacer de niñera de todos ellos en una situación como aquella.
—Voldemort se dirige al departamento de misterios.
Nadie supo de dónde provenía la voz potente y estridente que sentenció aquello, pero la reacción de Sirius y Hermione fue inmediata, ambos se detuvieron en seco y se miraron sumamente alarmados.
—No es posible que…
—No lo sé, pero no estoy dispuesto a esperar para averiguarlo.
Sin más salieron corriendo a todo lo que les dieron las piernas, alarmado por la reacción de ambos, Dumbledore se dispuso a seguirlos, y con él el resto de la orden.
En la mente de Dumbledore solo resonaba una pregunta, ¿por qué? ¿Qué podía desear Voldemort del departamento de misterios?
La carrera no se vio libre de obstáculos, al menos para Sirius y Hermione, pues cuando Dumbledore y el resto pasaron por los lugares que ellos habían estado, se encontraron con unos cuantos mortífagos fuera de juego:
—¿De dónde demonios han salido estos?
Inquirió sorprendido Sirius, Dumbledore se sintió extrañado en esos instantes, no era sencillo saber que un Sirius más crecido se encontraba a unos solos pasos de todos ellos, para los del pasado él era Orión, pues sería muy extraño llamarse Sirius también.
Por lo que decidió que en lugar de pensar otro nombre desconocido y que sin duda olvidaría y metería la pata, lo mejor era escoger su segundo nombre, si bien no lo había utilizado con regularidad, le era más fácil de reconocer.
—Se dirigen a aquella sala.
Escuchó que Lily decía, él prestó atención y se quedó congelado, ¿la sala de las profecías?
De repente sintió un escalofrío y se llamó estúpido, ¿cómo no lo había visto venir?, sabía que Severus había escuchado parte de la misma y que le había hablado de esta a su señor, pero nunca creyó que este se la tomara en serio. ¿Podían estar simplemente confundidos Hermione y Sirius?
Rogaba porque así fuera, con pasos rápidos ingresó en la estancia y descubrió que no lo estaban.
—NO LA COJAS HARRY.
La voz de la chica se escuchó en todo el lugar, llamando la atención de todos los presentes que se dirigieron en tropel al lugar de donde provenía la voz.
Momentos antes, Voldemort y Severus habían experimento algo muy curioso, en cuanto el chico había puesto un pie en el pasillo que llevaba a la puerta de los misterios, se había congelado.
—Esto es…yo he estado aquí antes.
No había sido más que un susurro, pero en un lugar tan solitario se había escuchado a la perfección.
—¿Estás seguro?
Él solo asintió, caminó con seguridad hacía la puerta y la abrió sin problemas, adentrándose así en su interior. Tanto Voldemort como Severus lo siguieron curiosos, sus pasos eran decididos y solo en una ocasión dudó, estiró la mano para abrir la puerta y se quedó a medio camino.
Ante ambos, el chico dio un paso hacia atrás negando:
—No puedo entrar ahí.
Extrañados, Severus se aventuró a abrir él la puerta, cuando miró en el interior se encontró con una sala en forma circular, había escaleras que descendían hasta una especie de tarima en el centro de la sala, justo sobre ella, había una especie de tela que se mecía como una cortina pese a que no corría ni la más mínima corriente.
—¿Qué se supone que es eso?
Escuchó que decía Voldemort tras ellos, Severus se encogió de hombros y fue el chico quien respondió:
—Una puerta hacía la morada de la muerte.
Su voz los hizo sentir un escalofrío, Severus en especial sintió la necesidad de alejarse de ese muchacho que le estaba comenzando a dar escalofríos.
Por otra parte Voldemort contempló al chico con cierto interés y varias preguntas le asaltaron.
—Tenemos que darnos prisa, los integrantes de la orden y los Aurores no tardarán en llegar.
