Capitulo 3: Ese mayordomo: Esperando.
Sebastián recordaba detalladamente el último encuentro que había tenido con Ciel Phantomhive: la noche templada, el cielo despejado y la piel nívea del niño que brillaba de manera casi fantasmal bajo el resplandor de la luna llena.
-Así que finalmente llegó el momento – habló su amo con la misma firmeza y tranquilidad con la que hablaba siempre que se sentaba en una mesa de negocios – finalmente mi venganza está completa.
-Finalmente su deseo se ha cumplido, my lord – coincidió el demonio.
-Sí. Has cumplido cabalmente tu parte del trato y ahora que los responsables de la muerte de mi familia se encuentran muertos ha llegado el momento de que yo cumpla con la mía.
-Hasta ahora todas las personas con las que he pactado buscan, en el momento en que los términos del contrato se cumplen, la forma de escapar a su destino. Debo decir que me tiene impresionado el ver que usted esté tan calmado al enfrentar la muerte inminente.
-Los seres humanos nacemos con el único propósito de un día morir, el cómo llegue esta es sin embargo lo que está sujeto a cambios, y yo por lo menos he pasado estos años con la certeza de saber quién es el que sería el mensajero de mi muerte.
Como siempre las palabras de Ciel encontraron la forma de sorprender al demonio, quien sin poder evitarlo dejó fluir su habitual sonrisa hacia el pequeño.
-¿Tiene algún último deseo que desea que complazca antes, joven amo? – le hizo un ofrecimiento que no solía hacer a menudo.
Por un momento pareció que el niño negaría tajantemente, pero de improviso sus labios formaron una mueca y sus ojos se fijaron en Sebastián con una expresión que el demonio jamás había visto antes.
-¿Dolerá? – pidió finalmente.
-Lo haré tan gentil como sea posible – prometió el demonio.
-¡No! Que duela… grava el dolor de mi vida en mi alma.
Sebastián miró una vez más a su amo con el desconcierto escrito en sus facciones, pero recompuso la expresión a una sonrisa satisfecha.
-Es usted muy amable – reconoció en voz alta sin que eso fuese una mentira. Después de todo, el dolor siempre daba a las almas un sabor único que complementaría perfectamente la bien condimentada alma del niño.
-Sebastián…
-¿Yes my lord?
-Una última cosa: los arreglos que dispuse en mi testamento…
-Vigilaré personalmente que nadie intervenga con la voluntad de mi amo.
Como única muestra de reconocimiento a esas palabras Ciel cerró los ojos y asintió. En su testamento el joven Conde había dispuesto que la mansión y los bienes de la misma fueran distribuidos entre los cinco leales criados y que la compañía Funtom pasara a manos de Elizabeth y su familia, pero como siempre que se hablaba de grandes fortunas existía la posibilidad de que alguien intentara manipular el papeleo en su propio beneficio.
-Entonces no hay nada más que decir. Adelante, toma mi alma ahora.
Y obedeciendo a la voluntad de su amo, el demonio se acercó al joven y delicadamente quitó el parche que cubría el contrato utilizando sus manos desnudas.
El método de extraer el alma solía variar de contrato a contrato: a aquellos contratistas que no solían agradarle les arrancaba el corazón y lo comía aún escurriendo sangre ante los ojos horrorizados de sus víctimas, y en el caso de que los contratistas le hubiesen provocado el más mínimo ápice de respeto entonces rompía el cuello para una muerte instantánea. En el caso particular de su joven amo, Sebastián habría querido por sobre todo hacer al niño dormir profundamente y tomar el alma mientras el pequeño aún pudiera sentir su presencia como un sueño… pero Ciel había pedido dolor, y para complacer ese deseo el demonio simplemente cubrió con su boca la boca del niño y extrajo el alma del un cuerpo vivo que prácticamente desgarró el corazón en un intento de retenerla.
Algo debía de reconocer Sebastián: su amo no gritó; prefirió acuchillar con las uñas las palmas de sus manos y soportar hasta que su garganta se perdió en un último quejido y su rostro – empapado en lágrimas – desistió de toda fuerza derramándose en los brazos del mayordomo junto con el resto del pequeño cuerpo.
Y ahora finalmente llegaba el momento de devorar esa deliciosa alma que tanto había enloquecido al viejo demonio.
Y sin embargo… mientras los ojos rojos se fijaban en el cuerpo inerte del niño la comprensión cayó de golpe sobre el demonio: él no podía devorar el alma de Ciel, no podía porque…
-Terminó el tiempo – decidió él mismo escapar de sus pensamientos – entreguen rápido sus exámenes.
Como antes sus ojos vagaron por toda la sala sin fijarse descaradamente en nadie en especial, pero en el último segundo sus ojos se fijaron en el estudiante de ojos de cielo que nerviosamente se mordía los labios en un gracioso puchero.
…..CIEL….
-Terminó el tiempo – anunció con esa voz profunda y autoritaria que había usado antes – entreguen rápido sus exámenes.
Yo simplemente pasé la hoja a mi compañero de enfrente por movimiento de inercia y mordí mi labio inferior en un intento de aliviar la ansiedad que sentía… una ansiedad no debida al examen dolorosamente complejo que nos había llevado el profesor, sino al profesor mismo.
Sebastián Michaelis… estoy seguro de no haber conocido a nadie con ese nombre antes, pero aún así me resultaba un nombre familiar, y su rostro… desde hace ya unos meses al dormir el rostro de un desconocido invadía mis sueños… los sueños eran casi siempre confusos y carentes de secuencia, pero en todos – o al menos la gran mayoría de ellos – había un rostro que era constante… un rostro al que por fin puedo relacionar con un nombre que pese a serme desconocido resulta familiar a mis pensamientos.
De pronto, en el momento menos esperado él levanta la mirada y nuestros ojos se encuentran haciendo que mi corazón lata desbocado de… ¿de qué? ¿De miedo? ¿Tal vez de ansiedad? O tal vez, y sólo tal vez de algo más que no estoy seguro de haber conocido antes.
Él tuerce su sonrisa y entonces mi ojo derecho cosquillea con una especie de calor que me hace sentir extraño.
-A partir de ahora quisiera conocerlos a todos – continua hablando como si nada sucediese (y tal vez realmente nada sucede para él y yo soy el único que experimenta estos extraños síntomas) – así que voy a pedirles que de uno en uno se pongan de pie y me digan su nombre, edad y color favorito; si hay algo más que quieran añadir siéntanse con la confianza de hacerlo. Mmm… tal vez sería prudente comenzar la ronda al azar. Empecemos con… - miró por todo el salón pero tuve la repentina impresión de que eso era sólo un acto y que en realidad tenía perfectamente claro desde el principio a quien es a quien quería abordar. Como si él pudiera leer en mi rostro mis sospechas su sonrisa se ensanchó al mirarme a mí – creo que sería lo correcto empezar con usted, joven – dijo señalando hacia mí de una manera que a otros parecería cortés pero que yo sentí como un desafío directo.
Y como siempre que alguien me desafiaba, yo decidí responder el desafío.
