Aclaración: Los personajes no son míos, yo solo me divierto un poco con ellos... un poco

Antes del capítulo quisiera aclarar una cosa... alguien me hizo notar un error que cometí en el capítulo anterior con la edad de Hermione ya lo corregí y volví a cargar el capítulo pero para los que lo leyeron anteriormente (la edad de Hermione es 17 (cumpleaños: 19 de Sept 1979))... sin más de momento les dejo el capítulo.


De viajes, membranzas y sorpresas.

Hermione se encontraba nostálgica. El ver el imponente tren escarlata, que la llevaría por última vez a Hogwarts, le hacía revivir tantas cosas. Por un lado estaban las metas, las alegrías, las aventuras… por el otro los problemas, los obstáculos, las tristezas. Pero sobre todo estaban sus amigos.

La vida antes de Hogwarts no había sido fácil para Hermione. Al ser hija de una pareja de dentistas muggles no sabía de su condición de bruja, por lo que nadie, mucho menos una niña como lo era ella, entendía todas las cosas raras que pasaban a su alrededor. En un comienzo nadie le había tomado importancia, pero después, con el pasar de los años, las personas en torno a ella la comenzaban a ver como si ella fuera, tuviera ó hiciera algo mal. Y para Hermione, que no había hecho nada malo, al menos no intencionalmente, era algo difícil de asimilar. Esto solo provocó que con el tiempo la castaña se hiciera más y más introvertida; ya no se relacionaba con la gente, mucho menos con los niños de su edad, que para ser sinceros, por ese entonces podían ser considerablemente crueles, después de todo eran tan solo niños. Fue por eso que ella cada vez se interesó más en los libros, porque éstos se convirtieron en sus compañeros, sus aliados.

Pero, sin embargo, todo cambió cuando un extraño señor llegó un día a su casa trayendo consigo una carta. Estaba asombrada por muchas razones, pero tal vez una de las primeras era que aquel señor vestía de una forma tan inusual, que no pudo evitar una pequeña risita al verlo en el porche de su casa, aunque también le asombraba que la carta era de pergamino, y solo había visto de esos en los museos.

Pero si estaba impresionada con eso nada la preparó para lo que vino después. El señor que resultó ser un mago, uno de verdad, les explicó a ella y a sus padres que Hermione era bruja. Les habló de Hogwarts, de sus clases, sus distintas casas, del mundo mágico, en fin, de todo lo que necesitaban saber por el momento. Cuando los Granger habían entendido las cosas, el mago le entregó la carta a Hermione para que ella misma la pudiera leer. En ésta se le informaba que disponía de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para que llevara a cabo los estudios correspondientes. Al enterarse de esto no pudo evitar sentir un profundo alivio, ¡No era la única así!,había mas como ella, por fin se sentiría parte de algo, estaría en confianza con los suyos, la aceptarían y lo mejor, le enseñarían todo lo que necesitaba, a como manejar ese don, o lo que fuera. Fue precisamente en ese momento que se prometió a sí misma que sería la mejor. Por ello, investigó y leyó todo lo posible sobre ese nuevo mundo aún sin descubrir (al menos por ella), pero sobretodo se preparó para estar a la altura del colegio, para merecer ser una alumna de él.

Al principio fue todo muy duro. Todo era muy distinto entre el mundo mágico y el mundo muggle, que es como se le conocía a su mundo y, además, sentía que tampoco ahí encajaba, todos estaban siempre acompañados y ella siempre sola. También ahí la veían mal, la denominaron la rata de biblioteca, la sabelotodo de la generación, aunque, es cierto que por eso, no se le dificultó posicionarse como la alumna más inteligente de su promoción a los pocos días de clases, y con eso se ganó el interés y apoyo de los profesores. Pero ella con once años lo que necesitaba era el apoyo y aceptación de personas de su edad, necesitaba amigos.

Pero la noche de Halloween todo cambió, y pensar que fue gracias a un enorme Troll. Esa noche ganó los dos mejores amigos que pudiese imaginar, aunque a decir verdad, no salían de un problema o aventura (como a Ron le gustaba llamarlos) cuando ya se encontraban en otra. Pero nada podía hacer, Harry atraía los problemas como si de un imán se tratase. A pesar de todo lo disfrutaba, disfrutaba poder ayudarlo y probarse a ella misma con todos los retos que se le presentaba al famoso Trío Dorado, como todos en Hogwarts los comenzaron a llamar.

