LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN SON DE LA GRANDIOSA STEPHENIE MEYER
¡A leer!
SUMARY: A su regreso de la Segunda Guerra Mundial, un joven militar descubre que tiene muy poco en común con su prometida que dejo. Desilusionado, se dirige hacia el norte para trabajar como agente de viajes. En uno de sus viajes conoce a la hija de un adinerado propietario de un viñedo, que de regreso a casa, se encuentra aterrada por la reacción de su dominante padre puede tener al enterarse del gran secreto que ella esconde. ¿Podrán ellos encontrar el amor?
CAPITULO 4
Isabella bajo del tren apresurada tomo sus cosas y salió de la estación de tren. Camino hasta salir de ahí llegando a una carretera de terracería y se dirigió a una parada de autobús. Cuando este paso se subió "rápidamente", la verdad es que era tan torpe que se tropezó como tres veces debido a la enorme maleta que cargaba, cuando logro subirse dando tumbos se sentó en el asiento que más atrás estuviera. Se acomodo y se dispuso a leer un libro, cuando de pronto un golpe en la puerta y un grito la hizo alzar la mirada.
-hey, hey paren, paren.- escucho con claridad la vos de aquel hombre y la reconoció al instante ¡era el hombre de tren! Aquel al que le había vomitado encima, se quería morir de vergüenza, así que como pudo, se hizo chiquita en su asiento tapándose la cara con el libro. Tenía la mirada perdida mirando como aquel hombre de cabellos cobrizos se acomodaba tan solo a dos asientos adelante que ella pero del otro lado, que ni siquiera se dio cuenta cuando un hombre enorme sentó al lado de ella y otro delante de su asiento, como acorralándola.
-Hola, preciosa ¿Cómo te llamas?- dijo el hombre que tenia al lado acariciándole la mejilla mientras el de adelante reía.
-Suélteme.- dijo ella forcejeando para que aquel hombre dejara de tocarla pero entonces el otro se unió y la agarro de los hombros mientras el de al lado trataba de besarla. – No, no, ¡suéltenme!- siguió gritando la muchacha.
Edward escucho los gritos a tan solo unos pasos de distancia volteo y vio una escena terrible: dos enormes hombres tenían acorralada a una chica mientras ella forcejeaba. No lo soporto, él como buen caballero que era jamás le haría eso a una mujer, así que se paró de su asiento y camino hacia ellos. – ¡Te dijo que la sueltes!- le grito al hombre que estaba sentado al lado de la muchacha. -¡Que no oyes imbécil suéltala!- quito al hombre de encima de la chica y le propino un golpe que lo dejo aturdido. El otro sujeto se abalanzo sobre Edward pero este lo esquivo fácilmente.
El conductor del camión se dio cuenta de lo que sucedía en la parte de atrás. Así que se levanto de su asiento y camino hasta ellos gritando-¡paren, paren ya!, ¡se bajan de mi camión en este mismo momento!- grito y se dirigió a la puerta para abrirla con violencia. Edward y los otros tipos recogieron sus cosas y se bajaron del camión mientras Isabella los veía aun aturdida. Pero entonces reacciono y se dio cuenta que aquel hombre de cabellos cobrizos había perdido su viaje por salvarla, y decidió que lo que menos que podía hacer era bajarse y darle las gracias, aunque eso retrasara su viaje también. Se levanto de su asiento, pero se arrepintió de inmediato pues sintió unas nauseas terribles, pero no le importo y siguió caminando con todo y maleta.
-hey, espere, yo también me bajo.- el conductor la miro, pero después abrió la puerta y ella bajo.
Una vez abajo se apresuro a buscar al muchacho de cabellos cobrizos. Paseo su mirada por todo el paraje hasta que lo encontró allí sentado sobre una roca con su cabeza entre sus manos. Se acerco rápidamente a él.- ¿está usted bien? , ¿Le hicieron algo esos tipos?- pregunto examinándolo haber si no tenía alguna herida.
-oh, señorita. No se preocupe no me hicieron nada- dijo sonriéndole. Ella bajo la mirada avergonzada.- ¿pero cómo?.. Oh soy tan imbécil… yo… lo siento tanto hice que la bajaran del tren ¿cierto?, lo siento tanto.-dijo el cobrizo con una expresión de preocupación en su bello rostro.
-no, no- tartamudeo Isabella- yo… yo me baje por propia elección... es que… es-estaba preocupada por usted.- admitió la castaña sonrojándose y bajando la mirada. El cobrizo sonrió y tomo con su mano el mentón de la chica.
-míreme- dijo con voz suave. La muchacha subió la mirada y se encontró con unas hermosas esmeraldas mirándola fijamente. Ella se sonrojo pero también sonrió.- me gusta que se preocupe por mí. Pero hice que perdiera su viaje y…
-no-interrumpió ella- yo…yo aun no quiero volver a mi casa.
-y ¿Por qué no quiere llegar a su casa?-pregunto el cobrizo con curiosidad.
-es una larga, muy larga historia…
-tengo todo el tiempo del mundo para escucharla.-ella sonrió.
-bu-bueno… es que… mi… mi pa-papá es muy tradicional y pues yo… yo no estoy casada.- el cobrizo frunció el ceño confundido, iba a protestar pero ella lo callo.- no estoy casada… pero…pero si embarazada.- y la muchacha se soltó a llorar con gran sentimiento.
Hola ya estoy aquí de nuevo… ahora ya sabemos el gran secreto que ella esconde… ;). Espero que les haya gustado el capitulo y me dejen su opinión.
Bye besos
Atte. Cecy.