Expuso Severus, y Voldemort fue el primero en descender por las escaleras, Severus se dispuso a seguirlo, pero a mitad de camino, se percató con irritación de que el chico no se movía, parecía decidido a convertirse en el observador más devoto de aquel lugar.
—Muévete chico.
Pero este ni se inmutó, el mismo observó de nueva cuenta la tela, ¿qué tenía que lo atraía tanto?, era como si esta llamara al chico y lo atrapara, ¿por qué sería aquello?
—Vamos.
Repitió, pero este siguió sin obedecer, irritado y enfadado por la pérdida de tiempo, subió de dos en dos los escalones y tiró de su brazo, el chico de forma mecánica lo siguió. En cuanto salieron de la sala, este pareció recobrarse a sí mismo, negó con fuerza y se soltó del agarre que Severus tenía sobre él.
Miró a su alrededor y frunció el ceño:
—Es por aquí.
No dijo nada más, solo comenzó a caminar, abrió otra puerta y seguidamente otra más y ante ellos se abrió una nueva sala.
Esta estaba cargada de estanterías muy altas y alargadas, mirases donde mirases había estanterías, y encima de estas pequeñas esferas verdes esmeralda.
—El noventa y siete.
Hablaba con tanta seguridad y daba esos pasos tan precisos. Voldemort lo siguió sin dudar, pero la expresión de él era molesta, demasiado enfado. Severus estaba extrañado, ¿por qué semejante actitud para con el chico?
Se detuvieron en el pasillo que él decía y comenzó a caminar mirando las esferas con curiosidad, aunque algo le dijo a Severus que realmente ni las veía, había algo que no encajaba.
Se acercó a las esferas y las miró con curiosidad, dio un paso para coger una pero el chico alargó su mano y lo detuvo en seco:
—¿Tiene tú nombre?
Sus ojos estaban fijos en los negros de él y negó, el chico retiró su mano de la esfera y lo obligó a alejarse:
—Entonces no la toques.
Iba a continuar su camino cuando Voldemort inquirió:
—¿Y eso por qué chico?
—Se volvería loco, solo de los que hablan las profecías pueden cogerlas, nadie más.
Ambos lo miraron con desconfianza:
—¿Y eso lo sabes por qué?
Severus estaba desconfiado, mientras el chico se encogió de hombros:
—Lo sé, ciertamente no tengo memoria y podría estar equivocado, cógela, no te reprimas, pero si sucede tal y como te he dicho, luego no te quejes.
Su mirada era de claro desafío y Severus lo odió, ¿creerlo o no?, ¿arriesgarse o no?, miró las esferas y prefirió escoger la seguridad en la que se encontraba a las dudas de lo que podría o no suceder.
Al ver que él no se movía, el chico formó una sonrisa torcida en su rostro y se giró a observar el resto de esferas, caminó con lentitud fijando su vista en diferentes esferas hasta que llegó a una y se detuvo, alargó su mano y de repente el silencio que los envolvía fue destruido por un grito:
—NO LA COJAS HARRY.
Los tres a una se giraron y Severus pudo ver a una muchacha y un hombre a los que jamás había visto, y tras ellos Dumbledore acompañado por Potter, Black, Lupin, Pettigriw y Lilian.
Sus ojos y los de Lilian se encontraron en el acto, más cuando ella miró a sus acompañantes abrió sus verdes ojos al máximo y dio unos pasos al frente.
—¡Estás vivo!
Severus miró ahora al muchacho, quien seguía con la mano alzada, pero sus ojos estaban fijos en la muchacha castaña y en el hombre a su lado, cuando abrió su boca pronunció:
—Eso es lo que andaba buscando mi señor.
—¿Mi señor?, ¿de qué estás hablando Harry?
Severus se percató de que el chico inclinaba la cabeza y la miraba por unos instantes como intentando saber si la conocía de algo o no:
—Perdona, pero, ¿te conozco de algo?
—No puede ser.
Ahora fue el turno de el hombre de susurrar esas palabras.