Aunque ya tenía amigos y gracias a ellos se volvió un poco menos introvertida, seguía sumida en los libros. Era algo que no podía evitar y que muchos de sus compañeros veían extraño, como si fuese una fatal epidemia, desde el punto de vista ellos, pero a ella no le importaba. Los libros habían sido sus compañeros desde hace demasiado tiempo como para darles la espalda.

En sus primeros años en el colegio solo contaba con Harry y Ron, pero con el paso del tiempo, los demás se dieron el tiempo de conocerla mejor y aprendieron a valorarla, admirarla y respetarla.

A pesar de los obstáculos, siempre fue la mejor de la clase. Atenta a todo lo que los profesores comentaban, la primera en levantar la mano tras cada pregunta realizada por un superior, o la única. En un principio le pareció un tanto extraño la facilidad que tenía para aprender, para estar por encima de sus compañeros, pero inmediatamente lo atribuyó a sus interminables horas de esfuerzo y estudio en la Biblioteca. Gracias a eso ahora tenía el título de Premio Anual, y se sentía orgullosa de ello.

La castaña sonrió melancólicamente al recordar todo esto, pero sobretodo al saber que este sería su último año ahí. No pudo evitar mirar a su alrededor para buscar caras conocidas en la estación. A unos metros de ella estaba Harry platicando animadamente con Neville y Ron, mientras que al lado de ellos se encontraban Ginny y Luna que reían mientras leían algo en la revista Corazón de Bruja. Hermione se acercó a ellos saludó a Neville y luego se reunió con las chicas con las que comenzó a platicar.


Draco Malfoy no era igual a los demás, así se lo habían inculcado. Y disfrutaba ser diferente, ser superior. Era un joven que destilaba elegancia en igual medida que arrogancia. Muchas chicas clavaban en él su mirada al verlo pasar, y él sabía el poder que tenía sobre ellas y lo aprovechaba. Caminaba con una media sonrisa socarrona que delataba lo mucho que le gustaba que lo miraran. Por otro lado la mayoría de la gente se alejaba al verlo pasar, le temían y eso lo hacía ensanchar aun más su sonrisa. No había nada más reconfortante como el percibir el temor de los otros, eran tan débiles.

Andaba solo por el andén, orgulloso y altanero como buen Malfoy que era. No podía evitar con una mueca de desprecio a todos los presentes, todos tan llenos de emociones, todos acompañados de sus familiares… él no necesitaba esas cursilerías. Su costosa capa negra ondeaba con cada paso que daba. Todo en el estaba impecable, sus gestos, su capa, su ropa (negra de pies a cabeza), su cabello; él era impecable, debía serlo. Iba de prisa, no soportaba esas escenitas tan efusivas. Miraba de un lado a otro, tenía que encontrar a los estúpidos de Crabbe y Goyle para que cargaran con su baúl.

Era su último año en Hogwarts y no podía decir que se sentía extasiado, porque realmente no era así, pero si podía afirmar que se encontraba conforme. Su padre se había mostrado orgulloso de él por primera vez desde que entró al colegio.

Desde siempre había odiado a los sangres sucias, pero en el momento en que llegó a Hogwarts los odio aun más, si cabía la posibilidad. No había nada que él, Draco Malfoy, odiara más que a la sangre sucia Granger, siempre dejándolo en segundo plano, siempre opacándolo en clase… una simple y estúpida sangre sucia. La odiaba incluso más que al mismísimo Potter y su manía por salvar el mundo, más que al viejo chiflado de Dumbledore y más que a los asquerosos Weazels. Su padre lo había reprendido un sin número de veces por culpa de la inmunda sabelotodo.

A lo lejos divisó a Pansy Parkinson. Su amiga había cambiado bastante en los últimos años. Siempre había tenido cierto encanto, pero ahora estaba deslumbrante. En un pasado él y la chica habían tenido algo en común, pero se dieron cuenta que su relación estaba mucho mejor como los buenos amigos que eran. Y aunque Draco Malfoy era un condenado infeliz si había algo por lo que se preocupaba en serio era por sus amigos. Que contrario a lo que todo Hogwarts pensaba, si los tenía, solo que no era un emotivo susceptible que lo iba gritando a los cuatro vientos. Por supuesto que Crabbe y Goyle no eran sus amigos, ellos solo eran unos lamebotas igual que sus respectivos padres. Nadie conocía realmente al verdadero Draco, nadie excepto Blaise, Theo y Pansy que conocían al rubio desde que eran unos críos. Draco se acercó a la chica para subir con ella al expreso, y al llegar con ella la saludó, mientras que ella le comentaba que los chicos ya habían subido a buscar un compartimiento, porque no querían compartirlo con alguna escoria, pero ella quería esperarlo. Platicaron un poco de cosas triviales hasta que Crabbe y Goyle llegaron para cargarles a ambos sus baúles y llevarlos al vagón donde estarían durante el trayecto a Hogwarts. Draco lanzó una última mirada despectiva al andén antes de subir al tren junto a Pansy.

Al llegar al compartimiento que habían elegido sus amigos, Draco los saludó con una inclinación de cabeza, mientras se sentaba elegantemente junto a Blaise. Al mismo tiempo, Pansy se sentaba un tanto nerviosa junto con Theodore Nott. Cuando los inútiles de Crabbe y Goyle salieron disparados a buscar a la señora del carrito para llenarse de provisiones (como decían ellos), antes de que todos los alumnos subieran al tren, el cuarteto de amigos se puso a platicar. Era una escena bastante extraña para quien no formara parte del grupo, ya que no todos los días se veía a Pansy sonriendo alegremente, mientras acariciaba distraídamente el castaño cabello de Theo, que se encontraba recostado a su lado con la cabeza recostada en el regazo de la chica. Ésta a su vez tenía las piernas extendidas usando como apoyo para sus pies las rodillas de un Draco Malfoy con la sonrisa más sincera que nadie hubiese visto antes sentado despreocupadamente, eso si, sin perder en ni un momento el porte, el rubio platicaba con Blaise sobre Quidditch.


En el andén aún se encontraban los Weasley, Harry, Hermione, Luna, Neville y su abuela. El pitido del tren anunciaba que éste estaba a punto de partir, por lo que rápidamente se despidieron de la Sra. Longbottom, de Arthur, que les pedía que se mantuvieran unidos y fuera de los problemas, esto último dirigido evidentemente al moreno, y de Molly que les rogaba que se mantuvieran en contacto y que se cuidaran, esta última los llenó de besos y abrazos mientras lloraba desconsoladamente como si los chicos en lugar de dirigirse a Hogwarts, se dirigieran al matadero, pero probablemente eso era lo que pensaba la Sra. Weasley que estaban haciendo.

Luna y los Gryffindors subieron al último vagón del tren y colocaron sus cosas como de costumbre en el último compartimiento. Ginny y la Ravenclaw se asomaron por la ventanilla para decirles una vez más adiós a los Señores Weasley mientras el tren comenzaba la marcha.

- Ronald, ¿no te parece que has sido bastante grosero con tus padres? - Cuestionó la linda rubia con sus grandes orbes azules expectantes ante una respuesta del pelirrojo.

- Lunita, no exageres, ya me había despedido, además ya soy un adulto, no necesitaba que vinieran a despedirse de mí, ¿lo ves? He dejado que vinieran, soy un buen hijo.- Contestó como siempre despistadamente Ron.

- ¡RON! Tú y una piedra tienen la misma sensibilidad, CERO - Interrumpió una muy indignada Hermione. - Que no ves que tu madre está preocupada por ti… además estamos en guerra no podías ser más insensible. ¿Has pensado que pasaría si no la vuelves a ver? y solo se te ocurre decir que deberían agradecer que les permitieras venir. - La castaña paró un momento para tomar aire antes de continuar. - No sabes lo que yo daría por poder despedirme así de mis padres, pero por su seguridad lo mejor es que no se les viera por lugares mágicos, de estar en tus zapatos no habría soltado a mi madre hasta que el tren partiera y tú como siempre solo te quejas de ella. ¡Eres un idiota! - La chica se paró hecha una furia y salió del compartimiento dando un portazo.

- ¿Y a ella qué le pasa? - Preguntó Ron malhumorado. Ante esta pregunta las expresiones no se hicieron esperar; Ginny bufó bastante molesta, Luna negó un par de veces con la cabeza, más sin perder la sonrisa de la cara, y Harry rodó los ojos. Esas escenas entre sus amigos ya lo estaban exasperando, siempre era lo mismo... cada que uno abría la boca el otro terminaba molesto, el único ahí que no se preocupó por tomarle importancia fue Neville que iba absorto en su libro de "Enciclopedia de hierbas no comestibles".


Hermione caminaba hecha una furia por el pasillo del tren. Le molestaba tanto que Ron, a pesar de tener diecisiete años se comportara como si tuviera tan solo diez. Iba refunfuñando sobre ponerle los puntos sobres las "i" a Ron que ni se percató de la presencia de una alumna extraña. La verdad sabía que no había razón para su comportamiento tan voluble, pero no podía evitarlo. A veces deseaba que Ron fuese más como Harry y eso la enfurecía, no tenía derecho a pensar eso, debía aceptar a sus amigos tal cual eran, como ellos la habían aceptado a ella. Suspiró, lo mejor sería regresar y disculparse, no quería estar semanas sin hablarse con el pelirrojo por un simple capricho, y reconocía que el chico no cambiaría su postura, es más, ni siquiera creía que le hubiese prestado atención, y eso la acongojaba más. Con este último pensamiento se dirigió de nuevo al compartimiento en el que estaban sus amigos.


Ron estaba molesto, todos le daban la razón a Hermione, y él que se jodiese. Se cruzó de brazos observando a todos; Neville seguía leyendo el librito ese, ¿para qué lo leía? ¿Se querría ganar el amor de Hermione con eso? Esos pensamientos lo único que lograron fue empeorar su humor. Giró bruscamente la cabeza topándose ahora con la rubia, ella se había sentado en el piso con las piernas cruzadas de forma india mientras leía el Quisquilloso, bufó ¿cómo tenía amigos que no diferenciaban entre lo real y lo ficticio? Pero no pudo evitar sonreír al ver la cara de ilusión de la Ravenclaw, giró un poco más y la sonrisa se le borró definitivamente del rostro, cambiando su semblante a uno bastante iracundo, pero no era para menos. Su mejor amigo estaba diciéndole a saber que cosas a su hermanita que se encontraban completamente juntos soltando risitas de vez en vez que intentaban ser disimuladas en el rincón más alejado del compartimiento. Todos parecían estar ocupados en algo más, al menos, más importante que hablar con él, y eso lo molestaba, no le gustaba sentirse ignorado. Molesto, pero resignado sacó de su baúl el tablero de ajedrez que le había regalado su abuelo y se puso a jugar. El ajedrez, era tal vez la única cosa que lograba que el pelirrojo se sintiera sumamente feliz, debido a su habilidad en el juego. Estaba concentrado, y se notaba en su ceño fruncido, por eso cuando escuchó que la puerta se abría estrepitosamente dio un respingo. Pero de inmediato volvió a la partida, total debía ser Hermione y estaba resuelto a no dirigirle la palabra por haberlo tratado tan mal, si ella quería estar de genio bien por ella, que la castaña y su genio se fueran a la mierda.

- ¿Pero qué tenemos aquí? - Esa definitivamente no era la voz de Hermione. - El cara-rajada Potter, la inadaptada de Lunática Lovegood, el retrasado de Longbottom, la comadreja mayor y su hermana la comadrejita, aunque a ésta podemos perdonarle juntarse con estos inadaptados. - Siseó Draco Malfoy altaneramente. - ¿No es cierto, Blaise?

- Así es Draco, si ésta linda me acompaña a la cama creo que hasta le perdonaría ser una traidora a la sangre. - Se lamió el labio ante la sola idea de lo que acababa de proponer.- ¿Qué dices pelirroja, aceptas el honor? Piénsalo y después hablamos, ¿te parece? - Zabini no había terminado de hablar y el pelirrojo ya estaba encima de él para partirle su madre, como que se llamaba Ronald Weasley, pero no fue el único que reaccionó; Ginny se levantó hecha un basilisco al igual que Harry, solo que éste último terminó por detener el inminente ataque, al igual que lo hizo Luna.

- Vamos pecosa no es para que te sulfures. ¡Oh, claro! Son apariencias, eso tiene que ser, Potty y Wezel no soportarían saber que te mueres por tener hombres de verdad; hombres que te pueden dar lo que te mereces, si me entiendes ¿verdad?, ya sabes, la invitación está en pie y sabes dónde encontrarnos.- Al decir esto el muy imbécil le guiñó un ojo a Ginny. Harry ya casi no podía sostener a Ron, Ginny le apuntaba con la varita y de no ser por la rubia, probablemente ya le hubiese mandando un par de Cruciatus a los dos. Los Slytherin's solo ampliaron sus sonrisas al ver la reacciones de los presentes.


Cuando Hermione llegó, deseo no haber regresado al ver la escena que se prestaba frente a ella. Harry intentando detener con todas sus fuerzas a un colérico Ron que estaba rojo de pies a cabeza, Luna por su parte sostenía la mano con la que Ginny sostenía su varita, la pelirroja templaba de pies a cabeza a causa de la furia, junto a la puerta estaban Draco Malfoy y Blaise Zabini con sus sonrisas socarronas que más que sonrisas parecían muecas, Neville solo vigilaba cada movimiento de los Slytherin's para atacar o defender en caso de ser necesario. La castaña parpadeó un par de veces antes de preguntar:

- ¿Qué esta pasando aquí? - Mientras hablaba volteaba a ver a cada uno de los presentes. - Hice una pregunta y espero una respuesta… ¡AHORA! - Sí, Ron estaba seguro que Hermione enojada de esa manera era una réplica en miniatura de la Profesora McGonagall, por lo que inmediatamente dejó de forcejear con Harry y bajó la mirada. Su hermana pareció pensar lo mismo, porque apenas escuchó el último grito había pegado un brinco, bajado la varita y sentado recta como una estatua en menos de lo que alguien pudiera pestañear. Luna y Harry por su parte intercambiaron miradas preocupadas, Neville volteó a ver a Hermione tras el grito que dio, para después volver su mirada a las serpientes.

- Valla Granger, me sorprendes, tienes controlada a tu manada. - Se burló Malfoy. Ella sólo lo fulminó con la mirada. - Pero viendo que tus estúpidos animalitos no pueden responderte, lo haré yo. Solo charlábamos ¿verdad, Blaise?

- Malfoy ¡Largo!, y llévate a tu amiguito contigo. - Escupió rencorosa la castaña.

- Pero si era algo inofensivo, además no mentimos, todos se quieren tirar a la comadrejita. - Esa fue la gota que derramó el vaso. En menos de lo que alguien puede pestañear, Hermione con varita en mano había gritado:

- ¡Depulso! - Con esto los Slytherin's salieron disparados hacia fuera - ¿QUÉ? - Les gritó la castaña bastante alterada al ver la mirada estupefacta de todos.

- Nada, nada - se apresuraron a contestar, mientras negaban enérgicamente con la cabeza. La verdad una Hermione así, si daba miedo.

Después de este incidente el resto del transcurso pasó sin sobresaltos. Poco después de haber sacado a los Slytherin's paso la Señora del carrito a la que los chicos le compraron bastantes ranas de chocolates y grageas de todos los sabores. Ron y Hermione solo habían salido a hacer las rondas, para de nuevo regresar al vagón.


En otra parte del tren, en el compartimiento del rubio, él y Blaise contaban coléricos e indignados lo que había pasado con los leones. Claro que nadie podría decir que eran objetivos, menos al llegar a la parte en la que la castaña los sacó. Pansy rodó los ojos al terminar el relato. Odiaba a esos estúpidos, pero conocía a sus amigos como para saber que habían ido ahí buscando precisamente eso, pero tal vez no esperaron una intervención así de la Sangre Sucia; Sor Prefecta había roto las normas. Los chicos siguieron hablando de todo lo que harían en contra de los Gryffindor's, su venganza, porque nadie se ríe de un Slytherin sin pagar las consecuencias, y menos ellos.

Pansy un poco fastidiada, salió del compartimiento a buscar a sus compañeras, siempre era bueno enterarse de todo y quien mejor que las hermanas Greengrass. Cuando por fin pudo librarse de las Slytherin's, salió para reunirse de nuevo con sus amigos. Iba molesta, ya que si había algo que la molestaba eso era que alguien se intentara liar con alguno de sus chicos, era demasiado celosa con sus amigos, bueno eso y los sangres sucias.

Iba tan sumida en sus pensamientos que no notó que había otra persona justo delante de ella. Lo inevitable pasó, en un abrir y cerrar de ojos había dos chicas en el piso del vagón a causa del fuerte impacto del choque. Y al parecer la otra chica también iba distraída.

- FIJATE POR DONDE VAS ESTÚPIDA.- Gritó Pansy.

- ¡Fíjate tú! - Le contestó la otra chica, mientras se sacudía la ropa. Aunque no fue muy amable, se notaba que no era grosera, pero sí se percibía la soberbia en su voz. Jamás la había visto en Hogwarts, estaba segura. Tenía el pelo largo rizado y castaño, y los ojos claros, probablemente verdes aunque en una segunda mirada le parecieron verlos más azules. Demostraba ser de su edad, y eso hacia todo más confuso. La desconocida terminó de acomodarse la falda y peinarse el pelo con las manos, para luego irse ignorando a una irritada Pansy Parkinson.


El tren comenzó a detenerse. Luna y Hermione ya se encontraban cambiadas con sus respectivas túnicas, por lo que salieron del compartimiento para dejar que los chicos se cambiaran. Iban caminando hacia la salida del tren, mientras platicaban animadamente. Unos metros más adelante se apreciaba una pareja besándose, sonrieron. Pero la sonrisa y cara de alegría de sus rostros fueron sustituidas lentamente, conforme se acercaban a la pareja, por unas de completo desconcierto. Frente a ellas se encontraban Harry y Ginny besándose apasionadamente. Ron no lo tomaría nada bien, ya que durante todo el tiempo que Harry paso en la Madriguera y todo el trayecto del Expreso, se había quejado de la cercanía de Harry hacia su hermanita.

En algún momento indeterminado del beso, Ginny se percató de la presencia de sus amigas y se separó de Harry, ó de sus labios, como si de un resorte se tratase. Eso ocasionó que Harry se pusiera en guardia, aunque al ver a las chicas viéndolos con cara de sorpresa no pudo evitar relajarse, y con esto respirar de nuevo, después de todo pudo ser peor. Hermione al notar la atención de la pelirroja en ella, la miró intensamente para después desviar su mirada a Harry. Ginny sonrío de oreja a oreja, con éste gesto le contestó la muda pregunta a su amiga, pero sabía que eso no sería suficiente, y que tendría que dar unas cuantas respuestas más adelante.


Ginny se levantó de su asiento, necesitaba hablar de algo importante con Sally-Ann, una Ravenclaw de su mismo curso, al menos esas fueron sus palabras antes de salir. Caminaba por los pasillos del tren ya con la túnica de Gryffindor puesta, no quería estar apurándose en el último momento como siempre hacía Ron. Después de algunos minutos de estar paseando por los vagones encontró a Sally-Ann Perks y le preguntó sobre la primera reunión de Prefectos de sexto curso ya que la chica era la que normalmente las organizaba, siguieron platicando un poco más antes de decidir que cada una debía regresar con los suyos. Estaba por llegar al compartimiento cuando se topó con:

- ¡Harry! - Exclamó, pues se había asustado al verlo de repente frente a ella. - ¿Cómo llegaste aquí?

- Caminando, si creo que caminando. - Le contestó el niño que vivió con una sonrisa traviesa en la cara. - ¿Podemos hablar?

- Si Harry, claro. - Al ver que el chico solo miraba el piso y no decía nada se comenzó a inquietar. - ¡Vamos Harry! Que me pones nerviosa - Lo animó a continuar - ¿No será algo malo, verdad?

- NO, no… bueno tal vez, depende del punto de vista, supongo - Harry levantó la vista de sus zapatos y la fijó en sus ojos. Suspiró. - Es que no creí que fuera tan complicado.

- Vamos, sólo dilo verás cómo después te sientes mucho mejor. Lo animo nuevamente.

- Verás Ginny, Yo… te quiero… te quiero mucho. - Harry se pasó la mano por su indomable cabello, tratando así de apaciguar un poco sus nervios. Ginny alzó la ceja ante el comentario, razón por la que Harry se puso aun más nervioso. - Quiero decir… que-te-quiero-como-algo-mas-que-una-amiga - Agregó atropelladamente, mirando fijamente la pared.

- Si, ya se Harry. - Ella suspiró. - Sabes que yo también, pero no te preocupes entiendo que por todo esto de la guerra y Voldemort no podamos estar juntos…

- Es que no es eso, Ginny - Soltó el aire antes de continuar - verás… eh… yo pienso que a lo mejor… pues, eh… no sería tan mala idea que… pues que tú y yo… - Se rascó la cabeza distraídamente - eh… lo intentemos. - Terminó de decir con una sonrisa nerviosa.

- ¿Hablas enserio?, ¡Oh, Harry! - Se aferró a él.

- Supongo con esto que estás de acuerdo. - Le susurró Harry al oído con una media sonrisa, ella solo asintió contenta logrando con este gesto ensanchar la sonrisa de Harry - Bien… entonces Ginebra Weasley, ¿Quieres ser mi novia?

- Si, Harry - Logró contestarle antes de fundirse en un tierno pero apasionado beso. Fue justo después de ese momento en el que Luna y Hermione los vieron.


Harry y las chicas ya estaban fuera del tren, esperaban a Ron y Neville para tomar un carruaje y dirigirse por fin a Hogwarts. En el recorrido hasta ahí la pelirroja les había contado en susurros, a Luna y Hermione, como es que todo había sucedido. Harry que iba a su lado, con las manos en las bolsas del pantalón, se hacía el desentendido, era un poco vergonzoso que su ahora novia les estuviera contando a sus amigas con todo lujos de detalles como pasaron las cosas.

- ¿Ya pensaron como se lo dirán a Ron? - Escuchó que preguntaba Hermione, y el alma se le vino a los pies. Ron lo iba a matar.

- Mi hermano lo entenderá - dudó Ginny. - Digo el querrá lo mejor para Harry y para…

- Me va a matar - La interrumpió él. - Me va a matar.

- Harry, tranquilo. Ronald lo entenderá, solo deben explicárselo - Luna le sonrió para darle ánimos, Herms solo miraba hacia otro lado, ella no lo veía tan sencillo como su excéntrica amiga.

- ¿Qué me deben explicar Luna? - Silencio, nadie contestaba ante la pregunta de Ron, incluso la rubia sabía que el pelirrojo se lo tomaría muy mal. - ¿y bien? ¿Nadie va a contestar?

- Ron tranquilízate, cuando te pones así de pesado pareces un t…

- Ginny y yo somos novios. - Volvió a interrumpir Harry.

- Oh que bien que… ¿Qué tu y mi hermanita QUÉ? - Demasiado bueno para ser verdad, al menos fue el pensamiento de todos los presentes. Hermione y Luna se miraron antes de ir hacía Neville y comenzar a alejarse poco a poco, esa ya era una pelea familiar y aunque de verdad les gustaría ayudar a sus amigos no debían. - ¿Cuándo pensaban decírmelo? ¿Están locos? - Ginny se interpuso entre él y su hermano, al parecer se había hartado, la intentó ocultar antes de que le dijera algo a Ron, pero fue demasiado lento porque Ginny se puso a reclamarle:

- El que seas mi hermano no te da derecho a nada, ¿entendiste? espero que si, porque quieras o no Harry y yo seguiremos saliendo, así que más te vale que te vayas haciendo a la idea, y si no vete al diablo. - Tragó la pelirroja, siempre había sido tan temperamental como su hermano, solo que era mas consciente, él lo sabía, por eso temía que estaba a punto de iniciar la tercera guerra mundial ¿batalla final?... qué era eso, a quién le importaba, lo preocupante ahora era detener lo que estaba a punto de estallar… ó tal vez no.

- Si le haces algo a mi hermanita te las verás conmigo y todos los Weasley, Potter. - Dijo Ron con la mirada dura y el ceño fruncido, él contuvo el aire. - ¿Cómo fue? ¿Qué te hizo cambiar de opinión? ¿Batallaste? - Continuó Ron antes de agarrarlo y arrastrarlo hacia el carruaje donde ya esperaban los demás, él alcanzó a agarrar la mano de Ginny antes de que el pelirrojo se lo llevara. - Vamos Harry, suéltalo.

Cuando subieron al carruaje de esa forma, Ron primero estirando por el brazo a Harry y éste tomado de la mano de Ginny mientras hablaba con Ron, se sorprendieron; de verdad esperaban una reacción más negativa del pelirrojo, pero se alegraron por sus amigos.

El viaje al castillo fue animado. Ron hacía bromas sobre la pareja, Luna comentaba sobre algunas criaturas y los demás escuchaban atentos. El pelirrojo se lo había tomado bastante bien, eso hizo pensar a Hermione que tal vez, Ron había madurado - un poco al menos - y eso la hizo alegrarse; por ella, por sus amigos, pero sobre todo por el pelirrojo, le haría bien eso de la madurez.


Pansy caminaba furiosamente por delante de Draco, Blaise y Theo, que hablaban, como no, de quidditch. Ya la tenían harta, solo conocían ese tema de conversación. Siempre que comenzaban a discutir sobre eso, no paraban, y además, se olvidaban de ella.

Los Slytherin's subieron a un carruaje. Crabbe y Goyle se reían estúpidamente de los comentarios de Draco. Pobres idiotas, ellos creían que de esa manera tendrían los beneficios de su amistad. Aunque al rubio le causaba bastante regocijo el ver de lo que eran capaces por tener algunos privilegios.

El carruaje se detuvo, al fin, frente a las inmensas puertas del castillo. Draco fue el primero en bajar, como siempre, luego estiró su mano para que la chica bajara, ante todo un Malfoy era caballeroso, claro siempre que la chica valiera la pena o se tratara de alguien especial, y Pansy cumplía ambos requisitos. Después de la chica se bajaron Blaise y Theo.

Draco y Blaise iban caminando hacia el Gran Comedor. Aún platicaban de Quidditch, el rubio estaba dispuesto a ganar costara lo que costase. Las puertas del Gran Comedor ya estaban ante ellos, Draco tronó los dedos y Crabbe y Goyle se adelantaron para abrirles las puertas. Draco sonrío, le encantaba ser un Malfoy, pero sobretodo, le encantaba ser el Príncipe de Slytherin. Avanzaron lentamente hacía su sitio en la mesa de las serpientes, con la cabeza en alto, altivos como buenos Slytherin's. Draco y Blaise dejaban que el sector femenino disfrutara con la vista. Les gustaba causar ese efecto sobre ellas, saberse mejores que el resto, no por nada eran Slytherin's. Con este pensamiento en mente, el rubio se sentó en su lugar, junto a él se sentó Blaise aún con una sonrisa divertida en el rostro. Esa era una de las diferencias entre ambos chicos, Blaise sonreía por todo.

El Gran Comedor, se terminó de llenar en pocos minutos. En la mesa de Slytherin Theo platicaba con Blaise, mientras Pansy a su lado sólo los observaba. Draco por su parte observaba las demás mesas, en la de Gryffindor se acababan de sentar el sequito de cara-rajada Potter, bufó, no sabía cómo los soportaría todo ese curso.

Las puertas del Gran Comedor se abrieron. Todos los presentes desviaron hacia ese punto su atención. El Gran Comedor quedó en silencio mientras la Profesora McGonagall dirigía a los alumnos de primero al frente. Al llegar a la altura de la mesa de profesores se detuvieron, y los nuevos alumnos se colocaron en fila de cara a los demás estudiantes.

Los de primero temblaban de pies a cabeza, a causa de los nervios. La Profesora McGonagall colocó frente a ellos un taburete y sobre él, el sombrero seleccionador. El sombrero estaba viejo, raído y sucio, podía notarse que había sido remendado varias veces, eso solo causaba más expectación en los alumnos de primero que no dejaban de mirarlo. En realidad todas las miradas estaban posadas en él, la diferencia estaba en que solo los de primero retenían la respiración. Entonces se formó una boca a lo largo del borde, y el sombrero comenzó a cantar.

Hace mucho tiempo

Que esta misión encarno

Por obra de 4 magos

Que me la encomendaron.

Puedes tener grandes sombreros

Pero nunca uno más inteligente que yo

Tal vez sea feo y viejo

Pero acertaré en tu selección.

Todo lo que guardas

Yo lo podré ver

Soy el sombrero seleccionador

Mas no tengas miedo (no te comeré).

Puedes ir a Gryffindor

Donde tu valor has de probar.

Todo Gryffindor grandes retos tendrá

Por ello una vena de orgullo ha de portar.

O quizá seas un Ravenclaw

De gran sabiduría que demostrar

Solo necesitas dispuesto estar

Y a tus semejantes hallarás.

A Hufflepuff puedes pertenecer

Siempre que dispuesto estés

Para tu más duro esfuerzo entregar

Y con esto muchos amigos encontraras.

O tal vez a Slytherin

Donde tu astucia te ayudara

A cualquier cosa lograr

Todo Slytherin una mente ambiciosa tendrá.

Ahora solo pruébame

Y no me equivocaré

Yo te asignare

Donde mejor estarás.

Cuando éste terminó de hacerlo, los aplausos resonaron por todo el Gran Comedor. La Profesora McGonagall se aclaró la garganta mientras extendía un rollo de pergamino.

- Cuando diga sus nombres, pasarán y se pondrán el sombrero para que éste los pueda seleccionar - Dijo dirigiéndose a los de primero. - ¡Brauer, Ethan! - Un chico de piel clara, castaño y de ojos verdes se acercó al taburete, después de algunos segundos el sombrero lo colocó en Slytherin, todos en la mesa de las serpientes aplaudieron a su nuevo integrante.

¡Carrigan, Leah! (¡Ravenclaw!) - una pequeña rubia se encamino hacia su mesa.

¡Firth, Megan! (¡Hufflepuff!) - la chica tropezó al dirigirse a su mesa.

¡Hayes, Owen! (¡Ravenclaw!) - este corrió a sentarse junto a Leah.

¡Klee, Amber! (¡Gryffindor!) - los Gryffindor's la vitorearon mientras se sentaban en la mesa.

Así continuó la selección hasta llegar al último alumno ¡Weinreich, Alexander! (¡Slytherin!), la ceremonia llegó, de esta manera, a su fin. La Profesora McGonagall tomó el sombrero y el taburete y los sacó del Gran Comedor.

El Profesor Dumbledore se puso en pie. Sonreía a los presentes, con los brazos abiertos.

- Bienvenidos a un nuevo curso, espero hayan tenido unas excelentes vacaciones. - Ron sonrío ya con los cubiertos en la mano, todos conocían las pocas palabras de Director a la hora de la cena, como también conocían el apetito de Ron Weasley. - Ya falta poco para la cena, no se desesperen. - Ron puso cara de desconcierto - Antes me gustaría comentarles que este año me complace anunciarles que se incorporara una nueva alumna a su séptimo curso, ella viene de la Academia de Magia Beauxbatons, con ustedes…


Bueno hasta aquí llega este capítulo.

Me despido